JUAN EL MALABARISTA

A Juan Lanz

Había una vez un niño que le gustaba mucho mirar a la Luna.

Y la Luna le regaló unos ojos claros y picarones.

Y este niño quería ser malabarista para jugar con la Luna Llena

y hacer magia con ella

y lanzarla lejos,

muy alta

y cogerla en el aire convertida en Cuarto Menguante

y darle volteretas para transformarla en Cuarto Creciente

o en Luna Nueva.

y sorprender a todo el mundo con sus ejercicios.

Y actuar en un escenario con un traje de seda

y un sombrero lleno de lentejuelas.

Como no podía ensayar con la Luna porque vive muy lejos, su mamá, Isabel, le compró tres manzanas de plástico en un “Todo a Cien” y practicaba con ellas en el jardín de su casa.

Una tarde Juan, que era como se llamaba este niño, estaba jugando con sus manzanas, muy contento porque ya podía utilizar una sola mano y no se le caían.

Papá Juanjo le llamó a merendar.

Y él subió a casa a comerse un rico bocadillo.

Mientras merendaba observó cómo pasaba por allí la madrastra de Blancanieves.

Que era una bruja rebruja.

A la madrastra le seguían gustando mucho las manzanas

como cuando envenenó a Blancanieves.

Y cogió una de las que Juan había dejado en el jardín.

Decidió darle un mordisco muy fuerte.

Pero como la manzana era de plástico, se rompió un diente.

¡Menudo chasco!

Juan se sonrió al ver que su manzana había castigado a la bruja.

Y enseñó su dentadura… a la que también le faltaba un diente.

Porque Juan Lanz estaba haciéndose mayor.

Y colorín colorado

el cuento de Juan, el malabarista, ya ha terminado.