RETABLO DE LA BUENA CONDESA DE HARO

RETABLO DE LA BUENA CONDESA DE HARO

                                   INTRODUCCIÓN

¿Qué se le había perdido a doña Sancha Carrillo aquel   frío 11 de enero de 1313 en Baeza, después de atravesar la Península envuelta en buena capa de lana merina a lomos de una mula desde Medina de Pomar? ¿No era suficiente la presencia de su esposo, Sancho Sánchez de Velasco, para conseguir del rey autorización para fundar el monasterio de Santa Clara? ¿O es que sería ella y no el Velasco, que frecuentaba al rey, la que verdaderamente estaba interesada en conseguirla?

Pues aunque este dato está constatado documentalmente, la fundación aparece en los anales como mérito de don Sancho. Así se escribe la Historia, que se limita a calificar a la buena de doña Sancha como “una dueña para mucho”. Sin más currículo.

Tal y cómo están las cosas, si se quiere escribir la semblanza de alguna dama del pasado, hay que echar mano de documentos relacionados con los varones de su familia y leer entre líneas, deduciendo hasta dónde llega la actuación de ellos y dónde comienza la de la señora en cuestión.

Doña Beatriz Manrique de Lara y Castilla tampoco tiene página propia en el árbol genealógico de los Fernández de Velasco, familia ilustre, si las hay, en la historia de Castilla. Su figura aparece adosada a la de su esposo, el primer Conde de Haro.

Pero Doña Beatriz tenía su propia personalidad. Pertenecía a una de las familias más intelectuales y avanzadas de aquellos tiempos: su hermano Rodrigo fue padre de Jorge Manrique y a quién este poeta dedicó sus famosas “Coplas a la muerte de mi padre”, y su hijo Pedro, que llegó a Condestable de Castilla, la convirtió en consuegra del Marqués de Santillana. Fue la primera hija de don Pedro Manrique de Lara, Adelantado Mayor de León, que formaba parte del Consejo Real, lo que la capacitaba para tener opiniones acerca de los acontecimientos que se iban sucediendo y poder aconsejar a su esposo en profusión de asuntos políticos.

No importa que la Condesa de Haro fuera una mujer cultivada, con conocimientos de las artes, latín, poesía y números. Ni que dirigiese con solvencia sus mucho territorios cuando su esposo andaba guerreando o conspirando, ni que fuera confidente de la reina de Castilla, doña Blanca de Navarra, a quién acompañó en su viaje de bodas con Enrique IV, ni que dirigiese las obras del Hospital de la Vera Cruz de Medina de Pomar, ampliara el monasterio de las Clarisas o crease las “arcas de limosna” y el pósito de trigo en sus villas para mitigar el hambre de sus vasallos.

Todas estas cuestiones se atribuyen a su esposo, del que sí hablan los libros.

Éste era, ni más ni menos, que don Pedro Fernández de Velasco, primer Conde de Haro, Señor de Medina de Pomar, Merino Mayor de la Merindad de Castilla la Vieja.

Hijo de María Solier, de origen francés, y Juan Fernández de Velasco, ya poderoso, Don Pedro heredó el nombre de su abuelo quien había levantado el castillo de Medina. Noble influyente tanto durante el reinado de Juan II, cuatro años más joven que él, con quien compartió estudios y que le concedió el título de “Camarero Mayor”- el más codiciado de la corte, por lo que suponía de confianza personal del Rey-, como en el de su hijo Enrique IV, cuando decidió retirarse de la vida política.

Don Pedro no era precisamente un dechado de hermosura, lo que no le impidió ser uno de los personajes más importantes en la Castilla de los dos primeros tercios del siglo XV. Hernando del Pulgar, en su obra “Claros varones de Castilla” donde nos deja una semblanza muy interesante tanto de su aspecto físico como intelectual y humano, lo retrató como bajito y cargado de hombros, con los ojos tiernos y un poco bizcos.

Este Velasco, que nació con el siglo, caritativo como buen cristiano y culto como buen renacentista, aunque seguía las pautas de conducta de la nobleza de la época, se salía un poco de las normas establecidas, organizando sus posesiones con un criterio novedoso, por lo avanzado en el aspecto social. Si bien, como todos los señores contemporáneos se construyó bellos palacios para vivir y un panteón en el monasterio de Santa Clara para ser enterrado, el Conde de Haro, además, resultaba peculiar al prestar dinero a sus vasallos sin cobrar interés, o tener un sentido tan especial de la ética que, dedica el dinero previsto para una campaña contra los moros a la que no pudo acudir con su mesnada, en rescatar cristianos cautivos.

Todas estas actuaciones insólitas chocaban en la corte donde le miraban como un poco extravagante. El pueblo, sin embargo, más certero, le añadió a su título de Conde de Haro el adjetivo “Bueno” y es de suponer que le harían romances cuando se dedicó a la vida retirada.

Aunque los Velasco poseían varios castillos y palacios en Burgos y Valladolid, su centro de actividades se desarrollaba en el alcázar de Medina de Pomar, llamado “Las Torres”, desde donde podían contemplar parte de sus inmensos territorios. Allí tenían una familia a la que atender, unos vasallos que pagaban impuestos y por los que velar, criados que les facilitaban la vida, soldados con los que servir al rey y hasta un monasterio donde enterrarse.

Por aquellos años de doña Beatriz y don Pedro, Castilla, como  el resto de España se desangraba en guerras con los reinos vecinos cristianos y con el reino moro que quedaba en Granada.

Pero las cosas iban a cambiar. Aparecen muchas novedades científicas, sociales y culturales. La vida va a ser de otra manera. Los pequeños reinos de España están a punto de unificarse. En el siglo XV, se pasa del Feudalismo de  la Edad Media al Renacimiento humanista, con las  monarquías autoritarias  de la Edad Moderna. Paso que fue, como todos los cambios sociales, muy traumático y lento pero que supuso un hito en la evolución de la Humanidad.

 Los personajes de esta obra viven, pues,  a caballo entre estas dos culturas.

Investigadores altamente cualificados cómo D. César Alonso de Porres, me han dado la oportunidad de utilizar sus documentados libros ( “El hospital de la Vera Cruz de Medina de Pomar”, “El Buen Conde de Haro”) para poder situarme en las circunstancias que rodearon la vida de doña Beatriz y don Pedro. También he utilizado textos originales encontrados en Internet. Sin todos ellos no hubiera sido posible construir esta farsa que pretende parecerse a lo que pudo haber sido la realidad.

Los documentos a los que tienen acceso los historiadores están escritos por varones. Y los varones son muy dados a la épica, que cuenta con palabras grandilocuentes y solemnes los acontecimientos señeros. Pero resulta que quien esto escribe es una mujer y le interesa más el mundo íntimo de la vida doméstica, los miedos, los deseos, las ilusiones, las dudas, los problemas económicos, las frustraciones, la ambición o el amor que las grandes hazañas, harto conocidas; convencida de que los grandes acontecimientos que se estudian en los libros y parece que cambian la Historia son el resultado de muchas pequeñas actuaciones llevadas a cabo por personas anónimas.

A través de doña Beatriz, mujer fuerte y segura, acostumbrada a resolver problemas extramuros de su castillo -mientras paría hijos y más hijos religiosamente- y que urgía solventar sin esperar a la llegada del señor, he querido retratar también a don Pedro, al que traigo a mi dramatización no montado a caballo y dirigiéndose hacia Tordesillas para organizar una asamblea entre nobles sino ya descabalgado, y en zapatillas de andar por casa.

Por supuesto que la Condesa de Haro no estaría libre de los prejuicios de la época como puede parecer en esta obra y es imposible pensar que razonaría como lo hubiera podido hacer en el siglo XXI acerca de las brujas y de los judíos. Su filosofía de la vida es un juego que me he permitido para contraponer dos visiones antagónicas de los problemas que aparecen en escena. Posiblemente sería una beata más intransigente aún  que el Velasco

¿Hasta qué punto se sentiría doña Beatriz dueña de la situación y no mera comparsa en la vida de su esposo?

¿Cómo eran los habitantes del alcázar que vivían con ella?. ¿Cuáles sus más íntimos deseos?, ¿sus penas?, ¿sus ambiciones?…. ¿Cómo comían?. ¿Qué relaciones había entre los campesinos de las Merindades? ¿Y entre ellos y sus señores? ¿Quiénes se escondían tras la puerta de la Judería, que todavía se conserva?… ¿Habría brujas en Medina de Pomar?… ¿Vendrían a Medina juglares cantando el último romance truculento?. ¿Pasarían al castillo a recitar versos los trovadores de moda?

Todas estas preguntas y muchas más me he ido haciendo a medida que me documentaba para escribir esta pieza que, salvando las anécdotas, pretende ser fiel a la historia.

Este Retablo, compuesto de cuatro cuadros, presenta momentos cotidianos dentro de “Las Torres de Medina”, tan cercanas y tan desconocidas.

Los personajes, además de doña Beatriz y don Pedro, unos históricos y otros ficticios, pudieron ser así:

María, hija de doña Beatriz es monja, a la sazón, del monasterio de Santa Clara de Medina de Pomar. Seguramente, María no entró en el convento por decisión propia. Al ser la mayor, y dado que sus padres eran piadosos, decidirían dedicarla al servicio del Señor desde su más tierna infancia. Lo demuestra el que la que llegó a abadesa fue Leonor, mucho más cultivada, ya que su destino era el de reina. Esta María decidida, que opta por la vida religiosa después de valorar el matrimonio que se le ofrecía, puede que no tenga mucho que ver con la auténtica. El motivo teatral del razonamiento de la monja, comparando la vida del claustro con la civil, pretende demostrar cómo, en aquellos tiempos, cuando las monjas de buena familia hasta podían tener criadas dentro de la clausura, los conventos eran centros culturales mucho más avanzados que los castillos. Entre otras cosas porque reunían a muchas damas que sabían leer, incluso latín, cuya más sana diversión era ejercer la mente; y el número de libros de un monasterio siempre fue superior al de una familia privada por noble que fuese. El caso de la biblioteca del “Buen Conde”, con 81 ejemplares, es una excepción.

Leonor, a quien su padre, el Conde de Haro, llamó siempre “mi princesa”, es una mujer muy singular. Desde 1449, cuando se concierta su matrimonio con el Príncipe de Viana, hasta 1455 , que ingresa en el convento, han pasado seis años, tal vez de adolescencia. ¿Qué dineros no se gastaría un Velasco para dotar a su hija de los mejores profesores, llegados del fin del mundo si hiciera falta, y prepararla para ser la reina de Navarra? No es fácil que hayan pasado por Santa Clara muchas monjas con mayor preparación que ella. Sería, sin duda, una gran abadesa.

