COLAPSO EN EL CAMINO DE SANTIAGO (La argolla de fierro)

ESCENARIO ARGOLLA                                                                          INTRODUCCIÓN

             EL Camino de Santiago fue uno de los hitos, en los que detenía mis clases de Ciencias Sociales durante los muchos años que tuve la suerte de impartirlas. Desde la reina Lupa hasta que me jubilé había pasado el tiempo suficiente para que en cada curso se trabajara algún acontecimiento que tuviera vinculaciones con él.

         A todos mis alumnos les comunicaba mi admiración por esta ruta místico- turística, que fue capaz de introducir en España lo que se cocía en Europa, cuando aquende los Pirineos andábamos a sablazos, moros y cristianos, y que llevó allende, en el polvo de las sandalias de los peregrinos, la cultura cristiano-musulmana, que aquí se generaba.

             El haberme criado en el meollo de Tierra de Campos,  en Villada, cerca de Sahagún, Grajal, Terradillos de los Templarios, Carrión de los Condes… creo que también ha tenido mucho que ver. Los niños de esas tierras, cuando nos sentábamos en las noches cálidas de verano, en “la piedra” que había junto a la puerta de cada casa, nos distraíamos mirando El Camino en el espejo de las estrellas. Allí encontrábamos perenne, luminosa, recta… mágica… la Vía Láctea que, como brújula celestial, indicaba la dirección a Compostela.

                  En los más de treinta años de vida profesional tuve que girar mucho la interpretación del tema. Sería incomprensible para los adolescentes de ahora, intentar enfocarlo con la religiosidad de los años sesenta. Ni se puede, ni se debe. No es mi pretensión. Del nacional- catolicismo de entonces se pasó a la escuela pública laica. Y padres un poco puntillosos, pueden argumentar que se utilizan asignaturas “asépticas” para impartir una ideología religiosa. Nada más lejos de la realidad, ya que, al márgen de sus creencias, si el profesor quiere repasar cualquier acontecimiento europeo, histórico o literario, no puede olvidar el peso específico del cristianismo durante los últimos dos mil años. El omitir las referencias religiosas, que suelen impregnarlos, daría como resultado una visión mucho más mediatizada que analizándolas. Otra cosa es que cada profesor, inevitablemente, va a tratar la Religión y por consiguiente, la Historia y la Literatura, desde su prisma ideológico particular.

                  El tema del Camino se puede abarcar no solamente desde el punto de vista histórico y geográfico. Puede también ser un motivo inagotable en la clase de Expresión Plástica y en la de Lenguaje, áreas todas ellas que impartí casi siempre simultáneamente, motivo por el cual pude lograr jugosos cócteles motivadores para mantener el entusiasmo de la chiquillada y hacer que consideraran el trabajo como una fiesta.

                  Como todas mis dramatizaciones ésta surgió con los alumnos de Octavo de E.G.B. Fue durante el  1993, Año Jacobeo. Habíamos estudiado la Ruta y cada uno escribió a algún colegio de los pueblos del Camino pidiendo información. Tristemente en algunos lugares ya no quedaban escuelas.  Ahora ya no quedan lugares. De muchos centros nos contestaron y se generó una correspondencia personal, que algunos jóvenes aún mantienen. Los compañeros de un colegio de Astorga nos enviaron un dossier muy completo, en el que se hablaba del “Passo Honroso”. El tema deslumbró a los chicos que se pusieron a investigar. (Estos días, en que reescribo estas anotaciones para incorporarlas a mi blogg, me he encontrado con una antigua alumna, de 45 años, que aún mantiene correspondencia y una sólida amistad con aquella adolescente que colaboró con ella desde un pueblo remoto).

                  Resultó que Don Suero no era una leyenda. Don Suero existió. Se conservan sus poemas ( Nosotros reproducimos uno de ellos). Su hazaña consta en documentos firmados por Pero Rodríguez de Lena, cronista de Juan II. Las fechas en las que se desarrollaron los acontecimientos fueron, exactamente, las comprendidas entre los quince días anteriores y posteriores al de Santiago de 1434.

                  A mí me picó el gusanillo teatral y escribí medio texto en un fin de semana: el primero y último actos. Afortunadamente, no contaba, en aquellos momentos, con demasiada bibliografía, por lo que me pude permitir dejar juguetear a mi imaginación, creando unos personajes que no pretenden ser históricos, aunque he procurado que parezcan verosímiles.

         … Y me olvidé del asunto hasta el año 1998.

                  Cuando retomé los folios, me di cuenta de que la obra estaba coja al faltarle un acto donde se relacionara el “Passo honroso” con el jubileo compostelano: el ir y venir de los peregrinos, sus penitencias, devociones, supersticiones, cansancios, esperanzas y desesperanzas, grandezas y miserias.

                  Lo comenté en familia y mi hijo Alejandro  – de 17 años, entonces- se brindó a continuarla. Su intervención me pareció muy digna. A él se deben el inefable personaje Versículo y el quijotesco Don Alonso; la afición desmedida del Juglar por enriquecerse y todo el diálogo caballeril del segndo acto. Esta es la razón por la que aparece su nombre como coautor del libro.

COPLAPSO EN EN CAMINO DE SANTIAGO fue editado por la editorial CCS con el título “La argolla de fierro”

                                                                             PERSONAJES

                  Los personajes de esta obra, aunque basados en la historia de Don Suero, son todos imaginarios. Tal vez, el más próximo a la realidad sea el propio Quiñones. De hecho, la misma Doña Leonor pertenece a la leyenda ya que, si bien Don Suero casó con una Doña Leonor de Tovar, la historia no asegura que fuera ella la dama que mereció las famosas justas.

                  Como mi pretensión didáctica  es que los alumnos se relacionen con la época- primera mitad del siglo XV-, he hecho intervenir a algunos personajes que pueden configurar la situación histórica del momento. Se pretende que sirvan como pretexto de investigación y, sobre todo, de relación entre acontecimientos. Por supuesto, es una sugerencia para el profesor , que realizará estos trabajos según su criterio. También puede ser muy interesante que, llevados los jovencitos a un altísimo grado de identidad con el paso de la Edad Media al Renacimiento, sean ellos los que busquen otros personajes y sus problemas.

                  En el Torneo, aparecen multitud de peregrinos anónimos. Si nosotros les hemos puesto nombre, ha sido para aclarar los diálogos. Se puede invitar a los actores y actrices a que, si no encuentran ningún famoso histórico al que dar vida, sean ellos y ellas mismas los que realicen el jubileo… Sería una muy hermosa manera de sentir la magia del Camino… Así, cuando, si algún día, llevan a cabo su auténtica peregrinación , podrán vivir tamaña experiencia con otra dimensión.

                  Dicho esto, vamos a intentar dar nuestra visión de los personajes:

DON SUERO DE QUIÑONES– Caballero leonés, de rancio abolengo, pariente de Don Alvaro de Luna, segundo hijo de Don Diego Fernández de Quiñones y de su esposa Doña María de Toledo. Educado en las normas de la Ley de Caballería, héroe de la guerra de Granada… Si bien no sabemos con exactitud su fecha de nacimiento, sí conocemos la de su muerte ( 1458) que, ¡cómo no!, estuvo relacionada con su famoso “Passo Honroso”, ya que fue por la lanzada del caballero Gutierre de Quijada, que le juró rencor eterno tras su derrota en Órbigo.

         Como Don Suero ya forma parte de la leyenda, tiene a sus espaldas múltiples interpretaciones de su hazaña, que van desde la mas gloriosa gesta hasta una fanfarronada de señorito feudal… Dejémosles a los intérpretes- estudiosos del tema con la puerta abierta a la investigación y a la polémica.

