MIENTRAS CABALGA DON QUIJOTE

 

  • Dramatización juvenil en tres actos1

Petra-Jesús Blanco Rubio

 

INTRODUCCIÓN

 

En este año en el que celebramos el IV centenario del Quijote, son muchas las personas, muy cualificadas algunas, que aseguran no haber superado el rechazo a su lectura, tras haberlo leído, obligatoriamente, durante su escolaridad.

Los profesores de Primaria y Secundaria del siglo XXI saben perfectamente que, si quieren hacer atractivo nuestro libro emblemático, han de usar mucho tiento y dosificar sus páginas a fin de que los adolescentes no se cierren a una lectura posterior y gozosa.

MIENTRAS CABALGA DON QUIJOTE no pretende dramatizar el Quijote, que se escribió para ser degustado párrafo a párrafo y capítulo a capítulo como narración, sino jugar con los personajes secundarios más relacionados con la vida familiar del héroe. Y quisiera que con ellos se entretuviera también el público juvenil.

Partiendo de la hoguera, en la que se destruyen los libros amados por nuestro Hidalgo, he intentado crear una situación puertas adentro del hogar manchego donde el Ama y la Sobrina, lo mismo que Teresa y Sanchica, han de afrontar la ausencia de los hombres de la casa. No solamente su ausencia sino también la vergüenza de sentirse señaladas con el dedo, el miedo a la Santa Hermandad, y sus fantasmas personales.

La presencia del Cura, el Barbero y el Bachiller enredarán las cosas para bien y para mal. Y, al final, apoyada en una de las situaciones menos conocidas pero, posiblemente, de las más certeras que escribió Cervantes, un Paje, hermoso “como un pino de oro” llevará la ilusión fugaz a quienes no la tenían.

Comprendo que ha sido mucha mi osadía al escribir esta pequeña comedia en la que me atrevo a interpretar el alma de aquellas aldeanas del Siglo de Oro, tratándolas unas veces como creía que podrían ser y otras como me hubiera gustado que fueran.

Me daría por satisfecha si los espectadores salieran de la representación con la intención de comprobar, leyendo el Quijote, cuánto hay de verdad y cuánto de fantasía en mi pequeña farsa.

 

23 abril 2005

 

 

PERSONAJES
LA SOBRINA.
EL AMA.
TERESA PANZA.
SANCHICA PANZA.
EL CURA.
MAESE NICOLÁS,   el BARBERO.
EL BACHILLER SANSÓN CARRASCO.
DON QUIJOTE.
SANCHO PANZA.
EL ALGUACIL.
EL PAJE.

 

 

¿QUIÉNES SON ESTOS PERSONAJES?

¿Qué hacían? ¿Cómo vivían en aquel Lugar de la Mancha en el siglo XVII?

Pues el señor Alonso Quijano -que éste era el verdadero nombre de Don Quijote-, después de las largas sesiones de lectura, cuando ya no le quedara aceite en el candil ni cera en la vela, se juntaría con sus amigos el Cura y el Barbero, a jugar una partidita de cartas, como acostumbran a hacer los mayores.
En los pueblos casi nadie sabía leer por aquel entonces. Solamente los curas y los hombres de buena familia, como los hidalgos, que eran los señoritos de la aldea.
Así que, no debe extrañarnos que los tres intelectuales se reuniesen en comandita para hacer comentarios acerca de los libros que tuvieran y se prestaran unos a otros.
Hay que pensar que, lo mismo que hoy hacen furor los ordenadores y las videoconsolas, en esta época, lo que verdaderamente flipaba era leer un libro. Hasta 1450, cuando se inventó la imprenta, los libros sólo eran patrimonio de los potentados como reyes o nobles, porque se escribían a mano y eran carísimos, pero luego, con la imprenta, los pudieron comprar gente de menor poder adquisitivo.

Sancho era un labrador vecino de Don Quijote. El hidalgo, que seguramente, no entendía demasiado de las pequeñeces cotidianas, recurriría a él para resolver las chapuzas habituales que surgen en todas las casas y, mientras Sancho le arreglara la polea del pozo o le colocara el palo de la azada, Don Quijote le comentaría la última aventura que estaba leyendo. De esta manera se fue tejiendo entre ellos una relación entrañable alimentada por las promesas que el señor le hacía para ese futuro heroico cuando ambos recorrieran caminos y libraran batallas contra gigantes poderosos y magos encantadores.
Sancho no tenía un pelo de tonto y distinguía muy bien la realidad de la fantasía siempre y cuando se tratara de cosas y hechos conocidos. Estaba seguro de que en los librotes que leía su amigo y vecino se encontraba el secreto de la sabiduría y el poder. Por eso respetaba a Don Quijote, que sabía leer, cosa inaccesible para un villano como él.

Un barbero, por aquellas fechas, era una especie de curandero o médico rural, que sacaba muelas, hacía emplastos y conocía el poder curativo de las hierbas. Los barberos tenían que estudiar mucho para distinguir las medicinas de los venenos. Eran personas muy preparadas y muy respetadas en los pueblos. El nuestro, que se llama maese Nicolás, era un cincuentón como don Quijote y el cura y juntos hacían un trío de amiguetes lectores y solterones.
Pudo haber sido soldado en la batalla de Lepanto y compañero de armas de un tal Miguel de Cervantes, que también era hijo de un médico como él.
Maese Nicolás, a sus años, pensaba casarse con la Sobrina para emparentar con el hidalgo y ascender de categoría. Lo de cobrarse las deudas era una opinión del Ama, pero nunca había pasado por su mente. A él le importaba más la clase social que el dinero porque ya tenía bastante.

El cura leía en latín, además de hacerlo en castellano y era el encargado de trasmitir al pueblo los mensajes de la Iglesia.
Al ver esta comedia puede parecernos que era malo porque le tenía manía a las mujeres independientes.
Hay que pensar que los curas no son ni buenos ni malos. Son hombres de su época.
Y, en aquellos tiempos, los hombres pensaban que las mujeres habían venido a este mundo solamente para servirles. Cuanto más obediente y sumisa era una mujer, mejor, pensaban ellos.
Así que, para que no tuvieran tiempo de pensar, había que tenerlas siempre ocupadas: las mujeres estaban agobiadas de trabajo en casa, trabajo con su familia y trabajo en el campo.
En cuanto disponían de un rato libre, se las requería en la iglesia, adonde se les recomendaba que fueran obedientes, porque así irían al cielo.
Por supuesto, que a las mujeres no se les enseñaba a leer, no fueran a darse cuenta de su situación lamentable y empezaran a exigir sus derechos.
Cuando alguna mujer valiente se atrevía a exponer sus ideas, si éstas eran contrarias a las normas establecidas, un tribunal, formado por hombres, naturalmente, la acusaba de bruja y la quemaban en la hoguera para que aprendieran las demás y no se desmadraran…Y todos se quedaban tan satisfechos de haber puesto, de nuevo, las cosas en su sitio.

Sansón Carrasco era un mozo joven que había hecho bachiller en Salamanca. Pertenecía a una familia acomodada que se podía permitir el lujo de pagar sus estudios. Tenía buena relación con los sabios vejetes del pueblo, Don Quijote, el cura y el barbero, y les contaba las novedades de la Universidad. Era el que traía las ideas modernas y sorprendentes que circulaban por la ciudad, donde las cosas empezaban a ser de otra manera. Allí ya había mujeres, aunque todavía eran poquitas, que sabían leer, incluso que escribían libros.
Sansón Carrasco no quería tener una esposa analfabeta, que se tragara todo lo que le dijeran. A él le gustaban las mujeres que pensaran y fueran capaces de discurrir y de opinar. Por eso estaba enamorado hasta los tuétanos de la Sobrina de Don Quijote. Porque estaba a su altura y no sería una esposa esclava a la que explotar sino una esposa compañera en la que apoyarse y con la que colaborar.

El Paje procedía del palacio de la Duquesa, adonde habían llegado Don Quijote y Sancho sorprendiendo a los nobles y las damas con sus frases caballerescas y refranes populares. Era un joven apuesto al que los Duques habían convertido en su mensajero para llevar al pueblo la fausta noticia del ascenso de Sancho Panza a gobernador de la ínsula Barataria. Estaba acostumbrado a tratar a jovencitas educadas y discretas. Comenzó el viaje medio en broma, siguiendo el juego que le habían encomendado en palacio y terminó descubriendo el encanto sencillo de Sanchica, ante la que cayó rendido.

El Ama es el alma de esta historia. Ella es una mujer independiente, que tiene sus dineritos ganados de su trabajo y que, cualquier día, monta un tenderete de puntillas en la feria de Almagro.
Apareció en la casa de Don Quijote después de quedarse viuda, muy joven aún, para cuidar a la Sobrina, que había perdido a su madre. Quiere a la muchacha como si fuera esa hija que no tuvo y la defiende de las malas lenguas del pueblo.
Aunque conoce los beneficios de la prudencia, no duda en tirar por la calle de en medio cuando su niña del alma está abrumada por la presión de los vecinos. La anima a ser valiente y afrontar los problemas con la frente bien alta. Y, por si fuera poco, y en aquella época, es capaz de no querer casarse y conservar su libertad.
Posiblemente haya aprendido a leer a escondidas y se conozca todos los libros de la casa. Pero nunca desvelará a nadie este secreto. Ni siquiera a la Sobrina.

Teresa es una gran mujer a pesar de su ordinariez. Es la que manda en casa y Sancho, que es un bendito, se deja mandar. Ella sabe cuándo hay que segar y cuándo catar las colmenas. Pero le sienta como un tiro que su marido, aparentemente tan sensato, sufra una abdución caballeril y se convierta en escudero sin más ni más. Y que la deje plantada con la cosecha en la era.
Como en el pueblo no hay muchas distracciones suele pasarse grandes ratos en la casa de al lado charlando con su comadre, el Ama, con la que se entiende estupendamente y con la que chismorrea de todas las vidas y milagros de los vecinos del lugar.
En el fondo es una soñadora y cree posible que se realicen las promesas de su Sancho. Así que, cuando se siente gobernadora, se quiere quitar la espina de villana y mirar por encima del hombro a las señoritingas del pueblo.

Sanchica es un amor envuelto en esparto. Se sabe ignorante y es humilde y trabajadora. Le hace confidencias a su amiga, la Sobrina, y juntas son cómplices de dichas y desventuras.

Y, un día, como en los cuentos, también a ella se le aparece un Príncipe Azul, vestido de Paje, que le promete sacarla de las tinieblas de la aldea y enseñarle la luz de la Corte.

¿Se encontrará con Miguel de Cervantes para que solucione su relación con el Paje?

La Sobrina sabe distinguir perfectamente la fantasía de las novelas de la realidad cotidiana porque, al contrario que a su tío Don Quijote, la lectura no le ha secado el cerebro, sino que se lo ha llenado de luz.
No es solo la señorita de pueblo, dedicada a bordar ese ajuar interminable lleno de encajes y bodoques. Es la mujer instruida, razonadora, capaz de enfrentarse al cura retrógrado y capaz de defender lo que de bueno tenía la locura de su tío. No está dispuesta a casarse porque se lo imponga nadie. Ni siquiera su tío, al que adora. Debe luchar contra las habladurías y las burlas aunque tiene miedo de enfrentarse a la calle que se ríe de ella.
Pero la Sobrina tiene dos magníficos aliados: su Ama, llena de sabiduría y conocimiento de la vida, y su intelectual enamorado, Sansón Carrasco. Los dos la ayudarán a sobrevivir y a superar ese escalón de dependencia que aún le queda para conseguir la auténtica libertad.

 

 

 



Acto I

Al subirse el telón aparece en el escenario una estancia de un hogar rural manchego del siglo XVII. Es una habitación entre sala de estar y comedor. En la pared del fondo, hay una puerta no muy grande que comunica con la biblioteca de DON QUIJOTE y que va a ser ocultada por el aparador colocado en un lateral. Éste es un mueble locero, con platos y botes de cerámica de Talavera. Entre los muebles y adornos rústicos se contempla una lanza vieja y oxidada, que, como una reliquia, recuerda a los antiguos hidalgos de la familia Quijano, que lucharon heroicamente en el pasado.
Necesariamente, se encuentran en este lugar los útiles de trabajo de nuestras mujeres, que, en este caso son varias sillas bajas y los correspondientes mundillos de hacer bolillos prestos a ser utilizados en cualquier momento. Es necesario que las actrices sepan hacer encaje, aunque sea una puntilla sencillita, para darle más verosimilitud a la actuación.
Esta obra, además de celebrar a DON QUIJOTE, quiere ser un homenaje a las encajeras de la Mancha que, en el Siglo de Oro alcanzaron su máximo esplendor.
Comienza la escena, antes de abrirse el telón con sonido de hoguera crepitando y, a lo lejos, en off., se escuchan las voces del CURA, MAESE NICOLÁS, el AMA y la SOBRINA, que están acabando de dar buena cuenta de la biblioteca de DON QUIJOTE.
BARBERO.-  ¡Arrojemos a la hoguera todos estos libros que han vuelto loco al mejor hidalgo de toda la tierra de La Mancha!
AMA.-  ¡Ahí va!
CURA.-  Mira cuántos hay aquí…
AMA.-   Yo tiro todos estos
SOBRINA.-  ¡Éste también!, Que ha sido uno de los que más ha enloquecido a mi tío.
AMA.-  …Y éste.
(Entran por un lateral TERESA y SANCHICA. Son toscas y zafias, las dos. Se limpian los mocos con el mandil o la manga, se arrascan exageradamente y se mueven con ordinariez.)
 (Tosiendo y espantando el humo.) TERESA.-  ¿Qué es lo que pasa aquí?
SANCHICA.-  Algo debe estar ardiendo desde hace un rato porque llega el humo hasta nuestra casa.
TERESA.-  ¡Ama!
 (A la vez.) SANCHICA.-  ¡Tonia!
 (Dentro.) CURA.-  Ojo, con lo que hacemos, porque todos esos que he colocado en el rincón, no se deben quemar.
 (Dentro.) BARBERO.-  …Todos.., todos… Hay que quemarlos todos. Que no quede en la casa ni rastro de estas perversiones.
 (Dentro.) AMA.-  ¡Hale, otro más!
 (Dentro.) CURA.-  No seas bruta, mujer, algunos libros son muy interesantes y enseñan cosas que es bueno saber.
TERESA.-  No las oyes?. Están ahí dentro, en la biblioteca de Don Alonso.
SANCHICA.-  Parece como que estuvieran haciendo fuego.
SOBRINA.-  Ya no quedan más que estos tres.
 (Dentro.) BARBERO.-   ¡Allá van!
SANCHICA.-  ¿No le estarán quemando los libros al hidalgo?
 (Dentro.) SOBRINA.-  ¡Ay!, ¡cuánto humo!  (Toses.) 
TERESA.-  ¡Ay, madre… cuando se entere!
 (Dentro.) AMA.-  ¿Mira que si se levantara tu tío ahora y nos pillara? ¡Sería capaz de coger la lanza y arremeter contra todos!
 (Dentro.) CURA.-  Será mejor cerrar la ventana y echar agua en la hoguera, para que no note nada.
 (Dentro.) BARBERO.-   Vayan saliendo todos de aquí, que yo me encargo de bajar al corral y de apagar el fuego con agua del pozo.
(El CURA, con el AMA y la SOBRINA, van entrando en la estancia que aparece en escena, a medida que hablan.)
 (Entrando mientras sacude las manos y la ropa.) AMA.-   Ahora, lo que tenemos que hacer es cambiar de sitio ese aparador para que cubra el hueco de la puerta y tu tío, Don Alonso, se confunda y no encuentre la habitación de los libros.  (Mirando a TERESA y SANCHICA.) ¿Estáis aquí vosotras? ¡Qué bien! Ayudadme, entonces, a quitar los cacharros para mover el mueble.
(Todo el mundo se dispone a despejar el aparador de vasijas.)
 (Entrando y dirigiéndose a la SOBRINA.) BARBERO.-  ¿Qué os ha parecido la hazaña?
SOBRINA.-  ¿Por qué me preguntáis a mí, con toda la gente que hay?
BARBERO.-  Por que sois la más hermosa…
CURA.-  Andad, dejaos de zalamerías y ayudadme a mover el mueble y tapar la puerta para confundir a Don Alonso.
BARBERO.-  Que me place. ¡Allá vamos!
(Mueven el aparador cómicamente entre el CURA y el BARBERO con gestos de grandísimo esfuerzo, con satisfacción de las mujeres que se sonríen pensando que ellas lo hubieran hecho antes y mejor.)
AMA.-   No saben vuestras mercedes cómo se lo agradecemos. Aunque solas también hubiéramos podido hacerlo. ¿Quieren tomar un poco de queso y un vasito de vino?
BARBERO.-  Imposible. Me esperan en la barbería para colocar unas sanguijuelas. Ya vendré más tarde a ver cómo se ha despertado el “Caballero Andante”  (Lo dice con mucho retintín.)  y charlar un rato con su encantadora Sobrina.  (La SOBRINA le mira desconcertada.) 
CURA.-  Voy a controlar la hoguera. Hasta luego.
AMA.-  Hasta luego.
SOBRINA.-  Adiós.
AMA.-  Ahora debemos colocar las piezas como estaban. Ayúdame tú, Teresa, y que las muchachas tejan.
(El AMA y TERESA colocan las vasijas y las van limpiando mientras ANTONIA y SANCHICA se sientan juntas a tejer, cerca del espectador. La SOBRINA tiene finos modales de hidalga pueblerina, mientras que SANCHICA se sienta y gesticula con ordinariez. Hablan muy sigilosas.)
SANCHICA.-  ¿Sabes quién ha venido?
SOBRINA.-  ¿Quién?
SANCHICA.-  ¡El bachiller!
 (Muy emocionada.) SOBRINA.-  ¿Cuándo?
SANCHICA.-  Anoche.
 (Coqueta.) SOBRINA.-  Me tengo que arreglar. No quiero que me encuentre oliendo a humo.
SANCHICA.-  ¿No te han dado noticias de su llegada?
SOBRINA.-  Vendrá él mismo a dármelas. Como siempre.
SANCHICA.-  ¡Qué suerte tienes!… yo no tengo un enamorado que me quiera así…
SOBRINA.-  ¿…Y Lope Tocho? …¿o es que ya no te quiere? (Se miran con complicidad.) 
SANCHICA.-  ¡Bah!
 (Acercándose a las jóvenes.) TERESA.-  ¿Qué secretos os traéis, muchachas?
SANCHICA.-  Ninguno, madre… Estábamos hablando.
TERESA.-  Ya.., ya… Mejor será que nos vayamos, no sea que se levante de la cama el señor hidalgo y arme una trifulca como no encuentre sus libros.
SANCHICA.  – … Pero… si acabamos de empezar…
TERESA.-  Nada. no quiero que te metas en líos.  (Se la lleva.) 
SANCHICA.-  Hasta luego.
(Mientras tanto, el AMA se sienta muy cansada y coge su mundillo de hacer encaje. El trabajo no ha sido para menos: acaba de cargarse la labor de muchos años de coleccionismo de libros por DON QUIJOTE. Ambas hablan mientras trabajan.)
AMA.-  ¡Ay, qué silla más rica!
SOBRINA.-  ¿Estáis cansada?  (Música y silencio mientras tejen.) (Reflexionando.)  …Ama… Ama…
AMA.-  ¿Qué dices, hija?
SOBRINA.-  …Ama, ¿creéis que habremos hecho bien… con eso de quemar los libros?
AMA.-  Naturalmente, muchacha. Esos libros han sido la perdición para esta familia. (Siguen trabajando el encaje.) 
SOBRINA.-  ¿Cómo vais con esa puntilla nueva que os enseñaron en vuestro pueblo?
AMA.-  Es un poco complicada, no creas. Mira.  (Se acerca la SOBRINA y observa con detenimiento la labor.) 
SOBRINA.-  ¿Y esas rayas del cartón? ,¿qué significan?
AMA.-  Eres un lince, hija. Quería darte una sorpresa cuando lo tuviera hecho.
 (Curiosa.) SOBRINA.-  Pero ¿qué es?
AMA.-  Es un punto nuevo, “punto de la Virgen”, creo que se llama.
SOBRINA.-  ¿Me lo enseñaréis?
AMA.-  ¡Faltaría más! ¿para quién, si no es para ti, aprendo yo tantos encajes?
SOBRINA.-  Pues para venderlos en la feria de Almagro… y sacar buenos dineros por ello…
AMA.-  Anda… anda… Déjate de conversación y trabaja…  (Vuelven las dos al mundillo. Música) 
 (Con tristeza.) SOBRINA.-  …Eran hermosos…
AMA.-  ¿Hermosos? ¿Cuáles? ¿Los encajes?
SOBRINA.-  Los libros del tío… (Melancólica.) Yo aprendí a leer en ellos.
AMA.-  No se te ocurra decirle a nadie que sabes leer… y mucho menos que has leído los mismos libros que tu tío… Pensarán que tú también estás… loca.  (Hace un gesto significativo.) 
SOBRINA.-  …Que no, Ama. Que todo el mundo que lee no se vuelve loco… mira los sabios.
AMA.-  ¿Y por qué se ha vuelto así mi señor, Don Alonso? ¿Por qué?
 (Pensando.) SOBRINA.-  Yo creo que se empezó a volver así desde que Aldonza Lorenzo se marchó del pueblo.
AMA.-  ¿Desde que se fue al Toboso?… Pues ya han pasado unos años… ya.
SOBRINA.-  Los mismos que hace que mi tío se encerró en su habitación.
AMA.-   Aldonza no le hizo nunca demasiado caso.
SOBRINA.-  Pero, ¿le llegó a pedir matrimonio, en serio?
AMA.-  ¡Qué va! Tu tío ha sido siempre muy tímido para las mujeres. Era del dominio público que estaba enamorado de Aldonza, pero él jamás le dijo nada.
SOBRINA.-  A lo mejor se marchó al Toboso, aburrida de que nunca se le declarara.
AMA.-  No te digo que no.
SOBRINA.-  … Y mi tío, en vez de ir a buscarla, que es lo que tenía que haber hecho, se dedicó a leer y leer…
AMA.-  …leer…hasta la ruina.
SOBRINA.-  La locura no es la ruina.
AMA.-  …En este caso, han venido juntas.
SOBRINA.-  …¿Por qué?
AMA.-  …Pues porque los libros cuestan caros… y tu tío ha ido vendiendo la hacienda poco a poco… y apenas tenemos para vivir.
SOBRINA.-  ¿No tenemos dinero?…
AMA.-  No
SOBRINA.-  ¿Pero nada… nada?… Entonces, ¿de qué comemos?
AMA.-  Gracias a mis ahorros… y al barbero, que le presta algunas veces…
SOBRINA.-  Siempre fue el mejor amigo del tío Alonso.
AMA.-  Pero, ahora… me ha dicho que quiere cobrar.
SOBRINA.-  ¿Y, de dónde va a cobrar si no tenemos fincas ni dineros?
AMA.-   Ahí está lo malo… piensa que como no hay dinero… y tú no te vas a poder casar con otro, porque eres pobre… lo mejor sería… que… que…  (Apenas perceptible.)  que tú te casaras con él…
SOBRINA.-  ¿Qué?
 (Alto.) AMA.-  Que tú te casaras con el barbero.
SOBRINA.-  ¿Que yo me case con ese viejo de maese Nicolás? ¡Ni en sueños, Ama!… ¡Antes me meto monja, que casarme con él!
AMA.-  …es que…
SOBRINA.-  ¿Qué?
AMA.-  Que tu tío ya le ha apalabrado el matrimonio, si no me equivoco.
SOBRINA.-  ¿Sin contar conmigo? Ahora sí que me doy cuenta de que está loco. En su sano juicio, jamás hubiera hecho eso.
AMA.-  Es muy astuto el barbero… él fue el que ideó lo de quemar los libros.
SOBRINA.-  Porque… podría haberse quedado con ellos… y así se cobraba la deuda… Pero, de esta manera… en vez de cobrarse en libros… se cobrará en Sobrina… ¡Qué bien!
AMA.-  Los hombres, siempre se cobran en especie, hija.
SOBRINA.-  Ya veo, ya… Por eso anda persiguiéndome continuamente… y poniendo cara de pasmado.
 (Acariciándola.) AMA.-  ¡Mi niña!… Es que…A lo mejor te convenía hacerle caso…
SOBRINA.-  ¿Qué?
AMA.-   Es que… Ahora…, Sansón Carrasco… ya no te querrá.
 (Soltando el mundillo y poniéndose de pie, muy enfadada.) SOBRINA.-  ¡No hay más esques, Ama! …¿Vos creéis que mi Sansón me va a abandonar sólo porque sea pobre? ¿Verdad? ¡Mal le conocéis!
AMA.-   Ojalá te quiera, como dices.
SOBRINA.-  ¡Sansón me quiere!
AMA.-  Ya lo veremos… Creo que acaba de llegar de Salamanca con el título de BACHILLER.
SOBRINA.-  Ya lo sabía.
AMA.-   Ya… Y no me lo habías contado, ¡picarona!.  (Se oyen ruidos en el interior. DON QUIJOTE se está rebullendo.) Me marcho. Tu tío se acaba de despertar y, como se presente pidiendo explicaciones, no voy a saber qué decirle.  (Se va el AMA.) 
SOBRINA.-  ¿Y me dejáis a mí sola para que resuelva el problema, ¿no?  (Vuelve a coger la labor, que está muy enredada.)  ¡Lo que me faltaba! ¡Los bolillos, enredados!
(Música. DON QUIJOTE entra el la estancia y se dirige con gran parsimonia hacia el aparador situado delante de la puerta. Toca el mueble, se separa de él intentando mirar con perspectiva, se vuelve a acercar. Detrás entra el AMA. Escena lenta y cómica.)
 (Mirando a su tío de reojo.) SOBRINA.-  ¿Qué buscáis, tío?
DON QUIJOTE.-  ¿Hacia qué parte está el aposento de mis libros, hija?  (El AMA y la SOBRINA se miran en silencio.) 
AMA.-  ¿Qué aposentos busca vuestra merced?. Ya no hay aposentos ni libros en esta casa, porque todo se lo llevó el mismo diablo.
SOBRINA.-  …Que no era el diablo, Ama.., sino un encantador que se metió dentro de la estancia y, cuando salió volando, dejó la casa llena de humo… y ya no quedaban libros ni nada. Dijo que se llamaba el sabio Muñatón.
DON QUIJOTE.-  Frestón, sería.
AMA.-  No sé si se llamaba Frestón o Fritón. Sólo sé que acababa en ton.
DON QUIJOTE.-   Así es.
AMA.-  ¿Fritón?
 (A la vez.) SOBRINA.-  ¿Frestón?
DON QUIJOTE.-  Frestón, digo.  (Exaltado.)  Es un sabio encantador, grande enemigo mío, que me tiene ojeriza porque yo voy a vencer en singular combate a otro caballero a quien él favorece.
SOBRINA.-  ¿Pero, quién le mete a usted, señor tío en esas pendencias?. Mejor estaría en su casa, y no irse por el mundo a desfacer entuertos… Mire que muchos van por lana y vuelven trasquilados…
 (Muy excitado.) DON QUIJOTE.-   ¡Oh, Sobrina mía! Primero que a mí me trasquilen, …  (Agarra la lanza que está colocada en la pared y hace ademán de atacar.)  Pelaré yo las barbas a cuantos imaginaren tocarme en la punta de un solo cabello… (Continua luchando contra alguien imaginario.) 
AMA.-  Calma, mi señor Don Alonso.., calma… Vuélvase a la cama y tranquilícese, que enseguida le voy a llevar un caldito para que se reponga.
(El AMA sale de la estancia acompañando a DON QUIJOTE seguido de la SOBRINA. Música. Al cabo de un ratito vuelve la SOBRINA con ropa más elegante y acicalándose. Se ha arreglado por si viene a verla su enamorado. Hojea un libro mientras se sienta de nuevo sin apartar los ojos de él. En lo mejor de la lectura, aparece el CURA. La SOBRINA esconde con rapidez el libro debajo del delantal.)
CURA.-  ¿Qué guardas con tanto secreto?
SOBRINA.-  Nada…Este libro que vuestra merced ha salvado de la hoguera.
CURA.-  ¡Dámelo!
SOBRINA.-  … Es que… que… quería leerlo…
CURA.-  ¿Leerlo? ¿Es que sabes leer?
SOBRINA.-  ¡Claro!
CURA.-  ¿Y cómo no me lo habías dicho nunca en confesión?
SOBRINA.-  ¿Por qué había de decirlo?
CURA.-  ¡Es pecado!
SOBRINA.-  ¿Pecado? ¿Por qué?
CURA.-  Pecado, sí. ¿Quién te ha enseñado ese vicio de la lectura?
SOBRINA.-  Mi señor tío, don Alonso Quijano… a quien todos llaman “El Bueno”.
CURA.-  Tu tío… tu tío… ¿No sabes que está loco?
SOBRINA.-  ¿Qué tiene de malo leer?… Vuestra merced también lee…
CURA.-  … Pero yo leo en latín… y soy hombre… y soy cura… ¡Tú eres mujer!
SOBRINA.-  ¿Las mujeres no podemos leer?
CURA.-  ¡No! Mira lo que le ha pasado a tu tío, ¡siendo hombre!… Los libros hacen pensar y eso no es bueno para las mujeres.
SOBRINA.-  ¿Qué es bueno para nosotras?
CURA.-  Para las doncellas es bueno rezar, cuidar la casa, reír con moderación y prepararse para ser una buena esposa que le dé muchos hijos a su marido.
SOBRINA.-  Yo no voy a tener marido. Soy demasiado pobre para eso. (Taimado.) 
CURA.-  De acuerdo. Pero algún buen hombre… como maese Nicolás… no tendría inconveniente en desposarte y darte una honorable familia.
 (Indignadísima.) SOBRINA.-  ¡Mi familia, que es una familia hidalga, puede que no tenga dinero, pero no por eso deja de tener honor y dignidad!
CURA.-  No me rechistes, que soy hombre de Dios.
SOBRINA.-  ¡Yo no me quiero casar con el barbero!
CURA.-  ¡Tienes la lengua larga y eso no es bueno para una doncella honesta y recatada!… ¡Dame ese libro!
SOBRINA.-  Este libro es de mi tío, don Quijote de la Mancha, ¡y no se lo voy a dar!
CURA.-  ¡Le llamas Don Quijote! … ¡Justificas sus locuras!… ¡Dame ese libro endemoniado de caballerías que ha secado el cerebro de tu tío!
SOBRINA.-  ¡No!
 (El CURA quiere quitarle el libro a la SOBRINA y ella se resiste.) CURA.-  ¡Dámelo!
SOBRINA.-  ¡No! ¡Y lo leeré cuantas veces quiera!
CURA.-  ¡Arderás en el infierno por toda la eternidad!  (Sale muy enfadado. Queda la SOBRINA llorando. Música triste. Al cabo de unos minutos entra el BACHILLER.) 
BACHILLER.-  ¡Tonia!
 (Acercándose y abrazándose a él.) SOBRINA.-  ¡Sansón!
BACHILLER.-  ¡Tonia mía!
SOBRINA.-  ¡Cuántas ganas tenía de que llegarais!
BACHILLER.-  Ya estoy aquí para siempre… Pero…¿por qué lloráis?
SOBRINA.-  Por dos cosas.
BACHILLER.-  ¿Dos cosa graves?… A saber…
SOBRINA.-  El cura me ha dicho que voy a arder en los infiernos.
BACHILLER.-  ¿Por qué?
SOBRINA.-  Porque sé leer.
BACHILLER.-  No os preocupéis: leer no es malo.
SOBRINA.-  Mirad lo que le ha ocurrido a mi tío.
BACHILLER.-  Eso ha sido por leer demasiado: todo hay que hacerlo con medida.
SOBRINA.-  ¿Tampoco es malo para las mujeres?
BACHILLER.-  Ni para las mujeres.
SOBRINA.-  ¿Y por qué dice el cura que es pecado el que las mujeres lean?
BACHILLER.-  Porque es un cura que no ha salido del pueblo y no sabe que en Salamanca y en la corte hay doncellas y damas honorables que leen de corrido y con buena entonación… ¿A vos os gusta leer?
 (Mimosa.) SOBRINA.-  … Sobre todos vuestros versos.
BACHILLER.-  A mí me gusta leer en vuestros ojos…  (Le limpia las lágrimas con un pañuelo.) … que no deben llorar…  (La besa en la nariz.)  ¿Cual es la segunda causa que os apena?
SOBRINA.-  Me da miedo decíroslo?
BACHILLER.-  ¿Por qué?
SOBRINA.-  Porque … me quieren separar de vos.
BACHILLER.-  ¿Separaros de mí?… ¿Quién?
SOBRINA.-  El barbero, maese Nicolás?
BACHILLER.-  ¿Que quiere hacer maese Nicolás con vos?
SOBRINA.-  Casarse.
 (Indignado.) BACHILLER.-  .¿Con vos?… Pero vos… no querréis.
SOBRINA.-  Claro que no. Pero como mi tío, Don Quijote, le debe tanto dinero, él ha pensado que una manera de cobrárselo sería casándose conmigo…  (Llorando, de nuevo.) … ¡Y yo os quiero a vos!  (Abraza al BACHILLER.) 
BACHILLER.-  ¡Vuestro tío está loco!
SOBRINA.-  Me siento como si estuviera prisionera. ¡Ay!  (Llora.) 
BACHILLER.-  ¿Me dejáis que sea vuestro caballero y os libere de la prisión?
SOBRINA.-  ¡Ay! ¿Qué decís?…¿A vos también os gustan los libros de caballerías?
BACHILLER.-  Claro… Aunque estén un poco pasados de moda.
SOBRINA.-  En los libros no existe el tiempo. Con ellos podemos transportarnos a cualquier época.
 (Muy teatral.) BACHILLER.-  Yo seré un caballero que os salva del matrimonio con el viejo barbero… y vos la dama de mis pensamientos, como Dulcinea.
SOBRINA.-  ¿Quién es Dulcinea?
BACHILLER.-  Dulcinea del Toboso, ¿no la conocéis? Es una dama de ese lugar, de la que, según parece, vuestro tío, Don Quijote, anda enamorado y a la que dedica todos sus pensamientos y sus hazañas.
SOBRINA.  -Mi tío, de quien anda enamorado es de Aldonza, la vecina que se marchó a vivir al Toboso… la hija del señor Lorenzo Corchuelo.
BACHILLER.-  ¿Aldonza Lorenzo? No importa. Él la ha ennoblecido llamándola Dulcinea.
SOBRINA.-  Eso lo ha sacado de los libros de Caballerías. Todos son iguales: siempre hay un caballero valiente que lucha por el amor de su dama. ¿Vos lucharéis por mí?
BACHILLER.-   ¡Siempre!
SOBRINA.-  Os tendréis que buscar un nombre pomposo para cubrirlo de fama… ¿Cómo os llamaréis?
BACHILLER.-  Me lo buscaréis vos.
SOBRINA.-  ¿Y qué nombre me pondréis a mí?
 (Pensando.) BACHILLER.-  … Pues… ¿Qué os parece…Sobrinea?
SOBRINA.-  ¿Por qué Sobrinea?
BACHILLER.-  … Porque sois la Sobrina de Don Quijote, ¿no?
SOBRINA.-  ¿Sobrinea?…¿ Y qué más?
BACHILLER.-  ¿Qué os parece “Sobrinea de la Mancha”? Pues manchega sois.
SOBRINA.-  De pura cepa…y a mucha honra… y Sobrina del más loco manchego de todos los tiempos.
BACHILLER.-  Pero nosotros tenemos que conseguir que se vuelva cuerdo, de nuevo.
SOBRINA.-  Eso digo yo. ¿Y qué haremos?
BACHILLER.-  Mañana mismo, os pido en matrimonio a vuestro tío. Si aún le queda algo de cordura, no dudará en darme vuestra mano.
SOBRINA.-  ¿Mañana mismo?
BACHILLER.-  ¡Mañana, mi Sobrinea!  (La abraza.) 
SOBRINA.-  …Mañana, mi Caballero…
BACHILLER.-  ¿Caballero de qué?
 (Mirando por la ventana.) SOBRINA.-  Caballero de la Blanca Luna… No encuentro título más alto.  (Se abrazan.) 
BACHILLER.-  ¡Vamos a decírselo al Ama…!
SOBRINA.-  ¡Vamos!
(Salen de la estancia que se va quedando en penumbra poco a poco. Cuando está casi a oscuras, aparece DON QUIJOTE en camisola con unas babuchas el la mano para no hacer ruido y una rodela bajo el brazo, cómicamente. En la otra, lleva una vela. Se sienta en una silla y se pone las medias.
Si parece oportuno, coge una aguja de la labor de la SOBRINA y se cose una media. Es de noche. Mira con insistencia hacia la puerta hasta que, sigilosamente, entra SANCHO).
SANCHO.-  ¿Pero todavía anda vuestra merced con ropa de dormir?¿Piensa salir de esa guisa a recorrer el mundo?
DON QUIJOTE.-  No, hombre, no. Tengo la armadura bien guardada en la cuadra. Al salir me has de ayudar a ajustármela…. Oye, Sancho, ¿tenemos ya todo preparado para irnos a buscar aventuras?.
SANCHO.-  Yo traigo todo lo que usted me dijo: las alforjas, la bota y la comida, ¿usted tiene la muda y el dinero que nos hará falta?
DON QUIJOTE.-  Todo. Todo lo tengo aquí escondido. Toma.  (Le da un hatillo y una bolsa con dinero.)  ¿pero dónde tienes las alforjas?
SANCHO.-  ¿Dónde las voy a tener? A lomos de mi burro, Rucio, que he dejado en la cuadra junto a Rocinante.
DON QUIJOTE.-  ¿Tu burro Rucio?…  (Pensando.)  … No sé, no sé… No recuerdo haber leído en ningún libro de caballerías que los caballeros andantes llevaran escuderos montados en burro.
SANCHO.-  Pues, lo que es, yo, Sancho Panza, no estoy dispuesto a recorrer los caminos andando junto a su caballo, por muchas ínsulas que me haya prometido vuestra merced.
DON QUIJOTE.-  Todo se andará, amigo Sancho. Todo se andará.
 (Soñador.) SANCHO.-   …A lo mejor, si por un milagro, lo que conquista vuestra merced es un reino, yo sería rey y mi mujer, Teresa, sería reina y mis hijos infantes.
DON QUIJOTE.-  Pues, ¿quién lo duda?
SANCHO.-  Yo lo dudo… Creo que a mi mujer… condesa le caerá mejor.
DON QUIJOTE.-   ¿Te has despedido de Teresa, tu mujer, y de tu hija?
SANCHO.-   No, mi amo. Usted tampoco se ha despedido de su Sobrina y del Ama, ¿verdad?
DON QUIJOTE.-   No. De nadie. Y hemos de salir enseguida para que cuando amanezca y nos echen en falta, no puedan encontrarnos.
SANCHO.-  ¿Le parece a vuestra merced que cojamos el camino de Montiel?
DON QUIJOTE.-  Eso había pensado yo mismo. Pero antes, espera que me encomiende a la dama de mis pensamientos para que me proteja en mis aventuras.
SANCHO.-  ¿Quién es la dama de sus pensamientos, mi amo?
 (Con gran solemnidad.) DON QUIJOTE.-  Sólo sé decir, respondiendo a lo que me pides, que su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; sus cabellos son de oro, su frente campos elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos y su blancura nieve.
SANCHO.-  El linaje, prosapia y alcurnia, quisiera yo saber…
DON QUIJOTE.-  Procede de los del Toboso de la Mancha, linaje, aunque moderno, tal, que puede dar generoso principio a las más ilustres familias de venideros siglos.
SANCHO.-  ¿Y a ella, se quiere vuestra merced encomendar?
(DON QUIJOTE, se coloca en el escenario, frente al público, y, con la mano en su corazón y los ojos hacia el cielo, le dirige una oración a DULCINEA, mientras se oye una música suavísima. SANCHO le mira sin comprenderle mucho.)
DON QUIJOTE.-  ¡Oh, señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, ayudad a vuestro caballero, que, por satisfacer a la vuestra mucha bondad, sale hacia el mundo, dispuesto a buscar las más difíciles aventuras!
SANCHO.-  Amén.  (Al ver que ya se ha relajado su señor.) Pues salgamos de este lugar de la Mancha a librar batallas y ganar ínsulas para que pueda gobernarlas Sancho Panza.
DON QUIJOTE.-  Salgamos, Sancho amigo, que ya es el alba.  (Cogen sus cosas y se ponen a salir de la estancia muy sigilosos.) 
TELÓN

Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes

Mientras cabalga Don Quijote

Acto II
(En la misma estancia del acto anterior, que tiene dos entradas laterales, se van a cruzar los personajes siempre en solitario y a gran velocidad. El AMA y TERESA están muy enfadadas y hablan a voces. El CURA y MAESE NICOLÁS andan preocupados por las noticias que acaban de recibir.)
 (Cruzando la escena con cara de mal genio y llevando un gran cesto.) 
  ¡Esto no hay quién lo aguante!  (Mutis.) 
 (Cruzando en dirección contraria y por otra puerta, también cargada.) TERESA.-  ¡Quién me iba a decir a mí, que me estaría sola para hacer la cosecha!
 (Cruza de nuevo, esta vez cargada con aperos de labranza y no dice nada.) 
 (Entra enfadada y se detiene en medio del monólogo, dejando un cubo en el suelo.) TERESA.-  ¡Ya se puede buscar una buena disculpa!… Es que no me puedo creer que me haya hecho esto ¡a mí!… que siempre le he tratado bien… ¡a quién se le ocurre! ¡Vamos!  (Coge el cubo y sale.) …Este marido mío es un insensato…
  (Entrando y deteniéndose con TERESA.)  AMA.-  Y, ¿quién saca las castañas del fuego?… ¿Eh?… ¿Quién?…las mujeres como siempre…
TERESA.-  … Y, encima, se ha ido el pastor… menos mal que Sanchica me ha dicho que se va a encargar de las ovejas… Pero… ¿quién hará el queso, si ella está en el campo?… ¿cómo se le habrá ocurrido a mi Sancho, marcharse de casa en esta situación…? ¡Ay, ay!  (Sale.) 
AMA.-  ¿Y nosotras? ¿Qué hacemos nosotras solas en la casa?… Porque trabajar, lo que se dice trabajar, mi señor Don Quijote no ha trabajado nunca mucho… la verdad… Pero su sola presencia, aunque viviera su vida rodeado de libros… no sé… era otra cosa.
 (Hablando sola.) TERESA.-  ¡Esto sí que no se lo perdono! ¡Faltaría más!  (Dirigiéndose al AMA.)  ¿Qué te parece?… ¿Y yo que creía que hablaba en broma cuando me decía: Teresa, ya verás cómo mejoramos de fortuna; Teresa, ¡qué guapa estarás vestida con ricos terciopelos!; Teresa, ya verás como en muy poco tiempo vas a ser gobernadora de una ínsula… y aquí me tienes… preparando los aperos de la cosecha, que se viene encima porque el bueno de Sancho Panza, se ha ido por esos mundos de Dios a conquistar ínsulas.
AMA.-  Pues qué quieres que te diga. Los hombres son imprevisibles… porque tú Sancho no está loco como mi señor, ¿verdad?
TERESA.-  No, no… Mi Sancho está muy en sus cabales.
AMA.-  Y, sin embargo se ha dejado embaucar por las promesas de DON QUIJOTE.
 (Un poco molesta por lo que acaba de decir el AMA.) TERESA.-  … o puede que se haya ido con él para hacerle entrar en razón.
AMA.-  … Pues es verdad… No había caído en ello… Perdona, hija. ¿Traes la leche del ordeño?
TERESA.-  Aquí la tengo, en el caldero. Vamos dentro que yo haré los quesos hoy.  (Mutis.) 
 (Llamando a la puerta.) BARBERO.-  ¿Ama? ¿Tonia?…
 (A voces.) AMA.-  ¡¡¡Tonia!!!… Dónde estará esta chiquilla, ahora… ¡Tonia!  (Mutis.) 
 (Desde dentro.)  TERESA.-  Está con Sanchica.
 (Entrando.) BARBERO.  No hay nadie  (Busca con la mirada y como no encuentra a nadie, se va.) 
CURA.-  Nicolás… ¿Dónde está, maese Nicolás?  (Busca con la mirada y se va.) 
(Entran en escena simultáneamente el AMA, TERESA, el CURA y MAESE NICOLÁS tropezando entre sí. Hablan a la vez.)
AMA.-  ¿Qué hacen ustedes aquí?
CURA.-  Perdón.
TERESA.-  ¡Ay!
BARBERO.  ¡Al fin!
AMA.-  Pero, ¿qué pasa?.  (Al CURA y a MAESE NICOLÁS.)  ¿Que ha ocurrido para que vuestras mercedes vengan a la casa? ¿Saben algo de mi amo?
BARBERO.-  … Es que… ha venido el molinero de un pueblo cercano a pedir reparación porque, según dice, Don Quijote le ha estropeado las aspas de su molino al arremeterlo con la lanza.
AMA.-   ¿Don Quijote?
TERESA.-  ¿Y, para qué quería Don Quijote arremeter contra un molino?… Ese hombre no sabe lo que dice…
CURA.-  Es… que, según parece, nuestro amigo, Don Quijote, confundió los molinos con gigantes peligrosos, que le iban a atacar…
BARBERO.-  … y les ofreció batalla…
AMA.-  ¡Ay, madre!
TERESA.-  ¿Y Sancho? ¿No estaba con él para disuadirle? Porque mi Sancho, otra cosa no tendrá… pero sentido común, no le falta.
AMA.-  Poco conoces a mi amo… cuando le da la locura, lo vive todo tan intensamente, que se cree que es realidad.
TERESA.-  ¿Y vienen ya para acá?
BARBERO.-  ¡Qué va…!
CURA.-  Y no entiende a dónde han podido ir ya que, parece ser, que Don Quijote estaba bastante magullado.
BARBERO.-  Precisamente, el molinero ha venido a cobrarse la deuda porque les ha perdido la pista… Y dice que si no cobra, le denuncia a la Santa Hermandad.
AMA.-   ¿Y viene aquí para que yo le pague?
BARBERO.-  Tiene que tener algo de dinero, porque yo mismo le entregué a Don Quijote una bolsa de ducados, no hace muchos días, después de recuperarse de su enfermedad.
AMA.-   ¿Una bolsa, dice? … Pues se la habrá llevado con él. Porque aquí no hemos visto un real.
BARBERO.-  Entonces, le pagaré yo mismo, para que se marche de una vez y nos deje en paz… Ya lo cobraré todo junto.
 (Muy decidida.) AMA.-  ¡No! ¡Mientras viva yo, y mientras a mí me quede un maravedí, vuestra merced no le va a adelantar más dineros a mi amo. Ya lo pondré yo de mis ahorros.
BARBERO.-  No os enfadéis, mujer.
AMA.-  Claro que me enfado. Como que le veo venir. .. y sé que se lo quiere cobrar casándose con la chiquilla.
BARBERO.-  ¿Y le parece mal que me quiera casar con ella?
AMA.-  Naturalmente que me parece mal. Primero porque vuestra merced es un carcamal, que tenía que buscarse una mujer de su edad, y segundo porque, la pobre, anda enamorada de un mozo joven y guapo.
BARBERO.-  ¿Ah sí? ¿Y quién es?
AMA.-  No tenía otra cosa que hacer yo que contárselo. Averígüelo como pueda… Y vámonos adentro, que le pago la deuda.
CURA.-  Vamos.
BARBERO.-   Allá voy… pero es usted una mal pensada.  (Salen todos menos TERESA.) 
(Al cabo de unos minutos, entra el AMA.)
AMA.-   Pues maese Nicolás está decidido a hacer méritos para enamorar a la pobre Tonia. Dice que va a venir esta tarde. Pero al molinero le he pagado yo… ¡Faltaría más!
TERESA.-  ¿De dónde has sacado el dinero?
AMA.-  De mis encajes… ¿Qué te creías?… Llevo muchos años vendiendo puntillas. Aunque soy criada de Don Quijote, soy más rica que él.
TERESA.-  ¿Qué ha dicho el barbero?
AMA.-  Se ha quedado de una pieza. Lo que menos se esperaba es que pudiera pagarle. Creo que este hombre no se había fijado en mí hasta hoy.
TERESA.-  Si lo que busca es dinero, tú llevas una dote mejor que la muchacha… ¡No te digo!. (Mutis de las dos mujeres.) 
(Queda la escena en penumbra dando la sensación de que ha pasado un tiempo. Puede haber dos momentos musicales y dos iluminaciones diferentes. Se va encendiendo lentamente la luz y aparecen llorando la SOBRINA y SANCHICA acompañadas del BACHILLER.)
SOBRINA.  ¡Ay, qué vergüenza!
BACHILLER.-  Mujer… que no es para tanto.
SANCHICA.-  ¡Pero que vergüenza!… ¡Esto no se puede aguantar!
SOBRINA.-  Todo el mundo nos miraba…
SANCHICA.-  … y se reía por lo bajo… ¡Ay, ay!
SOBRINA.-  … y nos señalaba con el dedo…¡Ay, ay, ay!
BACHILLER.-  No os pongáis así… No es cierto que la gente se burlara de vosotras.
SANCHICA.-  .. ¿Cómo que no?… ¿es que no me miraban cuando contaban que, a mi pobre padre, le han manteado en la posada?… y se han reído de él…
SOBRINA.-  …¿y cuando decían que a mi tío casi le corta una oreja ese… vizcaíno… o lo que fuera…?
SANCHICA.-  …Y dicen los cantares que mi padre quiere gobernar una ínsula…
SOBRINA.-  ¡Ay, ay, ay,!… menos mal que aparecisteis vos, y nos sacasteis de allí.
SANCHICA.-  ¡Ay, ay, ay!…Y os encarasteis con la gente que nos hacía burla….
BACHILLER.-  Vamos… dejad de llorar las dos, que la cosa no es para tanto… Ya sabéis lo que son los romances de ciego.
SANCHICA.-  Me voy a decírselo a mi madre.  (Sorbiéndose los mocos.) 
 (Conteniéndola.) BACHILLER.-  Ni se te ocurra. Tu madre no tiene que enterarse de nada.
 (Dándole un pañuelo.) SOBRINA.-  Límpiate esos ojos para que no note que has llorado.
BACHILLER.-  …y no se te escape decirle que le han robado el burro a tu padre.
SANCHICA.-  Encima está lo del pobre Rucio… yo lo he cuidado desde que nació.  (Sale limpiándose los mocos y las lágrimas.) 
 (A solas con la SOBRINA. Limpiándole las lágrimas.) BACHILLER.-  Vos tampoco debéis llorar.
SOBRINA.-  ¿Cómo no voy a llorar si mi tío Don Quijote va haciendo el ridículo por el mundo?
BACHILLER.-  No, Tonia. Hacer el bien no es hacer el ridículo.
SOBRINA.-  Buscar la gloria “desfaciendo entuertos”, como él lo llama, y como él lo hace… es hacer el ridículo.
BACHILLER.-  Entre el ridículo y la gloria hay un solo paso.
SOBRINA.-  Claro que hay un solo paso: él está en Sierra Morena deshaciendo entuertos , enmendándole la plana a la ley, amparando doncellas y creyendo que va a conquistar un reino para que lo gobierne Sancho Panza… Eso debe ser la gloria… Nosotras estamos en casa muertas de vergüenza, sin atrevernos a salir a la calle porque todo el mundo nos mira como la familia de un loco que se cree caballero andante… Eso es el ridículo… ¡el ridículo! ¿Os enteráis?  (El AMA va a entrar, pero se detiene al escuchar los lamentos de la SOBRINA.) 
 (Entrando.) AMA.-   ¿Qué estoy oyendo? ¿Tú también andas acobardada como Sanchica?
SOBRINA.-  ¿Me habéis oído?
AMA.-  Te he oído a ti y la he oído a ella, que me ha contado lo de los cantares… Y una no está dispuesta a ver a mi niña llorando y escondiéndose porque su señor tío haya decidido enmendar las sinrazones de este mundo a golpe de lanza.
SOBRINA.-  ¿Y qué podemos hacer si no lamentarnos?
AMA.-  Trocando el ridículo en gloria.
SOBRINA.-  ¿Cómo podemos hacer eso?
AMA.-  Aceptando la realidad y obrando en consecuencia.
 (Sin enterarse mucho de lo que quiere decir el AMA.) SOBRINA.-  … Obrando en consecuencia… ¿Qué es eso?
AMA.-  Ir por la vida con la cabeza bien alta.
BACHILLER.-  Tiene razón el Ama. Sencillamente que, en vez de esconderos, sepáis dar la cara por vuestro querido tío… Que en vez de ocultar vuestro linaje, vayáis pregonando que sois Sobrinea de la Mancha, la orgullosa Sobrina del Caballero de la Triste Figura. ¿Es eso lo que proponéis, Ama?
AMA.-  ¡Pero, qué relisto sois, hijo!… Os dejo solo con ella, que con esa labia de Salamanca, se lo explicaréis mucho mejor que yo…  (A la SOBRINA.) Y, nada de andar con los ojos gachos…  (Acompañándose con el gesto.) ¡Así hay que ir!.  (Se va el AMA con mucho poderío.) 
SOBRINA.-  ¡Qué vergüenza, Dios mío…! Yo no me atrevo.
BACHILLER.-  Ese es el quid de la cuestión: que os ocultéis del mundo o que os pongáis el mundo por montera… ¡Atreveos!
SOBRINA.-  No me creo capaz.
BACHILLER.-  Mi amor os ayudará…Mi Sobrinea.
SOBRINA.-  ¿Pero eso no era nuestro juego?
BACHILLER.-  Dejemos al mundo entero que juegue el juego de la caballería andante.
SOBRINA.-  Me parece que estamos todos un poco locos…, mi caballero de la Blanca Luna.
BACHILLER.-  Todos necesitamos un poco de locura, para poner verdadera cordura en nuestras vidas.
(Se abrazan los enamorados y hacen mutis despacio. Se apaga la luz mientras se escucha una música animosa. Al encenderse la luz, de nuevo, llaman a la puerta. Sale el AMA a abrir. Entran el CURA y MAESE NICOLÁS con TERESA.)
CURA.-  Ama, ¿Ya han llegado?
AMA.-  ¿Quién tiene que llegar?
BARBERO.-  La Santa Hermandad, Ama.
TERESA.-  La Santa Hermandad
 (A la vez.) AMA.-  ¿La Santa Hermandad?
CURA.-  La Santa Hermandad, sí. Que está buscando a Don Quijote para encarcelarle.
AMA.-  ¿Encarcelarle? ¡Dios mío!… Si ya lo decía yo…
TERESA.-  ¿Y, también van a encarcelar a mi Sancho?
BARBERO.-  … No lo sabemos, Teresa. Pero hay traerles a casa enseguida.
AMA.-  Lo mejor será que vayan vuestras mercedes a por ellos… al infierno, si hace falta.
CURA.-  ¡No blasfeméis!
BARBERO.-  Ni el miedo a la cárcel puede hacer que Don Quijote vuelva al pueblo.
 (Entrando.) SOBRINA.-  A mi tío solo le puede hacer volver una causa noble.
BARBERO.-  ¿Por ejemplo?
SOBRINA.-  Por ejemplo, que una dama en apuros se lo pida.
 (En voz baja, al BARBERO.) CURA.-  Es verdad… pareces tonta, la leída esta.
 (Mirando al CURA con guasa.) SOBRINA.-  Gracias a los libros, señor cura.
 (Observando al CURA de arriba a abajo.) AMA.-   ¿Qué os parece, señor cura, que vos, que sois apuesto, os disfracéis de dama y le engañéis hasta devolverle a casa?
SOBRINA.-  ¡Eso!.. Y vos, maese Nicolás… podéis disfrazaros de su doncella.
BARBERO.-  ¿Qué dama ni qué doncella?. Yo no me disfrazo (Sale TERESA muy decidida.) 
 (Coquetona.) SOBRINA.-  ¿No queréis darme gusto…?
BARBERO.-  … Si es por vos…
SOBRINA.-  Por mí y por mi tío, Don Quijote.
CURA.-  Pero eso es muy difícil, muchacha. ¿Qué historia habríamos de contarle?
SOBRINA.-  Una historia galante… Como… como que una princesa…
AMA.-  ¡Una princesa!
SOBRINA.-  ¡Eso!… Que… que está siendo perseguida por…
 (Aparece con una brazada de vestidos viejos.) TERESA.-   … por un gigante…
 (Entrando al trapo.) CURA.-  ¡De acuerdo!… y le pide ayuda a Don Quijote…
BARBERO.-  … Y, Don Quijote, la va siguiendo… la va siguiendo… hasta llegar a casa.
SOBRINA.-  ¡Pero qué inteligentes son vuestras mercedes!
CURA.-  ¿Pero, cómo le podemos engañar?
TERESA.-  Déjenlo de nuestra cuenta. A ver… ¿Cómo le quedaría a usted esta saya?
AMA.-  ¿Y este corpiño?
 (Al BARBERO.) SOBRINA.-  ¿O, esta toca?
 (Las tres mujeres intentan disfrazar al CURA y al BARBERO de la manera más cómica posible, con diálogos oportunos y jocosos creados por los propios personajes. La escena se puede alargar o acortar según interese.) 
 (Mientras viste al CURA.) AMA.-   Por aquí… es mejor que meta el brazo por la manga… Eso… ¿Y cómo se podría llamar la princesa?
CURA.-  Esta toca me aprieta… Debe ser un nombre muy espectacular. Vamos a pensar…
TERESA.-  La princesa Micomicona…  (Al CURA.)  Estése quieto, que no consigo colocarle esto bien.
SOBRINA.-  Sí. Es un nombre muy sonoro… Y es hija del rey Micomicón.  (Coge unos alfileres de uno de los mundillos para sujetarle la prenda y le pincha adrede.) 
BARBERO.-  ¡Aaaayyyy!
SOBRINA.-  No seáis quejica.
BARBERO.-  …Me habéis pinchado…
SOBRINA.-  Si es que no paráis quieto, hombre de Dios.
BARBERO.-  Cuando os acercáis a mí… no sosiego.
SOBRINA.-  Pues sosegad.  (Mirando guasona al BARBERO.)  ¡Ay! Maese Nicolás… Cómo le cae a vuestra merced este corpiño de terciopelo … A ver… míreme… Estaría “guapísima” si no fuera por el bigote.
BARBERO.-  Mi bigote no me lo quito: eso sí que no.
SOBRINA.-  ¿Cómo que no?. ¿No decíais que haríais todo por mí?
BARBERO.-  Todo…todo… (Tocándose el bigote con tristeza)
SOBRINA.-  Todito vais a hacer.  (Coge unas tijeras y le corta el bigote, con grandes lamentos pos parte de éste.) …Y no olvidéis que un gigante malvado os ha arrebatado el reino…  (Mirándole.)  ¡Qué preciosidad!
BARBERO.-  ¡Ay!
 (Al AMA.) SOBRINA.-  Ama, me parece que el señor barbero hace mejor de princesa Micomicona que el señor cura.
TERESA.-  No sé hija. Tendremos que echarlo a suertes porque ambas “señoras” parecen talmente de verdad.
AMA.-  A ver…  (Mirando a ambos y con mucha teatralidad.) … ¿Quiénes son estas elegantes damas que nos hacen el honor de visitar nuestra humilde morada?
 (Afinando la voz.) CURA.-  Soy la princesa Micomicona y ésta, mi doncella.
 (A la vez.) BARBERO.-  Soy la princesa Micomicona y ésta, mi doncella.
AMA.-   Demasiadas Micomiconas para un solo día.
 (Entra jadeando SANSÓN CARRASCO.) 
 (Entrando.) BACHILLER.-   ¿Ha llegado ya?
TODOS.-   ¿Quién?
BACHILLER.-  El alguacil de La Santa Hermandad… Pero… ¿Quiénes son estas señoras?
SOBRINA.-  Miradlas detenidamente, por si os son conocidas.
 (Mira detalladamente a los hombres disfrazados.) BACHILLER.-   … El caso es que… me parece haberlas visto en alguna parte… pero no recuerdo bien.  (Dirigiéndose al CURA y al BARBERO.) 
  ¿Quiénes son vuestras mercedes? (Llaman a la puerta con grandes golpes.) 
ALGUACIL.-  ¡Abran en nombre de la ley!
 (Abrazando al AMA.) SOBRINA.-  ¿Qué hacemos con estos dos?
AMA.-  Tranquilos todos: Ustedes dos y Tonia se van a sentar a hacer encaje.  (En voz alta.)  ¡Ya va!
ALGUACIL.-  ¡Abran, digo!
 (Abriendo la puerta y fingiendo.) AMA.-   ¡Qué ganas teníamos de que llegara, señor alguacil! ¿Ya se sabe algo de DON QUIJOTE?
ALGUACIL.-  Nos han dicho que está aquí escondido.
SOBRINA.-  ¿Aquí?…¡Qué más quisiéramos!
TERESA.-  ¿Y también buscan a mi Sancho?
ALGUACIL.-  Vengo por Don Quijote, que ha liberado a unos delincuentes que iban a cumplir condena a galeras.
AMA.-  ¿Don Quijote ha hecho eso?
ALGUACIL.-  Además de otras muchas tropelías.
(El CURA y el BARBERO disfrazados se han colocado ante los mundillos de hacer bolillos junto con la SOBRINA. Se sientan cara al público y de espaldas a la puerta por donde entra la justicia. Se ponen a trabajar muy seriamente. Como es de imaginar ni el CURA ni el BARBERO saben hacer encaje, por lo que se les enredan los palos, se pinchan , etc. Con mucha mímica y comicidad. Su rostro va cambiando según sea la conversación.)
ALGUACIL.-  ¿Quiénes son ustedes?
AMA.-  Yo soy el Ama de Don Quijote, ésta es su Sobrina y Teresa es la mujer de Sancho Panza.
BACHILLER.-  Yo soy el bachiller Sansón Carrasco.
ALGUACIL.-  ¿Quiénes son estas muchachas?
SOBRINA.-  Son unas amigas mías que me ayudan a hacerme el ajuar.
 (Acercándose a las encajeras y mirando las puntillas del CURA por encima del hombro.)   (Al CURA.) ALGUACIL.-  ¿De dónde sois?
 (Con voz afeminada.) CURA.-  De Argamasilla.
ALGUACIL.-  Me encanta ver hacer puntilla a las mujeres…  (A la SOBRINA.)  Menudas randas tendrás hechas ya para tu arreo, moza… con la rapidez que trabajas…  (Mirando al BARBERO.) … Tú no corres tanto… ¿Qué te pasa?
 (Con voz de pito.) BARBERO.-  … Es que se me han enredado los bolillos…y estoy deshaciendo.
AMA.-  Es que la pobre… es un poco …torpe.
TERESA.-  … Mas bien, muy torpe.
AMA.-  Eso quería decir.
(Se oye un ruido dentro de la casa que alarma al alguacil)
BACHILLER.-  ¿Qué ruido es ese?
SOBRINA.-  ¡El gato!
ALGUACIL.-  Ustedes me está engañando… Seguro que tienen escondido a Don Quijote.
AMA.-  ¿Nosotras? No, señor alguacil.
ALGUACIL.-  Vamos a buscarle.  (Al BACHILLER.) 
AMA.-   Sansón, acompañad a la justicia.  (Bajito.) … Y, entretened al alguacil todo lo que podáis.  (Salen el ALGUACIL y el BACHILLER.) 
AMA.-  Vamos, aprisa… Quítense vuestras mercedes esos atavíos y desaparezcan de aquí lo más rápidamente que puedan.
(Se desvisten el CURA y el BARBERO ayudados por las tres mujeres y dejan la ropa femenina en un rincón visible.)
CURA.-  Menos mal que no nos han conocido. ¿Qué hubieran dicho en el pueblo si se enteran de que el cura anda disfrazándose como una mujerzuela en carnavales?
BARBERO.-  …Y yo, a mis años, con estas pintas…
SOBRINA.-  Las mismas pintas que tendría si se casara conmigo… ¡No te digo! ¡Hale!
TERESA.-  Ahora, se van despacito, como si no hubieran roto un plato.
CURA.-  Si…si.
BARBERO.-  Me parece que no voy a venir por aquí en mucho tiempo.
 (Abriendo la puerta.) SOBRINA.-  Por lo menos el tiempo que tarde en traer a mi tío. Adiós.
(Salen el CURA y el BARBERO.)
AMA.-  ¡Ay!
TERESA.-  ¡Qué descanso!
 (A la vez.) SOBRINA.-  ¡Qué pesado!
 (Se sientan las tres delante de sendos mundillos y se ponen a hacer encaje. Llega el ALGUACIL con el BACHILLER.) 
ALGUACIL.-  No hemos encontrado a nadie.
AMA.-  ¿Han mirado bien?
ALGUACIL.-  Hasta en los corrales.
SOBRINA.-  … y, en la despensa… en el sobrado…
TERESA.-   ¿Y en el pozo? ¿Han buscado en el pozo?
 (Tomándoles el pelo.) SOBRINA.-  … ¿Y en el gallinero?: ¿No han encontrado a Don Quijote en el gallinero?
BACHILLER.-  Hemos mirado todo.
 (Muy mosqueado.) ALGUACIL.-   Pero… ¿Ustedes no son las mismas mozas que había aquí hace un rato?
SOBRINA.-  ¿Cómo que no?
ALGUACIL.-  Tú, sí… Pero las que estaban contigo… eran otras.  (Tocándose la frente.)  ¡Eran Don Quijote y Sancho disfrazados!
ALGUACIL.-  ¡Me han engañado!
TERESA.-  ¿Nosotras?
 (A la vez.) SOBRINA.-  ¿Nosotras?
AMA.-  ¿Nosotras?
 (Percatándose de las ropas de mujer que han dejado en un rincón.) ALGUACIL.-  ¡Estas son las ropas con las que estaban camuflados!
AMA.-  ¿Quién estaba camuflado?
ALGUACIL.-  ¡Se han escapado!  (Al BACHILLER.)  … ¡Y tú eras su cómplice!
 (Aturdido.) BACHILLER.-  ¿Yo?… Dios me libre…
ALGUACIL.-  ¡Tengo que encontrarlos!
 (Sale el ALGUACIL muy acelerado y nervioso al ver que le han tomado el pelo y deja a nuestros amigos partiéndose de risa.) 
 (A la SOBRINA.) BACHILLER.-  ¿Cómo no me habíais dicho que había vuelto vuestro tío?
TERESA.-  Pero… pero ¿Es que no habéis conocido a los disfrazados?
SOBRINA.-  ¿Seguro que no les habéis conocido?
BACHILLER.-  No. ¿Quiénes eran?
AMA.-  ¡Pues no se lo decimos!  (Se miran las tres con picardía.) 
TERESA.-  ¡Pues no se lo decimos!
SOBRINA.-  ¡Pues no se lo decimos!
(Risa y TELÓN.)
Acto III
(El AMA y TERESA charlan mientras continúan con su interminable puntilla respectiva. De vez en cuando se abanican porque hace mucho calor. DON QUIJOTE y SANCHO acaban de salir de nuevo en busca de aventuras después de una breve estancia en casa, adonde llegó creyéndose preso de una hechicería sobre un carro de bueyes, seguido por un SANCHO triste y humillado.)
 (Deja de tejer y mira al infinito.) TERESA.-  Nunca creí que me pareciera bien que mi Sancho se me fuera otra vez.
AMA.-  Yo pensaba que ya se iban a quedar aquí para siempre… El cura y el barbero se encontraron con aquella muchacha que creo que se llamaba… no me acuerdo…
TERESA.-  Dorotea.
AMA.-  Eso. Dorotea… que hizo a las mil maravillas el papel de princesa Micomicona y consiguió acercar a casa a Don Quijote.
TERESA.-  Porque, lo que eran sus disfraces… no creo que le hubieran engañado.
 (Melancólica.) AMA.-  … Y parecía que se les había pasado la fiebre… Los amigos visitaban a mi señor… y todo parecía normal… hasta que decidieron irse a Barcelona. ¡Nada menos!
TERESA.-  Seguro que en Barcelona conseguirán aventuras que les darán mucha fama.
AMA.-  Con la fama no se come.
TERESA.-  … Depende… a mí no me importa que se hayan ido de nuevo.
AMA.-  ¿Te ha parecido bien? A mí me parece tanta locura como la primera vez que se fueron.
TERESA.-  Es su oficio, oye. Don Quijote es un caballero andante cuyo escudero le acompaña por encrucijadas y veredas esperando una batalla gloriosa que le convierta en gobernador de una ínsula.
AMA.-  Pero ¿has terminado por creer lo de la ínsula?
TERESA.-   ¿Cómo no lo voy a creer? La primera vez que ha vuelto a casa, Sancho me ha traído cien escudos. La próxima vez, vendrá en caballo y con escolta.
AMA.-  ¿Cien escudos? ¿De dónde han sacado estos correcaminos cien escudos?
TERESA.-  ¡Ah! No sé… Será la soldada con que le ha pagado sus servicios mi señor Don Quijote.
AMA.-  Pero si Don Quijote no tiene donde caerse muerto… ¡Anda ya!
TERESA.-  Tendrá o no tendrá… Pero todo el mundo le respeta… y su fama corre de boca en boca… y hasta los ciegos le hacen coplas… y se está escribiendo un libro con sus aventuras que se titula: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha.
AMA.-  ¿No me digas?… ¿No lo habrás leído tú?
 (Con retintín.) TERESA.-  No, Ama, no… Yo no sé leer como la Sobrina. Ni mi Sanchica tampoco… que nosotras somos mujeres decentes…
AMA.-  ¿Es que mi Tonia no es una mujer decente? … Mira que la he cuidado desde que murió su madre… ¡y no te consiento que digas eso!
TERESA.-  … Mujer… No quiero decir que la moza sea mala. ¡Dios me libre!… pero … ya sabes… en el pueblo se comenta … que también lee libros de caballerías… y que presume de ser Sobrina de Don Quijote… y cualquier día…
 (Entrando y muy seria.) SOBRINA.-  Cualquier día… ¿qué? Teresa.
 (Recoge de mala manera la labor y se sale con el mundillo.) TERESA.-  Nada… No he dicho nada. Ya me iba. Hasta luego
 (Al Ama.) SOBRINA.-  ¿Qué le pasa a ésta?
AMA.-  Pues no lo sé. Por un lado está contenta porque su marido se gana la vida de escudero de un caballero andante. Y por otro…
SOBRINA.-  Por otro, ¿qué?
AMA.-  Creo que le fastidia que su marido sea eso… el escudero.
 (Riendo.) SOBRINA.-  Ja…ja… ¿Pues qué quería?
 (Ríe también.)  (Se oye a SANCHICA, desde fuera dando voces.) 
SANCHICA.-  ¡Madre! ¡Madre!
 (Saliendo a buscar a SANCHICA.) SOBRINA.-  ¿Qué pasa? ¿Por qué gritas de esa manera?
 (Entrando. A la SOBRINA.) SANCHICA.-  ¡Ay!, amiga mía… Que hay un mancebo, como un pino de oro, preguntando por mi madre…¡qué nerviosa estoy!
 (Levantándose.) AMA.-  ¿Qué pregunta?
SANCHICA.-  ¡Que si está mi madre!
 (Entrando con el mundillo en la mano.) TERESA.-  ¡Aquí está tu madre! … ¿Qué es lo que ocurre, niña?
SANCHICA.-  ¡Ay!, madre… Que en la puerta está un joven muy apuesto preguntando por vos.
TERESA.-   ¿Y lo tienes en la calle?… ¡Hazlo pasar!, muchacha.
 (Sale SANCHICA y se quedan las demás mujeres con gran expectación. Vuelve seguida del PAJE que trae ricos presentes.) 
 (Al PAJE, señalando a TERESA.) SANCHICA.-  Mi madre.
 (Arrodillándose.) PAJE.-   Déme vuestra merced sus manos, mi señora Doña Teresa, esposa del Señor Sancho Panza, gobernador de la ínsula Barataria.
 (TERESA se queda estupefacta y se le cae el mundillo con gran estrépito y revuelo de bolillos. El AMA lo recoge y lo coloca en cualquier sitio.) 
TERESA.-  ¡Ay, señor mío, quítese se ahí; no haga eso… que yo no soy nada palaciega sino hija de un destripaterrones y mujer de un escudero andante, y no de gobernador alguno.
PAJE.-  Vuestra merced es mujer dignísima de un gobernador archidignísimo.
AMA.-  ¡Oh!
SANCHICA.-  ¡Anda!
PAJE.-  Y, para prueba de mi verdad, reciba vuestra merced esta carta y este presente.  (El PAJE le entrega una sarta de corales que TERESA coge con gran devoción, alucinada por semejante acontecimiento.) (Se acercan a TERESA las demás mujeres y tocan el collar. Exclamaciones libres de las actrices.) 
SOBRINA.-  ¡Son corales!
AMA.-  … ¡y de verdad!
 (TERESA no cabe en sí de gozo.) SANCHICA.-  …¡Y, con extremos de oro!
 (Entregándole la carta.) PAJE.-   Esta carta es del señor Gobernador, y esta otra que traigo y estos corales son de mi señora la Duquesa, que a vuesa merced me envía.
 (Muy mosqueada.) SOBRINA.-  ¿Una duquesa?… ¿Qué duquesa?
PAJE.-  La Duquesa en cuyo palacio se alojan Don Quijote y su escudero, Sancho Panza.
 (Emocionada.) SANCHICA.-  Que me maten si no anda por ahí nuestro señor amo Don Quijote, que debe haber dado a padre el gobierno que tantas veces le había prometido.
PAJE.-  Así es la verdad, que por respeto del señor Don Quijote es ahora el señor Sancho gobernador de la ínsula Barataria, como se verá por esta carta, que puede leer vuestra merced.
 (Muy contrariada.) TERESA.-  … Pero si yo no sé leer ni mi hija Sanchica, tampoco…
SOBRINA.-  Yo sí sé leer. Y voy a leer.  (Coge la carta. Todas escuchan con curiosidad.) Veamos qué dice esa.  (Con guasa.) … Duquesa:  (Lee.)  “Amiga Teresa”…  (La SOBRINA va pasando de la ironía de la desconfianza con la que comienza la lectura hasta la convicción de la certeza.) 
TERESA.-  ¿Me llama amiga?
 (Continúa con la lectura.) SOBRINA.-  … “la bondad y el ingenio de vuestro marido Sancho…  (Se ponen muy huecas TERESA y SANCHICA, asintiendo con la cabeza.) … obligaron a mi esposo el Duque, a concederle el gobierno de una ínsula, de muchas que tiene”…
AMA.-  ¡Tiene muchas ínsulas!
 (Leyendo.) SOBRINA.-  … “quiero que sepa, señora Teresa, que es el mejor gobernador del mundo, y ya quisiera gobernar yo como Sancho gobierna”.
TERESA.-  ¿No te digo?… si mi Sancho terminará por dar lecciones en la Corte…
SOBRINA.-  Espera que no he terminado… “Tiempo vendrá en que nos conozcamos y nos comuniquemos”…
AMA.-  ¡Quiere conocerla!
SOBRINA.-  Pues ahora viene lo mejor:  (Mirando a su amiga.)  … “Encomiéndeme a Sanchica, su hija, que la tengo que casar altamente cuando menos lo piense”…
SANCHICA.-  ¡Ay, madre!… Que me voy a la Corte para casarme con un príncipe…
SOBRINA.-  “Su amiga, que bien la quiere, La Duquesa”
 (A la SOBRINA.)  PAJE.-  Vos misma habéis comprobado que lo que digo es verdad. Y más se alegrarán cuando vean el vestido de paño finísimo que el Gobernador Sancho envía para su hija Sanchica.
(Abre el paquete y enseña un vestido verde, de fino paño, que coge SANCHICA inmediatamente, colocándoselo delante a modo de prueba paseándose con él de esa guisa por todo el escenario. Exclamaciones de sorpresa.)
SANCHICA.-  ¡Madre mía! ¡Cuando me vean las otras mozas del lugar!
TERESA.-  ¡TERESA, gobernadora!… ¡Ahhh!
SANCHICA.-  ¡Cochina envidia que van a tener todas cuando me pasee con mi madre, en coche, como una reina!
TERESA.-  … Y cuando estemos sentadas, en la iglesia, junto al altar mayor…
 (Dándose mucha importancia.) SANCHICA.-   … Bajo dosel…
TERESA.-  Todas estas venturas, y aún mayores, me las tiene profetizadas mi buen SANCHO, y verás tú, hija, como no para hasta hacerme condesa.
 (Con una cierta envidia.) AMA.-  … Todo es comenzar a ser venturosas…
TERESA.-  Pero… ¿qué hacemos?… hablar y hablar… y, seguramente, este buen Paje, que viene de la ínsula, no ha comido ni bebido en mucho tiempo.  (Al AMA.)  AMA. Nos vamos a casa a atenderle como se merece el embajador.  (Al PAJE.)  Venid con nosotras.
 (Hacia el resto de las presentes.) PAJE.-  Permiso…
 (Salen TERESA, SANCHICA y elPAJE. Se quedan él, AMA y la SOBRINA.) 
AMA.-   ¡Qué educado!
SOBRINA.-  ¿Será un Paje de verdad?
AMA.-  No me lo puedo creer… ¡Es que no me lo puedo creer!… ¿Pero no decías que eso de las ínsulas era una fantasía de tu tío Don Quijote?
SOBRINA.-  Eso pensaba yo… Pero se ve que mi tío, le pone tanto ardor a sus fantasías que terminan por convertirse en realidad.
AMA.-  … Y, mírala… mucho decirme que querría ver muerta a su Sanchica antes que verla condesa … mucho presumir de que es mejor ser pobre y decente que cortesana advenediza… y en cuanto se ha visto con un collar de corales, se le han olvidado todos sus principios.
SOBRINA.-  ¡Ay, Ama!… No se ponga así.
AMA.-  ¡Claro! A ti todo te parece bien… Pero es que Teresa nos va a restregar por las narices la ínsula de su marido.
SOBRINA.-  Pues si les ha llegado el momento de la ventura, mejor para ellas…
AMA.-  ¡Ni tanta ventura!… De Teresa Cascajo, que es como se llama, nombre mondo y lirondo, sin dones ni donas, porque es hija del señor Cascajo… a doña Tal y Señoría… Y lo que quiere es sentarse en la iglesia sobre almohadones, a despecho de las hidalgas del pueblo… ¡ah!
SOBRINA.-  ¿Y, a usted, qué más le da?
 (Sin hacerle caso.) AMA.-   …Ayer iba a misa cubierta la cabeza con la falda de saya… y mañana con broches y con entono… ¡Como si no la conociésemos!
SOBRINA.-  No acabo de comprenderlo. Parece que todos estuviéramos presos de una hechicería. Mejor será que vayamos a contárselo a los amigos del tío.
AMA.-  Será mejor que vayamos. Sí.  (Salen ambas.) 
(Queda un momento la estancia sola y entran muy contentas, TERESA y su hija. Ésta viene vestida con el traje que le ha enviado su padre. Ambas actúan con gran ordinariez.)
TERESA.-  Acércate, Sanchica mía que te contemple.  (La mira arrobada.)… 
SANCHICA.-  Madre… ¿Estoy guapa?  (Se mueve torpemente con esa ropa.) 
TERESA.-  No he visto a nadie tan hermosa como tú. Orgullosa estoy de haberte parido.
SANCHICA.-  Tendréis que comprarme chapines, porque este traje no se puede llevar con los zuecos.
TERESA.-   Chapines te compraré… y saboyanas de seda…
SANCHICA.-   ¿Me dejaréis el collar?
TERESA.-  ¡Faltaría más!… Yo misma te lo pongo…  (Se lo pone y la contempla de nuevo.) 
SANCHICA.-  Pero, ¿creéis, madre, que yo podré estar en la Corte, sin saber apenas hablar y sin saber leer?
TERESA.-  La señora duquesa se encargará de tu educación como si fueras mismamente su hija.
SANCHICA.-  ¿De verdad que no pareceré basta y grosera?
 (Admirada.) TERESA.-   ¡Ay! Si estuviera aquí tu padre, el gobernador, cómo se enorgullecería de ti, y cómo presumiría de hija en la Corte…  (Cambiando el tono.)  Basto y grosero me parecía él a mí… y ahí lo tienes… gobernando como un girifalte…
SANCHICA.-  Madre… madre… Y… ¿me podré casar con el Paje?
TERESA.-  … ¡Ah, no!… Es solo un Paje… La hija del gobernador se merece … un hidalgo, por lo menos.
SANCHICA.-  ¿Os parece poco?. ..Si hace un rato creíais que el mejor partido para mí era Lope Tocho.
 (Con desprecio.) TERESA.-  … Lope Tocho… Lopillo, el hijo de Juan Tocho…un destripaterrones cualquiera… ¡Ni se te ocurra pensar en él!… Eso era antes, cuando éramos unas pelarruecas…  (SANCHICA se arrasca la cabeza de manera vulgar.) … No te arrasques así, mujer…
SANCHICA.-  ¿Pues cómo me he de arrascar, si me pica?  (Se limpia los mocos con la bocamanga.) 
 (Dándole en la mano.) TERESA.-   Hija, ¡eso no se hace!…Tienes que aprender modales condesiles… con esa grosería, se van a reír de ti en palacio
 (Echándose a llorar.) SANCHICA.-  No llevo dos minutos vestida de dama y ya me habéis reñido.
TERESA.-  No te riño… Solo te preparo para la vida que nos espera…  (Le toca la cabeza.) De momento, vamos a arreglar estos pelos.
SANCHICA.-  Eso. Vamos . (Salen.) 
(Entran en escena, el BACHILLER y MAESE NICOLÁS, luchando con enormes espadas. Aún ignoran la llegada del PAJE. El BARBERO le da clases a SANSÓN para que éste pueda estar a la altura de DON QUIJOTE y poder vencerle, creyendo que esta será la única manera de conseguir su vuelta definitiva a casa. Sonido de espadas.)
BARBERO.-  Así… Así… un poquito más hacia arriba.
BACHILLER.-  ¿Así?
BARBERO.-  Eso…  (Continúan batiéndose otro rato.)  Si seguís así, en un par de días, habréis conseguido vencerme.
BACHILLER.-  Ya me gustaría. Pero un simple estudiante de Salamanca nunca podrá vencer al que fue soldado en la batalla de Lepanto.
BARBERO.-  Exactamente, jovenzuelo. Compañero de armas del mismísimo Miguel de Cervantes…
BACHILLER.-  Mala suerte tuvo, el pobre… Perdió una mano… ¿Volvisteis a saber algo de él?
 (Hablan mientras se baten tranquilamente.) 
BARBERO.-  Fijaos: después de tantos años sin tener noticias suyas, resulta que ahora, me entero, de que está siguiendo la pista de nuestro vecino para escribir sus aventuras.
BACHILLER.-  La vida es un pañuelo, amigo Nicolás.
BARBERO.-  Es verdad… ¿Y vos creéis que Don Quijote volverá definitivamente si le derrotáis?
BACHILLER.-  Seguro. No estoy dispuesto a dejar que me dé una paliza como cuando le presenté batalla disfrazado de Caballero de los Espejos.
BARBERO.-  Os dejó malparado… menos mal que, ahora, hemos entrenado también con la lanza.
BACHILLER.-  Además, esta vez, le haré jurar por Dulcinea que no volverá a escaparse más…
  A propósito de Dulcinea… Me sorprende verle tanto por esta casa, aun sin estar su amigo, el Caballero de la Triste Figura. ¿No andará enamorado de alguna señora que viva aquí?
 (Poniéndose colorado.) BARBERO.-  … ¿Se me nota mucho?
BACHILLER.-  Un poco…
BARBERO.-   ¿Sabéis quién es?
BACHILLER.-  Se comenta por el pueblo… la dama está aún de muy buen ver.
BARBERO.-   ¿Aún, decís?…  (Ofendido.)  ¡Podía no estarlo!… a su edad…
 (Sin darse por aludido.) BACHILLER.-   … Es jovial… y está lozana.
BARBERO.-   Así es…
BACHILLER.-  Además a ella también la veo interesada…
BARBERO.-   ¿A ella?… ¿Qué oigo?
BACHILLER.-  … Ayer mismo me comentaba: el barbero se está quedando flaco… Con los duelos y quebrantos que le haría yo para almorzar…
BARBERO.-  ¿Eso decía?
BACHILLER.-  Se lo aseguro.
BARBERO.-  ¿Cocina bien?
BACHILLER.-  Como los ángeles.
BARBERO.-  A un hombre mayor le interesa que le cuiden el estómago.
BACHILLER.-  Eso… Y también decía, que podría restituirle el dinero que le ha prestado a Don Quijote.
BARBERO.-   ¿Ella tiene dinero?
BACHILLER.-  Mucho. Es la mejor encajera de toda la Mancha.
 (Extrañado.) BARBERO.-   ¿De quién estáis hablando?
BACHILLER.-   ¿De quién va a ser?… Del Ama, naturalmente.
BARBERO.-  ¿Del Ama?…  (Para sí mismo.) … ¿No será que éste… y la Sobrina…?… Pero el Ama, tampoco está mal… No había caído…
BACHILLER.-  ¿No habéis notado que se pone nerviosa siempre que os ve? o,¿es que no es en el AMA en quien pensáis vos?…
 (Despistando.) BARBERO.-   ¡Naturalmente!… En qué otra mujer podía yo pensar…
BACHILLER.-  Pues vaya a buscarla que debe andar por la cocina.
 (Celebrando la idea.) BARBERO.-   Tenéis razón. Voy a ver si la encuentro.
 (Al quedarse solo el BACHILLER ríe satisfecho, hace unos juegos de espada con mucho entusiasmo, y le encuentra la SOBRINA en esta tesitura.) 
 (Burlona.) SOBRINA.-  Ya me holgara yo de veros convertido en un verdadero caballero, capaz de enfrentarse, en ardua batalla, con gigantes y magos encantadores, lo mismo que le ocurre a mi señor tío.
 (Un poco azorado al sentirse pillado en semejante ridículo.) BACHILLER.-  ¡Ah!… sois vos…  (Se acerca a ella con complicidad.)  Estoy a punto de liberaros del acoso del barbero.
SOBRINA.-  ¿Cómo?
BACHILLER.-  Le estoy haciendo creer que el Ama está perdidamente enamorada de él.
 (Riendo.) SOBRINA.-  ¿El Ama?… ¡Pobre!… ¿Con lo vieja que es?… Desde que enviudó y vino a cuidarme, siendo yo muy niña, no se ha fijado en un hombre.
BACHILLER.-  Pues ya es hora de que piense en ella… porque vos la vais a dejar de necesitar enseguida…
 (Coqueta.) SOBRINA.-   … No digáis cosas…
BACHILLER.-   Que sí… que en cuanto vuelva con vuestro tío… ¡nos casamos!
SOBRINA.-  Podéis retrasar el viaje y el casamiento. Hay cosas más urgentes que resolver.
BACHILLER.-  ¿Qué ocurre?
 (Misteriosa.) SOBRINA.-  Ha llegado un joven, cargado de regalos para la familia Panza, que dice ser Paje de una tal Duquesa, que ha convertido a Sancho en gobernador de una ínsula, y trae cartas que acreditan su verdad.
BACHILLER.-  ¿Qué decís?
SOBRINA.-  Es completamente cierto. La carta la he leído yo misma. La firmaba la Duquesa.
BACHILLER.-  ¿Pero qué Duquesa?
SOBRINA.-  La Duquesa que, por mediación de mi tío Don Quijote, le ha hecho gobernador a SANCHO Panza, de la ínsula Barataria.
BACHILLER.-  Vamos a ver, Sobrinea mía, tesoro mío… ¿No sabéis vos, lo mismo que yo, que las ínsula esas que pretende conquistar vuestro tío no están más que en su imaginación?
SOBRINA.-  Pues ese es mi problema… Que parece que se están materializando las ilusiones de mi tío Don Quijote.
BACHILLER.-  ¿Pero, os lo habéis creído?
SOBRINA.-  No había otro remedio. Todo es digno de crédito.
BACHILLER.-  Entiendo que Teresa y Sanchica, se hayan tragado eso de que su marido y padre sea gobernador. Pero vos y yo sabemos que eso solo puede ocurrir en la fantasía.
SOBRINA.-  No es una fantasía. El Paje es de carne y hueso… y el collar es de corales. Auténticos.
BACHILLER.-  Vamos a interrogarle. ¡Ya verás cuando le pille!  (Mutis los dos.) 
 (Aparecen SANCHICA con el PAJE. SANCHICA está dispuesta a desobedecer a su madre y coquetea descaradamente con él. El PAJE no le hace melindres a la situación.) 
PAJE.-  El torrezno, empedrado con huevos, estaba realmente bueno.
SANCHICA.-  ¿No se fríe así en la Corte?
PAJE.-  Tal vez… Pero allí no tengo ocasión de conocer a la cocinera.
SANCHICA.-  Si me lleváis a la Corte, ¿Tendré que guisar para vos?
PAJE.-   ¡Oh, no! Allí hay un ejército de cocineros y cocineras que se encargan de semejantes menesteres… Vos comeréis en la mesa de mis señores los Duques, lo mismo que vuestro padre.
SANCHICA.-  ¿Vos no coméis con ellos?
PAJE.-  No. Yo sirvo a mis amos, como corresponde a un Paje.
 (Lanzándose a la conquista descarada.) SANCHICA.-  ¿Sois vos con quien me quiere casar la señora Duquesa?
PAJE.-   Tal vez.
SANCHICA.-  ¿Os… parezco hermosa?  (Se limpia los mocos con la bocamanga.) 
PAJE.-  Hermosa sí… como una flor silvestre.  (Le ofrece un pañuelo.)  … Mejor será que uséis esto.
SANCHICA.-  ¡Ah!… ¿Es que no os gustan mis modales?…
PAJE.-  Pueden mejorar… Todo puede mejorar con un buen aprendizaje.
SANCHICA.-  ¿Vos seríais mi maestro?
PAJE.-  Solamente si vos queréis ser mi discípula.
SANCHICA.-  ¿Y, qué me enseñaréis?
PAJE.-  … Os enseñaré a andar pausadamente sobre las alfombras de palacio… a mirar sin mover la cabeza… a escuchar hermosas palabras… a…
SANCHICA.-  ¿Qué más?  (Excesivamente alto y expresivo.) 
PAJE.-  A hablar bajito…
SANCHICA.-  ¿Qué más?  (Cada pregunta en tono más bajo y más íntimo.) 
PAJE.-   A comer con cuchara de plata…
SANCHICA.-  ¿Qué más?
PAJE.-   A escuchar el sonido de las fuentes en los jardines de palacio…
SANCHICA.-  ¿Qué más?
PAJE.-  A ser discreta.
SANCHICA.-  ¿Qué más?
PAJE.-  A escribir versos…  (Cada vez se va acercando más a SANCHICA.) 
SANCHICA.-  … ¡Si no sé escribir!
PAJE.-  Yo os enseñaré.
 (Anhelante) SANCHICA.-  … Y, ¿qué más me enseñaréis?
PAJE.-  Os enseñaré los secretos de la Corte…
SANCHICA.-  …Y, ¿qué más?…
 (Le coge la mano y se la besa.) PAJE.-  y los secretos del amor…
SANCHICA.-  ¡Ay!
 (SANCHICA está a punto de desmayarse de emoción cuando llegan el CURA con el BARBERO y el BACHILLER.) 
 (A los demás.) BACHILLER.-   Aquí está este farsante.
CURA.-  Seguramente, engañando a la incauta Sanchica.
 (Enseñándole la carta.) BACHILLER.-   ¿Vos sois el portador de este pliego?…
PAJE.-   Yo mismo. Sí.
 (Muy enfadado.) BACHILLER.-  ¡Embaucador!,¡Trapacero!,¡Mentiroso!…¡Os voy a…!  (Levantándole del suelo después de haberle cogido por el jubón.) 
 (Asustado.) PAJE.-   ¿Pero, qué pasa?
BACHILLER.-  ¡Farsante!… ¿Qué historias son éstas de que sois el mensajero del gobernador SANCHO Panza?…¡Vamos!
PAJE.-  ¡Aggg!
BACHILLER.-   ¿De dónde ha salido esa ínsula fantasma?…¡Decid!…
PAJE.-  ¡Me apretáis!
BACHILLER.-   ¿Y esa duquesa tan llana y tan humilde, que escribe a las labradoras, como si de sus iguales se tratase?
PAJE.-  ¡Ay!
BACHILLER.-  ¡Explicad delante de todos esas fábulas en las que habéis hecho creer a esas pobres mujeres!  (Suelta al PAJE.) 
CURA.-  ¡Contad!
BARBERO.-  ¡Decid!
SANCHICA.-  ¿Pero son fábulas? ¡Ay, madre!… ¡y yo que me lo había creído!
 (Muy sereno, tras arreglarse la ropa que le ha descolocado el BACHILLER.) PAJE.-   De que el señor Sancho Panza sea gobernador, no hay dudar en ello, de que sea ínsula o no la que gobierna, en eso no me entremeto, pero es un lugar de más de mil vecinos… Y, respecto a la Duquesa, quiero que sepa vuestra merced que las señoras de Aragón no son tan puntuosas como las señoras castellanas; con más llaneza tratan a las gentes.
 (Entrando con TERESA y la SOBRINA.) AMA.-   No preguntéis más, amigo Sansón. Que el joven dice verdad.
TERESA.-  Como verdad son mis corales y el vestido de Sanchica.
 (Al PAJE.) BACHILLER.-   Entonces, ¿vos sabéis dónde y cómo se encuentran en este momento Don Quijote y Sancho?
PAJE.-  Naturalmente que lo sé. Viven en el palacio de los Duques, en cuyo nombre he viajado hasta aquí.
BACHILLER.-  Y ¿podríais llevarme con ellos?
TERESA.-  Y ¿podríais llevarnos a nosotras?
 (A TERESA.) PAJE.-  Para eso no estoy autorizado. La Duquesa enviará una rica carroza para el traslado de la señora gobernadora y su hija… Pero vos  (Dirigiéndose al BACHILLER.)  podéis acompañarme, si gustáis y también seréis huésped de palacio.
CURA.-  Debéis aprovechar la ocasión, Sansón, para abordar cuanto antes a nuestro loco caballero y conseguir su retorno.
BARBERO.-  Los entrenamientos que llevamos preparados harán posible vuestra victoria…
 (Acercándose al BACHILLER.) SOBRINA.-  … mi Caballero de la Blanca Luna… Tomad mi pañuelo y atadlo fuertemente a la lanza para salir victorioso…  (Le da el pañuelo.) 
BACHILLER.-  … Conmigo os llevaría, hermosa Sobrinea de la Mancha, a recorrer encrucijadas, a lomos de mi caballo. (La coge por la cintura.) … Y os libraría del encantamiento al que el barbián del barbero os tiene sometida.
SOBRINA.-  Encantamiento mágico es el que siento entre vuestros brazos… pero este beso es más real que las perlas del mar.  (le besa sin recato delante de todos.) 
CURA.-  ¡ Esto no se puede consentir!… Esta muchacha se está convirtiendo en una pelandusca de leer tantas novelas… le voy a decir…
 (Atajándole.) BARBERO.-   Usted no le va a decir nada, señor cura. ¿No se da cuenta de que están enamorados?  (Total frustración del CURA, que se queda con las ganas de amonestar.) 
AMA.-  ¿Pero?… No la queríais vos?
BARBERO.-  Estaba ciego, Ama … Ahora es el turno del bachiller.
 (Ladina.) AMA.-   ¿Pensáis, acaso que sois demasiado viejo para enamoraros?
BARBERO.-  Quise enamorarme de una niña… sin darme cuenta de que hay una mujer hecha y derecha… que reclama mis atenciones
AMA.-  ¿No lo diréis por mí?
 (El BARBERO se deshace en zalamerías hacia el AMA.) 
BARBERO.-  Por vos lo digo… ¿Queréis ser mi dama, Ama?
 (Muy ruborosa.) AMA.-   ¡Pero qué cosas decís… maese Nicolás…!
BARBERO.-   Yo también necesito, como mi amigo el caballero de la Triste Figura, una hermosa mujer a la que encomendarme ante las encrucijadas de la vida.
 (Coquetísima.) AMA.-   … Yo no soy una hermosa mujer.
BARBERO.-   La más hermosa del lugar…
CURA.-  … Y la más recatada…
BARBERO.-  …Que me veía sin levantar los ojos… y me seguía con la mirada hasta que desaparecía por la esquina.
 (Muy azorada.) AMA.-   … ¿Pero, Os habíais percatado de ello?
BARBERO.-  Lo intuía. Aunque me había deslumbrado la mocedad de la Sobrina.
 (Socarrona, al BARBERO.) SOBRINA.-  ¿Pero, teníais la más mínima esperanza de que yo iba a acceder a casarme con vuestra merced?
 (Mirándola con cariño.) BACHILLER.-   Nunca he dudado de mi heroína enamorada.
CURA.-  ¡Esta muchacha siempre hace lo que le da la gana!
 (Al CURA.) SOBRINA.-  En cuanto vuelva mi tío, me dará la gana de que me caséis con Sansón Carrasco.
 (Cambiando de gesto.) CURA.-  ¡Eso lo haré con mucho gusto!… Y, también casaré con mucho gusto al Ama con el BARBERO.
AMA.-  ¡Quiá! … ¡Ni mucho menos!… me gusta la libertad… No sé si quiero casarme… así… de repente.
BARBERO.-  Yo sabré esperar… Prefiero adorar a mi dama y soñar enloqueciendo por ella como mi amigo Don Quijote.
AMA.-   ¿Por qué nombre me soñaréis?
BARBERO.-  Os llamaré Encajera del Amor … porque vuestras manos harán filigranas con los hilos de mi vida.
PAJE.-  ¡Si no lo veo, no lo creo!… Las mujeres de la casa de Don Quijote tienen los pies en el suelo… mientras que las soñadoras son Teresa Panza y Sanchica.
CURA.-  Eso es para que nos demos cuenta de que las mujeres son un pozo de sorpresas. Nunca las podremos llegar a conocer… Son muy diferentes a nosotros
SOBRINA.-  Diferentes no significa inferiores, señor Cura.
CURA.-  Tú, no, desde luego, hija. Tú, no. Tú te puedes codear con cualquier letrado.
 (Abrazándola, de nuevo.) BACHILLER.  … O, con cualquier bachiller…  (Al PAJE.)  Pero, llevadme presto, amigo Paje, a encontrarme con el loco enamorado de la sin par Dulcinea.
PAJE.-  Vayamos, pues.
BACHILLER.-  Volveré por vos, Amada mía.
SOBRINA.  No lo dudo.
 (A SANCHICA.) PAJE.-  También volveré por vos.
SANCHICA.-  Eso espero.
 (Despidiéndose.) PAJE.-   Adiós. Hasta pronto.
BACHILLER.-  ¡Hasta que vuelva con mi amigo Don Quijote!
Todos les despiden. Llorosas las mozas, esperanzados los hombres, preocupadas las madres… mientras cae el TELÓN.
(Después de bajado el telón y mientras el público aplaude, aparecen la SOBRINA y SANCHICA cruzando el escenario con sendos hatillos , indicando que van de viaje.)
SANCHICA.-  ¿Te parece bien que nos vayamos con nuestros enamorados?
SOBRINA.-  ¿Qué si me parece bien?… ¡Claro que sí!
SANCHICA.-  ¿Y, qué dirán en el pueblo?…
SOBRINA.-  ¡Y dale! ¿Te sigue preocupando lo que digan en el pueblo?
SANCHICA.-   Aún no lo tengo superado, hija.
SOBRINA.-  A nosotros solo nos importa lo que diga Cervantes. Que él siempre se fija en las mozas valientes que corren por el mundo para conseguir sus propósitos.
SANCHICA.-  Pero es que, me parece, que Cervantes, no ha contado esta nuestra aventura.
SOBRINA.-  ¡Claro! Porque Don Miguel no deja de ser un hombre y se ha limitado a contar las aventuras de mi tío Don Quijote y de tu padre Sancho Panza… Pero la historia real… la que hemos vivido nosotras… esa no la ha escrito todavía.
SANCHICA.-  Pues, en cuanto topemos con él, le decimos que la escriba… que lo hace como nadie…
SOBRINA.-  Vamos
(Y se marchan muy contentas.)
FIN

 

 

 

 

 

PUPPY

PUPPY 1PUPPY 2PUPPY 3PUPPY 4Esta es la verdadera y verídica leyenda de la aventura de la princesita GHEIM  y su perrito PUPPY, que se ha convertido en el símbolo de la villa de Bilbao

LA LAMIA ENAMORADA

LA LAMIA ENAMORADA

paño doradoDramatización para teatro de aula

(Estrenada en el C.P. «BIRJINETXE», de Bilbao el 20 de junio de 2001 por alumnos de 5.º curso de Primaria)

PERSONAJES

NARRADOR

LAMIRA

LAMISA

LAMITA

LAMIKA

LAMIYA

ANTXON

MARTÍN

UNAI

AITOR

AITA

AMA

CASAMENTERA MADRE

CASAMENTERA HIJA

AMIGOS

ANCIANO

CUADRO I

NARRADOR.-   El pueblo vasco vive en un hermoso territorio de montañas suaves y serenos valles, que han configurado su personalidad a través de los siglos.

-Tanto los arroyos como los bosques forman parte de su vida: entre ellos nacen sus habitantes, entre ellos crecen… y entre ellos sueñan.

-No debe extrañarnos que los personajes fantásticos que pueblan la mitología vasca habiten en las montañas, los bosques y los arroyos.

-La leyenda que queremos representar tiene como protagonista a una bella Lamia, de largos y sedosos cabellos rubios.

-Las Lamias, al contrario de las Sorgiñes, que habitan en bosques o poblados, son brujas de agua.

-Residen en el bosque, a la orilla de los ríos, en los que acostumbran a bañarse y nadar con tanta rapidez como les permiten sus pies de pato o cola de    pez.

-Cuando salen del agua, les gusta sentarse sobre la hierba y peinar sus hermosos cabellos con un peine de oro.

-Viven alejadas de los humanos, pero, alguna vez, se han sentido atraídas por ellos.

-Corría el año 1310, cuando un joven de Vizcaya, llamado Antxon, salió con sus amigos a buscar setas.

-Ellos no sabían que aquel bosque estaba poblado por las Lamias.

   (Antxon y sus amigos cruzan el escenario, con sus cestas buscando setas y hacen mutis. A continuación aparece un grupo de lamias, que danzan muy   contentas. Están a la orilla del río y, en el baile, se levantan las largas faldas para enseñar sus pies de pato. Todas tienen el pelo larguísimo, rubio y delicado. Se llaman LAMIRA, LAMISA, LAMITA, LAMIKA y LAMIYA, o cualquier otro nombre similar, si tenemos muchas alumnas.)

LAMIRA.-   Yo creo que este lugar es muy bueno para vivir.

LAMISA.-   Está lejos de los caseríos y no nos molestará nadie.

LAMITA.-   Así andaremos a nuestro aire.

LAMIKA.-   …Sin fisgones mortales…

LAMIYA.-   Pues… que queréis que os diga… a mí no me molestan los aldeanos.

LAMISA.-    (Con guasa)  ¡Ay, mira!… Dice que no le estorban los seres humanos.

LAMIYA.-   Pues no. No me molestan.

LAMIRA.-   Oye: en el caserío de Munaguren vivíamos en el pozo y no nos dejaban en paz.

LAMISA.-   ¡Qué oscuro estaba!

LAMIKA.-   Es mucho mejor el arroyo. Aquí, al menos, vemos el sol.

LAMIYA.-   A mí me gustaba aquel pozo. Estaba cerca de las personas. Me encantan los humanos.

LAMITA.-   ¡Quédate con ellos!

LAMISA.-   O cásate con un baserritarra.

TODAS.-   ¡Eso, cásate!

LAMIYA.-   Pues no me importaría… mira.

LAMIKA.-   Ya puedes ocultar los pies. Como te los vean no te querrá ninguno.

LAMIYA.-   ¡Quién sabe!… Me pondré zapatos… o mejor, albarcas, que son más grandes y disimularían el tamaño de mis pies…

LAMIKA.-   ¿También para dormir?

LAMIYA.-   También.

    (Se oyen voces de los AMIGOS que discuten)

MARTÍN.-   Vamos, Antxon, ya tengo la cesta llena.

ANTXON.-    (Mirando la cesta de Martín.)  ¿Pero qué has hecho? Tira esa seta inmediatamente, que es venenosa.

MARTÍN.-   ¿Ésta?

ANTXON.-   Ésta… y ésta… ¿Pero no te das cuenta que son muscarias?

UNAI.-   Con las muscarias, alucinas

MARTÍN.-   ¿Muscarias?… ¡Qué despiste!…

AITOR.-   Parece mentira que lleves tanto tiempo de setero. En este bosque hay muchas setas venenosas. Esa que tienes a tus pies es mismamente la Seta del Diablo, que tampoco se puede comer.

MARTÍN.-   No la pensaba coger. Soy un experto en setas.

ANTXON.-   Ya lo hemos visto: si no te las quito, lo mismo te las cenas esta noche.

UNAI.-   Y todavía te tenemos que hacer una revisión de la cesta al llegar a casa, que lo mismo tienes media docena de oronjas verdes, que son tan venenosas como las muscarias

-Yo tengo una buena ración de hongo-belzak, que me cenaré en cuanto llegue al caserío.

-Hombre… digo yo que las cenaremos entre todos…

– …que entre todos las hemos cogido.

-Era un decir…

-¡Ah!

(Esta conversación debe ser ampliada por los actores después que hayan investigado sobre setas venenosas y comestibles)

UNAI.-   Se está haciendo tarde. ¿Nos volvemos a casa?

ANTXON.-   Id vosotros que vivís más lejos y se os puede hacer de noche. Yo aún me quedo un ratito.

AITOR.-   Ya sé… tienes un sitio secreto con más perretxicos y no nos lo quieres decir…

ANTXON.-   ¿Quién sabe…?

  (Mientras hablan los muchachos y entran en el escenario, se han ido retirando las lamias sin ser vistas por ellos. Solamente queda Lamiya, sentada en una roca y con los pies bajo el agua. Mira de soslayo hasta que ve aparecer a Antxon. Cuando él llega, se vuelve de espaldas. Antxon se acerca y la mira. Ella le mira a él durante unos segundos mientras se oye una delicada música.)

LAMIYA.-   ¿Quién eres?

  (Antxon no puede hablar… Le embarga la emoción. Lamiya insiste)

LAMIYA.-   ¿Quién eres?

ANTXON.-   Antxon. Soy Antxon. ¿Y tú?

  (Lamiya se echó a reír y no contestó. Riéndose se zambulló en el agua. Antxon esperó mucho rato, pero Lamiya no volvió a salir del agua.)

ANTXON.-   ¿ Cómo se llamará? ¿Quién será?… Del pueblo, no. Seguro. Conozco a todas las mozas… ¡Huy!… Se me ha hecho de noche y tengo que guardar la vaca…

            (Mutis)

(Mientras Antxon se va, por el lado opuesto van saliendo las demás lamias que hablan con Lamiya)

LAMITA.-   Eres tonta… así no se va a enamorar un aldeano de ti.

LAMIKA.-   «Quién eres»… solo sabías decirle: “¿Quién eres?”

LAMIRA.-   A los hombres hay que darles conversación…

LAMINA.-   …y no quedarse como una pasmada.

LAMIKA.-   Tenías que decirle algo así como: «Me he perdido en el monte y no sé llegar al valle. ¿Me podrías indicar el camino?».

LAMINA.-   E inventarte cualquier historia de humanos… como que eres una huerfanita, o algo parecido.

LAMIYA.-   Tenéis razón… soy una simple. Pero como nunca había estado tan cerca de ningún humano, no me había sentido impresionada por ellos… Me tenéis que aconsejar…

  (Todas las lamias  rodean a Lamiya y salen del escenario dándole consejos)

NARRADOR.-   Pasaron unos días y Antxon no podía dormir. Así que decidió volver al río a ver si estaba allí su amada. Cuando llegó, Lamiya se estaba peinando su hermosa cabellera rubia con un peine de oro. Antxon, se escondió tras un árbol y contempló entusiasmado a la Lamia. Sin querer, tropezó y esta, sin mirarle, le dijo:

LAMIYA.-   Buenos días, Antxon. ¿Por qué te escondes? Te estaba esperando.

ANTXON.-   ¿A mí?

LAMIYA.-   A ti. Sí. Acércate. El otro día no fui muy amable contigo. Por eso me alegro de que hayas venido de nuevo para que podamos ser amigos.

ANTXON.-   Yo también deseaba verte… Me pareciste tan hermosa…

LAMIYA.-   Tú también eres un chico guapo y fornido.

ANTXON.-   Pero soy muy tímido y me da mucho apuro hablar con las mozas.

LAMIYA.-   Yo no soy una moza del pueblo… Yo soy diferente. No me voy a burlar de ti.

ANTXON.-   ¿Seguro que no te burlarás?

LAMIYA.-   Claro que no. Siéntate frente a mí y mírate en mis ojos. Verás como no miento.

  (Música. Se sientan en cuclillas, el uno frente a la otra. Mientras suena la música, Antxon y Lamiya acercan sus manos, siempre mirándose a los ojos y se ponen de pie sin separarse)

NARRADOR.-   Antxon se acercó a la orilla y allí se sentó. Los dos se miraban sin pestañear y ninguno comenzaba a hablar. Finalmente, la joven dijo:

LAMIYA.-   ¿Te casarás conmigo?

ANTXON.-   Sí. Pero, antes, dime tu nombre.

LAMIYA.-   Me llamo Lamiya.

ANTXON.-   ¡Qué nombre tan bonito!

LAMIYA.-   Toma este anillo de oro. No te lo quites nunca. Es la señal de nuestro compromiso.

(Música mientras le coloca el anillo)

ANTXON.-   Agur, Lamiya.

LAMIYA.-   Agur, Antxon.

TELÓN

CUADRO II

pies de pato

NARRADOR.-   La madre de Antxon había hecho venir a las casamenteras del valle con el fin de buscarle una novia buena y honrada con la que este pudiera casarse y ser feliz.

   (La escena se sitúa en la cocina del caserío de Antxon. La madre está hilando mientras el padre trabaja con la navaja un objeto de madera)

AITA.-   Mujer… ¿No te parece que Antxon es aún un poco joven para pensar en casarle?

AMA.-   De joven, nada. ¿O es que ya no te acuerdas de la edad que tenías cuando te casaste tú?

AITA.-   …Es verdad… la misma que él.

AMA.-   Pues eso. Así, cuando se case, yo tendré ayuda a la hora de ordeñar, de amasar y…

AITA.-   …¡y de charlar!

AMA.-   No lo dudes. ¿Tú sabes lo largas que se me hacen las horas aquí sola en el caserío?… Si apenas hablo… ¡Ay… si no fuera por la misa de los domingos…!

   (Llaman a la puerta)

AMA.-   Sal fuera. Que estas son cosa de mujeres. Lárgate, anda.

AITA.-    (Con resignación) Ya me voy…  (Sale)

(Simultáneamente a la salida del PADRE, entra por el lado opuesto las CASAMENTERAS)

CASAMENTERA MADRE.-    (Asomando la cabeza) ¿Podemos?

AMA.-   Entrad, que os estoy esperando. ¿Qué tal el camino?

CASAMENTERA HIJA.-   Mojado. Menudo sirimiri. Estoy empapada.

AMA.-   Quítate el mantón y ponlo a secar aquí, junto al fuego. ¿Traéis buenas noticias?

CASAMENTERA MADRE.-   Buenísimas. Se acaba de morir Don Diego.

AMA.-   ¿Qué Don Diego?

CASAMENTERA HIJA.-   Don Diego López de Haro, Señor de Vizcaya.

AMA.-   ¿Dónde ha muerto?

CASAMENTERA HIJA.-   En Algeciras.

AMA.-   ¿Y eso dónde cae?

CASAMENTERA MADRE.-   Pasando Orduña…

CASAMENTERA HIJA.-   Pero en la otra punta… a la orilla de otro mar, que no es el de Vizcaya.

AMA.-   ¿Y qué se le había perdido tan lejos?

CASAMENTERA MADRE.-   …La guerra…

AMA.-   Como siempre: los hombres todo lo solucionan peleando… Ellos se van a luchar con el pretexto de defender su casa… Pero quienes la defendemos somos las mujeres, que nos quedamos solas, y solas tenemos que criar a los hijos y sostener la hacienda.  (Suspiro)

AMA.-   ¿Y eso que tiene que ver con la novia que le has de buscar a mi Antxon?

CASAMENTERA MADRE.-   Tú déjalo de mi cuenta, que lo tengo todo organizado… Recordarás el apodo del Señor… ¿No?

AMA.-   ¡Claro: Don Diego V, el Intruso!

CASAMENTERA HIJA.-   …Y sabrás por qué le llaman «El Intruso».

AMA.-   Naturalmente: porque la legítima heredera del Señorío es Doña María Díaz de Haro, su sobrina, que es una niña.

CASAMENTERA HIJA.-   Era…era… Que ahora es toda una dama… Y va a jurar los Fueros bajo el Árbol de Gernika… y habrá una gran fiesta… y nos pondremos los trajes de ceremonia… y se juntarán mozos y mozas… y…

CASAMENTERA MADRE.-   …Y, tu Antxon, casi sin darse cuenta, se va a encontrar con esa muchacha tan lozana, tan decente, tan trabajadora… y tan guapa… que yo le he buscado. ¿Ves como lo tengo todo previsto?

AMA.-    (Abrazándola) ¡Estás en todo!… En Gernika será la fiesta de las mujeres… Porque ya era hora de que nos mandase una mujer… Que ya está bien eso de que siempre sean los hombres los que nos hagan las leyes.

CASAMENTERA MADRE.-   ¿Te imaginas?… ¿Te imaginas a una mujer mandando por encima de los hombres y diciendo: «Se ha terminado la guerra»… «la muerte no es rentable»…

AMA.-   Me la imagino… La estoy viendo bajo el Árbol, mirando a los hombres y diciéndoles: «¿Para qué sirven las patrias, si las madres tienen que pagarlas con la sangre de sus hijos?»… ¿Qué os parece?

CASAMENTERA HIJA.-   …y después, más alto todavía… para que la obedezcan: «¡Todo el mundo a trabajar… y a disfrutar… y a ser feliz!»… ¡Qué maravilla!… ¿No?

AMA.-   No sé, no sé… ¿Estás segura de que los hombres le van a dejar a Doña María hacer lo que piense… o le enmendarán la plana?

CASAMENTERA HIJA.-   No te creas… que he oído que es una señora que «no quiere ser mandada».  (Misteriosa)  Me han dicho que sabe leer…

AMA.-   ¡Ené…! No será monja.

CASAMENTERA MADRE.-   …¡Que va!… y hasta creo que sabe escribir.

CASAMENTERA HIJA.-   La abadesa del Monasterio también sabe escribir… y cuando le enseñan un documento, se lo lee entero, para que no la engañen… ¡Eh!

AMA.-   ¿Tú crees que las mujeres normales, vamos, digo yo, las que no somos monjas ni damas… ¿podremos también aprender a leer y escribir?

CASAMENTERA MADRE.-   ¡Faltaría más!… Vamos a ver: ¿te engañan los que te compran la miel, o te equivocas cuando tiene que parir la vaca…?

AMA.-   Por supuesto que no. Y no se me escapa cuando tengo que decirle al aita que hay que retejar, por ejemplo, aunque él se crea que es el que lo ha descubierto… Que esa es otra… que encima de tener nosotras las ideas, tenemos que disimular y hacerles creer a los maridos que son suyas.

CASAMENTERA MADRE.-   ¡Desde luego..! Porque eres mucho más lista que los hombres, aunque ellos no se hayan enterado. ¿Cómo no vamos a poder aprender a leer y escribir, si ellos aprenden?… ¡si les damos sopas con honda!

AMA.-   ¿Sabes?… me da envidia Doña María: no por ser la Señora de Vizcaya, que eso tiene que ser muy complicado, sino por poder mirar a los ojos de los hombres de tú a tú, sabiéndose igual que ellos…

CASAMENTERA MADRE.-   Más que ellos… Que Doña María ha estudiado con muy buenos profesores, y sabe de leyes y todo ¿eh?

AMA.-   ¡Ené!… Claro: una mujer que ha estudiado, tiene que valer más que un hombre ignorante… ¡Qué envidia…!

CASAMENTERA MADRE.-   ¡Pues eso!… ¿No te digo?… Día llegará en que todas las mujeres sepamos de libros como sabemos de la vida. No lo dudes.

ANTXON.-    (Desde fuera) ¡Ama!

AMA.-    (A las casamenteras) Salid por aquí, que no conviene que os vea. Con lo tímido que es, como se entere, no nos va a seguir el juego.  (En alta voz) ¿Qué quieres, hijo?

ANTXON.-    (Entrando, muy entusiasmado) ¡Ama, voy a casarme!

AMA.-   ¡Qué bien! Precisamente, en eso estaba yo pensando. Pero hijo… ¿Con quién?

ANTXON.-   Con una moza que he encontrado en el monte.

AMA.-   ¿Pero, quién es?

ANTXON.-   ¿Qué importa quién sea? Es la más hermosa que he visto en mi vida.

AMA.-   ¿Es del pueblo?

ANTXON.-   No.

AMA.-   ¿De algún caserío cercano?

ANTXON.-   No.

AMA.-   ¿Sabes quiénes son sus padres?

ANTXON.-   No.

AMA.-   Pero hijo… No sabes quién es, ni dónde vive… ¿qué sabes de ella?

ANTXON.-   Sé su nombre.

AMA.-   ¿Cuál es?

ANTXON.-   Lamiya.

AMA.-   ¡Ay, ama!… Si no parece un nombre cristiano.

ANTXON.-   Pero no me dirás que no es bonito.

AMA.-   No me gusta… ¿Y tiene la cara tan rara como el nombre?

ANTXON.-   ¡Es la más preciosa del mundo! Mira que sortija de compromiso me ha regalado.

(Ama mira la sortija y hace comentarios espontáneos)

AMA.-   Las novias no salen como si fueran setas. No viven solas en el monte. Tienen una familia.

ANTXON.-   ¿Qué importa su familia? Ella es la que me interesa… ¡Es tan guapa, ama!

AMA.-   ¡Hijo, hijo…! Pareces embrujado… Si nunca te he visto así…

   (Frases espontáneas)

ANTXON.-    (Saliendo del escenario mientras habla mirando al techo, distraídamente)  ¡Qué divina es…! ¡Lamiya…! ¡Lamiya…! ¿Se lo puedo contar al aita?

AMA.-   Claro que sí, hombre. Sal a buscarle y dile que venga ya.

          (Sale Antxon)

AMA.-   ¡Dios mío, Dios mío!… ¿Qué le pasará a este muchacho…

¡Como si tuviera un maleficio…!

CASAMENTERA MADRE.-    (Entrando)  No te preocupes, mujer… Eso se le pasa en cuanto vaya a la fiesta de Doña María y vea la moza de la que te he hablado.

AMA.-   ¿Tú crees? Me parece que mi hijo está medio loco. No sé lo que le pasa… Nunca le he visto así.

(Mientras hablan salen del escenario por un lado a la vez que entran el aita y Antxon por el otro)

ANTXON.-    (Hablándole al aita) ¡Lamiya!… Se llama Lamiya… No te puedes imaginar qué pelo tiene… y qué manos… y que voz… ¿No es un sueño para un pobre aldeano como yo?

AITA.-   ¿Qué me estás contando?, hijo.

AMA.-    (Entrando)  Pues eso: ¿Ya te lo ha dicho? Que tiene una novia guapísima, que ha encontrado en el bosque y que quiere casarse con ella.

AITA.-   No me lo puedo creer. Si no se atreve a mirar a las mozas… Será una broma.

AMA.-   Nada de broma. Lleva en el dedo un anillo de compromiso que le ha dado esa novia.

ANTXON.-    (Enseñándole el anillo)  ¡Mira, mira!

AITA.-   Ya veo. Ya… Tendremos que ir a hablar con sus padres.

ANTXON.-   Creo que no tiene padres.

AITA.-   …¿Y dices… que la has encontrado en el monte…?… ¿Cómo tiene los pies?

ANTXON.-   No sé. No se los he visto.

AMA.-   …¿Y el pelo?

ANTXON.-   Largo hasta la cintura y rubio como el sol.

AITA y AMA.-    (Asustados)  ¡Una Lamia!

ANTXON.-   ¿Una Lamia?… Imposible: parece muy normal.

AITA.-  Las Lamias se parecen en todo a las mujeres. Pero son seres de agua que tienen pies de pato.

AMA.-   ¿Tiene tu novia pies de pato?

ANTXON.-   Ya te he dicho que no me he fijado.

AMA.-   Pues es en lo primero que tienes que fijarte.

(Entran los amigos  de Antxon que estuvieron con él en la recogida de setas)

AMIGO.-   Antxon, ¿ya te has enterado? Tenemos que ir hasta Gernika, porque se prepara una fiesta estupenda, el día de la jura de Doña María.

-Habrá de todo: arrastre de troncos, levantamiento de piedra…

-Baile.

-Mercado…

-Partidos de pelota…

(Aquí los actores harán una lista de deportes autóctonos vascos así como de otras actividades lúdicas)

ANTXON.-   No sé si voy a ir.

AMIGO.-   ¿Que no vas a ir?

– ¡Vendremos a buscarte!

AMA.-   Anda, salid un rato y llevadle a dar una vuelta a ver si se distrae, Vete con la cuadrilla, hijo.

ANTXON y AMIGOS.-   Agur

AMA y AITA.-   Agur.

(Ama  y aita ven marchar a los muchachos y se quedan muy tristes)

AMA y AITA.-   ¿Que vamos a hacer ahora?… ¡Una novia Lamia!

TELÓN

CUADRO III

FIN DE FIESTA

NARRADOR.-   Llegaron las fiestas. Todo Vizcaya se reunió en Gernika durante varios días.

-Doña María Díaz de Haro, tras jurar los Fueros de Vizcaya, recibió el homenaje de las Juntas Generales, que dirigiría durante cincuenta y tres años.

-Las vizcaínas estaban felices porque, al fin, eran gobernados por una mujer.

-Se organizó un gran mercado y acudieron mercaderes de los más remotos confines del mundo.

-Se pudieron comprar lienzos de Holanda, sedas de la China y joyas de Venecia.

-Hombres y mujeres, llegados de todos los rincones del Señorío, disfrutaban ataviados con sus mejores galas.

-Todos bailaban felices al son del txistu y la trikitrixa.

                       (Salen bailando un baile sencillo, de cadeneta, por ejemplo, y se integran con el público, dándoles vivas a DOÑA MARÍA. Tras la exhibición, y al pararse la música, cada uno se queda en su sitio, mientras continúa el NARRADOR)

NARRADOR.-   Todos los vizcaínos no habían acudido a la fiesta.

-Nuestro enamorado Antxon, en vez de ir hacia Gernika, se había escapado al monte, para espiar a Lamiya y mirarle los pies.

-Fue tanto su dolor al ver los pies de pato de su enamorada, cuando los metía en el arroyo, que el alma se le rompió de pena.

-Llegó al caserío y se tendió en la cama rendido de tristeza.

-Así le encontraron sus padres y sus amigos, cuando volvían felices de la fiesta.

-Hallaron a Antxon agarrando con las dos manos su sortija de compromiso.

-No respondió a las preguntas de sus padres y de sus amigos.

-¡¡¡Había muerto de amor!!!

                       (El texto primero del NARRADOR, cuando se refiere al descubrimiento de la condición de Lamia, puede ser simultaneado por una representación de sombras en la que se subraye la forma de pies de pato)

                       (Al abrirse, de nuevo, el telón nos volvemos a encontrar con el interior del caserío. Allí, de la forma más teatral que encontremos aparecerá el cadáver del protagonista. Van entrando progresivamente todas las personas que vienen de la romería y se situarán al fondo para dejar el centro de la escena más despejada)

                       (Estas expresiones deben ser acompañadas con otras espontáneas)

AITA y AMA.-   Hijo, ¿dónde has estado, que no te hemos visto en la fiesta?

-¿Cómo te has quedado en casa?   (Acercándose)

-¿Qué te pasa?

-¡Está muerto!

AMA.-    (Gritando) Venid. ¡Venid todos! ¡Nuestro hijo se ha muerto!

                       (Van entrando TODOS los actores que hacen comentarios oportunos)

AMA.-   ¿Qué tiene en las manos, que agarra con tanta fuerza?

  (Intentan quitárselo sin conseguirlo)

AITA.-   Creo que es el anillo que le dio la novia Lamia.

TODOS.-   ¡…La novia Lamia…!

AMA.-   Antxon se había enamorado de una Lamia del río y esta le había regalado un anillo de compromiso.

ANCIANO.-   Pues si la Lamia le había regalado un anillo es que ella también se había enamorado de él.

(Suena una música muy dulce mientras los actores simulan llorar)

                       (LAMIYA entra en escena, moviéndose al compás de la música, y portando un hermoso paño de encaje dorado con el que cubre el cuerpo de Antxon. Todo el mundo pone cara de sorpresa. LAMIYA da tres vueltas alrededor de Antxon y, en la tercera, le quita el manto de oro. Antxon, se incorpora y se frota los ojos como si despertara de un profundo sueño)

ANTXON.-   ¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado?

LAMIYA.-   ¿Por qué no me dijiste que habías descubierto mi condición de Lamia?

ANTXON.-   Porque tus pies de pato significan que nuestro amor es imposible: las Lamias sois mágicas y, por ello, inmortales.

LAMIYA.-   Tú ya has superado la muerte. Si realmente me amas, como dices, sube al bosque conmigo, a vivir la inmortalidad.

(Antxon mira al aita y al ama sin saber qué decisión tomar)

ANTXON.-   ¿Qué hago?, ama.

AMA.-   Vete con ella, hijo. Ya no nos perteneces.

AITA.-   Nosotros subiremos al monte todas las tardes y sentiremos tu presencia entre las ramas de los árboles y el murmullo del arroyo.

LAMIYA.-   Aunque pasen cientos de años, Antxon y yo continuaremos paseando nuestro amor por los húmedos bosques de Vizcaya…

ANTXON.-   …y si alguna vez los caminantes encontráis a un joven peinando a una doncella sus rubios cabellos largos con un peine de oro, no nos molestéis…

LAMIYA.-   …ni pretendáis hablarnos… porque vuestra voz no podrá llegar a nuestros oídos inmortales.

FIN

(Nota: las palabras escritas en euskera aparecen en negrita)

ORFEO Y EURÍDICE

 

ORFEO Y EURÍDICE

 Orfeo media

PRESENTACIÓN

Esta obrita fue escrita durante el curso 1989-1990 en el Colegio Público Birjinetxe, de Bilbao, para alumnos de 8.° de E.G.B. Surgió casi como una necesidad después de haber estudiado, en clase de Ciencias Sociales, la antigüedad griega. Se habían leído textos relacionados con su mitología, e incluso se habían intentado dramatizar espontáneamente algunos de ellos.

Aunque los alumnos disfrutaron de esta experiencia, era tal el bombardeo de seres fantásticos, que intenté centrar la avalancha de estos personajes, inéditos para ellos, utilizando el tema de Orfeo y Eurídice. Es lo suficientemente representativo como para que pudieran entender el origen mítico de las Bellas Artes. El problema principal estribaba en que el instrumento que tocaba Orfeo era la lira, casi desconocida por los chavales, así que se decidió suplantarla -con permiso de los dioses- por la flauta dulce, al alcance de todos ellos.

Con la colaboración de la profesora de música, se preparó el baile de las Ninfas y, para recordar ai teatro griego, se utilizó, en algún momento, el coro tradicional.

En el año 2000, ORFEO Y EURÍDICE, representada por los alumnos de 6º curso de Primaria del Colegio Público Birjinetxe, de Bilbao, obtuvo el primer premio del

V Certamen de teatro Escolar de Bilbao y fue estrenada  en el Teatro Arriaga con el siguiente reparto:

Arrate Aguirre

Arkaitz Agüero

Borja Calvo

Inmaculada Caro

Jagoba Conde

Nadia Essadi

Janire Fernández

Jon Andoni Fresnedoso

Ricardo Mayordomo

Elisabeth Merino

Saray Montes

Johana Montes

Aingeru Palazuelo

José Mª Palomino

Jonathan Ramos

 Samuel Soto

Nagore Velasco

Garikoitz Verano

VESTUARIO

Aumnos de 6º curso

DIRECCIÓN

Margarita Muñecas

PERSONAJES:

Narradores: Varios alumnos que se reparten todo el texto de iniciación. Por supuesto, van vestidos o vestidas a la usanza griega y hablarán a coro, muy ceremoniosos. Puede haber dos coros: chicas y chicos que alternarán sus intervenciones. Si el director lo cree conveniente, en algún momento determinado el coro será total o se sustituirá por un solista. Es mucho mejor que, en vez de leer el texto, como suelen   hacer otros narradores, lo sepan de memoria.

Eurídice: Protagonista de la obra. Es una Dríade de los árboles. Las Dríades son una modalidad de las Ninfas, que a su vez, forman parte del variopinto conjunto de los habitantes mágicos del bosque. Es la más bella de todas ellas y debe ocupar el centro del baile.