La otra María es la hija pequeña de la familia. Cuando don Pedro escribe su testamento es niña todavía y le encarga a su heredero, el futuro Condestable, que cuide de ella y le proporcione un buen marido. La repetición del nombre en las dos hermanas es otra pista para pensar que, cuando la última nació, ya había entrado en religión la primera, y le pusieron su nombre.

He tenido gran interés en incorporar a la trama teatral a los habitantes de Medina de Pomar y para eso he necesitado crear algunos personajes, imprescindibles en aquella época. El más entrañable, es el de Manuela de Miñón, que no aparece en escena, pero está presente y viva. Es mi homenaje a tantas mujeres proscritas, que fueron capaces de sobrevivir en tiempos difíciles y que poseían la sabiduría de la vida y la naturaleza. Las brujas han estado presentes en toda Europa hasta hace muy poco tiempo. Son personajes maleables que, unas veces se utilizan para pedirles ayuda y otras para descargar sobre ellas las frustraciones de la sociedad. En Burgos se tiene noticia de las brujas de Cernégula, de la Merindad de Río Ubierna, que se reunían para sus aquelarres a la orilla de una charca. No consta que Manuela acudiera a ellos.

Mencía, la dueña, es el enlace entre el castillo y el mundo que existe fuera de las murallas, al que no llega directamente doña Beatriz en su reclusión natural dentro del alcázar. Es el alma de Las Torres  que conoce y domina sin pedir permiso a la señora de quien puede haber sido su ama de cría. Posiblemente creería a pies juntillas en el brujerío de Manuela que utilizaría sus ensalmos para hacer mal de ojo a sus enemigos. Tendría una duda profundísima acerca de la bondad o maldad de la vecina herbolaria.

Samuel, el médico, y José el usurero, debieron de existir aunque sus nombres fueran otros. Sí son históricos el escribano Juan Fernández de Melgar y Pedro Martínez Quintano, prestamista de altos vuelos. La Judería de Medina aún se conserva y tuvo que tener una vida muy fecunda.

Dado que los judíos tenían prohibido poseer tierras – aunque las arrendaban bajo cuerda a los cristianos-, necesitaban de las actividades que hoy llamamos liberales para sobrevivir. Ellos eran los médicos, escribanos, herreros, zapateros, torneros, y demás profesionales de los múltiples oficios necesarios en la época. En un mundo de analfabetos los judíos sabían leer, lo que les situaba en un estatus muy superior al de los campesinos. Habría que averiguar cuánto del rencor de los cristianos hacia ellos no sería más que la envidia del ignorante hacia la persona leída. Este odio era apoyado por los nobles -entre ellos el “Buen Conde”- con documentos en los que se controlaban exhaustivamente las relaciones entre judíos y cristianos. El supercristianismo de la época tenía a gala acorralar tanto a mudéjares como judíos, que ni podían tener sirvientes cristianos, por ricos que fueran, ni mucho menos relaciones sexuales con ellos. En 1431, el mismo año que se fundan las “arcas de limosnas”, aparecen unas ordenanzas antisemíticas y antimudéjares en todo el territorio del Conde, terriblemente duras. Ordenanzas que llevaban todas las bendiciones eclesiásticas y que estaban preparando el clima propicio para la expulsión de los judíos en tiempos de los Reyes Católicos, cuando era Condestable de Castilla el siguiente Pedro Fernández de Velasco, enterrado en la catedral de Burgos.

Como todos los poderosos, Velasco se saltaba alegremente las leyes y no ponía obstáculos en disfrutar de médicos, escribanos y banqueros judíos cuando era menester.

A Diego García, verdadero maestro cantero de Astudillo, le sitúo como uno de los constructores con su cuadrilla de iniciados, que preconizaron la Masonería, y que ya había comenzado en las construcciones medievales.

Se menciona, como personaje maléfico a don Álvaro de Luna, el Condestable de Juan II, perpetuo rival de Velasco en los favores del rey. La relación entre ambos pasó por todas las gamas desde el mayor odio hasta pactos fraternales, tales como aquél por el que decidieron casar a sus hijos Juan de Luna y Juana Fernández de Velasco, hija de los Condes de Haro, firmado por ambos el 10 de febrero de 1450, en Briviesca. Tal vez, la caída en desgracia de Luna impidiera este matrimonio, que no llegó a realizarse, casando luego Juana con el mariscal Juan de Ayala.

Parece que no tenía mucha mano el Conde para buscarles novios a las hijas.

El bueno de fray Lope de Salazar y Salinas, fraile franciscano, cuya figura crece paralela a la de los condes, es un personaje real, que tenía una santa furia incontrolable por fundar monasterios y encontró la horma de su zapato en el beato de don Pedro, que era el que soltaba los dineros para edificar conventos. Fray Lope ya había muerto cuando éste se retira del mundo, pero nos hacía falta para que tuviera coherencia el tema. Así que, al menos teatralmente, le he prolongado su vida terrenal.

Mención aparte merecen los “pobres” del “Hospital de la Vera Cruz” conocido en Medina de Pomar como “los cartujos” debido a su hábito frailuno.

En los tiempos que corremos, con la libertad de pensamiento respetuosamente compartida, nos puede parecer insólito que a los ancianos de una residencia se les obligase a rezar en las horas canónicas de las monjas veinticuatro padrenuestros por maitines y veintiocho por las horas menores, amén de acudir a la capilla después de comer a dar gracias a Dios y rezar otros cinco padrenuestros. Debían vestir un hábito de “paño prieto”, lo mismo que las monjas, y llevar sobre el pecho la cruz de San Andrés, de quien Velasco era muy devoto. Si les sobraba algún ratito entre rezo y rezo, podían aprovecharlo haciendo pequeños servicios en la institución- no obligatorios- tales como barrer o arreglar la huerta.

Los pobres debían ser trece en recuerdo del colegio apostólico y Jesús, y varones, solteros o viudos.

Solamente se necesitaban cinco señoras honorables para cuidar a los enfermos pero no aparecen como objetos de atención en los estatutos. Y eso que la institución del Hospital de la Vera Cruz fue puntera en su época. Ello no deja de ser curioso ya que el abuelo del Conde, que había fundado el anterior hospital, llamado “la Quarta”, aceptaba a diez hombres y diez mujeres. Las mujeres estás ausentes en esta fundación. ¿Por qué?

Puede haber varias razones: la primera es que las mujeres solían morir de parto e infecciones derivadas de la maternidad o tenían hijos hasta muy mayores, quedando bastantes deterioradas a consecuencia de ello, por lo que pocas llegaban a viejas. La segunda razón es que, lo mismo que don Pedro se ocupaba de que sus hidalgos envejeciesen en el Hospital, posiblemente, las mujeres sin posibles lo hicieran en el monasterio de Santa Clara, no como monjas sino como sirvientas. Entonces la mujer no existía como ser receptor de servicios.

También acudían a la Vera Cruz enfermos- que para eso era un hospital- en número de siete, en referencia a los siete dones del Espíritu Santo. Y se aceptaban caminantes, que podían pernoctar una noche y, en este caso, sí podían acogerse mujeres. Para ellas había una habitación especial.

Don Pedro escribió personalmente unas ordenanzas muy minuciosas en las que no se dejaban cabos sin atar, tales como las trampas que podían hacer los enfermos para prolongar su estancia o los mismos ancianos yendo a pedir limosna para aumentar su caudal, cosa completamente prohibida si se vivía en el santo Hospital. Al que pedía limosna, se le echaba sin contemplaciones.

Como no dejaba de ser un chollo vivir en un hospital infinitamente mejor que cualquiera de las casas de los aldeanos, es de suponer que cada vez que se muriera un “pobre” de los allí acogidos habría una verdadera batalla campal para hacer méritos en santidad y ser acogido entre “los cartujos”, máxime cuando, además de casa, comida y calor les regalaban hasta los calzones…. Esto puede dar tema para otra historia, que enlazaría ya con la picaresca.

RETABLO DE LA BUENA CONDESA DE HARO

PERSONAJES

Doña Beatriz Manrique, Condesa de Haro

Don Pedro Fernández de Velasco, Buen Conde de Haro

Fray Lope de Salinas, fraile franciscano

Samuel, médico judío

Mencía, dueña

Escribano

José, judío usurero

Avelino, campesino

Leonor, prometida del Príncipe de Viana

María, hija pequeña de los condes

Monja María, hija mayor de los condes

Dos doncellas

Pobres

Monjas

Usureros

Descendientes

CUADRO PRIMERO – FIEBRES – Año 1429

         La escena representa un salón del alcázar de Medina.

         Don Pedro Fernández de Velasco, con 28 años, es llevado a la Torres de Medina de Pomar al sufrir una rara enfermedad que le impide continuar en la campaña para defender la frontera de Navarra.

         Don Pedro se encuentra postrado, hablando con fray Lope de Salinas.

VELASCO- Tengo que mejorar… No puedo permanecer tanto tiempo recluido en Medina.

FRAY LOPE- Hay que tener calma, mi señor don Pedro. Las enfermedades deben aceptarse como un mensaje divino.

VELASCO- De acuerdo, fray Lope. Pero ya conocéis la situación: el Rey, don Juan, me ha encomendado defender la frontera con Navarra y he de acabar con mi cometido….

FRAY LOPE- Lo estabais cumpliendo a la perfección cuando os han entrado esas fiebres malignas.

VELASCO- Estas fiebres… ¿sabéis qué os digo?

FRAY LOPE- Que.

VELASCO- Que me mosquean mucho estas fiebres. Yo soy el más joven de todos los nobles que luchan en la frontera.

BEATRIZ- ( Entrando decidida)… Y el más galán… Buenas tardes, fray Lope…. ¿Qué decíais, esposo?

VELASCO- Decía que estas fiebres son muy raras. Me han impedido seguir en la guerra.

BEATRIZ- Miradlo por el lado bueno, don Pedro… (Cariñosa)… Ahora estáis conmigo.

VELASCO- Cosa que me place, doña Beatriz.

BEATRIZ- A mí más todavía… Los niños son muy pequeños… y con tantas idas y venidas, apenas tienen tiempo de ver a su padre.

VELASCO- Cosa cierta… Yo tampoco tuve un padre que me cuidara en la niñez. Siempre andaba guerreando. Y murió muy joven… Menos mal que mi madre, doña María, no descuidó ni un momento nuestra educación.

FRAY LOPE- Tampoco doña Beatriz abandona la educación de vuestros hijos.

VELASCO- (Tomando de la mano a doña Beatriz)… Que, además es una dama muy culta y preparada…

FRAY LOPE- De casta le viene al galgo… Menuda familia la suya…. Está relacionada con lo más florido de la poesía castellana.

VELASCO- Sin duda. El poeta Gómez Manrique, su hermano,  estrenó un auto hace poco, en el convento de Calabazanos.…

BEATRIZ- Viene de familia lo de la poesía. ..Yo misma la escribo en secreto…

VELASCO- No tan en secreto, esposa… que algunas me las habéis leído en privado.