DOÑA LEONOR DE TOVAR– Esposa que fue de Don Suero. No se sabe mucho de ella, y mucho menos que fuera la dama que le pidió las trescientas lanzas. Suponemos que  nos sería tan caprichosa ni tan soberbia . Seguramente sería una buena mujer, bastante más equilibrada y sensata que la que hemos retratado. Que nos perdone desde el cielo.

PADRE- Personaje histórico. Don Juan de Tovar, señor de Cevico de la Torre, fue documentalmente comprobado, el padre de Doña Leonor.

MADRE- Totalmente ficticia. Nos hemos imaginado una madre enormemente consciente de encontrase  a caballo entre dos culturas: la medieval, que se acaba y la renacentista, que llega a León, por  el Camino Francés, a través de los mensajes de tantos peregrinos que se acercan desde Europa. Situación prácticamente imposible.

LISA Y GUIOMAR– Hermanas imaginarias de Doña Leonor. Se meten mucho con ella que, en verdad, es la única que tiene un galán rendido de amores, y la envidian un poquito.

DUEÑA– Charlatana, entrometida, celestina, servil… Todas estas cualidades y muchas más tienen las dueñas que acompañan a las jovencitas de la época y les abren los ojos a la vida. La dueña es querida y temida, porque sabe los secretos de todos y a todos puede manejar a su antojo: ningún habitante del castillo o palacio escapa a su control.

VERSÍCULO– Entre escudero y bufón. Ese personaje que no falta en cualquier momento importante y que siempre está de más. En este caso, con el agravante de su desmedida y desafortunada afición a la poesía. Papel idóneo para ser representado por ese alumno simpático y holgazán de cuya recuperación se preocupan todos los profesores sin conseguirla. Esta actuación puede ser el toque de gracia que cambie su vida.

JUGLAR– Sin duda el protagonista de la obra. Su presencia tiene que llenar el escenario. Su actuación debe ser enormemente teatral, como si se hubiera escapado de La Comedia del Arte: con gestos exagerados, con modulaciones de voz, de acuerdo con el momento.., con silencios oportunos… El juglar se tiene que meter al público en el bolsillo. (Posiblemente haya que ensayar muchos ratos a solas con él para conseguir todos los matices que requiere)

         La elección de este actor hay que hacerla con mucho tacto y sin prisa. No es necesario que tenga una figura apuesta, que puede tenerla, pero sí magnetismo personal. Posiblemente se peleen por el papel todos los alumnos más decididos, y la elección puede resultar difícil. Nuestro criterio sería el de escoger a muchachos anodinos, en lugar de los sobresalientes, y descubrir en ellos cualidades humanas y dramáticas inéditas hasta el momento. Aconsejamos no decantarse por ningún actor definitivo hasta que casi se vaya a representar la obra: cada vez se puede ensayar con un Juglar diferente… y los mismos compañeros darán el mejor veredicto final.

DON ALONSO– ¿Verdad que parece un antepasado de Don Quijote? Eso hemos pretendido al crearlo y así lo debe representar el actor.(Para identificase con él se puede ver la magnífica interpretación televisiva de Fernando Rey, que no puede faltar en la videoteca de ningún centro de enseñanza… ya que hoy no encontraremos a ningún alumno que sea capaz de leer a Cervantes si no es bajo amenaza de suspenso)

GINÉS– El mismísimo ancestro de Sancho Panza. (Observar y aprender de Alfredo Landa).

PEREGRINOS ANÓNIMOS: MARTÍN, EL ABATE JOAN, JORGE, MÓNICA, MARÍA, TEOBALDO, TERESA, MARCOS, ENEKO, FABIO Y EUGENIA... Pueden ser estos mismos, muchos más o menos, según el número de alumnos del curso. Cada uno tiene una personalidad diferente, que tiene que asumir el actor o la actriz. Así, Joan se ha de comportar como un clérigo, Fabio y Eugenia como señores…, y al resto, se le puede buscar una manera de comportarse de acuerdo con lo que dice en la escena.

ARNALDO– Caballero aventurero histórico, que figura en las crónicas.

GUTTENBERG– … El pobre venía desde Maguncia a pedirle a Santiago iluminación para acabar de inventar un artilugio con el que escribir libros a gran velocidad… Nos han asegurado que lo consiguió en 1456.

FLUGGER– El último personaje que aparece en la obra. Totalmente imaginario.

LIS– La autora tiene debilidad por Juana de Arco. Le parece uno de los seres más fascinantes que pueblan los libros de Historia… No puede creerse que todo lo que se testificó sobre ella sea real… Pero, sin duda, es hermoso…

         No había posibilidades de transportarla al Passo Honroso, ya que había ardido en la hoguera, en medio de la plaza de Rouen en 1431, es decir, tres años antes de que ocurriera esta aventura. Gracia a Lis, su corazón carbonizado le da fuerza a Don Suero de Quiñones.

                                                                                 ACTO I

         Salón de un palacio renacentista de León . En escena una madre y una dueña con varias jóvenes, que cosen y bordan. Con ellas, Versículo, un jovenzuelo escudero del señor de Tovar, que tiene la poética costumbre de hablar siempre en ripios, por cierto, malísimos. Versículo, que tiene un laúd en la mano y toca acompañando a las damas, se cansa de la música y mira por la ventana. Al levantarse el telón, las jóvenes están cantando un romance que puede ser el del Conde Olinos.

MUJERES: (Cantando) No le mande matar, madre

                                   no le mande usted matar

                                   que si mata al Conde Olinos,

                                   a mí la muerte me da.

GUIOMAR: ¡Qué bonito tiene que ser morir de amor…!

LISA: …Como Don Suero, Leonor, que dice estar preso de amor por ti.

GUIOMAR: …Y tan preso!… Fíjate que todos los jueves aparece por aquí, con una argolla de fierro al cuello, en señal de cautiverio por nuestra hermana.

LISA: (A Leonor) Y que dice que no se piensa quitar hasta que le concedas tu amor…

DUEÑA: ¡Hermosa juventud!

LEONOR: Pues, por mucha argolla que se ponga y mucho que diga que está loco por mí… ¡no me gusta!

MADRE: ¡ Niña: no sé qué quieres!… Don Suero de Quiñones es galán, buen mozo, joven y rico… Pariente de Don Alvaro de Luna, Condestable de su Majestad Don Juan II. Honra de caballeros leoneses, dispuesto a llevarte al altar… y tú… no le haces caso.

LEONOR: ¡Pues antes de casarme con él, me meto monja!

DUEÑA: ¡Señor… Señor! (Santiguándose)

VERSÍCULO (Mirando por la ventana) :

                          Oigo en la calle un murmullo

                          y se produce un barullo.

                          (Nadie le hace caso)

PADRE: (Apareciendo en escena) ¡Ni se te ocurra!. El padre de Don Suero y yo hemos apalabrado vuestro matrimonio desde que erais niños y vamos a cumplir ese pacto. (El padre se acerca hacia un gran sillón majestuoso que hasta ahora estaba vacío y, pausadamente, se sienta en él)

         Versículo, ¿Has terminado la caperuza?

VERSÍCULO: De cuero blando y labrado

                          el azor de mi señor,

                          tiene ya su caperuza

                          con un mechón colorado.

         (Busca la caperuza y se la enseña a Don Juan)

PADRE: Hermosa es. Cuando salgamos esta tarde a probar el azor nuevo, no te olvides de llevarla.

VERSÍCULO: Ni el halconero real

                          lleva halcones tan galanes

                          como Don Juan de Tovar.

PADRE: Lárgate, perillán… No me des coba… (A Leonor)

         Y, a ti, ¿qué te pasa, hija?

LEONOR: (Sentándose, mimosa, a los pies de su padre)… Es que… a mí no me gustan los galanes poetas, que hacen cosas extrañas por amor, como ponerse argollas en el cuello.