Ninfas: El resto de las alumnas del curso. Irán vestidas con ropa tenue y ligera. Pueden llevar coronas de flores, guirnaldas y zapatillas livianas.

Orfeo: Muchacho que necesariamente debe saber tocar la flauta,

Aristeo: Apuesto y agresivo. No hay que olvidar que es el Dios de la Caza.

Mensajero: Al servicio de la Diosa de los Muertos. Debe vestir de negro.

Perséfone: Diosa del Hades, reino de los muertos. Vestida con una clámide griega completamente de blanco. Incluso la cara puede estar también pintada de ese color. Lleva los labios pintados de negro y también negras han de ser sus enormes ojeras.

Corte de Perséfone: Es posible que, al convertir en Ninfas a todas las niñas de la clase, haya que buscarles «trabajo» a los varones, por lo que se puede rodear a Perséfone de una corte de personajes tétricos, vestidos de negro, todos hombres.

AMBIENTACIÓN

El escenario debe representar un paisaje lo más idílico posible. Las Ninfas no se merecen menos.

Antes de abrirse el telón, los narradores recitarán sus textos. Entre uno y otro puede haber algunos segundos de música clásica

(Música entre frases)

ACTO PRIMERO

NARRADORES: -El hombre ha buscado, desde siempre, un sentido mágico a las fuerzas de la Naturaleza, a la vida, a la muerte… a la belleza.

                                    -En la antigua Grecia, las Bellas Artes, como la Pintura, la Arquitectura o la Música se atribuían a invención de los dioses.

                                    -Las encargadas de transmitir estos dones a los mortales eran las Musas, que les inspiraban en sus momentos de creación.

                                    -Cada Musa tenía una especialidad. Sus nombres eran muy hermosos: se llamaban Clío, Talía, Terpsícore…

                                    -Había una Musa cuyo nombre erlíope, que significa «La de la dulce voz». Estaba casada con Eagro, rey de Tracia, y tenían un hijo llamado Orfeo.

                                    -Como Calíope cantaba tan bien, era muy estimada por Apolo, el Dios de la Música, que quiso que Calíope le enseñara su arte a Orfeo. Para ello le regaló

                                       un    caramillo, que era una especie de flauta.

                                     -Hasta entonces los mortales sólo sabían cantar. Nunca habían emitido notas con un instrumento musical Orfeo fue el primer hombre que lo consiguió.

                                   -Ved cómo fue:

(Mientras se oye la música, se abre el telón y aparecen las Ninfas bailando. En medio del corro, Eurídice. Cuando terminan de bailar cuchichean, se ríen. Se ve que son felices.

A medida que disminuye el volumen de la música, se va oyendo su conversación.)

NINFA: ¡Ah! ¡Qué descanso!

NINFA: ¡Qué bien lo hemos pasado!

NINFA: ¿Verdad que la Primavera invita a bailar?

NINFA: Y los cuerpos se desentumecen. ¿A que sí?

NINFA: ¡Qué bonito ha quedado el baile!

  (Puede continuar la conversación con aportaciones personales.)

(Entre bastidores, Orfeo comienza a tocar su melodía.)

NINFA: … Escuchad… Se oye una música distinta.

   (Todas las Ninfas hacen gesto de escuchar la música, que cada vez se acerca más.)

EURÍDICE: Pero ésta no es música de Dioses. NINFA: Parece de un mortal.
NINFA: ¿Quién será?

(Entra Orfeo tocando. Las Ninfas se retiran hacia atrás, escuchándole, extasiadas. Eurídice se adelanta y le habla.

EURÍDICE: ¿Quién eres, que pareces un Dios?

ORFEO: No soy un Dios. Soy el hijo de Eagro, rey de Tracia, y de la musa Calíope.

EURÍDICE: ¿Cuál es tu nombre?

ORFEO: Orfeo.

NINFAS: (A coro.) ¡Orfeo… el músico!

EURÍDICE: ¿Tú eres ese Orfeo de quien dicen que cuando tocas amansas a las fieras y éstas se acercan a escucharte?

NINFA: No sólo las fieras. Hay quien asegura que hasta los árboles cambian de postura para escuchar mejor tus notas.

EURÍDICE: Otros dicen que tocas tan bien como el mismísimo Apolo, el Dios de la Música.

ORFEO: Es que la Música es la más bella de todas las Artes. Yo heredé su saber de mi madre, la musa Calíope, y tengo por m sión enseñársela a los demás mortales.

¿Y vosotras?… ¿Quiénes sois?

EURÍDICE: Somos las Ninfas de los bosques y de los ríos… Estamos vagando entre los árboles y los arroyos… Cuidamos de los pájaros y de los cervatillos… Nuestra     misión es procurar la armonía de la Naturaleza. ¿Por qué no te quedas a vivir entre nosotras?

ORFEO: No puedo. Yo vivo en la ciudad, con los demás mortales.

EURÍDICE: Pero con tu música encantarás el bosque. Los ruiseñores y las alondras te tendrán envidia y las Ninfas podremos bailar siguiendo el compás de tus notas.

ORFEO: No existe ningún instrumento humano al que puedan envidiar el silbido del viento y el arrullo de las palomas. En el bosque no me necesitáis. Las Ninfas completáis tanta hermosura con vuestras alegres danzas.

EURÍDICE: A veces los mortales hacéis que os envidiemos los mágicos habitantes del bosque.

ORFEO: Y tú, ¿quién eres, la más bella entre todas las Ninfas, que tanto interés tienes por los humanos?

EURÍDICE: Soy Eurídice, una Dríade de los árboles,

ORFEO: ¿Te gustaría vivir con los mortales?

EURÍDICE: Me encantaría si, viviendo entre los hombres, pudiera oírte tocar ese instrumento con frecuencia.

ORFEO: ¿Serías capaz de vivir sin tus compañeras?

EURÍDICE: Lo intentaría.

 ORFEO: Mira que la vida de los humanos es mucho más complicada que la de los habitantes del bosque.

EURÍDICE: Procuraría entenderla. ¿Me llevarías contigo?

NINFAS: (A coro.) No te vayas, Eurídice. La mole de piedra de la Ciudad destruye la Naturaleza.

EURÍDICE: No sería en mi caso. Conmigo la Naturaleza invadiría la Ciudad y su aliento circularía por calles y plazas.

NINFAS: (Agoreras. A coro.) No entres en la Ciudad, Tú has nacido Dríade y debes vivir entre los árboles del bosque.

En el bosque has nacido y en el bosque debes morir.

EURÍDICE: Si los mortales son capaces de producir tan dulces sonidos como los que arranca Orfeo de su flauta, merecerá la pena vivir entre ellos.

ORFEO: Entonces, ven conmigo… Te llevaré a mi ciudad.,. Allí nos acercarás el perfume del bosque y pondrás una nota de frescor en nuestros palacios.

   Orfeo coge de la mano a Eurídice y sale mientras cae el

TELÓN.

ACTO SEGUNDO

NARRADORES:-Y, cuenta la leyenda, que Orfeo se llevó a Eurídice al mundo de los humanos.

                                     -Entre ellos surgió un gran amor y Orfeo le pidió a su padre, el rey, que le permitiera casarse con la bella Ninfa.

                                     -Eurídice pasaba los días esperando desposarse con Orfeo. Estaba asombrada con la ciudad.

                                     -Ella que acostumbraba a dormir en los claros del bosque, lo hacía ahora en cama mullida.

                                     -Ella que se lavaba en los arroyos saltarines, utilizaba un pequeño recipiente…

                                     -Ella que veía siempre las estrellas sobre su cabeza, necesitaba asomarse a la ventana para contemplarlas…

                                     -Aunque el amor de Orfeo la hacía muy feliz, añoraba los bailes con las demás Ninfas, el canto de los pajarillos y el olor de las violetas…

                                     -Llegó el día de la boda.

                                     -Hasta Hera, Diosa de la Familia, acudió a felicitarles y colocó sobre sus cabezas una corona de flores…

                                      -Eurídice, el mismo día de su casamiento, con la corona de desposada aún sobre su cabeza, se fue al bosque a contarle su alegría a las otras Ninfas…

  (Música entre frases)

     (Se abre el telón y aparece Eurídice.)

EURÍDICE: Ninfas hermanas.., ruiseñores,.., mariposas…, ardillas…, robles…, arroyos… ¡Ya estoy aquí! Quiero impregnarme de nuevo de vuestro aroma, de vuestra       luz…, de vuestro arrullo… Quiero lavarme con el rocío de la hiedra y gustar de la miel de las colmenas… Quiero acariciar el suave plumaje de los cisnes y la rugosa corteza de las acacias… Quiero sentirme vuestra para llevarle a Orfeo, mi esposo, junto con mi amor, la  armonía de la Naturaleza.

  (Mientras Eurídice hace el llamamiento a las

                       demás Ninfas, va entrando en escena Aristeo. Aristeo es el Dios de la Caza. Lleva un arco y

                       un carcaj con flechas a su espalda. Es un Dios déspota y destructor Con tono de superioridad se dirige a Eurídice.)

ARISTEO: ¿Quién eres, hermosa muchacha, que de esa manera hablas con los habitantes del bosque?

EURÍDICE: Soy Eurídice, la Ninfa, que me he desposado esta mañana con Orfeo, el hijo de Eagro, ¿y quién eres tú?

ARISTEO: Aristeo, el Dios de la Caza. Corro tras un cervatillo que debe haber pasado por aquí. ¿Lo has visto? Dime por dónde fue.

EURÍDICE: Lo he visto. No hace mucho pa- só ante mis ojos. Pero no te diré por dónde fue.

 ARISTEO: ¿Olvidas, acaso, que soy un Dios?

EURÍDICE: Aunque seas un Dios no tienes derecho a destruir una vida. El cervatillo es demasiado hermoso para morir.

ARISTEO: ¿Quién te has creído que eres tú para hablarme así? Las Ninfas poseéis inferior categoría y jamás os podéis oponer a los deseos de los Dioses…

EURÍDICE: Las Ninfas amamos y protegemos la vida. Tú, por muy Dios que te llames, la destruyes.

ARISTEO: Escucha lo que te digo: en el mismo bosque, que tanto amas, se encuentra un ser que te castigará por tu desfachatez y osadía.

EURÍDICE: ¿Quién es ese ser?

ARISTEO: Tú misma lo descubrirás muy pronto.

   (Aristeo se marcha con gran altanería dejando perpleja a Eurídice.)

EURÍDICE: Hermanas Ninfas… ¡Acudid!… Tengo miedo… Venid pronto… Soy víctima de la maldición de un Dios… (Mientras pide ayuda y va de un extremo al otro del escenario pisa una serpiente.) ¡Ay! ¡Una víbora!… ¡Me ha picado!… ¡Se cumple mi destino! (Sonido estridente en el momento de la picadura).

                                        (Cuando cae Eurídice van llegando las demás Ninfas que se acercan a ella, la tocan, la llaman, se lamentan, lloran, la vuelven a tocar, etc. Este es un       buen momento para fomentar la creatividad entre las actrices dejándolas actuar con la mayor espontaneidad posible. En medio de este revuelo aparece Orfeo.)

ORFEO: (Acercándose y cogiendo el cadáver de su esposa.)

                     Eurídice, esposa mía… ¿Qué te ocurre? ¿Por qué no me miran tus ojos? ¿Por qué no me aprietan tus manos?

NINFAS: (A coro. Con gran solemnidad.) Ya no vive… Ha pisado una víbora y su  veneno le ha llegado al corazón.

ORFEO: ¡Oh Dioses del Olimpo! ¿Qué pecado ha cometido mi esposa para que me la arrebatéis en el mismo día de nuestra boda?

NINFAS: (A coro.) La ha castigado Aristeo, el Dios de la Caza. Tiene que sufrir su maldición.

ORFEO: (Abrazando a Eurídice.)
Esposa mía… Te llevaré a mi palacio y no me separaré de ti.

NINFAS: (A coro.) No es posible: ahora vendrán los emisarios de la Diosa Perséfone y se la llevarán al Hades, el reino de los muertos.

ORFEO: ¡Jamás!… ¡Yo iré al Hades, y la devolveré a la vida…!

NINFAS: ¿Cómo?

 ORFEO: Con la Música… Si decís que es un arma que amansa a las fieras, ¿no va a convencer a la diosa Perséfone?

NINFAS: (A coro.)

Antes de entrar en el Hades debes atravesar la laguna Estigia en la barca de Caronte y enfrentarte con el can Cerbero que custodia la entrada a la otra vida.

ORFEO: Conseguiré llegar hasta mi esposa con mi amor y con mi música.

NINFAS: (A coro.)
Ningún mortal ha penetrado jamás en los abismos del Hades.

ORFEO: ¡Yo sí lo conseguiré!

TELÓN

ACTO TERCERO

CUADRO I

(Para este primer cuadro se puede utilizar una sábana en medio del escenario donde se proyectará por medio de sombras la seducción de Caronte y el can Cerbero por la música de Orfeo. A través de las sombras se han de representar, y por medio de mímica, las discusiones de Orfeo con ellos y, cómo tocando su melodía, caen dormidos ambos dejándole libre el paso. Los narradores se situarán delante del telón, que está a medio abrir,y deja en el centro el espacio que ocupará la sábana.)Orfeo

NARRADORES: -Orfeo no hizo caso a nadie… Ni siquiera a su padre Eagro ni a su madre, la musa Calíope… Su dolor era tan grande como su locura y decidió hacer lo que   nadie había hecho nunca: bajar al reino de los muertos, en el centro de la Tierra.

                                     -Antes de llegar al Hades tenía que cruzar la laguna Estigia subido en la barca de Caronte.,.

                                     -Caronte era un barquero delgado, de larga y blanca barba, que pasaba a las personas de la orilla de la vida, la Tierra, a la orilla de la muerte, el Hades…

                                     -Cuando Orfeo apareció ante él, Caronte quiso sacarle la moneda de la boca para cobrarse su viaje.

                                     -Al explicarle Orfeo que él no estaba muerto, no le quiso subir a su barca…

                                     -Como Caronte se enfadó tanto, Orfeo comenzó a tocar su melodía y Caronte se durmió.

                                     -El solo remó por la laguna hasta encontrarse en la puerta del Hades.

                                    -Allí le esperaba el can Cerbero, enseñando los dientes de sus tres cabezas, dispuesto a defender la entrada de su palacio.

                                    -También quedó dominado por la magia de la música y, de esta manera, Orfeo pudo llegar hasta Perséfone.

(Se retira la sábana en la que se han representado las escenas a las que aludían los narradores y aparece Perséfone, hierática y blanca, como corresponde a su situación. Estará sentada y rodeada de su tétrica corte. El fondo del escenario puede estar decorado con biombos también blancos en los que haya un dibujo en negro de algún monumento clásico. Todo muy simple y simbólico.)

CUADRO II

Perséfone.jpg

 MENSAJERO: ¡Oh Diosa del Hades, gran Perséfone! Un mortal ha encantado al can Cerbero y a Caronte, el barquero que introduce los muertos en tu reino, y viene, vivo, a suplicarte.

PERSÉFONE: ¿Quién es ese mortal? ¿Cómo es posible que haya atravesado la barrera de la vida sin perderla?

ORFEO: (Entrando por el foro) Soy yo, ¡Oh Diosa del Hades!, Orfeo, hijo del rey de Tracia y de la musa Calíope, esposo de Eurídice, que ha muerto el mismo día de nuestra boda.

PERSÉFONE: ¿Cómo has podido penetrar en mi reino? ¿Qué ha sido de mis guardianes?

ORFEO: El barquero Caronte y el can Cerbero han escuchado las notas de mi flauta y su corazón se ha ablandado. Por eso he podido penetrar en tu palacio.

PERSÉFONE: ¿Cómo es tu música que derrota a los guardianes más fieles?

ORFEO: Yo la tocaré y, si también te emociona, te ruego ¡oh Diosa!, que devuelvas a mi esposa al reino de los vivos.

PERSÉFONE: Toca pues.

                       (Orfeo toca, de nuevo, su melodía. Al principio todos los personajes de la escena estarán muy serios, como ausentes. A medida que suena la música, van cambiando de actitud y, cuando termina, todo el grupo parece haberse humanizado,)

PERSÉFONE: Es tan hermosa tu música, mortal, que hasta la Diosa del Hades se conmueve con ella… Te mereces recibir de nuevo a tu esposa. (Hace un gesto a uno de sus servidores que aparece con Eurídice que se sorprende al ver allí a su esposo.)

EURÍDICE: (Queriéndose acercar a Orfeo.) ¡Orfeo!

ORFEO: (Simultáneamente) ¡Eurídice!

PERSÉFONE: (Colocándose entre los dos.)

Aquí la tienes… Puedes llevártela de nuevo a la Tierra.

Para salir de mi palacio podéis hacerlo por ese pasadizo… Tú, Orfeo, irás delante… Ella, detrás… Solamente pongo una condición: si vuelves la cabeza antes de que la luz del sol os haya tocado… ¡la perderás para siempre!

(La pareja aparenta andar mientras los narradores leen el texto siguiente y actúa según requiera la situación: volviendo la cabeza Orfeo  y, en ese momento, Eurídice se escapa en dirección contraria, quedándose su esposo paralizado con los brazos dirigidos hacia ella. Así debe estar cuando caiga el telón.)

NARRADORES: -Cuenta la leyenda que caminaron largo rato uno detrás del otro.

                                     -Solamente, cuando se comenzó a ver la luz, al final del pasadizo, Orfeo, en su alegría, se volvió para disfrutar con su esposa de tanta felicidad.

                                      -Entonces… Eurídice desapareció de su vista para siempre.

 ( Sonido estridente en la vuelta de Orfeo)

                                      -Orfeo, no pudiendo soportar tanto dolor, murió de pena y se fue a encontrar con su esposa en el reino de Perséfone.

                                      -Pero dejó su caramillo en el mundo de los vivos para que la Humanidad fuera más feliz gracias a la MÚSICA,

TELÓN

Después de bajado el telón, los personajes van saliendo delante de él explicando su significado.

ORFEO es el símbolo de la música que amansa a las fieras, encanta y conmueve.

EURÍDICE representa el amor que se nos escapa por la impaciencia del corazón.

LAS NINFAS son las fuerzas protectoras de la Naturaleza.

PERSÉFONE, que vive en el centro de la Tierra, significa la semilla que tiene que destruirse, enterrada, para dar nueva vida.

FIN

 

 

Crónica neskapolitarum

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28diciembre, 2011

 

Ya estamos en Roma, en casa de Santa María de la Garbatella.
 Vengo con otras tres señoras que son como hermosas maestras de ceremonias del colegio de vestales, dado su glamor y su prestancia. La tres, miden lo menos 1’70, lo que me hace parecer su criadilla barata y canija. Me conformo con ser su cronista.

 Para comenzar, os comentaré hasta dónde llega su éxito, que las muy brujas, han conseguido que les dejen introducir unas copas de cristal de reserva de rioja en la zona vedada a los alcoholes y a los vidrios, en el aeropuerto de Santander, por el procedimiento clásico de sonreírle a la policía (Esto de la policía no significa que sean policías señoras, sino que se refiere al Cuerpo en general, varones mayormente, como en este caso.) Tampoco me parece necesario explicar que los policías podrían pasar por su hijos, lindamente.


 En Roma nos han recibido con los brazos abiertos, sobre todo a mí, que soy Piedra, ya que se les acaba de caer una, muy hermosa, del Coliseo y piensan si les sirvo en su sustitución. Van de cráneo si piensan que me voy a quedar allí quieta otros dos mil años igual que la desprendida.


 María nos ha regalado una hermosa carta de bienvenida y a su señora de la limpieza, que es argentina y nos ha hablado en cristiano para explicarnos cómo funcionan los grifos.
 El taxista ha sido un amor, que no se ha pasado en el cobro y nos ha puesto al día en eventos romanos de la actualidad.


 Me gustaría que este mensaje le llegara a María, que hiberna en USA y no me contesta a los correos, lo que significa que no vive en sitio informatizado.

 
Mañana exploraremos el campo de batalla para preparar el ataque a la Ciudad Eterna.

 
Se me olvidaba decir que hemos llegado bien, tras pagar 40 euritos a los de Ryanair por no llevar en condiciones la tarjeta de embarque y perder mi DNI seguramente en el aeropuerto de Santander.

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Y DIOS CREÓ LOS COLORES

Al principio todo estaba oscuro y el color que había era el NEGRO.
 
Para que el Negro desapareciera, Dios decidió crear el Universo.
Lo primero que surgió fue la luz.
Mucha luz para tapar aquel Negro tan triste.
La hizo BLANCA y resplandeciente para que fuera iluminando todos los seres que vinieran a continuación.
Luego creó el Cielo, tan enorme que no se le alcanzaba a ver el fin.
Decidió pintarlo de un hermoso color.
Y creó el  AZUL
 
El color azul mezclado con el blanco de la luz cambiaba en cada momento.
Así resultaron el azul claro, el azul oscuro y muchísimos más tonos de azul, todos tan bellos.
  cielo con nubes
 Después Dios creó el Sol.
 
¿De qué color hizo el Sol?
 De color AMARILLO para que reluciera en los amaneceres y cegara los ojos de los osados que quisieran mirarle a la cara.sol
Luego decidió crear la Tierra.
Y, como apenas tiene importancia entre todos los astros del Universo, le dio un color pardusco  e intrascendente.
Al cabo de un tiempo comenzaron a salir en la Tierra  unas hierbecitas que no tenían color.
Eso no le pareció importarle demasiado al Creador y dejó el pintarlas para otro día.
Entonces el Cielo y el Sol se dieron cuenta de lo descolorida que estaba la Hierba y decidieron ayudar a Dios en la enorme tarea de buscar colores para todo lo que iba creando.
El Cielo pensó que como su color era tan bonito, debía a enviar a las Tierra chorretones de azul.
También el Sol opinó lo mismo y preparó unos rayos amarillos para que la Hierba se pusiera en su bando de colores.
 
Dios los veía actuar y se sonreía.
 
Porque Dios lo sabe todo.
 
Y sabía que cuando se mezclaran el amarillo del Sol y el azul del Cielo,
surgiría el color VERDE, que era lo que él pretendía.
 campo amarillo
 
El Sol y el Cielo se quedaron un poco perplejos al ver el color VERDE distinto a ellos y, sin embargo, con algo de cada uno.
Descubrieron que Dios no necesitaba ayudantes.
 
Cuando Dios hizo a los animales, quiso buscar el más bello de todos los colores para pintar con él las sangre que circula por sus venas.
 La sangre es el agua de la vida y tenía que ser muy diferente a los otros colores.
La Hierba, que no sabía que el Sol y el Cielo habían aprendido la lección de que Dios se las bastaba solo para crear el Universo, discurrió que lo más bonito sería que la sangre fuera verde también.
Así que les mandó a todos los animales mucho color verde para que su sangre se pareciera a ella.
 Dios se sonreía pensando que la Hierba no entendía de pinturas, lo mismo que el Cielo y el Sol.
 
Decidió darle una sorpresa.
 
Agarró Dios todo el  verde que la Hierba había enviado… le dio la vuelta con su divina mano…
Y… ¿a que no sabes qué color había detrás del verde?
¡El  ROJO!
 La Sangre se convirtió en roja para siempre.
Y la Hierba lloró lágrimas de rocío.
 
Pero se quedó maravillada cuando Dios, para consolarla, le colocó en medio las amapolas.
 
 
amapolas. Monet
 
 
Ya no hubo más colores.
 
 
Todos, absolutamente TODOS, los colores los consigue Dios combinando el  AZUL, el AMARILLO y el ROJO.
Como había conseguido el VERDE, que es hijo del Amarillo y el Azul.
                                                                                 Y
                                               colorín   colorado
                                           amarillín   amarillado
 
                                               azulín  azulado
 
 
Este cuento sí que se ha acabado.
 
                                ¿De qué color son los besos?


 

 

EL TEATRO DE AULA como estrategia pedagógica

Nota previa al proyecto de Teatro de Aula

 

Este proyecto de Teatro de Aula es el resultado de una experiencia pedagógica realizada en el C. P. Birjinetxe de Bilbao a lo largo de los últimos 20 años.

Desde la concepción clásica de Aula de Teatro hasta llegar a la filosofía con la que hemos impregnado nuestras últimas actuaciones hemos sufrido una catarsis personal y profesionalmente, que ha invertido valores y conceptos tradicionales tanto en Educación como en Teatro.

La tarea ha sido dura y lenta; con avances y retrocesos; con entusiasmos y decepciones. Nos hemos sentido incomprendidos la mayoría de las veces y, cuando el azar ha coronado una dramatización con un premio más o menos espectacular pocas personas, incluidas aquellas que, por su posición pedagógica, debieran haber intuido la trascendencia del proceso, se han quedado en la anécdota de la representación brillante. Solamente en una ocasión, en 20 años, una Inspectora se detuvo a analizar técnicamente nuestro sistema y nos animó a publicarlo.

Gracias a ello y después de una dura autocrítica unida a un inquebrantable entusiasmo, nos hemos atrevido a formular este proyecto como guía para educadores optimistas.

El formato del trabajo corresponde a las bases de un concurso sobre innovación pedagógica, al que osamos presentarnos y que, naturalmente, ganó un proyecto sobre nuevas tecnologías.

1. ¿Qué es el Teatro de Aula?

Puede parecer pretencioso que, después de cerca de tres mil años de vigencia, alguien considere el Teatro como una innovación, máxime cuando en la mayoría de los centros de enseñanza se llevan a cabo dramatizaciones que dan prestigio y realce al Colegio. Pero el Teatro escolar no debe ser solamente el broche de oro con que termine el curso: puede y debe ser exprimido de tal manera que se convierta en el meollo de nuestro quehacer educativo.

En estos tiempos tan poco generosos, tan poco dialogantes, en los que el niño se siente solo, no ha de pedírsele que exprese exclusivamente su mundo interior -siendo interesantísimo- como ocurre en la clase de Expresión Plástica, sino que escuche también. El gran problema de la sociedad en la que vivimos es que no sabemos escuchar. Tal vez hayamos generado esta sordera como refugio ante la invasión de mensajes que nos acosan continuamente, enviados por alguien que sí tiene, sabe y posee medios para emitir. La actitud de nuestros escolares ha sufrido un acentuado viraje hacia horizontes hasta hace poco insospechados. El abuso de medios audiovisuales, si bien informa sus mentes, va deformando su expresividad. El niño teleadicto de ahora no juega, no ríe, no compite con los demás: lo hace con y contra la máquina, contra el videojuego, contra el ordenador. Ha dejado de ser un emisor de emociones para convertirse en un mero receptor… y, tristemente, no de los conocimientos y las ideas naturales, propias de su evolución, sino de otras exteriores, inculcadas subliminal y programadamente por personas que no pretenden educar en valores. Nunca en la historia ha estado el niño mejor atendido y más abandonado.

Por ello hemos de buscar una actividad artística que respete y potencie la expresividad de nuestros alumnos, pero que les haga saber que, además de la suya, existen otras opiniones igualmente respetables. La actividad artística que conjuga estas dos posturas (escuchar y exponer), que son el eje de la convivencia y la ciudadanía, es el Teatro.

El Teatro, que es, ante todo, diálogo, supone un reto, un estímulo, una transformación… y aplausos. El niño de hoy necesita todo eso y mucho más para superar el handicap de la superprotección familiar, la pobreza de conseguir todos sus antojos, la soledad producida por largas horas ante el televisor, el agobio de las clases particulares, la angustia materna por no tener dinero para pagar el plazo de la lavadora, las riñas conyugales o la separación de sus padres. O para superar sus propios problemas, como pueden ser su timidez, torpeza, pereza, despiste, atolondramiento, inseguridad o miedo.

En algunos centros educativos se suele trabajar el Teatro con mucha dignidad, tanto por parte del profesorado como por monitores especializados, en horario extraescolar. A este tipo de actividad se conoce con el nombre de Aula de Teatro y acoge a alumnos con aptitudes dramáticas, dispuestos a todos los sacrificios por conseguir una brillante representación. Previas al Aula de Teatro y, ya dentro de las programaciones escolares, aparecen ejercicios de sicomotricidad, juegos dramáticos, etc., que damos por realizados desde el parvulario.

Lo que se ofrece en este Proyecto no es un Aula de Teatro convencional, sino Teatro de Aula, que presenta una filosofía, planteamientos y soluciones completamente distintos.

El TEATRO DE AULA es una estrategia pedagógica, lúdica, motivadora, transversal y multidisciplinar, que parte de la inmersión de un aula completa en un proyecto dramático. Diseñado principalmente para alumnos de Tercer Ciclo de Primaria y Educación Secundaria Obligatoria, pretende, no solamente potenciar cualidades específicas tradicionales, como pueden ser la expresión corporal, la memoria, el sentido espacial o la sensibilidad artística, cuanto aglutinar al colectivo de alumnos alrededor de una empresa que pertenece a todos y a cada uno. No es solamente un área transversal, sino el eje vertebral que va a configurar todas las actividades del tiempo que le queramos dedicar (ciclo, curso, trimestre…); la urdimbre alrededor de la cual se tramará la vida escolar fuera y dentro del aula; la transgresión consciente y voluntaria del tratamiento de las áreas de trabajo, de por sí duras, para convertirlas en accesibles y entrañables. En el Teatro del Aula todos los participantes han de ser protagonistas y autores porque es flexible y elástico y se valoran todas las opiniones.

Este Teatro de Aula no está programado tanto para realizar un estreno teatral espectacular, cuanto para ser vivido y asimilado durante el proceso de preparación. Su meta es el camino a recorrer. No es una representación escénica -que puede, incluso, no llegar- sino el proceso que la ha generado.

El Teatro de Aula no es un fin sino un medio.

2. Objetivos del Teatro de Aula

2.1. Objetivos generales:

1° -Elevar la autoestima y la autoconfianza en los alumnos.

2° -Crear en el aula un marco de convivencia agradable entre los compañeros y entre éstos y el profesor.

3° -Fomentar hábitos de conducta que potencien la socialización, tolerancia y cooperación entre compañeros.

4° -Hacer sentir a los escolares la necesidad de someterse a una disciplina necesaria en todo grupo.

5° -Sembrar inquietudes intelectuales para que los alumnos disfruten del estudio y de la investigación.

6° -Sensibilizar a las familias acerca del proceso educativo de sus hijos.

 2.2. Objetivos específicos:

 Conseguir que el alumno aprenda a:

-Conocer su propia voz y utilizar la palabra como el más noble medio de expresión.

-Encontrar en su cuerpo (manos, voz, gesto, mirada, movimientos) recursos comunicativos y disfrutar de ellos.

-Potenciar la lectura y corregir defectos de dicción.

-Asimilar los problemas de los demás al tener que asumir los de sus personajes, lo mismo que su manera de hablar y sentir según su época y condición.

-Poder transportarse con la imaginación, a otros momentos históricos.

-Analizar los personajes y las situaciones representadas.

-Realizar una crítica del hecho dramatizado.

-Saber colaborar en la preparación de vestuario, decorados, manipulación de aparatos (magnetófono, luces…), etc.

-Comportarse debidamente en un espectáculo.

-Conocer los recursos de grabación en vídeo como resumen e inmortalización de una tarea artística efímera.

Deliberadamente ninguno de estos objetivos está relacionado con la perfección de un estreno teatral, que incluso puede no llegar, aunque sea lo que esperen los alumnos. Puede ser su meta, pero no nuestra meta. Ellos no son actores ni actrices y, posiblemente, no lo serán nunca. Si luchamos por conseguir una correcta vocalización o la asunción de su personaje es porque consideramos que son objetivos del curso la expresión oral o la empatía para comprender a otro. Gracias al Teatro de Aula lo van a conseguir.

 2.3. Desarrollo de los objetivos generales

 1° –«Elevar la autoestima y la autoconfianza en los alumnos.»

Desde que el niño se suelta de las faldas de su madre hasta que, ya adulto, consigue afirmar su personalidad, debe ir quemando etapas de miedos, inseguridades, dudas, ilusiones y desilusiones que van haciéndolo madurar. La mayoría son inherentes al proceso vital y se superan de forma natural, pero la sociedad de hoy abruma de tal manera a las criaturas que su tierna sensibilidad hace que éstos reaccionen con dos tipos de actitudes, aparentemente contradictorias: hacia afuera (el niño agresivo), y hacia adentro (el niño reconcentrado). Arañando suavemente en ambos casos descubrimos niños inseguros y temerosos. Naturalmente, el que molesta en la clase es el primero. Su agresividad es proporcional a su falta de autoestima y a él le vamos a dedicar nuestras principales atenciones. Si, además de molestar, es incordiante con preguntas incómodas, podemos estar ante un tipo inteligente, posiblemente buen actor, y un papel oportuno puede convertirse en la mejor terapia que lo redima de su incompatibilidad con el resto del grupo y con el profesorado.

En el apartado de alumnos que reaccionan hacia dentro, para defenderse de la opresión exterior, podríamos incluir a los empollones y a los adictos al televisor u ordenador. Aunque los padres se quejen de que su falta de sociabilidad se deba a la teleadicción, a veces, sobre todo en la preadolescencia, puede ser un refugio donde ocultan su timidez y su pánico a enfrentarse a una cuadrilla.

El aislamiento televisivo o intelectual puede ser efecto, en vez de causa. En el Teatro de Aula van a romper los primeros hielos y hacer amistades.

2° –«Crear un marco de convivencia agradable entre los compañeros y entre éstos y el profesor.»

La educación para la convivencia debe constituir un fin en sí misma. Si queremos una escuela viva, tanto en Primaria como en Secundaria, no nos puede satisfacer el simple hecho de «explicar» normas y reglas: hay que resolver los problemas cotidianos e, incluso, originar situaciones en las que necesariamente surjan aspectos vitales para atacarlos in situ. No es lo mismo hacer un mural sobre la tolerancia religiosa o social, muy bonito pero muy teórico, que aceptar al testigo de Jehová que no quiere participar en el festival de Navidad pero no pone obstáculo en representar a Orfeo en una obra sobre la mitología clásica.

Muchas veces, a principio de curso, aparecen niños nuevos que no son acogidos por el resto de los compañeros; o el repetidor, un año mayor que los demás, comienza a trabajar un liderazgo amenazante. Entonces el profesor, que tiene fama de excesivamente serio, y se ha tenido que poner los bigotes los primeros días para dejar establecidas las jerarquías y las normas de convivencia, quiere relajar el ambiente. Nada mejor, para romper el hielo, que, echando mano de su carisma, lea en la clase, con toda espectacularidad, esa obrita de teatro que le viene al pelo para coger al toro por los cuernos. Media hora es suficiente para calentar el ánimo y meterse a la clase en el bolsillo: ya se puede empezar a trabajar, porque ya tiene soñando a los chiquillos.

Este tipo de convivencia, al margen de asignaturas, que se va a generar entre los compañeros, y entre éstos, el director y demás colaboradores en la experiencia, va a marcar el resto de su relación, que quedará a caballo entre amistosa y escolar, enriquecida por múltiples anécdotas que todos recordarán de por vida.

3° –«Fomentar hábitos de conducta que potencien la socialización, tolerancia y cooperación entre compañeros.»

Uno de los problemas más graves con los que se encuentra la Educación en estos momentos es el de la intolerancia entre los escolares. Independientemente de la crueldad infantil, proporcional a la inconsciencia de sus consecuencias, y que también debemos vigilar. En los colegios públicos, donde se reúnen alumnos de varias etnias, religiones, culturas y sensibilidades pueden originarse estrepitosas o sordas batallas, de las cuales, a veces, solamente se entera el profesorado cuando está lesionado el niño desvalido, porque existe una mafia que domina la situación en el patio y la víctima sabe que será castigada doblemente por acusar. Los agresores -que siempre son alumnos con problemas- se ceban en todos aquellos que no se someten a su dictadura o porque son estudiosos o torpes o tímidos, inmigrantes o diferentes. Sí suelen respetar, e incluso proteger, a los compañeros disminuidos síquica o físicamente: ahí se sienten superiores, y muchas veces acogen bajo su tutela al minusválido, lo que suele aumentar su «caché» de padrone entre los compañeros.

De este talón de Aquiles es por donde hay que coger a los matones de barrio, a las insultonas, las pegonas y toda la cuadrilla agresiva escolar para comenzar el trabajo de convertirles en compañeros respetuosos, tolerantes y hasta generosos. Pero no para potenciar la superioridad de los prepotentes sino para acercar distancias y generar un entendimiento y una comprensión. Nada mejor para ello que obligarles a participar en la misma escena, que cambien sus papeles para matizarlos, que se equivoquen juntos: terminarán siendo amigos, o, al menos, terminarán aceptándose y respetándose, que no es poco.

4° –«Hacer sentir a los escolares la necesidad de someterse a una disciplina necesaria en todo grupo.»

Otro objetivo, primordial por su dificultad, es lograr una disciplina que no sea traumatizante. La disciplina no tiene que serlo, ya que el juego de cumplir unas normas es la base de toda convivencia. Pero la mayoría de nuestros niños llegan al colegio apenas sin conocerla. Los abuelos de ahora, que sufrieron una dura infancia represiva, consideraron lo mejor educar en la condescendencia y, como consecuencia, los padres actuales no tienen referentes. Las clases regladas, necesariamente han de trabajarse con una serie de condicionantes disciplinarios previos, que, en muchos casos, no predisponen a los alumnos difíciles, sino que actúan negativamente. El colegio supone para muchos chavales un mundo hostil en el que hay que cumplir un horario, escuchar y ejecutar a la primera las órdenes, controlar personalmente sus libros y objetos, pedir permisos… y otras muchas actividades obvias hace pocos años e insólitas ahora. El Parvulario y el primer ciclo de Primaria se encargan de fomentar todos estos hábitos; pero la llegada de las clases en las que hay que atender y trabajar seriamente puede suponer un estrés para algunos escolares, en cuyos hogares viven acostumbrados a recibir todo hecho.

Cuando se propone en clase el proyecto de Teatro, éste suele ser muy bien acogido por todos aquellos golfantes a los que supone un trauma someterse a cualquier tipo de reglas. Sobre todo si trabajamos en Secundaria. Piensan que todo el monte es orégano y el Teatro les va a proporcionar juerga y diversión. No saben, los muy ingenuos, que van a necesitar más disciplina, más orden, más sistematización que en cualquiera de las clases convencionales. Tampoco sospechan que van a ser ellos, y no el profesor, quienes van a mandar callar a los compañeros que hablan cuando les toca ensayar para que se oiga su parlamento. Silencio que cuidarán mantener cuando son los demás los que actúan. Van a aprender a esperar, a escuchar, a organizar sus ensayos particulares con los compañeros que forman una escena determinada, donde necesitarán unas normas consensuadas por todos. Van a tener la oportunidad de ayudar a compañeros menos dotados y se van a acomodar unos y otros a las características del equipo. La necesidad imperiosa del diálogo va a generar la valoración del otro y eliminar egoísmos. Y, en definitiva, al terminar la experiencia, su número de buenos amigos habrá aumentado en cantidad y calidad, al haber tenido oportunidad de conocer a compañeros que habían ignorado en cursos anteriores.

5° –«Sembrar inquietudes intelectuales para que los alumnos disfruten del estudio y de la investigación.»

Motivar a nuestros alumnos, hacerles sentir el placer que produce la búsqueda de información para aumentar su conocimiento es otro de nuestros objetivos básicos. El Teatro de Aula tiene que estar configurado de tal manera que sea necesario situar la historia que se representa en un lugar y un tiempo, con determinadas connotaciones socioculturales. La Biblioteca del colegio (hablar de Internet aún parece una utopía para la mayoría de los centros educativos) puede ser la gran aliada para ayudar a los alumnos en esta recopilación de datos, que pueden archivarse en un magnífico cuaderno, que guardarán de por vida, máxime si incluimos en él las fotografías del estreno.

Para conocer el tema, cualquiera que sea (fantástico, histórico, ecológico, etc.), son necesarias una serie de actividades previas. No se puede nadie meter en la piel de un personaje sin conocer sus circunstancias. Para ello hay que echar mano de documentales, películas, mapas, enciclopedias, y toda suerte de elementos necesarios para hacernos comprender la obra que queremos representar. El profesor, o los profesores que formen el equipo multidisciplinar encargado del proyecto, aunque tengan que alterar la programación del curso, con muy poca dificultad pueden organizar sus clases explicando su asignatura en función de los nuevos intereses, y con unos alumnos más motivados, que responderán mil veces mejor. No es tan atractivo hallar el área de un rectángulo vulgar como medir la superficie del escenario y calcular a qué distancia se tienen que colocar tres personajes para que la escena quede equilibrada.

6° –«Sensibilizar a las familias acerca del proceso educativo de sus hijos.»

Aunque en casi todos los centros educativos se suele encontrar un grupo de madres -más que de padres- que realizan una labor encomiable a través de las A.P.A.S., colaboran codo con codo con el equipo directivo, acuden a Ayuntamientos y otras entidades a pedir subvenciones, se encargan del comedor, de las clases extraescolares, etc., se evidencia una apatía enorme por parte de la mayoría de las familias en relación con la educación de sus hijos. Un estudio sociológico lo atribuiría al trabajo de ambos progenitores, que les impide acudir a recoger notas o a entrevistarse con el tutor. La realidad constata que ese no es un impedimento para mantener una relación fluida con el colegio: la mayoría de los padres que tienen cargos de responsabilidad en el mismo suelen tener trabajo. Otra cosa es que la política educativa del centro escolar sea lo suficientemente atractiva para que los padres se sientan vinculados a ella de manera activa.

El Teatro de Aula puede ser el catalizador que amalgame a los padres y los profesores en una empresa común cuyo único fin es mejorar la calidad de la enseñanza de una forma agradable y motivadora. Una entusiástica charla por parte de los organizadores, en la que se planteen los objetivos pedagógicos, las normas de organización y los problemas de vestuario y decorado, va a conseguir que, al terminar la misma, tengamos una fila de madres, padres y abuelas dispuestas a encargarse de la parafernalia teatral, dejando al profesorado el aspecto intrínsecamente educativo. Omitir esta información previa puede acarrear graves problemas con los padres que, educados en la concepción clásica del Teatro (categoría del papel = categoría del actor), se consideren agraviados si su niño no es el protagonista, siendo el que saca las mejores notas.

3. Metodología

La diferencia esencial del Teatro de Aula respecto a otras modalidades de Teatro escolar radica en el reparto de papeles y el tratamiento de personajes y actores.

Potenciar la responsabilidad, adjudicando cometidos dentro del equipo, para que todos los participantes en la experiencia se sientan necesarios, como puede ser encender el magnetofón o encargarse de controlar el vestuario o, simplemente, pedir en dirección la llave del Salón de Actos, hace sentirse a los alumnos elementos imprescindibles. Lo mismo que les va a motivar el que el director tenga en cuenta su observación acerca del texto y la puesta en escena o, mucho más aún, si les consulta ante sus dudas.

Desde el matón guaperas a la vampiresa y desde la empollona hasta el cobardica y el torpe, todos los alumnos tienen, desde el comienzo de la escolaridad, adjudicado un rol tácito; la mayoría de las veces asumido por ellos, por sus compañeros, los profesores y las familias («… es que mi niño es muy bruto, ¿sabe?»). El Teatro de Aula quiere romper esquemas. Cada niño es un pozo de sorpresas que hay que descubrir. Nosotros le vamos a ayudar adjudicándole un papel inversamente proporcional al rol que desarrolla. De esta manera vamos a convertir en princesa a la niña pecosa y mofletuda; en mendigo, al hijo del empresario que se chulea luciendo zapatillas de marca; en duquesa, a la cojita; en rey, al gitano. Al empollón, que solo se expresa con frases copiadas de los textos, le adjudicaremos un papel flexible, con el que tenga necesidad de improvisar; al tartamudo, un verso; a la coqueta, la sirvienta vieja y gruñona… Y, a ese alumno que nos amarga la vida, con el que no hacemos carrera, con el que hemos fracasado siempre a pesar de utilizar las técnicas pedagógicas más sofisticadas, alumno inadaptado, peleón, agresivo, incordiante… pero inteligente y sagaz cuando le interesa… le daremos un papel de responsabilidad, para que sea capaz de salir del agujero y cambiar el rumbo de su vida.

Habremos de insistir en que una representación teatral es una obra coral en la que todos y cada uno son imprescindibles. Tal vez haya que lavar cerebros para convencer a los que no pueden ser protagonistas de que solo los actores y las actrices muy buenos son capaces de hacer bien los papeles más «feos».

En el sistema educativo actual conviven en el aula niños con necesidades educativas especiales, a veces, muy serias: desde disminuidos físicos, como ciegos o parapléjicos, hasta paralíticos cerebrales. Afortunadamente solo debe encontrarse un niño de estas características por clase. A ellos hay que dedicarle un hueco muy especial. Si su invalidez es física, deben hacer cualquier papel: ¿por qué no puede ser la alcaldesa una niña en silla de ruedas? Si el problema es de retraso mental, también pueden actuar según su capacidad, e intervenir en el diálogo hasta donde lleguen. O sin hablar, participando en el gran grupo, si no pueden hacerlo. No solamente por el empuje que esto supone en su propia evolución, que puede ser mínima en un caso muy agudo, sino por la ayuda educativa de comprensión y madurez para el resto de sus compañeros. Es digno de contemplar el cariño con el que los demás alumnos cuidan a los deficientes, cómo les ayudan, e incluso, cómo son capaces de alterar -sin que nadie lo note- la representación, en el caso de que el compañero diferente haya cometido un fallo. Solamente por este aspecto, debiera merecer todos los respetos el Teatro de Aula.

Existe un tipo de niños que no está contemplado en los libros de Pedagogía ni de Sicología: el niño feo y, sobre todo, la niña fea. En este momento que nos toca vivir, cuando el culto a la belleza alcanza cotas insospechadas hace un par de décadas; cuando supone un rito indispensable en el tercer ciclo de Primaria sonreír enseñando el aparato de la ortodoncia; cuando, al acabar la escolaridad, los padres cambian las gruesas gafas de sus hijos por lentillas; cuando la madre somete a la pepona de su hija a régimen para que sea más esbelta; en este tiempo, digo, la niña gordita, la canija, la pecosa, la dientona, la miope, la altísima, la bajita… lo tienen muy crudo. Eso, tratándose de condiciones físicas poco atractivas para su edad, que generan innumerables complejos salvables con amabilidad y cariño por parte de los mayores que las rodean. Pero es que, además, hay niños realmente feos, desagradables, que producen repulsión, que se sienten rechazados no solamente por sus compañeros, sino hasta por sus familiares. Estos niños y estas niñas ven a Dios cuando el profesor les pone en la mano una varita mágica y les da el papel de hada. Si, además de feos, son inteligentes, lo que acrecienta su dolor, ese papel les va a transfigurar ante el espejo y ante la clase, y van a renacer, van a sentirse hermosos, que, en fin de cuentas, es lo que todos deseamos. No le tiene que preocupar al profesor arriesgarse con tamaña elección: el maquillaje y la ilusión hacen maravillas.

Cada actor debe tener el texto completo de la obra. Es importante que ningún alumno monopolice su papel, que éstos sean rotativos hasta que se hayan decantado las personalidades, que la obra sea en todo momento un trabajo colectivo. Es fácil conseguirlo ya que, en una semana de ensayos, todo el mundo se conoce todos los papeles. (García Lorca ponía mucho interés en que los actores de «La Barraca» dominaran toda la obra, no solamente para solucionar situaciones de emergencia, sino para fomentar el aspecto global de la representación.)

Es muy importante para que los alumnos se identifiquen con su papel que, durante los ensayos, no se les llame por su nombre sino por el del personaje que representan, incluso a aquellos que tienen un papel anodino y, que si no figura nominado en el guión, deberemos adjudicarle para afianzar su identidad. Es posible que nosotros les recordemos también, en el futuro, por este nombre mejor que por el suyo propio.

Todos los alumnos que no pueden conseguir un papel relevante -el gran grupo- tienen que sentirse también parte imprescindible de la representación. Hay muchas maneras de conseguirlo: desde representar a unos soldados desfilando marcialmente, hasta simular las flores de la pradera que se mueven al compás del viento. Pero lo que realmente les va a motivar, aunque al principio se rebelen algunos, es una escena de baile. A través de él se van a redondear nuestras pretensiones educativas. Lo que verdaderamente llena el escenario, integra a los niños, es espectacular y consigue la plenitud de una representación infantil es el baile. El baile es la armonía total. No hace falta que sea complicado: dos pasitos adelante y dos hacia atrás… El baile es el colofón de toda fiesta y el teatro lo es. Es el momento unificador, en el que se pueden subsanar pequeños roces que hayan surgido en el reparto; es cuando la Reina le va a dar la mano al compañero con síndrome de Down, y los dos van a saludar juntos, igualando la trascendencia de su papel… El baile es la apoteosis de la igualdad dentro de la diferencia, que es uno de los objetivos que nos habíamos marcado.

La experiencia teatral, concebida de esta manera, va a ser un revulsivo que cambie las constantes incómodas que habíamos descubierto en la clase. Un ejército de sicólogos no aumentará la autoestima de los niños acomplejados como lo va a conseguir una representación ante el colegio en pleno, sobre un escenario lleno de luces, en el que cada uno se ha sentido centro de todas las miradas. Ni va a hacer reflexionar al navajero, que le ha tocado el papel de emigrante desvalido y que ha tenido que ir asumiendo a través de múltiples ensayos. Ni va a crear los lazos de amistad fraguados entre risas, mientras se repasan los ensayos. Y va a hacer que los alumnos sean capaces de comprender que el profesor que da voces y les hace repetir una frase varias veces no está enfadado con ellos, sino que tiene que ponerse serio para que las cosas salgan bien.

4. Temporalización

Aunque el Teatro de Aula figure en el Proyecto de Curso vamos a tener dificultades para encontrarle una ubicación dentro del horario escolar. Si es el tutor quien lo organiza, puede ir quitando minutillos de aquí y de allá, incluido el recreo, para dedicarle todos los días un ratito.

Pero el Teatro es una actividad literaria. Nuestro momento está en la clase de Lenguaje, dedicándole unos minutos diarios. Las primeras sesiones, que se realizan en el aula, con los alumnos sentados en su sitio, son las que van a profundizar en el aspecto hablado de la representación. Una vez iniciados los ensayos, se van a encargar los mismos chicos de pedir permiso para ensayar durante el recreo; y hay que dejarles, si no a todos juntos, al menos al grupito que conforma una determinada escena.

También el Teatro es una actividad artística, por lo que debemos adecuar nuestra programación de Expresión Plástica o Musical o, incluso, Educación Física, en función de la actividad dramática en la que nos hemos embarcado. Ello no implica alterar el programa, sino los motivos que vamos a trabajar.

A pesar de que le tendremos que robar su tiempo a las manualizaciones tradicionales, que tanto gustan a padres y alumnos, vamos a conseguir un proceso de simbiosis entre la Plástica y el Teatro por el que ambas materias se van a enriquecer mutuamente. No solamente le va a prestar la Plástica sus pinceles al Teatro para pintar decorados, preparar los programas del festejo, dibujar figurines, decorar con guirnaldas de papel o maquillar a los actores; también el Teatro le va a proporcionar a la Plástica temas para historietas de comics, paisajes sugerentes, objetos para modelar en arcilla o papel maché o un mural de quince metros en el que contemos nuestro cuento.

De la misma manera se complementarán el Teatro y la Música. Los profesores específicos de Música, sobre todo en Secundaria, tienen la sensación de que su área es considerada una «maría» por la mayoría de los alumnos. Ellos mismos, como ocurre con los de E. Plástica, son tratados por éstos como profesores de segunda, salvo en casos de una enorme personalidad e influencia en los escolares. Esta situación, tan lamentable como cierta, sería superada con creces si la Música trabajada en clase tuviera una aplicación inmediata, en la que los alumnos se pudieran lucir tocando instrumentos dentro de la representación teatral, o si, en vez de preparar una audición de música barroca, por ejemplo, a muchachos que se pasan el día tirando de auriculares estridentes, se les invitara a escuchar varias piezas con el fin de elegir la más idónea para la escena de miedo. La iluminación, los decorados y los efectos especiales auditivos forman parte de un cuadro mutante y vivo. No debe preocuparnos, pues, utilizar las clases de Plástica y Música para los ensayos, abandonando las manualidades y el pentagrama. El sentido estético, que es lo que estamos educando, no se encuentra ni en las manos ni en los oídos, sino al final de ellos: en el cerebro. Ahí hemos de hacer confluir los caminos artísticos. Si conseguimos colocar en «trance» creativo a nuestros alumnos, habremos añadido el ingrediente emocional y estaremos realizando una obra de arte.

La incorporación en un todo global de las tres áreas de expresión artística (Música, Plástica, Teatro), para realizar la puesta en escena puede ser la salvación de ellas. Por eso es muy interesante la coordinación de horarios y profesores específicos de estas materias a la hora de trabajar en equipo.

Pero, ¿solamente podemos «robarle» tiempo a la clase de Lenguaje y demás actividades artísticas?, ¿no sentaremos precedente de irresponsables si le quitamos tiempo a esa asignatura tabú, que es la Matemática, para ensayar en su horario? A esta pregunta tan grave podemos contestar con esta otra: ¿Les puedo prometer a mis alumnos que si trabajamos requetebién las Matemáticas, vamos a repasar el teatro los últimos diez minutos de la clase?… A lo mejor, resulta que matamos dos pájaros de un tiro.

Si tenemos programado el Teatro de Aula para un largo período de tiempo (trimestre, curso, ciclo), podemos, sin miedo, abandonarlo durante días, e incluso semanas, si debemos insistir en otros aspectos del programa escolar, como pueden ser evaluaciones o cualquier otra actividad. No es malo. Al retornar encuentran los chavales nuevo entusiasmo, lo mismo que nosotros. También se puede cambiar de frente: unas veces habrá que abandonar los ensayos para trabajar en los decorados y otras para organizar el vestuario. Todo ello forma parte del entramado teatral, muy rico en actividades paralelas a la escena e igualmente educativas.

5. El Teatro de Aula vertebrador de actividades

La primera vinculación del Teatro con el área de Lenguaje parte del momento de su lectura inicial en la que habremos de valorar tanto el tema como el texto.

5.1. Tema

Un trabajo que nos puede durar medio curso, en el que vamos a poner todo nuestro interés, no se puede echar a perder con un tema banal en el que el asunto gira alrededor de un sabio chalado que pierde las gafas. Aparte de encandilar a los alumnos, el tema les debe aportar situaciones para atacar las áreas transversales más acuciantes: los derechos humanos, la marginalidad, la libertad, el respeto al medio ambiente, etc. No solo deben impregnar la obra teatral, sino que deben ser su esencia.

Tenemos hermosas leyendas y una historia riquísima en anécdotas representables que, además, nos van a dar juego para desde allí fomentar el amor hacia las Humanidades, un poco de capa caída. El baúl sin fondo donde podemos bucear hasta dar exactamente con lo que buscamos es el Romancero. ¿Podemos encontrar mayor integración, e investigar, de paso, la historia del lugar, que escenificar ese romance que las mismas alumnas cantan cuando juegan a la cuerda?

Existen algunas obritas de Teatro escritas para Primaria. Bastantes menos para Secundaria. El problema estriba en que suelen estar pensadas para Aula o Taller de Teatro, que es lo que nosotros queremos superar, y ocupan a pocos actores. Las podemos reconvertir, de acuerdo con nuestra filosofía de que esta actividad debe acoger absolutamente a todos los integrantes del curso. Puede ocurrir que estemos interesados por una obra dramática programada para diez personajes y tengamos treinta chavales, con lo que el grueso de la clase quedaría abandonado. En este caso, se pueden utilizar varios narradores o intercalar algún incidente relacionado con el tema que nos dé pie para una conversación multitudinaria, o varios diálogos paralelos en los que aparezca gente del pueblo, con frases más o menos corrientes, y que pueden ser pronunciados por chicos o chicas indistintamente.

5. 2. Texto y lenguaje

Una vez que contamos con un texto, con dignidad literaria, que puede haber sido consensuado por los alumnos y el profesor, hay que diferenciar en él las partes fundamentales y accesorias.

a) Texto fijo

Es la parte de texto que obligatoriamente se tiene que estudiar de memoria sin concesiones a la improvisación. Aquí hemos de ser estrictos y exigentes en cuanto a la vocalización, pronunciación, y demás aspectos de la expresión oral. Hay que ser inflexibles en defectos de tono y dicción, que si no se corrigen a tiempo, no se solucionarán nunca. Nosotros mismos hemos de leer una y otra vez papeles distintos con las connotaciones expresivas correspondientes, sin olvidar gestos, que hemos de exagerar, lo mismo que la vocalización. La lectura del texto es lo primero que se trabaja y donde más hay que insistir ya que es el momento del acercamiento lingüístico del alumno y que no debemos ni podemos desaprovechar para conseguir que disfruten del idioma bien utilizado.

b) Texto flexible

El texto fijo debe ser el esqueleto de la dramatización, pero su cuerpo debe ser multiforme. Cada curso debe modelarlo según sus características. El guión debe estar siempre abierto a posibles modificaciones que puedan surgir en los ensayos. Debemos estar pendientes de las sugerencias de los chiquillos que, muchas veces, ofrecen soluciones que nosotros no habíamos previsto.

Dentro de la representación hay momentos en los que las emociones deben ser tan fuertes, que hay que dar oportunidad a los alumnos para desarrollar su propia creatividad y para identificarse, de tal manera, con la escena, que deben irrumpir en ella con toda la expresividad que les pida el alma. Algunas de estas aportaciones suelen ser magníficas, y correremos a incorporarlas a las cuartillas para dejarlas fijas, añadidas al texto original.

Para profundizar en el área de Lenguaje, una vez seleccionado el texto y dependiendo del curso y momento, podemos, desde descomponer una frase en sílabas hasta jugar con los verbos, los adjetivos, analizar oraciones, utilizar el diccionario, comentar textos… y toda suerte de ejercicios correspondientes al tema que nos toca estudiar ese día. Podemos ejercitar la redacción liberando la imaginación y creando historias paralelas, descripciones, narraciones, monólogos, etc., de acuerdo con el programa. Los debates entre los personajes, a la vez que sirven para mejorar la expresión oral, nos van a identificar con el espíritu de la obra, mientras educamos en ese arte tan difícil que es discutir sin perder la compostura. Son los momentos en los que cada actor se va a meter de lleno en su personaje, y puede llegar a entender una actitud aunque no la comparta.

5.3. Geografía e Historia (Conocimiento del medio)

 Si queremos matar varios pájaros de un tiro hay que buscarse una historia que nos ayude en el conocimiento de lugares y/o momentos históricos.

Para situarnos en el lugar de los hechos, hemos de recurrir al mapa. La localización espacial es muy difícil de asimilar en Primaria y la situación temporal tampoco la tienen solucionada los alumnos de Secundaria, por lo que habremos de intentar, a través del Teatro, procurar la mayor aproximación posible al tiempo y al espacio.

Si el lugar donde se desarrolla la acción es desconocido, exótico o remoto, después de situado hay que intentar conocerlo. A veces tendremos que alterar el orden de los temas del programa para estudiarlo en el momento oportuno; otras, echaremos mano de enciclopedias, folletos turísticos y documentales, o proyectaremos películas ambientadas en el momento histórico que tratamos.

El mismo criterio hemos de utilizar para motivar en el área de Conocimiento del Medio: en el lugar donde se desarrolla la acción habrá flora, fauna, accidentes geográficos, clima, deportes, costumbres, etc., que iremos incorporando a medida que lo requiera el curso.

Para el niño, el pasado no tiene más interés cronológico que el haber ocurrido hace mucho tiempo. El orden de acontecimientos no le afecta. Aceptémoslo y limitémonos a hacerle amar la Historia… y la Leyenda. Una obrita de Teatro en la que se trabaje un momento determinado de la Historia, con todo su entorno: sociedad, economía, alimentación, cultura, vestido, música, etc., va a conseguir que ese grupo de alumnos, durante toda su vida, tenga un referente que le sirva para situar acontecimientos anteriores y posteriores a él.

5.4. Matemáticas

 Además de los problemas que tendremos que resolver de compras relacionadas con el Teatro y de los que nos iremos inventando sobre la marcha, a medida que avancemos en el programa de Matemáticas, vamos a convertir el campo de la Geometría en algo vivo. Si es muy importante que el niño se familiarice con las mediciones y las unidades necesarias en cada caso, vamos a conseguir que asimilen con facilidad conceptos dificilísimos para él como la verticalidad, paralelismo o perpendicularidad correspondientes al curso que desarrollemos.

5.5. Nuevas tecnologías

 El hecho de plantear un tratamiento humanístico a la educación, que es la base de nuestra filosofía, y a la que hemos llegado como reacción a la invasión de medios audiovisuales (Televisión, videojuegos, ordenador…), que ha desbordado todas las expectativas y sumergido a nuestros escolares en un mundo donde se trastocan los valores de la generación anterior, no quiere decir que estemos en contra de los avances científicos.

Las nuevas tecnologías son un medio -aunque los chavales lo utilicen como un fin-, y de su utilización depende que se conviertan en un arma de guerra o un instrumento útil y necesario. En el Teatro de Aula vamos a utilizar la televisión, el vídeo y el ordenador. Si tenemos posibilidades, echaremos mano de Internet para conseguir la información que precisamos y para chatear con otros compañeros que se encuentren en nuestras circunstancias, e intercambiar experiencias.

 5.6. Expresión Plástica y Musical

(Han sido tratadas en el apartado de Temporalización.)

 6. Evaluación

Puede parecer que la evaluación de una experiencia teatral haya que realizarla después del estreno. Pues no. El estreno es la zanahoria que hemos colocado delante de nuestros alumnos para encandilarlos. Además, el estreno de cualquier grupo de niños siempre es magnífico, sobre todo si son «nuestros niños», por lo que no sería objetivo. No hay relación entre el éxito de una representación teatral y el proceso educativo que ella haya generado y, aunque parezca paradójico, éste no es óbice para el triunfo en el escenario.

Nuestro proyecto educativo es una estrategia pedagógica para mejorar la calidad de la enseñanza y como tal hay que evaluarlo. Esta mejora debe incidir en todos los aspectos escolares, desde el rendimiento en el estudio hasta el comportamiento; por lo tanto, debemos evaluar todos los aspectos pedagógicos acostumbrados en nuestro centro y comparar la evolución percibida con esta estrategia y otras utilizadas anteriormente.

Podemos incorporar a la Memoria del curso los pasos seguidos, y toda la evolución de la experiencia con las reflexiones pertinentes acerca de nuestros fallos y aciertos, incorporando propuestas para sucesivas ediciones y toda clase de observaciones a las que hayamos llegado. Pero son tan sutiles los objetivos del Teatro de Aula que, posiblemente, aunque queramos se nos van a escapar. ¿Cómo vamos a contar en una memoria que hemos conseguido que Ruth, que antes solo emitía gruñidos, sonría cuando le preguntamos?, ¿que la madre de Ángel, el niño tartamudo, lloró al oírle exponer una parrafada de un tirón?, ¿que Noelia, tan fea ella, es ahora aceptada por sus compañeros, después de haberse sentido protagonista?

Y ¿cómo vamos a contar que tuvimos miedo de no hacernos con el curso de rebotados y ahora somos todos colegas?, ¿que puede salir de clase un momento el profesor sin que se alboroten como acostumbraban? ¿Y, sobre todo, que hemos sido capaces de romper nuestros propios moldes, que ahora somos mucho más tolerantes, que hemos aumentado nuestra autoestima y trabajado con un entusiasmo desconocido por nosotros mismos, que hemos conseguido un equipo multidisciplinar con los compañeros realmente eficaz?… Esto lo dejaremos para el currículum oculto, personal e íntimo de cada uno.

 7. Bibliografía

No se me oculta que un trabajo de este estilo debiera ir acompañado de la bibliografía correspondiente; pero no existe bibliografía sobre este tema. Pueden encontrarse interesantes reflexiones sobre lo que se llama «AULA o TALLER DE TEATRO», pero se trata de otra cosa. El Teatro de Aula presenta características singulares que yo misma he experimentado. De ahí que toda la reflexión precedente no tenga más apoyatura escrita que mis propias publicaciones, que figuran en otro lugar. Y, naturalmente, mis 30 años de experiencia en las aulas. Es muy posible que haya otros docentes que estén desarrollando experiencias semejantes a la aquí propuesta, pero, salvo un par de casos, desconozco sus nombres y direcciones.