BEATRIZ- (Ruborosa) En privado, don Pedro… Un secreto entre vos y yo.

VELASCO- ¡Ay!… Creo que me vuelve la fiebre…

BEATRIZ- (Poniéndole la mano sobre la frente)… En efecto. Habrá que llamar al médico…(Llamando alto)… ¡Mencía!

         (Entra Mencía, que es una dueña mayor)

MENCÍA- Doña Beatriz…

BEATRIZ- Dile a Tirso que se acerque a la judería y traiga al médico Samuel.

VELASCO- Ya sabéis, doña Beatriz que no me gusta tener muchos tratos con judíos.

BEATRIZ- …Y ya sabéis, don Pedro, que los mejores médicos de toda Castilla lo son.

         La Iglesia comprende que hay que buscar la salud donde se encuentre.

        Ya lo dijo dom Sem Tob de Carrión.

“No vale el águila menos

porque en vil nido siga

ni los consejos buenos

porque judío los diga”.

FRAY LOPE- Se refiere a consejos médicos…desde luego…. ¿Samuel no es el médico del hospital de “la Quarta”?.

BEATRIZ- Sí, claro…. Es el mejor médico de todas las Merindades

VELASCO- Pero ya os tengo dicho que no quiero darles demasiadas facilidades. Son infames asesinos de Cristo.

FRAY LOPE- Menos mal que el Santo Padre ha mandado una bula explicando cómo tienen que conversar los cristianos con ellos para que no aprendan sus maldades.

BEATRIZ- Pero también dice la bula, que, en caso de necesidad y peligro no les sea denegada humanidad por parte de los cristianos…

FRAY LOPE- Siempre que pueden salen de la judería, con el pretexto del mercado y charlan con los cristianos… No puede ser buena tanta amistad entre judíos y cristianos…o con mudéjares… Por eso habéis hecho muy bien al enviar a Bustillo a todos los moros de la Merindades… Que allí tienen buena arcilla para hacer cántaros y cazuelas… y, de paso, no se mezclen con los buenos devotos y no acarreen problemas.

BEATRIZ- Ni bueno ni malo… Todos son vasallos nuestros: cristianos, judíos y moros.

VELASCO- Pero muy diferentes… No vayáis a comparar a un cristiano piadoso con un judío que no celebra el domingo.

BEATRIZ- Los dos pagan impuestos… y los judíos, más.

FRAY LOPE- Algunos salen de la judería cuando vamos en procesión… y está prohibido.

BEATRIZ- También nosotros los cristianos cruzamos su barrio con el crucifijo por delante para ir al cementerio cada vez que tenemos un entierro… para darles en las narices… Lo que se va por lo que se viene.

VELASCO- Realmente, nos hacen falta aunque no nos gusten: Castilla se vendría abajo si se fueran todos los judíos de repente…. A todo esto: supongo que Samuel es aquel médico que vino de Toledo… ¡Ay, mi espalda!

BEATRIZ.- El mismo… y al que le he encargado que se preocupe de los enfermos del Hospital de la Misericordia….Por cierto: habría que pensar en solucionar los problemas del hospital.

VELASCO- Otro día, doña Beatriz…Sigo creyendo que estas fiebres no son naturales.

BEATRIZ- ¿Qué queréis decir?

VELASCO- Que se me ha querido envenenar

BEATRIZ- ¡Cómo?

FRAY LOPE- ¿Quién?

VELASCO- Algún esbirro de don Álvaro de Luna.

FRAY LOPE- ¿Eso creéis?

VELASCO- Sin duda. Don Álvaro es muy astuto… Le tiene sorbido el seso al Rey… No le deja ni a sol ni a sombra… Y en cuanto se percata de que tiene alguien con personalidad para hacerle la competencia, lo elimina.

FRAY LOPE- Son acusaciones muy graves, don Pedro.

VELASCO- Al tiempo, fray Lope… Al tiempo.

BEATRIZ- Pero, vos estáis con él… Lucháis por la misma causa.

VELASCO- Sí y no… Yo lucho por el Rey y por Castilla… Don Álvaro de Luna lucha por don Álvaro de Luna… Castilla y el Rey son sus armas para medrar.

BEATRIZ- ¿Y qué hacen los demás nobles?

VELASCO- Le están viendo las orejas al lobo… Ya nadie confía en don Álvaro.

BEATRIZ- …Y él desconfía de todos…

VELASCO- Y el Rey, don Juan II, sin enterarse.

BEATRIZ- Como siempre.

                                                       (Entra Mencía con Samuel)

MENCÍA- Aquí está Samuel.

SAMUEL- ¿Cómo os encontráis, don Pedro?… Muy buenas, doña Beatriz… He venido a todo correr al enterarme de vuestra dolencia….

VELASCO- Muy pronto habéis llegado.

SAMUEL- Venía del hospital de “la Quarta”. Hay andancio y la mayoría de los pobres están en la cama.

BEATRIZ- Tengo que pasarme por allí.

SAMUEL- Os creía en la guerra… Incorpórese un poco más… (Se incorpora, ayudado por los demás, que siguen hablando)

VELASCO- En la guerra es donde debía estar, batiéndome contra los enemigos y no contra la fiebre… he dejado a mi mesnada abandonada.

SAMUEL.- Abra la boca… Eso…

BEATRIZ- No, esposo. Mi padre, el Adelantado Mayor de León, os suple en la tarea de la lucha.

SAMUEL.- (Aplicándole su oreja al pecho) Respire fuerte… más fuerte— diga aaa… Tosa… más fuerte… Así.

VELASCO- Lo que me preocupa…(Tose) Que vuestro padre, don Pedro Manrique, ya no está para florituras guerreras.

         (Mientras continúa la escena, Samuel sigue mirándole los ojos, la boca, le toma el pulso y demás medidas que se podían hacer en aquellos tiempos)

SAMUEL- ¡Huy, huy, huy!… esto no me gusta… ¿Qué le han dado?

MENCÍA- Un caldo de gallina y una pócima hecha con corteza de sauce, regaliz y un poco de hipérico.

SAMUEL- No está mal para empezar…. Pero esto que tenéis, don Pedro, no se quita con caldo ni con medicinas sencillas… Habrá que avisar a Manuela, la de Miñón.

FRAY LOPE- ¿A Manuela?

BEATRIZ- ¿Manuela la de Miñón?…

MENCÍA- ¡Si es una bruja…! ¡Si dicen que vuela para ir al aquelarre…!

BEATRIZ.-¡Anda ya!… ¡Eso no, mujer!… Lo de volar no me lo creo… Las brujas que vuelan están en Cernéluga…

SAMUEL- Doña Beatriz… ¿Quién si no Manuela fue la que curó a vuestro hijo de la garganta?

BEATRIZ- ¿Es posible?… Yo no sabía… (Se miran Beatriz y Mencía)

SAMUEL- No os hagáis la despistada… Manuela es una mujer sabia, que conoce las hierbas…

MENCÍA- Es una bruja… lo dicen todos…Hay quien asegura haberla visto montada en la escoba…

BEATRIZ.- …¡ Y dale!…

SAMUEL- Pero todos recurren a ella cuando la necesitan…

FRAY LOPE-… Es una pecadora… No va a misa.

SAMUEL- ¿Para qué va a ir, si no la dejan sentarse en los bancos de la iglesia… si se tiene que quedar en el pórtico?

FRAY LOPE- Está en pecado.

SAMUEL- Jesucristo redimió a la Magdalena.

FRAY LOPE- Jesucristo era Dios.

SAMUEL- Vuestro padre, san Francisco, la acogería como acogió al lobo… y la llamaría hermana curandera, en vez de llamarla bruja.

MENCÍA- (Misteriosa) …Cuentan que por la noche evoca al mismísimo demonio.

FRAY LOPE- (Se hace de cruces) No quiero oírlo.

BEATRIZ- ¡Callemos!… Manuela es necesaria en Medina… No seré yo quien la denuncie… No me creo nada de lo que cuentan de ella.

FRAY LOPE- Pues yo… no lo sé… Debemos rezar por la salvación de su alma. (Hace la señal de la cruz y reza)

BEATRIZ- Y tú, Mencía, harías bien en no llevar chismes… No es justo criticarla y luego llamar a su puerta cuando estamos enfermos.

MENCÍA- Bueno, doña Beatriz…Punto en boca.

         (Samuel ha estado todo el rato contemplando a don Pedro: le afloja la ropa, le toquetea… etc.)

SAMUEL- Mencía: necesito un plato y paños limpios. Vamos a hacerle una sangría a don Pedro.

MENCÍA- Ahora mismo. (Se va Mencía)

BEATRIZ- ¿Veis, don Pedro?, Samuel también está preocupado por la situación del hospital.

VELASCO- ¿Qué le pasa al hospital que fundó mi abuelo?

BEATRIZ- Pues que está viejo… Que se le caen las paredes…

SAMUEL- Que dispone de poco dinero…

BEATRIZ- Que los pobres pasan frío…

VELASCO- …¡ Basta, basta!… Como salga de ésta… os prometo que fundaré un hospital tan grande, que hasta los príncipes querrán venir a él. (Se lleva la mano al pecho) ¡Ay!

BEATRIZ- Don Pedro… que no es para tanto… con un arreglillo nos conformamos.

VELASCO- Nada, doña Beatriz… Id pensándolo y preparándolo… Ya sabéis que yo no tengo demasiado tiempo para perderlo en estas minucias, con tantos problemas de estado.

BEATRIZ- ¿De verdad que puedo organizar un nuevo hospital?

VELASCO- De verdad.

BEATRIZ- Habría que tirar éste.

VELASCO- Por supuesto

SAMUEL- Y buscar un buen arquitecto.

FRAY LOPE- Y un sacerdote para decir la santa misa.

BEATRIZ- Y todo un equipo para que funcione bien… ¿Y si no estáis vos?

VELASCO- ¿Qué decís, esposa mía?… ¿Quién dirige mi casa en mi ausencia?.., ¿quién mis dineros?.., ¿quién mis cosechas?.., ¿quién mis hijos?.., ¿quién mis merinos?… Vos, doña Beatriz.

FRAY LOPE- Ciertamente. Vuestra esposa es la que lleva el timón del señorío.

VELASCO- Pues ella, y no otra persona, será quien organice el magnífico hospital que edificaré para darle gracias a Dios, si me salvo de estas fiebres.

BEATRIZ- ¿Confiáis en mí?

VELASCO- Plenamente

TELÓN

RAP DE BRUJAS

Somos las brujas de las Merindades

estamos presentes en villas y ciudades.

La gente nos teme

nos odia

nos postra de hinojos,

les cuenta a los niños

que hacemos mal de ojo.