VERSÍCULO: La poesía es muy hermosa

                          Nadie inventó mejor cosa.

PADRE: ¿Qué te gusta, pues?

LEONOR: (Soñadora) A mí me gustan… los guerreros valientes, que montan a caballo con brillante armadura.., y llegan al palenque de las justas con su lanza en ristre, derribando a todos sus rivales…

PADRE: Don Suero ha demostrado, en la guerra de Granada, ser una de las mejores lanzas de la cristiandad.

LEONOR: En la guerra ha luchado por el rey… yo quiero que luche por mí en justas y torneos.

VERSÍCULO: Esos guerreros valientes

                              en las justas pierden dientes.

MADRE: (Santiguándose) ¡Hija, qué cosas dices!… Eso ya casi está en desuso.

DUEÑA: ¡Señor… Señor!

GUIOMAR: …Y luego, le devuelven a su dama el pañuelo atado a la lanza del enemigo… (Con mucha guasa)

VERSÍCULO: En la lanza ata el pañuelo

                          que servirá de señuelo.

DUEÑA: ¿Te quieres callar de una vez, pesado?

VERSÍCULO: Está bien, dueña gordita,

                                   me callaré la boquita.

LISA: Para que todo el mundo pueda comentar cuán bella era…

GUIOMAR: …Y qué lindo vestido traía…

LEONOR: ( Ella sigue con lo suyo) ¡Naturalmente!. Si Don Suero venciera en torneos, yo sería la doncella más admirada de todo León.

DUEÑA: …¡Presumida!

MADRE: En cambio, Don Suero te escribe poemas, que es más moderno. Como el que te envió hace unos días… y que conservo en mi libro de oraciones.

GUIOMAR: ¿Éste? (Saca un papel del libro que puede estar sobre alguna mesa ) ¿Me dejas que lo lea?

LEONOR: Por mí… como si te lo aprendes de memoria…

LISA: Pues yo ya me lo he aprendido. Escuchad:

                          “Decidle nuevas de mí

                          e mirad si habrá pesar

                          por el placer que perdí.

                          Contadle la mi fortuna

                          e la pena en que yo vivo

                          e decid que soy esquivo

                          que non curo de ninguna.

                          Que tan fermosa la vi

                          que m’oviera de tornar

                          loco el día que partí”IES LAS Heras

MADRE: (A su marido) A mí no me decíais esas cosas, Don Juan.

PADRE: (A su mujer) Andad, andad… aquellos eran otros tiempos y no se llevaban estos requiebros

MADRE: Es verdad. Nosotros éramos todavía unos góticos, y no usábamos estas modernidades.

PADRE: ¿Os imagináis, Doña Clara, lo que hubieran dicho los caballeros de Castilla si alguno de ellos hubiera manifestado ternura por su dama?… Nos la teníamos que callar… y aparentar rudeza y poderío… Al menos en público…. Pero, en privado… vos sabíais que os amaba…

MADRE: Es cierto… y como no sabíais escribir poemas , me leíais romances caballerescos… ¡Qué suerte habéis tenido, hijas, de que haya venido a Castilla la poesía amorosa de los provenzales y gallegos, que abre las puertas del castellano al amor y a la esperanza.

PADRE: … Por eso, no entiendo a nuestra hija. No es capaz de enamorarse. (A su hija) Eres una frívola, Leonor. Don Suero no se merece eso: él te quiere de verdad.

LEONOR: ¡ Es que yo soy muy gótica!

LISA: Aunque ella dice que no le gusta la moda, y que lo que desea son torneos, ya cada vez más   en desuso… Realmente su comportamiento, al ponerse tan interesante, es completamente moderno… ¿Sabes que te digo, Guiomar?… (Con malicia, a su hermana) Que nuestra hermana no es tan gótica como quiere aparentar…

MADRE: ¿Gótica tu hermana? ¡ Eso yo, que ni me atrevo a bañarme por no ver mi cuerpo desnudo y que me casé con quien quiso mi padre… Y sin rechistar!… Las mujeres góticas no necesitábamos tantas contemplaciones…

GUIOMAR: ¡Qué va a ser gótica…! Si lo fuera no cuidaría tanto su belleza ni se pondría ricas joyas ni se perfumaría … ni siquiera sabría tocar la cítara o escribir poesías.

DUEÑA: … Se pasaría el día rezando por la salvación de su alma …

LISA: … Y no leería esos libros florentinos, tan pecaminosos… como ese Decamerón, que no tiene más que verduscadas.

DUEÑA: … ¡Anda, calla,… que bien os gusta a las tres !

GUIOMAR: Y a ti también, dueña. Y como tú no sabes, nos pides que te lo leamos.

LISA: Yo creo que nuestra hermana es un poco rara.

LEONOR: ¡Basta ya! ¿Me queréis dejar en paz?

MADRE: Calma, hija. No te irrites. Hoy es jueves y pronto vendrá Don Suero a visitarte y pedirte tu amor. No seas esquiva con él.

LEONOR: (Resignada) Lo que vos mandéis, madre. (Se asoma a la ventana con aire de enfado. Mientras mira se comienza a oir música de juglar. Puede cantar cualquier romance)

LISA: ¿Qué pasa afuera?

VERSÍCULO: Versículo había avisado

                          que el juglar era llegado.

LEONOR: Guiomar, Lisa: venid, escuchad. ( Dejan de bordar. Se asoman las tres a la ventana)

GUIOMAR: ¡Los juglares!

VERSÍCULO: Los amores de Leonor

                          desviaron la atención.

LISA: Dueña: ¿Tú crees que madre nos dejará salir a la calle?

DUEÑA: Desde luego que no. La calle no es para doncellas nobles, sino para mozas villanas.

GUIOMAR: Pero, así nos quedaremos sin conocer los romances de moda, y no podremos cantarlos…

LISA: Ya estamos hartas de tanto Conde Olinos

GUIOMAR: Y de ese de… Fontefrida, Fontefrida,

                                   Fontefrida y con amor,

                                   de todas las avecicas

                                   van tomar consolación

                                   si no es la tortolica,

                                   que está viuda y sin amor… (Lo recita en tono de burla)

VERSÍCULO: “Que está viuda y con dolor”. Que no te lo sabes todavía. La repites noche y día y no la aprendes ni por favor.

GUIOMAR: Madre: ¿Por qué no le decís a la dueña que haga subir al juglar?. Así nos cantaría todo el repertorio a nosotras solas…

MADRE: Está bien. Dueña: idos y dadle esta moneda al músico. (Saca una moneda de su faltriquera y se la da a la dueña). Decidle que suba al palacio en cuanto acabe su canción.

LISA: Madre: ¿nos dejáis acompañar a la dueña… ?

GUIOMAR: … Que no nos separamos de ella… de verdad…

DUEÑA: Dejadlas, Doña Clara. Respondo de que no se van a separar de mí.

MADRE: … Bueno… pero no me zascandileéis por ahí.

(Rectificando) Podéis salir Lisa y Guiomar. Leonor: tú te debes quedar conmigo, que Don Suero está al caer.

VERSÍCULO: Con Versículo, las bellas,

                          volverán siendo doncellas.

(Se levanta para acompañarlas muy galantemente)

GUIOMAR: ¡Qué gentil… ! ¡Ay, si fueras un hidalgo…!

(La dueña sale con las jóvenes y Versículo Al salir, y entre bastidores,parece que tropieza con Don Suero. Entra corriendo a dar la noticia )

DUEÑA: ¡Ay, Virgen Santa!… ¡Mi señor Don Suero! (Vuelve a salir)

DON SUERO: (Entre bastidores) Dueña: ¿Puedo ver a mi amada Doña Leonor?