 8. Conclusión

El oficio de educar no es pródigo en satisfacciones. Nuestra misión es sembrar inquietudes que otros -los mismos alumnos, la sociedad- recogerán después. Con el Teatro de Aula, al margen de resultados a largo plazo, se logran otros inmediatos, que vamos a saborear nosotros mismos olvidando cotidianas amarguras. Gracias a él veremos evolucionar espectacularmente a nuestros alumnos, les oiremos preguntar por temas que antes no les interesaban, observaremos que se sientan en el mismo pupitre personas antagónicas, en medio de un ambiente relajado… y sentiremos el placer de corregir dignos trabajos de estudiantes por los que, antes de comenzar la experiencia, nadie apostaba.

Hagamos Teatro. Pero hagámoslo no solamente pensando en nuestros alumnos y en nosotros. Debemos intentar convencer a la Administración de que las Bellas Artes no deben ser impartidas como áreas estancas en Primaria y Secundaria, de que la Estética, la Música y la Dramática son un todo global fundamental en la educación de los ciudadanos. No puede funcionar un sistema educativo en el que se ignora la trascendencia del Teatro, en el que concurren todas las demás actividades artísticas.

No por casualidad, el pueblo griego descubrió la Democracia a la vez que inventaba el Teatro. El Teatro es el arte de la palabra y la palabra es la base del diálogo y la madre de la convivencia.

Bilbao, febrero de 2001


9- PLAYA PROHIBIDA

 

9-PLAYA PROHIBIDA

¡Al fin te me has manifestado, Siboney de mis sueños!

Te he reconocido en las aguas verde mar del Caribe…

¡Dios!… Nunca te pude imaginar tan hermoso.

Eres el color más bonito que existe, que se va oscureciendo marineando hasta el horizonte donde marcas una raya oscura que te separa del cielo, que sí es azul.

Tu verde mar no es ni azul ni verde, ni marino verdoso, ni refleja el color del cielo, sin diluirse en él mientras que en la orilla se aclara hasta que revienta en transparente, mezclado con la arena, luciendo brillo de esmeraldas fundidas con turquesas, con irisaciones de alegría y olas que trasmutan el sentir de tu alma a la mía, que se percibe húmeda y libre.

¿Cómo no va a salir de mi garganta un canto de cristal, si tus ojos son agua diáfana , Siboney de mis sueños?

Te he encontrado en Cayo Coco y en Cayo Guillermo, junto a la playa del Pilar.

Yo no conocía tu faceta fluida y cromática capaz de envolverte en ese color caribeño, mi Siboney, que es distinto a todos los colores de los mares que había visto en mi vida.

También hemos de reconocer que yo soy más bien de secano y nunca, hasta ahora, me he sentido absorbida por ningún mar.

Hemos llegado a estos cayos en el taxi de Orlando, que ha estado a nuestro servicio todo el día. Orlando es ingeniero químico y tenía otro nivel intelectual diferente al de Deny, el marido de la estudiante de medicina.

Orlando nos contaba cómo la distancia entre los cayos, que son una barrera formada por islas coralinas y la costa es de unos 18 Km . Estas islas, dada su maravillosa ubicación, están programadas con una infraestructura capaz de convertirlas en un centro turístico de primera magnitud, teniendo previstos hotelitos “ecológicos”, que no rompan la armonía estética ni ambiental.

El problema es que no tienen agua potable y que había que construir una carretera para acceder a ellas. Lo de la carretera ya lo “solucionó” Fidel. Solo que, tuvieron un pequeño lapsus, y no se percataron de que no se le pueden poner barreras al mar, que de vez en cuando, se pone furioso y rompe los diques.

Cuando ocurre esto, el gobierno lo soluciona haciendo un ojo de puente o colocando un tubo enorme que haga el servicio de comunicar los dos brazos de mar. En eso estaban cuando pasamos nosotros.

Con tantos ingenieros como hay en el país, ya parece que han aprendido la lección y ahora están haciendo, en otro cayo un puente vulgaris, como los hacían los obsoletos romanos, con sus pilares y sus ojitos, alternativamente. Cuestan más pero, a la larga son más prácticos. Algunos llegan a cumplir dos mil años. No hay datos de que el Castrismo vaya a durar tanto.

En cuanto al agua, todavía tienen mucho trabajo por delante, ya que la llevan de Morón, con harto disgusto de los dueños del manantial, que ven cómo se seca, mientras que ellos, como todos los cubanos tiene que pagar por disfrutar de las playas, que son exclusivamente para turistas y a las que hay que entrar con pasaporte.

Los habitantes de los pueblos solamente tienen permiso para acceder a estos lugares turísticos en calidad de empleados, con su contrato, que es controlado en cada viaje al trabajo. Si van de recreo, hay que pagar.

¿Pagas tú también, que eres canción y eres color verdemar? ¿O surcas airoso por entre los vientos y entre las olas?

Los cubanos, además de no poder usar su territorio alegremente, pagan por cualquier trabajo que les pueda redondear su “pingüe” sueldo: la señora que te da el papel higiénico en los lavabos de cualquier restaurante, la que vende cucuruchos de maní, la camarera de la cafetería

Eso, sin contar el control exhaustivo de las casas que alquilan a turistas, de las que pagan al gobierno el 75% del precio, y que deben llevar un registro que es examinado diariamente.

La Playa del Pilar, se llama así porque Hemingway fondeaba allí su barco mientras escribía “El viejo y el Mar” y Cuba se lo agradeció poniendo a la playa el nombre del barco. Frente a ella están Cayo Guillermo y Cayo Coco, que no lleva ese nombre porque haya cocoteros sino porque es dónde habitan unas aves, endémicas de Cuba, que se llaman “cocos” y se parecen a las gaviotas.

Cuba tiene una fauna volátil riquísima. Me han sorprendido los pelícanos de la bahía de La Habana, los ibis, y las auras, que son unas aves carroñeras, con un vuelo solemne, como el del nuestro buitre. Esos que recuerde; que ya sabes lo que soy yo para los nombres.

También he disfrutado con algún colibrí juguetón. No he encontrado ningún mamífero… y ningún mosquito, pese a que iba bien pertrechada de repelente.

Comimos con Orlando, en un chiringuito de Playa Pilar, unas verduras salteadas riquísimas. En Cuba, las verduras cocinadas se llaman viandas y pueden contener yuca, malanga, boniato, y otras raíces comestibles que no conocía. Mientras comíamos, Orlando nos contó que no podía heredar una casa de su madre porque ya tenía casa y andaba en litigios con el Estado.

Supongo que, al no disponer de una industria conservera nos daban las hortalizas del tiempo, que al ser invierno, eran más restringidas. Por eso apenas vimos aguacates ni mangos, que estaban en floración.

Sí había “fruta bomba”, que es un eufemismo con el que camuflan a la papaya, palabra que tiene connotaciones sexuales, como el verbo coger, aquí proscrito, y que los españoles utilizamos con demasiada alegría. Porque en estas tierras, el sexo solamente es tabú verbalmente… luego, cada quién se las apaña como puede, sin muchos rodeos ni morales ni sociales.

Utilizan poca patata, pero no tienen inconveniente en añadir a un plato de carne o pescado una guarnición de plátano frito, que llaman “mariquitas” amén del arroz con fríjoles, que es obligatorio y se llama arroz moro. Las ensaladas son como las españolas; incluso ofrecen aceite de oliva para el aliño, cosa de agradecer.

Generalmente se cocina muy bien, tanto las carnes, entre las que abunda la oveja, -que llaman cordero-, cerdo, poco vacuno, y pescado.

La mayoría de los restaurantes forman una red del estado y se llama “Paladares”. Suelen estar ubicados en casas coloniales, muy bonitas, y se come por buen precio.

En este sector debe de estar habiendo una pequeña revolución, a cuenta del turismo, porque no actúan siempre de la misma manera. Los hay de todos los tipos: desde aquellos que controlan a los empleados tanto, que éstos, apenas pueden hablar con el cliente , hasta los que admiten que haya colas en la puerta, mientras los camareros cepillan una y otra vez mesas vacías, si preocuparse de llenarlas con nuevos comensales, ya que les da lo mismo el número que tengan que atender porque su sueldo no va a alterase y siempre es más cómodo trabajar poco.

En Camagüey caímos frente a un comedor social -1554 PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR se llamaba-, y decidimos no perdernos la aventura, así que, como no teníamos prisa, nos pusimos a la cola en la calle, pero enseguida pasamos al portal y no tardamos mucho tiempo en entrar.

El comedor era un salón espléndido, con manteles de tela, adónde acuden trabajadores. La comida no difiere mucho de la que encuentras en los Paladares, aunque la carta es más restringida. Pedimos viandas, un codillo de cerdo, con cerveza nacional y postre dulce, que nos salió por menos de 2 €, por barba. Si no fuera por estos locales, los cubanos no podrían salir jamás a comer fuera de casa porque una comida, en cualquier otro sitio, equivale a medio mes de sueldo.

En Cuba hay mucha gente que solo puede hacer una comida al día. La comida principal es de 5 a 8 de la tarde, por lo que nosotros tardamos en coger el truquillo y organizamos una dieta muy fluctuante.

Después de comer en Playa Pilar, Susana y yo estuvimos haciendo snorkel en un lugar casi salvaje, Playa Prohibida, más abrupta que las otras, que eran de arena blanca y fina, y donde había un promontorio de piedras de las llamadas de “dientes de perro”, a la que no se puede acceder sin chancletas, de las que ambas íbamos bien provistas. En cuanto encontramos un caminito, con el agua por la cintura, nos adentramos en un vergel marítimo lleno de algas, conchas, caracolas y fósiles preciosos, de los que llenamos las bolsas. Susana, que es mucho más experta- para eso tiene una hija bióloga marina- sacó maravillas. Yo, casi me quedé con los restos que la marea había dejado por la orilla, que contemplo ahora, mientras escribo.

No volvimos a más playas, en plan bañador, que a las del los cayos de Morón. Pero siempre recordaré que en tu mar turquesa, ¿o tú eres el mar?, los flamencos son más hermosos que en ningún otro sitio del mundo, porque su color rosa y tu azul verdoso son complementarios y por ello, verdaderamente armónicos.

¿Lo sabías, Siboney de mis sueños?

 

 

6 TRINIDAD

6-TRINIDAD

Pues en Trinidad no apareciste tampoco, ”mi amol”… Y mira que estaba lleno.

¿O es que hacían tantísimo ruido los músicos que ahogaban mi canto de cristal?

¿Y qué quieres que te diga de esta ciudad?

Eso de que haya que conservar los cantos rodados del siglo XVI, tal cual, sin pasarles, cada cincuenta años, una apisonadora para que se vayan recolocando, lo han superado hasta en mi pueblo, que los tenía iguales. Es muy típico, pero demasiado incómodo.

Claro que, si es condición sine qua non te concedan el premio de Patrimonio de la Humanidad, dejémoslo estar.

Esto iba yo pensando cuando, al salir de la estación, y con mi maleta recién estrenada, me vi que me volvía a quedar sin ruedas con semejante pavimento.

Menos mal que llegó la Damari, con mucho remango, y me la cogió aúpas hasta que llegamos a la casa, que está muy cerca del centro: es un apartamentito con cocina y todo, en un piso alto, junto a la azotea.

Cuando quisimos arreglarnos un poco para salir, me di cuenta de que había pedido la llave del candado de la maleta. Damari me consoló diciendo que su marido es un manitas y, en un momento venía y lo solucionaba.

Pero el marido manitas no llegó. Se me ocurrió llamar al vecino de enfrente, que estaba albañileando en su terraza, y se presentó con un manojo de llaves, entre las que había una que abrió el misterio. Le di las gracias y cinco cuc, que equivalen a una semana de trabajo, lo que hizo feliz, porque el buen hombre- Miguel se llama- no me quiso cobrar nada por el servicio.

Por supuesto, me regaló la llavecita. Así de majos son los cubanos.

Por Trinidad hemos pateado mucho. En zapatillas, naturalmente.

Es un lugar emblemático, que recuerda el tiempo de la colonia. Y la Revolución, que tiene sus más y sus menos con esta época, que fue la que forjó a Cuba, cuándo le conviene la oculta y otras veces la explota.

Trinidad es muy bonito pero muy pueblo: te levantas oyendo cantar a los gallos – también te los encuentras picoteando por las calles- mientras tomas un zumo en un patio desde la que se pueden alcanzar los cocos del corral inmediato, y te acuestas escuchando al panadero ambulante que anuncia, a grandes voces: ¡“pan caribeño”!

Porque nosotros nos acostábamos temprano. Piensa que éramos tres jubiladitos, que, por muy marchosos que nos creamos, ya no estamos para trasnochar.

Junto a la casa de Damari teníamos una sala de fiestas, de esas que cuentan los turistas jóvenes que son tan superguays y se liga tanto con cubanos macizones como tú, Siboney de mis sueños.

Nosotros ni las catamos: la sala de fiestas aneja terminaba a las 22, 30, la hora en que nuestros padres nos hacían llegar a casa en nuestras mocedades, y cuando hoy aun no han salido los chavales españoles para su botellón.

La vida de los jóvenes aquí se parece mucho a la que teníamos en España hace cincuenta años, con la excepción de que todos andan colgados de su “celular”, que, por otra parte, no sé cómo se pueden pagar, con los sueldos miserables que tienen.

Y, una de las cosas que nos han dejado traslucir las madres, cuando nos hablaban de ese futuro más actualizado y con más posibilidades, que todos ansían, es que temen que la modernidad les vaya a traer la droga, como efecto colateral que, ahora parece, solo está al alcance de la gente que maneja mucho dinero.

Se saben necesitados, pero se sienten seguros respecto a perversiones exteriores, y agresiones como las islamistas, por ejemplo.

Estas cuestiones evolutivas tienen muchos matices, que no siempre contemplan los estudiosos: los cubanos, que han cambiado una pobreza absoluta por otra relativa, y que están orgullosos de su país, dónde son gratuitas la enseñanza y la medicina -de lo que presumen continuamente-, y dónde todos los viejos disfrutan de pensión, aunque sea de 8 €, se han ido acomodando a una supervivencia frugal, y al trapicheo para llegar a fin de mes, trabajando lo estrictamente indispensable, ya que el trabajo no supone subir de estatus. Siempre llenos de miedo a contravenir la ley y siempre buscando el resquicio para aprovecharse de ella, procurando trabajar lo menos posible para un gobierno que, mal o bien, les va a cuidar en la vejez.

El miedo de las madres a que sus hijos se malogren de una manera, para ellas inédita, es muy, pero que muy justificable.

Y yo las entiendo.

Es curioso que los chavales cubanos estén divididos en dos grupos, muy significativos: Unos son de Cristiano y otros de Messi. Y siguen con verdadero entusiasmo las fluctuaciones de la Liga española. El que tiene oportunidad se hace con una camiseta de su equipo, que luce ostentosamente. Sabían del fútbol español mucho más que nosotros.

El lugar emblemático de Trinidad es “La Casa de La Música”.

Esta Casa de la Música forma parte de una escalinata, también de cantos rodados, pero en moderno, que se va expandiendo hacia la Plaza Mayor, donde se encuentran la Iglesia, y que está flanqueada por bares donde te sirven una “canchancha”, que es un daiquiri con un toque trinitario, muy rico, por cierto… y ¡Oh cielos!… se toca continuamente música caribeña..

La verdad es que no entiendo cómo el Ayuntamiento, o la Junta o como se llame quién organiza el cotarro en la ciudad, ha tenido la idea de colocar en éste único lugar de la ciudad el punto wifi: es imposible escuchar nada con la música tan estridente. Así que, claro: los cubanos se han acostumbrado a hablar a gritos… y eso que en España no somos modelo de suavidad tonal, como los mexicanos, por ejemplo, que me dan envidia de lo bajito que hablan.

La Casa de la Música me recordaba a la Plaza de España, de Roma, salvando las distancias, la primera vez que la vi, con los hippies sentados en las escaleras y cantando; solo que ésta, en criollo.

En un momento de relax, apareció, en las escaleras, un cantante local muy famoso, medio loco y medio borracho, que cambiaba las letras de canciones conocidas por sátiras en contra del gobierno, con gran regocijo de los nativos, que tienen su retranca y le jaleaban para que siguiera.

Parece que la policía ya ha dado por perdida la guerra con él y lo ha convertido en otra atracción más, para que vean los forasteros la enorme liberalidad del gobierno, que no parece utilizar con otras protestas por parte de disidentes, a los que tiene encarcelados. Además de la magnífica plaza, con sus barandillas y sus bancos de hierro colado y sus palmas reales, Trinidad ofrece al turista variados palacios, que tuvieron alma en los tiempos remotos de la Independencia, y los más remotos de la Colonia, que data de 1515.

En uno de ellos, el Palacio Iznaga, de nombre más bien euskaldún , amén de las maravillas propias de todos estos edificios, que asombran por sus dimensiones, su acabado, y su buena conservación, una guía, blanquirroja como yo, y de apellido Madariaga, nada sospechoso, me enseñó una pieza de cocina que ya la quisieran en el Museo Vasco: una olla exprés del año 1885 fabricada en Bilbao. O sea, cuando Trinidad y Bilbao formaban parte del mismo país o nación o estado, que eso una no lo tiene muy claro.

¡Anda ya!

Así, cualquiera. No solamente tuvo Cuba el ferrocarril 20 años antes que la metrópoli sino también la olla Magefesa, versión hierro fundido. Eso, que yo sepa.

Como yo, cuando voy de exploración, me fijo en lo que suele pasar desapercibido a la mayoría de los visitantes, me di cuenta, enseguida de un mantel espléndido, con muchas lavaduras, por cierto- había una mesa puesta como para ser utilizada en el momento, con una vigilante, que no te quitaba ojo, por si birlabas un tenedor- bordado con calado canario.

Y, ahora, en la distancia, le estoy dando vueltas a un asunto que me trae a mal traer desde hace bastantes años. Ya sé que no viene a cuento el tema, pero quiero echarle el guante a alguna investigadora futura.

Palacio Iznaga… la Madariaga que me cuenta la historia de la olla exprés… calado canario… y ¡encaje de Tenerife!. El encaje de Tenerife -Siempre muy mal planchado, por cierto, lo que le quita su gracia- aparece hasta en el Palacio de los Generales de La Habana.

¡Eso es lo que yo buscaba!

Pues aquí va mi lance: Hace muchos años, teniendo yo una relación bastante intensa con el equipo de textil del Museo Vasco de Bilbao, me enseñaron un alba que procedía de una iglesia derruida, tejido en siglo XVII – venía bordada la fecha en el encaje-, que la profesional del museo dijo ser de bolillos.

(Tú ya sabes lo que es un alba, mi Siboney, pero si alguien que lea mi crónica no lo sabe, que lo busque en Wikipedia).

Pero, una, que tuvo que conocer todos los bordados, encajes, agremanes, puntos y obras de aguja, lanzadera o gancho, que para eso estudió en la época de Franco cuándo la mujer elegante era, ante todo, bordadora fina, le dijo que era de encaje de Tenerife. Que yo tengo una obrita hecha con mis propias manos y con el sello de la Escuela de Magisterio, porque era obligatoria para aprobar la asignatura “Labores”, con doña Angelita, que era un hueso.

En el siglo XVII es imposible que los nativos de las Canarias hubieran llegado a esa delicatessen encajera, mientras que la cultura vasca estaba más que cualificada para ello.

Mi pregunta es: ¿El llamado encaje de Tenerife es de origen vasco? ¿Qué influencia tuvo la comunidad vasca en la colonización de las islas Canarias?

De Canarias a Cuba no hay problemas, porque la interferencia ha sido continua. La misma madre de José Martí, el Padre de la Patria, que era canaria, le hizo a su hijo un gorrito -se conserva en su casa natal- con el tal encaje y un faldón con calado canario, que también puede ser vasco. O de Talavera. Vete tú a saber, que el deshilado tiene muchas patrias en la península.

Porque servidora, tiene unos conocimientos harto limitados de historia colonial. Y te juro, “mi amol”, que, con 20 años menos, yo me hago una tesis doctoral, aportando documentos en los que se demostrara cómo la mujeres de caserío se trasladaron a las islas, que fueron puente hacia América, con todo su saber a cuestas. Y allí lo dejaron.

¿Te das cuenta , Siboney de mis sueños, de lo pequeño que es el mundo?

¿Y lo corta que es la vida?

¡Con la de cosas que me voy a dejar sin aprender!

CAÑA Y AZÚCAR- 5 CIENFUEGOS

5- CIENFUEGOS

 

Un recorrido en autobús, mi Siboney, puede dar mucho juego.

Así que los tres amigos decidimos sentarnos en sendas ventanillas para no perder detalle del paisaje que lleva desde La Habana hasta Cienfuegos. Máxime cuando la velocidad del vehículo era lenta y hasta permitía hacer fotos.

Cada uno llevaba su botella de agua.

Aquí hay que comprar el agua, que sale sucia del grifo y hay que hervir y colar, por lo que siempre hemos andado comprando botellas, del único manantial limpio que debe de haber en todo el país. Recorrimos una llanura inmensa con síntomas de poca lluvia desde dónde se veían cultivos de frutales que desconozco y prados donde pululaban algunos vacunos con joroba; puede que búfalos.

La carretera estaba flanqueada por yucas, plátanos y algunas hortalizas. Me sorprendió que, en las empalizadas que delimitan las propiedades, de vez en cuando, colocan un árbol, que, además de servir como valla, su follaje aísla más el terreno. Una buenísima idea. La mayoría estaban recién podados y se veía al través.

A mitad de camino llegamos a un chiringuito, Terraza Piocúa, donde Juan y yo tomamos un zumo de guayaba. Susana andaba malucha de la tripa y solo bebió agua. Susana es una adicta al agua y se ha pasado todo el viaje reprochándonos a Juan y a mí, que no bebíamos lo suficiente.

En Playa Girón pasamos por un museo de la Revolución, con bandera al viento, en cuyo patio había tanques y aviones de camuflaje, para que el viajero local y extranjero recordara el momento histórico de la guerra fría, tras el desembarco en la bahía de Cochinos, a principios de los años 60.

No pierden baza, oye: en cuánto hay un motivo, allá que se colocan las medallas bien visibles.

Pero, mira, en Playa Girón las casas tienen paneles de energía solar, lo que indica que la guerra ya se ha templado con el tiempo.

 

El caso es que llegamos a Cienfuegos y no nos esperaba nadie, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó a la casa de Judit.

   Entonces me di cuenta de que mi maleta se había quedado sin ruedas. Me temo que por culpa del impresentable ayudante de taxista – o lo que fuera- que nos atendió en el aeropuerto de La Habana, cuando nos agarró las maletas de mala manera y las arrastró a campo través hasta un lugar lejísimos y corriendo, mientras nosotros echábamos la lengua para alcanzarle, por un camino de cantos y piedras, fuera ya del terreno propio para taxis, y que seguro no pagaba impuestos. Además se permitió menospreciarnos como españoles, lo que nos puso a Juan y a mí a punto de caramelo.

Durante el trayecto hasta la casa de Rosa, que era a dónde íbamos, Juan calló, pero yo me explayé cómo pocas veces lo he hecho en mi vida. Al bajarnos del taxi, no me di cuenta de la falta de las ruedas: le estaba diciendo al tipo que no se puede insultar a quién te va a pagar la cena.

No hemos tenido otros desencuentros en todo el viaje, gracias a Dios.

 

Judit vive en una casa colonial, y dentro de un soportal altísimo. Es que no te puedes imaginar la altura de los techos. Como los que había en la casa de mi abuelo, en Extremadura. O más altos aun.

¿Sabes que en Cienfuegos las ventanas no tienen cristales?

Solo la contraventana de madera, que cubre unas ventanas enormes. Parecían como si fueran andaluzas, con las rejas más bonitas del mundo, pintadas de blanco.

Toda la rejería es blanca en Cuba, y bellísima. No me he detenido a valorar detalles, pero, sin duda, corresponderán a los estilos arquitectónicos de cada época de construcción: las hay desde lo más barroco a lo más moderno.

Es curiosísimo pasar por las calles, de noche, y como todo el mundo tiene las ventanas abiertas de par en par, sin visillos ni cortinas, puedes contemplar a la familia entera, sin que ésta se sienta molesta, cada uno en su mecedora, contemplando la televisión, que es en entretenimiento oficial. Porque lo que nosotros llamamos portal es allí el cuarto de estar.

 

En Cienfuegos descubrí las mecedoras cubanas.

Yo soy una fanática de las mecedoras. Tengo una en mi cuarto que compré para arrullar y amamantar a mi niño. Es de estilo provenzal, con poco vuelo y respaldo alto, no como esas decimonónicas, de rejilla y brazos redondeados que son las frecuentes en España y que, con un poco de impulso parece que te vas a dar la vuelta.

Las mecedoras de las casas que se alquilan en Cuba son más sólidas, macizas, anchas, de madera de cedro o de otros árboles preciosos tallada y con el respaldo corto. Bastante pesadas. Algunas son de rejilla, aunque, en algunas casas las hemos visto tapizadas también; pero no usan cojines Vuelan hacia atrás, con lo que se te quita el miedo a caerte de bruces en una acometida entusiasta.

Creo que el cubano no podría vivir sin su mecedora, en la que entorna los ojos para ir y venir a lugares de ensoñación. Como si la sola visión de su bello país no fuera suficiente.

Ahora, tal y como están las cosas, las mecedoras son enormemente necesarias, porque gracias a los sueños pueden superar tantas carencias. Algunos las utilizan para pergeñar proyectos que pueden ir evolucionando con el tris tras, o rumiar desencantos, pensar en el gobierno- a favor o en contra-, esperar, o descansar del no hacer nada, que también se lleva mucho.

Y sin embargo no son pródigos para colocarlas en bares o lugares turísticos para que el forastero le saque la gracia al vaivén cubano, en vez de acribillarlo con música cargada de decibelios en todas las esquinas.

Escuchar música carioca varios tonos más suave y en mecedora, tiene que ser placer de dioses.

Cienfuegos en una ciudad con mucho glamour. Tal vez se deba a su origen francés. Debió de ser espléndida en la belle époque y se conserva mucho mejor que La Habana, con más coquetería y menos destrozos.

También tiene un malecón, que rodea toda la bahía y donde se reúne la gente por las tardes a bailar. Junto a él hay una ceiba impresionante, con lo menos diez metros de diámetro y un agujero en medio, por el que puede pasar una pareja. Una joya de la naturaleza. Me quedé unos segundos en trance, en el hueco del tronco. Fue como una sensación mística. Como si yo misma fuera árbol sagrado.

¿Habré sido árbol alguna vez? Porque estas cosas son muy misteriosas, mi Siboney: si somos polvo después de morir, mis átomos y mis células pueden haber vivido en otros seres de la creación desde que el mundo es mundo.

¿No será éste el milagro de la reencarnación?

¡Mira tú que he necesitado llegar a Cuba para hacer este razonamiento tan primario!

El Boulevard es el centro comercial y social donde transcurre la vida de la ciudad. En el Boulevard, que es el único sitio que tiene cobertura de internet, se encuentran las oficinas del estado- ETECSA- donde puedes comprar una tarjeta para navegar una hora por la red. Después de haber comprado varias de ellas, me dijeron que eran incompatibles con mi móvil, por lo que tuve que esperar a los emailes.

El asunto de la conexión es un drama. Pensé en ir por la tarde a una oficina de ETECSA, y a las 4 ya habían cerrado. Me encontré desvalida.

¿Tú nunca te has sentido aislado, mi Siboney?

Pues yo he percibido la insularidad, que significa desprotección, estar a merced de todos los vientos y todos los piratas que quieran secuestrarte.

Tal vez sea porque no me encontraba bajo el manto turquesa de Yemayá, de la que todavía no soy devota.

Le pedí a Yemayá que me ayudara a buscar una nueva maleta porque en las tiendas no hay nada de nada.

Tras mucho preguntar me dijeron que posiblemente la pudiera comprar en una “peletería”, cosa que me sorprendió, hasta que deduje que antiguamente las maletas eran de piel: de ahí lo de peletería. Solamente encontré una maletilla, de tela, en todo el establecimiento y algunos zapatos -éstos de piel, supongo-, así que me libré de elegir, que la elección siempre te acarrea problemas de conciencia. Y vete a saber la calidad que tendrá, después de asegurarme que era producto nacional, como los orishas.

Me gasté en maleta todo el dinero preparado para regalos. Y, encima, no me cobraron con tarjeta porque tenían el cacharro estropeado, por lo que descalabró mi presupuesto. Le di a Judit la vieja y se puso contentísima.

Lo de la maleta no pasa de anécdota.

Mientras andaba buscando la peletería me tropecé, en el Boulevard, con un grupo de gente que estaba organizando una reunión poético/musical, a modo de las Noches Poéticas de Bilbao. Lo dirigía un tal Jorge, el más veterano, y esperaban a una poetisa, Judit, ya un poco mayor que la media de chavales, invitada de otro sitio, que debe de ser un personaje, a juzgar por los poemas que leyó. Me rogaron que asistiera al encuentro con algún poema mío. Me hizo mucha ilusión y acudí con Juan, dado que Susana todavía andaba regular y se quedó en la cama.

Aquella me pareció una noche mágica, Siboney.

La poesía nos envolvía por entre las sillas colocadas en corro y se cantaron canciones a capela, diferentes a las de las plazas, tan manidas y agresivas para el oído. Me encantó que la mayoría de los asistentes, unos 20, fueran gente joven. No tuve ocasión de preguntarles cuáles son sus fuentes de inspiración, ni si leen autores de otros países hispanohablantes y un sin fin de datos que dejé para el día siguiente.

Para terminar, Jorge nos recitó “La casada infiel” de Lorca, como no la había escuchado en mi vida: una verdadera obra de arte de expresión oral. ¡Y cuidado que la declaman siempre que pueden todos los vejetes verduscos que pululan en los círculos poéticos que frecuento!

¿Quién dijo que el cubano no puede ser tan perfecto como cualquier dialecto del español? Lo que pasa es que, la mayoría de la gente habla fatal. Pero quien sabe, sabe.

Creo que le salió tan redonda porque antes yo le había aclarado al rapsoda que no se hiciera ilusiones: que fue ella la que lo llevó al río, , encima, le sacó un costurero y le dejó el regusto de haber sido el seductor. Ja, ja.

Quedamos para el día siguiente, cuando Jorge representaría un monólogo por la noche y haríamos un intercambio de direcciones. Yo les dejé mi tarjeta, y Judit me dijo que le iban a conceder permiso para utilizar Internet y me escribiría. Espero que algún día se ponga en contacto conmigo.

No hubo día siguiente porque no pudimos ir al espectáculo. Pasamos la noche buscando como locos el móvil de Susana, que se había perdido. En la policía nos dijeron, con pachorra caribeña, que, como era sábado por la tarde, no trabajaban en esas minucias… y el domingo, mucho menos.

Parece que, en Cuba solo les está permitido a las emergencias que ocurran durante los días laborables.

Urgía desactivar el aparato y aun no había visto en mi móvil el número que me había mandado la embajada de España por si surgían problemas. Menos mal que unas señoras argentinas que se quedaban también en la casa y manejaban muy bien la tecnología, pusieron en contacto a los Villar con su hija en USA, para que ésta, desde allí, consiguiera la desconexión.

Estas pequeñas anécdotas, que no tienen mayor importancia, son las que de dan aliño a los viajes.

 

El sábado lo dedicamos a la exploración y dimos con el Museo, que antes fue casino, en uno de cuyos salones unos jóvenes violinistas ensayaban un concierto que tenían programado para unos norteamericanos sibaritas y millonarios. Charlé con los músicos, que me contaron que la música está muy bien estructurada y se enseñaba en los centros escolares. Me quedé al concierto pasando por gringa, dado mi físico más irlandés que celtíbero.

En cambio, a Juan, que es moreno, con una morenez que le llega de los judíos de Rivadabia, le dejaban pasar gratis en todas partes por considerarle nativo, a lo que él respondía, con gran orgullo, que es español y gallego. Y enseguida se enrollaba a preguntarle sus apellidos a la interlocutora, que tenía algún “Mouriño” o “Souto” entre sus ocho abuelos. Siempre terminaban medio parientes.

En nuestra exploración por la ciudad, nos encontramos con un carretero, llamado Milan, dueño de un carricoche, que aquí llevan el rótulo de “Transporte nacional” y nos convenció para llevarnos hasta Punta Gorda, que es el Neguri de Cienfuegos y cuya carretera está flanqueada por bonitos chalés, donde viven los ricos, según nos dijo Milan.

Porque haberlo, haylos, pese al comunismo gobernante.

Al final del paseo, ya en balcón hacia el mar, deslumbraba el Palacio del Valle, de estilo neomudéjar, que respetó la Revolución, aunque le han plantado , en el jardín, un mamotreto más alto que él, de la época rusa, que fastidia el entorno, y es dónde se hospedan los gerifaltes políticos, que se toman los daiquiris en el edificio decadente y maravilloso de enfrente.

Manteniendo las formas. Oye.

Susana y yo subimos a la terraza del palacio, que tiene unas vistas magníficas y nos tomamos un mojito, mientras Juan examinaba a Milan que le contaba sus ilusiones y los impuestos que le cobran por el negocio del transporte, pese a que son suyos la carreta y el caballo. Menos mal que al carro no hay que darle de comer. No tenía demasiada esperanza, el hombre.

El tercer día de Cienfuegos era domingo y la gente se reunía en las plazas y avenidas en torno a cuatro músicos con ganas de bailar. Los más devotos estaban en la iglesia y aproveché para visitar algunas de varios credos.

Es bueno aprovechar las fiestas para hacer la ficha: entraba en las ceremonias porque solían tener las puertas abiertas, ya que hace calor. He estado en iglesias adventistas, protestantes, evangélicas y de otras marcas.

Me he dado cuenta de que la iglesia más formal es la católica: en todas las demás, las ceremonias se hacían con cánticos a tutiplén, y contoneo de caderas, alza de brazos y ojos en blanco, como si estuvieran en trance. Todo con mucho ritmo, como procede en sitio tan musical. En bastantes templos oficiaban las mujeres, lo que le proporcionaba un glamour místico, que a mí me daba un poco de envidia, que quieres que te diga.

Pero no te encontré en Cienfuegos, Siboney de mis sueños.

¿O estabas junto a mí, abrazándome en el tronco de la ceiba?

 

4 COPELIA

COPELIA

12 ENERO, JUEVES

Mira, Siboney, “mi amol”. Estos cubanos de ahora tienen mucho que aprender en cuestión de turismo.

Para empezar, la estación de autobuses para extranjeros- que esa es otra: los nativos viajan en unos vehículos y los turistas en otros mejores- está en el culo del mundo, en un barrio que se llama Nuevo Vedado y está formado por chalecitos, que, en su día, pertenecerían a una clase media acomodada y que ahora están habitados por funcionarios y militares, principalmente. En frente hay un zoológico.

Habíamos madrugado mucho y cogimos un taxi con Mía (10 cuc) que se quería ir a Trinidad. Aun no se había abierto la oficina de billetes, por lo que decidimos desayunar en un tugurio anejo a la estación, con la música a tope, y unas mesas altas imposibles de utilizar más que un momento.

Pues no había café. ¡En Cuba!

Desayunamos unos crepes ofrecidos por una camarera desangelada que nos dijo que llevaba 24 horas trabajando y no se tenía de pie. Gana 8 cuc al mes trabajando días alternos. Pese a que había media docena de empleados varones en la cocina- las chicas estaban para atender al público- tardaron muchísimo tiempo en servirnos.

Me parecieron unos “güevones”, como diría el difunto Chávez venezolano. Qué quieres que te diga.

Aprovechamos la espera para cambiar unos pesos convertibles (cuc), que son los que utilizamos los turistas por pesos nacionales, para uso del pueblo villano (cup). Con un cuc te dan 25 cup, por lo que los jubilados, cuando cobran sus 8 cuc de pensión, como suponen 200 cup, piensan que reciben algo.

Como no pertenezco al mundo de las finanzas, ignoro el juego que se trae el gobierno con esta duplicidad de monedas. Creo que los cubanos, también lo ignoran.

La empresa de autobuses regular nacional es Viazul y no tenía billetes nocturnos hasta Santiago, y poder hacer la ruta que nos había propuesto Rosa de viajar de noche hasta Oriente y volver replegándonos hasta La Habana, para pasar aquí los últimos días de vacaciones. Tuvimos que sacar un billete hasta Cienfuegos y, ya de paso, otro hasta Trinidad.

Era la hora de entrar en los trabajos, por lo que cogimos una guagua atestada de gente, que nos costó una miseria- menos mal que llevábamos pesos nacionales- y nos dejó junto al Cementerio de Colón, del que recorrimos tres de sus cuatro lados hasta dar con la puerta y donde casi se lleva por delante un camión a Juan, al que le pasó rozando. Menudo susto nos llevamos los tres.

Ya hubiera sido chiste morir en La Habana por atropello, dónde apenas hay tráfico ni semáforos y la velocidad de los vehículos es lentísima, con lo que la gente atraviesa las calles por donde quiere con toda tranquilidad.

Al llegar a la entrada del cementerio, echamos una ojeada y en vista de que no teníamos ningún difunto al que visitar,- Porque tú estás vivo, ¿verdad?- seguimos de largo hasta la plaza de la Revolución, con la intención de saludar a los allí representados.

En las paredes que unos edificios que asoman a un descampado enorme están las siluetas de El Che y Cienfuegos. Más arriba, en un alto, la Plaza de la Revolución, propiamente, presidida por el monumento a José Martí, Padre de la Patria, con una torre monumental que se ve desde todas partes. Supongo que allí se encontrará un grandísimo espacio preparado para manifestaciones patrióticas multitudinarias. Seguro que será dónde echaba Fidel sus arengas de cinco horas.

Como cobraban por entrar, y nosotros no somos de la cofradía, decidimos ver el paisaje desde lejos, que también tiene su encanto. Así que paseamos hasta la puerta de la Biblioteca Nacional donde se encuentra el parque móvil más curioso del mundo, con los Cadillac y los Dodge descapotables de los años 50, perfectamente pulidos, abrillantados, y mimados.

 

Los turistas se vuelven locos por darse un paseo en ellos.

Este camino está flanqueado por hermosísimos árboles, de troncos con raíces aéreas, que se merecen más atención que los monumentos y los coches.

Descansamos un rato y tomamos otra guagua, que nos dejó en el parque de Copelia, donde está la heladería más famosa de La Habana, que sale en la película “Fresa y Chocolate”.

Luego nos hemos ido dando cuenta de que Copelia es una empresa nacional- como todo- y existe en cualquier punto remoto del país.

También es de obligado cumplimiento pasarse por “La casa del chocolate” en cualquier pueblo de la isla. En el chocolate ya hay más variedad: desde helado, hasta caliente y con churros. Siempre riquísimo, como los helados de Copelia.

Decidimos que no procedía marcharnos sin probar uno. ¡Qué cola, había, madre!

Tardamos más de media hora esperando y observaba, mientras tanto, a los tipos guapetones, como habías de ser tú, Siboney de mis sueños, pero no te reconocí en ninguno. Mucho menos en el que controlaba una casetilla donde ponía “CORREOS” y únicamente se vendía el Gramma y algún que otro panfleto político.

No he visto absolutamente más prensa que la oficial. Ni en los hoteles de lujo. La censura intelectual es absoluta. Ni te cuento en las librerías: solo hay libros de escritores afines al régimen; ningún extranjero. Sin embargo, estos libros, editados por el estado, tienen un precio irrisorio. Yo compré tres por 3,50 cuc. ¡Todos!

¿Cómo va a tener la gente perspectiva y sentido crítico, por muy universitarios que sean?

Me acuerdo de cuando íbamos a París, en tiempos de Franco y traíamos, escondido, el Libro Rojo, de Mao, que era lo más subversivo que podíamos encontrar. Yo no lo leí. Pero lo traje camuflado, que es dónde estaba el morbo.

Es de esperar que, en Cuba, se lea bajo cuerda, como en tiempos de la Inquisición. Por eso hay disidentes.

En todos los restaurantes había músicos desgañitándose, que no producían tranquilidad para comer a gusto, así que comimos en un sitio de medio pelo, que no tenía “suministro” ni de café ni de pescado ni de postre… ¡ni músicos! Menos mal que tuvieron la delicadeza de bajar el volumen de la tele, que equivalía a la orquesta. Triste comida, que nos puso al corriente de la falta de materias primas elementales.

Supimos entonces que el 80% de lo que se consume en el país es de importación. La leche, por ejemplo, siempre en polvo, viene de Nueva Zelanda. Parece que los campos sin cultivar no deben de utilizarse ni para criar vacas.

Ya repuestos, y de camino hacia casa, paseamos por el Callejón de Hamel, que es un sitio muy loco, repleto de obras de arte supermodernas y de artistas innovadores, lleno de colorido y provocación. Está a un paso de la calle Oquendo, donde vive Rosa.

Susana se quedó en la cama después de la siesta y Juan y yo parlamentamos con Rosa, que está recibiendo quimio y le he regalado mogollón de medicinas que pensaba darle al sacerdote, hermano de una amiga, al que tenemos que visitar en Morón.

Rosa nos ha buscado las mesoneras de Cienfuegos y Trinidad y nos ha traído unos panecillos que le han dejado unos inquilinos que se le han ido, ya que mañana va a ser difícil encontrar comida antes de salir.

Llegamos a la habitación de Mía, que como tenía contrato de habitación compartida, estaba en otra zona de la casa y se vino a despedir muy amable. Nos volveremos a ver en Trinidad.

En lugar de Mía había unas argentinas que querían cenar y salí con ellas porque yo también tenía hambre. Ya estaba todo cerrado y menos mal que encontramos una pizzería en Carlos III. Una de ellas es abogada y la otra se dedica al teatro infantil. Se llama Lucía, con lo que comenzamos a tener gran afinidad y charlamos durante la cena. Ellas, que son jóvenes, querían explorar la Habana Vieja y yo me fui a casa donde ya estaban hechas las maletas.

Le hemos dejado a Rosa una bolsa con los pantalones de invierno, que nos guardará hasta que volvamos en el último sprint.

 

 

 

 

EL MALECÓN DE LA HABANA- Caña yazúcar

EL MALECÓN DE LA HABANA

12 ENERO 2017

 

Ay, Siboney, qué hermoso es ver amanecer en el Malecón de La Habana!.

Como nosotros llevamos puesto el reloj español y nos acostamos tras el viaje, a las 3 de allá- 9 de acá- pues a las 5 de la mañana, de acá, ya estábamos pimpantes y sin sueño. Nos levantamos aun de noche y con GARÚA , que viene a ser el sirimiri de Cuba, según nos aseguró Juan, que es un sabio.

Nos recorrimos las calles aun silenciosas y limpias.

Calles con la dignidad de señoronas venidas a menos, pero que se sacan los anillos que se asoman entre los guantes con zurcidos de los edificios en ruinas. No había nadie.

Al llegar al Malecón vimos un monumento glorioso a Maceo, gran héroe de la Independencia, a juzgar por el tamaño de la pieza, de espaldas al mar que chocaba fuertemente contra el muro sobre el que había pescadores con caña, impávidos ante las olas.

En Cuba es donde más monumentos de héroes te encuentras por metro cuadrado. Maceo fue el primero que vimos de la colección.

Me pareció delicioso éste primer paseo por La Habana, con el chubasquero en la cabeza y mojándome las gafas.

El Malecón, que es larguísimo, está flanqueado por palacetes entre los que se alternan los maravillosos y vivos y los corroídos por el salitre: deshabitados unos y tristemente habitados y recompuestos con cartones en las ventanas, otros. Da la sensación de una hermosa dentadura con piorrea y mellada, a la que ya le quedan pocos dientes sanos y algunos de oro.

Volvimos hacia el Capitolio con la intención de desayunar como Dios manda y entramos en el hotel de Inglaterra, que, pese a su nombre, está adornado con azulejos andaluces lo mismo que el Alcázar de Sevilla. Había buffet libre y me puse ahíta de frutas y zumos tropicales.

Mientras tanto, como una cateta, y creyendo que estaba en zona wifi, me puse a enviar fotos por wasap, y al momento, Movistar me mandó un mensaje diciendo que me había pasado un pueblo y que tenía que abonar no sé cuánto + el 12% de Iva. He pagado la novatada… ¡Y mira que me habían avisado! Pues caí… Así que no voy a mandar ni un solo correo en todo el viaje, hasta que vuelva.

Salió el sol y con él pude disfrutar de la belleza de esta ciudad ¡llena de soportales!

Los soportales son lo más bonito de las ciudades cubanas. Para mí, al menos, criada en Castilla, donde las casas se protegen del frío con soportales chaparros y pardos, de columnas gruesas y ventanas chiquitas, los soportales cubanos me han parecido un desfile de muchachas alegres y esbeltas, vestidas de fiesta toscana, modernista o ecléctica, cintura se avispa, y sombrero corintio, de vivos colores. Son soportales para tamizar la luz deslumbrante y para que no entre el sol por las ventanas, que suelen estar siempre abiertas.

Seguimos paseando por los alrededores del Capitolio, en la Habana Vieja, por calles llenas de souvenires y tiendas de arte y artesanía. Pero me di cuenta de que mi cuerpo serrano no podía seguir a ese ritmo. Juan entró en un museo de filatelia, y aproveché para decirle a Susana que me volvía a casa.

A la vuelta- calle Obispo- me encontré con una negra de las de hacerle un reportaje: toda enjoyada, vestida de blanco- deduzco que era santa- con hermoso y florido sombrero, que empujaba un carrito de bebé en el que paseaba a su perro igualmente engalanado. No hablé demasiado con ella porque, realmente me encontraba cansada, pero es todo un personaje. Me dijo que se llamaba Guillermina.

Me fui buscando la avenida Simón Bolívar, perpendicular a Oquendo, donde está la casa de Rosa, nuestra anfitriona. La avenida Simón Bolívar, antes “Reina”, desemboca en Carlos III, que a su vez lo hace en Manuel Allende. Es muy ilustrativo que, junto a los nombre políticos actuales, se conservan los originales de la época colonial.

Observaba, en mi paseo, los hermosos edificios que, recién pintados, parecen nuevos, mientras leía los nombre de las calles perpendiculares a la principal, que se llamaban Libertad, Rayo, Campanario, Ángeles.., lo mismo que en cualquier pueblo de cualquier provincia española.

En Cuba no me he sentido forastera, en ningún momento.

Me sorprendió encontrar una iglesia de Jesuitas frente a una logia masónica, de gran envergadura, como desafiándose. Ambos son poderosos lobys que ponen a Dios por testigo.

Al pasar por el Parque de la Fraternidad me enamoré de una ceiba que está en medio, rodeada por una verja circular con versos de José Martí, que hablan de la hermandad de los pueblos, y la compara con la plata que se encuentra en el subsuelo de los Andes. Hermoso árbol y hermosa poesía.

¿Te das cuenta, Siboney de mis sueños, que en todos los pueblos hay una árbol sagrado?

El árbol sagrado es de raíces profundas que atraviesan siglos de gloria y penalidades, pero también en sus ramas, que buscan el cielo, anidan pájaros de otras regiones que traen trinos diferentes cada estación.

En Cuba el árbol sagrado es la palma real, que se encuentra con Dios en las alturas.

Tanto la palma como esta ceiba habanera necesitan pájaros nuevos que saquen polladas viajeras y escuchen trinos diferentes a los que durante cincuenta años les ha cantado san Fidel.

Que lo de san Fidel no va de guasa, que me lo ha asegurado el orisha del avión. Por eso le soltaron trescientas palomas en su funeral.

Cuando llegué a casa de Rosa me encontré que en la habitación de al lado había una chica finlandesa de unos 20 años, que se llama Mía y ha venido sola a conocer Cuba. He hablado con ella mientras me duchaba y creo que no le va a importar unirse al grupo. Así seremos 4 y si cogemos un taxi nos sale más barato. Veré qué opinan los Villar.

Salimos a comer las dos, Mía y yo, a un centro comercial de la avenida Carlos III y nos sentamos con una pareja de jóvenes que nos pusieron al día de sus inquietudes.

La chica nos dijo que las cubanas se casan casi adolescentes y enseguida tienen hijos; luego, los hombres las dejan por otra más joven. Por eso ella no tiene prisa por casarse y quiere estudiar. El mozo parece que no estaba por la labor.

Cuando llegaron los Villar y descansamos un poco, los cuatro cogimos un taxi colectivo por 5 cuc que nos llevó a la plaza de la Catedral con la intención de ver el museo del Colonialismo, que está abierto mientras la catedral estaba cerrada.

A la salida se nos había perdido Juan, que siempre va a su aire, como yo. Tras buscarle inútilmente, y tomarnos un mojito en la Bodeguita del Medio, Susana, Mía y yo, nos fuimos a cenar al Floridita, como Hemingway.

Estábamos tropezando con todos los tópicos turísticos: la Bodeguita del Medio es prácticamente inaccesible, ya que la calle, comienza a taponarse con gente bebiendo, bien de pie o sentada en las aceras, en cuanto te acercas a ella. Y cuesta un riñón acercarse a la barra para conseguir que te sirvan un mojito que, para más inri, está hecho con limón de frasco y ron de garrafón. Una y nada más.

Cuando llegamos a casa, encontramos a Juan hablando con Rosa, que nos dio instrucciones para el futuro.

Como el viaje lo había organizado Susana, que tiene mucho rodaje en estas cuestiones, yo me había imaginado una Rosa, gorda, culona y hasta con su turbante en la cabeza. Me quedé sorprendida al conocerla: es una negra esbelta, cuarentona, dulce, con el pelo corto, blanco y rizado, elegantísima y atenta, que nos pidió los pasaportes mientras nos introducía a los tres en una única habitación con baño, en un apartamento anejo al suyo, también lleno de turistas. No me esperaba semejante falta de intimidad. Pero, después de haber dormido en el salón de actos del Ayuntamiento de Silos con toda la mesnada de Mío Cid y escuchar los ronquidos de los serranos, aquello me pareció una suite en el Palace.

Parece que éste es el sistema de alojamiento en casas particulares porque en todos los sitios donde hemos pasado, nos colocaban en una misma habitación con cama matrimonial para los “papás” y una pequeña para “la niña”.

La niña era yo, mi Siboney.

Es que he venido a ver tu tierra con ojos infantiles, ávidos de fijarme en todos los detalles.

LA SANTERÍA: COMIENZO DE MI VIAJE

La Habana, 11 enero 2017

 

Siboney de mis sueños:

He venido desde Madrid, sentada junto a un cubano cincuentón y barrigudo.

Le miré de arriba abajo y no lo identifiqué contigo, mi Siboney de Lecuona, que has de ser un cachas, a pesar de tus años.

El cubano me ha puesto en antecedentes de algunas cosas del país. Dijo llamarse Daniel y que era santo. Tú no lo eras. Más bien, te imagino pecador.

¡Qué más quería yo que conocer la santería de primera mano!

Pensaba que el Daniel iba a comenzar por la política, que es lo que procede. Pero no: el tipo comenzó con la religión.

Decidí sonsacarle todo lo que pudiera; lo que pasa es que, como muchas cosas me sonaban a nuevas, no se me quedaron entonces y las he tenido que reubicar, a medida que he ido imponiéndome en el tema, que me ha durado todo el viaje. Ha sido como un máster en santería

A mí siempre me ha ido sobremanera la religión, mi Siboney.

Creo que eso se debe a que he tenido la suerte de nacer dentro de la religión verdadera. Eso da mucha seguridad. Sobre todo cuando piensas en las pobres gentes que han caído en una cultura de infieles.

Luego, cuando te vas haciendo mayor, y conoces a personas estupendas que son impías, agnósticas o ateas piensas que también son verdaderas las religiones que no lo son; e, incluso, que la única verdadera, o sea, la mía, puede dejar de ser verdadera cuando se pone tozuda, que suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Daniel, que es peluquero en Valencia, y está casado con una española, iba, tan contento, a La Habana a celebrar su primer aniversario del ingreso en la comunidad santera de los orishas. Allí le esperaba su madrina que le había acompañado el día que se hizo santo. Me dio su teléfono para que acudiera a la fiesta. No fui. Y lo lamento.

¿Y si hubieras estado tú allí, viendo cómo mataban al gallo? ¿Te hubiera reconocido?

Entonces me di cuenta de que en la santería no hacen falta canonizaciones papales sino que, con unos ritos y ceremonias, entras en la corte celestial, sin morir siquiera, lo que tiene su aquél. Ya es un avance.

También me dijo que no te admiten en la santería si no eres cristiano, ya que el cristianismo y la santería vienen a ser como lo trascendente y lo folclórico de la misma mística.

Esto de lo folclórico no significa superficial sino profundo: en todas las culturas el folclore es la expresión externa de las esencias del alma tribal que todos llevamos en nuestro adeene y que, en cada sitio se manifiestan de una forma determinada.

Dios me libre de frivolizar con el folclore.

Tú mismo, Siboney de mis sueños, eres la reencarnación del alma de los habitantes de Cuba mucho antes de la llegada de los taínos y de los españoles.

Eres Cuba. Y estás vivo.

Pero no eres el Daniel del avión. Seguro

 

Pues parece que en Cuba, con una base religiosa católica, como Dios manda, con la llegada de tantísimos esclavos – que tampoco procede explicar ahora cómo los trajeron los cristianos, ingleses y portugueses principalmente- ellos se sentían desplazados espiritualmente y añoraban sus religiones animistas de África.

En América los bautizaban ipso facto. Aunque no sé para qué se daban tanta prisa, ya que, por aquel entonces, los negros no debían de tener alma. Pero el caso es que los bautizaban. Y los mi pobres se hacían un lío entre sus divinidades paganas y las cristianas. Así que, iban a misa con los amos y luego, en los barracones dónde vivían, seguían con sus ritos ancestrales.

En cuanto pasaron unas cuantas generaciones, la cosa empezó a mezclarse sin aclarar muy bien dónde empezaba lo cristiano y dónde lo africano, y surgió la SANTERÍA, que es como una hipertofia pagana que le ha salido a la religión católica en el Caribe.

Científicamente se llama sincretismo religioso.

(Esto no me lo contó el Daniel, que tiene un cociente intelectual por debajo de la media, lo que le permite ser feliz en su santidad, sino que ya lo sabía yo).

Creo que, cuando el golpe militar de Fidel, la santería fue abolida como las demás religiones y el único Dios fue la Revolución.

Una Revolución puede tener incluso más devotos que una religión, sobre todo si te asegura la comida.

Con el tiempo, a la santa Revolución de Castro se le fue pasando la euforia, principalmente porque, aunque la comida estaba asegurada, era más bien escasa, y la gente comenzó a echar mano de la religión cuando andaba angustiada. Comenzaron a salir religiones como las setas, y el gobierno no dijo nada, porque mientras rezaban no hacían manifestaciones.

Lo que sí me contó Daniel es que Fidel Castro, ya en su vejez, y cuando la religión revolucionaria se le iba de las manos, se incorporó a la santería en un viaje que hizo por África y llegó todo vestido de blanco. De blanco le debieron de enterrar, dicen.

El blanco es el color de los babalawos, que son los sacerdotes de la santería, tanto hombres como mujeres, y son los que hacen la iniciación al neófito y se convierten en su director espiritual y también material, porque le orientan en su régimen de comidas y método de meditaciones y vida.

Luego, en el recorrido por la isla, tuve ocasión de parlamentar con un santero de verdad. Ya te contaré.

Para saber de qué pie cojea el iniciado, el santero le coloca unos caracoles entre los dedos y de ahí deduce su futuro: es como leer las rayas de la mano, en versión orisha.

El orisha- ¿o la orisha?, que no he comentado con las feministas- es una fuerza pura, inmaterial, que solo puede ser percibida por los humanos por una gracia especial. Como la gracia de Dios, pero en cubano.

No tiene nada de particular el método, ya que la diosa Madre, que está representada en la Virgen de las Mercedes, y equivale a la Mari euskaldún o la Pachamama andina, es Yamayá- o Yemayá- la diosa madre del mar, dueña de corales y caracolas y donante de orishas positivos. Es blanca y solo se la puede ver en sueños.

En su vertiente de Yemayá Olokún, es la Virgen de la Regla, patrona de La Habana, y negra.

La Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, es mulata y encargada de las aguas fluviales . Es Ochún. Debe de tener mucho trabajo porque el agua en la isla es poco potable.

Es muy hermoso el panteón santero, lleno de mitos que no difieren de los griegos o cristianos más que en detalles geográficos e históricos.

Cuando se profundiza en una religión, te das cuenta de que la humanidad reacciona igualmente en todas partes y épocas porque todos los seres humanos tenemos los mismos miedos y las mismas esperanzas.

He hablado con algunos sacerdotes católicos de Cuba y los más intransigentes la denostan; mientras la mayoría se sonríe ante la santería, pensando que no es preocupante ni tiene nivel teológico para considerarla un enemigo.

A mí me subyuga, en cierto modo, el juego de la santería.

Me atrae todo aquello que ha nacido en la oscuridad del miedo. En España se han vivido muchos siglos de represión religiosa y se ha padecido una inquisición feroz por parte de la religión dominante. Cuba ha sido España hasta anteayer.

Yo creo, Siboney de mis sueños, que tú fuiste mi babalawo y me echaste los caracoles de Yamayá por entre los dedos mirándome a los ojos, me encontraste el alma y me enviaste un orisha de ilusión.

¿Será por eso por lo que te busco?

CAÑA Y AZÚCAR

2O- DESPEDIDA

Siboney de mis sueños:

Tus descendientes ya no te mandan cantos de cristal porque éste se ha convertido en un espejo donde se refleja la imagen del difunto Fidel Castro, que aparece en todas las esquinas.

Creo que es hora de quitar el azogue de la Revolución y que los cubanos tengan posibilidad de ver lo que hay detrás del vidrio tal y como es, no como ellos lo perciben.

Les está costando y doliendo tanto el despertar de la larga quimera -lo mismo a los que creen en ella como a los que la utilizan o la padecen- como a las quinceañeras de mi época cuando descubrimos que no todos los besos tienen sabor a miel.

¿Cuánto de caña han recibido en esta etapa de su historia?¿Y cuánto de azúcar pueden seguir produciendo, pese a ello?

Me voy de Cuba con un sabor agridulce por haberte conocido.

¿Pero te he conocido?

He visto y experimentado demasiadas contradicciones para llevarme una impresión que yo pueda considerar fiable.

En una república militarizada no se nos ha aparecido ningún militar, por ejemplo. Como si una nebulosa envolviera la realidad y solamente se nos hayan mostrado algunas de las caras del poliedro en el que encierras tu verdad.

Tampoco estoy segura, ni siquiera, de lo que es la verdad: cada uno tiene la suya, y todas son respetables. Ni me arriesgaría a afirmar que lo es la evidencia del miedo que flota en las conversaciones en voz baja, ni el ímpetu irrefutable de tu capacidad de seducción.

Solamente pondría la mano en el fuego para defender el valor y la energía de las silenciosas mujeres cubanas, que son las únicas que pueden levantar el país. Es posible que algunos hombres sean capaces de pensar proyectos. Pero trabajar, lo que se dice dar el callo, no lo hacen más que las mujeres… además de.

Tal vez la realidad de la Cuba de ahora dista mucho de la de los años en los que era una cabaret de USA, a la que acudían los millonarios americanos a divertirse.

Ahora hay jineteras, y jineteros.

La verdad es que a nosotros no nos han abordado. Se conoce que ya no teníamos edad, y traslucíamos más pinta de ratones de biblioteca que turistas de hambre sexual.

En nuestra última mañana habanera decidimos cumplimentar al “Padre Eterno”, y acudimos hasta la casa en la que nació José Martí, situada frente a la estación del ferrocarril, ahora en obras, y que están dejando preciosa.

Al lado de la estación limpiaban y pintaban, con caribeña calma, varias máquinas de vapor; reliquias de aquella época en la que el tren era el vehículo elegante por excelencia.

Lo mismo piensan organizar un “Transcubano” con vagones restaurante decadentes, tapizados de terciopelo, y con camareros de pajarita. ¡Una idea para hacer, por lo fino y sin cansarse, el Camino de Santiago de Cuba! Que estas dictaduras del proletariado, en cuanto tienen problemas de liquidez, echan mano del pasado y, aunque sea prehistoria, le sacan rentabilidad.

La casa de Martí, ¿lo será de verdad? Porque ya me conozco la historia de inventarse estos edificios nativos cuando ha desaparecido el original.

No viene al caso, y nos lo creemos: es una casita, como de pueblo, limpia y sencilla. En ella vivía el matrimonio formado por Mariano Martí, soldado del ejército español, que llegó a sargento, y Leonor Pérez un ama de casa muy apañadita.

Los empleados de “La Casa del Historiador”, que viene a ser como un conservador del patrimonio, más o menos, han acumulado todos los, recuerdos del Padre de la Patria con mucha solemnidad, como la foto de su madre, cuando “llevaba al APÓSTOL en sus entrañas”. ¡Ahí va eso!

La doña Leonor era canaria y hay un gorrito hecho con encaje de Tenerife y faldones y toallas de bautizar de calado canario. Esto sí que es auténtico. Otra cosa es que los utilizara el Profeta o los hayan sacado de cualquier canastilla de la época.

También estaba colocada la foto de la niña guatemalteca que se murió de amor por José Martí, del que estaba enamorada cuando él apareció casado con su novia de toda la vida. Es una historia muy romántica, como corresponde a la época. Otra cosa es que la Revolución lo haya descontextualizado y se lo haya apropiado para explotarlo a su conveniencia dándole el marchamo de marxista leninista.

Además de objetos del Apóstol, hay fotos, como es de suponer, de su discípulo Fidel. No sé si te he contado que hay edificios, en cada lugar, dedicados exclusivamente a mostrar la historia de la Revolución y sus héroes, con todos los carteles que en Cuba han sido, alusivos a la gloria castrista ¡Y con entrada gratis!

Volvimos al rincón donde está el bar “Floridita”, tan Hemingwayano, decepcionando a Frank, nuestro hotelero, empeñado en que fuéramos a la casa del Ernest, que estaba lejísimos y no nos compensaba el viaje.

Como somos más de papel que de bebidas, entramos en una librería, allí mismo, que hace chaflán. Se llama “Poesía” y está medio vacía, no solo de clientes sino de libros. Allí compré por 3 € dos poemarios sobre La Habana, que he leído a medias. Juan se enrolló con la vendedora y salió con un paquete bajo el brazo.

Realmente hemos visitado solo una parte muy pequeña de La Habana; ni siquiera hemos cruzado la bahía para llegar hasta el castillo del Morro, con los cañonazos del cambio de guardia que dicen son como los de Buckinghan Palace -solo que en nocturno- ni sus alrededores; es una ciudad enorme y nos hemos quedado con ganas de conocer otros sitios. Pero los días solo tienen 24 horas, y no todas son operativas; sobre todo si eres setentañera.

Se nos iba el tiempo y había que atropellar experiencias, que luego he querido desglosar en esta mi crónica.

Este viaje ha sido una sacudida en mi monótona vida que sobrevuela una realidad que es la mía, pero que no es solo mía. Más que reencontrar, congelada, a la sociedad de mi infancia, que es lo que yo me esperaba, me sugiere una bola mágica que nos muestra cómo va a quedar Europa después de la debacle del consumismo feroz que tenemos, cuando nos quedemos con el culo al aire.

Soy enormemente pesimista respecto al futuro de Occidente, al que veo en plena mutación trascendental –que generará otra Era histórica, sin duda, pero con una gestación y un parto difíciles- y pienso si la situación de supervivencia extrema del pueblo cubano no va a ser un espejo en el que nos tengamos que mirar los europeos, dentro de no mucho tiempo, cuando ellos sueñan ahora en vivir como nosotros.

Es curioso: siempre, y simultáneamente, hay movimientos de ida y vuelta en la Humanidad, que se agita en flujos y reflujos como el mar. Como Yemayá.

Pero no me quiero poner triste. Que Cuba es el lugar dónde no cesa la música, y está lleno de color y de luz para alegrar al forastero, con una gente acogedora que cautiva, como cautivabas tú, Siboney.

De vuelta hasta el hostal “El Alquimista” nos quedamos a comer el la terraza del hotel “Telégrafo”, dispuestos a darnos el gran banquete de despedida, y que no fue si no un remedo más de las carencias de suministro y servicios que habíamos experimentado durante todo el viaje. Menos mal que recordaremos con deleite el último daiquiri que tomamos la víspera, al anochecer, en la terraza de enfrente: la del “Central”, contemplando la puesta de sol sobre los tejados habaneros.

Teníamos que recoger las maletas para ir al aeropuerto. Marilís y Frank nos estaban esperando para despedirnos.

Juan y Susana se fueron adelantado hacia el hostal, tomando, en dirección al mar, el espléndido Paseo del Prado, que une el Parque Central con el Castillo de la Punta.