Ojo

ojo.

Somos la brujas de las Merindades,

estamos presentes el villas y ciudades.

Los hombres nos miran

como a bichos raros

Podemos vivir solas

sin un hombre al lado.

Somos las brujas de las Merindades

estamos presentes en villas y ciudades.

Sabemos leer con gran cuidado

los libros

las estrellas

las hierbas

las rayas de la mano,

los ojos

y el alma

de moros y cristianos.

Somos las brujas de las Merindades

estamos presentes en villas y ciudades.

Tenemos el secreto de la libertad

Por eso nos envidia la sociedad.

La gente que en grupo nos tira piedras,

cuando tiene penas

llama a nuestra puerta.

Y si la crisis se pone mal

nos queman en la hoguera

en un plis plas.

TELÓN.

CUADRO SEGUNDO – JUDÍOS – Año 1431

         (Beatriz, sentada en una mesa, habla con el escribano. Está embarazada)

ESCRIBANO-   Esto es todo, doña Beatriz.

BEATRIZ- ¿A cuánto asciende?

ESCRIBANO-   A 40.000 ….maravedíes.

BEATRIZ- Mucho es. ¿De dónde van a salir?

ESCRIBANO.- De las alcabalas de la Merindad de Castilla la Vieja.

BEATRIZ- Menos mal. Creía que había que echar mano de las rentas de la Ciudad de Burgos.

ESCRIBANO-   ¿Queréis una obra duradera, ¿no?

BEATRIZ- Por muchos siglos…Quiero que la memoria de mi esposo siga viva en esta fundación de generosidad.

ESCRIBANO-   Lo bueno siempre es caro… Vos lo sabéis mejor que nadie… ¡Ah!.. y he contratado al cantero Diego García, el de Astudillo, como me dijisteis…. Ese también cobra de lo lindo: 290.000 maravedíes.

BEATRIZ- (Pensando) Aquí apenas tenemos hombres fuertes para labrar la piedra. Están todos en la guerra con don Pedro.

ESCRIBANO-   No hacen falta. Los canteros son muy particulares y tienen una especie de cofradía con sus reglas y sus compromisos que les acompaña a todas partes.

BEATRIZ- Podrían asentarse aquí con sus familias y engrandecer la merindad.

         (Entra fray Lope)

FRAY LOPE-   Buenos días nos de Dios, doña Beatriz. Buenos días escribano.

BEATRIZ- Os echábamos en falta, mi buen fray Lope…Ya tenemos todo preparado para comenzar la construcción del Hospital de la Vera Cruz… En cuanto nos conceda el permiso el Rey.

FRAY LOPE-   El del Papa aquí lo traigo… mire vuestra merced… (Le enseña un documento)… ¿Ya habéis encontrado a la persona aparente para administrar un montaje tan completo?

BEATRIZ- No corre prisa, que aun no hemos comenzado las obras, fray Lope. No me seáis impaciente… He pensado en Sancho García y su esposa. Son buenos cristianos, honrados a carta cabal y queridos por todo el pueblo.

FRAY LOPE-   Excelente elección. Dejadme a mí hacer caridad eligiendo entre las feligresas a las cinco buenas mujeres que se dedicarán al cuidado de los enfermos.

BEATRIZ- …. Yo había pensado en Manuela de Miñón…

FRAY LOPE- ¡Hasta ahí podíamos llegar, doña Beatriz!… Es que a veces no os entiendo.

BEATRIZ- ¿Qué es lo que no entendéis?

FRAY LOPE-   Que una persona virtuosa como vos y seguidora del evangelio, se crea que una bruja como Manuela tenga cabida en nuestro hospital.

BEATRIZ- Y yo tampoco entiendo que un santo franciscano como usted, que tanto se preocupa por los pobres, no acabe de distinguir a una malvada bruja de una simple herbolaria.

FRAY LOPE-   A propósito de pobres… ¿Habéis visto cómo aumentan cada día el número de chiquillos que pide limosna a la puerta del monasterio de San Francisco?

ESCRIBANO-   ¡Huy!… pedir limosna… A mí me robaron la faltriquera el otro día, sin ir más lejos…

BEATRIZ- ¿Por qué tenemos esta ola de delincuencia juvenil?

ESCRIBANO-   No llueve, señora…La cosecha del año pasado fue muy mala… Aun quedan varios meses para la siega, que también vendrá escasa.

FRAY LOPE- Las monjas de Santa Clara no dan abasto repartiendo su comida entre tantas familias necesitadas.

         (Comienzan a oírse gritos en la calle y sale corriendo fray Juan)

FRAY JUAN- Salgo a ver qué es ese alboroto.

DONCELLA-¡Doña Beatriz!… ¡Doña Beatriz!…

BEATRIZ- (Levantándose asustada al oír el jaleo exterior) ¿Qué ocurre?

DONCELLA- (Entrando asustada) No sé… Un labrador y un judío se estaban pegando abajo por una cabra…y llegaron los demás vecinos y querían ahogar al judío… El judío se echó a correr y ha llegado hasta el alcázar, con la cabra … pero los demás están subiendo las escaleras… Si no le escondemos… lo matan.

BEATRIZ- Déjale entrar.

         (Entra José con la cabra de una cuerda, muy vestido de judío y con pinta de haber sido zarandeado)

JOSÉ- ¡Ay, madre!… creía que no lo contaba.

         (Fuera se van acumulando las voces que piden entrar y aporrean la puerta. Sale Beatriz. El judío mira torvamente a su alrededor)

BEATRIZ- (Saliendo) ¿Qué es lo que ocurre? ¿Dónde está fray Juan?

         (Música. Momento de gran tensión: se miran el escribano y el judío)

ESCRIBANO- ¿Qué haces aquí, José, con esa cabra?

JOSÉ- No pensaba encontrarte, cuñado Simón.

ESCRIBANO- Ya no me llamo Simón. Sabes que me he bautizado, lo mismo que tu hermana… Ahora soy Juan Fernández de Melgar, escribano del Conde.

JOSÉ- ¡Que nuestro padre Abraham te maldiga, cobarde!. (Escupe en el suelo)

ESCRIBANO- Más os valiera a todos vosotros entrar en razón… Tu hermana sufre porque no la dejáis ir a ver a vuestra madre, tan vieja como está.

JOSÉ- ¿Y crees que mi madre no sufre por tener una hija renegada?

ESCRIBANO- Se están dictando ordenanzas por toda Castilla por las que se os quitarán los pocos privilegios que os van quedando… el Conde es el primero que va a meter mano a vuestros negocios.

JOSÉ- Bueno… Del Conde no hay que fiarse mucho… Por un lado nos acosa y por otro, bien que le pide préstamos a Pedro Martínez Quintano… y ése no se ha bautizado.

ESCRIBANO- Ya sabes que en Aragón han cerrado las sinagogas.

JOSÉ- Ya… Y aquí no tardarán en hacerlo… ¿Pero tú con quién estás? …¿Con tu gente o con los cristianos?

ESCRIBANO- ¿Con quién crees tú?… No tenía otra opción… o me bautizaba con toda mi familia … o me quedaba sin trabajo… ¿Pero qué haces con esa cabra?

JOSÉ- Me la quieren quitar.

ESCRIBANO- ¿A ti?… ¿Tú no eres el arriero que lleva la lana de Burgos a Bilbao en su recua de mulas?

JOSÉ- ¿Y no puede un arriero tener una cabra?

ESCRIBANO- ¿Y qué has hecho para que te la quiten?

         (Entra Beatriz muy indignada. Durante el tiempo que ha estado fuera se han ido apagando las voces)

BEATRIZ- Algo muy feo, escribano… Pero quiero que me lo cuentes tú, José.

JOSÉ- No he hecho nada malo, doña Beatriz… simplemente he ido a recoger la cabra del Avelino porque no me ha pagado el dinero que le presté…. Ese era el trato.

BEATRIZ- Avelino asegura que fue a pagarte en el día establecido.

JOSÉ- No fue

AVELINO- (Irrumpiendo, muy enfadado) ¡Sí fui, desgraciado!… Y tú te habías marchado de casa ese día, para que no pudiera devolverte el dinero y así llevarte mi cabra, que vale más.

JOSÉ-¡ No fuiste!

AVELINO- Claro que fui… tengo testigos… todos los que me han ayudado a recaudar los intereses que me exigías con el dinero de sus limosnas , precisamente para que no me llevases la cabra… Ahí están… en la puerta….(Amenazante) ¡Cuando salgas!

BEATRIZ- Cálmate, Avelino… Don Pedro está al llegar… Mañana mismo le podrás exponer tu queja a él en persona…. Ahora véte… Y que se vayan contigo tus vecinos… En Medina nadie se toma la justicia por su mano.

AVELINO- (Llorando)… ¿Pero la cabra?… ¿Qué van a cenar mis hijos, sin ella?

BEATRIZ- La cabra es tuya. Llévatela. (Se va Avelino con la cabra)… Ahora, dime, José, ¿Cuánto dinero te había pedido prestado Avelino?

JOSÉ- Cincuenta maravedíes

BEATRIZ- ¿Y cuánto te tiene que devolver? (José no se atreve a decirlo)… Te pregunto cuánto dinero te tienen que devolver por un préstamo de cincuenta maravedíes… ¡Dime!

JOSÉ- (Entre dientes) Doscientos maravedíes

BEATRIZ- ¿Cuánto?

JOSÉ- Dos…..vedíes

BEATRIZ- (Muy indignada) ¿Dos …qué?

JOSÉ- Doscientos

BEATRIZ- ¿Que eres capaz de cobrar doscientos maravedíes por un préstamo de cincuenta?

         ¿Y te quejas de que te quieran pegar?

JOSÉ- Es mi negocio, señora. Yo no puedo tener tierras para cosechar mi trigo.

BEATRIZ- Pero tienes tu oficio. ..Y con eso te debe bastar (Entra fray Lope)… Bienvenido seáis fray Lope… Qué oportuno habéis llegado… Supongo que habréis hecho entrar en razón a esos exaltados… (A José) Toma tus cincuenta maravedíes y date por contento de que no te mande dar cincuenta azotes por cobrar intereses con usura.

         (José toma el dinero de la mano de Beatriz, le hace muchas reverencias y se va retirando avergonzado)

BEATRIZ- Fray Lope, ¿queda gente en la puerta?

FRAY LOPE.- Los he ido despachado… De todas formas, José, más te vale salir por la puerta trasera.

JOSÉ- Gracias, fray Lope. (Sale)

FRAY LOPE.- No eran exaltados, señora. Eran pobres gentes que no pueden soportar tanta pobreza.

ESCRIBANO-   Hay mucha hambre en las Merindades.

BEATRIZ- ¿Mucha hambre?

FRAY LOPE- Mucha.