DUEÑA: Por supuesto… Pasad, caballero… Os está esperando. (Alto. Para que se prepare Leonor) ¡Doña Leonor: Don Suero os reclama!

LEONOR: ¿Qué hago yo?. ¿Qué le digo? …¿otra vez que no le quiero? (A sus padres) ¡No os marchéis, por favor! ¡No me dejéis sola con él!

(Leonor se sitúa, muy digna en medio del escenario).

(Entra Don Suero de Quiñones. Es un joven de veinticinco años. Tiene todas las características de caballero renacentista: es esbelto, cortés y refinado. Por si esto fuera poco, está perdidamente enamorado de Leonor y hace gala de ello)

DON SUERO: ¡Doña Leonor!… Amada mía.

LEONOR: (Alarga la mano, que Don Suero besa. Está fría y distante) Don Suero…

DON SUERO: (Reverencias a los padres de Leonor) Don Juan… Doña Clara…

PADRE: Celebro que vengáis. Vuestra presencia y vuestra galanura pronto prenderán el amor de mi hija Leonor, para que consienta en ser vuestra esposa.

LEONOR: Yo solamente seré la esposa del más glorioso paladín del reino de Castilla.

DON SUERO: ¿Qué he de hacer yo, amada mía, para que me admitáis como tal? ¿No os vale mi prisión de amor, que me obliga a llevar esta argolla para demostrar que soy vuestro esclavo?

LEONOR: ¡No!

DON SUERO: ¿Cuál es el precio que ponéis a mi rescate?

LEONOR: (Pensando)… Pues… Habréis de traerme…

DON SUERO: Decid, decid.

LEONOR:… trescientas lanzas obtenidas en combate… con otros tantos trescientos caballeros… ¡que han de venir a rendirse ante mí! ¡Eso!

PADRE: ¡Leonor!

MADRE: ¡Hija!. ¿Qué estás diciendo?

PADRE: ¡Trescientas lanzas!… ¿Tú sabes lo que dices? Eso es imposible. No hay caballero en Europa capaz de batirse trescientas veces sin morir en la liza.

LEONOR: ¡Si no recibo las trescientas lanzas, no seré su esposa!

DON SUERO: Difícil es el empeño. Pero mi amor lo superará todo, Leonor: trescientos caballeros derrotados doblarán ante vos su rodilla y os entregarán su lanza.

PADRE: Don Suero, no estáis obligado a cumplir esa orden. Mi hija Leonor será vuestra esposa porque así está establecido. Ella me obedecerá.

DON SUERO: No, Don Juan. El pacto entre mi padre y vos es muy respetable, pero a mí no me basta. Si Doña Leonor no me ama, de nada me sirve que sea mi esposa.

PADRE: ¿Vos creéis que, después de rendir a los trescientos caballeros, se rendirá ella? ¡Mirad que es muy suya!

DON SUERO: Cada lanza que yo rompa, cada caballero que se postre a sus pies, le traerá un mensaje de amor. Trescientas veces recibirá mi mensaje. No será tan duro su corazón como para no amarme después.

DUEÑA: (Entrando con el juglar y Versículo. Detrás, muy gozosas, Giomar y Lisa) Entrad, muchacho. Aquí. Estamos deseando oíros.

LISA: ( A su hermana) Parece que a la gente no le ha gustado mucho que les arrebatáramos al juglar.

GUIOMAR: Ya volverá a ser suyo cuando nos cante las novedades.

VERSÍCULO: Viene como peregrino.

                            Trae romances del Camino.

JUGLAR: Buenas.

PADRE: Buenas, rapaz. ¿Sois, acaso, el juglar que hace un rato cantaba en la cañada?

JUGLAR: El mismo.

MADRE: ¿Cómo os llamáis?

JUGLAR: Juan del Mundo.

DUEÑA: Extraño nombre.

LISA: ¿De dónde sois?

LEONOR: ( A la vez) ¿Cuál es tu patria?

GUIOMAR:(A la vez) ¿Quién eres?

PADRE: (A la vez) ¿A dónde vais?

JUGLAR: Los juglares somos de ninguna parte y de todas partes. No tenemos patria, y en todas las patrias somos bien recibidos. No tenemos historia, y cantamos bellas historias… Solamente vamos y venimos.

DON SUERO: ¿De dónde venís?

JUGLAR: Vengo de París. Voy a Compostela.

LEONOR: ¿Tenéis una promesa?

JUGLAR: Los juglares, como no somos caballeros sino rufianes, no cumplimos las promesas. Solo las cantamos.

MADRE: Y, si no tenéis promesa ni voto que cumplir, ¿Qué os lleva a Compostela?

JUGLAR: Está a punto de comenzar el año de Dios de 1434, que es año Jacobeo, y media Europa se viste de romera para cumplimentar al Señor Santiago. Los peregrinos van en grupos numerosos: hay caballeros, monjes, damas encopetadas, menestrales, estudiantes… Y toda suerte de aves rapaces, como mendigos, ladrones, pícaros, bailarinas… y muchos más… Como los juglares.

DON SUERO: (Pensativo) ¿ Todos han de pasar por la misma calzada?

JUGLAR: Todos. Todos viajan bajo la Vía Láctea, que está señalada en el cielo con polvo de estrellas.

PADRE: La Vía Láctea atraviesa las tierras de León de Este a Oeste, y por eso, los peregrinos han de pasar por aquí.

MADRE: Para descanso y cuidado de peregrinos se han edificado hostales y albergues por todo el reino.

JUGLAR: Pero el Camino comienza muchas leguas arriba, en el centro de Europa, por varias rutas que, atravesando los Pirineos por Jaca y Roncesvalles, se unifican en Puente la Reina, desde donde solo queda una Calzada.

LISA: Que es la que pasa por aquí.

JUGLAR: Efectivamente.

DON SUERO: ¿ Y, decís que viajan muchos caballeros para cumplir el voto?

JUGLAR: Muchos. Algunos van con sus escuderos y todo. Son muy devotos y se juntan para rezar. El otro día dejé a un grupo muy numeroso en la ermita de la Virgen del Camino haciendo sus oraciones.

DON SUERO: Y… ¿van armados?

JUGLAR: Normalmente, no. Llevan el traje de peregrino con el bordón y la calabaza.

DON SUERO: (Pensando) … Y, ¿si se les invitara a un torneo, vos creéis que acudirían?

JUGLAR: ¿Por qué no? Sería glorioso añadir una aventura caballeresca a todas las que, habitualmente, se encuentran en el Camino.

DON SUERO: (Entusiasmado) ¿Sabéis escribir?

JUGLAR: Los juglares sabemos de todo.

DON SUERO: Dueña: traed recado para escribir. (Al padre) Don Juan: ya tengo resuelto el problema de las trescientas lanzas.

DUEÑA: Versículo, trae papel, tinta y pluma.

VERSÍCULO: Esta dueña se ha pensado

                              que yo estoy para recados. ( Mutis)

DON SUERO: Me batiré con todos los caballeros que peregrinen a Compostela.

MADRE: ¿Solo?

DON SUERO: No, por Dios. Cuento con amigos tan buenos luchadores como yo, y no me será difícil encontrar otros nueve para formar un buen equipo.

PADRE: Los peregrinos no portan armas. Caminan orando y haciendo penitencia. No querrán luchar.

DON SUERO: Si son caballeros tendrán que hacerlo. Buscaré un lugar estratégico y nadie que vaya o venga podrá librarse de mi embestida. (Pasea por la sala meditabundo pensando dónde puede retar a los peregrinos)

DUEÑA: ¡Señor… Señor!

(Llega Versículo con tinta y plumas de ave y un papel que coloca al juglar sobre una mesa. El Juglar se sienta y se prepara para escribir)

DON SUERO: (Al juglar) ¿Estáis preparado?

JUGLAR: Naturalmente.

