LA SANTERÍA: COMIENZO DE MI VIAJE

La Habana, 11 enero 2017

 

Siboney de mis sueños:

He venido desde Madrid, sentada junto a un cubano cincuentón y barrigudo.

Le miré de arriba abajo y no lo identifiqué contigo, mi Siboney de Lecuona, que has de ser un cachas, a pesar de tus años.

El cubano me ha puesto en antecedentes de algunas cosas del país. Dijo llamarse Daniel y que era santo. Tú no lo eras. Más bien, te imagino pecador.

¡Qué más quería yo que conocer la santería de primera mano!

Pensaba que el Daniel iba a comenzar por la política, que es lo que procede. Pero no: el tipo comenzó con la religión.

Decidí sonsacarle todo lo que pudiera; lo que pasa es que, como muchas cosas me sonaban a nuevas, no se me quedaron entonces y las he tenido que reubicar, a medida que he ido imponiéndome en el tema, que me ha durado todo el viaje. Ha sido como un máster en santería

A mí siempre me ha ido sobremanera la religión, mi Siboney.

Creo que eso se debe a que he tenido la suerte de nacer dentro de la religión verdadera. Eso da mucha seguridad. Sobre todo cuando piensas en las pobres gentes que han caído en una cultura de infieles.

Luego, cuando te vas haciendo mayor, y conoces a personas estupendas que son impías, agnósticas o ateas piensas que también son verdaderas las religiones que no lo son; e, incluso, que la única verdadera, o sea, la mía, puede dejar de ser verdadera cuando se pone tozuda, que suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Daniel, que es peluquero en Valencia, y está casado con una española, iba, tan contento, a La Habana a celebrar su primer aniversario del ingreso en la comunidad santera de los orishas. Allí le esperaba su madrina que le había acompañado el día que se hizo santo. Me dio su teléfono para que acudiera a la fiesta. No fui. Y lo lamento.

¿Y si hubieras estado tú allí, viendo cómo mataban al gallo? ¿Te hubiera reconocido?

Entonces me di cuenta de que en la santería no hacen falta canonizaciones papales sino que, con unos ritos y ceremonias, entras en la corte celestial, sin morir siquiera, lo que tiene su aquél. Ya es un avance.

También me dijo que no te admiten en la santería si no eres cristiano, ya que el cristianismo y la santería vienen a ser como lo trascendente y lo folclórico de la misma mística.

Esto de lo folclórico no significa superficial sino profundo: en todas las culturas el folclore es la expresión externa de las esencias del alma tribal que todos llevamos en nuestro adeene y que, en cada sitio se manifiestan de una forma determinada.

Dios me libre de frivolizar con el folclore.

Tú mismo, Siboney de mis sueños, eres la reencarnación del alma de los habitantes de Cuba mucho antes de la llegada de los taínos y de los españoles.

Eres Cuba. Y estás vivo.

Pero no eres el Daniel del avión. Seguro

 

Pues parece que en Cuba, con una base religiosa católica, como Dios manda, con la llegada de tantísimos esclavos – que tampoco procede explicar ahora cómo los trajeron los cristianos, ingleses y portugueses principalmente- ellos se sentían desplazados espiritualmente y añoraban sus religiones animistas de África.

En América los bautizaban ipso facto. Aunque no sé para qué se daban tanta prisa, ya que, por aquel entonces, los negros no debían de tener alma. Pero el caso es que los bautizaban. Y los mi pobres se hacían un lío entre sus divinidades paganas y las cristianas. Así que, iban a misa con los amos y luego, en los barracones dónde vivían, seguían con sus ritos ancestrales.

En cuanto pasaron unas cuantas generaciones, la cosa empezó a mezclarse sin aclarar muy bien dónde empezaba lo cristiano y dónde lo africano, y surgió la SANTERÍA, que es como una hipertofia pagana que le ha salido a la religión católica en el Caribe.

Científicamente se llama sincretismo religioso.

(Esto no me lo contó el Daniel, que tiene un cociente intelectual por debajo de la media, lo que le permite ser feliz en su santidad, sino que ya lo sabía yo).

Creo que, cuando el golpe militar de Fidel, la santería fue abolida como las demás religiones y el único Dios fue la Revolución.

Una Revolución puede tener incluso más devotos que una religión, sobre todo si te asegura la comida.

Con el tiempo, a la santa Revolución de Castro se le fue pasando la euforia, principalmente porque, aunque la comida estaba asegurada, era más bien escasa, y la gente comenzó a echar mano de la religión cuando andaba angustiada. Comenzaron a salir religiones como las setas, y el gobierno no dijo nada, porque mientras rezaban no hacían manifestaciones.

Lo que sí me contó Daniel es que Fidel Castro, ya en su vejez, y cuando la religión revolucionaria se le iba de las manos, se incorporó a la santería en un viaje que hizo por África y llegó todo vestido de blanco. De blanco le debieron de enterrar, dicen.

El blanco es el color de los babalawos, que son los sacerdotes de la santería, tanto hombres como mujeres, y son los que hacen la iniciación al neófito y se convierten en su director espiritual y también material, porque le orientan en su régimen de comidas y método de meditaciones y vida.

Luego, en el recorrido por la isla, tuve ocasión de parlamentar con un santero de verdad. Ya te contaré.

Para saber de qué pie cojea el iniciado, el santero le coloca unos caracoles entre los dedos y de ahí deduce su futuro: es como leer las rayas de la mano, en versión orisha.

El orisha- ¿o la orisha?, que no he comentado con las feministas- es una fuerza pura, inmaterial, que solo puede ser percibida por los humanos por una gracia especial. Como la gracia de Dios, pero en cubano.

No tiene nada de particular el método, ya que la diosa Madre, que está representada en la Virgen de las Mercedes, y equivale a la Mari euskaldún o la Pachamama andina, es Yamayá- o Yemayá- la diosa madre del mar, dueña de corales y caracolas y donante de orishas positivos. Es blanca y solo se la puede ver en sueños.

En su vertiente de Yemayá Olokún, es la Virgen de la Regla, patrona de La Habana, y negra.

La Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, es mulata y encargada de las aguas fluviales . Es Ochún. Debe de tener mucho trabajo porque el agua en la isla es poco potable.

Es muy hermoso el panteón santero, lleno de mitos que no difieren de los griegos o cristianos más que en detalles geográficos e históricos.

Cuando se profundiza en una religión, te das cuenta de que la humanidad reacciona igualmente en todas partes y épocas porque todos los seres humanos tenemos los mismos miedos y las mismas esperanzas.

He hablado con algunos sacerdotes católicos de Cuba y los más intransigentes la denostan; mientras la mayoría se sonríe ante la santería, pensando que no es preocupante ni tiene nivel teológico para considerarla un enemigo.

A mí me subyuga, en cierto modo, el juego de la santería.

Me atrae todo aquello que ha nacido en la oscuridad del miedo. En España se han vivido muchos siglos de represión religiosa y se ha padecido una inquisición feroz por parte de la religión dominante. Cuba ha sido España hasta anteayer.

Yo creo, Siboney de mis sueños, que tú fuiste mi babalawo y me echaste los caracoles de Yamayá por entre los dedos mirándome a los ojos, me encontraste el alma y me enviaste un orisha de ilusión.

¿Será por eso por lo que te busco?

EL MALECÓN DE LA HABANA- Caña yazúcar

EL MALECÓN DE LA HABANA

12 ENERO 2017

 

Ay, Siboney, qué hermoso es ver amanecer en el Malecón de La Habana!.

Como nosotros llevamos puesto el reloj español y nos acostamos tras el viaje, a las 3 de allá- 9 de acá- pues a las 5 de la mañana, de acá, ya estábamos pimpantes y sin sueño. Nos levantamos aun de noche y con GARÚA , que viene a ser el sirimiri de Cuba, según nos aseguró Juan, que es un sabio.

Nos recorrimos las calles aun silenciosas y limpias.

Calles con la dignidad de señoronas venidas a menos, pero que se sacan los anillos que se asoman entre los guantes con zurcidos de los edificios en ruinas. No había nadie.

Al llegar al Malecón vimos un monumento glorioso a Maceo, gran héroe de la Independencia, a juzgar por el tamaño de la pieza, de espaldas al mar que chocaba fuertemente contra el muro sobre el que había pescadores con caña, impávidos ante las olas.

En Cuba es donde más monumentos de héroes te encuentras por metro cuadrado. Maceo fue el primero que vimos de la colección.

Me pareció delicioso éste primer paseo por La Habana, con el chubasquero en la cabeza y mojándome las gafas.

El Malecón, que es larguísimo, está flanqueado por palacetes entre los que se alternan los maravillosos y vivos y los corroídos por el salitre: deshabitados unos y tristemente habitados y recompuestos con cartones en las ventanas, otros. Da la sensación de una hermosa dentadura con piorrea y mellada, a la que ya le quedan pocos dientes sanos y algunos de oro.

Volvimos hacia el Capitolio con la intención de desayunar como Dios manda y entramos en el hotel de Inglaterra, que, pese a su nombre, está adornado con azulejos andaluces lo mismo que el Alcázar de Sevilla. Había buffet libre y me puse ahíta de frutas y zumos tropicales.

Mientras tanto, como una cateta, y creyendo que estaba en zona wifi, me puse a enviar fotos por wasap, y al momento, Movistar me mandó un mensaje diciendo que me había pasado un pueblo y que tenía que abonar no sé cuánto + el 12% de Iva. He pagado la novatada… ¡Y mira que me habían avisado! Pues caí… Así que no voy a mandar ni un solo correo en todo el viaje, hasta que vuelva.

Salió el sol y con él pude disfrutar de la belleza de esta ciudad ¡llena de soportales!

Los soportales son lo más bonito de las ciudades cubanas. Para mí, al menos, criada en Castilla, donde las casas se protegen del frío con soportales chaparros y pardos, de columnas gruesas y ventanas chiquitas, los soportales cubanos me han parecido un desfile de muchachas alegres y esbeltas, vestidas de fiesta toscana, modernista o ecléctica, cintura se avispa, y sombrero corintio, de vivos colores. Son soportales para tamizar la luz deslumbrante y para que no entre el sol por las ventanas, que suelen estar siempre abiertas.

Seguimos paseando por los alrededores del Capitolio, en la Habana Vieja, por calles llenas de souvenires y tiendas de arte y artesanía. Pero me di cuenta de que mi cuerpo serrano no podía seguir a ese ritmo. Juan entró en un museo de filatelia, y aproveché para decirle a Susana que me volvía a casa.

A la vuelta- calle Obispo- me encontré con una negra de las de hacerle un reportaje: toda enjoyada, vestida de blanco- deduzco que era santa- con hermoso y florido sombrero, que empujaba un carrito de bebé en el que paseaba a su perro igualmente engalanado. No hablé demasiado con ella porque, realmente me encontraba cansada, pero es todo un personaje. Me dijo que se llamaba Guillermina.

Me fui buscando la avenida Simón Bolívar, perpendicular a Oquendo, donde está la casa de Rosa, nuestra anfitriona. La avenida Simón Bolívar, antes “Reina”, desemboca en Carlos III, que a su vez lo hace en Manuel Allende. Es muy ilustrativo que, junto a los nombre políticos actuales, se conservan los originales de la época colonial.

Observaba, en mi paseo, los hermosos edificios que, recién pintados, parecen nuevos, mientras leía los nombre de las calles perpendiculares a la principal, que se llamaban Libertad, Rayo, Campanario, Ángeles.., lo mismo que en cualquier pueblo de cualquier provincia española.

En Cuba no me he sentido forastera, en ningún momento.