BEATRIZ- …Hambre… (Se toca el abultado vientre) Y yo sin darme cuenta….¡Mencía!   (Entra Mencía)… ¡Acércate!… ¿Cómo es que no me habías dicho que mis vasallos pasan hambre?

MENCÍA-   Os veía tan entusiasmada con el proyecto del santo hospital, que lo hacéis para honrar a Dios Nuestro Señor, que lo del abuso me parecía insignificante.

BEATRIZ- ¿Qué abuso?

FRAY LOPE-   El que mantienen los judíos con los labradores cuando prestan dinero para acabar el año…

MENCÍA- … Y como les ponen los intereses tan altos, los pobres, se tienen que entrampar de nuevo para pagar la primera deuda… y luego, la segunda deuda… Lo que le ha pasado al Avelino…

BEATRIZ- Ya lo he visto con mis propios ojos… Fray Lope: tenemos que hacer algo… En palacio hay dinero.

ESCRIBANO-   El dinero está reservado para el Hospital de la Vera Cruz, según mandato del señor Conde.., que también hace falta. Hay muchos ancianos menesterosos que lo necesitan.

BEATRIZ- Ancianos menesterosos.., niños que roban.., mujeres que no pueden echar un hueso al cocido… ¿Qué pasa en Castilla, que parece tan poderosa y tiene a sus hijos muertos de hambre?

MENCÍA-   Demasiadas guerras, señora,… el mismo don Pedro no aparece por el alcázar desde hace tiempo… Vos me lo decís.

BEATRIZ- Bastante hace mi esposo por evitarlas… En Tordesillas, sin ir más lejos , consiguió que los contrincantes se sentaran a parlamentar.

FRAY LOPE-   Hablando y no matándose es como se entiende la gente.

MENCÍA–   ¿Entre la gente se incluye a don Álvaro de Luna?

ESCRIBANO-   El Condestable es para echarle de comer aparte.

MENCÍA–   Eso… Además la tiene tomada con don Pedro.

BEATRIZ.- Menudo es el señor Conde de Haro… Y qué poderío tiene… ¿Os imagináis qué cara le pondrían el don Álvaro, los Infantes de Aragón y todos los ricoshombres de los ejércitos cuando los mandó registrar para cerciorarse de que entraban desarmados a la reunión?

ESCRIBANO.- El mismo Rey nunca creyó que sería capaz de hacerlo.

BEATRIZ- Claro que lo creía… Por eso le encomendó la seguridad del encuentro.

MENCÍA- ¿Pero se habrá conseguido algo provechoso?

ESCRIBANO-   Que don Álvaro de Luna se la tenga guardada a nuestro señor, el Conde.

MENCÍA–   … Y poder darle una puñalada trapera el día menos pensado.

BEATRIZ- Eso no nos tiene que preocupar… Don Pedro ya está de vuelta de las intrigas del Condestable… Pero, a lo que íbamos:¿Qué podemos hacer, fray Lope, para ayudar a nuestros vasallos?

FRAY LOPE-   …Tal vez… prestarles vos misma el dinero…

BEATRIZ- ¿Y convertirme en usurera, como los judíos?

FRAY LOPE-   Se les puede prestar a bajo interés…

BEATRIZ- …o a ninguno… ¿Se puede responder de su honradez?

MENCÍA–   Los pobres son más honrados que los poderosos.

ESCRIBANO-   Hay de todo… Al menos deberían dejar una prenda aunque no sea más que para darle solemnidad al asunto.

BEATRIZ- Esos detalles se los dejaremos a don Pedro, que se las pinta solo para atar cabos.

FRAY LOPE-   ¿Le parecerá bien esto al señor?

BEATRIZ- ¡Por Dios, fray Lope!… Si él no piensa más que en ayudar al prójimo, como manda la Santa Madre Iglesia… Seguro que le parecerá de perlas… Se lo damos ya pensado… y él solo tiene que organizar el proyecto

ESCRIBANO-   Y firmar

RAP DE JUDÍOS

Somos los usureros

que cobramos más dineros

del mundo entero.

nos llaman los banqueros

trapaceros

peseteros

la gente se confía,

se fía

se lía

se deja timar.

Hipoteca la casa.

 se queda sin pasta

 por aparentar

Somos los banqueros de Castilla

prestamos el dinero hasta en calderilla

en duros, euros , doblones, pesetillas

coronas, sueldos, onzas amarillas,

reales de vellón.

Qué perdición.

Como tenemos la cara muy dura

a la usura

llamamos interés.

Ya ves.

Ya ves.

Y si la crisis te aprieta

te prestamos dinero sin etiqueta

a cincuenta años de hipoteca

que ya la pagará tu biznieta.

Si hace falta doblamos la rodilla

para abrirte en mi banco una cartilla

sin condición.

Qué perdición

Si tu maravedí lo guardas aquí

las ventajas serán para mí

qué maravilla

y si Hacienda me pilla

me marcho para Suiza a toda pastilla.

TELÓN

CUADRO TERCERO-  LEONOR-  Año 1455

         (En el Alcázar de Medina, Doña Beatriz y sus hijas Leonor y María se preparan para ir a Valladolid, ya que don Pedro ha sido nombrado virrey mientras Enrique IV se va a la guerra de Granada. El rey Juan II ha muerto hace poco tiempo y el nuevo Rey ha comenzado su reinado recuperando la guerra contra los moros. Tanto Beatriz como sus hijas están muy contentas: Leonor está preparando su boda con el Príncipe de Viana y María es una niña que disfruta con las novedades. Las tres están bordando). Música.

MARÍA.-Madre…¿De verdad que iremos a vivir a Valladolid?

BEATRIZ.- Sí, mi niña… Mientras tu padre, don Pedro, sea virrey, debemos de estar en la corte acompañándole.

MARÍA.- ¿Y dejaremos Medina?

LEONOR.- ¿Cuánto tiempo?

BEATRIZ.- Todo el que dure la campaña de Granada, que tiene alejado al rey Enrique IV de sus tareas de gobernante de Castilla.

MARÍA.-¿Y por qué no ha ido padre a la guerra?

BEATRIZ.- Porque el rey, que es joven y necesita hacer méritos, quiere dirigirla él mismo… y padre es un sabio, algo mayor ya, que le va a resolver los problemas de gobierno.

LEONOR.- En Valladolid seguiré preparando mi ajuar.

BEATRIZ.- Ya lo tenéis casi terminado… y eso que es un ajuar de reina… No olvidéis que seréis Princesa de Viana, heredera del trono de Navarra…

LEONOR.- (Soñadora)… Pienso cómo será el Príncipe …

BEATRIZ.- Un caballero, hija: cortés, culto, elegante… que sabe tocar la vihuela, montar a caballo con maestría y batirse en justas….Un joven cortesano… El esposo idóneo para vos.

LEONOR.- Yo también sé recitar, tocar el laúd e incluso, escribir poesías…y escribir música.

MARÍA.- (Haciendo un paso de danza) Yo también sé danzar…

BEATRIZ.- (A Leonor) Seréis una perfecta esposa, de un magnífico esposo… Me agrada emparentar con la familia real de Navarra…(Recordando)… No puedo olvidar las fiestas que le preparamos a doña Blanca, nuestra reina, cuando vino a casarse con, el entonces príncipe Enrique… hoy nuestro rey.

MARÍA.-¡Contádmelo otra vez, madre!

BEATRIZ.-   ¡Pero qué chiquilla!… si te lo he contado muchas veces…

MARÍA.- ¡Otra vez!… ¿Es verdad que se puso una fuente que manaba vino?

BEATRIZ.- (Riéndose)… Verdad… (Añorante) A la entrada de Briviesca, esperaban al cortejo de la novia cincuenta jinetes vestidos de blanco , ellos y sus caballerías, y otros cincuenta vestidos de rojo… Después de la exhibición la acompañaron hasta la villa.

MARÍA.-¿Y vos estabais con ella?

BEATRIZ.- Naturalmente, hija… vuestro padre es el señor de Briviesca y el embajador que acompañaba a la futura princesa…Yo le hice los honores junto a la reina madre.

LEONOR.- ¿A mí me harán un recibimiento así en Navarra?

BEATRIZ.- Sin duda. Seréis una buena reina… Dotes no os faltan… Sois prudente y discreta.

LEONOR.- ¿Le gustaré a don Carlos?

BEATRIZ.- ¿Con esos ojos… y esa presencia?… Sois muy hermosa, hija, y se enamorará de vos en cuanto os vea. (La besa)

LEONOR.- ¿Y creéis que yo me enamoraré de él?

BEATRIZ.- Naturalmente, mi vida… La gracia sacramental del matrimonio proporciona el amor conyugal cuando la mujer se casa obedeciendo la elección de sus padres.

LEONOR.- ¿Vos os enamorasteis pronto?

BEATRIZ.- Vamos a ver, hija:… a la vista está que vuestro padre no es muy agraciado físicamente… La primera vez que le vi me pareció con los ojos mucho más torcidos y más cargado de hombros de lo que yo me podía imaginar… y más bajo… Se me cayó el mundo encima, la verdad… Pero tiene un pico de oro… y en cuanto abrió la boca y me dijo un par de galanterías llenas de gracia… hasta me pareció guapo… Es un seductor vuestro padre.

MARÍA.- ¿Os enamorasteis?

BEATRIZ.- Le cogí mucho cariño… No sé si eso se puede llamar amor… pero a mí me ha valido…

MARÍA.- Es que padre es muy cariñoso…

LEONOR.- ¿Y si a mí no me proporciona amor o cariño el matrimonio?

BEATRIZ.- Rezad mucho a la Virgen del Rosario y pedidle que os llegue el amor y el sometimiento cuando estéis con vuestro esposo… Os regalaré este libro de oración, que yo he leído todos los días. (Busca un libro y se lo da a Leonor)

MARÍA.- ¿Qué libro es?

BEATRIZ.- Cuidado que eres curiosa. Un breviario de Nuestra Señora. (Lo coge María)

MARÍA.- … Si está en latín… yo sólo leo en romance.

LEONOR.- Ya aprenderás.

BEATRIZ.- (A María) Me ha dicho tu ayo que prosperas mucho en lectura.

LEONOR.- (Hojeando el libro) … Es que se oyen rumores acerca del Príncipe… dicen que es muy mujeriego…

BEATRIZ.- Tonterías… Todos los hombres lo son… Por afortunada me tengo de haberme casado con vuestro padre, don Pedro, tan buen cristiano, al que no se le conocen devaneos… Seguro que don Carlos, se comportará bien con vos y no os será infiel.

LEONOR.- No sé, madre… Ojalá acertéis.

MARÍA.- Madre: ¿es verdad que el Rey es impotente?

BEATRIZ.- ¿Pero que dices, criatura?… las niñas no hablan de esas cosas.