DON SUERO: Escribid:(Dicta paseándose por el escenario. Los demás le escuchan perplejos)

         “El caballero Don Suero de Quiñones, paladín de la dama Doña Leonor de Tovar, reta a los caballeros de todos los reinos de Europa que peregrinen a Compostela a un torneo sin igual, en el puente…

JUGLAR: … No corráis tanto…

DON SUERO:… de San Marcos de Órbigo, a seis leguas de León y a tres de Astorga, donde se levantará un palenque…

JUGLAR: Esta pluma se atasca.

DON SUERO:… para presenciar las justas, que se llevarán a cabo por el mismo Don Suero, y nueve compañeros más. (A Doña Leonor)   ¿En qué fecha os apetece, mi dama?

LEONOR: (Déspota y displicente) Cualquier fecha es buena para recibir homenajes.

MADRE: El verano es la mejor época. La romería hacia Compostela no desfallece.

PADRE: Don Suero, hijo, si realmente queréis obedecer a esta insensata, debéis hacer las cosas con seriedad… Primero hay que pedir permiso al rey. Y llevar esta convocatoria a todos los reinos de Europa requiere un tiempo… No seáis tan fogoso. Esperad.

VERSÍCULO: Don Suero con tanta priesa

                                ha perdido la cabeça.

DON SUERO: No puedo esperar. Vamos a comenzar un nuevo jubileo y hay que aprovechar la avalancha de peregrinos. (Al juglar) Continúa… (Sigue dictando) “ entre el 10 de julio y el 9 de agosto del año Jacobeo de 1434… Dicho caballero espera que el paso de este puente sea, para el mundo, el passo más honroso del Camino de Santiago”.

PADRE: ¿Y pensáis organizar todo eso por la loca de mi hija?

DON SUERO: Su hija ha puesto mi honor y el de mi linaje en tela de juicio… y le juro que su hija tendrá las trescientas lanzas rendidas… ¡Por… Quiñones, que las tendrá!

DUEÑA: ¡Así se habla, Don Suero!

JUGLAR: ¿Quién pregonará este mensaje?

DON SUERO: Vos mismo.

JUGLAR: ¿Yo, Don Suero? Imposible. Los juglares damos las noticias cantando.

DON SUERO: ¿Hay algo que llegue más lejos que la música?. Búscate un ejercito de juglares que recorran Europa anunciando mi reto. ¡La familia de los Quiñones es la que paga!

VERSÍCULO: Don Juan, señor excelencia,

                               Versículo ha de ayudar

                                a pregonar al Juglar.

                               ¿Me permitís una ausencia?

PADRE:   Desde luego.

JUGLAR: A ver que se me ocurre: (Coge el laúd o cualquier instrumento que pueda parecer propio de la época y canta)

         En el puente de San Marcos

         que hay sobre el río Orbigo

         Don Suero, el de los Quiñones,

         está cautivo de amor.

         A trescientos caballeros

         ofrece la invitación

         de luchar en un torneo

         en las tierras de León,

         para entregar a su dama,

         llamada Doña Leonor,

         trescientas lanzas rendidas

         en justa competición.

VERSÍCULO: (Le coge el laúd al Juglar y continúa él)

         Caballeros peregrinos

         caballeros romeros

         tened prestas vuestras lanzas

         sobre el puente de Orbigo,

         Allí os esperan diez hombres,

         los mejores de León

         para entregar a una dama

         lanzas rotas en su honor.

(Mientras el juglar canta, se han ido acercando a él todos los personajes que había en el escenario y aplauden mientras cae el

                                                             TELÓN

                                                     ACTO II

                  Este acto se desarrolla en el puente de Órbigo. El puente no se ve. La acción está situada detrás del palenque donde se celebran los torneos. (Puede ambientarse el escenario con unos biombos que representen la empalizada trasera.)

                  Están a punto de comenzar los combates. Ya hay muchos caballeros que han acudido voluntariamente a luchar. Ahora falta cubrir los huecos con todos aquellos que, desconociendo la convocatoria, acuden, ingenuos, a Santiago.

                  Nuestro amigo el Juglar, después de pregonar la noticia a los cuatro vientos, ha decidido tomar parte activa en los acontecimientos usando el arma que mejor sabe utilizar: la astucia. Para ello se ha montado un tenderete en que alquila corazas, cascos, petos, espalderas, viseras, lanzas…, y hasta caballos a todos aquellos caballeros- peregrinos que, cogidos “in fraganti” son obligados a batirse con Don Suero o con alguno de sus nueve amigos. Por supuesto, le acompaña otro personaje muy peculiar: el bueno de Versículo que continúa dándole a la poesía con la misma mala fortuna que cuando vivía en el palacio de Don Juan. A la derecha se encuentra el Juglar detrás de una mesa, dando a entender que tiene un puesto montado que continúa más allá del escenario. El escudero Ginés entra por la izquierda, y el Comendador de la Orden de Santiago, Don Alonso, le sigue con elegancia y dignidad. Al verle el Juglar comienza.

JUGLAR: ¡Caballeros de Europa, que lleváis el honor hasta Santiago de Compostela! ¿No querríais demostralo en unas justas con los hidalgos más selectos de todos los lugares conocidos?

DON ALONSO: (Se pasea curioso por el escenario mientras habla el juglar) Por favor, joven… ¿Qué estás pregonando? ¿Algún torneo?

GINÉS: Mi señor… Llevamos horas de camino… Tenemos que llegar a Astorga… ¿No se pensará meter en otra desventura que nos lleve aún más a la ruina?

DON ALONSO: Calla, necio. Deja al joven al menos informar, que aunque no vayamos a inscribirnos pueda llevar orgulloso a casa el jornal merecido por un buen trabajo.

JUGLAR: En realidad yo no me llevo jornal, y tampoco tengo casa fija a donde llevarlo. Soy juglar. Veréis vos: Un intrépido señor llamado Don Suero de Quiñones quiere vencer en passo honroso sin igual a trescientos caballeros de todos los lugares, que vengan a Santiago, para conseguir el amor de su amada.

GINÉS: Buena idea ha tenido ese Don Suero.

JUGLAR: En realidad, la idea ha sido de la amada.

DON ALONSO: Suena interesante eso de vencer a un gran número de hidalgos.

JUGLAR: ¿Estáis interesado en formar parte de las justas?

DON ALONSO: Soy caballero de la Orden de Santiago y debo controlar los avatares que se produzcan en el Camino. ¿Tiene permiso, ese Don Suero, para tamaña aventura?

JUGLAR: Permiso del Rey Don Juan II, firmado por su ministro Don Alvaro de Luna.

DON ALONSO: ¿Dónde y cuándo ha conseguido ese permiso?

JUGLAR: Aquí lo tenéis, señor. Clavado en el tronco de ese árbol. Leed.

DON ALONSO: (Toma el papel y lee) Bien. Está firmado por el Rey el 2 de enero de 1434, en Medina del Campo.

JUGLAR: ¿Os interesa, ahora, formar parte de las justas?

GINÉS: Decidme que no, señor, no vayáis a caer en otra vez en la misma piedra.

DON ALONSO: No debo. Las reglas de mi Orden ponen en entredicho lances de honor por dama alguna. Nuestra misión no es alardear en justas sino ayudar a los peregrinos que cumplen voto, y luchar contra el infiel.

JUGLAR: (Insistente) Yo me encargo de repartir las armaduras y los caballos. Bajo un módico precio, claro está.

DON ALONSO: Noble trabajo el tuyo, ofrecer los materiales y los caballos para el contrincante de Don Suero. Pero… decidme… ¿No será esto una argucia de ese hombre para dar a sus enemigos peor calidad en los productos?