Me sorprendió encontrar una iglesia de Jesuitas frente a una logia masónica, de gran envergadura, como desafiándose. Ambos son poderosos lobys que ponen a Dios por testigo.

Al pasar por el Parque de la Fraternidad me enamoré de una ceiba que está en medio, rodeada por una verja circular con versos de José Martí, que hablan de la hermandad de los pueblos, y la compara con la plata que se encuentra en el subsuelo de los Andes. Hermoso árbol y hermosa poesía.

¿Te das cuenta, Siboney de mis sueños, que en todos los pueblos hay una árbol sagrado?

El árbol sagrado es de raíces profundas que atraviesan siglos de gloria y penalidades, pero también en sus ramas, que buscan el cielo, anidan pájaros de otras regiones que traen trinos diferentes cada estación.

En Cuba el árbol sagrado es la palma real, que se encuentra con Dios en las alturas.

Tanto la palma como esta ceiba habanera necesitan pájaros nuevos que saquen polladas viajeras y escuchen trinos diferentes a los que durante cincuenta años les ha cantado san Fidel.

Que lo de san Fidel no va de guasa, que me lo ha asegurado el orisha del avión. Por eso le soltaron trescientas palomas en su funeral.

Cuando llegué a casa de Rosa me encontré que en la habitación de al lado había una chica finlandesa de unos 20 años, que se llama Mía y ha venido sola a conocer Cuba. He hablado con ella mientras me duchaba y creo que no le va a importar unirse al grupo. Así seremos 4 y si cogemos un taxi nos sale más barato. Veré qué opinan los Villar.

Salimos a comer las dos, Mía y yo, a un centro comercial de la avenida Carlos III y nos sentamos con una pareja de jóvenes que nos pusieron al día de sus inquietudes.

La chica nos dijo que las cubanas se casan casi adolescentes y enseguida tienen hijos; luego, los hombres las dejan por otra más joven. Por eso ella no tiene prisa por casarse y quiere estudiar. El mozo parece que no estaba por la labor.

Cuando llegaron los Villar y descansamos un poco, los cuatro cogimos un taxi colectivo por 5 cuc que nos llevó a la plaza de la Catedral con la intención de ver el museo del Colonialismo, que está abierto mientras la catedral estaba cerrada.

A la salida se nos había perdido Juan, que siempre va a su aire, como yo. Tras buscarle inútilmente, y tomarnos un mojito en la Bodeguita del Medio, Susana, Mía y yo, nos fuimos a cenar al Floridita, como Hemingway.

Estábamos tropezando con todos los tópicos turísticos: la Bodeguita del Medio es prácticamente inaccesible, ya que la calle, comienza a taponarse con gente bebiendo, bien de pie o sentada en las aceras, en cuanto te acercas a ella. Y cuesta un riñón acercarse a la barra para conseguir que te sirvan un mojito que, para más inri, está hecho con limón de frasco y ron de garrafón. Una y nada más.

Cuando llegamos a casa, encontramos a Juan hablando con Rosa, que nos dio instrucciones para el futuro.

Como el viaje lo había organizado Susana, que tiene mucho rodaje en estas cuestiones, yo me había imaginado una Rosa, gorda, culona y hasta con su turbante en la cabeza. Me quedé sorprendida al conocerla: es una negra esbelta, cuarentona, dulce, con el pelo corto, blanco y rizado, elegantísima y atenta, que nos pidió los pasaportes mientras nos introducía a los tres en una única habitación con baño, en un apartamento anejo al suyo, también lleno de turistas. No me esperaba semejante falta de intimidad. Pero, después de haber dormido en el salón de actos del Ayuntamiento de Silos con toda la mesnada de Mío Cid y escuchar los ronquidos de los serranos, aquello me pareció una suite en el Palace.

Parece que éste es el sistema de alojamiento en casas particulares porque en todos los sitios donde hemos pasado, nos colocaban en una misma habitación con cama matrimonial para los “papás” y una pequeña para “la niña”.

La niña era yo, mi Siboney.

Es que he venido a ver tu tierra con ojos infantiles, ávidos de fijarme en todos los detalles.

4 COPELIA

COPELIA

12 ENERO, JUEVES

Mira, Siboney, “mi amol”. Estos cubanos de ahora tienen mucho que aprender en cuestión de turismo.

Para empezar, la estación de autobuses para extranjeros- que esa es otra: los nativos viajan en unos vehículos y los turistas en otros mejores- está en el culo del mundo, en un barrio que se llama Nuevo Vedado y está formado por chalecitos, que, en su día, pertenecerían a una clase media acomodada y que ahora están habitados por funcionarios y militares, principalmente. En frente hay un zoológico.

Habíamos madrugado mucho y cogimos un taxi con Mía (10 cuc) que se quería ir a Trinidad. Aun no se había abierto la oficina de billetes, por lo que decidimos desayunar en un tugurio anejo a la estación, con la música a tope, y unas mesas altas imposibles de utilizar más que un momento.

Pues no había café. ¡En Cuba!

Desayunamos unos crepes ofrecidos por una camarera desangelada que nos dijo que llevaba 24 horas trabajando y no se tenía de pie. Gana 8 cuc al mes trabajando días alternos. Pese a que había media docena de empleados varones en la cocina- las chicas estaban para atender al público- tardaron muchísimo tiempo en servirnos.

Me parecieron unos “güevones”, como diría el difunto Chávez venezolano. Qué quieres que te diga.

Aprovechamos la espera para cambiar unos pesos convertibles (cuc), que son los que utilizamos los turistas por pesos nacionales, para uso del pueblo villano (cup). Con un cuc te dan 25 cup, por lo que los jubilados, cuando cobran sus 8 cuc de pensión, como suponen 200 cup, piensan que reciben algo.

Como no pertenezco al mundo de las finanzas, ignoro el juego que se trae el gobierno con esta duplicidad de monedas. Creo que los cubanos, también lo ignoran.

La empresa de autobuses regular nacional es Viazul y no tenía billetes nocturnos hasta Santiago, y poder hacer la ruta que nos había propuesto Rosa de viajar de noche hasta Oriente y volver replegándonos hasta La Habana, para pasar aquí los últimos días de vacaciones. Tuvimos que sacar un billete hasta Cienfuegos y, ya de paso, otro hasta Trinidad.

Era la hora de entrar en los trabajos, por lo que cogimos una guagua atestada de gente, que nos costó una miseria- menos mal que llevábamos pesos nacionales- y nos dejó junto al Cementerio de Colón, del que recorrimos tres de sus cuatro lados hasta dar con la puerta y donde casi se lleva por delante un camión a Juan, al que le pasó rozando. Menudo susto nos llevamos los tres.

Ya hubiera sido chiste morir en La Habana por atropello, dónde apenas hay tráfico ni semáforos y la velocidad de los vehículos es lentísima, con lo que la gente atraviesa las calles por donde quiere con toda tranquilidad.

Al llegar a la entrada del cementerio, echamos una ojeada y en vista de que no teníamos ningún difunto al que visitar,- Porque tú estás vivo, ¿verdad?- seguimos de largo hasta la plaza de la Revolución, con la intención de saludar a los allí representados.

En las paredes que unos edificios que asoman a un descampado enorme están las siluetas de El Che y Cienfuegos. Más arriba, en un alto, la Plaza de la Revolución, propiamente, presidida por el monumento a José Martí, Padre de la Patria, con una torre monumental que se ve desde todas partes. Supongo que allí se encontrará un grandísimo espacio preparado para manifestaciones patrióticas multitudinarias. Seguro que será dónde echaba Fidel sus arengas de cinco horas.

Como cobraban por entrar, y nosotros no somos de la cofradía, decidimos ver el paisaje desde lejos, que también tiene su encanto. Así que paseamos hasta la puerta de la Biblioteca Nacional donde se encuentra el parque móvil más curioso del mundo, con los Cadillac y los Dodge descapotables de los años 50, perfectamente pulidos, abrillantados, y mimados.

 

Los turistas se vuelven locos por darse un paseo en ellos.

Este camino está flanqueado por hermosísimos árboles, de troncos con raíces aéreas, que se merecen más atención que los monumentos y los coches.

Descansamos un rato y tomamos otra guagua, que nos dejó en el parque de Copelia, donde está la heladería más famosa de La Habana, que sale en la película “Fresa y Chocolate”.

Luego nos hemos ido dando cuenta de que Copelia es una empresa nacional- como todo- y existe en cualquier punto remoto del país.

También es de obligado cumplimiento pasarse por “La casa del chocolate” en cualquier pueblo de la isla. En el chocolate ya hay más variedad: desde helado, hasta caliente y con churros. Siempre riquísimo, como los helados de Copelia.

Decidimos que no procedía marcharnos sin probar uno. ¡Qué cola, había, madre!

Tardamos más de media hora esperando y observaba, mientras tanto, a los tipos guapetones, como habías de ser tú, Siboney de mis sueños, pero no te reconocí en ninguno. Mucho menos en el que controlaba una casetilla donde ponía “CORREOS” y únicamente se vendía el Gramma y algún que otro panfleto político.

No he visto absolutamente más prensa que la oficial. Ni en los hoteles de lujo. La censura intelectual es absoluta. Ni te cuento en las librerías: solo hay libros de escritores afines al régimen; ningún extranjero. Sin embargo, estos libros, editados por el estado, tienen un precio irrisorio. Yo compré tres por 3,50 cuc. ¡Todos!

¿Cómo va a tener la gente perspectiva y sentido crítico, por muy universitarios que sean?

Me acuerdo de cuando íbamos a París, en tiempos de Franco y traíamos, escondido, el Libro Rojo, de Mao, que era lo más subversivo que podíamos encontrar. Yo no lo leí. Pero lo traje camuflado, que es dónde estaba el morbo.

Es de esperar que, en Cuba, se lea bajo cuerda, como en tiempos de la Inquisición. Por eso hay disidentes.

En todos los restaurantes había músicos desgañitándose, que no producían tranquilidad para comer a gusto, así que comimos en un sitio de medio pelo, que no tenía “suministro” ni de café ni de pescado ni de postre… ¡ni músicos! Menos mal que tuvieron la delicadeza de bajar el volumen de la tele, que equivalía a la orquesta. Triste comida, que nos puso al corriente de la falta de materias primas elementales.

Supimos entonces que el 80% de lo que se consume en el país es de importación. La leche, por ejemplo, siempre en polvo, viene de Nueva Zelanda. Parece que los campos sin cultivar no deben de utilizarse ni para criar vacas.

Ya repuestos, y de camino hacia casa, paseamos por el Callejón de Hamel, que es un sitio muy loco, repleto de obras de arte supermodernas y de artistas innovadores, lleno de colorido y provocación. Está a un paso de la calle Oquendo, donde vive Rosa.

Susana se quedó en la cama después de la siesta y Juan y yo parlamentamos con Rosa, que está recibiendo quimio y le he regalado mogollón de medicinas que pensaba darle al sacerdote, hermano de una amiga, al que tenemos que visitar en Morón.

Rosa nos ha buscado las mesoneras de Cienfuegos y Trinidad y nos ha traído unos panecillos que le han dejado unos inquilinos que se le han ido, ya que mañana va a ser difícil encontrar comida antes de salir.

Llegamos a la habitación de Mía, que como tenía contrato de habitación compartida, estaba en otra zona de la casa y se vino a despedir muy amable. Nos volveremos a ver en Trinidad.

En lugar de Mía había unas argentinas que querían cenar y salí con ellas porque yo también tenía hambre. Ya estaba todo cerrado y menos mal que encontramos una pizzería en Carlos III. Una de ellas es abogada y la otra se dedica al teatro infantil. Se llama Lucía, con lo que comenzamos a tener gran afinidad y charlamos durante la cena. Ellas, que son jóvenes, querían explorar la Habana Vieja y yo me fui a casa donde ya estaban hechas las maletas.