MARÍA.- Me lo ha dicho Mencía… y que no puede tener hijos.

LEONOR.- Te habrá dicho que está embrujado… Es por eso por lo que no tiene hijos.

BEATRIZ.- ¡Pobre doña Blanca!… Cómo se ha ido consumiendo de tristeza en estos años… Procuraré animarla cuando vaya a Valladolid.

         (Entra don Pedro con muy mala cara. Deja la capa sobre una silla)

VELASCO.- Salid fuera, hijas… tengo que hablar con vuestra madre….

         (Salen Leonor y María)

BEATRIZ.- ¿Qué ocurre?

VELASCO.- Un desastre… Por eso me ha querido dejar aquí el Rey… para que sea yo el que reciba la noticia…

BEATRIZ.- ¿Qué noticia?

VELASCO.- La de la anulación de su matrimonio con doña Blanca.

BEATRIZ.- ¿Anulación del matrimonio?… ¿Por qué exactamente?

VELASCO.- Es una historia muy larga…(Pasea por la estancia, muy disgustado) A fin de cuentas, a mí me da lo mismo que sea impotente o no lo sea.., que ella sea estéril o no lo sea.., que sean primos o no lo sean.., si se separan o no se separan… Pero… ¿Qué va a pasar con nuestra Leonor?

BEATRIZ.- ¡Ah!… ¡Su boda con el Príncipe de Viana!

VELASCO.-… ¡Eso mismo!… Si Castilla…

BEATRIZ.- … rompe con Navarra…

VELASCO.- ¡Efectivamente!…

BEATRIZ.- …¡Mi pobre…!

VELASCO.- Adiós matrimonio…

BEATRIZ.- Con la ilusión que tiene…

VELASCO.- … Adiós a emparentar con una familia real…

BEATRIZ.- ¿Y cómo se lo decimos?

VELASCO.- … Adiós a hablar de tú a tú con el rey.

BEATRIZ.- ¿Qué vamos a hacer?

VELASCO.- …Adiós mis proyectos…

BEATRIZ.- Olvidaos de vuestros proyectos, don Pedro… son los proyectos de vuestra hija los que están ahora en juego… ¿Cómo lo pensáis solucionar?

VELASCO.- Después de haber estado prometida a un príncipe… no se puede casar con cualquiera…

BEATRIZ.- No se trata de con quién la casaréis ahora… se trata de que se le han roto sus ilusiones… Ella pensaba ser reina.

VELASCO.- Las ilusiones se recuperan pronto cuando se es joven.

BEATRIZ.- Salgo a decírselo…

VELASCO.- No… No vayáis todavía….

BEATRIZ.- Mejor cuanto antes

VELASCO.- Es mi princesa… A mí también me duele el corazón…

BEATRIZ.- Vamos los dos….

         (Salen llorando y abrazados)

         Música.

         Al cabo de un rato entran en escena Mencía con María Velasco, monja de Santa Clara)

MONJA.-¿Qué pasa?, Mencía, ¿Por qué me habéis llamado con tanta urgencia? Muy grave tiene que ser para que me hayáis hecho venir desde el convento…

MENCÍA.– ¡Mi niña Leonor!… ¡Mi princesita!…

MONJA.-¿Qué le ha pasado a mi hermana?

MENCÍA.- Que ya no se casa con el Príncipe de Viana…

MONJA.-¿Qué no se casa?… ¿Qué ha ocurrido?

MENCÍA.- Que se ha roto el compromiso… como ahora, ya no interesa una reina navarra en Castilla…pues parece que tampoco interesa una castellana en Navarra.

MONJA.-¿Qué me dices?… Ya está bien que las mujeres de la nobleza dependamos de los pactos entre políticos… Les da igual casarte con un viejo que con un niño…o descasarte… No somos más que moneda de cambio…

MENCÍA.- Eso digo yo… Al menos los pobres, nos casamos con quien queremos… y enamorados.

MONJA.-… Leonor no se habrá enamorado de don Carlos sin conocerle.

MENCÍA.- No… Eso no.

MONJA.- Menos mal… Intentaré consolarla… (Entra Leonor, llorando)

LEONOR.- ¡Ay, hermana! (Se abrazan)

MONJA.-Ya me ha contado Mencía…

LEONOR.- ¡Qué bochorno! …¿Qué hago yo ahora?

MONJA.- Vivir

LEONOR.- ¿Cómo, vivir?… Si después de un compromiso tan sonado no me puedo considerar soltera… ni viuda… ni casada…

MONJA.-Tranquila…

LEONOR.- Soy una mujer abandonada… Si don Carlos hubiera tenido verdadero interés por mí, no hubiera roto el compromiso aunque siguiera la guerra entre los reinos.

MONJA.-Ten confianza en la Virgen.

LEONOR.- No me voy a atrever ni a salir a la iglesia…

MENCÍA.- No digas tonterías, mi niña… Para nosotros siempre serás nuestra princesa…

MONJA.-¿Qué dice padre?

LEONOR.- El pobre está disgustadísimo… Para él sí que ha sido un duro golpe…

MONJA.- También para madre… Ella estaba muy ilusionada… Pero tú eres la que me preocupa…

LEONOR.- Mi vida ya no tiene sentido… Me he estado preparando durante años para ser una dama cabal: sé de leyes y de números para estar a la altura del príncipe.

MONJA: ¿Estás segura de que, con todo lo que vales, soportarías la sumisión a un esposo?

MENCÍA.- Creo que tiene razón tu hermana…¿Y, sabes que te digo?

LEONOR.- ¿Qué?

MENCÍA.- Que, casi me alegro de lo que ha pasado. … Creo que todo no ha sido más que una intervención de Dios.

LEONOR.- ¿Por qué?

MENCÍA.- Por que tú no hubieras sido capaz de aguantar a un hombre … Eres muy tuya, Leonor…

LEONOR.- ¿Qué es eso de que soy muy mía?

MENCÍA.- Siempre lo has sido… Demasiado independiente… Eres una mujer capaz de pensar por ti misma… Le has llevado la contraria a tus profesores… y hasta a tu confesor… si me apuras… ¿Tú crees que el príncipe- o cualquier otro marido- iba a aceptar tus opiniones sin sentirse humillado?

MONJA.- Los maridos no suelen ser como padre, que le pide consejo a madre en la mayoría de los asuntos… Suelen ser celosos e intransigentes… ¿Por qué te piensas que entré yo en el convento?

LEONOR.- ¿Por qué?

MONJA.- Pues porque en el convento hay más libertad que en un palacio.

MENCÍA.- …Y porque era gordo y seboso el marido que te había buscado tu padre.

MONJA.- Eso, además… Y dominante… y absorbente… En el convento se puede ir, venir, cantar, leer, tocar instrumentos, discutir, escribir, miniar códices a tu gusto…cuidar del jardín… sin más controlador que el mismo Jesucristo, que es tu divino esposo.

MENCÍA.- Además de rezar y alabar a Dios nuestro Señor.

LEONOR.- ¿Tú crees que un convento proporciona más libertad que un marido?

MENCÍA.- No lo dudes, hija… En un convento nunca vas a tener que satisfacer a un marido que llega a casa borracho, como me pasó a mí con el Feliciano, que en gloria esté.

LEONOR.- … No sé … A lo mejor no es mala idea lo de entrar en religión…Me lo voy a pensar… (Música)   (Entra doña Beatriz)

BEATRIZ.- (Dirigiéndose a la monja)…Menos mal que has venido, hija… Éste es un problema terrible, que tenemos que resolver en familia y tus hermanos están en la guerra… y tu hermana Juana, casada en otro sitio… (a Leonor)… y tú, mi niña, ¿Cómo te encuentras?

LEONOR.- Mejor, madre… Mi hermana me consuela muy bien

BEATRIZ.- Por eso la he mandado venir… Siempre os habéis llevado estupendamente.

LEONOR.- Madre…María me dice que ella está muy contenta en Santa Clara… que, a lo mejor, podía entrar yo también en el convento…

MONJA.- Yo no he dicho eso: he dicho que la vida de un convento proporciona una libertad mayor que un esposo…Tú haz lo que quieras.

BEATRIZ.- Pues, mira: sería bueno que te metieras monja de Santa Clara, hija… Con vosotras dos, que pertenecéis a la familia Velasco.., y algunas otras jóvenes de la nobleza,… que ya me encargaré yo de que vengan a Medina…, este convento puede alcanzar las cotas de importancia que tiene el mismísimo monasterio de las Huelgas, de Burgos, cuyas monjas descienden de reyes.

MENCÍA.- Y cuya abadesa tiene categoría de obispo…

MONJA.- Los nobles no solo deben servir al Rey , sino también dar gloria a Dios desde la clausura.

BEATRIZ.- Por eso se considera función de nobles fundar conventos, como hace con profusión la casa de Velasco, para concentrar a tantas personas buenas y temerosas de Dios.

MENCÍA.- Por todo el señorío surgen monasterios tanto de hombres como de mujeres, gracias a la religiosidad del Buen Conde, y de usted misma, señora condesa, que alaban al Altísimo y cuidan a los menesterosos y los desvalidos.

         (Entra don Pedro)

VELASCO.- ¿Cómo va eso? (A Leonor)… ¿Cómo lo llevas, mi princesa? (la besa)

LEONOR.- …Bueno…(Vuelve a llorar)… Es terrible…

BEATRIZ.- Nada es terrible, mi niña… En cuanto se os pasen los lamentos, le daréis gracias a Dios por haberos librado de un esposo libertino.., que hubiera sido capaz de anular un matrimonio… como ha hecho nuestro rey Enrique…

         Lo que le ocurre a Doña Blanca si que es terrible…

LEONOR.- Antes no me decíais lo de libertino.

BEATRIZ.- Pero lo es… Todo el mundo lo sabe…Era un riesgo que debíais correr.

VELASCO.- No le deis tanta importancia a ese asunto.. El príncipe está libre… Cuando la muchacha se case, será otra cosa.

LEONOR.- Ya da lo mismo.

VELASCO.- Te buscaremos un buen esposo… No lo dudes.

LEONOR.- No me busquéis más esposos, padre… ¡No me voy a casar nunca!.

VELASCO.- ¿Cómo que no?… Enseguida se te pasarán las penas…

LEONOR.- No padre… Creo que tiene razón mi hermana … Yo voy a ser mucho más feliz estudiando en Santa Clara y haciendo música para la Virgen, que esperando a que un esposo venga de la guerra y me tome como un trofeo.

BEATRIZ.- No te creas, hija, que no he pensado alguna vez lo tranquila que se está en un convento… Ya me gustaría terminar mis días entre las paredes del claustro, cantando vísperas.

VELASCO.- Eso está hecho… En cuanto vos digáis, me marcho a hacer penitencia con mis pobres del Hospital… y seréis libre.