El Prado es el paseo que da empaque a una ciudad señera, como es La Habana. Por supuesto que, cuando se inauguró, allá por el año 1772, quedaba extramuros y era verdaderamente un prado. Es la pasarela soberbia por la que desfilan sus habitantes para admirar y ser admirados: lugar de reuniones y chismorreos, de negocios, observatorio de jubilados, esperas desesperadas o celebradas en un abrazo, desfiles militares o de carnavales, primera cita, descanso de caminata, apretones de manos, y descubrir amigos de amigos, que luego serán nuestros amigos.

Yo lo paseaba en una ensoñación, y los “wiferos” que hurgaban en el celular se me convirtieron, de repente, en aquellas personas que pasearían tan elegantes, en el siglo XVIII acompañadas de las niñeras negras de cofia blanca, que cuidaban del nene que jugaba con el aro y la niña del diábolo, mientras las abuelas se sentaban, con su sombrilla- que todavía los árboles no formaban bóveda- en los bancos de mármol y las mamás criticaban a las ausentes, envueltas en sedas sobre las crinolinas con puntilla.

Y entonces apareciste tu, “mi amol”, tocando el ala de tu sombrero mejor. Y yo, casi sin darme cuenta, agité con donaire mi pañuelo, como si fuera María Dolores Pradera.

¡Habías escuchado la queja de mi voz!

Junto a los leones de bronce del Prado nos esperaba nuestro cochero mayor y a trotecito lento, recorrimos el Paseo, mientras la gente nos miraba con envidia; y murmuraban los vecinos, los amigos y el alcalde.

Ya no me moriré de amor, Siboney de mis sueños.

Dicen que no se estila.

 

Febrero  2017

 

 

19- CALLEJEANDO

Zacandilear por La Habana sin prisas y sin demasiado programa, es un placer. Me imagino que más placer cuanto más invierno, que equivale al verano mediterráneo, porque con mucho calor y mosquitos tiene que ser insoportable.

Dejando a un lado la decrepitud consabida, hay hermosas avenidas, con edificios espléndidos y modernos, como el complejo de la Universidad, el parque Copelia, bien flanqueado por monumentos de Don Quijote y Sancho, no lejos del que recuerda a Jon Lennon. Tampoco se han olvidado de Cervantes, que disfruta de plaza alrededor.

De los héroes patrios no quiero hablar: mi José Martí aparece en mármoles en varios sitios, pero en el monumento del Parque Central levanta el brazo, no sé si amenazando a los que no obedezcan a la Revolución o absolviendo a ésta… y “que decida la Historia”, como esperaba Fidel. Hasta se le posa de vez en cuando el Espíritu Santo, en forma de paloma, para darle ánimos. Que falta le hacen en estos momentos.

Casi todas las calles de La Habana Vieja son peatonales y, en vez de bolardos utilizan cañones- ¡anda ya!, que aparecen en cualquier esquina. Hay miles. No entiendo cómo pudo perder la guerra un país con tanto cañón… a no ser que los del enemigo fueran más potentes, claro; porque comparados con el cañón Ordóñez, que vimos en el Hotel Nacional, parecen de juguete. Para bolardos están muy oportunos.

En cada rincón te encuentras algún detalle que te sorprende y te hace reflexionar acerca de la capacidad de supervivencia del ser humano, que supera los regímenes y las carencias: como un grupo de señores que transportan cerdos -la carne de cerdo es la más utilizada- desde el matadero para destazar y colocar el las carnicerías, que cuelgan las piezas directamente en la ventana sin cámara frigorífica, donde está el mostrador;una barbería de caballeros, con vistas a la calle dónde se modelan cráneos maravillosos; una pareja de recién casados, con los trajes de boda, que se fotografía entre el tumulto de la calle Mercaderes; la cincuentona que se come un pastel a escondidas pensando que así no se le colocará en la cartuchera que se le traspasa por entre los leggins tan ajustados; el motorista que lleva a la señora gordísima, que apenas cabe en el sidecar; una fila de madres sentadas en la acera, a la puerta de la academia de danza, esperando que salgan los chiquillos; los niños de un colegio, tan bien uniformados, que salen de visita; la camarera que saca de su bolso las servilletas de papel porque si las deja en el bar, se las birlan las otras camareras… (Por cierto: esta fue la primera vez que he guardado las servilletas de papel de los restaurantes, por si en el siguiente local no las ofrecían); patios que son aparcamientos de bicitaxis…

No se encuentran mendigos. Algún tipo sí que daba lástima por su aspecto, pero no pedía limosna.

Es una gozada sorprenderse con carteles curiosos, que acercan añoranzas como el del arreglador de espejuelos, el que escribe informes, o el del Comité de Zona, que tiene en el logotipo un personaje con una cimitarra enhiesta, para recordarte que o cumples la norma o te quitan de en medio; o trampantojos en muchas paredes, casi siempre artísticos e irónicos, amén de los patrióticos.

Todo esto en un batiburrillo arquitectónico en el que se mezclan edificios medio derruidos, a los que les cuelgan las raíces de un árbol que les nació en la terraza, junto con otros palacios solemnes y bien cuidados.

La zona más explotada turísticamente es la Plaza de la Catedral, dónde se sientan, con sus hermosos y redondos culos unas santeras, vestidas de blanco, a echar los caracoles a los turistas incautos. Unos metros más allá varias negras vestida a la usanza criolla, se fuman enormes puros. Que una cosa son las personas maravillosas que encontramos en Cuba y otra los personajes que han asumido todos los tópicos para explotar a los turistas, tan contentos de hacerse una foto con ellas. En la Plaza de la Catedral desembocan las calles de los bares, como la calle Empedrado, donde está La Bodeguita del Medio, la calle Mercaderes o San Ignacio, que bordean los palacios de la Condesa de la Reunión, los Condes de Casa Bayona, Marqués de Arcos, Condes de Lambillo, y que están llenas de tiendasentre las que proliferan las de artesanía, con camisetas glorificando al Che y, cada dos por tres, el escaparate de una pequeña galería de arte, con hermosísimos cuadros, que van desde la abstracción absoluta hasta el naif comercial.

El cubano es intrínsecamente artista. Se nota hasta en la simple decoración de las casas más humildes, siempre llenas de detalles con encanto. Incluso las uñas tan pintadas y decoradas, que nos pueden parecer fuera de tono, son bellas. Tienen un sentido del color exultante y su arte es sensual y lleno de alegorías, tan incomprensibles como atractivas para el extraño, que cae rendido ante cualquiera de sus manifestaciones estéticas.

Te comprarías todo si no fuera porque, a tu edad, ya estás haciendo almoneda de los recuerdos que atesoras en casa, regalándoselos a los sobrinos, antes de que vayan a RETO el día que desaparezcas. Solamente me he traído, además de la clave africana, un par de libros de poesía y los restos de coral que saqué en playa prohibida. Solo.

Entramos en muchos buenos hoteles bien para desayunar, tomarnos una piña colada o, simplemente, fisgar. Los que más visitamos fueron los del Parque Central, como el “Hotel Central”, que tiene una terraza el la azotea con palmeras, desde donde se divisa toda la ciudad; y el “Telégrafo”, además del “Inglaterra”, que fue el primero que descubrimos. Allí mismo está la “Pastelería Francesa”, donde, ¡al fin!, pudimos hacer un desayuno a la española, con nuestro cafelito y bollería, sentados en la terraza y contemplando el panorama.

Pero, cuando vuelva millonaria, me he de quedar en el hotel “Raquel”, que está en la esquina de la calle Amargura y

 San Ignacio, de la Habana Vieja. Es un hotel judío, con toda la decoración alusiva a los dueños, que, como buenos hijos de Jacob, y viendo que la cosa turística está en auge, le han duplicado el precio y ahora cuesta la friolera de 400€ noche. ¿Alguien podrá pagarse ese pastón muchos días?

El Hotel Raquel, de arquitectura barroca y decorado en el estilo del Art Nouveau, es lo más coqueto que te puedas imaginar, con una escultura de Raquel, presidiendo el atrio. Subimos a la terraza a tomar algo y nos sentimos en la gloria.

Lo terrible fue que, a la salida, nos dimos de narices…¡con el novio de Rosa!… que nos hacía en Matanzas

¡Ya es mala suerte!

La única persona que conocíamos en La Habana… y que no teníamos ningún interés en encontrar… nos pilló in fraganti.

Naturalmente, tanto Susana como yo, que no estábamos autorizadas para hablar, dejamos a Juan que se disculpara solo, con alguna nueva invención.

¡Es que no se pueden decir embustes!… que se pilla antes al mentiroso que al cojo.

¡Con lo fácil que hubiera sido decir la verdad, que Rosa hubiera entendido perfectamente!

Pues nos tuvieron que coger en el renuncio. ¿Ves?

Una y nada más.

 

 

18-  – MUSEOS Y PALACIOS

El edificio más hermoso de La Habana es, sin duda, el Teatro Nacional al que iluminan como un farol por la noche. Es en uno de los pocos sitios donde despilfarran luz, porque las calles, en cuanto sales del meollo, están todas oscuras y apenas si se pueden controlar los agujeros de las aceras.

El Teatro Nacional, “Alicia Alonso”, es en lo que ha derivado La Casa de Galicia que, junto con El Centro Asturiano, situado al otro lado del Parque Central y que hoy es Museo Nacional de Bellas Artes, forman el conjunto arquitectónico más impresionante de la ciudad, pese a estar flanqueado por hoteles magníficos, llenos de turistas de alto standing.

(Por cierto, hoy dice el periódico que se ha inaugurado un hotel, que ya estaba casi terminado cuando estuvimos, el “Hotel Gran Mazana Kempinski”, y al que llevaron hindúes para la construcción, cosa que enfadó a los laxos cubanos que dijeron que, al precio que pagaban los franceses, ellos se podían poner las pilas… o sea que sí pueden trabajar cuándo se les paga).

El Teatro solo lo conocimos en visita guiada, sin acudir a ninguna representación, pero el Bellas Artes nos lo pateamos durante una tarde entera, y solo vimos la mitad, porque, el arte cubano, propiamente, está en otro edificio próximo, que también visitamos, y he de reconocer, lamentándolo mucho, que es mejor que el de Bilbao.

¿Por dónde comienzo? ¿Por el contenido o por el continente?

El contenido es impresionante; y abarca desde tablillas cuneiformes para acá, muestras de pintura y escultura de todo el mundo y todas las épocas. Me quedé anonadada en la sala de vasos griegos. Había cientos, de una pieza y de todos los modelos. Acostumbrada a que te enseñen un par de cráteras, ánforas o hidrias, rotas y pegadas con supergén, me sentí sacerdotisa en la Acrópolis. ¿De dónde los habrán sacado? ¿Embarrancaría por aquí algún barco inglés de los que rapiñaban arte por dónde aparecían?

Hay mucho XIX y barroco extranjero. Y en las zonas de pintura española, abundan los Madrazo, Zuloaga, Sorolla, algunos Zurbaranes, Murillos y Grecos. Bien es verdad que bastantes artistas son poco conocidos en España, pero de categoría. En muchos cuadros aparecía la leyenda: “donado por el convento tal…” como que no supiéramos en qué había consistido la donación, cuando ya ni existe el susodicho convento. También hubo mucho millonario coleccionista, que se tuvo que largar con lo puesto, dejando sus obras de arte para bien del país. Se comenta que los Velázquez y los mejores cuadros los vendió Fidel, que en gloria esté, hasta que le echaron el alto porque estaba dejando el país sin patrimonio. Me hizo ilusión una caricatura de Unamuno, que “robé” con la cámara en un descuido de la vigilante.

¿Y qué decir del continente, maravilloso casino decimonónico, El Centro Asturiano, como te dije, hecho con mármoles y bronces? ¿Te imaginas la rivalidad entre gallegos y asturianos, todos trabajadores, poderosos y primos hermanos, dando en las narices a los de enfrente con un edificio a cual mejor?

Imagínate a los presidentes de ambos casinos, charlando mientras acariciaban la gruesa leontina de oro del reloj de bolsillo, auténticamente suizo?

¿Que usted travertino? Pues yo carrara; ¿Que usted lamparones de bronce? Pues yo les añado adornos de plata; ¿Que tienen la vajilla de Sèvres? pues yo de Limoges… y además me adelanto en comprar la cristalería de Bohemia, que la de Venecia es un poco demodé…¡Va a ser por dinero!  

Me veía en aquellas puestas de largo, cuando las damas criollas subían por la magnífica escalera alfombrada, bajo la impactante cristalera del techo, echando el ojo al heredero de un ingenio, que sería un buen partido para su niña. Y la mocita bailando el vals con un vestido blanco, haciéndose la tonta, o la lista, según conviniera, para no dejar escapar el partidazo. ¡Qué tiempos, madre!

¡Cuánto glamour! Hoy también lo tiene, porque trasciende entre las obras de arte, perfectamente señalizadas, que tampoco es frecuente.

Como teníamos entrada doble para los dos Museos de Bellas Artes, nos faltaba el que es más específico de arte cubano y moderno, y que visitamos al día siguiente porque, de no ser así, hubiéramos fallecido de sobredosis.

Está situado detrás del Museo de la Revolución, donde había una cola considerable con padres que llevaban a sus retoños a aprender historia. Es curioso que también, en este segundo Bellas Artes, en un patio, se encuentran unas mesas con libros revolucionarios -clavados, para que nos se los lleven como reliquia- llenos de arengas para regocijo del visitante patriota e ilustración del foráneo. Les eché un vistazo porque están en una sombra muy agradable, mientras nos reuníamos los tres.

Luego volvimos a visitar la Plaza de la Catedral, que seguía cerrada pese a ser domingo y Susana y yo, que estábamos cansadas y queríamos tomar algo, que no fuera comida propiamente, nos sentamos en el pórtico del Palacio del Marqués de Agua Clara a tomarnos un mojito con un plato de plátano frito y nos lo pusieron rebozado, riquísimo. Muchos edificios, que ahora son hoteles, centros cívicos o restaurantes, llevan los títulos de la nobleza a la que pertenecieron y todos ellos suelen ser como de culebrón televisivo: Condesa del Castillo, Conde de Pozos Dulces, Marqueses de las Delicias, Marqués de Bueno, Conde de Buena Esperanza, Marqués del Prado Ameno, Vizconde de Huerta, Marqués de la Rosa… y hasta Conde de Merlín. ¿No me digas que no era poética la aristocracia cubana?

Por supuesto que los museos los fuimos visitando en raciones pequeñas. Como mucho, uno por la mañana y otro por la tarde. La mayoría son hermosos palacios coloniales que, claro que estuvieron habitados y disfrutados por personas explotadoras y decadentes, llenos de esclavos e hijos bastardos, que se traían vajillas de la Cartuja, juegos de té de porcelana china o figuritas de biscuit para adornar el peinador de la dueña de la casa, que podía tener amores secretos con un mulato.

Lo de los amores quedan para las novelas de la Avellaneda, que era muy leída. Pero los relojes suizos, los espejos con el marco de caoba incrustada en nácar, los sillones señoriales, las mesas talladas con figuras mitológicas y escudos nobiliarios, las lámparas venecianas… no se los pudieron llevar los cubanitos que tuvieron que largarse a Miami, cuando vieron las orejas al lobo después de lo de Sierra Maestra.

Y aquí están para enseñar al forastero lo que fue la depravación prerrevolucionaria, cuando las mecedoras eran suaves y envolventes y no los mamotretos que hay en las casas de villanos.

No hay cosa peor que un atracón de cultura: luego confundes churras con merinas. Así que lo tomábamos con calma. Otra cosa es que te tropezaras con un edificio singular y entraras en plan fisgoneo, y luego te recrearas allí porque merecía la pena. De todas formas, los Villar tienen más aguante museístico que yo, que en cuanto llevo una hora de observación exhaustiva, prefiero sentarme a mirar a la gente o a charlar con ella

Deambulando por la Plaza Nueva entramos en el Museo del Naipe y luego en el Museo de África, con una exposición temporal donde nos atendió una guía muy joven, llamada Yadi. Otra vez pasamos por una tienda decorada en estilo de art nouveau, que hace perfumes naturales, con sus probetas y sus alambiques, amén de frasquitos, que daban ganas de llevarse todos como recuerdo. También vendían especias. ¡Ah! y no nos perdimos el Museo de los Orishas, que es como la casa del santero Lázaro de Pinar, pero sin polvo.

El Museo de Cerámica sí tiene novedades preciosas porque es casi todo moderno. Más que museo parece una galería de arte. La guía nos pidió propina, ya que era gratis. Ha sido la única propina que nos han pedido en todo el viaje. Es curioso que no hayamos visto un solo mendigo pidiendo, en la isla.

Realmente, toda La Habana Vieja es un museo, y nosotros pasábamos de una acera a otra, cada vez que atisbábamos un patio abierto, que luego se podía convertir en visitable. El Museo Árabe, con un patio que parece cordobés, frente a una mezquita… y mira tú por dónde, que tuve que llegar hasta las Américas para ver la recreación una jaima de verdad… Mientras cruzábamos las calles investigábamos dónde se podría comer bien y encontramos varios sitios unos mejores que otros.

En el Café Lamparilla, que estaba muy bien situado, en la calle y a la sombra, nos atendieron fatal, mientras que en el de Doña Regla, conseguimos colocarnos en un rinconcito para estar a salvo de la música y nos perdimos la actuación de unos negros que bailaban muy bien; en cambio disfrutamos de los arrumacos de una típica pareja: celtíbero cincuentón y mulata treintañera, que cada uno se creía que le estaba dando el pego al otro. Tenía su aquél, oye. ¿Quién de los dos pensaría que se había llevado el gato al agua?

Una pena este local, al que fuimos en dos ocasiones, porque, pese a ser uno de los más señoriales de La Habana, si se quiere echar agua en el inodoro, tienes que llenar un bote de tomate de cinco kilos –tampoco es necesario llenarlo entero, vamos- a cuenta de que no funcionan los servicios. Esta situación de los inodoros es propia de toda la isla. Incluso en el cementerio de Santa Ifigenia, junto a la tumba de los héroes, había unas encargadas de acudir con un balde cada vez que se utilizaban los servicios… y, encima tienes que tener a mano una moneda pequeña para colaborar con la señora de los lavabos. Que también paga impuestos.

Lo del agua es un drama… y luego lo tiran a troche y moche. Incomprensible.

En todas las esquinas aparecía anunciada la Casa de Víctor Hugo. Ninguno de los tres teníamos conocimiento de que Víctor Hugo hubiera tenido casa en La Habana. Y no la tuvo.

La bibliotecaria de la tal casa, ha sido la persona mejor preparada intelectualmente de todo el periplo cubano: una señora cultísima –Yenia González-, erudita, que conoce muy bien el español y nos habló de las modalidades lingüísticas de algunas zonas de la isla; solo llevaba en la dirección unos días, ya que, faltando la anterior había que buscar alguien que hablara francés, cosa que no es fácil.

Yenia nos dijo que Víctor Hugo nunca estuvo en Cuba, pero que las mujeres cubanas le escribieron una carta a Francia, ya que como era una personalidad en París, le pedían su influencia en la sociedad como buen intelectual, para animar la causa de la independencia de España; Hugo les contestó y se conserva la carta original.

Nos comentó que el edificio era un centro cultural francés donde se hacían eventos en este idioma, se leía y se trataba la cultura francesa. Estaba anexionado a la Alliance Française, que está en el Prado, junto a nuestra casa. También nos dijo que cerca de allí estaba la Academia de La Lengua, aquel día cerrada, porque era lunes.

La Plaza de Armas, que los domingos -y algún otro día más, creo- se convierte en rastro de compraventa de todos los cachivaches imaginables como sellos, relojes, monedas, bisutería, y principalmente libros, la mayoría revolucionarios. Está presidida por el Palacio de los Capitanes Generales, que eran los representantes del rey de España. La Plaza de Armas se merecía muchas visitas, pero nos faltaba tiempo.

No me hubiera importado nada; pero nada, nada, ser la capitana general. O La Generala, como la llamarían, y vivir en semejante palacio, que tiene en el patio central un monumento a Cristóbal Colón y por el que se pasean alegremente varios pavos reales. Con muebles espléndidos y porcelanas de Sèvres, sobre pañitos-¡sin planchar!- de encaje de Tenerife.  

A punto estuve de ir a la oficina de dirección y decirles cómo hay que tratarlos, porque me parece una falta grave de feminismo dejar sin atender las artes domésticas que dieron origen a la industria textil, y que fue santo y seña de las mujeres durante milenios. Ya lo hice en el Museo de Sevilla y en el de Bilbao. Y bien que me hicieron caso, que me pidieron que les resolviera algún problema que tenían de encajería.

Preferí quedarme sentada en un banco de la galería del primer piso donde corría una brisa deliciosa. Estaba cansada. Antes habíamos visitado el edificio del “Segundo Cabo” una casa colonial con un patio y unos muebles preciosos. Nos lo explicó una guía llamada Angelina, muy documentada, que en un aparte, se me puso a despotricar de los varones cubanos y me dijo que a las mujeres aquí no les interesa tener pareja fija, porque la mayoría son unos holgazanes. Que ella no quería mantener un “pelele” en casa. Usó esta palabra tan expresiva. Nos sentimos cómplices y nos hicimos una foto juntas.

Además, como no tienen los tabúes sexuales de las europeas, pues estupendamente. También me comentó que los españoles son los que más les animamos en cuanto a la salida digna del régimen. (Es curioso cómo ahora que he buscado la foto, me doy cuenta de lo negrísima que es Angelina. Entonces ni me di cuenta. Es que yo no miro la piel sino los ojos de mis interlocutores).

Le dije que espero sepan perdonarse los unos a los otros, como nos perdonamos los españoles y, todos juntos, tirar “p’alante”, como hicimos en España después de Franco. También le descubrí lo admirada que me dejan las mujeres cubanas, que todas trabajan, mientras la mayoría de los hombres hacen que trabajan.

“LLÉVATE LO BUENO DE CUBA, SOLAMENTE”, me dijo Angelina.

Y claro que me lo llevo en el corazón: Lo mejor de Cuba son las mujeres cubanas.

 

 

17- EN LA CASA DE ROSA

Desayunamos muy bien con una parejita de recién casados, judíos de Tel Aviv a los que Frank obsequió con una salsa kosher –está en todo-, para quedar como un señor. Le preguntamos luego si habían coincidido alguna vez judíos y palestinos y nos comentó que éstos no tienen dinero para salir de vacaciones. Enseguida salimos paseando desde el castillo de la Punta, que está a la puerta de casa, por el Malecón para acercarnos a la de Rosa, en Oquendo.

En el paseo nos encontramos con la escultura monumental y hermosísima, de una mujer, que bien podía representar a la ciudad. ¿Sabías tú que Habana era el nombre de una india taína, esposa del cacique Habaguanex? Hay una fuente, que la representa, cerca del Capitolio, que se llama “La fuente de la India.   Esta escultura del Malecón no tiene nada que ver: es totalmente moderna.

Pero el nombre oficial de la capital es el de “ Villa de San Cristóbal de La Habana”. Lo que pasa es que, por muy santo que fuera el Cristóbal, e incluso se llamara así el mismísimo Colón, los caribeños le tenían más querencia a la Habana, que estaría muy macizorra, que es como les gustan aquí las mujeres. Michelines al margen.

A esas horas de la mañana solamente había varones tumbados con la barriga al sol, sobre el muro. Las mujeres estarían trabajando en el hospital, la casa, la escuela o la cocina. Muy flojos me parecen los varones cubanos.

El MALECÓN DE LA HABANA

 Varones.

Solo varones toman el sol panza arriba

en el malecón de la Habana.

Solo varones echan su caña al Caribe,

solo varones miran a otros varones

cómo siembran los jardines

cómo pintan la pared

cómo descargan la carretilla.

cómo juegan al ajedrez.

 

Las mujeres cubanas no tiene tiempo.

 

Lograda su paridad en el trabajo

no pueden permitirse el lujo

de perder su mirada en el mar.

 

Utilizan su minuto de relajo

pintándose las uñas empoderadas

para acudir a la oficina,

vigilar los museos,

escayolar tobillos,

limpiar los baños de los restaurantes,

pasar lista a los obreros,

coser uniformes en los talleres,

vender agua embotellada,

cuidar a los niños en las guarderías

controlar la caja de los supermercados

y atender al hijo

que aun no ha cumplido el año.

 

Las mujeres cubanas

han dejado escapar

su cuota de percepción del infinito;

y aprovechando el don femenino

de hacer varias cosas a la vez

sonríen amablemente

mientras trabajan.

 

Me sublevaba ver a los tíos, en edad de trabajar, sin dar golpe.

Mientras paseábamos a orillas de la bahía, Juan nos iba catequizando a Susana y a mí para que no metiéramos la pata con Rosa y contáramos que nos habíamos quedado en otro hostal, dado lo bien que ella nos había tratado.

Se inventó un pariente que vive en Matanzas, al que había localizado, y nos había llevado a su casa, por lo que, oficialmente residíamos allí, razón por la que íbamos sin equipaje, que habíamos dejado en la casa del primo- no sé si era tío-, y la razón de nuestra noche en La Habana era para solucionar un asunto, al día siguiente, acerca del billete de vuelta. Nos hizo prometer que no hablaríamos ni una palabra del asunto: que él lo haría todo, para no liarla.

Susana y yo lo juramos sobre los evangelios.

No se deben decir mentiras, porque la historia que Juan se sacó de la manga no tenía ni pies ni cabeza. Si Rosa es lista- que lo es- nos tuvo que pillar en varios renuncios de verbos que usamos en tiempo inconveniente.

Después del saludo y las preguntas de Rosa, un tanto mosqueada, empeñadísima en que le diera el teléfono del primo en cuestión y que- mira por dónde- Juan no tenía a mano, salimos con toda la calor por la Avenida Carlos III que continúa en Salvador Allende y es el centro de un barrio muy exclusivo, “El Vedado” lleno de palacetes que antes de la Revolución estarían ocupados por ricachones corruptos partidarios de Batista y ahora lo habitan probos funcionarios muy apañaditos ellos, que los mantienen pimpantes con sus 75 CUC mensuales y mantienen el aire negurítico de la zona. Según nos comentó Marilís, allí viven personas del Gobierno, ahora jubiladas, con poca pensión y que mantiene las casas bonitas, pero muy deterioradas en la estructura.

Susana estaba empeñada en ir al “Hotel Nacional de Cuba” donde Hemingway se colocaba con buenos lingotazos de ron y luego se ponía a escribir.

Hicimos un recorrido extra, larguísimo, que resultó muy ilustrativo, porque la Avenida Salvador Allende está llena de monumentos de presidentes de todas las repúblicas– La última parte se llama avenida de los Presidentes- afines a la izquierda, a cual más interesantes.

Tengo que aclarar que en Cuba, la profesión de escultor de monumentos debe de ser una bicoca, porque los hay en todas las esquinas. Los más repetidos son los de José Martí, que siempre tiene la misma cara triste. A mí me gusta Martí como poeta, y suya es una de las primeras poesías que aprendí en la escuela, allá por mis cinco años:

 

Cultivo una rosa blanca,

En julio como en enero,

Para el amigo sincero

Que me da su mano franca.

Y para el cruel que me arranca

El corazón con que vivo,

Cardo ni ortiga cultivo:

Cultivo la rosa blanca.

 

¡Qué cursi me ponía al recitarla, con aquel lazo en el pelo, más grande que yo misma!

El Hotel Nacional es un bello edificio de los años 30, que mantiene el encanto de la época y al que Alejo Carpentier llamaba “el castillo encantado”; tiene unos jardines en los que nos tomamos el daiquiri más elegante de todo el viaje, servido por camarero con guantes, mirando a la bahía y junto a un cañón enorme, que se llama “cañón Ordóñez”, con el que se hostigó a los ingleses durante el asedio de La Habana en el siglo XIX. Lo que más me gustó del parque fueron las losas de los caminos, hechas con roca formada con fósiles marinos.

Por este maravilloso edificio ha pasado todo el mundo que se preciara, incluidas las cinco familias de capos mafiosos de USA, en la época de la Ley Seca, que hacían aquí sus convenciones, aunque luego se liquidaran unos a otros.

Pero lo más curioso es que fue sede de “Las Anitas”, llamadas así en memoria de Ana Betancourt, que eran un especie de Sección Femenina de los primeros años del castrismo, cuando llevaron al Hotel Nacional a las chavalas analfabetas del bohío más remoto para enseñarles los principios elementales básicos de lectura y escritura y hasta a peinarse y andar con tacones, y que estarían allí tan perdidas como las hermanas Lupe en el hotel de cinco estrellas.

Es significativo el aire de grandeza que tienen todas las dictaduras, incluidas las del proletariado, que necesitan sacarse la espina de la miseria -cosa razonable- pero acaparando lo que denostaban, como ocurrió con el Metro de Moscú, al que acudían los obreros, con la moral bien alta, llevando patatas cocidas en la tartera, en estaciones tan lujosas como el mismísimo Palacio de Invierno.

Recuerdo que, en un viaje que hice en el 59 a la Universidad Laboral de Gijón, que fue la gran obra magna del franquismo, de proporciones y estructura semejantes a El Escorial, para elevar de categoría a los hijos de los obreros agrícolas, nos dijeron que a los muchachos se les ponían cubiertos de plata, para que no se sintieran acomplejados…¿?

Llegamos a casa de Rosa derrengados, y aun tuvimos tiempo de sacarle unas fotos a una puerta que se veía desde la ventana de nuestro cuarto, con un relieve precioso de una diligencia de postas. Un señor que pasaba en bicicleta, y con el que charlamos un rato, nos hizo unos comentarios acerca de cómo aquellos edificios pasaron de un gobierno a otro después de la Revolución. Llevaba la marca de perdedor en la mirada

Rosa nos recibió tan amable como es ella, e incluso nos invitó a tomar un trozo de tarta a cuenta de un cumpleaños, acompañados por dos caballeros: su novio y un colombiano que nos dijo que era “agente analista de datos de información del Gobierno”; este tipo nos comentó que había sido vecino, años ha, de los etarras que mataron a Carrero. Tenía toda la pinta de cura revolucionario, pero yo andaba distraída con unos papeles que me enseñaba Rosa   y no me enteré de la mitad de la conversación hasta que me lo comentó Juan, ya en la habitación. Lástima, porque con mi ingenuidad podría haber salido un debate la mar de interesante, en cuanto le hubiera preguntado, de sopetón, que de dónde o de quién sacaba los datos para analizar o que quién analizaba al analizador. El caso es que solo entré en el asunto cuándo derivó en conversación ecologista, hablando de semillas… Y bien que me pesa, porque el colombiano sí que hubiera sido una fuente de información muy interesante.

Tal vez, el que estuviera fuera de onda en los momentos cruciales se debiera una intervención divina para que yo no metiera la pata y luego me tuviera que comentar Juan, con su fina ironía: “Lo tuyo es la diplomacia, chica”.

Al día siguiente, salimos de la casa de Rosa, a la que le pedí el correo del colombiano –que no me dio-, después de despedirnos con besos y abrazos.

¡Al fin libres del compromiso!

Los Villar, que son muy mochileros, estaban dispuestos a cargar con el bulto todo el día, y se largaron a visitar un museo botánico que hay cerca, pero yo les dije que prefería ir a casa y liberarme del peso. Así que nos separamos hasta la hora de comer.

Me fui hasta la casa de Marilís, visitando la iglesia de los jesuitas, que sigue intacta. Se nota que Fidel estudió con ellos. Por cierto, que la tal iglesia del Sagrado Corazón, mira qué curioso, está justamente enfrente de una logia masónica impresionante, cuyo edificio no desmerece de la iglesia y tiene en la cúpula un globo con la esfera terrestre, que por la noche está iluminado y gira. Aquí hay más logias que sedes del PC, que ya es decir. Ahora me pesa no haber entrado a fisgar un poco.

Marilis tenía día libre en el hospital y me invitó a un café. Me comentó lo flojos que son los hombres en Cuba, que el país lo están levantando las mujeres. Todos menos su Frank, que lleva el negocio con mucho acierto. En la conversación anterior ya me había dicho que había prescindido de la limpiadora y lo hacía ella- no él- ¡ojo!… Otro que tal baila.

Le hablé del derroche inútil de luz y agua y dijo que ambas cosas se pagan por persona, independientemente del gasto y por eso lo despilfarran, que no hay conciencia de ahorro.

Para acercarme hasta La Habana Vieja, que es dónde habíamos quedado, tuve que explorar entero el Paseo del Prado. Lo hemos recorrido siempre que salíamos porque El Alquimista está en el extremo, casi junto al mar.

El Prado tiene varios sectores

En el más próximo al mar, que es donde comienza, junto al castillo de San Salvador de la Punta el más cercano a casa, apenas hay gente, luego viene un tramo lleno de cubanos que regatean, buscan trabajo u ofrecen su casa para alquileres y otros servicios. Después llega el sector artístico lleno de suvenires, donde cada artista o artesano coloca su tenderete con su producto, que van desde cuadros a jerseys de ganchillo o aparatos musicales, a los que no nos acercamos más que cuatro turistas a hacer fotos.

Me quedé un rato disfrutando de unos estudiantes de danza que habían ido para hacerse un reportaje. No les gustó que les fotografiara y les tuve que decir: ¡anda! que buena publicidad os voy a hacer en España, si digo que sois las herederas de Alicia Alonso… Y se quedaron tan satisfechas.

Este paseo, muy elegante, está siendo reformado a marchas forzadas porque en el año 20 , cuando se celebre el V centenario de la fundación de la ciudad y el consistorio, o la Oficina del Historiador, o quién proceda, lo quiere tener a punto para lucirse. Todo él está lleno de andamios para rehabilitar edificios magníficos, que se caían; termina en el Parque Central, que es el centro neurálgico de la urbe y enlaza con La Habana Vieja y la zona más moderna donde está el Capitolio, que también anda en obras.

El Capitolio, que es una réplica del de Washington, con su cúpula que está en reparación y, según nos han asegurado, han tardado un año- 365 días- en colocarle el caparazón de andamios para repararlo. A este paso no lo terminan para el centenario, ya que en Cuba todo se hace artesanalmente. En aquellos momentos, se pulían las escaleras por un procedimiento muy rudimentario, que ni siquiera tenía aspiradora para llevarse el polvo, ni máscaras los obreros, que terminarán con una silicosis aguda, aunque, con la prisa que se daban podían respirar limpio de una atacada a otra a la piedra. Menos mal que la sanidad es gratis.

Sin embargo, al lado estaban haciendo los franceses una restauración con toda clase de medidas modernas, incluido el casco y grúas magníficas, que permitían hasta trabajar por la noche.

En el Parque Central y aledaños sí hay semáforos. Otra cosa es que los habaneros se hayan enterado de para qué sirven.

Haciendo tiempo para la hora de comer, me senté en el banco de una plazuela y sorprendí a un grupo de obreros que pedían la comida- una pizza- a través de un timbre colocado en la puerta de una casa y desde el tercer piso, se la enviaban en una cestilla a través de una polea, con la cuenta. Aquello era muy divertido y saqué un vídeo. No sé si salieron los dos controladores que había en la calle, que hacían la propaganda y se encargaban de que nadie se largase sin pagar.

Este es el sistema cubano: dos tíos vigilando y uno trabajando. Se supone que este negocio era privado y el gobierno no los tenía en la lista de contribuyentes.

¡Cómo agudiza el ingenio la necesidad, “mi amol”!

 

16- VUELTA A LA HABANA

Febrero

Yoel nos tenía buscado un hostalito junto a La Habana Vieja, porque le parecía que, a nuestra edad, no era bueno que nos cansáramos de andar, convencido como estaba de que nuestro sistema habitual de transporte era la zapatilla.

A nosotros nos parecía feo, que siempre hemos ido de formales por la vida; pero , por otra parte, su proposición era muy golosa. Así que accedimos y pensamos que ya se nos ocurriría cómo recogíamos la ropa que habíamos dejado en la calle Oquendo, sin herir a nadie.

Como también nos pidió Yoel que nos fuéramos pronto, a fin de arreglar la casa para futuros clientes, el seductor negro mafioso de los dientes de oro, Juan Carlos, nos buscó un taxi a media mañana, y nos fuimos tras despedirnos efusivamente de toda la familia. También nos despedimos de unos vecinos viejitos, hermanos, de origen español, que siempre nos saludaban desde sus mecedoras, que se apellidan Ganges, como el río, cosa que ni ellos mismos entendían, por lo que pensaban si el apellido en cuestión no sería una malformación de alguna abreviatura de otro apellido vasco. Pudiera ser. Desde luego tenían más pinta de vascos que de bengalíes.

En la estación de Pinar hay montado todo un tinglado de mercadillo que nos hizo amable la espera, por el sistema habitual de quedarse uno a la sombra, cuidando el equipaje y zascandilear los otros alternativamente.

En una de mis salidas me encontré con una mulata muy interesante, que vendía figurillas de orishas y me hice la tonta preguntándole qué significaba cada una, cosa que ella me respondía con mucha amabilidad. En un momento determinado dijo una frase poco amable acerca de los españoles colonialistas. Enseguida me preguntó si me había molestado.

-¿Por qué me iba a molestar?, le dije. Mire usted: en todos los miles de años que lleva la Humanidad sobre la Tierra, a cada grupo humano unas veces le ha tocado estar arriba y otras veces abajo. Y siempre los poderosos han pisado a los oprimidos. Y así, sucesivamente: unas veces se da la vuelta a la tortilla y las víctimas se convierten en tiranos, y otras se nivela un poco la sociedad y nos llevamos mejor. ¿Se piensa que si los ingleses no hubieran ido a África, a la tribu de sus orígenes, y se hubieran llevado a los chicos y las chicas más guapos, y éstos no hubieran superado la travesía del mar, y la esclavitud, y todas las demás peripecias de tantos siglos, usted estaría aquí, ahora, hablando conmigo en español, sabiendo leer, y con una vida infinitamente mejor que la de sus parientes africanos?… ¿Y se piensa que los pobres que se quedaron en España vivían mejor que los pobres de aquí?, ¿y que los ricos que se estaban en la metrópoli no explotaban a los infelices, que eran de su misma raza y su misma religión? Ni usted ni yo somos responsables de la Historia. Pero ahora estamos charlando, tan ricamente, y entendiéndonos gracias a tantas cosas buenas y malas que pasaron. Esto es lo único que nos debe interesar a las dos.

Leonor me miraba -porque se llamaba Leonor- y sonreía dulcemente y, entonces, entra en liza un individuo rubio, de ojos azules, me mira y me dice:                                                         

– ¡Usted es la mujer que yo necesito! Porque yo busco una mujer que sepa pensar y razonar para vivir con ella. Y veo que usted es seria y podríamos ser felices. ¡Claro que me puedo acostar con la que quiera, pero eso no me va! Yo siempre he sido honesto. Tampoco le pido que se venga a vivir conmigo,¿Eh?: puede hacerse una casita en mis terrenos de Viñales, que es dónde vivo… y luego ya veríamos.

¡Virgen santa! Eso sí que no me lo esperaba.

Yo le miraba anonadada. Aquello era lo que menos me podía imaginar.

Bueno: lo que le faltaba a mi viaje cubano para ser redondo era una proposición de ese tipo, hecha por un hombre de cincuenta años.

¿Ya sospecharía mi edad el de los ojos azules, Siboney, que casi es la tuya? Claro que yo doy el pego, pero… ¿tanto?

Se llama Luis Alberto y me contó su vida. ¡Ay!

Es un agricultor de Viñales dónde tiene tres caballos, tres vacas, sus cerdos- no dijo el número-, gallinas y ovejas con terrenos enormes. Lo de enormes no me lo aclaró en versión hectáreas. Vive con su mamá, que tiene 90 años y, aunque se ha caído y tiene una prótesis de cadera está muy salerosa. Estuvo casado con una mujer estupenda, que habla cuatro idiomas, pero que no le gusta el pueblo y se ha divorciado para irse a vivir a Pinar con sus dos hijos, de 12 y 10 años, que él lleva a Viñales cada fin de semana por separado, ya que a la mamá de los 90 años le marean cuando van juntos.

Me aclaró que no es el típico cubano que necesita una española para hacerse con la ciudadanía, que él está arreglando los papeles para ser español, y ya casi los tenía a punto, porque su papá era de Canarias.

Me contaba su plan mirándome arrobado, y hasta me llegó a decir que él tiene un secreto para hacer felices a las mujeres en la cama, pero que no me lo contaba entonces porque se notaba que yo era muy seria y muy decente; que lo dejaba para más adelante.

Yo me preguntaba si el secreto sería de cantidad o de calidad, pero tampoco lo investigué porque es verdad que soy muy seria y muy decente.

Le vi tan simple y tan infeliz que ni tuve valor para hacerle una foto. Me pareció que era una falta de respeto hacia aquella buena persona. Me dio pudor. Lo que sí le di fue mi correo electrónico, sin decirle ni dónde vivo. ¡Mi pobre!

Pues… ¿Qué quieres que te diga?, Siboney de mis sueños.

Luis Alberto no es cómo yo te imaginaba, pero es de carne y hueso. Y joven. Y de buen ver… Y siempre es bonito escuchar a un hombre que se interesa por ti. No como tú, Siboney, al que le buscan las mujeres, y le cantan cantos de cristal, y se mueren por su amor, mientras tú… ni te pones malo siquiera…

Me sentí halagada, ¡qué demontres! No se encuentra una todos los día a un tipo que te diga esas cosas tan lindas.

El caso es que, tras mucho rato, yo veía que me tocaba hacer turno con las maletas y me acerqué al rincón donde estaba solamente Juan -Susana andaba por ahí-… y comencé a contarle la aventura. Cuando andaba en ello, aparece el de Viñales, saluda a Juan, se presenta… y le pide mi mano.

Y Juan, que estaba pintando, ni corto ni perezoso… ¡se la dio, alegremente!

No veas lo contento que se puso el Luis Alberto: le dijo a Juan que él también podía hacerse una casita en sus terrenos- debe de poseer un latifundio, a lo que parece-, o ir por su casa cuando quiera.

Y Juan, venga a seguirle el juego. Vamos: que si estamos en el Palacio de las Bodas, veo que quedo casada en la isla y todo, con padrinos de postín.

A mí me parece que Juan no fue del todo honesto conmigo y se precipitó bastante. Si hubiera estado Susana se hubieran aclarado algunos puntos, como: ¿Quién va a ordeñar las vaquitas?, ¿Quién va a echar de comer a los cerdos?… Cosas que han quedado en el aire y hay que resolver antes de decidir.

A Juan se le vio el plumero: lo que él quiere es tener la casa de una buena amiga para no perderse las fiestas de V centenario de la fundación de La Habana, que están al caer.

¡Qué bien lo pasamos, luego a costa del de Viñales!

En medio de risas llegamos a la estación de autobuses de La Habana, harto conocida, donde encontramos un taxista muy majo que nos llevó hasta el Hostal “El Alquimista”, Calle Consulado, entre Prados y Genios.

Este sistema de añadir a la dirección el tramo de calle a la que pertenece una casa facilita mucho el encontrarla, sobre todo en las calles que son muy largas. Se escribe en todas las tarjetas de visita que hemos ido acumulando durante el viaje.

El taxista nos iba comentando que el Gobierno arregla los edificios, pero cómo hay tanta corrupción, desde que se aprueba el proyecto hasta que se ejecuta, se van quedando los pesos por entre las manos de los intermediarios. De esta manera, se hacen las obras tan precariamente que hay que volver a empezar a los pocos años.

“El Alquimista”, está en un 5º piso de un edificio elegante, de principios del siglo XX, que se llama “Edificio Marta”, muy a la moda norteamericana, como el edificio Dakota, que será de la misma época. Tiene montacargas -que llaman ascensor-, que suele ascender si coges el truquillo. Juan y yo lo cogimos enseguida, pero Susana, como no tenía bastante con las palizas que nos dábamos en la calle, todavía subía y bajaba andando. Así pudo comprobar, de primera mano, que solamente estaban encalados los pisos en los que había negocio, porque a nadie le preocupa más que su descansillo. Lo demás, como si se cae- que se cae- a cachos.

Llegamos a las 5,30 en punto a la casa de Marilís y su marido Frank, que es el que lleva el hostal y nos estaban esperando. Ella es neuróloga. Qué chollo tienen estos cubanos: todos casados con doctoras que ganan 75 CUC al mes y ellos se pueden dedicar al negocio más rentable: los turistas.

La doctora tiene una madre venerable, sentada en el trono, como una matrona romana, a la que todo el mundo hace reverencias y ese día cumplía YA  70 años, por lo que nos obsequiaron por la noche un trozo de tarta. En Cuba las tartas están a la orden del día, con lo golosos que son. Se quedaron de una pieza cuando les dije que yo tengo SOLO 75. Ojipláticos, vamos… y eso que no les conté la aventura con el de Viñales…

Con ellos vive un hijo de 20 años que andaba de campamento. Parece que se está mudando a una religión diferente, y está en plena fase de inmersión fanática. El piso cuenta con tres habitaciones dobles o triples para alquilar, todas con baño incorporado. Nos dijeron que a la noche siguiente nos habían buscado alojamiento en la casa de unos parientes, frente a la suya, porque venía un lote de 10 coreanos y necesitaban toda la casa para ellos.

¡Entonces vimos a Dios! Pensamos que, ya que teníamos que ir a la casa de Rosa a recoger la ropa que habíamos dejado allí, sería una buena solución irnos a dormir a su casa y solucionábamos el asunto.

Frank, el honesto hostelero, que no habla más que de lo corrupto que es el Gobierno, es un chisgarabís, y se hace mucha publicidad -yo creo que para ponerse a la altura de su mujer- les dice a sus clientes que no compren tabaco a cualquier vendedor porque es malo; que tiene un amigo en la Tabacalera del Estado, y lo saca de allí- no dijo si más barato o rapiñándolo alegremente- y lo vende a buen precio, con garantía de primera calidad. A él le parece tan natural este chanchulleo extragubernamental… Y, en cierto modo es comprensible, porque la gente se tiene que sacar sola las castañas del fuego.

No acabo de comprender la dicotomía mental que existe en los matrimonios cubanos: en la mayoría de las parejas ella es infinitamente superior en titulaciones y cabeza a él: no digo en conocimientos, que puede que tanta titulación sea algo superficial, y no precisamente en medicina, que parece que va en serio… A lo mejor es que los hombres tienen mayor capacidad para los negocios y ellas son más sumisas a las consignas y más cumplidoras de las normas. Vete a saber… O que les ofrece mayor libertad trabajar para el Gobierno que para el marido. Que esa es otra.

Marilís hacía a las dos cosas: además de acudir al hospital, se encargaba de la limpieza y el orden del hostal. Es una fiera trabajando: está en todo. Y, además, simpática y preparada. Me dio una conferencia acerca de la cartografía del Renacimiento, que me dejó perpleja de comprobar cuánto sabía… además de medicina, que se le supone.

Cuando les comentamos que nos gustaría desayunar a las 8, se quedaron un tanto perplejos, porque el Frank, aunque parece una centella hablando, será tranquilo, como buen cubano, nos dijo que era mejor a las 9 porque así le daba tiempo a comprar la fruta reciente.

Aceptamos la proposición, “mi amol”.

 

15- VIÑALES y SOROA

 26 enero, jueves

Siboney de mis sueños… ¡si tú eres, sobre todo Naturaleza!

¿Por qué no te iba a volver a encontrar en los campos del valle de Viñales, como te sentí en el verdemar de los cayos y en el contrabajo de “Los Jubilados del Caribe?

Tú, “mi amol”, eres demasiado etéreo para identificarte con el taxista que me rompió la maleta o el de Cubatur que daba plantón a la clientela en día de su cumpleaños.

Mira Siboney: tu mística trasciende la calma chicha de los empleados del Gobierno, de los camareros que nunca tienen prisa, de los jardineros que plantan flores en equipo, de los trapicheos para llegar a fin de mes y de la televisión cubana que solo sabe mirar hacia atrás con ira

Pero, ya vi que me la tenías guardada y, nos pusiste una mañana de lluvia, justamente cuando habíamos hecho proyectos de recorrer a pie lo mejor del valle, para identificarnos contigo.

Te me has manifestado en la lluvia. No sé si como regalo o como castigo. Si esto ha sido así, no está bien. Mi enfado de Baracoa era justificadísimo.

¿Eres rencoroso? Porque nos hiciste perder la ocasión de sentir el olor del verde de tantos árboles para mí inéditos, y de entremeternos entre ellos sintiendo el roce de sus hojas y el tacto de sus troncos, y lo que encontramos fueron las flores tristes porque jarreaba; en cambio veíamos los mogotes redondeados envueltos en una algodonosa nube gris, que les daba un aura misteriosa.

Pese a todo, ya que se nos fastidió el guión previsto, atravesamos Viñales y llegamos, en coche, a “La Cueva del Indio”, que al menos estaba a cubierto.

La “Cueva del Indio” es una gruta de estalactitas muertas, porque no chorrea ni rezuma, como es de rigor, y que, al cabo de unos 200 m. desemboca en un río subterráneo donde está esperándote una barquita que te lleva bajo la bóveda fantasmal hasta la salida, un sitio muy lindo, con su chiringuito al ataque, que pasamos corriendo para no mojarnos y buscando al taxi para que nos llevara al “Palenque de los Cimarrones”..                             

El tal palenque es una cueva natural enorme, donde se escondían los esclavos huidos, convertida ahora en sala de fiestas, con sus altavoces y sus mesas para el copeo… Y menos mal que no había comenzado el jolgorio.., que era por la mañana.

Como a los mismos cimarrones, pero sin el miedo a que nos olieran los perros del amo, nos refugiamos un rato allí y nos hicimos unas fotos con unos potos impresionantes, que tenían la hojas como bandejas de grandes, y no estas birrias que tengo en casa, que no se me logran.

Comprenderás que con la espera caímos en la tentación de la compra. Yo cargué con unos pendientes, que no sé a quién regalaré. Volvimos a Viñales, a la iglesia, otro lugar cubierto, a tiempo del ite misae, cuando el cura decía que tardaría en volver porque debía atender varias parroquias en domingos sucesivos.

A la salida, escampado ya, nos fuimos por un caminito a hacer fotos a tantas flores maravillosas- menos mal que habíamos cogido zapatos de lluvia- y se nos hizo la hora de comer. Así que, manos a la obra: vimos que el pueblo se había convertido en un merendero y todos los soportales son restaurantes, en esta época llenos de turistas al parecer alemanes o canadienses, todos rubios. Como Juan no tenía gabardina y estaba calado, y hacía frío y humedad, aunque Susana y yo íbamos con chubasquero, le llevamos la contraria a Gerardo, el taxista, empeñado en comer a la intemperie, diciéndole que queríamos un lugar cerrado y nos llevó a un paladar del camino donde, tontamente, pedimos un plato fuerte cada uno y dejamos la mitad. Nosotros, vamos. Gerardo se comió todo.

Una vez descansados, fuimos al Jardín Botánico, que tiene una hectárea y está muy bien cuidado. Perteneció a dos hermanas ya difuntas, de origen chino, que coleccionaban plantas. Hay quien colecciona sellos o tortugas de cerámica: cada uno tiene derecho a sus manías.

Nos lo enseñó un chico, que dijo llamarse Diego y vimos y tocamos el árbol del cacao ¡al fin!, al que le salen los frutos en el mismo tronco… ¡Yo que no conseguí nunca el cromo del dichoso árbol en mi colección de Nestlé del colegio, y comía una tras otras las chocolatinas que solo traían cromos repetidos!

Pero una no puede estar en misa y repicando, así que hacías fotos o escribías el nombre de las flores. Opté por lo primero. El Botánico es una institución privada que acepta donativos y te obsequia con unas frutas, que nos supieron a gloria.

Salidos de allí fuimos a un Centro de Interpretación desde donde se divisa el valle de Viñales, que es Patrimonio de la Humanidad, y luego al mirador, para hacernos unas fotos antes de que comenzara a llover de nuevo. Junto a nosotros paseaban carros airosos, mucho más que los españoles, con caballo trotón o borriquillo, que me recordaban mis años infantiles aldeanos y felices. Los Villar parlamentaban con el taxista acerca de un vino autóctono y pensaron que sería bueno comprar dos botellas . Parece que es una mistela o cosa así. Yo ni me bajé del coche.

El lunes nos tocó visitar Soroa, que es otro de los sitios obligados. Tampoco salió un día boyante; así que Yoel nos sirvió el desayuno sin prisas, con su lentitud y su amabilidad características. Mientras él iba y venía a su casa, que está contigua, apara traer y llevar, nosotros hacíamos cuentas para cambiar dinero sin que nos sobrara nada porque todavía nos quedaban unos cuantos días en Cuba, y comprobé que tenía que pasar por el Banco.

Lo hice al día siguiente. A la entrada había un portero varón que abría la puerta y dejaba pasar de una en una a la gente que esperaba en cola; otro varón dentro colocando a la clientela en sus sillas de espera. Había tres varones más y los tres con los brazos cruzados, mirando, además del portero y el acomodador. Ellos iban con camisa blanca y pantalón negro. El uniforme de las señoras del Banco es beige con blusa blanca. Ellas eran las que estaban en las ventanillas, despepitándose con los ordenadores obsoletos.

Como debía de ser la hora del piscolabis, las chicas del mostrador entraban en el interior con su tarterita y lucían bien el tipo. Al rato salían satisfechas y se daban una vuelta por el ruedo para lucir cacha. Las faldas de las mujeres, de 5 a 70 años, apenas les cubren las nalgas. Las faldas, en Cuba no tienen longitud, solo latitud, y son enormemente ajustadas, sin importarles michelines. En el Banco, casi todas las empleadas llevaban pantys de encaje: las de raza blanca, los gastan negros; las negras, blancos, para que se distinga el dibujo. Todas montaban zapatos con tacones de plataforma imposible, pero muy sexi. Es que las cubanas son coquetísimas, “mi amol”.

Al cabo de media hora de espera, con ocho ventanillas de servicio, la mayoría vacías, seguíamos sentadas las mismas clientes. Todas mujeres. Se conoce que las finanzas forman parte del negociado femenino. Al final, el acomodador le dijo a una de las empleadas que lo que yo quería era cambiar dinero y me atendió, previo control de pasaporte y toda la parafernalia burocrática. El euro está a la par del peso y del dólar, céntimo arriba o abajo, según mercado. Me dieron 206 cuc. por 200 €. En otras ocasiones fue al revés.

Parece que Gerardo, el taxista de Viñales, no estaba operativo y, tras varias llamadas por teléfono por parte de Yoel, nos apareció un coche de la época de Fred Astaire, un BUICK 52, conducido por su orgulloso dueño, José González.

¡Qué viaje, madre! El coche de película –nunca mejor dicho- se mantenía a base de tecnología punta, tal como un cartoncillo para sujetar la apertura del cristal porque no le funcionaba el elevacristales o un alambre para abrir la puerta. La suspensión brillaba por su ausencia y, cada vez de había un bache, Susana y yo, que íbamos detrás sentadas en el asiento de plástico brillante, botábamos hasta el techo.

La autopista era relativamente buena y está flanqueada por plátanos, eucaliptos, teca, y mango. Cruzamos campos de arroz y bastantes huertas. Parece que esta zona tiene el campo más aprovechado que el resto de la isla.

A 90 Km. estaba Soroa y lo primero que quisimos ver fue la cascada famosa, que encontramos tras subir y bajar unas 200 escaleras de piedra, bien colocadas, entre vegetación riquísima, que incluía termiteros enormes. Yo nunca había visto un termitero.

La cascada de “El arco iris” ya había sido descubierta ese día por una cuadrilla de jóvenes macizorros, que se bañaban y hacían fotos en diferentes poses sexis, sin abandonar el protagonismo. También había un vendedor de fruta del país.

Pero, lo que no te perdono, “mi amol” Siboney, es que me llevaras un guitarrista que cantara la guantanamera y no nos dejara escuchar la caída del agua de la cascada. Abderramán, que era un sibarita de la música de la Naturaleza, lo hubiera decapitado sin contemplaciones por delito de lesa contaminación acústica.

Después de un buen rato, y sin disfrutar del murmullo silencioso del lugar, pero gozando del trino de los pájaros, cuando descansaba el músico, y las mariposas sordas, que indican que aquella zona apenas está contaminada, dejamos a la cuadrilla jugando en la poza y nos dirigimos al ORQUIDEARIO, que, aunque no lucía demasiadas orquídeas, la verdad, sí tenía plantas hermosísimas de hojas brillantes y limpias después de la lluvia reciente, con su nombre en latín, que le da categoría científica. Preguntamos a los jardineros y nos contestaron que hay 14 personas encargadas del mantenimiento. Les felicitamos, ya que se lo merecen.

Nos hubiéramos quedado mucho más rato pero pensamos en el conductor, que solo hablaba de la comida y nos llevó a un sitio majo. El caso es que él no pensaba comer con nosotros, pero le convencimos. A lo mejor es que no entra en la costumbre invitar al taxista.

Ya nos habíamos dado cuenta de que José era bastante cortito. Tan cortito como viejo su coche. Durante la comida nos contó su vida: nos dijo que tiene dos hijos de dos mujeres.

¿No te lo decía yo?: a los 35, todos los cubanos están en la segunda esposa.

El hijo mayor vive con su madre en USA y el pequeño, de 7 años, está con él mientras la mujer, que es médico, cumple un servicio en Brasil. Cuando él trabaja, como hoy, lo cuida la abuela. La médica, cobra aquí en Cuba 60 CUC. mensuales, más las dietas de las que ya te he comentado.

No sabemos cuántos serán los conocimiento de los doctores fuera de la medicina, pero está visto que hay médicos, y sobre todo médicas, para parar un tren; así que no hay que extrañarse que el Gobierno los utilice como fuente de ingresos.

Después de la comida quisimos conocer el “Castillo de las Nubes”, que es un mirador magnífico, desde donde se divisa un valle precioso, con varios pueblos y tiene el mar en el horizonte.

Como era imposible subir al montículo con el coche/cacharro, el José González, que ignoraba de dónde llegaron sus antepasados, nos quería desilusionar diciendo que ¡lo mismo estaba a 3 km.! Porque los cubanos no andan. El mi pobre, no había subido jamás semejante cumbre. No va ni al final de la calle andando; y tres cuadras de distancia le parecen el fin del mundo…. Él, por supuesto, se quedó abajo guardando el vehículo con otro par de compañeros que habían llevado a chiflados turistas correcaminos como nosotros.

Pues este paseo fue delicioso, por una carretera asfaltada, con farolas, en la que aparecían una docena de villas bien cercadas, con sus piscinas, que pertenecerían al gobierno tras expropiarlas o han convertido en hoteles o vivienda de verano de gerifaltes. La ladera estaba flanqueada por palmeras y árboles preciosos, como el almácigo, que Susana andaba buscando, y del que encontramos varios ejemplares.

La visión del valle, una vez que llegas a la cima, que cae en terrazas, que en su día estuvieron plantados de café, no puede ser más hermosa: se divisa una enorme llanura, con pueblecitos diseminados y diferentes tonos de verde según correspondieran a cafetales, cañaverales o huertas… y al fondo se marca la raya del Caribe, que se distingue del cielo azul, con cúmulos danzando lentamente. Además, la hora era la que mejor luminosidad ofrecía.

Porque otra de las cosas que he aprendido en el trópico es que allí apenas hay ocaso: cae la noche, sin avisar, sin la graduación de luz a la que estamos acostumbrados en las zonas templadas.

Sentados en la pequeña tapia del Castillo de las Nubes encontramos una pareja que estaba contemplando el valle, lamentándose no haberlo descubierto hasta entonces, viviendo cerca. Celebraban el 26º cumpleaños de ella, que se llama Grecia Rosa Rossetti -Grecia es nombre- y él, Francisco Blanco, de ascendencia gallega. Mira tú por dónde: ha sido el único “pariente” que me he topado en el viaje.

La tapia pertenecía a un palacete que se hizo un ricachón, al que los médicos le recomendaron respirar aire puro, y ahora es hotel. Después del regalo visual decidimos tomarnos un mojito, pero los camareros, que se estaban arrascando la barriga, literalmente, no nos atendieron porque ya habían pasado las 4 h. y, con ello su jornada laboral.

No merecía la pena enfadarse, mi Siboney.

Al fondo salía la Luna llena , que, en estas fechas debe de estar en tratos con Antares, que brilla como tú, “mi amol”, en la noche cubana.

 

14- DE FLAMBOYANOS Y TABACO

¿En qué peldaño de la escala social estabas tú, Siboney, cuándo te cantó Lecuona?

Podrías ser un pinarés, de los que se pasean por el Parque de Colón intentando conectar su wifi. Pinar es un pueblo medio, que es lo que buscábamos nosotros: un pueblo más de Cuba, dónde se puede conocer bien a la gente anodina.

Y como queríamos ponernos en sintonía con el campo, decidimos darnos una vuelta por los alrededores, saliendo en perpendicular por cualquier calle que desembocara en la Avenida Martí y pasamos por barrios muy degradados, en los que se mezclan el abono, algún frutal, las gallinas, los colgadores inmensos de ropa secándose y casitas con terraza convertida en fanal de reja blanca. Cuanto más alejadas están las casas, más fanal y más celosía. En esta zona empezamos a ver bolsas de plástico por el camino- que ya se acabó el asfalto- y suciedad en los arroyos… vamos: lo que se encuentra en cualquier arrabal de cualquier pueblo del mundo

Llegamos a una casa en cuya puerta había un coche Lada, de origen soviético, una moto con sidecar, un niño de unos tres años medio corito, varios gatos, y mucha ropa tendida. Un viejo, a la sombra de un almendro, arreglaba un motor con cable de cobre, que no está en venta, según nos dijo. Luego: o lo había robado al Estado o se lo había comprado a alguien que lo había birlado.

Juan se enrolló con él y les dio al señor y su familia un máster acerca cultivo del olivo y la vid. Mientras tanto, Susana y yo seguimos andando porque habíamos visto a lo lejos un flamboyano y queríamos tocarlo. ¡Qué hermosura! No alcanzábamos a las flores, pero había varias en el suelo y son preciosas, aun las ya caídas.

El flamboyano o flamboyán es un árbol al que hemos perseguido durante todo el viaje, porque aparece cuando menos lo esperas, en cualquier recodo, con sus hermosas flores rojas y enormes, aunque su momento óptimo de floración parece más adelante y en esta época no está demasiado cuajado de color todavía, lo mismo que la ceiba, que la vimos con los capullos cerrados.

El árbol, en cuestión, estaba junto a un enorme campo de fríjoles, y apareció un chico joven, que dijo ser el dueño. Nos aseguró que se pueden comprar tierras para huertas, no para café ni caña ni coco ni cacao, productos que son del Gobierno. Cosa que no concuerda con otras versiones, que dicen que no se puede comprar tierra. El muchacho nos presentó a su mujer, que salió de la casa, y a su niño, al que llamó, el heredero, y nos aseguró que gana mucho dinero con los fríjoles. Pero que hay que trabajárselo.

Me parece que en la palabra “trabajo” está la madre del cordero de la mayoría de los males de Cuba.

A la vuelta hacia Pinar, y a mitad de camino entre la zona rústica y urbana, nos encontramos con una casita pequeña, decorada a base de carteles con frases memorables que lo mismo eran de Pablo Coelho, que de Tagore, que de los mismos evangelios; de esas que hablan de la felicidad, el equilibrio el amor al prójimo y la energía positiva, que lo mismo valen para un roto que para un descosido. Como nos detuvimos a leerlos, salió el dueño que nos invitó a entrar. Había dos negros con él, que se fueron cuando llegamos nosotros.

La estancia era un santuario lleno de imágenes, cuadros del Corazón de Jesús, flores de plástico, caracolas, peluches botellas, algún buda gordinflón e infinitas soperas, amén de ventilador, televisión encendida- que paró mientras estuvimos; un detalle- altavoces, y la moto del dueño, que dijo llamarse Lázaro.

 

En la pared de enfrente del, llamémosle “altar”, muchísimas fotos de Lázaro con personajes conocidos de la farándula española, que no quiero nombrar, no sea que me denuncien. Todo ello sumido en la penumbra de una cortina de flecos, que disimulaba la suciedad, dándole mística solera al asunto. Allí había polvo del año que pidieras.

Lázaro nos dijo que era un “babalawo”, sacerdote de la religión yoruba, o sea, un santero, que demostró tener, además de mucha labia, mucha cara dura. Nos dejó caer que estaba licenciado en Historia del Arte- cosa que puede ser cierta, porque su nivel intelectual era considerable- pero que le era más rentable el asunto de la santería, que es un negocio redondo, que le renta unos 1000 € al mes, que no cotizan, amén de los “bautizos” de “santos”, que me contó el Daniel del avión que cuestan 4000 €, y tampoco tributarán.