Le hemos dejado a Rosa una bolsa con los pantalones de invierno, que nos guardará hasta que volvamos en el último sprint.

 

 

 

 

CAÑA Y AZÚCAR- 5 CIENFUEGOS

5- CIENFUEGOS

 

Un recorrido en autobús, mi Siboney, puede dar mucho juego.

Así que los tres amigos decidimos sentarnos en sendas ventanillas para no perder detalle del paisaje que lleva desde La Habana hasta Cienfuegos. Máxime cuando la velocidad del vehículo era lenta y hasta permitía hacer fotos.

Cada uno llevaba su botella de agua.

Aquí hay que comprar el agua, que sale sucia del grifo y hay que hervir y colar, por lo que siempre hemos andado comprando botellas, del único manantial limpio que debe de haber en todo el país. Recorrimos una llanura inmensa con síntomas de poca lluvia desde dónde se veían cultivos de frutales que desconozco y prados donde pululaban algunos vacunos con joroba; puede que búfalos.

La carretera estaba flanqueada por yucas, plátanos y algunas hortalizas. Me sorprendió que, en las empalizadas que delimitan las propiedades, de vez en cuando, colocan un árbol, que, además de servir como valla, su follaje aísla más el terreno. Una buenísima idea. La mayoría estaban recién podados y se veía al través.

A mitad de camino llegamos a un chiringuito, Terraza Piocúa, donde Juan y yo tomamos un zumo de guayaba. Susana andaba malucha de la tripa y solo bebió agua. Susana es una adicta al agua y se ha pasado todo el viaje reprochándonos a Juan y a mí, que no bebíamos lo suficiente.

En Playa Girón pasamos por un museo de la Revolución, con bandera al viento, en cuyo patio había tanques y aviones de camuflaje, para que el viajero local y extranjero recordara el momento histórico de la guerra fría, tras el desembarco en la bahía de Cochinos, a principios de los años 60.

No pierden baza, oye: en cuánto hay un motivo, allá que se colocan las medallas bien visibles.

Pero, mira, en Playa Girón las casas tienen paneles de energía solar, lo que indica que la guerra ya se ha templado con el tiempo.

 

El caso es que llegamos a Cienfuegos y no nos esperaba nadie, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó a la casa de Judit.

   Entonces me di cuenta de que mi maleta se había quedado sin ruedas. Me temo que por culpa del impresentable ayudante de taxista – o lo que fuera- que nos atendió en el aeropuerto de La Habana, cuando nos agarró las maletas de mala manera y las arrastró a campo través hasta un lugar lejísimos y corriendo, mientras nosotros echábamos la lengua para alcanzarle, por un camino de cantos y piedras, fuera ya del terreno propio para taxis, y que seguro no pagaba impuestos. Además se permitió menospreciarnos como españoles, lo que nos puso a Juan y a mí a punto de caramelo.

Durante el trayecto hasta la casa de Rosa, que era a dónde íbamos, Juan calló, pero yo me explayé cómo pocas veces lo he hecho en mi vida. Al bajarnos del taxi, no me di cuenta de la falta de las ruedas: le estaba diciendo al tipo que no se puede insultar a quién te va a pagar la cena.

No hemos tenido otros desencuentros en todo el viaje, gracias a Dios.

 

Judit vive en una casa colonial, y dentro de un soportal altísimo. Es que no te puedes imaginar la altura de los techos. Como los que había en la casa de mi abuelo, en Extremadura. O más altos aun.

¿Sabes que en Cienfuegos las ventanas no tienen cristales?

Solo la contraventana de madera, que cubre unas ventanas enormes. Parecían como si fueran andaluzas, con las rejas más bonitas del mundo, pintadas de blanco.

Toda la rejería es blanca en Cuba, y bellísima. No me he detenido a valorar detalles, pero, sin duda, corresponderán a los estilos arquitectónicos de cada época de construcción: las hay desde lo más barroco a lo más moderno.

Es curiosísimo pasar por las calles, de noche, y como todo el mundo tiene las ventanas abiertas de par en par, sin visillos ni cortinas, puedes contemplar a la familia entera, sin que ésta se sienta molesta, cada uno en su mecedora, contemplando la televisión, que es en entretenimiento oficial. Porque lo que nosotros llamamos portal es allí el cuarto de estar.

 

En Cienfuegos descubrí las mecedoras cubanas.

Yo soy una fanática de las mecedoras. Tengo una en mi cuarto que compré para arrullar y amamantar a mi niño. Es de estilo provenzal, con poco vuelo y respaldo alto, no como esas decimonónicas, de rejilla y brazos redondeados que son las frecuentes en España y que, con un poco de impulso parece que te vas a dar la vuelta.

Las mecedoras de las casas que se alquilan en Cuba son más sólidas, macizas, anchas, de madera de cedro o de otros árboles preciosos tallada y con el respaldo corto. Bastante pesadas. Algunas son de rejilla, aunque, en algunas casas las hemos visto tapizadas también; pero no usan cojines Vuelan hacia atrás, con lo que se te quita el miedo a caerte de bruces en una acometida entusiasta.

Creo que el cubano no podría vivir sin su mecedora, en la que entorna los ojos para ir y venir a lugares de ensoñación. Como si la sola visión de su bello país no fuera suficiente.

Ahora, tal y como están las cosas, las mecedoras son enormemente necesarias, porque gracias a los sueños pueden superar tantas carencias. Algunos las utilizan para pergeñar proyectos que pueden ir evolucionando con el tris tras, o rumiar desencantos, pensar en el gobierno- a favor o en contra-, esperar, o descansar del no hacer nada, que también se lleva mucho.

Y sin embargo no son pródigos para colocarlas en bares o lugares turísticos para que el forastero le saque la gracia al vaivén cubano, en vez de acribillarlo con música cargada de decibelios en todas las esquinas.

Escuchar música carioca varios tonos más suave y en mecedora, tiene que ser placer de dioses.

Cienfuegos en una ciudad con mucho glamour. Tal vez se deba a su origen francés. Debió de ser espléndida en la belle époque y se conserva mucho mejor que La Habana, con más coquetería y menos destrozos.

También tiene un malecón, que rodea toda la bahía y donde se reúne la gente por las tardes a bailar. Junto a él hay una ceiba impresionante, con lo menos diez metros de diámetro y un agujero en medio, por el que puede pasar una pareja. Una joya de la naturaleza. Me quedé unos segundos en trance, en el hueco del tronco. Fue como una sensación mística. Como si yo misma fuera árbol sagrado.

¿Habré sido árbol alguna vez? Porque estas cosas son muy misteriosas, mi Siboney: si somos polvo después de morir, mis átomos y mis células pueden haber vivido en otros seres de la creación desde que el mundo es mundo.

¿No será éste el milagro de la reencarnación?

¡Mira tú que he necesitado llegar a Cuba para hacer este razonamiento tan primario!

El Boulevard es el centro comercial y social donde transcurre la vida de la ciudad. En el Boulevard, que es el único sitio que tiene cobertura de internet, se encuentran las oficinas del estado- ETECSA- donde puedes comprar una tarjeta para navegar una hora por la red. Después de haber comprado varias de ellas, me dijeron que eran incompatibles con mi móvil, por lo que tuve que esperar a los emailes.

El asunto de la conexión es un drama. Pensé en ir por la tarde a una oficina de ETECSA, y a las 4 ya habían cerrado. Me encontré desvalida.

¿Tú nunca te has sentido aislado, mi Siboney?

Pues yo he percibido la insularidad, que significa desprotección, estar a merced de todos los vientos y todos los piratas que quieran secuestrarte.

Tal vez sea porque no me encontraba bajo el manto turquesa de Yemayá, de la que todavía no soy devota.

Le pedí a Yemayá que me ayudara a buscar una nueva maleta porque en las tiendas no hay nada de nada.

Tras mucho preguntar me dijeron que posiblemente la pudiera comprar en una “peletería”, cosa que me sorprendió, hasta que deduje que antiguamente las maletas eran de piel: de ahí lo de peletería. Solamente encontré una maletilla, de tela, en todo el establecimiento y algunos zapatos -éstos de piel, supongo-, así que me libré de elegir, que la elección siempre te acarrea problemas de conciencia. Y vete a saber la calidad que tendrá, después de asegurarme que era producto nacional, como los orishas.

Me gasté en maleta todo el dinero preparado para regalos. Y, encima, no me cobraron con tarjeta porque tenían el cacharro estropeado, por lo que descalabró mi presupuesto. Le di a Judit la vieja y se puso contentísima.

Lo de la maleta no pasa de anécdota.

Mientras andaba buscando la peletería me tropecé, en el Boulevard, con un grupo de gente que estaba organizando una reunión poético/musical, a modo de las Noches Poéticas de Bilbao. Lo dirigía un tal Jorge, el más veterano, y esperaban a una poetisa, Judit, ya un poco mayor que la media de chavales, invitada de otro sitio, que debe de ser un personaje, a juzgar por los poemas que leyó. Me rogaron que asistiera al encuentro con algún poema mío. Me hizo mucha ilusión y acudí con Juan, dado que Susana todavía andaba regular y se quedó en la cama.

Aquella me pareció una noche mágica, Siboney.

La poesía nos envolvía por entre las sillas colocadas en corro y se cantaron canciones a capela, diferentes a las de las plazas, tan manidas y agresivas para el oído. Me encantó que la mayoría de los asistentes, unos 20, fueran gente joven. No tuve ocasión de preguntarles cuáles son sus fuentes de inspiración, ni si leen autores de otros países hispanohablantes y un sin fin de datos que dejé para el día siguiente.

Para terminar, Jorge nos recitó “La casada infiel” de Lorca, como no la había escuchado en mi vida: una verdadera obra de arte de expresión oral. ¡Y cuidado que la declaman siempre que pueden todos los vejetes verduscos que pululan en los círculos poéticos que frecuento!

¿Quién dijo que el cubano no puede ser tan perfecto como cualquier dialecto del español? Lo que pasa es que, la mayoría de la gente habla fatal. Pero quien sabe, sabe.

Creo que le salió tan redonda porque antes yo le había aclarado al rapsoda que no se hiciera ilusiones: que fue ella la que lo llevó al río, , encima, le sacó un costurero y le dejó el regusto de haber sido el seductor. Ja, ja.

Quedamos para el día siguiente, cuando Jorge representaría un monólogo por la noche y haríamos un intercambio de direcciones. Yo les dejé mi tarjeta, y Judit me dijo que le iban a conceder permiso para utilizar Internet y me escribiría. Espero que algún día se ponga en contacto conmigo.

No hubo día siguiente porque no pudimos ir al espectáculo. Pasamos la noche buscando como locos el móvil de Susana, que se había perdido. En la policía nos dijeron, con pachorra caribeña, que, como era sábado por la tarde, no trabajaban en esas minucias… y el domingo, mucho menos.

Parece que, en Cuba solo les está permitido a las emergencias que ocurran durante los días laborables.

Urgía desactivar el aparato y aun no había visto en mi móvil el número que me había mandado la embajada de España por si surgían problemas. Menos mal que unas señoras argentinas que se quedaban también en la casa y manejaban muy bien la tecnología, pusieron en contacto a los Villar con su hija en USA, para que ésta, desde allí, consiguiera la desconexión.

Estas pequeñas anécdotas, que no tienen mayor importancia, son las que de dan aliño a los viajes.