JUGLAR: ¿Usted debe ser muy inteligente, eh? Pero Don Suero es un hombre honrado ante todo. Se lo aseguro. La verdad es que, aunque podría yo haberme juntado con él para maquinar sucios planes, su honor no ha sido manchado. Señor caballero, permítame recordar unas palabras que solía decir mi abuelo, el popular Micer Cabal de la Decencia, “Unas justas han de ser justas, como su propio nombre indica”.

DON ALONSO: Tiene razón, por encima de todo.

         (Entra Don Pedro con Versículo)

DON PEDRO: (Muy enfadado) ¿Cómo, demonios te atreves a insultarme así? ¿Me has tomado por tonto?

VERSÍCULO: Caballero, le ruego disculpe mi error…

DON PEDRO: ¡No hay posible disculpa para esta estafa!

VERSÍCULO: Calma, calma, señor… No hay problema que no tenga solución.

JUGLAR: (Bajo, a Versículo) ¿Te ha salido mal?

VERSÍCULO: (También bajito) Aún no sé mentir.

JUGLAR: Ya aprenderás con la experiencia.(Volviendo al tono normal) ¿Pueden explicar lo que ocurre?

VERSÍCULO: Este valeroso caballero me ha consultado los precios de alquiler de material, pero no necesitaba caballo por tener ya varios. Decidió aceptar el trato, cuando se dio cuenta, gracias a su visible astucia, de que yo había olvidado sustraer el valor del equino animal en el precio definitivo.

JUGLAR: (Haciéndose el ofendido) ¡No habrás osado cobrárselo!

VERSÍCULO: ¡No, por Dios!

DON ALONSO: Me ofrezco a dar un veredicto, debido a estar en un punto neutral: Opino que la cosa se ha resuelto por sí sola. Este caballero no ha perdido dinero alguno, ya que le ha sido devuelto… Y el joven mercader se ganará una buena reprimenda por su error.

DON PEDRO: Estoy de acuerdo con la sentencia. Pero este joven, que se llama…

VERSÍCULO: Versículo… que rima con…

DON PEDRO: (Atajándole). ¡No lo digáis!. Yo no le voy a pedir rimas. Solamente pretendo que, para mayor penitencia, habéis de cuidar mis caballos los días que permanezca retenido en este lugar.

VERSÍCULO: No es que se me den muy bien los caballos, que pueden ser bayos. ¿Son aquellos que pastan de soslayo?

DON PEDRO: Los mismos.

VERSÍCULO: Adiós, amigos. Adiós, desconocidos. Adiós a los poderes caballeriles que nos defienden del enemigo. (Mutis por el foro)

         (En este momento aparecen por detrás del patio de butacas unos peregrinos, en fila, cantando una letanía religiosa. Puede ser la letanía de los santos o la de la Virgen. Por supuesto, en latín. Todos van muy serios y ceremoniosos. Comienza el desfile un fraile, Joan, con un bastón muy largo, en forma de cruz. Esta cuadrilla ha de dar acogida teatral a cuantos chicos y chicas del curso no tengan un papel específico en la obra. Tanto el Juglar como Don Pedro, Don Alonso y Ginés se percatan de su presencia).

GINÉS:     Mi señor: ¿No oís rezos de penitentes? ¿Es que hay almas en pena en este Camino?

JUGLAR: Presiento que está comenzando a llegar el público que llevará a los cuatro vientos el resultado de estas competiciones.

GINÉS: ¿Tú crees?

JUGLAR: (A voces) ¡Eh, romeros! ¡Alto! No se puede pasar.

MARTÍN: ¿Qué ocurre?

JOAN: Somos peregrinos y ésta es la calzada que conduce a Compostela.

EUGENIA: ¿Por qué no se puede pasar?

JORGE: ¿No estamos llegando al puente de San Martín de Órbigo?

JUGLAR: Por eso. Porque estamos en el puente de Órbigo y porque estamos en el mes de Julio del año de Dios de 1434.

JOAN: ¿Y qué tiene que ver eso con nuestra peregrinación?

         (Tanto esta conversación como las posteriores y, en definitiva, toda esta escena puede y debe ser alterada y modificada por los actores. Es el momento óptimo para que los alumnos aporten intervenciones personales. Cada uno de ellos puede haber tomado la identidad de un personaje de la época y actuará de acuerdo con su estado y condición).

JUGLAR: Precisamente tiene mucho que ver. Porque todos los caballeros que quieran atravesar el puente tienen que luchar en buena lid.

PEREGRINOS: Nosotros no queremos luchar.

  • Tenemos que cumplir una promesa.
  • Yo quiero llegar a Santiago
  • Dejadnos pasar.
  • ¿Nos estás tomando el pelo?
  • etc.

JUGLAR: Calma… calma… Todos vais a cruzar el puente, y echar una piedra en la Cruz de Fierro, y asomaros al Monte del Gozo. ¡Faltaría más!… Pero antes tenéis que ser espectadores de un singular encuentro entre caballeros. Dejad todos vuestros hatillos y alforjas para descansar un rato. (Dejan todos sus equipajes en un rincón)

         (En alta voz) Versículo: trae una cántara de agua para estos sedientos peregrinos.

VERSÍCULO: (Entrando, con un cántaro, botijo u otro recipiente de barro)

         Aunque no tenemos vino,

         porque es jueves penitente,

         para la sed del Camino,

         vale el agua de la fuente.

         (Beben todos, con la mayor teatralidad posible. Pueden incorporarse diálogos improvisados pos los actores)

FABIO: ¿Dónde? ¿Dónde dice vuestra merced, que se va a celebrar un espectáculo?

VERSÍCULO: (Hablando solo) El agua se ha terminado

                                                             y he de volver a la fuente

                                                             para reparar la sed

                                                             de un grupo con tanta gente. (Sale)

JUGLAR: Aquí atrás. Antes del puente se ha preparado la liza para el combate. ¿Alguno de vosotros es caballero?

ARNALDO: Yo soy Micer Arnaldo de la Floresta Bermeja, del marquesado de Brandemburgo.

FABIO: Yo soy Fabio Ferroponte, capitán de la guardia personal del Patriarca de Venecia.

EUGENIA: Yo, Eugenia, su esposa. Vamos a Santiago a darle gracias por haber sanado a nuestro hijo de una fiebres tercianas.

ENEKO: Yo también valgo. Me llamo Eneko de Txurdínaga. Todos los vascos tenemos carta de hidalguía.

JUGLAR: ¿Alguno más?

PEREGRINOS: No

  • Yo no.
  • Yo soy clérigo.

MÓNICA: Las mujeres no luchamos.

LIS: (A Mónica) … Eso de que las mujeres no podemos… está de por ver…

JUGLAR: Las mujeres no lucháis, pero podéis participar en las justas colocando vuestro guante en el “Paño Francés” que preside los actos, y pidiendo a vuestro caballero que lo rescate.

EUGENIA: Fabio, esposo mío, ¿serías capaz de luchar por tu dama?

FABIO: (Al juglar) ¿Adónde tengo que ir? (A Eugenia) Lucharé con tu pañuelo atado a mi lanza…. Te devolveré el guante lleno de gloria.

EUGENIA: (Muy romántica ella) ¡No sé si podré resistir tanta emoción!

JUGLAR: Ahora os indico lo que debéis hacer y os proveo de caballo y de las armas necesarias. (Dirigiéndose a Guttenberg) ¿Tú, con tan buena planta, no eres caballero?

GUTTENBERG: No. Soy un platero de la ciudad de Maguncia. Me llamo Juan Guttenberg.

JUGLAR: Los caballeros peregrinos venid conmigo. ( A Don Alonso) También vos, comendador y vos, Don Pedro. (Mutis por el foro)

JOAN: Mientras los caballeros se preparan para competir, nosotros vamos a merendarnos un riquísimo queso de Villalón, que llevo guardado.