BEATRIZ.- Dejad, dejad… Todavía tienen que pasar muchos años sirviendo a Castilla para que os retiréis.

MONJA.- Nuestro hermano Pedro es todavía joven para llevar las riendas de tantos territorios… y el Rey, también…

VELASCO.- Este Rey viene muy torcido… No me gusta nada.

BEATRIZ.- Castilla está por encima de la persona del Rey, esposo.

VELASCO.- Lo de romper con Doña Blanca ha sido un golpe bajo.

BEATRIZ.- ¡Venga!… Don Pedro: tiene razón Leonor…. Que se vaya al convento …tal vez allí encuentre la libertad… (Animosa) Hay que llamar al escribano para repasar las cuentas y que todos los maravedíes de la dote de Leonor, que se iban a ir para Navarra, se queden en el monasterio de Medina… Servirán para decir misas que librarán nuestras almas de las penas del purgatorio.

RAP DE MONJAS

Somos la monjas del monasterio

todos los días cantamos el salterio.

Nuestra santa más preclara

es Santa Clara

Clara

Clara

Maitines rezamos por la mañana

cuando no entra la luz por la ventana.

Hacemos penitencia

hacemos oración

por los pecadores

pedimos perdón.

Nos sentimos llenas de virtudes

cuando volvemos de cantar laudes.

Hacemos penitencia

hacemos oración

por los pecadores

pedimos perdón.

Al sentarnos para cenar

el rezo de las vísperas tenemos que acabar.

Hacemos penitencia

hacemos oración

por los pecadores

pedimos perdón.

Las completas por la noche

nos dejan la conciencia sin ningún reproche.

TELÓN

CUADRO CUARTO   COMIDA FAMILIAR   1459

         (Estancia del Alcázar. Don Pedro y Fray Lope preparan su despedida del mundo y el ingreso en el Santo Hospital de la Vera Cruz, adonde va a acompañar a los 13 menesterosos que lo habitan).

FRAY LOPE.-Don Pedro: Éste es el hábito de pobre que deberéis vestir si queréis ser semejante a los menesterosos acogidos en el Hospital.

VELASCO.- Dejadlo ahí… Sentáos en esta silla, hermano Lope…(Se sienta) ¡Qué mayores nos vamos haciendo!…

FRAY LOPE.-Hemos envejecido juntos… Vuestra merced con su política… y yo con mis fundaciones…

VELASCO.- Las hemos hecho a medias… ¿Qué hubiera sido de mi vida espiritual sin usted?

FRAY LOPE.-¿Y qué hubiera sido de mi espíritu renovador si hubieran faltado sus donativos?

VELASCO.-   Éste es un momento muy trascendente en mi vida… Voy a abandonar mi alcázar, mis costumbres, mis amigos, mis cacerías.., mi biblioteca… Bueno: mi biblioteca, no.

FRAY LOPE.- Sois un humanista cultivado … ¿La llevaréis al Hospital?

VELASCO.- No puedo desprenderme de ella… es el único vínculo que voy a tener con el pasado que hoy liquido.

FRAY LOPE.- ¿Escribiréis vuestras memorias?… No es que seáis tan reconocido como vuestro consuegro don Íñigo, el Marqués de Santillana, pero no os quedáis a la zaga en el estilo.

VELASCO.- Yo no soy más que un aficionado, que solo ha escrito crónicas y documentos.

FRAY LOPE.- Pero vos que habéis sido Camarero Real, Merino Mayor de Castilla la Vieja, Virrey regente, y tantas otras cosas … tendréis muchos secretos que contar…

VELASCO.- No quiero contar secretos que merecen seguir ocultos.

FRAY LOPE.-…¿Y vuestra esposa, doña Beatriz?… ¿Qué va a ser de ella ahora?

VELASCO.- Mi esposa ha accedido a llevar vida retirada en sus habitaciones, dedicada también a la oración…

FRAY LOPE.-   Es una santa.

VELASCO.- A veces me pregunto, fray Lope, si mi vida no ha sido tan útil como debiera.

FRAY LOPE.-Habéis realizado muchas obras buenas.

VELASCO.- Pero mi juventud fue frívola en la corte…

FRAY LOPE.- La juventud es insensata…

VELASCO.- … Fui muy duro con la ciudad de Frías…

FRAY LOPE.- Que bien presume ahora de que seáis su señor….

VELASCO.- … He cambiado muchas veces de chaqueta…

FRAY LOPE.- Como buen político, amigo don Pedro…

VELASCO.- He sido soberbio… (Bajito) …No olvidéis que fui amigo y enemigo de las mismas personas…, según soplaran los vientos del poder… como de don Álvaro de Luna

FRAY LOPE.-Pero no tuvisteis nada que ver con su ejecución, ¿verdad?

VELASCO.- Sí que la tuve…aunque no directamente… Estaba entre sus enemigos… Me arrepiento de haber deseado su muerte… de haber conspirado contra él.

FRAY LOPE.-… Y yo os absuelvo, como sacerdote… (Le da la bendición)… y ahora hablemos de vuestras obras buenas…

VELASCO.- ¿Qué buenas obras?… Por mi ambición han muerto muchas personas… y no solo moras o judías, sino también cristianas.

FRAY LOPE.-¿No es verdad que habéis construido un hospital para acoger a los menesterosos, los enfermos y peregrinos?

VELASCO.- Verdad es…

FRAY LOPE.-¿No es verdad que en vuestras tierras hay establecido un pósito de trigo para que las buenas gentes que se quedan sin pan antes de recoger la cosecha, puedan comer?

VELASCO.- Lo es.

FRAY LOPE.-¿No es verdad que ya no hay usura en la Merindades porque tenéis organizadas arcas de limosna para conceder minicréditos sin interés a las personas con pocos posibles?

VELASCO.- Ciertamente… Aunque esto… creo que se le ocurrió a usted.

FRAY LOPE.-Siguiendo la doctrina de mi padre san Francisco… Pero vuestra merced fue quién llenó las arcas con sus dineros.

VELASCO.- Porque los tenía.

FRAY LOPE.-¿Y no es cierto que habéis utilizado los maravedíes que destinabais a la guerra de Granada- adónde no os dejó ir el rey Enrique- para rescatar cautivos del moro?.

VELASCO.- Por supuesto.

FRAY LOPE.-¿ Y no habéis repartido monasterios por todas vuestras posesiones para que se de gloria a Dios?

VELASCO.- … Pero yo me pregunto…

FRAY LOPE.-¿Qué os preguntáis?

VELASCO.- Si habré realizado tantas obras con el espíritu limpio… o para ser más grande que otros nobles…o pensando sobornar a Dios para que perdone mis muchos pecados.

FRAY LOPE.- Hiláis muy fino, don Pedro… Ese es un asunto entre Dios y vos… Ahora sois una persona humilde… y él lo tendrá en cuenta…(Se oye jaleo afuera) ¿Queréis que pasen los ancianos que van a ser vuestros compañeros de penitencia?

VELASCO.- Sí.., sí… Hacedlos pasar…

FRAY LOPE.-Han venido a buscaros… (Se acerca a la puerta la abre y pasan los ancianos con gran alborozo)

         ¡Don Pedro!

         ¡Cómo vamos a disfrutar de su compañía!

         ¿Se va vestir igual que nosotros?

         Así no se les olvidará encendernos la gloria…

         Antiguo compañero de milicia…

         Poneos el hábito de cartujo…

         Eso, eso…

         etc

         etc (Frases espontáneas de los actores)

         (Entre todos le colocan el hábito semejante al que visten ellos)

                                                        RAP DE POBRES

 

Somos los pobres del hospital

y queremos a don Pedro de general.

Viviendo con nosotros por lo tanto

terminará pronto convertido en santo.

Los padrenuestros a destajo

son nuestro trabajo

para ganarnos

las sopas de ajo

ajo

ajo.

Aquí mantenemos santa paciencia

y todo quisque hace penitencia.

Esa es nuestra ciencia.

Los padrenuestros a destajo

son nuestro trabajo

para ganarnos

las sopas de ajo

ajo

ajo.

Si hacemos los rezos de Santa Clara

la vida del cielo no nos sale cara

Los padrenuestros a destajo

son nuestro trabajo

para ganarnos

las sopas de ajo

ajo

ajo.

         (Entra doña Beatriz y se queda muy asombrada al ver a los ancianos en palacio. Ellos se quedan cortados y termina el rap)

BEATRIZ.- ¿Pero qué es esto?… ¿Quién les ha dado permiso para subir?

FRAY LOPE.-He sido yo.

BEATRIZ.- Pues muy mal, fray Lope… Hoy tenemos preparada una comida de despedida para el Conde.

BEATRIZ.- ¿Y vos, don Pedro? …¿Y qué hacéis de esa guisa?… Todavía no ha llegado la hora.

FRAY LOPE.- No sabía nada.

BEATRIZ.- (A fray Lope) Es una comida familiar…(A don Pedro) y quitaos ese hábito, que hasta mañana no comenzáis la carrera de santo.(Se lo quita ella)

VELASCO.- ¿Y no me lo habíais dicho?

BEATRIZ.- (Misteriosa) Era una sorpresa… (A los pobres) Así que es mejor que salgan todos ustedes y me dejen preparar la mesa.. ¡Hale! (los va echando amablemente)… Y usted también fray Lope… Ya les darán una copita de moscatel en el Hospital, para celebrarlo

VELASCO.- Fray Lope, no.

BEATRIZ.- Fray Lope también… Tiempo tendréis de rezar con él en la celda del hospital… Hoy han venido a Medina todos vuestros descendientes… Y los dos nos vamos a despedir de ellos para siempre… y a solas.

VELASCO.- ¿Todos?

BEATRIZ.- Todos. Hasta el chiquitín, recién nacido.

FRAY LOPE.-.. Yo ya me iba.

BEATRIZ.- Nos veremos por la tarde en la capilla. (Se va fray Lope)… ¡Mencía…!

VELASCO.- Yo… yo también me iba… (Sale)

         (Aparece Mencía con dos doncellas)…

BEATRIZ.- Vamos a poner la mesa… ¿Has traído el mantel de damasco?

MENCÍA.- Por supuesto, señora… El que teníamos preparado para las bodas de Leonor…

BEATRIZ.- Ni me recuerdes aquello… Pero ahora es la abadesa del Monasterio y gobierna la comunidad y las tierras con sabiduría y santidad… Mira qué puntilla…(Ambas miran con deleite los bordados y las puntillas del mantel)

MENCÍA.- Hemos sacado brillo a la vajilla de plata… la que guardáis en el arca… La hemos preparado para este acontecimiento… ¿Os parece reluciente?

         (Las doncellas están poniendo la mesa sin decir palabra mientras ellas hablan. Entran y salen)

BEATRIZ.– (Nerviosa) ¿Ha llegado ya Juana?… Es la última en llegar siempre…

MENCÍA.- Vive muy lejos… y necesita varios días de viaje.