 

El sábado lo dedicamos a la exploración y dimos con el Museo, que antes fue casino, en uno de cuyos salones unos jóvenes violinistas ensayaban un concierto que tenían programado para unos norteamericanos sibaritas y millonarios. Charlé con los músicos, que me contaron que la música está muy bien estructurada y se enseñaba en los centros escolares. Me quedé al concierto pasando por gringa, dado mi físico más irlandés que celtíbero.

En cambio, a Juan, que es moreno, con una morenez que le llega de los judíos de Rivadabia, le dejaban pasar gratis en todas partes por considerarle nativo, a lo que él respondía, con gran orgullo, que es español y gallego. Y enseguida se enrollaba a preguntarle sus apellidos a la interlocutora, que tenía algún “Mouriño” o “Souto” entre sus ocho abuelos. Siempre terminaban medio parientes.

En nuestra exploración por la ciudad, nos encontramos con un carretero, llamado Milan, dueño de un carricoche, que aquí llevan el rótulo de “Transporte nacional” y nos convenció para llevarnos hasta Punta Gorda, que es el Neguri de Cienfuegos y cuya carretera está flanqueada por bonitos chalés, donde viven los ricos, según nos dijo Milan.

Porque haberlo, haylos, pese al comunismo gobernante.

Al final del paseo, ya en balcón hacia el mar, deslumbraba el Palacio del Valle, de estilo neomudéjar, que respetó la Revolución, aunque le han plantado , en el jardín, un mamotreto más alto que él, de la época rusa, que fastidia el entorno, y es dónde se hospedan los gerifaltes políticos, que se toman los daiquiris en el edificio decadente y maravilloso de enfrente.

Manteniendo las formas. Oye.

Susana y yo subimos a la terraza del palacio, que tiene unas vistas magníficas y nos tomamos un mojito, mientras Juan examinaba a Milan que le contaba sus ilusiones y los impuestos que le cobran por el negocio del transporte, pese a que son suyos la carreta y el caballo. Menos mal que al carro no hay que darle de comer. No tenía demasiada esperanza, el hombre.

El tercer día de Cienfuegos era domingo y la gente se reunía en las plazas y avenidas en torno a cuatro músicos con ganas de bailar. Los más devotos estaban en la iglesia y aproveché para visitar algunas de varios credos.

Es bueno aprovechar las fiestas para hacer la ficha: entraba en las ceremonias porque solían tener las puertas abiertas, ya que hace calor. He estado en iglesias adventistas, protestantes, evangélicas y de otras marcas.

Me he dado cuenta de que la iglesia más formal es la católica: en todas las demás, las ceremonias se hacían con cánticos a tutiplén, y contoneo de caderas, alza de brazos y ojos en blanco, como si estuvieran en trance. Todo con mucho ritmo, como procede en sitio tan musical. En bastantes templos oficiaban las mujeres, lo que le proporcionaba un glamour místico, que a mí me daba un poco de envidia, que quieres que te diga.

Pero no te encontré en Cienfuegos, Siboney de mis sueños.

¿O estabas junto a mí, abrazándome en el tronco de la ceiba?

 

6 TRINIDAD

6-TRINIDAD

Pues en Trinidad no apareciste tampoco, ”mi amol”… Y mira que estaba lleno.

¿O es que hacían tantísimo ruido los músicos que ahogaban mi canto de cristal?

¿Y qué quieres que te diga de esta ciudad?

Eso de que haya que conservar los cantos rodados del siglo XVI, tal cual, sin pasarles, cada cincuenta años, una apisonadora para que se vayan recolocando, lo han superado hasta en mi pueblo, que los tenía iguales. Es muy típico, pero demasiado incómodo.

Claro que, si es condición sine qua non te concedan el premio de Patrimonio de la Humanidad, dejémoslo estar.

Esto iba yo pensando cuando, al salir de la estación, y con mi maleta recién estrenada, me vi que me volvía a quedar sin ruedas con semejante pavimento.

Menos mal que llegó la Damari, con mucho remango, y me la cogió aúpas hasta que llegamos a la casa, que está muy cerca del centro: es un apartamentito con cocina y todo, en un piso alto, junto a la azotea.

Cuando quisimos arreglarnos un poco para salir, me di cuenta de que había pedido la llave del candado de la maleta. Damari me consoló diciendo que su marido es un manitas y, en un momento venía y lo solucionaba.

Pero el marido manitas no llegó. Se me ocurrió llamar al vecino de enfrente, que estaba albañileando en su terraza, y se presentó con un manojo de llaves, entre las que había una que abrió el misterio. Le di las gracias y cinco cuc, que equivalen a una semana de trabajo, lo que hizo feliz, porque el buen hombre- Miguel se llama- no me quiso cobrar nada por el servicio.

Por supuesto, me regaló la llavecita. Así de majos son los cubanos.

Por Trinidad hemos pateado mucho. En zapatillas, naturalmente.

Es un lugar emblemático, que recuerda el tiempo de la colonia. Y la Revolución, que tiene sus más y sus menos con esta época, que fue la que forjó a Cuba, cuándo le conviene la oculta y otras veces la explota.

Trinidad es muy bonito pero muy pueblo: te levantas oyendo cantar a los gallos – también te los encuentras picoteando por las calles- mientras tomas un zumo en un patio desde la que se pueden alcanzar los cocos del corral inmediato, y te acuestas escuchando al panadero ambulante que anuncia, a grandes voces: ¡“pan caribeño”!

Porque nosotros nos acostábamos temprano. Piensa que éramos tres jubiladitos, que, por muy marchosos que nos creamos, ya no estamos para trasnochar.

Junto a la casa de Damari teníamos una sala de fiestas, de esas que cuentan los turistas jóvenes que son tan superguays y se liga tanto con cubanos macizones como tú, Siboney de mis sueños.

Nosotros ni las catamos: la sala de fiestas aneja terminaba a las 22, 30, la hora en que nuestros padres nos hacían llegar a casa en nuestras mocedades, y cuando hoy aun no han salido los chavales españoles para su botellón.

La vida de los jóvenes aquí se parece mucho a la que teníamos en España hace cincuenta años, con la excepción de que todos andan colgados de su “celular”, que, por otra parte, no sé cómo se pueden pagar, con los sueldos miserables que tienen.

Y, una de las cosas que nos han dejado traslucir las madres, cuando nos hablaban de ese futuro más actualizado y con más posibilidades, que todos ansían, es que temen que la modernidad les vaya a traer la droga, como efecto colateral que, ahora parece, solo está al alcance de la gente que maneja mucho dinero.

Se saben necesitados, pero se sienten seguros respecto a perversiones exteriores, y agresiones como las islamistas, por ejemplo.

Estas cuestiones evolutivas tienen muchos matices, que no siempre contemplan los estudiosos: los cubanos, que han cambiado una pobreza absoluta por otra relativa, y que están orgullosos de su país, dónde son gratuitas la enseñanza y la medicina -de lo que presumen continuamente-, y dónde todos los viejos disfrutan de pensión, aunque sea de 8 €, se han ido acomodando a una supervivencia frugal, y al trapicheo para llegar a fin de mes, trabajando lo estrictamente indispensable, ya que el trabajo no supone subir de estatus. Siempre llenos de miedo a contravenir la ley y siempre buscando el resquicio para aprovecharse de ella, procurando trabajar lo menos posible para un gobierno que, mal o bien, les va a cuidar en la vejez.

El miedo de las madres a que sus hijos se malogren de una manera, para ellas inédita, es muy, pero que muy justificable.

Y yo las entiendo.

Es curioso que los chavales cubanos estén divididos en dos grupos, muy significativos: Unos son de Cristiano y otros de Messi. Y siguen con verdadero entusiasmo las fluctuaciones de la Liga española. El que tiene oportunidad se hace con una camiseta de su equipo, que luce ostentosamente. Sabían del fútbol español mucho más que nosotros.

El lugar emblemático de Trinidad es “La Casa de La Música”.

Esta Casa de la Música forma parte de una escalinata, también de cantos rodados, pero en moderno, que se va expandiendo hacia la Plaza Mayor, donde se encuentran la Iglesia, y que está flanqueada por bares donde te sirven una “canchancha”, que es un daiquiri con un toque trinitario, muy rico, por cierto… y ¡Oh cielos!… se toca continuamente música caribeña..

La verdad es que no entiendo cómo el Ayuntamiento, o la Junta o como se llame quién organiza el cotarro en la ciudad, ha tenido la idea de colocar en éste único lugar de la ciudad el punto wifi: es imposible escuchar nada con la música tan estridente. Así que, claro: los cubanos se han acostumbrado a hablar a gritos… y eso que en España no somos modelo de suavidad tonal, como los mexicanos, por ejemplo, que me dan envidia de lo bajito que hablan.

La Casa de la Música me recordaba a la Plaza de España, de Roma, salvando las distancias, la primera vez que la vi, con los hippies sentados en las escaleras y cantando; solo que ésta, en criollo.

En un momento de relax, apareció, en las escaleras, un cantante local muy famoso, medio loco y medio borracho, que cambiaba las letras de canciones conocidas por sátiras en contra del gobierno, con gran regocijo de los nativos, que tienen su retranca y le jaleaban para que siguiera.

Parece que la policía ya ha dado por perdida la guerra con él y lo ha convertido en otra atracción más, para que vean los forasteros la enorme liberalidad del gobierno, que no parece utilizar con otras protestas por parte de disidentes, a los que tiene encarcelados. Además de la magnífica plaza, con sus barandillas y sus bancos de hierro colado y sus palmas reales, Trinidad ofrece al turista variados palacios, que tuvieron alma en los tiempos remotos de la Independencia, y los más remotos de la Colonia, que data de 1515.

En uno de ellos, el Palacio Iznaga, de nombre más bien euskaldún , amén de las maravillas propias de todos estos edificios, que asombran por sus dimensiones, su acabado, y su buena conservación, una guía, blanquirroja como yo, y de apellido Madariaga, nada sospechoso, me enseñó una pieza de cocina que ya la quisieran en el Museo Vasco: una olla exprés del año 1885 fabricada en Bilbao. O sea, cuando Trinidad y Bilbao formaban parte del mismo país o nación o estado, que eso una no lo tiene muy claro.

¡Anda ya!

Así, cualquiera. No solamente tuvo Cuba el ferrocarril 20 años antes que la metrópoli sino también la olla Magefesa, versión hierro fundido. Eso, que yo sepa.

Como yo, cuando voy de exploración, me fijo en lo que suele pasar desapercibido a la mayoría de los visitantes, me di cuenta, enseguida de un mantel espléndido, con muchas lavaduras, por cierto- había una mesa puesta como para ser utilizada en el momento, con una vigilante, que no te quitaba ojo, por si birlabas un tenedor- bordado con calado canario.

Y, ahora, en la distancia, le estoy dando vueltas a un asunto que me trae a mal traer desde hace bastantes años. Ya sé que no viene a cuento el tema, pero quiero echarle el guante a alguna investigadora futura.

Palacio Iznaga… la Madariaga que me cuenta la historia de la olla exprés… calado canario… y ¡encaje de Tenerife!. El encaje de Tenerife -Siempre muy mal planchado, por cierto, lo que le quita su gracia- aparece hasta en el Palacio de los Generales de La Habana.

¡Eso es lo que yo buscaba!

Pues aquí va mi lance: Hace muchos años, teniendo yo una relación bastante intensa con el equipo de textil del Museo Vasco de Bilbao, me enseñaron un alba que procedía de una iglesia derruida, tejido en siglo XVII – venía bordada la fecha en el encaje-, que la profesional del museo dijo ser de bolillos.

(Tú ya sabes lo que es un alba, mi Siboney, pero si alguien que lea mi crónica no lo sabe, que lo busque en Wikipedia).