MÓNICA: Yo pongo el pan. (Van los dos hacia los equipajes)

JOAN:( Al acercarse a su alforja tropieza y rueda un objeto)¿Qué es esto? ¿A quién se le ha caído?

JORGE: Es una cajita brillante.

TERESA: (Muy asustada) Mío no es. Yo no gasto esos lujos.

TODOS: A ver, a ver. (Hacen corro alrededor de Joan, mientras Lis se retira a un rincón, para pasar desapercibida)

MÓNICA: Parece de plata.

EUGENIA: ¿De plata?… De peltre… y gracias.

GUTTENBERG: Efectivamente, señora. Vuestra alcurnia os hace reconocer y valorar los metales preciosos. Pero hay que aceptar que está muy bien trabajada.

EUGENIA: Trabajo toledano, como podéis comprobar vos, que sois del oficio.

JOAN: Debe ser una urna de reliquias.

JORGE: … De algún santo, seguramente.

JOAN: ¿Miramos lo que contiene?

LIS: ¡No, por favor! ¡No la abráis!

GUTTENBERG: ¿Qué guarda?

LIS: Un corazón negro y destrozado por el fuego.

MARCOS: ¿A quién pertenecía?

LIS: A una mujer ajusticiada.

TERESA: Seguro que ajusticiada en la hoguera. Así es como liquidan a las mujeres que estorban… Cuenta.

LIS: Tú lo has dicho: fue ajusticiada en la hoguera porque hizo tales cosas en Francia que ningún varón fue capaz de hacer. Condujo los ejércitos franceses en su lucha contra Inglaterra y le dio días de gloria a su país… Le pagaron acusándola de bruja y quemándola viva en la plaza de Rouen.

MARÍA: ¡Juana de Arco!

LIS: La misma. ¿Hasta aquí han llegado los romances que cuentan sus hazañas?

TEOBALDO: No olvides, muchacha, que éste también se llama el Camino Francés… Aquí se comentan todos los acontecimientos de Europa… ¿Qué piensas que hacen los peregrinos, cuando no rezan?

EUGENIA: Por todo el camino se cantan en romances las visiones de la Doncella de Orleans. Pero, ¿por qué traes su corazón?

LIS: Yo era su escudero cuando estábamos en la guerra. Y le limpiaba la armadura, y la ayudaba a ponérsela. No quería que lo hiciese ningún hombre… Ella siempre se encomendaba al Señor Santiago y le había prometido peregrinar cuando hubiera devuelto la paz a su país… Cuando la llevaban a la hoguera, me pidió que recorriera yo este camino y dejara su corazón en Compostela, para pedir la paz de su alma. Por eso estoy aquí.

GUTTENBERG: Interesante historia es ésta. Cuando consiga terminar la imprenta, que tengo medio inventada, estas vidas y las de otras personas célebres, servirán de ejemplo a la Humanidad.

         (Mientras Lis contaba su historia ha ido entrando el Juglar, que escucha muy atentamente)

JUGLAR: Pero… ¡Vamos a ver!… Juana de Arco… era santa… o era bruja.

HOMBRES: ¡Bruja!

MUJERES: (A la vez) ¡Santa!

         _ ¿Santa? … Ja, ja… ¿Es que hay alguna mujer santa?

  • ¿Y viviendo entre soldados?
  • ¡Sería bruja como todas las mujeres!

MÓNICA– Por qué tenemos que ser brujas todas las mujeres… a ver… ¿por qué?

MARÍA– En cuanto os percatáis de que somos más inteligentes que los hombres… enseguida nos llamáis brujas.

  • …Y lo sois.

TERESA– … Y lo seremos por mucho tiempo, hasta que os deis cuenta de que lo que llamáis brujería no es más que un truco para sobrevivir entre tanto asno, como sois los hombres…

Esta conversación puede ser interminable si se lo proponen los actores. Es un tema que puede dar mucho juego y hay que explotar la espontanéidad de los mismos.

JUGLAR: Yo no tengo tiempo de averiguaciones. (A Joan) Déjame la reliquia. A mí me da lo mismo que nos ayude Dios o que nos ayude el diablo… pero Don Suero de Quiñones tiene que rendir trescientas lanzas… y el corazón de una heroína le servirá de talismán.

LIS: ¿Qué vas a hacer con él?

JUGLAR: Se lo voy a colocar en su tienda, debajo de la almohada… Sin que él lo sepa… ¡Trescientas lanzas!… ¡Y comenzamos mañana!

LIS: Pero yo lo tengo que llevar a Compostela…

JUGLAR: De aquí no marcha nadie hasta que no terminen las justas. Además, Don Suero invita a sus espectadores a cama y mantel.

MARCOS: ¿No necesitamos ir al hospital a comer y a dormir?

JUGLAR: ¡Huy! el hospital de Órbigo está a tope con los caballeros y damas que han venido de la corte con motivo de este acontecimiento. Habréis de dormir en tiendas, aquí junto al río.

         Id pasando. Se os espera. Están colocadas las mesas para yantar.

PEREGRINOS: ¡Qué bien!

  • ¡Tendremos festejos!
  • ¡Encima, nos van a dar de comer…!

JUGLAR: ¿Qué pasa, que necesitáis que os lo digan con música…?

Pues allá va: (Se coloca en el centro de la escena con su laúd y comienza el romance)

  • Su mesa Don Suero ofrece,

         para mejor halagar,

         a todos los peregrinos

         que lo quieran presenciar,

         el famoso Passo Honroso

         que luego va a comenzar,

         con diez jinetes leoneses

         deseosos de ganar

         a trescientos caballeros

         que de Europa llegan ya.

  • ¡Ah!… Comeréis igual que Don Suero y sus caballeros.

         Van marchando todos muy contentos, mientras suena la música y se queda solo el Juglar, en medio del escenario

  • Siempre que Don Suero come,

         come todo el personal;

         siempre que Don Suero ayuna,

         todos deben ayunar.

         (Mirando con lástima a los peregrinos que van desapareciendo)

  • ¡Los infelices no saben que hoy es jueves… y Don Suero ayuna comiendo solamente una rebanada de pan y un vaso de agua…!

         ¡Ja, Ja, Ja…!

                                                                      TELÓN

                                                                        ACTO III

                  La escena se sitúa en el mismo salón del primer acto. El salón aparece ahora abarrotado de lanzas apoyadas en la pared. (Si no se tienen tantísimas, se pueden pintar las del fondo y hacer reales las externas) La dueña y las dos hermanas continúan su eterno bordado de bastidor. También pueden hacer otra labor como encaje de bolillos, que luce mucho. Ha pasado algún tiempo. Ya estamos a 10 de agosto y, por tanto, las justas del puente de Órbigo debieron terminar ayer. Todo el mundo anda nervioso esperando el desenlace del torneo. ¿Habrá liberado el jurado a Don Suero de su cautiverio de amor? ¿Vendrá el mismísimo caballero enamorado a entregar su propia lanza, vencedora en el reto,a los pies de la altiva doncella? Veamos. Se abre el telón.

La argolla

LISA (Asomada a la ventana): Leonor… Ya llega el último caballero.(Aplaudiendo)…¡Y llega con el juglar!… Con éste son los trescientos y te puedes sentir satisfecha… Parece francés. Es rubio y con bigote… un poco gordo. No habrá costado mucho vencerle.

GUIOMAR :(Se acerca también a la ventana) …Y con Versículo! …¿Qué harán aquí esos farsantes? Oye: el caballero no suelta la lanza… ¡Anda, dueña, vete a abrirle! Yo llamaré a mi hermana. (Saliendo) ¡Leonor!