El charlatán, que seguro ni se llama Lázaro, pero este nombre es muy importante en esa religión, nos contó cómo le ha hecho orishas a mucha gente conocida, de las que aparecen en las fotos, con sus caracoles, que adivinan el futuro, y que ha estado invitado en España en sus casas y ha viajado por toda Europa; lo que no me extraña, porque hay mucho subnormal entre la gente del famoseo.

Le hicimos un vídeo y salimos convencidos de que ni siquiera es cubano sino un español astuto, que ha visto negocio en lo de santificar a incautos matando el gallo, que, en cuánto pueda, les manda a los cubanos a hacer gárgaras y se viene a Benidorm a tumbarse a la bartola gracias a Yamayá.

Esto no es justo, mi Siboney. Siempre hay algún espabilado sin alma, que se aprovecha de los más pobres, que suelen ser los más ignorantes, y los atropellan en nombre de las revoluciones o de las religiones. O de las dos cosas.

Mientras tanto, Yoel, que nos había organizado el planing a través de su corte de proveedores de servicios, nos andaba buscando un taxista para que nos llevara a la plantación de tabaco.

Creo que, lo mismo que Pinar puede representar el pueblo genérico, Yoel da el prototipo de hombre cubano de 30 a 40 años, o sea, de los que ya nacieron a la sombra de la Revolución; cuando ya se había pasado la fiebre de convertir obligatoriamente en universitario al último guajiro.

Yoel, que es apuesto, guapo, simpático, buen conversador, amable, servicial y un tanto marrullero, no parece que tenga demasiados estudios. Sin embargo se queja de un sobrino quinceañero porque ni estudia ni trabaja, pero le saca a su madre dinero para el “celular”, y al que hace le ayude en nuestro servicio, “porque no quiere que le pase lo que a él”. No tiene ni idea de cómo funciona la organización de la sociedad, ni quién toma las decisiones, ni qué nomenclatura existe entre los cargos directivos del pueblo y del país. Solo nos comenta que las calles las limpian los presos y que no se puede despotricar del Gobierno- cosa que él hace continuamente- porque te pueden meter en la cárcel; que en cada calle existe un “oidor”- como en tiempo de los Reyes Católicos, me ha hecho gracia-, lo que no es óbice para trampear con la ley continuamente.

Se sorprendió cuándo le preguntamos cómo pasaban las fiestas las familias. Pues resulta que los matrimonios no salen de paseo o al monte o al parque con sus hijos, que suelen estar obesos, y triscan por las calles poco peligrosas jugando a canicas: simplemente se van a bailar o al bar; los hombres, echan la tarde del domingo en el bar jugando al dominó o al ajedrez y las mujeres en el culebrón. Como en los pueblos españoles de nuestra infancia: solo que, en la España franquista, las señoras iban al rosario.

Así que su mujer, Maydelín, venga a pintarse las uñas, a darse untes y peinarse a la última porque si no se cuida se va con otra más joven. Que ella conoce bien el tema. Y la Maydelín no es nada del otro mundo: tendrá armas ocultas que utilizará en la cama, para tener bien atado al Yoel, que la dejó embarazada hace ocho años a la vez que a la esposa que tenía entonces. A la ex le hizo una niña y a Maydelín un niño. Luego han tenido otro, de 5 años.

¿Es posible que la Revolución haya generado una remesa de individuos tan primarios, que no sospeche, ni le importe cómo funciona el país? Que ya sabemos que no es transparente, pero tampoco genera curiosidad entre la masa del pueblo, que puede que sepa leer, pero que ya han tenido buen cuidado de que no sepa pensar, y al que no le interesa nada más que su propio beneficio… siempre que no haya que trabajar demasiado.

Maydelín, como casi todas las cubanas trabaja fuera de casa. Posiblemente en algún puesto de Estado, que, como es el dueño de todo, puede emplearla desde camarera hasta costurera en serie de un taller de hacer uniformes; como el que nos encontramos por casualidad, con cincuenta señoras, que hacían uniformes escolares a destajo- que en la enseñanza gratis entra también la ropa.

Y menos mal que han visto a Dios con esto del alquiler de pisos, porque, mucho me temo que el Yoel, se pasara el día “buscando trabajo” y jugando al dominó antes de que llegara el chollo del turismo rural.

Supongo que gracias a su amigo Juan Carlos, el negro de los dientes de oro, localizaron a un taxista ignorante de la cuadrilla, que no sabía nada de lo que le preguntábamos, para llevarnos hasta una plantación tabaquera, que está a unos 15 km. llamada “Robaina” y perteneció a una familia cántabra, antes de ser confiscada.

Yo no sé qué porcentaje de enchufe se usaría en aquello de las expropiaciones revolucionarias porque a esta gente no se lo incautaron del todo, y el jefe de la plantación es, hoy, un nieto del propietario expropiado, de unos 40 años, de nombre japonés -Yusuma o cosa así-, y guapísimo; con categoría de capataz- la finca es del Estado- y tiene una casita humilde, no mejor que la de los demás obreros que trabajan allí. Nada que ver con la que pudo haber existido detrás de las columnas que flanquean la entrada de la casa original, completamente desaparecida.

Estos cántabros debían de ser prorrevolucionarios ya que dentro de la casa-oficina se encontraban multitud de fotografías de los dueños con Fidel. Bien es verdad que el Gobierno se lleva el 80% de la producción y el Robaina el 10%. Del otro 10% no se habló: será para el contrabandeo de unos y otros. Es de suponer que tendrá sus dineros y sus fincas en las islas Caimán, que están pegando…

En la visita nos acompañó una azafata, que nos llevó a la casa del secado donde un viejecillo de 85 años nos hizo un cigarro puro explicando todo el proceso de la fabricación, que dura hasta tres años desde que se cosecha… Daba la sensación de que tenían disecado al anciano, como las hojas colgadas de las vigas, en vez de jubilarlo, y también lo habían puesto a remojo para envolverlo mejor.

El fumar tiene mucho glamour. Oye.

Y, si no, recuerda aquellas películas en blanco y negro, de tu época, mi Siboney, en las que los personajes expulsaban el humo de cigarro tan voluptuosamente. ¡Cómo lo hacían Gloria Swanson y Rita Hayworth entornando los ojos con sensualidad! Ahora, con eso de la veda, se las tendrán que ver y desear los directores de cine para poner en ambiente a los actores, utilizar las manos y llenar los minutos ante una decisión trascendental.

Yo pensaba en cuando mi padre se podía fumar un Montecristo, en acontecimientos siempre, y disfrutaba con verdadero pecado mortal… ¡Qué elegante era mi padre fumando! Hasta los días de diario, cuando liaba en papel de fumar el Caldo de Gallina que guardaba en la petaca, y luego ya los Celtas o los Ducados, según fueron evolucionando los tiempos, lo hacía con señorío, mientras se fue fabricando su cáncer de pulmón, a la vez que se le ponían amarillos los dedos de la mano.

Nos hicimos una foto en la plantación, con sombrero de paja a modo, como si también hubiéramos sido unos Robaina más. El tabaco está en la época de floración y saqué fotos de su flor, que es muy bonita. En aquel momento los obreros andaban fumigando y “guacaqueando”, que es lo mismo que escardando, pero en cubano.

Lo curioso es que apenas vimos fumadores en Cuba: algún vejete, que fumaría puros de saldo. Jóvenes, ninguno: no tienen dinero para ello.

¿En qué se van a convertir estas plantaciones a partir de ahora, cuando se está prohibiendo el tabaco en casi todos los países? Supongo que esta veda llegará después del castrismo y ya no se le podrá echar la culpa a Trump del fracaso agrícola. De momento, sigue siendo una fuente de ingresos considerable.

También está en peligro el azúcar, ahora demonizado por los dietistas. Con lo rico que es y los terrones que yo ronchaba, a escondidas, en aquella infancia de la posguerra, cuándo los niños no disfrutábamos de chucherías más que en contadas ocasiones, y que no me han producido ni una sola caries. ¿Qué intereses espurios puede haber ocultos debajo de estas modas como la de que el pescado azul, los huevos o el aceite de oliva, son perniciosos durante un tiempo y luego te cantan lo contrario?

Pobres cubanos: sus dos productos estrella están en entredicho… Bueno, tres: porque el café también tiene sus detractores.

Menos mal que, de momento, el chocolate tiene más beneficios que contraindicaciones…

¡Ay! Siboney… No quiero ni pensar que le empiecen a sacar faltas, con lo que me gusta. No pienso hacer caso.

Soy chocolateadicta confesa. ¿Y tú?

 

13 -VIAJE BARACOA-PINAR DEL RÍO

Ayer me cabreé mucho, “mi amol”, y se me olvidó que, cuando las cosas se ponen al revés es mejor pensar que estamos jugando a viajar y no tomarlas demasiado a pecho.

¿O no estoy yo misma jugando a quererte, Siboney de mis sueños?

El viaje de Baracoa a La Habana, como duró 20 largas horas, tuvo su día y su noche. Cada uno de los tres íbamos en una ventana para no perder detalle. A mi lado se sentó un chico que se puso a ver una película en el ordenador en inglés, con subtítulos, pero no estaba yo para lecturas.

Yo viajaba con bastante canguelo porque era 26 de enero, que es un día nefasto para mí.

Fíjate que, cuando yo tenía veinte y pocos años, y era maestra de Abastas, en Palencia, con toda la prepotencia de mi juventud, se me ocurrió dirigir a la gente del pueblo, nada menos que “La dama del Alba”, de Casona. No voy a entrar en detalles de lo que fue aquello, ya que, como mayores y pequeños formaron parte del elenco artístico, y había quién no sabía ni leer, tuve que enseñar algún papel a viva voz.

Al estreno, un 26 de enero- ya no me acuerdo del año- acudió gente de todo el valle y fue un éxito, porque, realmente salió muy bien. Después, los mozos- que no las mozas, que entonces era muy feo que una chica decente saliera de noche- se fueron a celebrarlo a una bodega… y el protagonista, cayó fulminado de un infarto.

Al año siguiente, y al sucesivo, por circunstancias diferentes, murieron otros dos actores de “La Dama del Alba”.

A todos los que estuvimos implicados el aquella obra, se nos ha quedado la mosca detrás de la oreja, como si nos hubiera caído la maldición de Tutankamón.

A mí misma ya me dio un toque “La Dama”, cuando, recién casada, un 26 de enero, perdí al que hubiera sido mi primer hijo. Comprenderás que ese día no estoy para monsergas…

No veas lo feliz que me quedé cuando pasaron las 12 de la noche.

Como podrás imaginar, a los Villar no se lo comenté hasta que ya estábamos en el 27. No les quería asustar y, encima, yendo de viaje. ¡Mira que si tenemos un accidente!

Está visto que este año tampoco tocaba.

Porque cada vez que supero el maleficio de “La dama del Alba”, pienso que no voy a caer hasta el próximo 26 de enero. Es como si viviera la vida a plazos. De año en año.

Y no es mala cosa; aunque ello no impide que haga múltiples proyectos futuros, que se pueden quedar sin terminar. Así, siempre puedo elegir entre varios. Lo terrible sería que se me terminaran los proyectos antes que la vida.

¿Te das cuenta de que el venir a buscarte era uno de mis proyectos, que guardaba como en una nebulosa?

¿Y cómo me has pagado?     

No sé ni por qué te cuento estas intimidades, después del plantón de Baracoa, “mi amol”.

El caso es que llegamos a La Habana, después de alguna parada técnica, a las 4, 20’ y bajamos del autobús con más frío que calor. Esto de que haya que poner necesariamente el aire acondicionado para que dentro haya que estar con forro polar, no lo entiendo.

¿Y sabes donde caímos?

Pues en el mismo bar musical “24 Horas” anejo a la estación de autobuses, con unas cuantas personas que habían llegado con idénticas intenciones que nosotros. Creo que eran canadienses

Y, mira: volvimos a dar con la misma chiquita del otro día, que también estaba de guardia sin dormir y aguantando toda la noche esta música ratonera a todo volumen. Creo que tengo los oídos taponados desde el primer día en que llegué.

Menos mal que a las 6 abrieron la estación y pudimos, además de validar el billete para Pinar del Río, tomarnos un café calentito, a todo correr, porque allí SÍ había suministro y no música.

 

PINAR DEL RÍO

 

La llegada a Pinar era toda una experiencia, ya que, por vez primera no teníamos alojamiento. Íbamos al albur. Era otra aventura que había que correr.

Nada más llegar, y antes de que nos hubiéramos ubicado, nos rodearon un blanco y un negro, que, en un momento, nos ofrecieron un apartamento con terraza, televisión, y frigorífico naturalmente, por 25 CUC, diarios, los tres.

Sin que nos diéramos cuenta, nos habían metido las maletas en un taxi, y nos llevaron a una calle, relativamente cerca del centro. Yoel, el dueño, que es un vivales, nos enseñó el lugar, que nos pareció bien: terraza con mecedoras, saloncito de entrada con sofá, butacas, televisión, mesa con sillas, donde desayunamos todos los días y una habitación con un cuarto de baño ¡sin puerta ni cortina! Le dijimos que eso no. Pero nos aseguró, medio llorando, que estábamos estrenando el local y no había tenido dinero todavía para poner puerta. Menos mal que la entrada estaba escorada y, con buen educación por nuestra parte, se podía mantener cierta intimidad. Yoel vive en la casa contigua, también exterior.

Al fondo de lo que debió ser el patio de la casa donde nos alojábamos, los padres de Yoel han construido la suya, completamente interior y chapucera, a la que se llega desde la terraza de la calle por un pasillo infecto, larguísimo y estrecho, para poder alquilar habitaciones exteriores.

O es que nosotros hemos tenido mucha suerte, o las casas de Cuba son muy aceptables, dentro de su sencillez y sus limitaciones. ¿Qué quieres que te diga?

La madre, una vez que pasaron unos días y cogimos confianza, nos enseñó su casa, a medio hacer, atravesando el lóbrego pasillo al que no le vendría mal un encalado: sala, dormitorio y cocina; y patio donde van a colocar un baño. Desde ese patio, hay una escalera descubierta que llega hasta el techo de la casa alquilada, donde está la habitación de los gemelos, hermanos de Yoel. Los gemelos, en Cuba, se llaman “gimagüas”.

Yo creo que en estas chapuzas constructivas no entran ni aparejadores ni arquitectos y todo ello se hace artesanalmente entre los miembros de la familia. Así van luego los desagües, que salen bajo la acera, a la misma calle.

En cuanto nos acomodamos, salimos a comer y encontramos un restaurante, Don Luiso, que celebraba una comida corporativa de los trabajadores de ETECSA, la empresa de las tarjetas de los móviles. Nos alojaron en la terraza bajo los soportales, y la señora que nos atendió, nos dijo que el negocio es privado- por eso nos buscaron mesa supletoria a toda prisa- y que gana 150 CUP diarios, o sea, 6 €, un dineral. Así se molestaba en trabajar. Me imagino cómo la explotará el jefe. Se llama Marisa Echevarría y nos comentó que la tierra se la alquila a quién la trabaja. Otra versión.

¿Tú no crees, mi Siboney, que una cosa es lo que diga el Gobierno y otra lo que haga cada caciquillo en su pueblo, que sabe darle la vuelta a las leyes? Me temo que va de eso.

El negro, Juan Carlos, dijo que se dedicaba a buscar taxis, organizar salidas y toda suerte de manejos para ganarse unos CUC al día. Un agente turístico, vamos. El problema está en que hay más agentes que turistas y no sé si les debe tocar a mucho. Nos lo encontrábamos en cualquier sitio, todos los días, sin dar golpe. Y nos daba unos abrazos y saludos, que no veas.

Esto de los pisos de alquiler, de invento reciente, se está convirtiendo en una mafia,. Hay una red de “proveedores”, que se buscan unos a otros, como para venderte ron o tabaco más barato que en las tiendas oficiales porque Fulano trabaja en Tabacalera y lo saca a escondidas; contratarte el taxi de Mengano, que es un cacharro- el taxi y Mengano- ; el comedor donde te dicen que vayas, etc.

Supongo que a los “hoteleros domésticos” les tienen que hacer un precio especial para comprar muchas cosas o un aumento en la cartilla del racionamiento.

La calle de Yoel, pese a que estaba paralela a la avenida principal, ya no tenía la elegancia de aquella: en muchas casas se blinda la terraza con reja y la calzada deja mucho de estar en buenas condiciones: en 30 m. se pasa de la ciudad al pueblo profundo.

Por la mañana y al atardecer aparecía el vendedor ambulante gritando: “¡Ristra de ajos!”. o también: “¡El ambientador, el desinfectante!”… que me recordaba a las hermanas Lupes, de Morón, cuando se desternillaban comentando que el primero que llevó al pueblo un desodorante cobraba a los demás por utilizarlo. La vecina de enfrente tenía todo el día la tele tan alta que equivalía a los músicos de la calle -en Pinar menos agobiantes que en las grandes ciudades- y la aguas fecales salían alegremente a la reguera, ya sin cubierta, lo mismo que en La Habana.

La infraestructura tanto eléctrica, con todos los cables colgando, -incluso en el corazón de las grandes ciudades- como sanitaria, no se ha renovado desde los tiempos de Batista: la Revolución tiene otras prioridades.

Yoel nos dijo que había que meter dentro de la casa las mecedoras por la noche, que eran objeto goloso: en Cuba se roba hasta la arena de las construcciones.

Sin embargo jamás vimos un gesto agresivo por parte de nadie para birlar un bolso, ni sentimos más miedo por la calle que el de meter un pie en un registro de las aceras

En Pinar del Río estuvimos varios días porque lo tomamos como centro de expediciones, así que hemos podido recorrerlo de cabo a rabo, por la zona urbana y el campo.

Es una ciudad pequeña y muy coqueta que tiene Universidad. En Cuba hay universidades en cada pueblo, aunque sean para enseñar gastronomía. Aunque más bien parece un pueblo grande, que debió de tener su época de gloria después de la independencia y en la época de entreguerras, a juzgar por los edificios con las características del modernismo y de art decó que aparecen de vez en cuando, algunos cayéndose, que dan pena. Tiene muchos soportales, esbeltos y preciosos, con columnas de todo tipo, incluso toscanas o eclécticas, con elementos de cualquiera de ellas, si el constructor no era demasiado puntilloso. Pero lo curioso es que lo que más predominan son las columnas griegas, con sus tres órdenes: dóricas, jónicas y corintias. Paseando por sus calles, te puedes encontrar con una columna pintada a dos colores porque le pertenece a dos personas con gustos diferentes, y ver frontones como si del mismo Partenón se tratara, en fachadas neoclásicas. Hasta te puedes hacer una idea de cómo pudo haber sido Atenas en su siglo de Pericles. Pero los soportales no son mediterráneos sino caribeños, y no circundan templos sino edificios hechos para ser vividos.

Debió de haber algún prócer tabaquero de la época de vacas gordas que viajó por Grecia, porque he investigado y no se sabe a qué viene tanto clasicismo arquitectónico.

Como en todos los lugares de Cuba, la antigua Calle Real o Calle Mayor hoy se llama Avenida José Martí, al que en Pinar le han dedicado un monumento nuevo, en una plaza marmórea, llena de escalinatas – no sé si el país está para semejante despilfarro en estos momentos- que estos días aparecía abarrotado de coronas y eslóganes.

Lo de Martí ya se me iba convirtiendo en una obsesión. He visto más de un busto dentro de una terraza. ¿Le rezarán por la noche?

Descubrimos que cerca de casa estaba el Palacio de Comunicaciones, que, como todos los centros oficiales era espléndido, y pensamos que sería más fácil comunicarnos allí por Internet con casa mejor que en La Habana, dónde siempre había colas. También estuvimos en el Palacio de las Bodas, el antiguo casino, elegantísimo, y los funcionarios invitaron a “casarse” a Juan y Susana -otro juego más-, que se lo tomaron muy divertidos pasando por debajo de los arcos de gasas, lazos y flores, e, incluso firmando, con testigos y todo. Solo faltó la música. Nos dijeron que por la tarde tenían una fiesta de quince años y nos enseñó el edificio un muchacho vestido de blanco porque es “santo”.

Como estuvimos varios días en Pinar, aunque pasamos parte de ellos de excursión, nos dio tiempo a explorar sitios tan singulares como las farmacias, completamente decimonónicas, llenas de frascos de Talavera vacíos, lo mismo que la sección de medicinas actuales. Sin embargo la Biblioteca Municipal era una maravilla, llena de historia color sepia, que daba a los libros anteriores a la Revolución el marchamo de incunables. La bibliotecaria, una negra muy amable, nos dejó zascandilear por ella y encontramos, ¡cómo no! la sección propagandística y la infantil, con cuentos muy bonitos.

Pero lo que más nos gustó fue el palacio de Guasch, una majestuosa residencia, básicamente construida en estilo modernista, que ahora es Museo de Ciencias y cuyas azafatas nos indicaron los mejores paladares dónde comer.

En Pinar tenía una casa de veraneo la familia Loynaz, de la que tanto Dulce María como sus hermanos, salieron muy leídos. Se conservan despachos y cuadros con los marcos de caoba tallada, lo mismo que su biblioteca. Allí trabajan lo menos diez personas, que justifican diez minisueldos. Ahora es un centro cultural, tabique por medio de un colegio.

Este colegio es, a su vez, centro de Información Educativa. Nos hicimos muy amigos de los encargados, Mª Elena Rivero Díaz, y Julio Andrés Sánchez. Ambos, muy ortodoxos revolucionarios, nos explicaron con gran orgullo, cómo es gratuita la enseñanza en todos los niveles, y cómo, en el centro se prestan vídeos, y películas españolas a las familias e, incluso, nos mostraron algunos libros de texto, en los que pudimos leer un fragmento de Platero.

Claro que, en Pinar, y en Cuba entera fueron amables y responsables todos menos el de los billetes que cumplía años y nos dejó con el culo al aire. Para qué vamos a andar con bobadas.

En la esquina en la que debíamos dar la vuelta desde nuestra calle al centro había un mostrador hecho en la pared, con un muchacho siempre asomado sin hacer otra cosa que mirar, bajo un rótulo enorme dónde ponía: “PONCHERA”.

                                    

Ya nos habíamos aprendido que teníamos que torcer después del ponchero. Y un día, Juan, se acerca al mulato y le pregunta: ¿Cómo hace usted los ponches?. El chico se le quedó mirando, sin entender la pregunta:

– ¿Qué ponches?, le respondió.

-¿Pues no hace usted ponches?

– No señor: yo poncheo las llantas que se ponchan.

Otro localismo que nos hemos traído de recuerdo, mi Siboney.

 

12- BARACOA

 

¡Hasta aquí hemos llegado, Siboney de mis sueños!

Pero ¿tú de qué vas? “mi amol”.

Mira, querido: ésta si que no te la perdono.

A la hija de mi madre no se le hace esperar tres horas-tres- por muy cubano que seas, para no aparecer nunca.

Tres horas de espera, a pleno sol, dan tiempo para pensar muchas cosas y recapitular tu vida y tus deseos.

¿Merece la pena andar buscándote por entre los cubanos fornidos que dormitan en los soportales? ¿o entre los bien uniformados que abren las puertas de los bancos, mientras en los ordenadores trabajan señoras muy cualificadas? ¿o entre los camareros de pantalón negro que sirven atentamente en los paladares? ¿o entre los pescadores, carniceros, fruteros, taxistas, porteros de hotel, jardineros, albañiles, jugadores de dominó; mirones de pescadores, mirones de carniceros, mirones de fruteros, mirones de taxistas, de porteros de hotel, de jardineros, de albañiles y de jugadores de dominó, o buscadores de wifi que deambulan por la plaza mientras las señoras están ocultas trabajando en casa o en cualquier negocio?

Pues no.

Doy por terminadas mis relaciones, y me da lo mismo que te manifiestes o no te manifiestes. Casi mejor que no.

Me he desenamorado. Eso es todo.

Estoy decepcionada.

Que estar sentada y de pie y a la sombra de un árbol en la plaza de Baracoa, y cambiar de sitio varias veces porque se mueve el sol, preguntando cuándo llegarías a la oficina a ver si podíamos cambiar los billetes para pasar un día más en este bonito pueblo; y que, después de llegar a la desesperación, haya salido una chica de la oficina de al lado- una oficina capitalista, que se dedica a la informática y cuyo dueño me ha comentado que el de Cubatur, como es funcionario, le da igual trabajar o no- para decirme que hoy es tu cumpleaños y tienes permiso de las altas jerarquías para no venir por la tarde, ¡es muy fuerte!

¿Qué te parece?

Le he dicho que eso no es fundamento y me he llenado de rabia.

Mira, guapo: Servidora ha trabajado muchos años y ha cumplido con su horario religiosamente, fuera mi cumpleaños o no.

¿Sabes lo que me dijo la muchacha que me dio la noticia, asegurándome que tenías permiso del Gobierno para faltar a tu trabajo, sin importarle dejar al público a dos velas?

-Esto es Cuba, señora.

Y yo le contesté, de muy mal genio:

-Es la Cuba que tenéis, ¿pero es la que queréis tener?

No contestó. A ella también le parece normal dejar plantado al público.

No me extraña que os comieran la tajada los taínos a los Siboneys, si erais de la misma masa que el funcionario cumpleañero.

Mientras no os deis cuenta del axioma de todo éxito turístico: “El cliente siempre tiene razón”, no vais a ninguna parte. Por muchos Paladares y muchas casa de alquiler y muchos Meliás que montéis en la isla pensando que ello os va a sacar de la pobreza.

Os queda mucho por aprender, querido.

Menos mal que mi amor y desamor hacia ti es exclusivamente literario y no me impidió disfrutar de este bellísimo pueblo, que está en el extremo absoluto de la isla y fue el primer asentamiento que en 1511, fundaron los españoles.

Baracoa hoy es un lugar de turismo con mucho caché. Lástima que, en los últimos años haya sufrido una serie de tornados que me lo están destruyendo. El último fue en octubre pasado y, además de todos los pisos que estaban en primera línea de playa, se llevó todos los tejados.

Llegamos allí después de pasar por la sierra de la Farola, que es muy verde y muy bonita, y nos estaban esperando dos bicitaxis para llevarnos a casa de Tatiana.

Los bicitaxis son una institución en la isla, y un medio de supervivencia para todos aquellos chavales jóvenes, sin demasiadas pretensiones y sin demasiadas luces, que quieren ganar unos pesos con poco esfuerzo. Así se mantienen en forma, ahorrándose gimnasio… Los bicitaxis se mueven con la energía renovable de las piernas del bicitaxista.

Fíjate que, en Bilbao, dónde tenemos mucha fiebre ecologista, ya han comenzado a utilizarse, aunque son más chulos… que ya sabes cómo las gastamos por aquí.  

Tatiana, nuestra anfitriona, nos subió a la terraza donde suele dar el desayuno a sus clientes, bajo un toldo; y ni tiene toldo ni terraza, porque no dan abasto los albañiles para arreglar destrozos. Todo el pueblo está en reconstrucción.

Tatiana es una señora hermosota, con tres hijas también hermosas, en edad de merecer- puede que alguna haya merecido ya, que no pregunté-, que no piensan más que en comer chucherías y ver culebrones.

Los cubanos, y sobre todo, las cubanas, son muy golosos. Pese a la estrechez de sus sueldos, no se ve a nadie con cara de hambre. Claro que deben de comer mucha morralla que les pasará factura con el tiempo, cosa que no parece preocuparles demasiado: para eso tienen la sanidad gratis, oye.

Y, como el marido de Tatiana trabaja para el Gobierno en Santiago, la surte de productos de primera calidad, que no hay en Baracoa.

Nos trajo unos mangos amarillos y pequeños, que no son de esta época, por eso se llaman “mangos furtivos” y nos ofreció para cenar un pargo a la Santa Bárbara – que es una salsa hecha a base de coco, típica de la zona-, que estaba riquísimo. Esta fue la única comida que hicimos en casa, ya que siempre comíamos dónde nos pillara el hambre.

Tatiana no tenía muy seguro de dónde procedía, aunque se apellidaba González, que tampoco da demasiadas pistas, la verdad. Por esta parte hay muchísimos descendientes de canarios, o al menos ellos dicen que sus antepasados vinieron de Canarias. Pero por la historia que contaban algunos, y por la época, como la de que el tatarabuelo- o la tatarabuela- llegó escondido dentro de una cuba, te hace pensar que, desde Canarias llegaron muchos soldados desertores de la guerra de África. Lo de la cuba-guarida parece una leyenda urbana, muy novelesca, porque nos han contado demasiadas versiones. También hemos deducido que a Cuba llegaban muchas muchachas solteras, embarazadas en su pueblo, o ya madres, que huían de su familia o de la maledicencia de la aldea. ¡Pobres! Cuántas historias se podrían escribir de todos aquellos que tuvieron que escapar de casa para salvar la vida… que en España la realidad no era de color de rosa.

Aun no habíamos llegado a nuestro desencuentro, Siboney, porque en Baracoa teníamos programadas 24 horas, y por eso queríamos ampliar la estancia y poder disfrutar de tan bello lugar. Todo esto ocurrió por aquellos billetes que tuvimos que comprar en bloque y de los que no teníamos conciencia del tiempo de estancia en cada lugar.

Apenas nos dio tiempo de rodear el pueblo para contemplar los desastres del malecón y la triste belleza de un barco varado en la bahía. Al otro lado se asomaban chalecitos, como si de una urbanización elegante se tratara. No se veían destrozos, tal vez porque la zona estaba al socaire y no les llegó la tormenta con tanta fuerza.

En este deambular compré un instrumento musical que se llama “clave africana”, hecho con madera de granadillo y suena muy bien. Es una especie de caja china pero en cilíndrico. No sé a quién se lo regalaré o jugaré yo misma con él; que a eso sí que llego, a pesar de mi analfabetismo musical.

La plaza- donde está la oficina de Cubatur- es una de las más hermosas plazas coloniales que hemos visto: tan bien pintada, con su iglesia, su ayuntamiento, colegios, tiendas- lo que haya dentro es un enigma-, palacetes, sus jardines y…su Casa del Chocolate.

Allí caímos. O nos dejamos caer, -¿para qué vamos a andar con paliativos?- a consolarnos después del fracaso con el asunto de los billetes y tomamos un chocolate en un patio delicioso, fresquito, rodeados de leyendas y cuadros acerca del cacao, que se produce mucho por esta zona.

Después de todo, el chocolate es antidepresivo y nos hacía mucha, pero que mucha falta, quitarnos el cabreo producido por el funcionario cumpleañero.

Frente a la iglesia hay un busto de Hatuey, el taíno que les plantó cara a los españoles. Junto a ella se organizaban los actos para celebrar multitudinariamente el 165 aniversario del nacimiento de José Martí.

Y, mira tú por dónde, que nos ha coincidido la estancia en la isla con el 164 aniversario del Padre, el Apóstol, el Espejo de todo cubano revolucionario… Y éste no es un año cualquiera: tenemos caliente el fallecimiento de Fidel. Había que rentabilizar el evento, así que el ambiente estaba impregnado de patriotismo.

El patriotismo salpica toda la vida, todas las paredes, grafitis, pancartas, rótulos… Edificios enteros, con tres o cuatro vigilantes en cada ciudad o el más remoto pueblo, contienen carteles y fotografías del héroe Castro y sus colaboradores, de los acontecimientos señeros en la Revolución, que explican al turista con devoción franciscana.

Martí del que se debó hacer un retrato en vida, en el que aparece muy mal encarado, nos sorprende en cada esquina, mirándonos con cara de vidente poseso de la verdad. Tiene un bigote impresionante, como corresponde a la época, y, sin duda para él y sus coetáneos se debieron fabricar las tazas “bigoteras” que se ven en los museos, para que los muy machos, no se mojaran el mostacho bellido.

Estos días- la fiesta merecía ser larga- la televisión nos ha documentado acerca de procesiones nocturnas de antorchas, como las de El Cid, en Burgos, discursos de próceres, teatros, desfiles escolares con angelitos de siete años vestidos como el Che o con el bigote de Martí o la barba de Fidel, cantando himnos en los que se anuncia que Cuba es solo de los cubanos y que ellos solos se la gestionan. ¿?

Porque la televisión cubana solo tiene dos canales: el que comenta las glorias revolucionarias, pasadas y futuras, y lo perverso que es Trump, culpable, en primer grado de todos sus males, y el canal Sur, que comenta lo buenísimo que es Maduro y lo que le quieren los venezolanos, amén de otras noticias de países íntegros, como Cuba. No hemos pillado el canal de los culebrones. Creo que nos faltaba rodaje con los mandos.

¿Fue un error nuestro comprar los billetes cerrados hasta el final del viaje?

Pues no lo sé: no existe en Cuba una infraestructura que te permita organizarte con flexibilidad. Creo que la avalancha turística sobrepasa al número de autobuses que tienen y no hay posibilidades de ampliar la flota, lo que restringe las oportunidades de movimiento.

Por de pronto, se nos ha quedado a trasmano el santuario de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de la isla, que tiene un negociado muy amplio, ya que los orishas la han convertido en Ochún, y se tiene que encargar de la fecundidad, los embarazos- que no es mi caso, a estas alturas- y de las aguas fluviales, tan escasas y tan turbias. Su color es el amarillo y su flor, el girasol y está ubicado en un paraje muy bello, que se merecía una visita.

Ni siquiera nos hemos acercado a la playa, que está un poco a las afueras y no tiene la arena blanca como la de los cayos ni las aguas turquesa cómo cuándo tú querías lucirte conmigo.

Más te vale esconderte una buena temporada, majo. Que cuando me acuerdo de que me quedé traspuesta al contemplarte de color verdemar y casi me da un stendhal, y luego te has hecho el loco, me pongo mala.

Nos tuvimos que acostar pronto porque al día siguiente había que madrugar. Tatiana nos buscó una casa en La Habana dónde quedarnos por la noche para salir pronto hacia Pinar del Río, ya que no hay combinación directa.

Pero, cómo hay que estar en taquilla una hora antes de la salida, nos enteramos entonces de que la llegada a La Habana era ¡a las 4 de la mañana! y la salida hacia Pinar a las 6, por lo que le di una propina a mi bicitaxista, que todavía merodeaba por allí para que le dijera a Tatiana que anulara la noche de dormida en La Habana. Que dos horas se pasan en la estación, sin problemas… ¡Con la experiencia de esperas que habíamos ido adquiriendo ya!

Me tomé una pastilla para dormir, pero el autobús llevaba aire acondicionado a tope y, por mucha ropa que me puse no entré en calor en toda la noche: me acordaba de una capa que tenía en la maleta colocada en la barriga del autobús.,

Iba yo pensando en tantos matices humanos y sociales como tiene este hermoso y hermano país de Cuba, y me venía a la memoria la imagen de una estatua de bronce, de tamaño natural, colocada en Baracoa, junto al lugar dónde yo desesperaba.

No sé si la habrá hecho el régimen o la oposición, pero tiene factura modernísima. Representa a un mendigo de La Coruña, Vicente Rodríguez, “El Pelú”, 1896, que debió de ser todo un personaje, a juzgar por el recuerdo que dejó; con una frase sublime alrededor, que parece profética: “TENDRÁN MUCHAS INICIATIVAS Y NINGUNA SE LOGRARÁ”

Pues va a ser que sí.

 

11- SANTIAGO

Tras una parada técnica en Holguín, que es la ciudad más industrial de la isla, llegamos en taxi a Santiago, Siboney de mis sueños.

Así de chulos hemos viajado siempre que no nos hacían juego los transportes nacionales. Pensamos alquilar un coche, pero nos dijeron que podíamos tener problemas con la gasolina, por lo que nos pasamos a los taxis, que te dan opción a hablar con el conductor, conocer de primera mano los problemas de la isla, y dónde no tienes que enseñar el pasaporte, como en los autobuses.

Viajar en taxi en Cuba es como entrar en la película de “Regreso al pasado”: los vehículos, todos de modelos ya extinguidos, de marcas como Cadillac, Chysler, Chevrolet por ejemplo, no mantienen del original nada más que la carcasa: el resto ha sido sustituido, bien por el arte del trueque o del apaño, por motor, faros, llantas, tapicería o cristales, de cualquier otro, no digo ya coche, sino cualquier tipo de máquina. Todo en estos automóviles maravillosos es precario: te puedes encontrar con una goma que sostiene el cristal, un cordel o una pinza de ropa que cierra la puerta, un hule de comedor tapizando los asientos… Todo muy ilustrativo del ingenio del cubano.

Por supuesto que no tienen cinturón de seguridad, ya que a la velocidad a la que se rueda, viene a ser como colocársela al carricoche del Milan de Cienfuegos. Tampoco tienen suspensión, por lo que los baches de la carretera, hacen saltar al viajero con gran entusiasmo y algazara.

¡Parecía que estábamos jugando a viajes, en vez de estar viajando! ¿Tú sabes lo bonito que es eso, mi Siboney?

Jugar a viajar es mucho más interesante que viajar.

Es como un ensoñamiento en el que no pican los mosquitos, ni crujen los muelles de los colchones, y es divertido que se apague y encienda el frigorífico junto a la cama, y sorprendente que el agua de la ducha una veces salga fría y otras quemando, y una aventura si tienes que echar el papel higiénico en el contenedor porque se atasca el inodoro o que no encuentres café en una cafetería,… ¡y te piensas que eres la Marilín Monroe en un descapotable!

La única diferencia es que, al final sí llegas a la meta. Tarde… pero llegas.

¡Huy!… Los camiones son mucho peores que los taxis: funcionan yo creo que con gasógeno, a juzgar por el humo que expulsan; y como tienen el motor obsoleto, desprenden tal cantidad de morralla que, aun habiendo tan pocos vehículos, se puede perecer de contaminación.

¿Y los autobuses urbanos que recogen a la gente para ir al trabajo? Aparte del motor, que es como el de los camiones, el formato es completamente militar, porque proceden de la época rusa, con ventanas pequeñas y altas, que, desde fuera, dan la impresión de llevar a la gente a un campo de concentración. Es de suponer que tengan aire acondicionado.

El taxista que nos recogió en Holguín, era un tipo majo: un negro de 28 años, muy orgulloso de llamarse Julio César y apellidarse Fernández, que dijo ser economista, y nos fue comentando durante el trayecto los problemas de la gente de su generación, que solo piensa en irse del país, o lo de los militares, a los que les hacen gerentes de una empresa, de la que no entienden nada, para redondear la pensión.

Eso me suena, mira. Como que la idea no es novedosa. Y por otros lares también premian a algún expresidente o ministro al que hay que jubilar de repente, con altos cargos, sepan o no del tema.

El caso es que, charlando, y con una paradita en el camino, llegamos a Santiago que es, en estos momentos, lugar de culto, a dónde van los fieles devotos de san Fidel, A lo mejor se pone de moda en Cuba hacer “El Camino de Santiago”, para visitar la tumba del Comandante. Aunque mucho me temo que aquí, pocos conseguirán la Compostelana cubana, porque nadie se hace mil km. a pie, que viene a ser lo que mide la isla de extremo a extremo: andar no es lo suyo.

La ciudad mantiene el señorío de haber sido la primera capital y tiene pujos de gran urbe. No me extraña que mantenga celos con La Habana, que llegó a serlo porque su ubicación la hacía menos propicia a las algaradas de los piratas y los filibusteros que asolaban estas costas del Caribe.

La Plaza de fue De Armas, es ahora el Parque Céspedes.

Céspedes viene a ser a Santiago lo que Agramonte a Camagüey: el superhéroe local, que liberó a sus esclavos en 1868, como reza en su monumento. Y su jardín disfruta de zona Wifi, que no deja de ser el altar a la modernidad, del que, el padre Gobierno, no quiere privar a sus amados hijos.

Carlos Manuel Céspedes es otro de los Padres de la Patria.

Es tanta la cantidad de padres que tiene Cuba, que hemos de pensar, en términos actuales, que su nacimiento fue in vitro y subrogado.

Consideremos que los espermatozoides los tomaron respectivamente del Agramonte, criollo contestatario; el Céspedes, que dio libertad a sus esclavos, el Maceo, mulato y militar, el José Martí, poeta, para darle un toque lírico a la nueva nación; sacaron de cada uno unos ADN aleatoriamente, los metieron en una probeta, los batieron bien, y los introdujeron en un óvulo hispano irrefutable… en el vientre de alquiler de Estados Unidos, que parió en el Tratado de París el 10 de diciembre de 1898, con la madre España hundida en la vergüenza, sin presencia de ninguno de los padres… y que decidió quedarse con la criatura, aunque no fuera suya legalmente.

¿Cómo te has sentido, Siboney de mis sueños, sufriendo tanta filiación?

Ya nadie se acuerda de aquello. La Cuba de hoy nació en Sierra Maestra, que está a la vuelta de la esquina, tanto en el tiempo como en el espacio. En Santiago solo se recuerda a Céspedes, frente a la catedral, pintada de gris, que luce con mucha gracia, sin ningún atractivo especial, después de saqueos y arreglos, en su bella plaza, con la casa de Diego Velázquez en un lateral.

Es curiosa la casa de Velázquez, muy restaurada, que te remonta a los primeros años de la conquista, y a las rivalidades entre Velázquez, Cortés, Alvarado, y toda la pequeña cuadrilla que, conquistó un continente, con más arrojo que conocimientos.

No de debe juzgar desde nuestra perspectiva de hoy lo que pasó entonces: allí quisiera haber visto yo a todos aquellos que se rasgan las vestiduras lamentando los estropicios que se cometieron.

En Santiago nos alojamos en casa de Mariele y Rolando, dónde ya había otros turistas, en la calle del General Lacret. A nosotros nos subieron a las alturas, a través de una escalera con una barandilla formada por cariátides tetudas, muy en la línea estética del Caribe.

En la habitación teníamos televisión, Junto a ella hay una terraza previa donde escribir y colgar ropa, que se seca enseguida. Desde la terraza se oía el canto de las gallinas y enfrente, asoma un limonero.

Mariele nos dijo que dónde ella puede conseguir dinero es en el desayuno, que es cuándo es posible escaquearle al gobierno algo de los impuestos. Así que decidimos hacerlo en casa, e hicimos bien porque el desayuno fue espléndido en la terraza, con fruta bomba, piña, plátano, café, pan con mantequilla, tortilla y escasa leche.

Después de desayunar, aprovechando la fresca, fuimos paseando al cementerio de santa Ifigenia, a visitar la tumba de Fidel.

Nadie entendía que pretendiéramos ir andando, ¡cuándo lo menos está a tres km.! distancia que ningún cubano de pro es capaz de caminar de una pieza sin desfallecer. ¡Cómo para acercarse, andando desde María la Gorda, en el otro extremo de la isla!

Daba gusto pasear una vez que se dejó la población por una carretera bordeada de buganvillas de infinitos colores y muy bien cuidadas. Mientras andábamos nos adelantaban muchos autobuses de Viazul o guaguas locales, que transportaban a los cofrades de la Revolución.

Cuando llegamos, pensábamos que aquello era Lourdes, por lo menos, a juzgar por el recogimiento de tanta gente, de todas las edades que, previamente, habían comprado una rosa para dejársela al Comandante.

He de confesar que nosotros en vez de flor llevábamos la cámara de fotos para dar fe del acontecimiento y dejar constancia de que había personas que, verdaderamente lloraban porque aun está muy reciente la desaparición del Padre.

Policías especializados nos colocaban en fila, tras preguntarnos de dónde éramos y pasamos, con el debido respeto delante de la piedra que guarda las cenizas del último héroe.

Detrás de ella se encuentra el mausoleo a José Martí, el Ápóstol, ante el que, cada media hora se rinden armas mientras se escuchan los acordes del himno nacional. Como todo el mundo esperamos el militar acontecimiento con la solemnidad requerida, y después nos dedicamos a echarle un vistazo a la parte visitable del cementerio: la dedicada a los hijos próceres.

Encontramos un panteón de un Bacardí, ¿te suena el nombre del ron, mi Siboney?, que tiene un museo precioso en el centro de Santiago y era dueño de media ciudad; pero también era masón declarado, lo que queda bien explícito en la tumba, con el triángulo y el compás. En Cuba no se esconde el ser masón, como en España.

Y, Juan, un poco cansado, se apoyó en un panteón… cuando se le echaron encima tres furias que parecían tan tranquilas, sentadas en un banco, mientras hacían ganchillo, diciéndole que estaba profanando una tumba y le iban a denunciar. El mi pobre, se quedó helado, pero reaccionó como un rayo, en cuanto vio que el enterrado se apellidaba Villar también … y les dijo que era un descendiente del difunto, con lo que dejó, esta vez sí, ¡pétreas!, a las tres viejas corrupias.

¿A que es muy buena la aventura del antepasado?

Pues en éstas estábamos, cuando apareció en bicicleta y sudando Rolando, el anfitrión, que es médico, para pedirnos que fuéramos pronto a pagar porque ya le habían ido los inspectores a cobrarle el 75% que se lleva el gobierno por los clientes.

Lo del control del turista es terrible: te fichan nada más llegar y en cualquier momento te puede localizar la policía, que conoce tu recorrido día por día.

Cuando ya estuvimos en casa, Rolando se lamentaba de que se sentía explotado por el Gobierno, que le había tenido en Angola 7 años, tras prometerle que le concederían un coche; él hizo un arreglillo en la casa a modo de garaje …y el coche aun no ha llegado.

Supimos entonces que el gran negocio de Cuba es la exportación de médicos a países afines. El Estado cobra al país necesitado 3000 $ por médico al mes, al que le mete en una libreta 800, quedándose el resto … pero los 800 $ no se los da de inmediato al trabajador, sino que le paga solamente su sueldo cubano, que oscila entre los 30 y 45 $ , y el dinero de la dieta se lo guarda en una cartilla, que solamente le entrega al final del contrato… por si se escapa y no vuelve.

Rolando resultaba un decepcionado del sistema, mientras que Mariele seguía de luto por Fidel… Matrimonio dividido por la política, como en las mejores familias.

¿En qué bando estás tú, Siboney de mis sueños?

Te anduve buscando por el barrio del Tívoli, oficialmente marginal, donde casi todos sus habitantes son negros procedentes de Haití. Aunque bien sé que tú no podías ser negro, ya que viviste en la isla antes, incluso que los taínos, y mucho antes de que la descubrieran los españoles. Pero yo esperaba encontrarte en cualquier esquina, después de que te cantara Lecuona.

No te manifestabas.

Tívoli está en cuesta, con las casas pintadas, y pañales de algodón secándose en las terrazas, a las que asomaban algunas viejas, que nos miraban curiosas desde su mecedora. En las aceras, grupos de muchachos jugaban al ajedrez o al dominó, que es el juego nacional. Lo malo es que eran horas de trabajo, lo que indica que eso no iba con ellos.

Nos sorprendían la limpieza de las calles aun en estos barrios tan humildes, hasta que alguien nos comentó que los presos las barren todos los días. Y que ni se les ocurre escaparse, por la cuenta que les tiene.

¿Te das cuenta, “mi amol” del invento?

Es porque no tienen dinero para comprar máquinas barredoras. ¿Ves? Todo tiene su parte buena.…¡Lo bien que lo pasaríamos aquí viendo a los Bárcenas con la escoba y el recogedor de basuras! Creo que, socialmente, y para el ciudadano normal, sería un alivio.

Por Tívoli íbamos cuesta arriba, buscando una iglesia, que dominaba la montaña, y que resultó ser el seminario, dónde hay unos 10 seminaristas adultos. Nos atendió el rector, Rafael, que es de Cartagena, Murcia, y nos comentó cómo, para que todos los estudiantes acudieran en masa a los funerales del Comandante, pusieron wifi gratis en la plaza y pasaron lista. No faltó, ninguno, porque se jugaban la carrera. Tampoco faltó él, que aprovechó para ponerse al día con la familia.

En la cuesta encontramos un pescador que arreglaba sus redes y se lamentaba de que siendo Cuba una isla, no hubiera flota pesquera, cosa incomprensible, sino cuatro barquillos de mala muerte, como el suyo.

Desde el seminario, se domina toda la ciudad, lo mismo que desde el Balcón de Velázquez y el Museo de la Lucha Clandestina, sito en una bellísima casa colonial, con una balconada de madera muy elegante, delante del que pasaban cuadrillas de chiquillos uniformados porque salían de clase.

Es curioso cómo resuelven en Santiago los desniveles que surgen en algunas puertas cuando se baja el nivel de la calle, que, en la mayoría del mundo, se solucionan colocando unas escaleras sobre la acera, fastidiando la regularidad de ésta. Pues allí, se hacen las escaleras dentro del dintel, paralelas a la acera, sin interferir en ella; incluso, si hay muchas se colocan barandillas. De esta manera se fastidia el inquilino y no el paseante.

Cada etapa de la escolaridad lleva un uniforme de diferente color: amarillo, granate o azul, y un pañuelo al cuello, que indica el curso.

No llevaban cartera.

¿Será que no hacen deberes? Otro invento del que hay que aprender.

Al bajar al centro y descansar en un parque, entramos en conversación con un tal Vladimir Couso, casado con una Aliska. Por el nombre, dedujimos que nacieron en la época del “matrimonio ruso-cubano”, cosa que ellos corroboraron.

Los nombres son otra fuente de información: como en todas partes hay modas, pero la de la de Iris, Yamila, Anay, Idania, Odalis, Irela, Yanko, Daylen, Edward, Renier, Lysbet, Dayron, etc. es lo más de lo más. No sé de qué santoral lo sacan. De vez en cuando te encuentras con un Antonio o Teresa y parece una antigualla.

El tal Vladimir, de ascendencia gallega, se está sacando la nacionalidad española, más contento que unas pascuas, porque un señorito andaluz, que anda liado con una mulata y él le propicia los encuentros, le ha prometido casa y 600 € mensuales por cuidarle los cerdos de una dehesa en medio del campo. El mi pobre no sabe lo que le va a estrujar el andaluz y que ningún español quiere ese trabajo, que a él le parece un negocio. Que le vaya bien.

Pero el personaje más curioso que hemos conocido en todo el viaje ha sido Nereida Echevarría Portuondo, una negra azabache, encantadora, mayor, que nos invitó a conocer su casa, de la que estaba muy orgullosa, ya que se la cedía el Estado y por la que no tenía que pagar nada.

La “casa” era una habitación de no más 10 m2., que se abría con candado, en la que vivía con su marido y formaba parte de un edificio con ocho alojamientos similares. Dentro se encontraban todas sus pertenencias: a la izquierda de la puerta había una cama con dosel y cortina de colores, que no vimos cómo estaba pero, entre lo que se veía fuera del cortinaje, había un ventilador, una mesa camilla, platos y vasos, un cuadro del Sagrado Corazón, ropa colgada de un perchero rústico, un baúl, muchas cajas, flores de plástico, etc. … y dos mecedoras frente al televisor. La cocina y el baño estaban en el patio y eran comunitarios. Me recordó a las corralas del siglo de Oro.

La Nereida estaba tan contenta por vivir allí, pero, como la casa no era suya, ¿para qué darle una manita de encalado? Total, se la habían cedido en tiempos de la Revolución, o sea, anteayer. Que la encale el Estado, oye.

A nosotros se nos cayó el alma a los pies, máxime después de hablar con otros habitantes de edificio, algunos con niños, y viviendo tan hacinados como antes de Fidel.

Llegamos hasta el malecón, dónde había atracado un crucero y enfrente se encontraba un supermercado para turistas con mucho producto de tabaco, ron, y cosas típicas a precios baratos. Nosotros solo compramos agua. Debemos de ser unos bichos raros.

Tan raritos que, en vez de quedarnos junto a la música, lo hicimos en los Jardines de la Alameda, frente al mar.

Se sentó junto a mí un negro muy elegante ,y me comentó que era vigilante nocturno y vivía en la isla de enfrente, con su mamá, donde está el castillo, a la que volvía después del trabajo, y me propuso una salida en barquito a la isla con comida y vuelta a las 5. Le miré de perfil y me dije: ¡Otro, al que le han dejado por vago!

El tío quería ligar y no le sentó nada bien cuándo le comenté que iba con unos amigos, que también entraban en el lote. De todas formas, parlamenté con los Villar y no nos convenía el viaje porque la vuelta se nos hacía demasiado tarde.

Mientras descansábamos pudimos observar cómo había nueve personas -nueve- sembrando media docena de plantones de buganvillas: uno cava, otro coge el plantón, otro lo coloca, otro lo cubre de tierra… los demás vigilan. (Éste fue al monte, éste encontró un huevo…. ) La jefa, de uniforme, también negra, me dijo que los traen de un vivero del Estado. No dejaba de controlar el buen hacer de los jardineros, de los que se debía de sentir satisfechísima, a juzgar por su expresión.

Doy fe de que las plantas quedaron sembradas. En toda Cuba la gente respeta mucho los jardines y cuida la estética del entorno. Va con ellos.

Frente a nosotros, el crucero. Y frente al crucero, el Club Náutico donde comimos. Comida lamentable: ensalada sin aliño y pizza de camarones. No había postres. A pesar del mal servicio, pedimos unos daiquiris porque el lugar era magnífico, con sombra, brisa y el Caribe al fondo.

El de la bahía no era tu color verdemar, mi Siboney.

Ya, con el sol un poco más bajo, volvimos al centro a ver el museo Bacardí, que ya estaba cerrado.

Nos pasamos entonces a otro museo más literario. Se trataba de la casa del poeta nacional: José Mª Heredia Heredia -¿mira tú que hubiera sido pariente de mi abuela, Flor Heredia?-, reivindicado por José Martí. Encontramos un cuadro romántico, que la guía no conocía y que Juan le aclaró que representa clarísimamente a Colón explicando sus planes a Isabel La Católica.

Tuvimos que irnos enseguida porque en Cuba son enormemente estricto en la horas de cerrar, ya que todos los empleados son funcionarios y no le regalan ni un minuto de su tiempo al padre Gobierno, que paga, pero paga poco.

Te busqué en La Casa de la Trova, dónde todo el día se puede ir a tocar y cantar… y no te encontré, “mi amol”.

Sin embargo, frente al edificio Bacardí que tiene una fachada espléndida, tocaban, ¡sin altavoces! y muy bien, un grupo que se llamaba “Jubilados del Caribe”.

¿Sabes? Me atreví a pedirles que tocaran tu canción.

Me sentí en el cielo, Siboney de mis sueños.

Los “Jubilados del Caribe” sí que te cantaron con canto de cristal.

 

 

 

 

10-CAMAGÜEY

¿Te habías enterado, Siboney, de que el impresentable de Fernando VII, fue el que le dio el título de ciudad a Camagüey? Justamente cuando los cubanos le estaban haciendo la cusca, por lo bajinis.

Que ya tiene chiste la cosa.

Lo que es la vida, “mi amol”: el rey más repulsivo de toda la lista española desde don Pelayo para acá, es tan venerado en Cuba, que hasta le tienen envuelta en celofanes una estatua en La Habana para hacerle un pedestal y monumentarle en cuantito la reparen.

¿Ves tú cómo no existe la verdad absoluta?

Esas filosofías son las que se aprenden en los viajes. Claro que hay que estar al loro, e investigar el porqué de cada una.

Y a mí me gusta investigar.

Por ejemplo, he descubierto de que, además de mi respetada Gertrudis Gómez de Avellaneda, la autora de Sab, el primer libro contra la esclavitud, anterior a “La cabaña del tío Tom”, cuya casa está tabique por medio de aquella en que nos alojábamos, hubo en esta ciudad otras mujeres de rompe y rasga, como Ana Betancourt, que luchó por la emancipación de la mujer, a la que consideraba tan esclava como al negro. Ana fue una criolla revolucionaria en la época de la Independencia, que se echó a la guerra con su marido, el general Mora, de la cuadrilla de Agramonte, el gran héroe de la ciudad.

Agramonte es el no va más de Camagüey: Parece que hubiera sido el criollo señorito que tiene todo de todo, y está dispuesto a plantarle cara a la Metrópoli.

Y lo debió de ser, ya que lo primero que te enseñan allí es su casa, su museo, su plaza, su estatua… Hasta la negra que nos arregló los viajes, era una Agramonte. Nos aclaró que los esclavos llevaban el apellido del amo. Con estas mismas palabras.

¡Qué digna me pareció, la Agramonte, al recordar su origen esclavo!

Eso significa que en Cuba se ha pasado página y, al menos oficialmente, se ha conseguido la igualdad tanto en color como en sexo.

Digo “oficialmente” porque, en la realidad hay mucho que mejorar, como nos dijo una negra, en Baracoa, que ella había nacido “tornatrás” en una familia de blancos y se sentía discriminada por sus mismos hermanos… Y el muchacho con el que comimos Mía y yo nos aseguró que su madre lo echaba de casa si aparecía con una novia negra…

El caso es que nosotros estuvimos la mar de bien en esta ciudad, que es la tercera del país, en casa de Sara.

Sara es una abuela, grandota, que vive en el centro, en una típica casa colonial, decorada de lo más kitch, con cortinas como de Las Mil y una Noches, con dos o tres portales consecutivos, separados por arcos, que terminan en un patio, que ahora han empequeñecido para hacer habitaciones para turistas. Tiene muebles de muy buena calidad, tapizados y todo; con su pañito de ganchillo para no manchar el borde con la cabeza. Guarda la moto en el portal, como si de otro mueble se tratara.

Nos tenía preparada una habitación en la entrada, con su baño, su televisión , lo que también fue un hallazgo, ya que nos hemos puesto al día de los programas con los que el gobierno castiga/instruye al pueblo. Y su frigorífico, de los que hacen bien de ruido, colocado al lado de mi cama. Así que pasé una noche toledana con el frigo junto a mi cabeza que se enchufaba y apagaba cada poco.

En todas las esquinas se encuentran anuncios de gente que compra frigoríficos, yo creo que son para los turistas. Sobre todo porque hay que tener agua fresca en los meses calurosos.

A la noche siguiente dormí con la cabeza en los pies de la cama.

La casa tenía mucho más caché que la de Gertrudis, que parecía deshabitada. No sé si le pertenecería a la familia de Sara antes de Fidel o se la dieron después de la Revolución.

Porque les he pillado en noticias contradictorias: como que uno de sus hijos, que vive en Florida, vino en Navidad. ¿Pero no está prohibido? ¿Quién es esta gente que se puede conseguir estos permisos?. Sara había sido empleada en la oficina del estado, lo que le hacía tener muchas influencias.

Lo mismo son gerifaltes del gobierno. Vete tú a saber. Hay que tener mucho cuidado con lo que se dice en este país, no sea que estés en la casa de un policía, y la armes. O de algún vigilante de barrio, que en todos los hay- figura en su puerta- y son los encargados de llevar los chismes de los vecinos al gobierno.

Los chismes políticos, se entiende: como que Fulanito lee tal autor antisistema, o que se ha entrevistado con un turista sospechoso, o cosas así. Porque, si según rumorean, todo el país está lleno de policías y militares, y no hemos visto ninguno suelto. En algún sitio tienen que estar. Digo yo.

En la casa de Sara, como en la de Judit de Cienfuegos, que son grandes y antiguas, con enormes portales de baldosa, tuvimos ocasión de aprender la manera de fregar que tienen las cubanas- allí, lo de fregar el suelo entra todavía en el negociado femenino-, que es incomprensible en un país donde escasea el agua.

Fíjate que en Camagüey hay más de 16.000 tinajones, que se hicieron, a la manera española, de más de un metro cúbico cada uno, para recoger el agua de lluvia porque, en época de sequía no había manera de tenerla. La tinaja es el símbolo de la ciudad. Hay tinajas en todas las esquinas.

Pues en un sitio sin agua, cogen un cubo- ¿puedo decir una herrada, como mi abuela?-, la desparraman con salero por entre los muebles, que previamente están colocados sobre unos taquitos para que no se estropeen, echan un trapo, colocan un palo en forma de T invertida, como antiguamente se hacía en los hospitales y recogen el agua. Aún no se ha importado la fregona, que es invento español. El día que se pueda hacer, menudo negocio.

Pues, no te exagero, pero se gastan media docena de baldes en la labor… y a veces lo hacen por la mañana y por la tarde, para refrescar. Luego se lamentan de que, en época de sequía solo les dan dos horas de agua. ¿Y cómo friegan entonces?

Porque, eso sí: los cubanos son limpios como los chorros del oro. Tanto en su persona como en sus cosas. No se ven más que tenderetes de ropa lavada en todas las terrazas y balcones, aunque estén enfrente del mismísimo Capitolio.

Yo les decía que son pobres y gastan como si fueran ricos. Despilfarran el agua y la luz, porque apenas les cuesta. No conocen lo que es el reciclado ni el ahorro. Creo que también es barata esa Internet o Ethernet doméstica que disfrutan, para poder venderles a los chavales esos móviles chinos. Los chinos son sus nuevos proveedores, parece.

Visitados los museos, que te dejan estupefacta del nivelón que tenían los pobrecitos criollos, dónde abundan filtros de agua, empotrados en muebles elegantísimos de la época colonial; y paseadas las calles quedándote atónita ante los enrejados de las puertas y ventanas, tan blancas entre los muros de colores vivísimos, lo primero que quisimos solucionar fue el asunto de los billetes, no nos quedáramos colgados como en La Habana. Así que nos fuimos hasta el Hotel Central, dónde habíamos desayunado de maravilla, porque había allí una oficina de Cubatur, una agencia de viajes.

Llegó una negra guapísima y bien colocada, de las de las uñas largas, la Yamila Agramonte, que nos atendió muy bien. Llamó a miles de sitios y anuló varias posibilidades porque no había billetes a dónde y/o cuándo queríamos.

Después de estar media mañana con ella, ya salimos con todos los billetes hasta el final del viaje, sin haber controlado demasiado los tiempos de estancia en cada sitio. Menos mal. Porque el asunto de los desplazamientos está muy chungo y no habíamos ido para pasar una jornada cada día, en solucionar el próximo traslado.

Ya era hora de comer, y después del desayunazo, lo que hicimos fue irnos a pecar a la Casa del Chocolate, y echarnos una siestecita hasta la hora de la cena- comida para ellos- a las 5 de la tarde.

En Camagüey tienen un muy alto nivel cultural y una enorme afición al cine. Hay una calle llena de cines con nombres tan evocadores como “Casablanca”, “La Isla del Tesoro”, “Cine club”… y con muchas tiendas dedicadas al tema. Lo que no sé es qué películas pondrán.

También proliferan las salas de arte. Realmente hay muchas en todo el país. Entramos en una de ellas, que se llama “Larios” y nos enrollamos con uno de los escultores que estaba trabajando allí; un tal Gregorio- no me acuerdo del apellido-, que talla en madera verdaderas maravillas, tipo Gargallo, con muchos vacíos, realmente hermosas, de maderas riquísimas, de las que nos dio una conferencia .

Juan se enamoró de dos y se las compró. Parece que no las firman por cuestiones de exportación. Yo me salí a descansar a otra sala, mientras ellos hacían el negocio, y allí me abordó la vigilante que dijo llamarse Hosanna- que ya es nombrecito-, una chavala elegantísima y con ropa de marca.

La tal Hosanna, muy mona, con los ojos tatuados de negro, a modo de sombra y luego una raya blanca por encima, que debe de estar de moda ahora por allí-¡Vamos: no me meten mano a mí en los ojos, ni loca!- me dijo que era médica, que tenía 32 años, dos niños y que, ya que había obedecido a sus papás haciendo la carrera que ellos querían, ahora pensaba dedicarse al arte. Era su primer día en la galería. Su primer día de hacer lo que le gustaba. Estaba como en trance, de pura emoción.

También me dijo que yo era joven y hermosa, que no había motivos para no ser feliz- yo creo que me vio cansada y lo atribuyó a tristeza-, que la vida es bella… y una retahíla de frases tópicas, que casi me pareció una reencarnación de la Yemayá. Era de la familia de los Larios, o sea, de buena cuna. Se le notaba.

A la vuelta a casa, cargados los Villar, cada uno con una escultura en su mochila, íbamos con los ojos mirando al suelo, con mucho cuidado, porque en casi todas las aceras de Cuba, han robado los registros de las alcantarillas, de todos los calibres, y puedes ser abducida por una de ellas, o romperte una pierna, mismamente. No entiendo cómo no hemos tenido ni un tropiezo en tanto tiempo y entre tantos agujeros.

Loado sea Dios.

En Camagüey también hay un Boulevard, peatonal, como en Cienfuegos, que es lugar de encuentro y tiendas. Para llegar a él tenemos que pasar por un hotel que se llama “La Avellaneda”, que tiene un patio colonial precioso y está presidido por un retrato de doña Gertrudis, en sus buenos tiempos      

En el Boulevard, con su wifi, se está relativamente fresquito. Allí se encuentra el Corte Inglés local, que se llama “Almacenes el Encanto”, donde entramos a curiosear y nos dio mucha pena de ver ropa pasada de moda y muchos juguetes, de los de Todoacien. No hay una sola tienda con un poco de clase… Supongo que por Varadero sí las habrá.