Pero, una, que tuvo que conocer todos los bordados, encajes, agremanes, puntos y obras de aguja, lanzadera o gancho, que para eso estudió en la época de Franco cuándo la mujer elegante era, ante todo, bordadora fina, le dijo que era de encaje de Tenerife. Que yo tengo una obrita hecha con mis propias manos y con el sello de la Escuela de Magisterio, porque era obligatoria para aprobar la asignatura “Labores”, con doña Angelita, que era un hueso.

En el siglo XVII es imposible que los nativos de las Canarias hubieran llegado a esa delicatessen encajera, mientras que la cultura vasca estaba más que cualificada para ello.

Mi pregunta es: ¿El llamado encaje de Tenerife es de origen vasco? ¿Qué influencia tuvo la comunidad vasca en la colonización de las islas Canarias?

De Canarias a Cuba no hay problemas, porque la interferencia ha sido continua. La misma madre de José Martí, el Padre de la Patria, que era canaria, le hizo a su hijo un gorrito -se conserva en su casa natal- con el tal encaje y un faldón con calado canario, que también puede ser vasco. O de Talavera. Vete tú a saber, que el deshilado tiene muchas patrias en la península.

Porque servidora, tiene unos conocimientos harto limitados de historia colonial. Y te juro, “mi amol”, que, con 20 años menos, yo me hago una tesis doctoral, aportando documentos en los que se demostrara cómo la mujeres de caserío se trasladaron a las islas, que fueron puente hacia América, con todo su saber a cuestas. Y allí lo dejaron.

¿Te das cuenta , Siboney de mis sueños, de lo pequeño que es el mundo?

¿Y lo corta que es la vida?

¡Con la de cosas que me voy a dejar sin aprender!

9- PLAYA PROHIBIDA

 

9-PLAYA PROHIBIDA

¡Al fin te me has manifestado, Siboney de mis sueños!

Te he reconocido en las aguas verde mar del Caribe…

¡Dios!… Nunca te pude imaginar tan hermoso.

Eres el color más bonito que existe, que se va oscureciendo marineando hasta el horizonte donde marcas una raya oscura que te separa del cielo, que sí es azul.

Tu verde mar no es ni azul ni verde, ni marino verdoso, ni refleja el color del cielo, sin diluirse en él mientras que en la orilla se aclara hasta que revienta en transparente, mezclado con la arena, luciendo brillo de esmeraldas fundidas con turquesas, con irisaciones de alegría y olas que trasmutan el sentir de tu alma a la mía, que se percibe húmeda y libre.

¿Cómo no va a salir de mi garganta un canto de cristal, si tus ojos son agua diáfana , Siboney de mis sueños?

Te he encontrado en Cayo Coco y en Cayo Guillermo, junto a la playa del Pilar.

Yo no conocía tu faceta fluida y cromática capaz de envolverte en ese color caribeño, mi Siboney, que es distinto a todos los colores de los mares que había visto en mi vida.

También hemos de reconocer que yo soy más bien de secano y nunca, hasta ahora, me he sentido absorbida por ningún mar.

Hemos llegado a estos cayos en el taxi de Orlando, que ha estado a nuestro servicio todo el día. Orlando es ingeniero químico y tenía otro nivel intelectual diferente al de Deny, el marido de la estudiante de medicina.

Orlando nos contaba cómo la distancia entre los cayos, que son una barrera formada por islas coralinas y la costa es de unos 18 Km . Estas islas, dada su maravillosa ubicación, están programadas con una infraestructura capaz de convertirlas en un centro turístico de primera magnitud, teniendo previstos hotelitos “ecológicos”, que no rompan la armonía estética ni ambiental.

El problema es que no tienen agua potable y que había que construir una carretera para acceder a ellas. Lo de la carretera ya lo “solucionó” Fidel. Solo que, tuvieron un pequeño lapsus, y no se percataron de que no se le pueden poner barreras al mar, que de vez en cuando, se pone furioso y rompe los diques.

Cuando ocurre esto, el gobierno lo soluciona haciendo un ojo de puente o colocando un tubo enorme que haga el servicio de comunicar los dos brazos de mar. En eso estaban cuando pasamos nosotros.

Con tantos ingenieros como hay en el país, ya parece que han aprendido la lección y ahora están haciendo, en otro cayo un puente vulgaris, como los hacían los obsoletos romanos, con sus pilares y sus ojitos, alternativamente. Cuestan más pero, a la larga son más prácticos. Algunos llegan a cumplir dos mil años. No hay datos de que el Castrismo vaya a durar tanto.

En cuanto al agua, todavía tienen mucho trabajo por delante, ya que la llevan de Morón, con harto disgusto de los dueños del manantial, que ven cómo se seca, mientras que ellos, como todos los cubanos tiene que pagar por disfrutar de las playas, que son exclusivamente para turistas y a las que hay que entrar con pasaporte.

Los habitantes de los pueblos solamente tienen permiso para acceder a estos lugares turísticos en calidad de empleados, con su contrato, que es controlado en cada viaje al trabajo. Si van de recreo, hay que pagar.

¿Pagas tú también, que eres canción y eres color verdemar? ¿O surcas airoso por entre los vientos y entre las olas?

Los cubanos, además de no poder usar su territorio alegremente, pagan por cualquier trabajo que les pueda redondear su “pingüe” sueldo: la señora que te da el papel higiénico en los lavabos de cualquier restaurante, la que vende cucuruchos de maní, la camarera de la cafetería

Eso, sin contar el control exhaustivo de las casas que alquilan a turistas, de las que pagan al gobierno el 75% del precio, y que deben llevar un registro que es examinado diariamente.

La Playa del Pilar, se llama así porque Hemingway fondeaba allí su barco mientras escribía “El viejo y el Mar” y Cuba se lo agradeció poniendo a la playa el nombre del barco. Frente a ella están Cayo Guillermo y Cayo Coco, que no lleva ese nombre porque haya cocoteros sino porque es dónde habitan unas aves, endémicas de Cuba, que se llaman “cocos” y se parecen a las gaviotas.

Cuba tiene una fauna volátil riquísima. Me han sorprendido los pelícanos de la bahía de La Habana, los ibis, y las auras, que son unas aves carroñeras, con un vuelo solemne, como el del nuestro buitre. Esos que recuerde; que ya sabes lo que soy yo para los nombres.

También he disfrutado con algún colibrí juguetón. No he encontrado ningún mamífero… y ningún mosquito, pese a que iba bien pertrechada de repelente.

Comimos con Orlando, en un chiringuito de Playa Pilar, unas verduras salteadas riquísimas. En Cuba, las verduras cocinadas se llaman viandas y pueden contener yuca, malanga, boniato, y otras raíces comestibles que no conocía. Mientras comíamos, Orlando nos contó que no podía heredar una casa de su madre porque ya tenía casa y andaba en litigios con el Estado.

Supongo que, al no disponer de una industria conservera nos daban las hortalizas del tiempo, que al ser invierno, eran más restringidas. Por eso apenas vimos aguacates ni mangos, que estaban en floración.

Sí había “fruta bomba”, que es un eufemismo con el que camuflan a la papaya, palabra que tiene connotaciones sexuales, como el verbo coger, aquí proscrito, y que los españoles utilizamos con demasiada alegría. Porque en estas tierras, el sexo solamente es tabú verbalmente… luego, cada quién se las apaña como puede, sin muchos rodeos ni morales ni sociales.

Utilizan poca patata, pero no tienen inconveniente en añadir a un plato de carne o pescado una guarnición de plátano frito, que llaman “mariquitas” amén del arroz con fríjoles, que es obligatorio y se llama arroz moro. Las ensaladas son como las españolas; incluso ofrecen aceite de oliva para el aliño, cosa de agradecer.

Generalmente se cocina muy bien, tanto las carnes, entre las que abunda la oveja, -que llaman cordero-, cerdo, poco vacuno, y pescado.

La mayoría de los restaurantes forman una red del estado y se llama “Paladares”. Suelen estar ubicados en casas coloniales, muy bonitas, y se come por buen precio.

En este sector debe de estar habiendo una pequeña revolución, a cuenta del turismo, porque no actúan siempre de la misma manera. Los hay de todos los tipos: desde aquellos que controlan a los empleados tanto, que éstos, apenas pueden hablar con el cliente , hasta los que admiten que haya colas en la puerta, mientras los camareros cepillan una y otra vez mesas vacías, si preocuparse de llenarlas con nuevos comensales, ya que les da lo mismo el número que tengan que atender porque su sueldo no va a alterase y siempre es más cómodo trabajar poco.

En Camagüey caímos frente a un comedor social -1554 PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR se llamaba-, y decidimos no perdernos la aventura, así que, como no teníamos prisa, nos pusimos a la cola en la calle, pero enseguida pasamos al portal y no tardamos mucho tiempo en entrar.

El comedor era un salón espléndido, con manteles de tela, adónde acuden trabajadores. La comida no difiere mucho de la que encuentras en los Paladares, aunque la carta es más restringida. Pedimos viandas, un codillo de cerdo, con cerveza nacional y postre dulce, que nos salió por menos de 2 €, por barba. Si no fuera por estos locales, los cubanos no podrían salir jamás a comer fuera de casa porque una comida, en cualquier otro sitio, equivale a medio mes de sueldo.

En Cuba hay mucha gente que solo puede hacer una comida al día. La comida principal es de 5 a 8 de la tarde, por lo que nosotros tardamos en coger el truquillo y organizamos una dieta muy fluctuante.

Después de comer en Playa Pilar, Susana y yo estuvimos haciendo snorkel en un lugar casi salvaje, Playa Prohibida, más abrupta que las otras, que eran de arena blanca y fina, y donde había un promontorio de piedras de las llamadas de “dientes de perro”, a la que no se puede acceder sin chancletas, de las que ambas íbamos bien provistas. En cuanto encontramos un caminito, con el agua por la cintura, nos adentramos en un vergel marítimo lleno de algas, conchas, caracolas y fósiles preciosos, de los que llenamos las bolsas. Susana, que es mucho más experta- para eso tiene una hija bióloga marina- sacó maravillas. Yo, casi me quedé con los restos que la marea había dejado por la orilla, que contemplo ahora, mientras escribo.

No volvimos a más playas, en plan bañador, que a las del los cayos de Morón. Pero siempre recordaré que en tu mar turquesa, ¿o tú eres el mar?, los flamencos son más hermosos que en ningún otro sitio del mundo, porque su color rosa y tu azul verdoso son complementarios y por ello, verdaderamente armónicos.

¿Lo sabías, Siboney de mis sueños?

 

 

1- ROMA NESKAPOLITARUM

‎‎

Kepe Zuri

28diciembre, 2011

Ya estamos en Roma, en casa de Santa María de la Garbatella.
 Vengo con otras tres señoras que son como hermosas maestras de ceremonias del colegio de vestales, dado su glamor y su prestancia. La tres, miden lo menos 1’70, lo que me hace parecer su criadilla barata y canija. Me conformo con ser su cronista.

Para comenzar, os comentaré hasta dónde llega su éxito, que las muy brujas, han conseguido que les dejen introducir unas copas de cristal de reserva de rioja en la zona vedada a los alcoholes y a los vidrios, en el aeropuerto de Santander, por el procedimiento clásico de sonreírle a la policía (Esto de la policía no significa que sean policías señoras, sino que se refiere al Cuerpo en general, varones mayormente, como en este caso.) Tampoco me parece necesario explicar que los policías podrían pasar por su hijos, lindamente.


En Roma nos han recibido con los brazos abiertos, sobre todo a mí, que soy Piedra, ya que se les acaba de caer una, muy hermosa, del Coliseo y piensan si les sirvo en su sustitución. Van de cráneo si piensan que me voy a quedar allí quieta otros dos mil años igual que la desprendida.