BEATRIZ.- ¿Los músicos?

MENCÍA.- Están ensayando en el patio de armas… Aquí están los cubiertos…

BEATRIZ.- ¿Y mi hijo Ferrando? ¿Ha llegado ya?… ¡Ah!… los tenedores.

         (Las dos van limpiando los cubiertos)

MENCÍA.- Se queda en el convento de San Francisco… …¿Los colocamos o comemos con los dedos como los días de diario?

BEATRIZ.- Pero, ¿Qué cosas dices?… Hoy es más fiesta que una boda…. ¡Comemos con tenedor!

MENCÍA.- Como en Valladolid… Desde que renunció al señorío de Trucíos.., digo, Ferrando, parece otro… No lo conocía con el hábito de monje… (con misterio) ¿Sabéis una cosa?

BEATRIZ.- Qué cosa.

MENCÍA.- Las malas lenguas dicen que el “Buen Conde de Haro” está un poco tocado (Hace un gesto con el dedo )…y que se le cae la moquita…

BEATRIZ.- ¿Eso dicen?…¿Eh?… Cuidado que eres chismosa…Es raro, pero tocado no está … y tú sabes bien que la moquita no se le cae… Lo que pasa es que siempre tuvo los ojos un poco tiernos, y ahora, que es mayor… pues más… Le lloran los ojos… Eso es todo.

MENCÍA.- Si no fuera por mis chismes no os enteraríais de la misa, la media… Si no salís del alcázar…

BEATRIZ.- … Y menos que saldré ahora que deja el mundo mi esposo…

MENCÍA.- ¿Y no os animáis a vivir en Santa Clara?

BEATRIZ.- Mira… Pues no… Prefiero mi casa de toda la vida… Además, María es muy niña y me necesita.

MENCÍA- Echaréis de menos a don Pedro.

BEATRIZ- ¿Qué te voy a decir?…Tampoco se va tan lejos… Desde que se retiró de la corte definitivamente, no hace más que dar vueltas por el castillo… me mira los papeles, los baúles…   Todo me lo refitolea…

MENCÍA- A mí también me controla lo que mando a los criados… hasta en la cocina se mete.

BEATRIZ- No sabe estar en casa… Toda la vida la ha pasado de acá para allá…

MENCÍA- Parece un alma en pena.

BEATRIZ- …Así, que el día que me dijo lo de irse al Hospital, vi los cielos abiertos… Como te lo cuento.

MENCÍA- ¡No me digáis!

BEATRIZ- Va a ser la mejor solución: él se gana el cielo… y yo la libertad.

MENCÍA- Siempre la habéis tenido.

BEATRIZ- Por eso… Acostumbrada a hacer y deshacer en “Las Torres” mientras él estaba en sus campañas, me encuentro ahora con un esposo puntilloso, que todo me lo cuestiona…

MENCÍA- … Es que un marido sin nada qué hacer… todo el día en casa… es agobiante…

BEATRIZ- Antes, al menos, se largaba unos días a controlar como funcionaban otras villas… Pero desde que se cayó del caballo…

MENCÍA- … ¡Cuidado que se lo venía diciendo!: … que esas no son maneras de ir a caballo, don Pedro.., que ya no es usted un mozo.., que a sus años no se puede ir al trote… y mucho menos al galope… Que cualquier día nos viene usted descalabrado…¡Y mira!…

BEATRIZ- Luego, le tuvimos que tener con el brazo en cabestrillo… Ahora le da miedo cabalgar.

MENCÍA- Menos mal que pasa mucho tiempo leyendo y rezando en la capilla.

BEATRIZ- Aun así… Déjale que se vaya con sus pobres… y nosotras podamos seguir a nuestro aire, como toda la vida… ¿No te parece?

MENCÍA.- (A las doncellas) Traed los bancos para que quepan todos… ¿Cuántos van a ser? (Salen las doncellas)

         (Beatriz se pone a contar bajo con los dedos. Entra don Pedro muy contento)

VELASCO.- ¡Huy, huy, huy!… Las cosas que he visto en el patio…y cómo huele la cocina…Estáis en todo, esposa…. ¿Pero para qué tanto despilfarro?

BEATRIZ.- Si con un banquete comenzamos nuestro matrimonio, con un banquete lo vamos a terminar… ¿Os parece bien? (Sigue calculando los comensales con los dedos)

VELASCO.- … Y con una misa…

BEATRIZ.- Que también habrá… Para eso espera en San Francisco el obispo de Burgos. (A Mencía) Habrá que poner otra mesa para los niños.

           ( Sale Mencía)

VELASCO.- ¿Me perdonaréis que os abandone para irme con los cartujos?

BEATRIZ.- Id, don Pedro… Nuestros espíritus seguirán juntos… Además ya me voy haciendo muy rara…y empezábamos a discutir…

VELASCO.- ¿Discutir nosotros?… Si habéis hecho lo que habéis querido siempre…. Si he sido un mandado…

BEATRIZ.- ¡Venga Dios y lo vea!…¡No digáis eso, por favor!… Si toda mi vida la he pasado pensando en daros gusto… ¿Cuándo os he mandado yo?

VELASCO.- Mandado, no… Tal vez no sea esa la palabra correcta… pero organizado… ¡siempre!… Aunque… eso queda entre nosotros… Para todo el mundo seré el “Buen Conde de Haro”… cuando bien me sé que la buena… es mi Condesa…(Se acerca para besarla y abrazarla)

BEATRIZ.- ¡Ay, don Pedro!… (Le da un cachete en la mano) ¡No me seáis verduscón a estas alturas!… ahora que hemos dado por liquidadas nuestras relaciones carnales…

VELASCO.- Que se convirtieron en cuatro hermosos hijos varones y cuatro mujeres.

BEATRIZ.- Tres y media… Que María es una chiquilla todavía….Llegó tarde. Cuando ya no esperaba tener más hijos.

VELASCO- ¿Cuántos hijos hemos tenido?

BEATRIZ- Ni me acuerdo: entre malos partos, sietemesinos, abortos… y los ocho hijos que nos viven, me he pasado toda la vida criando… Y, al final.., esta niña.

VELASCO.- Ella será la alegría de vuestra vejez…

BEATRIZ.- … Y la vuestra… Porque aunque os vayáis a vivir al Hospital, María seguirá tratándoos como debe.

VELASCO.- (Le coge las mano a Beatriz) Me está costando mucho dar este paso.

BEATRIZ.- A tiempo estáis.

VELASCO.- No me entendéis… No os abandono a vos… que sois lo único puro que he conocido… Abandono al mundo.

BEATRIZ.- ¿Qué mundo?

VELASCO.- El mundo de la trampa, de la envidia, de la zancadilla…

BEATRIZ- Habéis puesto muchas.

VELASCO- El mundo de querer estar siempre arriba cueste lo que cueste… aunque haya que sacrificar lo más sagrado.

BEATRIZ- Vos lo habéis sacrificado… Recordad a vuestra hija Leonor.

VELASCO- … Para ser el primero…

BEATRIZ.- ¿Y creéis que abandonar ese mundo es meteros en un hábito de paño prieto y recluíros en las cuatro paredes del hospital a rezar padrenuestros?

VELASCO.- Pues no lo sé, doña Beatriz… No lo sé…

BEATRIZ.- Dios sí lo sabe…Pero se oyen voces afuera. Creo que llegan los invitados… Sentaos.

         (El Buen Conde se sienta y junto a el, doña Beatriz. A medida que van pasando sus descendientes, saludan al patriarca y le besan la mano. Se van colocando detrás de los Condes, cara al público. Música de trompeta. Se abre la puerta. Un paje va diciendo los nombres. Pueden ir desfilando con música apropiada)

PAJE.- Doña María Fernández de Velasco

         (Entra María, la niña, que besa la mano de su padre y se sienta a sus pies. Los demás de quedan de pie. Todo muy ceremonioso).

         Madre María Fernández de Velasco, monja de Santa Clara

         Madre Leonor Fernández de Velasco, abadesa de Santa Clara

         Doña Juana Fernández de Velasco y su esposo el mariscal Juan de Ayala, con sus hijos Juan y Beatriz

         Fray Ferrando Fernández de Velasco, religioso franciscano, señor de Trucíos

         Don Sancho Fernández de Velasco, señor de Arnedo y su esposa María Enríquez de Lacarra, con su hijo Sancho.

         Don Luis Fernández de Velasco, señor de Belorado, y su esposa Doña Ana de Padilla con sus hijas Beatriz y Ana.

         Don Pedro Fernández de Velasco, Condestable de Castilla, y su esposa Doña Mencía de Mendoza, con sus hijos Bernardino, Iñigo y Beatriz.

BEATRIZ.- Aquí los tenéis a todos… Esta es vuestra descendencia…Pero ahora viene lo mejor, amado esposo… Como hay que inmortalizar este momento, he mandado venir de mis tierras de Paredes de Nava…a una promesa de la pintura llamado …¡Pedro Berruguete!… (Al paje de la puerta) Hacedle pasar.

                                                       (Música)

(Aparece Berruguete con su caballete , su paleta y sus pinceles. Hace las reverencias consiguientes y comienza a situarse a modo mientras se empieza a revolver el grupo. Algunos mandan compostura, otros ponen cara de foto …etc.)

NIÑO.- ¿Y vamos a estar así mucho tiempo?

NIÑA.- …Es que me canso…

OTRO.- ¡Qué aburrido!

         etc

BERRUGUETE.- ¿Os cansáis?… Pues, entonces, permitidme que solucione el problema del posado utilizando este artilugio que un amigo mago me ha traído del futuro.

         ( Saca una máquina de fotos actual y dispara con el flash)

TODOS.- ¡¡¡¡Oh!!!

         (Risas mil. Se deshace el grupo.)

                                                      Aplausos

RAP DE VELASCOS

Descendemos todos de Beatriz Manrique

dama muy lista que todo glorifique

no hace falta mucho despotrique

para conseguir que yo me explique

dándole vueltas como un alambique.

Beatriz Manrique casó con un Velasco

sus descendientes formamos un peñasco

menudo chasco

qué vas a hacer

todos queremos tener poder.

Los Velasco tenemos como doctrina

servir al rey

que es de ley

Cuando estamos en Medina

se nos eleva la adrenalina

y tomamos aspirina

cosa fina

qué

divina

Los Velasco tenemos como doctrina

servir al rey

que es de ley.

Y fuera del rey en las cortes de Castilla

solamente en la capilla

le doblamos la rodilla

a la patrona de la Villa

de Medina de Pomar

que es Nuestra Señora

del Rosario

del Salcinar.

FIN

Bilbao, 6-12-2009

Petra-Jesús Blanco Rubio

 

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POESÍA