Y estas ciudades son más coquetas que la misma Habana, precisamente por provincianas, dónde se conocen todos y quieren emularse continuamente. Incluso, da la sensación de que se vive con menos precariedad que en la capital.

Como nos cayó un domingo, me dediqué a mi afición de visitar iglesias, como si fueran monumentos de un jueves santo.

Me detuve un momento en una protestante- no sé de que marca-, dónde dirigía el culto una mulata con micrófono, que decía cosas muy bonitas de Dios, delante de una fila de personas, que le hacía el coro, con una mano en alto, como si estuvieran jurando la Constitución. Luego comenzaron los cantos y a moverse al compás y me salí porque había demasiada gente y apenas se podía respirar. Desde luego, que clientela no les falta.

Luego pasé por otra iglesia católica, con menos fieles, pero también con mucha música. Me di cuenta de que en Cuba no ha llegado el feminismo radical a la iglesia y el sacerdote dijo que “esta sangre será derramada por todos vosotros”, sin mencionar a las “vosotras”. Aquí, puede que le echaran el alto.

Luego me senté en un banco de una plaza, mientras los Villar hacían acopio de visitas y me dediqué a observar a la gente que paseaba con calma cubana y relajada.

Delante de mí cruzaban muchas personas llevando tartas cubiertas de merengue y colorines. También con varias bandejas de huevos ¡blancos!, como los de mi niñez. Deben de ser muy baratos, pero no hemos encontrado ninguna granja avícola. Y tampoco sé qué les pueden echar de comer a los bichos, si la comida para las personas es tan escasa. En Cuba son muy golosos, cosa natural, ya que su modus vivendi ha sido, históricamente el azúcar.

Casi todos son negros. En Camagüey lo son el 50% y esta proporción se mantiene hasta Santiago, ya que por aquí se quedaron un lote enorme de haitianos, que vinieron en una estampida política.

Pasó un tipo chuleando con una moto lamentable y pienso en el día en que estos chicos puedan manejar una Harley Davidson: o les da u infarto o se vuelven locos. Mientras pensaba esto cruzó delante de mí una remesa de canadienses cincuentones emparejados en las bicitaxis, disfrutando como niños.

¿Ves? … Si lo que atrae es lo diferente. No hay que darle vueltas, “mi amol”.

Antes de dejar Camagüey, volvimos a la casa de Sara, tan fresquita, tan señorial, dónde daba gusto leer sentadas en las mecedoras tapizadas de rojo, con su pañito blanco.

Salimos hacia la estación de autobuses a las 14,30, porque hay que validar el billete una hora antes, que ya tiene chiste la cosa, porque son nominales. Esta vez no íbamos en Viazul sino en otra empresa más elegante: Transgaviota, que lleva guía uniformada, como requieren los cánones, y todo.

La estación de autobuses es un sotechado con tejado de palma, muy en plan típico, con una barra en un rincón en la que se podía disfrutar de música a multidecibelios con el oído izquierdo y, con un poco de suerte, de la televisión a todo volumen, con el derecho. Era cuestión de encontrar el sitio oportuno.

Con las maletas y las mochilas, decidimos salir a pasear por parejas, o a nuestro aire, para cuidar el equipaje. Quien se quedaba leía o dibujaba

Juan, muy curtido en viajes, llevaba consigo un cuadernillo de dibujo, en el que pintaba cosas muy interesantes y que también han sido un aliciente, porque se inspiraba mucho con tanto colorín como se encuentra en todo el territorio. Como consiga vender todos, se hace millonario. El problema es que utiliza rotulador. Y en Cuba le ha sido prácticamente imposible encontrar repuesto.

Para empezar, la palabra rotulador tiene múltiples denominaciones, según en qué lugar estés; y se vende, según en que tiendas: papelerías, estancos, ferreterías, librerías, droguerías, almacenes… Parece que el producto no tiene una ubicación sólida. Tampoco era fácil encontrar- ¡cuando se encontraban!- más de dos colores diferentes, lo que nos hacía mirar por todos los sitios posibles, porque, para más inri, andaban medio secos y se agotaban enseguida . Susana, que también se distraía dibujando, decidió el monocolor y lo hacía al bolígrafo. Yo solía tomar apuntes… y me lamento no haber hecho tantas anotaciones como debiera.

Menos mal que en los alrededores de la estación- está en medio del campo- tenían unos arriates de buganvillas, preciosos y, de vez en cuando, podíamos disfrutar de la visión de un burro con carretilla. Como el Transgaviota , en vez de llegar a su hora, las 15, lo hizo a las 17, 45, casi de noche, nos dio tiempo, a los tres a escribir un soneto, con sus catorce versos completos, a seis manos. Puntualidad cubana, Siboney.

Ahí tienes el soneto, “mi amol”. Con catorce versos.

SONETO EN CAMAGÜEY

Yendo a Cuba, no hablemos de la espera
sentada en la estación y acompañados
de cientos de turistas cabreados
dispuestos a tragarse la bandera.
Los ojos puestos en la carretera
donde trotan caballos desahuciados
los viajeros degustan hastiados
copa tras copa de un ron sin solera.
Llegado el autobús, entra la noche
la gente se levanta sorprendida
arrastrando maletas hacia el coche
El conductor, ajeno a la movida,
ignorando motivos de reproche,
cierra la puerta y pide su bebida

22-1-2017

 

9-PLAYA PROHIBIDA

¡Al fin te me has manifestado, Siboney de mis sueños!

Te he reconocido en las aguas verde mar del Caribe…

¡Dios!… Nunca te pude imaginar tan hermoso.

Eres el color más bonito que existe, que se va oscureciendo marineando hasta el horizonte donde marcas una raya oscura que te separa del cielo, que sí es azul.

Tu verde mar no es ni azul ni verde, ni marino verdoso, ni refleja el color del cielo, sin diluirse en él mientras que en la orilla se aclara hasta que revienta en transparente, mezclado con la arena, luciendo brillo de esmeraldas fundidas con turquesas, con irisaciones de alegría y olas que transmutan el sentir de tu alma a la mía, que se percibe húmeda y libre.

¿Cómo no va a salir de mi garganta un canto de cristal, si tus ojos son agua diáfana , Siboney de mis sueños?

Te he encontrado en Cayo Coco y en Cayo Guillermo, junto a la playa del Pilar.

Yo no conocía tu faceta fluida y cromática capaz de envolverte en ese color caribeño, mi Siboney, que es distinto a todos los colores de los mares que había visto en mi vida.

También hemos de reconocer que yo soy más bien de secano y nunca, hasta ahora, me he sentido absorbida por ningún mar.

Hemos llegado a estos cayos en el taxi de Orlando, que ha estado a nuestro servicio todo el día. Orlando es ingeniero químico y tenía otro nivel intelectual diferente al de Deny, el marido de la estudiante de medicina.

Orlando nos contaba cómo la distancia entre los cayos, que son una barrera formada por islas coralinas y la costa es de unos 18 Km . Estas islas, dada su maravillosa ubicación, están programadas con una infraestructura capaz de convertirlas en un centro turístico de primera magnitud, teniendo previstos hotelitos “ecológicos”, que no rompan la armonía estética ni ambiental.

El problema es que no tienen agua potable y que había que construir una carretera para acceder a ellas. Lo de la carretera ya lo “solucionó” Fidel. Solo que, tuvieron un pequeño lapsus, y no se percataron de que no se le pueden poner barreras al mar, que de vez en cuando, se pone furioso y rompe los diques.

Cuando ocurre esto, el gobierno lo soluciona haciendo un ojo de puente o colocando un tubo enorme que haga el servicio de comunicar los dos brazos de mar. En eso estaban cuando pasamos nosotros.

Con tantos ingenieros como hay en el país, ya parece que han aprendido la lección y ahora están haciendo, en otro cayo un puente vulgaris, como los hacían los obsoletos romanos, con sus pilares y sus ojitos, alternativamente. Cuestan más pero, a la larga son más prácticos. Algunos llegan a cumplir dos mil años. No hay datos de que el Castrismo vaya a durar tanto.

En cuanto al agua, todavía tienen mucho trabajo por delante, ya que la llevan de Morón, con harto disgusto de los dueños del manantial, que ven cómo se seca, mientras que ellos, como todos los cubanos tiene que pagar por disfrutar de las playas, que son exclusivamente para turistas y a las que hay que entrar con pasaporte.

Los habitantes de los pueblos solamente tienen permiso para acceder a estos lugares turísticos en calidad de empleados, con su contrato, que es controlado en cada viaje al trabajo. Si van de recreo, hay que pagar.

¿Pagas tú también, que eres canción y eres color verdemar? ¿O surcas airoso por entre los vientos y entre las olas?

Los cubanos, además de no poder usar su territorio alegremente, pagan por cualquier trabajo que les pueda redondear su “pingüe” sueldo: la señora que te da el papel higiénico en los lavabos de cualquier restaurante, la que vende cucuruchos de maní, la camarera de la cafetería

Eso, sin contar el control exhaustivo de las casas que alquilan a turistas, de las que pagan al gobierno el 75% del precio, y que deben llevar un registro que es examinado diariamente.

La Playa del Pilar, se llama así porque Hemingway fondeaba allí su barco mientras escribía “El viejo y el Mar” y Cuba se lo agradeció poniendo a la playa el nombre del barco. Frente a ella están Cayo Guillermo y Cayo Coco, que no lleva ese nombre porque haya cocoteros sino porque es dónde habitan unas aves, endémicas de Cuba, que se llaman “cocos” y se parecen a las gaviotas.

Cuba tiene una fauna volátil riquísima. Me han sorprendido los pelícanos de la bahía de La Habana, los ibis, y las auras, que son unas aves carroñeras, con un vuelo solemne, como el del nuestro buitre. Esos que recuerde; que ya sabes lo que soy yo para los nombres.

También he disfrutado con algún colibrí juguetón. No he encontrado ningún mamífero… y ningún mosquito, pese a que iba bien pertrechada de repelente.

Comimos con Orlando, en un chiringuito de Playa Pilar, unas verduras salteadas riquísimas. En Cuba, las verduras cocinadas se llaman viandas y pueden contener yuca, malanga, boniato, y otras raíces comestibles que no conocía. Mientras comíamos, Orlando nos contó que no podía heredar una casa de su madre porque ya tenía casa y andaba en litigios con el Estado.

Supongo que, al no disponer de una industria conservera nos daban las hortalizas del tiempo, que al ser invierno, eran más restringidas. Por eso apenas vimos aguacates ni mangos, que estaban en floración.

Sí había “fruta bomba”, que es un eufemismo con el que camuflan a la papaya, palabra que tiene connotaciones sexuales, como el verbo coger, aquí proscrito, y que los españoles utilizamos con demasiada alegría. Porque en estas tierras, el sexo solamente es tabú verbalmente… luego, cada quién se las apaña como puede, sin muchos rodeos ni morales ni sociales.

Utilizan poca patata, pero no tienen inconveniente en añadir a un plato de carne o pescado una guarnición de plátano frito, que llaman “mariquitas” amén del arroz con fríjoles, que es obligatorio y se llama arroz moro. Las ensaladas son como las españolas; incluso ofrecen aceite de oliva para el aliño, cosa de agradecer.

Generalmente se cocina muy bien, tanto las carnes, entre las que abunda la oveja, -que llaman cordero-, cerdo, poco vacuno, y pescado.

La mayoría de los restaurantes forman una red del estado y se llama “Paladares”. Suelen estar ubicados en casas coloniales, muy bonitas, y se come por buen precio.

En este sector debe de estar habiendo una pequeña revolución, a cuenta del turismo, porque no actúan siempre de la misma manera. Los hay de todos los tipos: desde aquellos que controlan a los empleados tanto, que éstos, apenas pueden hablar con el cliente , hasta los que admiten que haya colas en la puerta, mientras los camareros cepillan una y otra vez mesas vacías, sin preocuparse de llenarlas con nuevos comensales, ya que les da lo mismo el número que tengan que atender porque su sueldo no va a alterarse y siempre es más cómodo trabajar poco.

En Camagüey caímos frente a un comedor social -1554 PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR se llamaba-, y decidimos no perdernos la aventura, así que, como no teníamos prisa, nos pusimos a la cola en la calle, pero enseguida pasamos al portal y no tardamos mucho tiempo en entrar.

El comedor era un salón espléndido, con manteles de tela, adónde acuden trabajadores. La comida no difiere mucho de la que encuentras en los Paladares, aunque la carta es más restringida. Pedimos viandas, un codillo de cerdo, con cerveza nacional y postre dulce, que nos salió por menos de 2 €, por barba. Si no fuera por estos locales, los cubanos no podrían salir jamás a comer fuera de casa porque una comida, en cualquier otro sitio, equivale a medio mes de sueldo.

En Cuba hay mucha gente que solo puede hacer una comida al día. La comida principal es de 5 a 8 de la tarde, por lo que nosotros tardamos en coger el truquillo y organizamos una dieta muy fluctuante.

Después de comer en Playa Pilar, Susana y yo estuvimos haciendo snorkel en un lugar casi salvaje, Playa Prohibida, más abrupta que las otras, que eran de arena blanca y fina, y donde había un promontorio de piedras de las llamadas de “dientes de perro”, a la que no se puede acceder sin chancletas, de las que ambas íbamos bien provistas. En cuanto encontramos un caminito, con el agua por la cintura, nos adentramos en un vergel marítimo lleno de algas, conchas, caracolas y fósiles preciosos, de los que llenamos las bolsas. Susana, que es mucho más experta- para eso tiene una hija bióloga marina- sacó maravillas. Yo, casi me quedé con los restos que la marea había dejado por la orilla, que contemplo ahora, mientras escribo.

No volvimos a más playas, en plan bañador, que a las del los cayos de Morón. Pero siempre recordaré que en tu mar turquesa, ¿o tú eres el mar?, los flamencos son más hermosos que en ningún otro sitio del mundo, porque su color rosa y tu azul verdoso son complementarios y por ello, verdaderamente armónicos.

¿Lo sabías, Siboney de mis sueños?

 

 

 

8-MORÓN

¿Sabías tú, Siboney, que el “Gallo de Morón”, se refería al Morón de Cuba y no a ninguno de los lugares españoles con ese nombre? Pues aquí lo tienes, bien monumentado.

Morón no estaba previsto en el itinerario. Pero, cuando se lo comenté a una amiga, me dijo que era lugar imprescindible para conocer los cayos más bonitos de Cuba… y que, además, ella tiene un hermano sacerdote allí, Anastasio, al que le encantaría vernos.

Como estoy convencida de que, cuando se trastoca algo es siempre para adentrarse en una aventura sorprendente, acepté su proposición.

Mi amiga me dio unos turrones para su hermano, y me me pidió que le comprara un diamante cortacristales, que el hombre andaba metido en obras, y en Cuba es imposible encontrarlos. Le llevé, además, una colección de bolígrafos, que, también sé que escasean.

De Trinidad a Morón no hay autobuses y cogimos un taxi.

Esta vez nos tocó un taxista medio analfabeto, que no nos dijo que era economista o ingeniero, como la mayoría que tenían buena conversación. Ya se le notaba, ya. Que, a duras penas habría terminado la escolaridad. Se llama Deny y está casado con una niña, preciosa de 17 años, que quiere ser doctora.

El pobre no sabe que su mujercita, cuando sea doctora, le va a mandar a paseo; aunque el taxista, previamente le habrá hecho un par de bebés, que quedarán con mamá.

Es la rueda cubana: matrimonios precoces, niños, y segundo matrimonio más asentado. Algunos hasta hacen doblete, como uno de nuestros caseros que tenía dos hijos de la misma edad, con diferentes esposas: la que se fue y la que llegó.

¡Es que los cubanos sois muy pasionales, Siboney de mis sueños! Pero creo que las cubanas lo son más. De no ser así, no se explica cómo mujeres de un alto nivel profesional aguantan en casa a pánfilos de tan bajo calibre. Que hemos visto muchas. La diferencia intelectual entre ellas y ellos es enorme, a favor de ellas.

Me hizo gracia una negra astuta, un poco mayor, que me comentó que las mujeres cubanas ya no se casaban: “No estamos dispuestas a mantener un “pelele”, me dijo, levantando la cabeza con orgullo.

¿Será por eso por lo que hay tanto cuarentón solitario, sentado en las escaleras de cualquier plaza? El asunto es que no se pueda aclarar, en colectivo, si la abulia de los varones es causa o efecto del hartazgo de las señoras inteligentes.

No se ven cochecitos de niños, ni bebés por las calles. Puede que porque no los haya en el mercado y aun no ha llegado la moda atávica de llevarlos atados al cuerpo con un rebozo, que es lo último entre las parejas modernas aquí. Sí se encuentran muchos chiquillos de uniforme yendo a clase. Cada etapa de la educación tiene un color de uniforme y da gusto verles tan pimpantes y tan guapos.

Para ir desde Trinidad a Morón pasamos de largo por Sancti Spiriti y El Ciego de Ávila, que es la capital de la provincia.

Desde que hicieron las paces entre Cuba y la Iglesia, con Juan Pablo II, en 1998, las relaciones han comenzado a ser , al menos respetuosas y muchos sacerdotes han vuelto a las antiguas parroquias, ya medio destruidas bastantes.

Una de las cosas que hemos echado de menos en La Habana, Cienfuegos o Santiago, que son ciudades grandes, es que no haya edificios de conventos, cuando, en una provincia española, habría uno en cada barrio. Se supone que los hayan reconvertido en otros tantos centros cívicos, al menos, después de que sus habitantes tuvieran que salir con lo puesto.

Se me cayó la cara de vergüenza, cuando me comentaron en una iglesia que andaba en obras, que la ayuda que reciben llega de cristianos de Alemania y Centro Europa. De España, nada.

En este momento parece que hay libertad religiosa, siempre que no interfiera con la Revolución. Me ha sorprendido una sinagoga toda envuelta en alambrada, como si tuvieran a los palestinos al acecho; mientras que las mezquitas, están tan serenas. La Catedral ortodoxa de La Habana es más suntuosa que la católica.

Hablamos con varios sacerdotes, como el de Trinidad, que fue el que nos puso en contacto con el de Morón, ya que no era posible conectar con él. Parece que tienen un una red interna – ¿ethernet?- entre ellos y pudimos avisarle de cuándo llegábamos.

Nos interesaba mucho la opinión de los sacerdotes españoles, con edad y capacidad para ver el asunto cubano desde la distancia y la cercanía a la vez.

Todos están satisfechos de poder atender a tantas personas abandonadas espiritualmente durante muchos años, buenísimas por naturaleza; pero también todos ellos tienen muy poca esperanza de que haya un cambio político e ideológico relativamente pronto.

Es muy loable la relación que mantienen las diferentes religiones, incluso, con los orishas, que se respetan y buscan estrategias para su cometido espiritual y social, que, en fin de cuentas, persigue lo mismo..

Es curioso cómo, entre la gente joven está comenzando una inquietud religiosa, que, sin duda, no tuvieron sus padres, educados en la efervescencia revolucionaria. En una de las casas que nos acogió, el chaval, de 20 años, andaba en noviciado con los evangélicos y la madre estaba preocupada, porque la familia, aunque solo fuera culturalmente, era católica y temían el cambio de chip del chico. La consolé diciendo que el único mensaje que dejó Jesucristo fue el de “amaos los unos a los otros”. Todo lo demás es parafernalia que se ha ido montando cada variante del cristianismo.

Cuando llegamos a Morón, el palentino nos estaba esperando con su sombrero de paja, como un campesino más. Anastasio Calderón es un cura culto, inteligente y sensato que ve los problemas de Cuba con objetividad. Nos contaba sus opiniones mientras nos daba un paseo por las afueras de Morón, que como en todas las afueras se ve mucha miseria.

Nos llevó a visitar un criadero de cocodrilos, que están en extinción y a la Laguna de la Leche, que recibe su nombre por los sedimentos de piedra caliza; luego fuimos hasta un criadero de peces que lo regenta un biólogo titulado y su hijo. Son peces de acuario, de colores, que requieren muchos cuidados. Luego hemos visto la afición que hay en Cuba por las peceras. El biólogo provecha el agua de limpiar los recipientes, abonada por los peces, para regar un huerto, que es una magnífica plantación de todos los productos, tanto autóctonos como mediterráneos. Nos regaló una racimo de plátanos chiquitines pero muy ricos, que fuimos probando según maduraban.

Las explicaciones que nos dio este señor, que ha convertido en un vergel un basurero, comprando el solar al gobierno; lo mismo que un muchacho de Pinar, que tenía una huerta, también comprada, a la que sacaba pingües beneficios cultivando fríjoles, no casa muy bien con las quejas de la mayoría de los campesinos que se lamentan de que el gobierno “presta” pero no vende con derecho a herencia, los terrenos, por lo que a nadie le compensa trabajarlos.

No nos ha dado tiempo a profundizar en el tema, y Dios me libre de defender la dictadura, pero creo que, en gran parte se sostiene a sí misma, gracias al mísero sueldo que paga a los ciudadanos, que lo prefieren, pasando por el aro, a molestarse en labrar el campo, que puede producir lumbago. La mayoría de la gente elige cobrar poco, antes que trabajar algo. Les han dado peces, pero no les han enseñado a pescar.

Calderón nos llevó a la iglesia, muy bonita, y nos dijo que estaban organizando las fiesta de La Candelaria . Y como yo tengo asociadas Candelas con heladas y bufanda, y estábamos en manga corta, no entendía semejante cambio de estación y le solté:

-¡Pero si la Candelaria es en febrero!

-Pues, claro: que está al caer…

Y entonces, ¡y solo entonces! se me hizo realidad toda la teoría acumulada de los libros acerca de las zonas climáticas.

Nos había buscado el “hotel Luna azul” de su amigo Julio, dónde nos acomodamos y dónde estuvimos estupendamente. Julio tiene una esposa, que se llama Iris y una hija que está a punto de cumplir los quince años. Iris anda enferma y es Julio quién lleva el negocio.

El hombre andaba haciendo cuentas, pensando en la fiesta de la quinceañera, que en Cuba es, como en México, una fecha emblemática, con traje largo, ceremonia y baile con papá… como si fuera una boda. La chiquilla les ha pedido a sus padres que, en vez de fiesta, lo que quiere es ir con ellos tres días a un hotel de lujo, supongo que a Varadero. Si hubiera sido chico, pediría una moto, que es el sueño de todo adolescente cubano.

Lo del hotel de lujo nos lo explicaron muy cómicamente María Lupe y Maira Lupe, dos hermanas sesentonas, colaboradoras de la parroquia.

Fuimos a su casa con Julio y ellas nos sacaron un zumo muy rico y nos contaron aventuras divertidísimas.

Parece que algún pariente de Florida, les regaló unos días de hotel de muchas estrellas. Las mis pobres- se quitaban la palabra para contar las aventuras, mientras se caían de risa en sus mecedoras- comenzaron por no saber abrir la puerta de la habitación con la tarjeta, se volvían locas haciendo zapping en el televisor, se ducharon de rodillas porque no sabían abrir la ducha, conectada al grifo de la bañera … y múltiples anécdotas, que nos hicieron reír, sintiéndose unas aldeanas paletas en el palacio de Versalles.

Ellas fueron las que nos aclararon las clases de gentes que hay en Cuba: los DIRIgentes, los TURI gentes y los INDIgentes.

Menos mal que éstos son capaces de conservar el buen humor latino.

Una cosa que comencé a notar con las dos hermanas Lupes, mayores, gordas y en pijama, es lo cuidadísimas dentro de la discreción, que tenían las uñas. Cuidadas y larguísimas.

A medida que me fui adentrando en el país, fui comprobado que las mujeres no solamente pierden la cabeza por llevar uñas imposibles en longitud –yo no podría hacer absolutamente nada con ellas- sino que, además se las adornan con dibujos esmaltados, brillos, estrellas, e incluso, con pedrería. Hay una negocio nacional de manicura- puede que sumergido, en la mayoría de los casos- que mueve millones: desde 3 cuc, en un pueblo hasta 10 o 12 en La Habana por una puesta a punto. -Recordemos que la pensión de un jubilado es de 8 cuc.- Los apaños, de arreglar una uña crecida, son más baratos. También se arreglan las uñas de los pies, porque casi todo el mundo anda con chancletas o sandalias.

He seguido con verdadera fruición el fenómeno ungular y le he pedido a muchas mujeres que me las dejasen fotografiar. Hasta entré en un taller de manicura para hacer un vídeo del trabajo de una obra de arte . Me decían algunas pobres señoras que, ya que no tenían dinero, “al menos vamos a estar guapas”.

Cuando se lo comenté a la última anfitriona que tuvimos, que es neuróloga, me enseñó las suyas, sin pintar siquiera, y cortadas al ras. Me dijo que la longitud de las uñas es inversamente proporcional al nivel cultural. Por eso las orishas las llevan tan escandalosas y con tantas joyas de oro en las manos.

También los hombres , sobre todo los muchachos, tienen a gala unos cortes de pelo que son una virguería. Hay una barbería en cada calle, -creo que porque no abundan las máquinas de afeitar eléctricas-, con muchas sillas a la vez. Por lo que se deduce que las barberías son un pequeño club de barrio. También he hecho foto de cabezas maravillosamente talladas.

A punto estuve de hacer una locura poniéndome unas uñas de silicona bien decoradas, de no haber estado segura de que me convertirían en inútil manual

Pues yo te veo con una miajita de melena, mi Siboney. Ya ves.

 

 

7 – EL VALLE DE LOS INGENIOS

Hasta he subido en el Tren de los Ingenios para buscarte, mi Siboney.

Porque tú también tienes que ser caña, capaz de endulzar espíritus e, incluso, colocarlos con una buena copa de ron.

Para acercarnos hasta una factoría azucarera que hay kilómetros arriba de Trinidad, es necesario tomar el “Tren de los Ingenios”, que es un resto de aquél primitivo que acercaba el azúcar hasta los puertos.

El tren es talmente de la época: unos vagones con barandilla de hierro y máquina de carbón humeante.

A mí se me ocurrió sentarme en el segundo vagón, pensando que el primero sería espantoso por culpa del humo que, indefectiblemente entraba por los laterales, que no ventanas, y lo hice en el “coche restaurante”, ¡dónde iba la música!

Esto de la música es un castigo. Afortunadamente tenía conmigo una señora italiana, muy preparada, que me hizo disfrutar del paisaje explicándome el nombre de algunos árboles que íbamos cruzando.

Yo tengo una cultura forestal bajo mínimos; no como Susana, que se conoce el nombre de todos los vegetales que encuentra y sabe distinguir un flamboyano de una ceiba a la primera de cambio. Menos mal que he aprendido un poco con ella, que buena falta me hacía.

Ahora ya sé distinguir la palma real del cocotero, aunque me hago un poco de lío entre el aguacate, el guayabo, el mango y otros árboles tropicales. También me sé muy bien el plátano. Por cierto, que la flor del plátano la he traído en foto porque me parece impactante.

Me quedé extasiada ante unos cedros del Líbano, enormes, solemnes y majestuosos, que parecían los dueños de la sierra. No me extraña que El Cantar de los Cantares los utilice en sus metáforas: son una bendición de Dios.

El trenecito discurre o deja de discurrir, según sea la cuesta de empinada, por entre paisajes plantados de plátanos y caña, principalmente. Hay mucho terreno baldío dónde pastan algunas vacas. Muy pocas. Luego he sabido que el ganado vacuno es solo del Estado- como casi todo- y no sé cómo no lo trabajan más, porque la leche la tienen que importar en polvo.

Sugiero que se podía sembrar forraje en aquellos campos que, cuando la URSS les compraba toda la producción de azúcar estaban sembrados de caña y ahora se mueren de asco. No entiendo este abandono.

Lo que sí hay son algunas huertecillas, para consumo doméstico, a juzgar por su extensión, dónde contemplé un fenómeno muy curioso: por entre las lechugas triscaban unas cabras a las que les habían colocado una horquilla en el pescuezo para que no pudieran agacharse y comer los brotes recientes, sino a partir de la altura que les permitía el palo de la horquilla. Un invento genial.

Pero me dio pena una cabra que estaba con su cabritillo, que se le acercaba y ella no podía hacerle las carantoñas que le pedía el hijo. Bonito cuento para niños. Algún día se lo escribiré a un nieto.

El Museo del Azúcar, es un ingenio que fue de americanos, ingleses y cuando el dueño era español y producía bien, se lo expropió Fidel: ahora es una reliquia oxidada que sería interesante si alguien la explicara a los turistas.

La azucarera es una fábrica difunta en la que hay lo menos diez guardianes uniformados con aspecto marcial, amén de la cuadrilla que hace el zumo de caña. Las señoras que lo venden, cobran la entrada al museo y los baños también van uniformadas. Supongo que una vez que se marche el tren, se termina su jornada laboral. Cobrarán poco, pero tampoco trabajan en exceso.

Es curioso el fenómeno de los uniformes: la Revolución, no solamente ha intentado cuadricular los cerebros sino que ha uniformado a todo quisque. Cada empresa tiene su uniforme. Creo que les proporciona sensación de equipo y seguridad.

Recuerdo que, después de estar haciendo el bachillerato interna en el colegio de monjas, y usando todos aquellos años un abrigo azul marino, cuando salí al mundo, a los 16, y me compré uno de pata de gallo,- granate y negro, muy discreto-, me sentía expuesta y desamparada. Como que todo el mundo me miraba.

El uniforme uniforma y anula la personalidad de quién lo lleva para asumir la del grupo. Arrancar un burka, por ejemplo, me parece una agresión que llega más allá del efecto político o religioso. Solamente se debe quitar el uniforme del cuerpo, si antes, cada uno se lo ha quitado mentalmente y ha salido del búnker dónde estaba recluído.

Volvimos en el trenecito hasta lo que fue el palacete de los Iznaga,- los de la olla exprés- que fueron los que dieron nombre a la propiedad. Hoy es hotel-restaurante y se conserva la torre, más alta que la Giralda, desde dónde se vigilaba a los esclavos y la campana que daba las noticias y las horas.

No quedan restos de barracones ni nada que explicara la vida que se hacía allí, cuando había vida. Uno de los fallos de este viaje es que no tiene ninguna categoría cultural sino exclusivamente mercantil, para estrujar al turista. Y el turista también se merece que le pongan al corriente de lo que está viendo/pagando.

Lo único que hay es un mercadillo de manteles y delantales bordados con “bordado de Trinidad”, que no es más que un burdo remedo del calado canario, muy tosco, preparado urgentemente para vender al turista ingenuo.

“Hasta los hombres cosen en Trinidad”, me comentó una que dijo llamarse Yané. Me enzarcé a hablar con varias de las señoras que cuidaban su tenderete mientras cosían. Les dije lo maravillosas que son. Que sí lo son, aunque no sepan bordar. Les comenté que era muy bonito y lo hacían muy bien.

Me costaba lo mismo que decirles que trabajaban fatal, porque ese bordado hay que hacerlo con bastidor y la mayoría no lo usaban, por lo que queda hecho un corcuño, como diría mi abuela.

A las norteamericanas, que no han cogido una aguja en su vida, les puede parecer muy étnico, que es como se llama ahora a todo lo que no es mecánico. Y se lo llevan a casa tan contentas, como recuerdo. Luego, pondrán mantel de plástico para comer.

Me parece que me estoy poniendo un poco picajosa con las mis pobres. Algunas me pidieron desde la chaqueta que traía puesta hasta el foulard barato que llevaba. Cada uno hace lo que sabe… y no saben. Ni la plancha era capaz de arreglar los desaguisados.

Me dio tristeza el mercantileo del lugar y la explotación de las pobres personas que allí trabajaban.

Me pareció otra manera de esclavitud.

Al cabo de mucho buscar, me encontré con una bordadora de verdad ¡al fin!, y me hice su amiga. Era encantadora y dulce, pero sus manteles eran más caros que el resto y vendía poco. Le di ánimos para que no cambiara la calidad por la cantidad.

Me dirigió una mirada llena de dulzura.

¿Quién me iba a decir a mí que iba a encontrar el azúcar en el ojo de una aguja?

 

 

 

6-TRINIDAD

Pues en Trinidad no apareciste tampoco, ”mi amol”… Y mira que estaba lleno.

¿O es que hacían tantísimo ruido los músicos que ahogaban mi canto de cristal?

¿Y qué quieres que te diga de esta ciudad?

Eso de que haya que conservar los cantos rodados del siglo XVI, tal cual, sin pasarles, cada cincuenta años, una apisonadora para que se vayan recolocando, lo han superado hasta en mi pueblo, que los tenía iguales. Es muy típico, pero demasiado incómodo.

Claro que, si es condición sine qua non te concedan el premio de Patrimonio de la Humanidad, dejémoslo estar.

Esto iba yo pensando cuando, al salir de la estación, y con mi maleta recién estrenada, me vi que me volvía a quedar sin ruedas con semejante pavimento.

Menos mal que llegó la Damari, con mucho remango, y me la cogió aúpas hasta que llegamos a la casa, que está muy cerca del centro: es un apartamentito con cocina y todo, en un piso alto, junto a la azotea.

Cuando quisimos arreglarnos un poco para salir, me di cuenta de que había pedido la llave del candado de la maleta. Damari me consoló diciendo que su marido es un manitas y, en un momento venía y lo solucionaba.

Pero el marido manitas no llegó. Se me ocurrió llamar al vecino de enfrente, que estaba albañileando en su terraza, y se presentó con un manojo de llaves, entre las que había una que abrió el misterio. Le di las gracias y cinco cuc, que equivalen a una semana de trabajo, lo que hizo feliz, porque el buen hombre- Miguel se llama- no me quiso cobrar nada por el servicio.

Por supuesto, me regaló la llavecita. Así de majos son los cubanos.

Por Trinidad hemos pateado mucho. En zapatillas, naturalmente.

Es un lugar emblemático, que recuerda el tiempo de la colonia. Y la Revolución, que tiene sus más y sus menos con esta época, que fue la que forjó a Cuba, cuándo le conviene la oculta y otras veces la explota.

Trinidad es muy bonito pero muy pueblo: te levantas oyendo cantar a los gallos – también te los encuentras picoteando por las calles- mientras tomas un zumo en un patio desde la que se pueden alcanzar los cocos del corral inmediato, y te acuestas escuchando al panadero ambulante que anuncia, a grandes voces: ¡“pan caribeño”!

Porque nosotros nos acostábamos temprano. Piensa que éramos tres jubiladitos, que, por muy marchosos que nos creamos, ya no estamos para trasnochar.

Junto a la casa de Damari teníamos una sala de fiestas, de esas que cuentan los turistas jóvenes que son tan superguays y se liga tanto con cubanos macizones como tú, Siboney de mis sueños.

Nosotros ni las catamos: la sala de fiestas aneja terminaba a las 22, 30, la hora en que nuestros padres nos hacían llegar a casa en nuestras mocedades, y cuando hoy aun no han salido los chavales españoles para su botellón.

La vida de los jóvenes aquí se parece mucho a la que teníamos en España hace cincuenta años, con la excepción de que todos andan colgados de su “celular”, que, por otra parte, no sé cómo se pueden pagar, con los sueldos miserables que tienen.

Y, una de las cosas que nos han dejado traslucir las madres, cuando nos hablaban de ese futuro más actualizado y con más posibilidades, que todos ansían, es que temen que la modernidad les vaya a traer la droga, como efecto colateral que, ahora parece, solo está al alcance de la gente que maneja mucho dinero.

Se saben necesitados, pero se sienten seguros respecto a perversiones exteriores, y agresiones como las islamistas, por ejemplo.

Estas cuestiones evolutivas tienen muchos matices, que no siempre contemplan los estudiosos: los cubanos, que han cambiado una pobreza absoluta por otra relativa, y que están orgullosos de su país, dónde son gratuitas la enseñanza y la medicina -de lo que presumen continuamente-, y dónde todos los viejos disfrutan de pensión, aunque sea de 8 €, se han ido acomodando a una supervivencia frugal, y al trapicheo para llegar a fin de mes, trabajando lo estrictamente indispensable, ya que el trabajo no supone subir de estatus. Siempre llenos de miedo a contravenir la ley y siempre buscando el resquicio para aprovecharse de ella, procurando trabajar lo menos posible para un gobierno que, mal o bien, les va a cuidar en la vejez.

El miedo de las madres a que sus hijos se malogren de una manera, para ellas inédita, es muy, pero que muy justificable.

Y yo las entiendo.

Es curioso que los chavales cubanos estén divididos en dos grupos, muy significativos: Unos son de Cristiano y otros de Messi. Y siguen con verdadero entusiasmo las fluctuaciones de la Liga española. El que tiene oportunidad se hace con una camiseta de su equipo, que luce ostentosamente. Sabían del fútbol español mucho más que nosotros.

El lugar emblemático de Trinidad es “La Casa de La Música”.

Esta Casa de la Música forma parte de una escalinata, también de cantos rodados, pero en moderno, que se va expandiendo hacia la Plaza Mayor, donde se encuentran la Iglesia, y que está flanqueada por bares donde te sirven una “canchancha”, que es un daiquiri con un toque trinitario, muy rico, por cierto… y ¡Oh cielos!… se toca continuamente música caribeña..

La verdad es que no entiendo cómo el Ayuntamiento, o la Junta o como se llame quién organiza el cotarro en la ciudad, ha tenido la idea de colocar en éste único lugar de la ciudad el punto wifi: es imposible escuchar nada con la música tan estridente. Así que, claro: los cubanos se han acostumbrado a hablar a gritos… y eso que en España no somos modelo de suavidad tonal, como los mexicanos, por ejemplo, que me dan envidia de lo bajito que hablan.

La Casa de la Música me recordaba a la Plaza de España, de Roma, salvando las distancias, la primera vez que la vi, con los hippies sentados en las escaleras y cantando; solo que ésta, en criollo.

En un momento de relax, apareció, en las escaleras, un cantante local muy famoso, medio loco y medio borracho, que cambiaba las letras de canciones conocidas por sátiras en contra del gobierno, con gran regocijo de los nativos, que tienen su retranca y le jaleaban para que siguiera.

Parece que la policía ya ha dado por perdida la guerra con él y lo ha convertido en otra atracción más, para que vean los forasteros la enorme liberalidad del gobierno, que no parece utilizar con otras protestas por parte de disidentes, a los que tiene encarcelados. Además de la magnífica plaza, con sus barandillas y sus bancos de hierro colado y sus palmas reales, Trinidad ofrece al turista variados palacios, que tuvieron alma en los tiempos remotos de la Independencia, y los más remotos de la Colonia, que data de 1515.

En uno de ellos, el Palacio Iznaga, de nombre más bien euskaldún , amén de las maravillas propias de todos estos edificios, que asombran por sus dimensiones, su acabado, y su buena conservación, una guía, blanquirroja como yo, y de apellido Madariaga, nada sospechoso, me enseñó una pieza de cocina que ya la quisieran en el Museo Vasco: una olla exprés del año 1885 fabricada en Bilbao. O sea, cuando Trinidad y Bilbao formaban parte del mismo país o nación o estado, que eso una no lo tiene muy claro.

¡Anda ya!

Así, cualquiera. No solamente tuvo Cuba el ferrocarril 20 años antes que la metrópoli sino también la olla Magefesa, versión hierro fundido. Eso, que yo sepa.

Como yo, cuando voy de exploración, me fijo en lo que suele pasar desapercibido a la mayoría de los visitantes, me di cuenta, enseguida de un mantel espléndido, con muchas lavaduras, por cierto- había una mesa puesta como para ser utilizada en el momento, con una vigilante, que no te quitaba ojo, por si birlabas un tenedor- bordado con calado canario.

Y, ahora, en la distancia, le estoy dando vueltas a un asunto que me trae a mal traer desde hace bastantes años. Ya sé que no viene a cuento el tema, pero quiero echarle el guante a alguna investigadora futura.

Palacio Iznaga… la Madariaga que me cuenta la historia de la olla exprés… calado canario… y ¡encaje de Tenerife!. El encaje de Tenerife -Siempre muy mal planchado, por cierto, lo que le quita su gracia- aparece hasta en el Palacio de los Generales de La Habana.

¡Eso es lo que yo buscaba!

Pues aquí va mi lance: Hace muchos años, teniendo yo una relación bastante intensa con el equipo de textil del Museo Vasco de Bilbao, me enseñaron un alba que procedía de una iglesia derruida, tejido en siglo XVII – venía bordada la fecha en el encaje-, que la profesional del museo dijo ser de bolillos.

(Tú ya sabes lo que es un alba, mi Siboney, pero si alguien que lea mi crónica no lo sabe, que lo busque en Wikipedia).

Pero, una, que tuvo que conocer todos los bordados, encajes, agremanes, puntos y obras de aguja, lanzadera o gancho, que para eso estudió en la época de Franco cuándo la mujer elegante era, ante todo, bordadora fina, le dijo que era de encaje de Tenerife. Que yo tengo una obrita hecha con mis propias manos y con el sello de la Escuela de Magisterio, porque era obligatoria para aprobar la asignatura “Labores”, con doña Angelita, que era un hueso.

En el siglo XVII es imposible que los nativos de las Canarias hubieran llegado a esa delicatessen encajera, mientras que la cultura vasca estaba más que cualificada para ello.

Mi pregunta es: ¿El llamado encaje de Tenerife es de origen vasco? ¿Qué influencia tuvo la comunidad vasca en la colonización de las islas Canarias?

De Canarias a Cuba no hay problemas, porque la interferencia ha sido continua. La misma madre de José Martí, el Padre de la Patria, que era canaria, le hizo a su hijo un gorrito -se conserva en su casa natal- con el tal encaje y un faldón con calado canario, que también puede ser vasco. O de Talavera. Vete tú a saber, que el deshilado tiene muchas patrias en la península.

Porque servidora, tiene unos conocimientos harto limitados de historia colonial. Y te juro, “mi amol”, que, con 20 años menos, yo me hago una tesis doctoral, aportando documentos en los que se demostrara cómo la mujeres de caserío se trasladaron a las islas, que fueron puente hacia América, con todo su saber a cuestas. Y allí lo dejaron.

¿Te das cuenta , Siboney de mis sueños, de lo pequeño que es el mundo?

¿Y lo corta que es la vida?

¡Con la de cosas que me voy a dejar sin aprender!

 

5- CIENFUEGOS

Un recorrido en autobús, mi Siboney, puede dar mucho juego.

Así que los tres amigos decidimos sentarnos en sendas ventanillas para no perder detalle del paisaje que lleva desde La Habana hasta Cienfuegos. Máxime cuando la velocidad del vehículo era lenta y hasta permitía hacer fotos.

Cada uno llevaba su botella de agua.

Aquí hay que comprar el agua, que sale sucia del grifo y hay que hervir y colar, por lo que siempre hemos andado comprando botellas, del único manantial limpio que debe de haber en todo el país.

Recorrimos una llanura inmensa con síntomas de poca lluvia desde dónde se veían cultivos de frutales que desconozco y prados donde pululaban algunos vacunos con joroba; puede que búfalos.

La carretera estaba flanqueada por yucas, plátanos y algunas hortalizas. Me sorprendió que, en las empalizadas que delimitan las propiedades, de vez en cuando, colocan un árbol, que, además de servir como valla, su follaje aísla más el terreno. Una buenísima idea. La mayoría estaban recién podados y se veía al través.

A mitad de camino llegamos a un chiringuito, Terraza Piocúa, donde Juan y yo tomamos un zumo de guayaba. Susana andaba malucha de la tripa y solo bebió agua. Susana es una adicta al agua y se ha pasado todo el viaje reprochándonos a Juan y a mí, que no bebíamos lo suficiente.

En Playa Girón pasamos por un museo de la Revolución, con bandera al viento, en cuyo patio había tanques y aviones de camuflaje, para que el viajero local y extranjero recordara el momento histórico de la guerra fría, tras el desembarco en la bahía de Cochinos, a principios de los años 60.

No pierden baza, oye: en cuánto hay un motivo, allá que se colocan las medallas bien visibles.

Pero, mira, en Playa Girón las casas tienen paneles de energía solar, lo que indica que la guerra ya se ha templado con el tiempo.

El caso es que llegamos a Cienfuegos y no nos esperaba nadie, por lo que tuvimos que coger un taxi que nos llevó a la casa de Judit.

   Entonces me di cuenta de que mi maleta se había quedado sin ruedas.

¿Tú te imaginas el drama?¿Maleta sin ruedas para una canija que apenas puede llevar peso? ¿Y comenzando el viaje?

Me quedé catatónica y comencé a pensar que fue por culpa del impresentable ayudante de taxista – o lo que fuera- que nos atendió en el aeropuerto de La Habana, cuando nos agarró las maletas de mala manera y las arrastró a campo través hasta un lugar lejísimos y corriendo, mientras nosotros echábamos la lengua para alcanzarle, por un camino de cantos y piedras, fuera ya del terreno propio para taxis, y que seguro no pagaba impuestos. Además se permitió menospreciarnos como españoles, lo que nos puso a Juan y a mí a punto de caramelo.

Durante el trayecto hasta la casa de Rosa, que era a dónde íbamos, Juan calló, pero yo me explayé cómo pocas veces lo he hecho en mi vida. Al bajarnos del taxi, no me di cuenta de la falta de las ruedas: le estaba diciendo al tipo que no se puede insultar a quién te va a pagar la cena.

No hemos tenido otros desencuentros en todo el viaje, gracias a Dios.

Judit vive en una casa colonial, y dentro de un soportal altísimo. Es que no te puedes imaginar la altura de los techos. Como los que había en la casa de mi abuelo, en Extremadura. O más altos aun.

¿Sabes que en Cienfuegos las ventanas no tienen cristales?

Solo la contraventana de madera, que cubre unas ventanas enormes, hasta el suelo. Parecían como si fueran andaluzas, con las rejas más bonitas del mundo, pintadas de blanco.

Toda la rejería es blanca en Cuba, y bellísima. No me he detenido a valorar detalles, pero, sin duda, corresponderán a los estilos arquitectónicos de cada época de construcción: las hay desde lo más barroco a lo más moderno.

Es curiosísimo pasar por las calles, de noche, y como todo el mundo tiene las ventanas abiertas de par en par, sin visillos ni cortinas, puedes contemplar a la familia entera, sin que ésta se sienta molesta, cada uno en su mecedora, contemplando la televisión, que es en entretenimiento oficial. Porque lo que nosotros llamamos portal es allí el cuarto de estar.

En Cienfuegos descubrí las mecedoras cubanas.

Yo soy una fanática de las mecedoras. Tengo una en mi cuarto que compré para arrullar y amamantar a mi niño. Es de estilo provenzal, con poco vuelo y respaldo alto, no como esas decimonónicas, de rejilla y brazos redondeados que son las frecuentes en España y que, con un poco de impulso parece que te vas a dar la vuelta.

Las mecedoras de las casas que se alquilan en Cuba son más sólidas, macizas, anchas, de madera de cedro o de otros árboles preciosos tallada y con el respaldo corto. Bastante pesadas. Algunas son de rejilla, aunque, en algunas casas las hemos visto tapizadas también; pero no usan cojines Vuelan hacia atrás, con lo que se te quita el miedo a caerte de bruces en una acometida entusiasta.

Creo que el cubano no podría vivir sin su mecedora, en la que entorna los ojos para ir y venir a lugares de ensoñación. Como si la sola visión de su bello país no fuera suficiente.

Ahora, tal y como están las cosas, las mecedoras son enormemente necesarias, porque gracias a los sueños pueden superar tantas carencias. Algunos las utilizan para pergeñar proyectos que pueden ir evolucionando con el tris tras, o rumiar desencantos, pensar en el gobierno- a favor o en contra-, esperar, o descansar del no hacer nada, que también se lleva mucho.

Y sin embargo no son pródigos para colocarlas en bares o lugares turísticos para que el forastero le saque la gracia al vaivén cubano, en vez de acribillarlo con música cargada de decibelios en todas las esquinas.

Escuchar música carioca varios tonos más suave y en mecedora, tiene que ser placer de dioses.

Cienfuegos en una ciudad con mucho glamour. Tal vez se deba a su origen francés. Debió de ser espléndida en la belle époque y se conserva mucho mejor que La Habana, con más coquetería y menos destrozos.

También tiene un malecón, que rodea toda la bahía y donde se reúne la gente por las tardes a bailar. Junto a él hay una ceiba impresionante, con lo menos diez metros de diámetro y un agujero en medio, por el que puede pasar una pareja. Una joya de la naturaleza. Me quedé unos segundos en trance, en el hueco del tronco. Fue como una sensación mística. Como si yo misma fuera árbol sagrado.

¿Habré sido árbol alguna vez? Porque estas cosas son muy misteriosas, mi Siboney: si somos polvo después de morir, mis átomos y mis células pueden haber vivido en otros seres de la creación desde que el mundo es mundo.

¿No será éste el milagro de la reencarnación?

¡Mira tú que he necesitado llegar a Cuba para hacer este razonamiento tan primario!

El Boulevard es el centro comercial y social donde transcurre la vida de la ciudad. En el Boulevard, que es el único sitio que tiene cobertura de internet, se encuentran las oficinas del estado- ETECSA- donde puedes comprar una tarjeta para navegar una hora por la red. Después de haber comprado varias de ellas, me dijeron que eran incompatibles con mi móvil, por lo que tuve que esperar a los emailes. El asunto de la conexión es un drama. Pensé en ir por la tarde a una oficina de ETECSA, y a las 4 ya habían cerrado. Me encontré desvalida.

¿Tú nunca te has sentido aislado, mi Siboney?

Pues yo he percibido la insularidad, que significa desprotección, estar a merced de todos los vientos y todos los piratas que quieran secuestrarte.

Tal vez sea porque no me encontraba bajo el manto turquesa de Yemayá, de la que todavía no soy devota.

Le pedí a Yemayá que me ayudara a buscar una nueva maleta porque en las tiendas no hay nada de nada.

Tras mucho preguntar me dijeron que posiblemente la pudiera comprar en una “peletería”, cosa que me sorprendió, hasta que deduje que antiguamente las maletas eran de piel: de ahí lo de peletería. Solamente encontré una maletilla, de tela, en todo el establecimiento y algunos zapatos -éstos de piel, supongo-, así que me libré de elegir, que la elección siempre te acarrea problemas de conciencia. Y vete a saber la calidad que tendrá, después de asegurarme que era producto nacional, como los orishas.

Me gasté en maleta todo el dinero preparado para regalos. Y, encima, no me cobraron con tarjeta porque tenían el cacharro estropeado, por lo que descalabró mi presupuesto. Le di a Judit la maleta rota y se puso contentísima.

…Y, ahora, que ya ha pasado todo, me parece que me precipité al comprar porque siempre fuimos en taxi, y apenas hubo que desplazar el equipaje a mano.

Mientras andaba buscando la peletería me tropecé, en el Boulevard, con un grupo de gente que estaba organizando una reunión poético/musical, a modo de las Noches Poéticas de Bilbao. Lo dirigía un tal Jorge, el más veterano, y esperaban a una poetisa, Judit, ya un poco mayor que la media de chavales, invitada de otro sitio, que debe de ser un personaje, a juzgar por los poemas que leyó. Me rogaron que asistiera al encuentro con algún poema mío. Me hizo mucha ilusión y acudí con Juan, dado que Susana todavía andaba regular y se quedó en la cama.

Aquella me pareció una noche mágica, Siboney.

La poesía nos envolvía por entre las sillas colocadas en corro y se cantaron canciones a capela, diferentes a las de las plazas, tan manidas y agresivas para el oído. Me encantó que la mayoría de los asistentes, unos 20, fueran gente joven. No tuve ocasión de preguntarles cuáles son sus fuentes de inspiración, ni si leen autores de otros países hispanohablantes y un sin fin de datos que dejé para el día siguiente.

Para terminar, Jorge nos recitó “La casada infiel” de Lorca, como no la había escuchado en mi vida: una verdadera obra de arte de expresión oral. ¡Y cuidado que la declaman siempre que pueden todos los vejetes verduscos que pululan en los círculos poéticos que frecuento!

¿Quién dijo que el cubano no puede ser tan perfecto como cualquier dialecto del español? Lo que pasa es que, la mayoría de la gente habla fatal y no vocaliza. Pero quien sabe, sabe.

Creo que le salió tan redonda porque antes yo le había aclarado al rapsoda que no se hiciera ilusiones: que fue ella la que lo llevó al río, encima, le sacó un costurero y le dejó el regusto de haber sido el seductor. Ja, ja.

Quedamos para el día siguiente, cuando Jorge representaría un monólogo por la noche y haríamos un intercambio de direcciones. Yo les dejé mi tarjeta, y Judit me dijo que le iban a conceder permiso para utilizar Internet y me escribiría. Espero que algún día se ponga en contacto conmigo.

No hubo día siguiente porque no pudimos ir al espectáculo. Pasamos la noche buscando como locos el móvil de Susana, que se había perdido. En la policía nos dijeron, con pachorra caribeña, que, como era sábado por la tarde, no trabajaban en esas minucias… y el domingo, mucho menos.

Parece que, en Cuba solo les está permitido a las emergencias que ocurran durante los días laborables.

Urgía desactivar el aparato y aun no había visto en mi móvil el número que me había mandado la embajada de España por si surgían problemas. Menos mal que unas señoras argentinas que se quedaban también en la casa y manejaban muy bien la tecnología, pusieron en contacto a los Villar con su hija en USA, para que ésta, desde allí, consiguiera la desconexión.

Estas pequeñas anécdotas, que no tienen mayor importancia, son las que de dan aliño a los viajes.

El sábado lo dedicamos a la exploración y dimos con el Museo, que antes fue casino, en uno de cuyos salones unos jóvenes violinistas ensayaban un concierto que tenían programado para unos norteamericanos sibaritas y millonarios. Charlé con los músicos, que me contaron que la música está muy bien estructurada y se enseñaba en los centros escolares. ¿Tendrían que echar horas también estos muchachos en los restaurantes para sobrevivir?

No me atreví a preguntárselo.

Me quedé al concierto pasando por gringa, dado mi físico más irlandés que celtíbero.

En cambio, a Juan, que es moreno, con una morenez que le llega de los judíos de Rivadabia, le dejaban pasar gratis en todas partes por considerarle nativo, a lo que él respondía, con gran orgullo, que es español y gallego. Y enseguida se enrollaba a preguntarle sus apellidos a la interlocutora, que tenía algún “Mouriño” o “Souto” entre sus ocho abuelos. Siempre terminaban medio parientes.

En nuestra exploración por la ciudad, nos encontramos con un carretero, llamado Milan, dueño de un carricoche, que aquí llevan el rótulo de “Transporte nacional” y nos convenció para llevarnos hasta Punta Gorda, que es el Neguri de Cienfuegos y cuya carretera está flanqueada por bonitos chalés, donde viven los ricos, según nos dijo Milan.

Porque haberlo, haylos, pese al comunismo gobernante.

Al final del paseo, ya en balcón hacia el mar, deslumbraba el Palacio del Valle, de estilo neomudéjar, que respetó la Revolución, aunque le han plantado , en el jardín, un mamotreto más alto que él, de la época rusa, que fastidia el entorno, y es dónde se hospedan los gerifaltes políticos, que se toman los daiquiris en el edificio decadente y maravilloso de enfrente.

Manteniendo las formas. Oye.

Susana y yo subimos a la terraza del palacio, que tiene unas vistas magníficas y nos tomamos un mojito, mientras Juan examinaba a Milan que le contaba sus ilusiones y los impuestos que le cobran por el negocio del transporte, pese a que son suyos la carreta y el caballo. Menos mal que al carro no hay que darle de comer. No tenía demasiada esperanza, el hombre.

El tercer día de Cienfuegos era domingo y la gente se reunía en las plazas y avenidas en torno a cuatro músicos con ganas de bailar. Los más devotos estaban en la iglesia y aproveché para visitar algunas de varios credos.

Es bueno aprovechar las fiestas para hacer la ficha: entraba en las ceremonias porque solían tener las puertas abiertas, ya que hace calor. He estado en iglesias adventistas, protestantes, evangélicas y de otras marcas.

Me he dado cuenta de que la iglesia más formal es la católica: en todas las demás, las ceremonias se hacían con cánticos a tutiplén, y contoneo de caderas, alza de brazos y ojos en blanco, como si estuvieran en trance. Todo con mucho ritmo, como procede en sitio tan musical. En bastantes templos oficiaban las mujeres, lo que le proporcionaba un glamour místico, que a mí me daba un poco de envidia, que quieres que te diga.

Pero no te encontré en Cienfuegos, Siboney de mis sueños.

¿O estabas junto a mí, abrazándome en el tronco de la ceiba?

 

 

COPELIA

12 ENERO, JUEVES

Mira, Siboney, “mi amol”. Estos cubanos de ahora tienen mucho que aprender en cuestión de turismo.

Para empezar, la estación de autobuses para extranjeros- que esa es otra: los nativos viajan en unos vehículos y los turistas en otros mejores- está en el culo del mundo, en un barrio que se llama Nuevo Vedado y está formado por chalecitos, que, en su día, pertenecerían a una clase media acomodada y que ahora están habitados por funcionarios y militares, principalmente. En frente hay un zoológico.

Habíamos madrugado mucho y cogimos un taxi con Mía (10 cuc) que se quería ir a Trinidad. Aun no se había abierto la oficina de billetes, por lo que decidimos desayunar en un tugurio anejo a la estación, con la música a tope, y unas mesas altas imposibles de utilizar más que un momento.

Pues no había café. ¡En Cuba!

Desayunamos unos crepes ofrecidos por una camarera desangelada que nos dijo que llevaba 24 horas trabajando y no se tenía de pie. Gana 8 cuc al mes trabajando días alternos. Pese a que había media docena de empleados varones en la cocina- las chicas estaban para atender al público- tardaron muchísimo tiempo en servirnos.

Me parecieron unos “güevones”, como diría el difunto Chávez venezolano. Qué quieres que te diga.

Aprovechamos la espera para cambiar unos pesos convertibles (cuc), que son los que utilizamos los turistas por pesos nacionales, para uso del pueblo villano (cup). Con un cuc te dan 25 cup, por lo que los jubilados, cuando cobran sus 8 cuc de pensión, como suponen 200 cup, piensan que reciben algo.

Como no pertenezco al mundo de las finanzas, ignoro el juego que se trae el gobierno con esta duplicidad de monedas. Creo que los cubanos, también lo ignoran.

La empresa de autobuses regular nacional es Viazul y no tenía billetes nocturnos hasta Santiago, y poder hacer la ruta que nos había propuesto Rosa de viajar de noche hasta Oriente y volver replegándonos hasta La Habana, para pasar aquí los últimos días de vacaciones. Tuvimos que sacar un billete hasta Cienfuegos y, ya de paso, otro hasta Trinidad.

Era la hora de entrar en los trabajos, por lo que cogimos una guagua atestada de gente, que nos costó una miseria- menos mal que llevábamos pesos nacionales- y nos dejó junto al Cementerio de Colón, del que recorrimos tres de sus cuatro lados hasta dar con la puerta y donde casi se lleva por delante un camión a Juan, al que le pasó rozando. Menudo susto nos llevamos los tres.

Ya hubiera sido chiste morir en La Habana por atropello, dónde apenas hay tráfico ni semáforos y la velocidad de los vehículos es lentísima, con lo que la gente atraviesa las calles por donde quiere con toda tranquilidad.

Al llegar a la entrada del cementerio, echamos una ojeada y en vista de que no teníamos ningún difunto al que visitar,- Porque tú estás vivo, ¿verdad?- seguimos de largo hasta la plaza de la Revolución, con la intención de saludar a los allí representados.

En las paredes que unos edificios que asoman a un descampado enorme están las siluetas de El Che y Cienfuegos. Más arriba, en un alto, la Plaza de la Revolución, propiamente, presidida por el monumento a José Martí, Padre de la Patria, con una torre monumental que se ve desde todas partes. Supongo que allí se encontrará un grandísimo espacio preparado para manifestaciones patrióticas multitudinarias. Seguro que será dónde echaba Fidel sus arengas de cinco horas.

Como cobraban por entrar, y nosotros no somos de la cofradía, decidimos ver el paisaje desde lejos, que también tiene su encanto. Así que paseamos hasta la puerta de la Biblioteca Nacional donde se encuentra el parque móvil más curioso del mundo, con los Cadillac y los Dodge descapotables de los años 50, perfectamente pulidos, abrillantados, y mimados.

Los turistas se vuelven locos por darse un paseo en ellos.

Este camino está flanqueado por hermosísimos árboles, de troncos con raíces aéreas, que se merecen más atención que los monumentos y los coches.

Descansamos un rato y tomamos otra guagua, que nos dejó en el parque de Copelia, donde está la heladería más famosa de La Habana, que sale en la película “Fresa y Chocolate”.

Luego nos hemos ido dando cuenta de que Copelia es una empresa nacional- como todo- y existe en cualquier punto remoto del país.

También es de obligado cumplimiento pasarse por “La casa del chocolate” en cualquier pueblo de la isla. En el chocolate ya hay más variedad: desde helado, hasta caliente y con churros. Siempre riquísimo, como los helados de Copelia.

Decidimos que no procedía marcharnos sin probar uno. ¡Qué cola, había, madre!

Tardamos más de media hora esperando y observaba, mientras tanto, a los tipos guapetones, como habías de ser tú, Siboney de mis sueños, pero no te reconocí en ninguno. Mucho menos en el que controlaba una casetilla donde ponía “CORREOS” y únicamente se vendía el Gramma y algún que otro panfleto político.

No he visto absolutamente más prensa que la oficial. Ni en los hoteles de lujo. La censura intelectual es absoluta. Ni te cuento en las librerías: solo hay libros de escritores afines al régimen; ningún extranjero. Sin embargo, estos libros, editados por el estado, tienen un precio irrisorio. Yo compré tres por 3,50 cuc. ¡Todos!

¿Cómo va a tener la gente perspectiva y sentido crítico, por muy universitarios que sean?

Me acuerdo de cuando íbamos a París, en tiempos de Franco y traíamos, escondido, el Libro Rojo, de Mao, que era lo más subversivo que podíamos encontrar. Yo no lo leí. Pero lo traje camuflado, que es dónde estaba el morbo.

Es de esperar que, en Cuba, se lea bajo cuerda, como en tiempos de la Inquisición. Por eso hay disidentes.

En todos los restaurantes había músicos desgañitándose, que no producían tranquilidad para comer a gusto, así que comimos en un sitio de medio pelo, que no tenía “suministro” ni de café ni de pescado ni de postre… ¡ni músicos! Menos mal que tuvieron la delicadeza de bajar el volumen de la tele, que equivalía a la orquesta. Triste comida, que nos puso al corriente de la falta de materias primas elementales.

Supimos entonces que el 80% de lo que se consume en el país es de importación. La leche, por ejemplo, siempre en polvo, viene de Nueva Zelanda. Parece que los campos sin cultivar no deben de utilizarse ni para criar vacas.

Ya repuestos, y de camino hacia casa, paseamos por el Callejón de Hamel, que es un sitio muy loco, repleto de obras de arte supermodernas y de artistas innovadores, lleno de colorido y provocación. Está a un paso de la calle Oquendo, donde vive Rosa.

Susana se quedó en la cama después de la siesta y Juan y yo parlamentamos con Rosa, que está recibiendo quimio y le he regalado mogollón de medicinas que pensaba darle al sacerdote, hermano de una amiga, al que tenemos que visitar en Morón.

Rosa nos ha buscado las mesoneras de Cienfuegos y Trinidad y nos ha traído unos panecillos que le han dejado unos inquilinos que se le han ido, ya que mañana va a ser difícil encontrar comida antes de salir.

Llegamos a la habitación de Mía, que como tenía contrato de habitación compartida, estaba en otra zona de la casa y se vino a despedir muy amable. Nos volveremos a ver en Trinidad.

En lugar de Mía había unas argentinas que querían cenar y salí con ellas porque yo también tenía hambre. Ya estaba todo cerrado y menos mal que encontramos una pizzería en Carlos III. Una de ellas es abogada y la otra se dedica al teatro infantil. Se llama Lucía, con lo que comenzamos a tener gran afinidad y charlamos durante la cena. Ellas, que son jóvenes, querían explorar la Habana Vieja y yo me fui a casa donde ya estaban hechas las maletas.

Le hemos dejado a Rosa una bolsa con los pantalones de invierno, que nos guardará hasta que volvamos en el último sprint.

EL MALECÓN DE LA HABANA

12 ENERO 2017

Ay, Siboney, qué hermoso es ver amanecer en el Malecón de La Habana!.

Como nosotros llevamos puesto el reloj español y nos acostamos tras el viaje, a las 3 de allá- 9 de acá- pues a las 5 de la mañana, de acá, ya estábamos pimpantes y sin sueño. Nos levantamos aun de noche y con GARÚA , que viene a ser el sirimiri de Cuba, según nos aseguró Juan, que es un sabio.

Nos recorrimos las calles aun silenciosas y limpias.