María nos ha regalado una hermosa carta de bienvenida y a su señora de la limpieza, que es argentina y nos ha hablado en cristiano para explicarnos cómo funcionan los grifos.
 El taxista ha sido un amor, que no se ha pasado en el cobro y nos ha puesto al día en eventos romanos de la actualidad.


Me gustaría que este mensaje le llegara a María, que hiberna en USA y no me contesta a los correos, lo que significa que no vive en sitio informatizado.


Mañana exploraremos el campo de batalla para preparar el ataque a la Ciudad Eterna.


Se me olvidaba decir que hemos llegado bien, tras pagar 40 euritos a los de Ryanair por no llevar en condiciones la tarjeta de embarque y perder mi DNI seguramente en el aeropuerto de Santander.

 

 

‎29 diciembre.

 

LARES, MANES Y PENATES


 

Cuando anoche nos acostamos ente risas y chistes, con gran alborozo, a la discretísima hora de las 11pm, comenzaron a sonar en la pared unos golpes con objeto contundente, que nos dejaron harto perplejas. Ya sabíamos que Roma es ciudad mágica, pero no tanto que nos vinieran a dar la inocentada los lares o los manes mismamente. Y que tocaban a compás de tres por cuatro, que no es cosa de profanos. Hicimos una inspección por la casa y vimos que los manes de María seguían en su sitio, y que los lares que sonaban debían de ser forasteros, que se quejan de toda felicidad ajena.


Yo pensaba que estas divinidades domésticas no pasaban a la casa de los vecinos. Pues, con lo finas que son las paredes ahora, ya no tienen, los mis pobres, delimitación territorial determinada. Parece que vagan por todo el barrio.


Los que han cambiado de sitio, definitivamente, son los penates. Ahora viven en el Carrefour. Les hicimos una visita esta mañana para hacernos con algunas provisiones cotidianas, entre otras un panettone con frutas, riquísimo, del que ya hemos dado bastante cuenta.

Semejantes templos no se lo hubieran imaginado los dioses de la despensa en tiempos de la dinastía Claudia. Ni semejante feligresía, tampoco.

Por la tarde acudimos a la Termini a buscar una oficina de Información a fin de organizar nuestra estancia aquí y tuvimos que abandonar el intento dada la cantidad de gente que había y la mala organización: así que nos fuimos hasta Santa María la Mayor, dado que estamos en Navidad, donde visitamos la cripta en la que se guarda una reliquia auténtica del pesebre de Belén (las reliquias deben estar autentificadas, que hay mucho tongo), muy bien guardada en arca de plata, con cristal.

Había devotos que rezaban sin preocuparse de los vulgares turistas, con tanta máquina de fotos. Y esto también es auténtico.


Acaba de llamar la anfitriona ausente para preguntarnos por nuestra estancia. Ella sí que esta en todo.


Ahora tendremos consejo de familia para dilucidar las batidas en la Metro, en autobús o en el coche de San Fernando que organizaremos a partir de mañana.

 

 

‎30 diciembre

CASTILLO DE SANT’ANGELO


 

Me encanta eso de que los hados se equivoquen en las predicciones.
 Gracias a ellos, que nos habían augurado lluvia, nos encaminamos hacia Sant’Angelo, que está cubierto y que yo no conocía, en una mañana espléndida de sol.


Habíamos madrugado y fuimos en autobús desde la plaza dei Parmegiani hasta el castillo, bordeando el Tiber que anda escaso de agua.
 En la puerta nos encontramos con una leyenda que nos explicaba el por qué del nombre en una edificación prevista como túmulo del emperador Adriano.


Parece que en una de las pestes medievales, que se cargaban a media humanidad, mucho después del difunto Adriano, apareció el mismísimo San Miguel, espada en mano, dando sablazos y cargándose a los virus hasta acabar con el mal. No os parezca extraño: aun no se había descubierto la penicilina por aquel entonces, y había que recurrir a los arcángeles para tomar soluciones de esa magnitud. Por eso le colocaron la estatua sobre la torre mas alta, y ahí queda luciendo tipo.


Sant’Angelo daría para varias crónicas, así que tengo que resumir; pero ni os cuento como temblaba al pisar sobre los respiraderos de las mazmorras a las que los santos papas enviaban a la gente contestataria como yo. 
Al salir nos dirigimos al Vaticano, que esta pegando. No hace falta cruzar la linde con Roma, dibujada en el asfalto para saber de ello. Que la Iglesia guarda las formas.


Comimos en la terraza de una pizzeria -30 diciembre, 2011-, y recibiendo al sol en las espaldas. Placer de dioses.


De ahí, en bus, llegamos a Piazza Navona, que estaba tomada por tenderetes navideños en los que se encontraban desde belenes napolitanos hasta reencarnaciones de Papá Noel, con su trineo de renos auténticos de Finlandia, magos, pistoleros del Oeste y toda suerte de personajes propios de una ciudad capaz de asumir, como en una coctelera, todas las culturas y fundirlas en la suya propia. Predominaban las Befanas, de las que hablaré en otra ocasión
. Pasamos por el Panteón, como teníamos previsto, paseamos un poquito por la Vía del Corso mirando escaparates y llegamos a casa rendidas y felices. Mucho más, ahora, que se ha puesto a llover a jarros.

Ha merecido la pena cargar con el paraguas: es garantía de que no te vas a mojar o de que no va a llover.


Mañana Fin de Año

 

 

‎31 diciembre,

SAN SILVESTRO



 

Al ser hoy día singular nos levantamos prestas y acudimos a orar al templo de penates más cercano, el Carrefour. Ellos nos obsequiaron con toda suerte de productos para celebrar la fiesta de Fin de Año, que aquí se llama cena de San Silvestro.


Nosotras teníamos pensado pasarla en un club llamado ARCOBALENO, cerca de casa, al que yo había ido anteriormente con María, pero, cuando anoche fuimos a parlamentar con el organizador, nos encontramos con un grupo de amiguetes que se habían reunido a cantar country acompañados de guitarras y violines. El jefe de la banda, de nuestra edad mas o menos, se llama Mariano y quien nos tradujo era un tal Simón (Te lo digo prima, para que te ubiques allá donde estuvieres), que conocían a María y nos permitieron escuchar su concierto íntimo, que supuso un regalo, más delicioso por inesperado.


Por la mañana teníamos proyectado visitar el Mercado de Trajano, junto a la Piazza de Venezia y nos montamos en el Bus nº 60 de la flota romana. Me sorprendió un poco que se largara en dirección contraria a la prevista, así, que lo controlaba con mi plano. Cual no sería mi sorpresa, al comprobar que, discurriendo por la Via Nomentana, los edificios pasaban de ser palaciegos, de piedra de sillería, a bloques de apartamentos de clase media y que iban descendiendo progresivamente en categoría de una manera alarmante.

¡
Nos habíamos salido del mapa, en sentido literal! y comenzamos un recorrido periférico, por el Lacio, que duró casi toda la mañana por el módico precio de un billete de autobús. Nunca lo hubiéramos previsto. Al terminar la visita panorámica en el Largo Puglieri, nos hicieron cambiar de vehículo si queríamos llegar a tiempo antes de que se cerraran todos los sitios visitables, que hoy es fiesta.


Ya teníamos ganas de subir escaleras cuando llegamos al monumento de Vittorio Emmanuele, lleno de gente haciéndose fotos. Pero tuvimos que cambiar el Mercado de Trajano por los mercadillos que proliferan en el centro. O sea: cambio de teoría histórica por práctica regateadora con resultado de un par de bolsos, sortijones de piedras preciosas de diseño y alguna que otra baratija más.


Andando, andando, nos topamos con la Fontana de Trevi, tan solicitada que ni nos pudimos acercar a echarle el eurito (Nunca se lo he tirado y ni falta que me ha hecho, que he vuelto muchas veces). 
Como tenemos tarifa plana en locomoción nos acercamos a San Pedro a ver si llegábamos a la misa de Fin de Año y nos dijeron que no teníamos reserva. Así que nos hemos venido a casa y la hemos visto en TV. Por cierto que al pobre Benedicto, ya tan viejito, le han regalado un papamóvil para andar por casa la mar de elegante.


 Ahora solo nos falta ponernos bellísimas para celebrar la Nochevieja con champán italiano.


FELIZ 2012

 

‎1 enero 2012



AUGURI, CARISSIMI

 



Quién me iba a decir a mi, tal día como hoy en 1981, cuando me puse de parto para traer al mundo al más maravilloso de los Alejandros, que 31 años mas tarde me iba a encontrar en Roma, mismamente.

¡
Cuantas cosas han ocurrido en este tiempo!… como la marcha de mi Roberto, al que, por cierto le gustaba bien poco viajar y se alegrará desde el mas allá por no tener que seguirme con la maleta en ristre. 
Pues anoche, y teniendo presentes a todos nuestros manes, despedimos al 2011 en casa, con gran regocijo y frivolidad, sin darnos cuenta de que los augures nos han pronosticado un 2012 morrocotudo.

Nada de cenar lentejas como se hace por estos lares: jamón de pata negra hispánico y champán italiano. Eso si.


Esperábamos que alguna televisión transmitiera un espectáculo de tránsito anual con su reloj y su uvas… y tuvimos que cantar las doce, de viva voz, nosotras mismas. Porque aquí, con tanta lenteja… ni reloj ni uvas.


Esta mañana nos levantamos muy tarde. Nuestro plan consistía en disfrutar televisivamente del concierto de Año Nuevo, que se transmite al mundo mundial desde Viena. Pero no habíamos sospechado que los italianos le hacen la competencia a ese concierto sustituyéndolo por otro, muy hermoso también, desde La Fenice, de Venecia. No tiene nada que envidiarle, solo que en vez de los valses de Strauss hemos tenido a Verdi inmortal. 
Nos acercamos al centro casi de noche- aquí anochece una hora antes que en Iberia- y pudimos contemplar cuánto se ahorran los romanos en la iluminación navideña. No se si se deberá a la crisis o que nunca fue mejor. Para compensar han colocado un belén hecho de luces -presepe, se dice en italiano- en la Plaza de Venecia y algún que otro ángel trompetero, muy bonitos.


Esto de la poca iluminación sirve para que el caminante no se percate de lo cochinas que están las calles, que de día claman al cielo. Y eso que hoy hemos visto a una barrendera con un recogedor doméstico, intentando quitar los papeles de la plaza de Trevi, sin un contenedor donde esconderlos… O, a lo mejor, había salido de una pizzeria próxima. Vete a saber.
 Me recordó a san Agustín cuando quería guardar el mar en un hoyito de la playa…

Estos razonamientos se los hacia servidora mientras escuchaba mi segundo concierto de Capodanno en la iglesia de san Marcello.


Mis amigas son unas melómanas. Y yo, que soy mas visual que auditiva, aprovecho los conciertos como música de fondo para darle vueltas a mis pensamientos. Así, que, mientras ellas escuchaban yo solo oía, disfrutaba del recinto, y observaba en el fresco del altar mayor, cómo San Marcello subía y subía a los cielos con cara de felicidad.


Me había quedado traspuesta, cuando el organista tocó la marcha Radetzky y todo el mundo, hasta yo misma, coreamos con las palmas.


Igual que en Viena.

‎2 enero 2012



VIA CONDOTTI



 

Y una, mientras va zascandileando por los autobuses de Roma -que tomamos sin demasiada seguridad y nos sorprenden siempre con algún lugar insólito- se pregunta acerca del inconsciente colectivo de los pueblos.
 En estas saturnales medio paganas, que la Iglesia se ha empeñado en cristianizar y que, en cuanto suelta la mano se le escapan, existe un personaje inefable que es la bruja Befana.