LISA:(Sola) ¡Qué envidia! … ¡Quién pudiera recibir a tantos caballeros!… Y la presumida de mi hermana ni se molesta en preguntar si Don Suero ha sufrido una herida o se ha caído del caballo… encima de que todo lo hace por ella…

LEONOR: (Orgullosa): ¿Qué pasa, Lisa?, ¿otro caballero más?

LISA: Otro caballero más, no, Leonor. El último caballero.

LEONOR: Y traerá otra lanza. Menos mal que será la postrera.

DUEÑA: ¡Ganas tenía yo de que llegara esta última lanza! Ya no tenemos donde colocarlas. Todo el palacio está lleno de ellas. Las hay de rico acero toledano, fraguadas en Baviera, con la punta a la vizcaína… de todo. No hay colección de lanzas como la tuya.

LISA: ( A la dueña) Y, a pesar de todo, no se ablanda su corazón. (A su hermana) Con cada lanza, Don Suero te manda un mensaje de amor que tú ni te molestas en leer. Tienes el alma dura como una roca. No te mereces ser amada por nadie.

LEONOR: Sin embargo, Guiomar y tú, tan cariñosas, no tenéis a vuestros enamorados tan pendientes de vosotras como yo al mío. ¡A los hombres hay que despreciarles para que te amen!

MADRE: (Entrando) Hasta que se hartan, hija. No se puede abusar de los sentimientos de los demás… y mucho me temo que tu enamorado se está cansando ya.

LEONOR: Don Suero cumplirá su palabra hasta el final.

MADRE: De eso no me cabe la menor duda.

DUEÑA: Entrad, caballeros. Doña Leonor os espera.

VERSÍCULO: Gracias, hermosa dueña… por lo de “caballeros”

DUEÑA: (Muy coqueta y haciendo un mohín) De nada, Versículo. Para mí lo eres.

(Mientras tanto, Leonor se sienta en el sillón del padre, con gran ceremonia.)

FLUGGER: ¿Permiso?

LEONOR: Podéis pasar.

         (El caballero hace una ligera y fina reverencia a la madre y a las dos hermanas y se dirige hacia Leonor, ante la que inclina una rodilla)

FLUGGER: Soy el Barón Richard Van der Flugger, de Amberes. Peregrinaba a Compostela y fui retado por Don Suero de Quiñones que defendía el Passo Honroso del Puente de Órbigo. Luchamos y me derrotó en buena lid. Mi vencedor me pidió solamente que me presentara ante su dama y le entregara mi lanza a la par que un obsequio de su parte.

LEONOR: Sed bienvenido, Barón. Colocad vuestra lanza junto a todas las demás. Con ella mi caballero termina su promesa y, en poco tiempo, se presentará él mismo, en persona, a ofrecerme la suya. ( Flugger coloca su lanza junto a las otras) Sentaos junto a mí.

FLUGGER: Es un honor…

LEONOR: ¿Cómo fueron las justas?

FLUGGER: Nunca hubiera imaginado al salir de Flandes para cumplir mi voto a Santiago que, en un estrecho puente, me iba a enfrentar en tan singular combate. Tan importante que, hasta cuentan con juglares para enardecer a los combatientes. Aquí traigo a estos dos, poetas de la calzada, que os cantarán como fueron.

JUGLAR Y VERSÍCULO: (Cantando)

         Don Suero y sus caballeros

         con trompetas y timbales

LEONOR: ¡Basta, basta!

FLUGGER: Solamente se echaba de menos la presencia de la dama a la que se ofrecía el torneo. Sin embargo, todo el mundo hablaba allí de su gran belleza y elegancia. Ahora tengo ocasión de comprobar que no estaban equivocados.

LEONOR: Gracias, Barón.

FLUGGER: Don Suero me pidió encarecidamente que os entregara este obsequio, cuyo contenido ignoro, y que lo abrierais en mi presencia.(Se acerca el juglar y le entrega un cofre)

LEONOR: Traedlo pues.

         (Flugger le estrega el cofre que Leonor abre, encontrando allí la argolla de fierro que Don Suero llevaba como prueba de amor)

         ¡La argolla de Don Suero! ¿Qué significa esto?

FLUGGER: Tal vez la lectura de este mensaje os lo aclare. (Saca un pergamino, que desenrolla pausadamente)

LEONOR: ¿Un mensaje? Leed.

FLUGGER: (Leyendo) Doña Leonor: Del 10 de julio al 9 de agosto, junto con mis nueve compañeros, todos nobles, he defendido el Passo Honroso del puente de San Marcos de Órbigo. Todos los días oíamos misa y los jueves, ayunábamos en honor de la Virgen y de vos. Así nos encontrábamos fortalecidos para abatir a los caballeros cuyas lanzas os he ido enviando una tras otra, pidiéndoles a todos noticias vuestras.  Doscientas noventa y nueve veces he sentido la humillación de oír de sus labios que erais tan hermosa como cruel y que no me amabais. Con el Barón Van der Flugger os envío mi última lanza. Con ella cumplo la palabra que os di como caballero noble y leonés. También os envío la argolla que llevaba al cuello como señal de cautiverio amoroso al que me encontraba sometido. Ya sois libre, Doña Leonor… Pero yo también lo soy. Ya no tendréis al esposo que no deseáis. Tenéis, en cambio, las trescientas lanzas tan anheladass. A partir de ahora me vestiré la esclavina de peregrino y le ofreceré al Señor Santiago la única lanza que no poseeréis: la mía.

         Firmado: Don Suero de Quiñones

LEONOR: (Desmayándose) ¡Don Suero! ¡Mi amor!

         (Se organiza el revuelo consiguiente. Todo el mundo acude a ayudar a doña Leonor, con frases de aportación personal)

MADRE: ¡Se ha desmayado!

DUEÑA: Yo creo que, a pesar de su despecho, ella le ama.

GUIOMAR: Hermana…¿Qué te pasa?

LISA: …Tanto tiempo poniéndose orgullosa… y en cuanto tiene un contratiempo… mira lo que le pasa.

JUGLAR: ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?

DUEÑA: Que Doña Leonor se ha desmayado al oír que ya no la ama Don Suero.

LISA: Cosa que se merecía… Ya se lo decía yo.

LEONOR: (Despertando) ... Don Suero… Don Suero… ¿Cómo me habéis hecho esto? (Reaccionando, con todo su orgullo)

         Barón: devolvedle a Don Suero su collar. Se lo puede regalar a Santiago, si le place, lo mismo que su lanza. Yo ya no lo necesito. (Muy digna, le entrega a Flugger la argolla y hace mutis, atravesando todo el escenario sin mirar a nadie. El resto de los presentes, la mira atónito, sin saber qué hacer.)

MADRE: ¡Hija, piensa lo que haces…!

LISA: No le devuelvas la argolla… Seguro que vendrá a buscarte…

GUIOMAR: ¡Tú tienes la culpa de todo! ¡El ha sido un caballero!

DUEÑA: ¡Señor, Señor!… ¡Encima, se nos pone chula la niña…!

VERSÍCULO: (En medio de la escena y, por primera vez, hablando con seriedad) Doña Leonor, con el hielo de su orgullo, acaba de apagar el fuego del amor…

JUGLAR: Esa noticia la tiene que saber todo el mundo. Aquí está la oficina de información. Vamos, Versículo, acompàñame:

         Trescientas lanzas rendidas

         recibió doña Leonor

         que Don Suero de Quiñones

         le mandó desde Orbigo.

         Al recibir la postrera

         Don Suero le confesó

         que por tanta altanería

         había perdido su amor.

         (Cantan a coro todos)

         Desde ahora, en Santiago,

         en el cuello del Patrón,

         luce la argolla de fierro

         de aquel cautivo de amor.

Van llegando todos los habitantes del palacio, mientras cae el

                                                             TELÓN

Edición CCS. 1999.

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