Befana debía ser una mamma superhacendosa, insoportable, que limpiaba sobre lo limpio. 
La tal Befana no quiso ayudar a los Reyes Magos cuando le preguntaron dónde estaba el Portal de Belén porque aquello le distraía de su pulcritud. Y, cuando, la muy tonta, se dio cuenta de la oportunidad que había perdido de conocer a Dios, mandó a paseo la limpieza, y se fue por todo Belén de casa en casa, buscando al Niño . Como no sabia, cuál de aquellos niños era Jesús, les dejaba regalos a todos, por si acaso. De ahí la tradición de que Befana le lleve regalos a los chiquillos en la Epifanía (la misma palabra, Befana, significa epifanía).


En estos momentos Roma sufre una saturación de befanas de todos los calibres, que andan volando sobre sus escobas contentas y felices. Porque Befana es una bruja buena y generosa.


Y yo me pregunto si, en el fondo, estos romanos, con tanto celebrar a la mamma superlimpia, no será por quitarse la espina de ser tan marranchones. 
Lo que no sé es si las feministas han explotado el icono de la Befana , por el hecho de que una mujer haya mandado la limpieza a hacer puñetas y se dedique a lo que le apetece.

Mas bien me parece que la idea ha sido manipulada por los varones incomodados porque las mujeres abandonen las llamadas “sus labores” y la hayan convertido en bruja en vez de hada inteligente y progresista.


Hoy la cuadrilla se ha dividido en dos bandos: el museístico del pasado con sus imágenes renacentistas y el del presente, con sus escaparates futuristas. Ambos bandos están llenos de arte y creatividad.

Todas hemos quedado satisfechas.

 

 

 

3 enero 2012


EL IMPERIO



 

Creo que en este master romano vamos a sacar nota.


Ya nos defendemos de maravilla en los autobuses. Es más: los podemos atrapar en cualquier dirección: que todos los caminos llevan a Roma.

Esta tarde, cuando debíamos regresar a casa, nos topamos con el tranvía y decidimos hacer otro recorrido nuevo. Descubrimos el Trastevere, que tenemos que patearnos. Acabamos ya de noche, que este país se nos adelanta en todo. Hasta en anochecer.


Una ruta panorámica da muchas pistas acerca del lugar visitado: así hemos constatado que en Roma hay demasiadas farmacias y muy pocas pastelerías, lo que nos avisa de que la gente no anda muy bien de salud o que son unos hipocondríacos, con gran regocijo de los farmacéuticos. Lo de las pastelerías parece que ha sido sustituido por la pizzerías, mucho mas rentables.


En el máster tocaba hoy clase técnica y hemos comenzado por el Imperio.


Cuando llegamos al Coliseo la cola de visitantes daba varias vueltas al mismo, lo que nos produjo gran desolación. Se nos apareció, entonces, san Marco Vinicio y nos dijo que se estaba formando un grupo de visitantes españoles con guía y allá que nos apuntamos, máxime cuando no teníamos que hacer cola ni pagar entrada por aquello de la fecha de nacimiento: no del Imperio sino nuestra.


La guía, que era muy buena, nos explicó lo de los gladiadores, el dedo arriba o abajo del pueblo, la maldición del Coliseo mientras la Edad Media… Es decir: todo lo que ya sabíamos. Lo que no comentó- nos dijo que no hay documentación y ella es muy seria- es lo que se cocía en el “ambigú” que hay detrás de la zona noble, que tenía que ser mucho mas interesante y menos sangriento.


Es que la Historia se recrea con lo morboso, oye. Con lo interesante que sería saber en qué rincón se tramaban las traiciones, se encontraban los amantes secretos, se contemplaban a las vestales sin que ellas se dieran cuenta, se envenenaba el vino para cargarse a los enemigos, se cocinaban los banquetes para servir en el triclinio del circo, etc. etc.


Después recorrimos el Foro con todas sus ruinas, por la Via Sacra donde se concentraban las basílicas y los templos incluido el que Antonino le dedico a su esposa Faustina la Mayor. Este emperador, modelo de amantes, decía que prefería vivir en el desierto con su Faustina, que en el palacio sin ella. ¡Que contenta tenía que estar la Faustina emperatriz!

Pues estas cosas tan gratificantes no se publicitan.


Más les vale a nuestros descendientes buscar la Historia en la intrahistoria.


Luego nos fuimos de tiendas. 
Esto no es para contar… Una pura orgía romana.


 

 

‎4 enero 2012



DE JOYAS Y MERCADILLOS



 

En la Garbatella, junto a casa, hay un mercadillo que mercadea de todo. Siempre picamos alguna de la cuadrilla ya sea comprando unos guantes o una bufanda.


Roma es un puro mercadillo en el que los hindues le venden hasta el alma al turista que ha venido a ver la Capilla Sixtina y se marcha con morralla variada.
 A nosotras nos van los bolsos y las joyas.


Claro que podríamos comprar ambos productos en la magnificas tiendas de portero negro vestido con chorreras, de la Vía Condotti, llena de glamour. Pero eso no tendría gracia: con pasar la Visa estaría resuelto. Besarían el suelo las dependientas, el negro nos abriría la puerta y saldríamos con una bolsa elegantísima, que pasearíamos por Bilbao, como quien no quiere la cosa, para dar morda a las amigas.


¿Y el encanto que tiene detenerse en un puesto de la Plaza de la República, rebuscar entre los bolsos de marca falsificados y conseguir un Vuitton por 20 euros?

Pues ni os cuento las joyas de diamantes con sangre que llevamos de contrabando. Y chaquetas de diseño genuino italiano. Hasta tal extremo ha llegado nuestro despilfarro, que unas a otras nos obligamos a no saquear la pensión para no dejar la cuenta en números rojos. Carmen ha tenido que acudir a la Banca de Roma para satisfacer este apetito desordenado de quedar bien con toda la sobrinada. Rosa, ni os lo podéis imaginar.


Como nosotras no somos turistas convencionales, entre compra y compra- al revés que los demás- visitamos alguna basílica que se nos cruza en el camino como San Giovanni, o museo intrascendente, tal que las Termas de Diocleciano, emperador él y malo malísimo, que masacró a los cristianos. También de paso se nos puso ante los ojos el Quirinale, con su Giorgio Napolitano muy bien custodiado por un soldado de casco con penacho y capa azul marino, que parecía un armario ropero: ni se inmutaba al vernos… y ya es raro que esto ocurra.


De allí nos marchamos a comer a un restaurante muy majo, el Pichio, dado que no teníamos reserva en el Quirinal y había que reponer fuerzas. Hoy nos hemos cambiado a la sopa de verduras. Nos está comenzando a cansar la pasta. 
A la salida, llovía, para que probemos lo agradable de pasear con lluvia por las calles de Roma.


Así pudimos entrar en otra media docena de lugares a ver los presepi tan bonitos e ingenuos. Hay de todo: desde el belén napolitano, barroco, con figuras de Capodimonte, lleno de movimiento, hasta el que han montado los empleados de la tienda, con figuras de plástico. 
En estos días, Roma es un puro presepe.

Los puestos del mercadillo son los que acompañan al misterio como las ovejitas y los pastores.


Roma sigue llena de misterio.


PJ

 

5 enero 2012


NOCHE DE BEFANA



 

La verdad es que no tenemos muy claro si a la Befana hay que dejarle los zapatos limpios o que, como viene volando escobilmente, deja sus regalos y se larga.

Supongo que, con lo pulida que es, lo dejara todo ordenadísimo y barrido. Tampoco tenemos muy claro si nos tiene incluidas en la lista de servicios. Mas bien, no.

Así que nosotras ya nos hemos aprovisionado para mañana ponernos tan contentas con las chucherías que nos hemos comprado. Como si hubiera pasado la bruja. 


Menudo regalo es estar aquí y ahora.

Sería bueno que, al llegar a Bilbao, nos encontráramos con un regalo de Reyes. Que ellos sí nos tienen fichadas.


Hoy hemos tenido Vaticano.


Madrugamos para no esperar mucho tiempo y cuando llegamos, la fila era ya inmensa. Y nos encontramos con una chavala española captadora de turistas, que nos puso en contacto con una organización que hace visitas con guía entrando por la puerta de los enchufados sin guardar cola. Cómo se lo montan los de las agencias de turismo, oye.

Tuvimos que esperar a que se formara un grupo de unas 15 personas y visitamos los Museos Vaticanos con un muchacho cubano muy impuesto en el tema. Se llama Alí. Quién iba a pensarse que se pusieran esos nombres en tiempos de Fidel.
 Cuando le dijimos que éramos de Bilbao, nos llamó NESKAPOLITAS, palabra que hemos adoptado como equipo. Porque neskapolitas somos, ¿no? (En euskera neska= chica, polita= guapa)

Yo tenía muy reciente ese recorrido y no me ha supuesto ninguna novedad. Pero me ha hecho gracia la teoría- para mí desconocida- de que Cristóbal Colón, al que todos creíamos navegante genovés simplemente, era asimismo hijo- secreto, eso sí- nada menos que de Alejandro VI Borgia, razón por la que a Colón le abrían la puerta en las cortes europeas con tanta facilidad. Tendré que profundizar en el tema ya que me parece una versión muy sugestiva.


Me ha parecido magnífico, más que otras veces, el fresco de Rafael, “La Escuela de Atenas”. Rafael me gusta mucho mas que Miguel Ángel, con todos los respetos. Y de la Capilla Sixtina me seducen mas los laterales del Botticelli y su cuadrilla que la zona oficial de admiración. Lo que no quita que me sentara enfrente de la imagen de Daniel, en el techo, y pensara que se me venia encima, de bien hecha que está. A cada quien no suyo.


Me parece lamentable que un lugar de recogimiento, como debía ser la Sixtina lo sea de mercadeo por los gorilas de la empresa que hizo la limpieza y que ha cobrado por ello el quedarse con los derechos de autor por no se cuántos años.
 Le pienso piratear todas la imágenes que pueda.


Al terminar el recorrido me perdí y a punto estuve de quedarme para siempre vagando por los infinitos salones de las estancias de los papas. A lo mejor me hubiera encontrado con Benedicto, oye. Que no se sabe que puede ocurrir en estos casos.


Hemos llegado a casa rendidas tras comermerendar a las tantas en un chiringuito de los alrededores.


Buena Noche de Reyes.


PJ

 

‎6 enero 2012



GELIDO DIA DE REYES

 



Yo me preguntaba esta tarde, cuando esperaba el autobús durante casi tres cuartos de hora, cómo se las arreglarían aquellas Claudias y Agripinas de la época de Neron, con las túnicas blancas que dejaban un brazo al aire y las sandalias sin calcetines, esperando la cuadriga tal que un seis de januario, con ocho grados de temperatura.

En las películas de romanos nunca era invierno. Cosa mala porque una no se hace idea de los fríos que pasaban ni de las pulmonías que agarrarían entre las columnas de la casa áurea. ( Ayer me traje un buen constipado de las estancias papales con tanto quitarme y ponerme el abrigo).


Teníamos que hacer una visita a Andrea, una amiga finlandesa casada con un romano, que vive en la Vía del Pórtico d’Ottavia- vaya nombre tan bonito-, justamente detrás del Teatro de Marcello, que es uno de nuestros puntos de referencia porque allí tomamos los autobuses para casa. (Este debe ser el barrio judío ya que los restaurantes y la tiendas eran kosher, y llevaban nombres bíblicos).

A punto estábamos de volvernos a casa al calorcillo, después de esperar casi una hora, cuando nos sorprendió un taxi, que nos llevo por buen sitio en cinco minutos.
Tras la visita a la familia encantadora, en vez de irnos a la Plaza Navona , donde hoy se celebra la fiesta de la Befana, decidimos volver a casa.

Pero esa es una zona lejana al Metro y los autobuses que pasaban estaban tan llenos, que ni podíamos entrar en ellos. Así que después de dejar pasar tres, decidimos tomar el primero que llegara y nos llevara a una parada de Metro. La que fuera. El primero que apareció fue el 46, que iba al Monte Mario.

El tal monte esta mucho mas allá de las siete colinas, lo que nos dio ocasión para hacer otra gira turística nocturna allende el Vaticano, por la Via Aurelia y parlamentar con nuestros compañeros de asiento que nos ofrecieron su amabilidad ayudándonos a bajar junto a la parada de Metro, Cornelia, de la linea Roja. No entendían nuestro recorrido hasta que les dijimos que era mucho mas calentito el autobús periférico, con Metro incluido, que la espera del cercano.


Qué descubrimiento esta parada, oye. Como esta cerca del Vaticano, la han preparado para recibir multitudes, es preciosa, y lo mas sorprendente … esta limpia. Nos parecía que estábamos en Bilbao.
 De allí a Termini, linea Azul y Garbatella.


Esto no pasaba en tiempos de Tiberio.

 

7 enero, 2012


DIA FASHION



 

Hoy, a las neskapolitas nos tocaba día fashion.
 Así que nos largamos hasta la Piazza Spagna, que es donde comienza la Milla de Oro de las tiendas carísimas y que hoy estaba intransitable porque ya han llegado las rebajas.


Pese a la crisis había cola en las tiendas de Prada, Gucci, Furla y compañía.
 Me temo que la gente entraba a husmear y a constatar el precio verdadero de las marcas para luego disfrutar mas al comprarse las falsificaciones verdaderas en el tenderete de la esquina. Muy pocos salían con bolsa. Ese no era nuestro caso, ya que pretendíamos comprar unos calcetines, y hasta descubrimos un pasadizo secreto por el que entran las señoronas con el coche, sin esperar. Nos fue imposible: todo lo que se vende en esa zona es de arte mayor.

Para quitarnos la espina nos tomamos un capuccino en el Greco, que es un café del 1700, lleno de historia, con camareros que te atienden con levita. Todo un lujo sentarse entre aquellas obras de arte y pensar en que mesa se sentaría María Zambrano a escribir en los años cincuenta, sabiendo que, la mi pobre, no disponía de demasiado dinero. Entonces el Greco era mas bohemio y mas barato.


Hacía una mañana tan hermosa que decidimos pasear por los jardines de Villa Borghesse, por lo que subimos las escaleras de la P. Spagna y arriba nos esperaban multitud de artistas dispuestos a pintar nuestro retrato por pocos euros.

No podemos dilapidar la fortuna hasta que pasemos por la Banca di Roma, así que nos conformamos con contemplar la panorámica de la ciudad junto al obelisco que el Pontífice Máximo, Pio VI, le dedico a la Trinidad Augusta, que se debió quedar altamente satisfecha con aquel detalle.


Como era de esperar, nos equivocamos de camino y aparecimos en los jardines de Pincio. 
No hay nada más apasionante que las equivocaciones bien aprovechadas.
 El tal Pincio no tenia un pelo de tonto y se fue a buscar un buen solar para hacerse la casita de verano. Hoy sus jardines forman un parque neoclásico, en el que aparecen bustos de hijos ilustres de la madre Italia por todos los paseos, que hoy, sábado invernal con sol, estaba literalmente tomado por familias que se despedían de las vacaciones y algunas turistas despistadas y gozosas como nosotras.


Buscamos un restaurante donde comer no tan pecaminoso como la casa Valadier que tiene cinco tenedores, pero muy coqueto, que se llama La casa del Reloj.


Volvimos en la Metro desde la P. del Popolo, que está bajando el Pincio, y llegamos hasta la basílica de san Pablo, al lado de casa.


No sé si esta noche tendremos fuerzas para asistir a un musical en el Arcobaleno.


PJ

8 enero 2012


TRASTEVERE



 

Hoy es domingo y no podíamos perder la ocasión de visitar el mercado de Porta Portese, en el Trastevere.


Visto ya, no aconsejo al viajero que lo patee inmediatamente después de haberse empapado de Valentino y Bulgari, como hemos hecho nosotras. A no ser que tenga enorme capacidad filosófica- cual es nuestro caso- y se dedique a valorar cómo en tan poco espacio se pueden encontrar el diseño más refinado y la cutrez mas absoluta.


Eso es Roma: lo mejor y lo peor. No tiene terminos medios. Lo bueno, es buenisimo y lo malo no hay por donde cogerlo. Y, en este juego conviven en armonia los dos absolutos. O frío o calor. Que ambos extremos conozco.


A la puerta de casa, en la Garbatella, se había montado esta mañana un mercado delicioso, con puestos armónicos unos blancos y otros azules, que vendían productos del país a la par que prendas fabricadas en China. Ni nos detuvimos, como unas tontas, pensando que íbamos a encontrar en Porta Portese la maravilla de las maravillas. Pues no. Alli solo había un mercadillo enorme, de segunda, carísimo, encuadrado entre puestos de almoneda con cachivaches viejos y destartalados. Ni siquiera el sol nos lo hizo parecer interesante. 
Así que nos largamos con viento fresco a corretear por las calles del Trastevere, que si merecen un paseo detallado.

Da gusto pasear con zapato bajo- que con tacones de aguja, por aquellos adoquines destartalados, ya se habrán roto mas de una docena de tobillos- por las calles tortuosas llenas de restaurantes y tiendas de artistas que venden sus obras. Teníamos varias direcciones de amigos agradecidos que querían que repitiéramos en el comedor donde ellos lo pasaron estupendamente.

Para no quedar mal con alguno, elegimos nosotras. Y lo hicimos bien. Nos trataron de maravilla. El sitio no es que fuera muy allá en la estética pero estaba limpísimo y la comida exquisita. El nombre no lo he archivado pero queda en las fotos.

Fijaos si les caímos bien a los italianos- el dueño, que los camareros eran indios- que nos regalaron sendos collares de Murano. De Muranito, diria yo, por el tamaño. Pero fue un detallazo, aunque es de suponer que los habría comprado en un saldo. Claro, que todos los días no tienen cuatro neskapolitas de nuestra categoría. 
La vuelta supuso un drama, como de costumbre, ya que aquella zona no tiene Metro y los autobuses ni paraban abarrotados de gente. Hemos tenido que hacer tres transbordos.
 Al fin estamos en casa.

¿Quién es el que nos pregunta por direcciones de discotecas?

Menudo cuerpo serrano tenemos nosotras para discotequear, con las palizas que nos metemos…
 Anoche ni fuimos al Arcobaleno.


Lo siento, María.


PJ

 

9 enero 2012


DE MITRA Y MITRAS



 

Pasadas las fiestas, Roma comienza a estar en calma y apenas hay turistas, gracias a Dios.
 Es curioso que a la gente que le gusta turistear no le apetezca que los demás mortales lo hagan a la vez que ellos. Como que, al mirar el Coliseo te tocara a menos si lo hacen otras doscientas personas simultáneamente.
 Esto de la sicología humana tiene su aquél, no creáis. Por ejemplo: me he sentido muy bien al reencontrar la basílica de san Clemente porque casi estábamos solas; por otra parte, parece que si visitas algo que no es lo oficialmente turístico, se está menos arropada culturalmente. Como si fueras un bicho raro buscando lugares exóticos.


La basílica de san Clemente lo es: su subsuelo, en varios pisos, desde siglo I al IV; era desconocida hasta el año 1857 y no se comenzó a tomar en serio hasta los 50 del siglo pasado. Parece que la Iglesia no tiene tiempo de darle publicidad- y eso que el templo paleocristiano es una joya- para que el peregrino no sospeche, al contemplar el altar de Mitra, que había vida antes del cristianismo.


Quien se sabe todo de Mitra y demás divinidades precristianas mediterráneas es Sánchez Dragó. Y mi hermano Pedro, que es un sabio y fue quien me inicio en estos misterios.


Así que hemos tenido un día completísimo ya que por la mañana estuvimos saludando al Moisés, en San Pietro in Vincoli, también casi solas.

Luego nos acercamos al Coliseo y nos tomamos una ración de sol a la vez que unos capuccinos- que nos adornaron con un corazoncito sobre la espuma- en una terraza al remanso. Ocasión que aprovecho el hindú de turno para vendernos los pocos foulares que nos quedaban por comprar.


Roma esta tomada por los hindúes -apenas hay chinos, cosa sorprendente- que manejan las ventas ambulantes , las castañas asadas, el servicio de las cafeterías y la entrada a las toilettes públicas.


Hemos comido en casa y bebido un exquisito chianti. Días mas solemnes lo hemos hecho con champán- el Martini es muy bueno- o con una especie de sidra de los Abruzzos, que de todo ha habido. Mas que nada para conocer la cultura gastronómica – que para eso somos de Bilbao-, lo mismo que hemos hecho con los quesos, de todos los precios y lugares.


Mañana es el último día que pasaremos en Roma.

A ver como se comporta Lorenzo, que hasta ahora ha sido un señor.


PJ

 

10 enero 2012



ARRIVEDERCI ROMA



Pues ya estamos haciendo las maletas después de nuestro último envite a la ciudad.


Pasado mañana comenzaremos las vacaciones que nos merecemos después de este maratón romano. Las vacaciones de las vacaciones.

Es que la jornada laboral de los turistas es agotadora. No está regulada por convenio laboral alguno, lo que da lugar a desmadres como los nuestros, que nos pasarán facturas en cuanto la artrosis se percate de que has vuelto al ritmo cotidiano. No quiero ni pensarlo.


Que nos quiten lo bailao.

Con los ajustes de pensiones que nos tiene preparados Mariano, puede que esta sea nuestra ultima cana al aire.


Esta mañana fuimos al Mercado de Trajano, después de nuestro último tour turístico en el bus de línea 715. El tal mercado es un museo de la época imperial, que aporta videos de reconstrucciones imaginarias de lo que pudo haber sido el Foro y sus aledaños y desde el que se contempla una magnífica vista de Roma.


Tambiénn había una exposición de joyas milenarias de Georgia, que nos encanto.

Resulta que Georgia es la Cólquide del Vellocino de Oro tras el que navegaban los argonautas. Lo que me ha dejado de una pieza es que tienen una región que se llamaba Iberia, como la nuestra. Ahora caigo cuando los vascos dicen descender de esas regiones caucásicas: es mucho más exótico descender de la Iberia lejana que de la peninsular allende Orduña. Ni color, vamos.


Comimos muy bien en una cafetería moderna, que no taberna como suelen ser las turisticas, en plena Vía Nattionale 71, que se llama Castroni y es barata.


Anduvimos de tiendas. Para que engañaros. Y nos probamos modelitos divinos de la muerte, de puro diseño italiano que no compramos porque no cubrían nuestras expectativas.
 Antes de volver a casa fuimos a decirle adiós a la Teresa de Jesús, que todavía anda de éxtasis, en aquella postura tan incómoda en que la pilló Bernini esperando que el Querubín se decida a clavarle el dardo de amor divino.

A mi me flipa este Querubin de Bernini.

No podíamos fallarle ni a él ni a Teresa ,tan moderna en su época y de la que tan poco nos acordamos. Con la paisana de Ávila nos despedimos de Roma en castellano como era menester. No procedía hablarle en italiano. Y eso que , el nuestro, ha mejorado mucho en este viaje

10-1-2012