Calles con la dignidad de señoronas venidas a menos, pero que se sacan los anillos que se asoman entre los guantes con zurcidos de los edificios en ruinas. No había nadie.

Al llegar al Malecón vimos un monumento glorioso a Maceo, gran héroe de la Independencia, a juzgar por el tamaño de la pieza, de espaldas al mar que chocaba fuertemente contra el muro sobre el que había pescadores con caña, impávidos ante las olas.

En Cuba es donde más monumentos de héroes te encuentras por metro cuadrado. Maceo fue el primero que vimos de la colección.

Me pareció delicioso éste primer paseo por La Habana, con el chubasquero en la cabeza y mojándome las gafas.

El Malecón, que es larguísimo, está flanqueado por palacetes entre los que se alternan los maravillosos y vivos y los corroídos por el salitre: deshabitados unos y tristemente habitados y recompuestos con cartones en las ventanas, otros. Da la sensación de una hermosa dentadura con piorrea y mellada, a la que ya le quedan pocos dientes sanos y algunos de oro.

Volvimos hacia el Capitolio con la intención de desayunar como Dios manda y entramos en el hotel de Inglaterra, que, pese a su nombre, está adornado con azulejos andaluces lo mismo que el Alcázar de Sevilla. Había buffet libre y me puse ahíta de frutas y zumos tropicales.

Mientras tanto, como una cateta, y creyendo que estaba en zona wifi, me puse a enviar fotos por wasap, y al momento, Movistar me mandó un mensaje diciendo que me había pasado un pueblo y que tenía que abonar no sé cuánto + el 12% de Iva. He pagado la novatada… ¡Y mira que me habían avisado! Pues caí… Así que no voy a mandar ni un solo correo en todo el viaje, hasta que vuelva.

Salió el sol y con él pude disfrutar de la belleza de esta ciudad ¡llena de soportales!

Los soportales son lo más bonito de las ciudades cubanas. Para mí, al menos, criada en Castilla, donde las casas se protegen del frío con soportales chaparros y pardos, de columnas gruesas y ventanas chiquitas, los soportales cubanos me han parecido un desfile de muchachas alegres y esbeltas, vestidas de fiesta toscana, modernista o ecléctica, cintura se avispa, y sombrero corintio, de vivos colores. Son soportales para tamizar la luz deslumbrante y para que no entre el sol por las ventanas, que suelen estar siempre abiertas.

Seguimos paseando por los alrededores del Capitolio, en la Habana Vieja, por calles llenas de souvenires y tiendas de arte y artesanía. Pero me di cuenta de que mi cuerpo serrano no podía seguir a ese ritmo. Juan entró en un museo de filatelia, y aproveché para decirle a Susana que me volvía a casa.

A la vuelta- calle Obispo- me encontré con una negra de las de hacerle un reportaje: toda enjoyada, vestida de blanco- deduzco que era santa- con hermoso y florido sombrero, que empujaba un carrito de bebé en el que paseaba a su perro igualmente engalanado. No hablé demasiado con ella porque, realmente me encontraba cansada, pero es todo un personaje. Me dijo que se llamaba Guillermina.

Me fui buscando la avenida Simón Bolívar, perpendicular a Oquendo, donde está la casa de Rosa, nuestra anfitriona. La avenida Simón Bolívar, antes “Reina”, desemboca en Carlos III, que a su vez lo hace en Manuel Allende. Es muy ilustrativo que, junto a los nombre políticos actuales, se conservan los originales de la época colonial.

Observaba, en mi paseo, los hermosos edificios que, recién pintados, parecen nuevos, mientras leía los nombre de las calles perpendiculares a la principal, que se llamaban Libertad, Rayo, Campanario, Ángeles.., lo mismo que en cualquier pueblo de cualquier provincia española.

En Cuba no me he sentido forastera, en ningún momento.

Me sorprendió encontrar una iglesia de Jesuitas frente a una logia masónica, de gran envergadura, como desafiándose. Ambos son poderosos lobys que ponen a Dios por testigo.

Al pasar por el Parque de la Fraternidad me enamoré de una ceiba que está en medio, rodeada por una verja circular con versos de José Martí, que hablan de la hermandad de los pueblos, y la compara con la plata que se encuentra en el subsuelo de los Andes. Hermoso árbol y hermosa poesía.

¿Te das cuenta, Siboney de mis sueños, que en todos los pueblos hay una árbol sagrado?

El árbol sagrado es de raíces profundas que atraviesan siglos de gloria y penalidades, pero también en sus ramas, que buscan el cielo, anidan pájaros de otras regiones que traen trinos diferentes cada estación.

En Cuba el árbol sagrado es la palma real, que se encuentra con Dios en las alturas.

Tanto la palma como esta ceiba habanera necesitan pájaros nuevos que saquen polladas viajeras y escuchen trinos diferentes a los que durante cincuenta años les ha cantado san Fidel.

Que lo de san Fidel no va de guasa, que me lo ha asegurado el orisha del avión. Por eso le soltaron trescientas palomas en su funeral.

Cuando llegué a casa de Rosa me encontré que en la habitación de al lado había una chica finlandesa de unos 20 años, que se llama Mía y ha venido sola a conocer Cuba. He hablado con ella mientras me duchaba y creo que no le va a importar unirse al grupo. Así seremos 4 y si cogemos un taxi nos sale más barato. Veré qué opinan los Villar.

Salimos a comer las dos, Mía y yo, a un centro comercial de la avenida Carlos III y nos sentamos con una pareja de jóvenes que nos pusieron al día de sus inquietudes.

La chica nos dijo que las cubanas se casan casi adolescentes y enseguida tienen hijos; luego, los hombres las dejan por otra más joven. Por eso ella no tiene prisa por casarse y quiere estudiar. El mozo parece que no estaba por la labor.

Cuando llegaron los Villar y descansamos un poco, los cuatro cogimos un taxi colectivo por 5 cuc que nos llevó a la plaza de la Catedral con la intención de ver el museo del Colonialismo, que está abierto mientras la catedral estaba cerrada.

A la salida se nos había perdido Juan, que siempre va a su aire, como yo. Tras buscarle inútilmente, y tomarnos un mojito en la Bodeguita del Medio, Susana, Mía y yo, nos fuimos a cenar al Floridita, como Hemingway.

Estábamos tropezando con todos los tópicos turísticos: la Bodeguita del Medio es prácticamente inaccesible, ya que la calle, comienza a taponarse con gente bebiendo, bien de pie o sentada en las aceras, en cuanto te acercas a ella. Y cuesta un riñón acercarse a la barra para conseguir que te sirvan un mojito que, para más inri, está hecho con limón de frasco y ron de garrafón. Una y nada más.

Cuando llegamos a casa, encontramos a Juan hablando con Rosa, que nos dio instrucciones para el futuro.

Como el viaje lo había organizado Susana, que tiene mucho rodaje en estas cuestiones, yo me había imaginado una Rosa, gorda, culona y hasta con su turbante en la cabeza. Me quedé sorprendida al conocerla: es una negra esbelta, cuarentona, dulce, con el pelo corto, blanco y rizado, elegantísima y atenta, que nos pidió los pasaportes mientras nos introducía a los tres en una única habitación con baño, en un apartamento anejo al suyo, también lleno de turistas. No me esperaba semejante falta de intimidad. Pero, después de haber dormido en el salón de actos del Ayuntamiento de Silos con toda la mesnada de Mío Cid y escuchar los ronquidos de los serranos, aquello me pareció una suite en el Palace.

Parece que éste es el sistema de alojamiento en casas particulares porque en todos los sitios donde hemos pasado, nos colocaban en una misma habitación con cama matrimonial para los “papás” y una pequeña para “la niña”.

La niña era yo, mi Siboney.

Es que he venido a ver tu tierra con ojos infantiles, ávidos de fijarme en todos los detalles.

 

 

 

MI INICIACIÓN EN LA SANTERÍA CUBANA

La Habana, 11 enero 2017

Siboney de mis sueños:

He venido desde Madrid, sentada junto a un cubano cincuentón y barrigudo.

Le miré de arriba abajo y no lo identifiqué contigo, mi Siboney de Lecuona, que has de ser un cachas, a pesar de tus años.

El cubano me ha puesto en antecedentes de algunas cosas del país. Dijo llamarse Daniel y que era santo. Tú no lo eras. Más bien, te imagino pecador.

¡Qué más quería yo que conocer la santería de primera mano!

Pensaba que el Daniel iba a comenzar por la política, que es lo que procede. Pero no: el tipo comenzó con la religión.

Decidí sonsacarle todo lo que pudiera; lo que pasa es que, como muchas cosas me sonaban a nuevas, no se me quedaron entonces y las he tenido que reubicar, a medida que he ido imponiéndome en el tema, que me ha durado todo el viaje. Ha sido como un máster en santería

A mí siempre me ha ido sobremanera la religión, mi Siboney.

Creo que eso se debe a que he tenido la suerte de nacer dentro de la religión verdadera. Eso da mucha seguridad. Sobre todo cuando piensas en las pobres gentes que han caído en una cultura de infieles.

Luego, cuando te vas haciendo mayor, y conoces a personas estupendas que son impías, agnósticas o ateas piensas que también son verdaderas las religiones que no lo son; e, incluso, que la única verdadera, o sea, la mía, puede dejar de ser verdadera cuando se pone tozuda, que suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Pues el Daniel, que es peluquero en Valencia, y está casado con una española, iba, tan contento, a La Habana a celebrar su primer aniversario del ingreso en la comunidad santera de los orishas. Allí le esperaba su madrina que le había acompañado el día que se hizo santo. Me dio su teléfono para que acudiera a la fiesta. No fui. Y lo lamento.

¿Y si hubieras estado tú allí, viendo cómo mataban al gallo? ¿Te hubiera reconocido?

Entonces me di cuenta de que en la santería no hacen falta canonizaciones papales sino que, con unos ritos y ceremonias, entras en la corte celestial, sin morir siquiera, lo que tiene su aquél. Ya es un avance.

También me dijo que no te admiten en la santería si no eres cristiano, ya que el cristianismo y la santería vienen a ser como lo trascendente y lo folclórico de la misma mística.

Esto de lo folclórico no significa superficial sino profundo: en todas las culturas el folclore es la expresión externa de las esencias del alma tribal que todos llevamos en nuestro adeene y que, en cada sitio se manifiestan de una forma determinada.

Dios me libre de frivolizar con el folclore.

Tú mismo, Siboney de mis sueños, eres la reencarnación del alma de los habitantes de Cuba mucho antes de la llegada de los taínos y de los españoles.

Eres Cuba. Y estás vivo.

Pero no eres el Daniel del avión. Seguro

Pues parece que en Cuba, con una base religiosa católica, como Dios manda, con la llegada de tantísimos esclavos – que tampoco procede explicar ahora cómo los trajeron los cristianos, ingleses y portugueses principalmente- ellos se sentían desplazados espiritualmente y añoraban sus religiones animistas de África.

En América los bautizaban ipso facto. Aunque no sé para qué se daban tanta prisa, ya que, por aquel entonces, los negros no debían de tener alma. Pero el caso es que los bautizaban. Y los mi pobres se hacían un lío entre sus divinidades paganas y las cristianas. Así que, iban a misa con los amos y luego, en los barracones dónde vivían, seguían con sus ritos ancestrales.

En cuanto pasaron unas cuantas generaciones, la cosa empezó a mezclarse sin aclarar muy bien dónde empezaba lo cristiano y dónde lo africano, y surgió la SANTERÍA, que es como una hipertofia pagana que le ha salido a la religión católica en el Caribe.

Científicamente se llama sincretismo religioso.

(Esto no me lo contó el Daniel, que tiene un cociente intelectual por debajo de la media, lo que le permite ser feliz en su santidad, sino que ya lo sabía yo).

Creo que, cuando el golpe militar de Fidel, la santería fue abolida como las demás religiones y el único Dios fue la Revolución.

Una Revolución puede tener incluso más devotos que una religión, sobre todo si te asegura la comida.

Con el tiempo, a la santa Revolución de Castro se le fue pasando la euforia, principalmente porque, aunque la comida estaba asegurada, era más bien escasa, y la gente comenzó a echar mano de la religión cuando andaba angustiada. Comenzaron a salir religiones como las setas, y el gobierno no dijo nada, porque mientras rezaban no hacían manifestaciones.

Lo que sí me contó Daniel es que Fidel Castro, ya en su vejez, y cuando la religión revolucionaria se le iba de las manos, se incorporó a la santería en un viaje que hizo por África y llegó todo vestido de blanco. De blanco le debieron de enterrar, dicen.

El blanco es el color de los babalawos, que son los sacerdotes de la santería, tanto hombres como mujeres, y son los que hacen la iniciación al neófito y se convierten en su director espiritual y también material, porque le orientan en su régimen de comidas y método de meditaciones y vida.

Luego, en el recorrido por la isla, tuve ocasión de parlamentar con un santero de verdad. Ya te contaré.

Para saber de qué pie cojea el iniciado, el santero le coloca unos caracoles entre los dedos y de ahí deduce su futuro: es como leer las rayas de la mano, en versión orisha.

El orisha- ¿o la orisha?, que no he comentado con las feministas- es una fuerza pura, inmaterial, que solo puede ser percibida por los humanos por una gracia especial. Como la gracia de Dios, pero en cubano.

 

No tiene nada de particular el método, ya que la diosa Madre, que está representada en la Virgen de las Mercedes, y equivale a la Mari euskaldún o la Pachamama andina, es Yamayá- o Yemayá- la diosa madre del mar, dueña de corales y caracolas y donante de orishas positivos. Es blanca y solo se la puede ver en sueños.

En su vertiente de Yemayá Olokún, es la Virgen de la Regla, patrona de La Habana, y negra.

La Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, es mulata y encargada de las aguas fluviales . Es Ochún. Debe de tener mucho trabajo porque el agua en la isla es poco potable.

Es muy hermoso el panteón santero, lleno de mitos que no difieren de los griegos o cristianos más que en detalles geográficos e históricos.

Cuando se profundiza en una religión, te das cuenta de que la humanidad reacciona igualmente en todas partes y épocas porque todos los seres humanos tenemos los mismos miedos y las mismas esperanzas.

He hablado con algunos sacerdotes católicos de Cuba y los más intransigentes la denostan; mientras la mayoría se sonríe ante la santería, pensando que no es preocupante ni tiene nivel teológico para considerarla un enemigo.

A mí me subyuga, en cierto modo, el juego de la santería.

Me atrae todo aquello que ha nacido en la oscuridad del miedo. En España se han vivido muchos siglos de represión religiosa y se ha padecido una inquisición feroz por parte de la religión dominante. Cuba ha sido España hasta anteayer.

Yo creo, Siboney de mis sueños, que tú fuiste mi babalawo y me echaste los caracoles de Yamayá por entre los dedos mirándome a los ojos, me encontraste el alma y me enviaste un orisha de ilusión.

¿Será por eso por lo que te busco?

 

 

 

La Habana, 10 enero 2017

Siboney de mis sueños:

Espero que oigas la queja de mi voz, que comenzó a llamarte desde in illo tempore

Porque, ¿sabes? ahora ya no te canto bajo el almendro del colegio, con catorce años, a escondida de las monjas haciendo coro como el Trío de los Panchos, y diciéndote que me muero por tu amor.

Ahora es cuando de verdad te espero- ya sin ansia- en mi caney, segura de que no me moriré por ti si no llegas.

Y el caney ya no es un cobertizo de palma, sino la casa de Rosa, en pleno corazón de La Habana.

¿Cuántos años hace que las mocitas de mi época soñábamos con los besos de tu boca dónde la miel puso su dulzor, antes de que supiéramos cómo sabían los besos?

Siboney: tu canción era lo más subversivo que podíamos cantar en los años cincuenta del siglo pasado, mientras pensábamos en el susurro de tu voz, que había de ser recia y suave, lo mismo que tus brazos- aunque eso no viniera en la letra- que nos ceñirían la cintura y nosotras nos desmayábamos en ellos, sin pudor.

Siboney: tú eras el pecado de pensamiento del que nos confesábamos con don Avelino los sábados, uno tras otro, sin ninguna contrición.

Ahora, y  aquí, sé que no vendrás. Es más: casi deseo que no lo hagas, porque seguro que serás un vejete cansino y barbudo, como el comandante Fidel- que el gloria esté-, que era de tu quinta.

Pero ¿a que es bonito venir a Cuba a buscarte?

Acabo de llegar con un matrimonio amigo, algo más jóvenes que yo: Susana y Juan.

Ella es norteamericana y no sabe de ti; él es gallego y no le preocupas: si acaso, con quién tendrá alguna deuda de ensoñación será con la Bella Lola, que mira tú que también aparezca luciendo su lindo talle y moviendo el pañuelo, allá en la playa.

Pasaremos un tiempo en la Perla del Caribe y os estaremos buscando entre la gente maravillosa que vive en estas tierras.

Porque, ¿sabes, Siboney?: Vivir es un puro  buscar.

¡Mira que si nos encontramos…!

 

 FIN DEL VIAJE
Ya estoy de vuelta y recuperada de mi visita a Cuba.
 ¿Qué por qué tenía necesidad de visitar Cuba, yo que me niego a hacer viajes largos?
 Pues, buscando en mi inconsciente o subconsciente- que yo no tengo muy clara la diferencia-, más que ir, lo que necesitaba era VOLVER.
 A lo mejor es que he sido cubana en anteriores encarnaciones. Vete a saber.
 Parece cómo si dentro de mí algo me impelía con urgencia  acudir a ese maravilloso país y constatar cómo me lo habían dejado estos años “fidelignos”, que tanta esperanza pusieron en nosotros allá el 26 de julio del 1959, cuando andaba yo por Oviedo haciendo el Servicio Social y aparecía el Comandante con barba, tan guapo, en todos los periódicos, derrotando al régimen de Batista, con la magnífica promesa de dar de comer a todos los cubanos.
No quiero hacer política: después de medio siglo Cuba es un país sin esperanza: el campo, tan fértil, está abandonado; no hay industria y la corrupción comienza en el gobierno y llega hasta el último pensionista que cobra ocho euros mensuales y trapichea con lo que puede.
Saben leer, pero no tienen libros que les abra la mente.
Todo el país le pertenece al Gobierno y se lo presta al pueblo poquito a poco. Menos mal que ahora, han abierto un poco la mano y les deja poner habitaciones para los turistas, cobrándose el 75%. Faltan la mayoría de materias primas, y las pocas que hay son de importación… y así no se mantiene el turismo… Y, para más inri, ha aparecido el fantasma de Trump.
 Pero cantan mucho. Yo, cada vez que les escuchaba tocar pensaba: “cuando el español canta, o rabia o no tiene blanca”. En Cuba se dan los dos supuestos, porque los cubanos, pese a que la Historia, según el régimen, comienza con Fidel y lo anterior es Prehistoria, tienen, al menos, los apellidos y mucho ADN españoles.
Una señora me dijo: “llévese de Cuba solo lo  bueno”… y hay mucho bueno. Lo mejor que tiene son sus mujeres, enormemente más preparadas que los hombres, que sin hacer alarde de feminismo, tiran de la casa y del trabajo, siempre con una sonrisa, gran sentido del humor y una educación exquisita.
 Lástima que no funcione el Internet- está restringido, no sea que se enteren de lo que es la libertad- y yo no pueda relacionarme con tantas con las que he conectado, todas magníficas.
El viaje lo he hecho con un matrimonio amigo, con el que he tenido mucho feeling y ha sido un placer su compañía. Las mejores fotos mías estarán en la Tablet de Susana y éstas que mando son las que yo tenía en mi móvil.
Hemos recorrido toda la isla durante un mes; hemos hablado con toda suerte de personas, de todos los colores y tendencias, dormido en su casa, bebido su agua filtrada y hervida, comido en su mesa y escuchado sus problemas.
El cubano ha aprendido a sobrevivir, lo que es relativamente fácil.
Ahora necesita aprender a vivir- si le dejan-, mucho más arriesgado.
 Esperemos.

 

LA LUNA

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Levadura, cargada de ilusiones,

le echamos a la Luna en la mirada

llena de gozo o llanto.

 

De tanto recibir,

de esperar tanto

su masa  fermentada ha ido esponjando

al amor de la lumbre de la noche.

 

Ayer, apareció resplandeciente

como hogaza caliente

en el mantel de estrellas de los cielos,

dispuesta a convertirse rebanada,

transformada en menguante

para entregarse a todos

en jirón rutilante,

porque nadie se quede

sin su ración de Luna

ni de sueños.

 

15-11-2016

La superluna de noviembre (o Luna llena perigeica) será especial porque coincidirá con la menor distancia entre la Tierra y la Luna desde el año 1948 y hasta el año 2034. Tendremos la Luna más cercana en 86 años.

 

 

 

 

VACIONES

 

 Beso Lidia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Quiero darle vacaciones a mis ojos:
apagar el televisor
que solo muestra miserias;
y mirar hacia dentro
o hacia el infinito – que viene a ser lo mismo-
para contemplar la vida en un estadio feliz
en el que todos nos respetemos
sin recelos;
en el que no haya emigrantes asustados
ni cambio climático;
donde las cárceles sean parques temáticos
para ejecutivos estresados,
y el Coco sea el único personaje
que asuste a los niños
cuando no quieren dormir.

Observaré mi casa con ojos nuevos,
los visillos de la vecina de enfrente,
las maniobras de los conductores al aparcar;
me fijaré en las palmeras de la plaza
y preguntaré el nombre del monte
que remata mi horizonte, tras los tilos.

Quiero darle vacaciones a mis oídos
sin encender la radio
que nos cuenta la ineptitud de los políticos,
el acoso a las mujeres,
la corrupción de los poderosos,
el hambre, el miedo, el recelo,
el silencio de los cobardes.

 Atenderé a las insólitas conversaciones
de los viajeros del autobús,
los frenazos de las motos en los semáforos,
la risa de las criaturas en el columpio;
percibiré en la música del agua de la fuente
el himno de la Paz
saliendo del violoncello de Casals.

Y me relajaré en pijama
al escuchar el trino de los mirlos,
al amanecer.

El olfato también se merece vacaciones
y podré oler aromas conciliadores
que avisen del final de la tormenta
que se cierne sobre el planeta,
descargando todos los humores negros
acumulados en gotas sucias
de rencor ancestral;
segura de que el sol está del otro lado
luciendo, en medio, arco iris luminoso
que enlace las dos orillas del entendimiento,
mientras respire con fruición
la tierra húmeda y gozosa
después del chaparrón de verano.

Disfrutaré de la hierba del parque recién segada,
del olor marino de la ría en pleamar,
del vapor del asfalto regado,
del aroma caliente de la panadería
de la frescura de la tienda de jabones.

 Que veranee también el gusto,
rodeada de aquellos a los que amo;
y juntos nos chupemos los dedos
después de la ensalada de cariño,
aderezada con campanillas de esperanza,
aliñada con aceite de generosidad
– que suele ser virgen-
y su poquito de vinagre de ironía,
y picardía de pimienta
que le dan sal a la vida,
untando, en comunión,
la salsa de la fraternidad
dejando el plato reluciente y limpio.

Utilizaré el móvil lo indispensable
y convertiré lo virtual en auténtico.
Dejaré viajar al tacto
que nuestra cultura tiene tan reprimido:
Abrazaré, sin disimulo,
a cuantos conocidos me encuentre:
acariciando a mis mayores,
haciendo cosquillas a nuestros chiquillos,
y daré un achuchón al hijo
al cruzarme con él en el pasillo.

Atusaré la colcha de mi madre,
pensando que la bordó con tanto mimo,
y pasaré deleitosamente
las hojas de mis libros preferidos
buscándo la incógnita de sus secretos
que me quedan aun por descubrir.

Arreglaré el mundo
tomando café con las amigas,
completado
con un chupito de libertad con hielo
y una lágrima de ron cubano.

 Y besaré.
Besaré sin reprimirme.

Que el beso es un mensaje definitivo,
rotundo y certero,
inventado por la Humanidad
milenios antes
que el twitter y el wassap.

 30-7-2016

 

PUPPY

 

 

                               PUPPY

 

 

 

Gugg era un pequeño planeta de una galaxia remota más allá de la Vía Láctea.

En el planeta Gugg vivía una bella princesita de nombre Gheim

Gheim era una niña muy hermosa.

Tenía un perrito chiquitín que atendía por Puppy.

Gheim y Puppy eran los mejores amigos del mundo y siempre estaban jugando.

 

Un día, unos hombres malvados raptaron a nuestra princesita y la metieron en una nave espacial, de control remoto, para abandonarla en el cielo.

Puppy, sin que nadie se diera cuenta consiguió entrar en la nave y cuando ésta se puso en movimiento, se acercó muy zalamero hasta su dueña.

¡Qué contenta se puso Gheim cuando Puppy se subió sobre ella de un salto!

Mientras tanto, la nave iba dando vueltas por el Universo.

Gheim se abrazaba a su Puppy asustada.

Cuando la nave de Gugg pasó por Bilbao, que está en el planeta Tierra, empezó a dar vueltas y más vueltas, como si fuera un remolino…

Hasta que…¡¡¡¡Plaf!!!! … tantas vueltas dio, que se empotró en el puente de La Salve, que cruza el río Nervión.

Menos mal que la nave era de titanio, que es un metal muy resistente, y no se rompió del todo.

Pero una parte de ella pasó por debajo del puente hasta el otro lado por la fuerza del impacto.

Y ahí se quedó.

Ya no pudo seguir rodando y rodando por los cielos eternamente, como pretendían los secuestradores de la princesita.

Aprovechando el barullo del aterrizaje, Gheim y Puppy consiguieron escaparse por una grieta que se abrió al caer la nave espacial.

Pero, el ruido de los motores, hizo salir a los lobos de sus madrigueras .

… y rodearon a Puppy y a Gheim.

La princesita temblaba de miedo.

Entonces, Puppy, se colocó delante de su amiga enfrentándose a los lobos

Enseñó los dientes para asustarles.

Porque, aunque era muy pequeño, también era muy valiente.

Puppy comenzó a crecer y crecer, de tanto enfado como tenía. A medida que crecía, su piel se erizaba y aparentaba ser un animal terrorífico.

Los lobos se asustaron al ver aquel gigante, que les miraba sin pestañear.

Y se tuvieron que retirar.

Cuando Puppy consiguió que se fueran los lobos, cada una de las púas en que se habían convertido sus pelos, se convirtió en una hermosa flor.

Era el regalo que le hacía la Naturaleza por ser un héroe.

La capa de flores era mágica y siguió allí quieta como una escultura de colores.

Toda la ciudad acudió a ver aquel perrito, que se había convertido en estatua de flores para defender a su dueña.

El auténtico Puppy salía, mientras tanto, tan ricamente, por debajo de las flores sin que nadie se diera cuenta.

Porque él se había vuelto a su tamaño natural.

Se puso a buscar a Gheim.

No la encontraba por ningún sitio.

Hasta que la vio asomada a la barandilla de la Ría.

Cuando se encontraron Gheim y Puppy se pusieron muy contentos,

Decidieron quedarse para siempre en la nave varada, que parecía un palacio de plata.

Habían pensado que Bilbao era un bello lugar para vivir.

Como resultaba tan grande para ellos dos solos, el Alcalde decidió convertir la nave en un precioso museo, a fin de que todo el mundo disfrutara de él.

Ahora se llama “Museo Guggenheim”.

En recuerdo del planeta Gugg y de su princesa, Gheim.

 

… y cuentan que por la noche, cuando todos duermen, Puppy y Gheim, salen a jugar al escondite entre las esculturas de las salas de exposiciones.

Para que no nos olvidemos de la hazaña del perrito Puppy, su capa mágica de flores vigila la entrada del Museo, que brilla resplandeciente bajo los rayos del sol.

 

 

 

Y, colorín colorado…

El cuento de Puppy y Gheim …

Se ha terminado

 

ZAPATITOS DE VELCRO NEGRO

ZAPATITOS DE VELCRO NEGRO
ZAPATITOS

 

 

 

 

 

 

 

Como a una caracola

lo escupieron las olas

a la orilla de la mar.

Con sus zapatitos negros.

 

 Y ya huía

con solo tres años,

amenazado por la guerra y el hambre,

que son las malas yerbas

que siembran las potencias

en terreno abonado

para vender sus armas

a los más indefensos,

enzarzándolos contra su hermano

que es el enemigo

más feroz.

 

El escorzo de sus zapatos de velcro

llenos de esperanza reluciente,

preparados para caminar leguas y leguas

hasta conseguir llegar

no importa a dónde,

nos ha escupido en el rostro

a todos aquellos

que paseamos alegremente,

ignorando al exiliado

que acecha nuestro descuido

para esconderse.

 

Y el invasor ha llegado ya cadáver

besando la arena de la playa,

con la carita cubierta de espuma,

tres años

y zapatos nuevos,

para darnos una patada en la conciencia

desnuda de memoria,

que ha olvidado

al bisabuelo que llegó a ésta

que llamamos nuestra orilla,

también huyendo

y descalzo.

 

4-9-2015

 

 

 

 

 

OTOÑO EN LOS CAMPOS GÓTICOS

OTOÑO EN LOS CAMPOS GÓTICOS

chopos suaves

El libro se me cae de entre las manos
al cruzar Tierra de Campos en la tarde de otoño;
mis ojos se rebelan a leer
ni pensar lo que otro se imagina,
cuando tras el cristal de la voraz ventana
se me ofrece
una auténtica escena vespertina
plena de movimiento y luz,
entreverada de cielo y tierra en el ocaso,
esparciendo mil lágrimas doradas,
escapadas del chopo,
o de plata brillante desde el álamo blanco.

Fotografío, como una impresionista,
este momento fugaz de la puesta de sol
distinto del de ayer y de mañana
cuando la hoja del árbol, que ahora vuela
llena de resplandores,
yazga pálida y fruncida en la autopista;

pacas de paja adornando el barbecho
donde las últimas lluvias han hecho renacer
enanos girasoles a destiempo,
a la sombra del palomar redondo
alargada por el último rayo,
que busca el día siguiente
sin loma que lo esconda hasta la noche;

el halo verde, en las puntas de encaje del plantío,
negándose a morir,
es reclamo para estorninos bullangueros
buscando alugamiento,
mientras las palomas se mecen a la comba
de los cables eléctricos
sostenidos por airosas peinetas de cemento
en medio de los surcos, que el arado ha marcado
alisando las crenchas paralelas
de la melena rubia
del campo castellano.

Escucho a Lucifer, junto a mi oído,
ofreciéndome
cuanta belleza abarque mi mirada.

Y le vendo mi alma.

 Autobús León- Burgos 14-10-2015

GENTE DE BURGOS

GENTE BURGOS 4-9-2015

EL GRITO DE RODRIGO

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Esta dramatización es eminentemente didáctica y está pensada para ser representada por alumnos de Secundaria que hayan estudiado o estén estudiando el tema del Descubrimiento de América.

              Para escribirla se utilizó suficiente documentación y tenemos conciencia de que, salvando pequeñas licencias, es fiel a la Historia.     Entre la bibliografía utilizada consultamos con el Diario de Colón. Todos los datos científicos de la navegación son extraídos de él. Incluso el detalle de cantar la Salve, que constituye el momento cumbre con el que se termina la obra, figura en el diario lo mismo que la alusión a la placidez de la ría de Sevilla o al pájaro rabiforzado.

              Aunque, por la lógica cronología de los acontecimientos, la figura de Martín Yáñez Pinzón no aparece hasta bien avanzada la obra, queremos que ésta sea un homenaje a su figura a la que, tal vez, la Historia no le haya atribuído el papel que se merece, ya que creemos que sin su categoría y fama como avezado marino, no le hubiera sido fácil a Colón encontrar tripulación para su aventura.

              “El grito de Rodrigo” fue escrita y representada con motivo del V centenario del Descubrimiento por los alumnos y alumnas que estudiaban 8º de E. G. B. durante el curso 1992-93 en el salón de actos del Colegio Público Birjinetxe, de Bilbao. De ahí, la alusión a la tradición marinera del pueblo vasco.

El protagonista, Rodrigo de Triana, fue encarnado por un muchacho lleno de complejos, acosado sistematicamente por sus compañeros al que, a medida que se fueron desarrollando los ensayos, le fueron respetando y terminó siendo un líder de la clase al terminar el curso. También el personaje del Padre Marchena fue interpretado por un alumno con graves problemas de pronunciación y el de la Reina por una alumna que, a pesar de ser brillante intelectualmente, sufría de una enorme timidez. … El director – que en esta ocasión no fue la autora – escogió a los actores con capacidades inversamente proporcionales a la importancia del papel. El resultado fue magnífico. Es posible que en ello tuviera mucho que ver el casi un curso de ensayos.

                     PERSONAJES POR ORDEN DE APARICION

NARRADORES

FRAY ANTONIO DE MARCHENA -Fraile. Cartógrafo de La Rábida.

RODRIGO DE TRIANA – Muchacho que vive con los frailes de La Rábida.

CRISTOBAL COLÓN– Navegante

DIEGO COLÓN– Hijo de Cristóbal Colón.

FRAY JUAN PÉREZ – Fraile confesor de la Reina.

BEATRIZ GALINDO – Dama de Isabel. Profesora de latín.

DAMAS DE LA REINA – Varias.

ISABEL DE CASTILLA – Reina.

FERNANDO DE ARAGÓN – Rey.

GARCÍA HERNÁNDEZ – Físico de Palos. Amigo de los marinos.

MARTÍN YÁÑEZ PINZÓN – Marino de Palos.

JUAN DE LA COSA – Armador y cartógrafo.

ALGUACIL

PAJE    

MESONERO – Antiguo marino que ahora está cojo.

HOMBRES BEBIENDO Y JUGANDO EN LA TABERNA

MARIDO 1º – MUJER 1ª

       HIJO – MADRE

       NOVIA – NOVIO

       MARIDO 2º – MUJER 2ª

       AMIGOS JUERGUISTAS

VICENTE YÁÑEZ PINZÓN – Hermano de Martín.

MADRE DE LOS HERMANOS PINZÓN

       VECINA DE LOS PINZÓN

   

                            AMBIENTACIÓN

Esta es una obra de ambientación compleja ya que se desarrolla en múltiples escenarios: la biblioteca de La Rábida, la cámara de la reina, la taberna, la plaza del pueblo de Palos y el camarote de Colón.

Posiblemente, en un escenario un poco grande, lo que nosotros hemos llamado “cuadros”, se pueden representar sin cambiar el decorado, con un buen juego de luces que ilumine la escena que se está representando. En el salón de actos de Birjinetxe, muy pequeño, se hicieron tres decorados base que se podían cambiar con pequeños accesorios. Para la biblioteca y la cámara de la reina se confeccionó un telón que representaba una pared de piedra, con una columna y una puerta ojival como elementos fijos. Cuando tenía que aparecer la biblioteca se añadían, por medio de alfileres, la ventana y unas estanterías con libros. Cuando se trataba de la cámara real se sustituía la ventana por un cuadro con las efigies de Isabel y Fernando ( lo sacamos del relieve que adorna la fachada de la Universidad de Salamanca que suele aparecer en todos los libros de texto) . Entonces se cambiaban los telones de biblioteca por otros que tenían grandes cortinajes rojos. Todo esto, naturalmente, además del mobiliario pertinente.

También utilizamos el mismo telòn para la taberna y el camarote de Colón: en una pared casi lisa, cuando era taberna, se colocaba una alacena previamente pintada y recortada, y, cuando era camarote, se sustituía la alacena por un ventanuco de ojo de buey como hay en los barcos.

Otro telón se necesitó, o, al menos, nosotros creímos necesitar, para la escena de la convocatoria a los marineros en Palos. Se hizo un decorado representando una calle que desembocaba en un puerto.

              El número, tal vez excesivo, de actores fue debido a la intervención de dos clases completas. Creemos que muchos de los personajes accesorios se pueden suprimir, o se pueden duplicar los papeles, dependiendo del número de intérpretes.

                                   CUADRO I

(Antes de abrirse el telón, saldrán delante del escenario los narradores vestidos a la usanza del siglo XV. Como el texto que han de leer es bastante extenso, es conveniente que sean varios. Pueden actuar de narradores los mismos actores y actrices que forman el pueblo de Palos de la Frontera.)

 

NARRADOR : A finales del siglo XV, la Humanidad se hallaba en uno de los momentos más ricos de su historia. Los hombres y las mujeres deseaban saber muchas cosas.

– Aprendían Bellas Artes y estudiaban Latín. Los poderosos llevaban a su casa a los mejores poetas. Se ayudaba a los artistas que no tenían dinero para aprender, y todo el mundo sentía la satisfacción de vivir.

– Este período de la Historia se conoce con el nombre de RENACIMIENTO.

– Durante el Renacimiento, los europeos se dieron cuenta de la trascendencia que tenía conocer el resto del mundo y se organizaron viajes a países remotos

– Ello fue posible porque los sabios habían hecho un descubrimiento al que, hasta entonces, nadie daba importancia.

– El descubrimiento fue que la Tierra es redonda.

– De todos los viaje, hubo uno que cambió el curso de la Historia. ¿sabéis cuál fue?

PÚBLICO: ¡ El descubrimiento de América !

NARRADOR: Nosotros vamos a recordar en este día como ocurrió.

– Porque hoy, exactamente hoy, 12 de Octubre de 1992, hace 500 años que concluyó el viaje más importante de todos los tiempos. (Texto ya obsoleto)

– Todo comenzó en un monasterio de frailes franciscanos de la provincia de Huelva, en el pueblo de Palos de la Frontera.

– El Monasterio de La Rábida.

                   (Suena música gregoriana mientras se abre el telón. La escena se desarrolla en la Biblioteca del Monasterio de La Rábida. El P. Antonio de Marchena trabaja mientras le observa un muchachillo, que vive en el convento y que es su ayudante. Tiene 14 años y se llama Rodrigo de Triana.

                  El P. Marchena está escribiendo en un mapa. Sobre su mesa se encuentran muchos mapas desordenados, una escuadra, un compás y una esfera terrestre que él consulta para su trabajo. Tiene un tintero de tinta negra y escribe con una preciosa pluma de ave. El fraile y el muchacho dialogan)

MARCHENA: Echa un poco más de tinta, Rodrigo, que tengo que terminar este mapa antes de los rezos.

RODRIGO: Ahí va, Padre Marchena. (Le llena el tintero con tinta de un enorme botellón que hay en alguna estantería. Se queda mirando.) ¿Me deja mirar un poco?

MARCHENA: Sí, muchacho.(Rodrigo se aproxima a los mapas y los observa con interés)

Te gustan ¿eh?. Puedes soñar un rato.

¿A dónde te gustaría viajar?… ¿a África como los portugueses o a Catay como Marco Polo?

RODRIGO: A mí me gustaría ir hacia el Oeste… y meterme en el Mar de los Sargazos… y luchar con esos dragones enormes que devoran a los marineros con barco y todo.

MARCHENA: ¡Pero hombre… ¡ Llevas tres años en el convento mirando nuestros mapas y nuestras esferas…y ¿aún crees como la gente del pueblo en brujas y en maleficios ?

RODRIGO: No me venga usted diciendo, como cuentan los árabes, que no existe el Mar de los Sargazos, ni el abismo, ni nada… y que la Tierra es redonda…¡ Eso si que no me lo creo !

MARCHENA: Pues tienes que creértelo, si quieres ser ayudante de cartógrafo del siglo XV. Los griegos Eratóstenes y Ptolomeo ya hablaron de la redondez de la Tierra… Pero este es un secreto que solo conocen muy poquitos sabios… La gente ignorante, que es casi toda, sigue creyendo que la Tierra acaba en Finisterre… (bajito). Pero como tú eres mi amigo, y además, muy inteligente, te hago partícipe de este secreto guardado durante tantos siglos.

                (Se oyen las campanas del vecino pueblo de Palos de la Frontera tocando a rebato. Los dos, fraile y muchacho, se asoman a la ventana.)

LOS DOS: ¿Qué pasa ?

– ¿Qué ocurre?

– ¿Por qué tocan?

MARCHENA: La gente corre…Hay jaleo en la playa…Vayamos a ver qué pasa. (Se van. Música)

                           (se apaga la luz)

NARRADOR:Frente a las costas de La Rábida ha naufragado un barco. Solamente han podido ser rescatadas dos personas: un padre y su hijo.

(Entran en la biblioteca Marchena y Rodrigo llevando, casi arrastrando, a los dos náufragos, que están, naturalmente, con las ropas caladas.

MARCHENA:      (A Colón)

– Aquí. Sentaos aquí. (Colón se sienta, pero parece muy débil)

Tranquilo… que todo ha pasado ya. (Ofreciéndole un vaso) ¿Un poquito de agua?…o, mejor: vinillo de la tierra, que tonifica más. (Cambia de vaso y le sirve vino de una jarra. Mientras tanto, Rodrigo ha estado intentando quitarle a Diego la ropas mojadas.)

RODRIGO: (A Diego)– ¡Vamos muchacho!… De buena os habéis librado… El barco se ha ido al fondo… Parece que se lo hubiera tragado la mar… Menos mal que tu padre y tú sois buenos nadadores…

DIEGO:Es que mi padre es un viejo lobo de mar, y desde pequeño me enseñó a nadar muy bien… Yo, a mis años, ya he viajado más de mil leguas con él.

RODRIGO: ¡Qué suerte, macho!.. No sabes lo que me gustaría a mí ir en un barco mil leguas por el mar…

MARCHENA: Rodrigo: llévate al niño a la cocina. Cámbiale de ropa y di que preparen un refrigerio para los dos.

COLÓN: Gracias, Padre. ¿Cómo se llama este lugar?

MARCHENA: Estáis en el Monasterio de la Rábida, en Huelva. ¿Hacia dónde os dirigíais?

COLÓN: Ibamos a Sevilla para ponernos en contacto con la reina de Castilla, Doña Isabel.Tengo que enseñarle unos documentos.

(Levantándose sobresaltado).

Por cierto: ¿dónde está mi valija?… Creo haberla rescatado… ¡Si se ha hundido con el barco, estoy perdido!

F.JUAN PÉREZ: (Entrando con una bolsa en la mano) Aquí está vuestra bolsa…,chorreando.

COLÓN: (Levantándose)

– Pues hay que sacar todo inmediatamente y ponerlo a secar… Sin perder un minuto. Me va en ello la vida. (Se ponen los tres a extender pergaminos por las mesas y el suelo de la habitación)

MARCHENA: ¿Qué es esto? …Mapas y cartas marinas… Nada podría ser más de mi agrado. ¿Es cartógrafo vuestra merced?

COLÓN: No. Yo soy marino. Interpreto las cartas y los mapas. Viajo por los Siete Mares y conozco los lugares más recónditos. 

MARCHENA: Entonces: sed bienvenido. Ha sido Dios el que ha hecho naufragar vuestro barco frente a este Monasterio. Vuestra experiencia servirá para comprobar la veracidad de nuestros mapas. ..Ahora, vayamos a reponer fuerzas.

(Salen de la escena los dos frailes con Colón. Música. Se apaga la luz. Entran en la Biblioteca los frailes con Colón)

F.J. PÉREZ: Bueno, bueno…O sea …que venís de la Corte de Portugal…¿y os llamáis…?

COLÓN: Cristóbal Colón.

MARCHENA: …Y decís que el rey de Portugal no os ha hecho caso…

COLÓN: Es que Portugal está muy interesado en darle la vuelta a África y llegar a la India desde allí.

Les falta visión comercial. Si me hicieran caso, el viaje hasta las Islas de las Especias sería más corto y más barato.

F.J.PÉREZ: ¿Cómo es exactamente el viaje que vos proponéis?

COLÓN: (Se acerca a la esfera terrestre que hay sobre la mesa. Es una esfera sobre la que se habrán pintado previamente los continentes que se suponían en esta época. Es decir: hay que suprimir el continente americano y cubrirlo todo de mar)

– Pues vamos a ver: Aquí está España. Esto es Africa. Para llegar a las Islas de las Especias, los portugueses van por aquí... (señalando) Yo propongo ir en línea recta por el Oeste y llegar antes y mejor.

MARCHENA: Pero el Atlántico es muy traicionero. Nadie que haya sobrepasado las Azores ha sido capaz de volver.

COLÓN: Las Azores se descubrieron hace cincuenta años. También fue una hazaña llegar a ellas. Todo es cuestión de arriesgarse.

F.J.PÉREZ: ¿Vos os arriesgaríais?

COLÓN: Por supuesto. Es tal la seguridad que tengo. Tan perfectos mis mapas, que solamente necesito para embarcarme eso que llamamos vil metal.

F.J.PÉREZ: ¿Y pensáis encontrarlo en Sevilla?

COLÓN; En Sevilla, no. En Granada. Cuando la reina Isabel conozca mis planes, seguro que me ayudará. Ella es generosa y soñadora.

MARCHENA: Pero está casada con Su Majestad el rey Fernando, que, ni es generoso ni soñador. No os aseguro mucho éxito.

F.J.PÉREZ: Además están atareadísimos con el asunto de Granada.  Hace diez años que quieren conquistarla y los moros son duros de pelar. Pero todo se andará.

MARCHENA: Si vos quisierais, Fray Juan, le podríais comunicar a la Reina los deseos de Colón. Sois su confesor y os hará caso.  Si conseguimos que ella se entusiasme, habremos ganado la batalla. (Entran Diego y Rodrigo)

DIEGO: Padre, ya tengo un amigo. Se llama Rodrigo de Triana. Dice que quiere hablarte.

COLÓN: ¿Qué pasa, Rodrigo?

RODRIGO: Pues yo… Yo… soy el ayudante del Padre Marchena y… y me gusta leer sus mapas y sus libros y…

COLÓN: ¿Y qué?

RODRIGO: Que… siempre he soñado con embarcar en una nao con grandes velas que se hincharan con el viento…

Pero… en el convento solo se puede soñar…   Señor: si conseguís hacer ese viaje hasta las Indias, ¿me llevaríais como grumete?

 COLÓN: Trato hecho, muchacho…   Pero… ¿Quién cuidaría de mi hijo Diego?

MARCHENA: Nosotros, los frailes, le cuidaríamos, mientras navegaseis, como a la niña de nuestros ojos.

COLÓN: No es necesario tanto mimo.   Me conformo con que le enseñéis a leer y contar.  Tiene que saber muchas cosas para ser marinero como su padre.

                                         TELÓN

                                         CUADRO II

NARRADOR: Corre el año 1491. Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, llevan mucho tiempo luchando para conquistarles a los moros la ciudad de Granada.

– Cuando ésta sea conquistada, toda la Península será cristiana, que es el gran deseo de los Reyes.

– Cerca de Granada, se ha levantado la ciudad de Santa Fe, desde donde los cristianos organizan la guerra.

– Isabel de Castilla, en sus aposentos, estudia con su dama Beatriz Galindo, que le da clases de Latín.

(Se abre el telón y aparece el camarín de la reina. Con ella, Betriz Galindo y otras damas)

BEATRIZ: Majestad: la lección de hoy ha sido demasiado corta. Apenas habéis prestado atención al Latín.

ISABEL: Beatriz, hija : A veces, hasta la misma reina no puede abarcar todo:Tengo que cuidar de mi reino, vigilar a mis nobles y recibir embajadores… Como esposa y madre, he de atender a Su Majestad el Rey y a los infantes… Y, como mujer renacentista, he de abarcar el dominio de las Artes.

DAMA 1: …Y…aprender a bailar..

ISABEL: Aprender a bailar.

DAMA 2: …Y…aprender a cantar…

ISABEL: Aprender a cantar.

DAMA 3: …Y recitar poesías …y montar a caballo…

ISABEL: Recitar poesías..

DAMA 4: Eso, además de coser y bordar y rezar… que debe saber cualquier dama honorable que se precie.

ISABEL: Y para colmo… ¡esta agotadora guerra contra el infiel, que no me deja vivir!

BEATRIZ: Calma, Majestad. Esta guerra está a punto de acabar. Dentro de poco, Granada se rendirá ante vuestro ejército y podréis tener una auténtica corte.

ISABEL: Tengo ganas de que esta pesadilla haya terminado.

(Aparece en escena el rey Fernando)

FERNANDO:  Terminará todo menos las deudas. Estamos hasta el cuello de deudas.

ISABEL: ¿Es posible, Fernando?

FERNANDO: Sí, querida esposa. Esta guerra de Granada se está prolongando demasiado. Son sesenta mil hombres con armas a los que hay que alimentar todos los días.

ISABEL: ¿Habéis pensado subir los impuestos?

(Las damas se van marchando discretamente de la escena después de hacer una reverencia . Los Reyes, ni se fijan en ello)

FERNANDO: Imposible. El pueblo no puede pagar ya más impuestos. Por eso, he decidido vender la villa de Casares al Duque de Cádiz, por la que le pediré diez millones de maravedíes

ISABEL: El pueblo os lo agradecerá.

FERNANDO: El pueblo no lo va a agradecer. Y, encima, todas nuestras riquezas pasarán a manos de los nobles…. Y, no tardando mucho, los Reyes serán más pobres que cualquiera de ellos. 

ISABEL: No os preocupéis, Fernando. Nuestro será el orgullo de haber vencido a los moros y llevar la cruz de Nuestro Señor a la Mezquita de Granada.

FERNANDO: Menos mal que aún quedan las joyas de Castilla, que siempre se podrán vender por una causa justa.

ISABEL: ¿Y por qué no se pueden vender las joyas de Aragón?

FERNANDO: Porque es Castilla y no Aragón quién dirige esta empresa.  Si Castilla quiere honores, que sea Castilla quien pague.  (Haciendo una burlona reverencia a la vez que se va marchando).  Yo soy un mero soldado que cumple las órdenes de Su Católica Majestad. (Se va)  (Isabel queda sola muy preocupada y así la encuentra su dama Beatriz).

BEATRIZ: Majestad.

ISABEL: Beatriz: ya has oído al Rey.  No tenemos un maravedí…. y yo le había prometido a ese genovés que me recomendó Fray Juan Pérez que le iba a financiar el viaje a las Indias. ¿Qué hacemos ahora?

BEATRIZ: Lo primero que debéis hacer es decírselo al Rey. No podéis estar ocultándole tanto tiempo este proyecto.    (Se asoma Fray Juan). Puede ayudarnos la presencia de Fray Juan.

F.J.PÉREZ: Majestad.­­

ISABEL: Padre, me alegra su visita. Estamos pasando un mal momento.

F.J.PÉREZ: ¿Qué ocurre?

ISABEL: El rey Fernando está muy preocupado con los dineros de los reinos. Dice que si se prolonga demasiado la guerra de Granada no nos quedarán más que deudas… y yo tengo empeñada mi palabra en ese viaje a las Indias…

F.J.PÉREZ: ¿Aún no le habéis hablado a Su Majestad el Rey?

ISABEL: Aún no. No he encontrado el momento oportuno

F.J.PÉREZ: Os podré ayudar ya que traigo esta carta de Colón, que facilitará las cosas. (Le entrega la carta a la reina ,que la lee bajito.)

BEATRIZ: Callaos. Viene el Rey.

 FERNANDO;       (Entrando ) Buenos días, Fray Juan.

F.J.PÉREZ: Buenos días, Majestad.

 FERNANDO: Hace tiempo que no os veíamos por Santa Fe. ¿Hay novedades?

ISABEL: Una y muy importante.

FERNANDO: ¡ Que se rinde Boabdil !

ISABEL: Aún no. Pero tenemos un proyecto que, si lo realizamos, dejará pequeñas vuestras hazañas con los musulmanes.

FERNANDO: ¿ De qué se trata ?

ISABEL: Veréis : ¿Recordáis lo mal que os sienta cada vez que llegan noticias del reino de Portugal,sobre los descubrimientos de sus marinos…?  ¡Qué enfado tuvisteis el día que descubrieron las islas de Cabo Verde…!  …Y no digo nada,hace un par de años,cuando tuvieron la osadía de darle la vuelta a Africa y doblar el Cabo de las Tormentas…!

FERNANDO: …Que llamaron el Cabo de Buena Esperanza.

ISABEL: Pues yo tengo más esperanza aún que los portugueses. Nosotros podremos llegar hasta Catay y Cipango sin tener que bordear Africa.

FERNANDO: ¿Cómo?

ISABEL: Fray Juan Pérez ha encontrado un marino genovés que conoce un camino hacia el Oeste.

FERNANDO: …Y piensa caminar hacia el Oeste… hacia el Oeste… y llegar al Este  ¡No me toméis el pelo!, Isabel .¿Cómo es esto posible?

ISABEL: ¡Ay ,Fernando!… ¡Qué poco culto sois !… Si estudiarais más… Solo os preocupáis de la guerra y no hacéis caso de los sabios que os rodean. A estas alturas del Renacimiento, todos los cartógrafos, moros y cristianos, saben que la tierra es redonda. Y que se puede llegar al Este saliendo hacia el Oeste.

F.J.PÉREZ: Además, es el camino más corto.

 FERNANDO: Pero mucho más peligroso. La recta del Atlántico solo se conoce hasta las Azores. Ningún marinero se arriesgaría a avanzar más hacia el Oeste.

F.J.PÉREZ: El marino del que os hablo, que se llama Cristóbal Colón, es capaz de hacer ese viaje.  Él mismo me ha entregado esta carta para Sus Majestades.      (Fray Juan Pérez le entrega al Rey la carta, mientras mira a Isabel con complicidad)

FERNANDO: (Leyendo en alta voz al principio, luego, entre dientes y, al final, para sí mismo)

– “Muy altos Reyes: de muy pequeña edad entré en el mar navegando y he continuado hasta hoy. La misma arte inclina a quién le prosigue a desear de saber los secretos de este mundo. Ya pasan los XL años que yo voy en este uso…  (Fernando lee el resto de la carta, auténtica, de Colón, en silencio)  Parece que conoce la mar. Aquí dice: “todo lo que hasta hoy se navega, todo lo he andado.”… Este hombre parece muy seguro de conocer el camino de las Indias.

F.J.PÉREZ: Lo está.Tiene en su poder las mejores cartas de navegación que se han visto en La Rábida.

ISABEL: ¿Os dais cuenta, Fernando? : si Castilla organiza este viaje, en cuanto conquistemos Granada, seremos los Reinos más importantes de Europa…!

ISABEL: Y, por qué no lo ha de organizar Aragón?.

ISABEL: Cuando nos repartíamos las conquistas y, vosotros los aragoneses, os decidisteis por avanzar en el Mediterráneo,no se os ocurrió que habría nada más allá de Finisterre. Creísteis llevar la mejor parte.

FERNANDO: Es verdad. El Mediterráneo es también el Mare Nostrum, y hasta sus peces llevan en el lomo las armas del Rey de Aragón.

ISABEL: (Soñadora) – ¡Quién sabe, si no tardando mucho, en Cipango y Catay , ondeará el pendón de Castilla!

FERNANDO: No soñéis tanto, Isabel.¿ Ya tenéis dinero para sufragar un viaje tan costoso?

ISABEL: ¿No decíais que, en caso de emergencia, se podrían vender las joyas de Castilla? …¡Pues aquí están!  (Se quita las joyas y se las da a su esposo). Si hace falta, entregaré hasta las que llevo puestas.

FERNANDO: Esperemos que no sea necesario. Consultaré al Consejo Real.

                                         TELÓN

                                         CUADRO III

NARRADOR: Las cosas se han puesto mal para Colón. El Consejo Real no ha dado su voto para hacer el viaje, y Colón ha enviado a su hermano Bartolomé a las cortes de Francia para buscar ayuda en aquel reino.

(Se abre el telón mostrando, de nuevo el Monasterio de La Rábida. En la Biblioteca, el P. Marchena, trabaja. Rodrigo y Diego, se entretienen con un juego de ajedrez)

DIEGO: Te como la dama, Rodrigo.

RODRIGO: ¡Perillán… ¡Has aprendido pronto. Ya no puedo dejarte solo ni un segundo. En cuanto me despisto, me das jaque.

DIEGO: (Jugando) – Jaque mate en un instante. ¿Es verdad que llega hoy mi padre?

MARCHENA: De un momento a otro. Hace días que le esperamos.

(Continúan jugando los niños y trabajando el fraile, mientras se eleva el volumen de la música gregoriana. Llaman a la puerta)

RODRIGO: ¿Quién será? .(Va a abrir la puerta. Se asoma Colón)

 DIEGO: ¡Mi padre! (Corre hacia él y se abrazan)

COLÓN: Diego, hijo mío. ¡Cómo has crecido! ¡Qué guapo estás.  (Dirigiéndose hacia el fraile) Fray Antonio: gracias por todo. (A Diego) Cuéntame: ¿cómo te ha ido todo este tiempo en el Convento?

DIEGO: Muy bien, padre. Rodrigo me ha enseñado muchas cosas. Ya casi sé leer de corrido.

RODRIGO: …y jugar al ajedrez.

COLÓN: ( A Rodrigo) – Perdón, muchacho. No te había dicho nada. Nunca te pagaré lo que has hecho por mi hijo.

RODRIGO: Claro que me lo pagaréis. Habéis prometido llevarme en el viaje a las Indias.

COLÓN: Tendrás que esperar. Ya no hay viaje.Vengo por el niño. Él y yo nos vamos a Francia.

MARCHENA: No es posible. ¿Qué ha sido de las conversaciones con la Reina?

COLÓN: Con la Reina, bien. Con el rey Fernando, regular… y con el Consejo Real, nefastas.

MARCHENA: ¿Qué ha ocurrido?

COLÓN: El Rey nombró una comisión técnica que estudió el proyecto. Como me temía, lo consideraron una locura. Solamente tres o cuatro personas como el tesorero real, Luis de Santángel, y el duque de Medinaceli creyeron en mí.

MARCHENA: Ellos y la Reina.

COLÓN:He decidido buscar fortuna en otros países.

MARCHENA: Hay que insistir ante la corte de Granada. Esta vez no os dejaremos solo.

                                         TELÓN

                                         CUADRO IV

NARRADOR: Cuando Colón les contó a sus amigos, los frailes de La Rábida, que iba a pedir ayuda al rey de Francia, éstos alquilaron una mula muy veloz para darles la noticia a los reyes Isabel y Fernando.

– Escuchad a los Reyes

(Se abre el telón y de nuevo aparece el camarín de la Reina. En escena Isabel y Fernando. Al fondo, en un rincón, un paje)

FERNANDO: ¿Sabéis, Isabel, que Colón quiere marcharse a Francia porque dice que aquí no le ayudamos?

ISABEL: Yo tenía entendido que el duque de Medinaceli estaba dispuesto, él solo, a financiar el proyecto.

FERNANDO: ¿Y vos vais a consentir que un vasallo os gane la partida? . ¿Es que ya no tiene orgullo la reina de Castilla?

ISABEL: La reina de Castilla tiene su orgullo… pero también su astucia. ¿Sabíais, acaso, que este asunto de Medinaceli ha conseguido que Colón se quede más tiempo con nosotros?… ¿y que durante este tiempo he estado buscando en las arcas reales dineros para la expedición?

FERNANDO: Pocos dineros habréis conseguido…

ISABEL: No tan pocos. Colón dice que necesita solamente tres naves y cien hombres.

FERNANDO: Con todo el dinero que nos pueda prestar el tesorero real ,solamente habrá para una carabela.

ISABEL: ¿Recordáis, esposo, que en el bloqueo de Málaga, la villa de Palos no participó?

FERNANDO: …y se les castigó obligándoles a aportar dos naves al Reino cuando éste las necesitara…

ISABEL: ¡Pues ya las necesitamos!… Estas dos y la que podemos pagar nosotros formarán la flota que llevará a Colón a la India.

FERNANDO: ¿Estáis segura de que queréis embarcaros en este negocio?

ISABEL: La Reina de Castilla nunca ha dado marcha atrás en ninguna empresa… y esta es la empresa más trascendente que se nos ha proporcionado. (Con sorna)... Si aportáis algún dinero… también vos participaréis en los beneficios…

FERNANDO:       (Al paje)  – Llama a Cristóbal Colón . (Sale el paje)

(Entran Colón, el P. Marchena y F.Juan Pérez)

MARCHENA: Majestades

F.J.PÉREZ: Majestades…

COLÓN: Majestades..

FERNANDO: Os hemos convocado para que nos aclaréis ese proyecto de pedir ayuda a Francia.

COLÓN: No tengo más remedio que buscar protector fuera de España: hasta el duque de Medinaceli me ha fallado.

ISABEL: No os ha fallado. Pero ahora serán los reyes, personalmente, quienes os ayuden.

COLÓN: ¿Qué ha ocurrido para este cambio?

FERNANDO: Han cambiado las cosas. La guerra de Granada está a punto de terminar. España necesita ampliar sus horizontes y no queremos que solamente Portugal sea la reina de los mares.

MARCHENA: Si Cristóbal Colón dirige la expedición, podéis estar seguros de ganarles a los portugueses la carrera del mar.

FERNANDO:  ¿Tan seguro estáis, Padre Marchena?

MARCHENA: Tan seguro. Ningún marino, de cuantos he conocido, ha tenido las ideas tan claras.

F.J.PÉREZ: Ni su pericia

ISABEL: De eso nos fiamos.  Sellemos nuestro compromiso.

               (Los tres: Isabel, Fernando y Colón extienden sus manos y las juntan en medio de la escena)

MARCHENA: De ahora en adelante el nombre de Cristóbal Colón quedará asociado eternamente al de Isabel y Fernando.

                                                TELÓN

                                              CUADRO V

NARRADOR: El dos de enero de 1492 el rey Boabdil entregó a los reyes Isabel y Fernando las llaves de aquel paraíso llamado Granada.

– Desde aquel día, una vez terminada la guerra, los soldados volvieron a sus pueblos y sus antiguas profesiones.

– En un mesón de Palos de la Frontera unos marinos celebran así la victoria cristiana. Estos marinos eran Martín Alonso Pinzón y Juan de la Cosa. Con ellos, el físico de Palos, García Hernández.

(En escena el mesonero, que es cojo, sirve y limpia las mesas. Las del fondo están ocupadas por hombres del pueblo que juegan a las cartas. Serán los mismos actores que luego se van a embarcar. Beben y comentan en alta voz los avatares del mus o cualquier otro juego de cartas, independientemente de lo que digan los actores que figuran en el guión.)

                (Entran Pinzón, Juan de la Cosa y García Hernández.)

PINZÓN: Dios os guarde, mesonero.

MESONERO: Dios os guarde. Muy contentos parecéis. ¿Qué os trae por aquí

G.HDEZ: Celebramos el fin de la guerra. Ahora ya no quedarán moros en España. ¡Vivan los reyes Isabel y Fernando!

TODOS: (Incluso los que están en otras mesas) – ¡Vivan

G.HDEZ: Sácanos el mejor vino que tengas en tu bodega. Esto hay que celebrarlo.

MESONERO: Al instante. (Se va)

PINZÓN: Esperemos que, con la guerra terminada, vuelvan los soldados a sus casas y, de nuevo, tengamos marineros para podernos embarcar

JUAN DE LA COSA: Han sido malos estos años. Todos los hombres jóvenes estaban en el ejército que sitiaba Granada, y nosotros, los patrones, nos hemos tenido que quedar en tierra porque faltaba mano de obra.

PINZÓN: Tú no. Que los vascos no han acudido a la guerra porque tienen fueros que se lo permiten y has podido viajar con ellos durante estos años. ¡Menuda suerte que tenéis los que vivís en el Norte!

(Vuelve el mesonero y sirve)

MESONERO: Este vino del Condado es lo mejor que tengo desde antes de la guerra.

PINZÓN: (Probando) – Bueno está.

JUAN DE LA COSA: No ha sido tanto. Los vascos son más pescadores que comerciantes y solo les preocupa la caza de la ballena.

GARCÍA HERNÁNDEZ: Eso no es totalmente cierto. El Consulado de Bilbao lleva y trae mercancías de todos los puertos de Europa.

J.COSA: Pero son viajes de cabotaje. No hacen más que recorrer la costa de puerto a puerto.

PINZÓN: Los vascos son los marinos más expertos de todo el Cantábrico.

J.COSA: También los cántabros lo somos… Y, si no…¡aquí estoy yo!.

 MESONERO: Todos somos marineros y valientes… ¡ Ay si yo no hubiera recibido aquel golpe en la pierna… ¡ Ahora estaría navegando por esos mares de Dios…  Por eso, esta vez vais a beber por cuenta de la casa. (Sirve y beben todos)

G. HDEZ: Vayamos al grano: parece que la Reina está dispuesta a fletar tres naves para hacer un viaje de exploración.

PINZÓN: Las naves de quién.

G.HDEZ: Supongo que de quien más facilidades le  Dos de ellas tiene que aportarlas la villa de Palos, que está en deuda con la Corona. Ya podéis correr todos los armadores a ver quien consigue el privilegio.

J. COSA: ¿Y quién dirige la expedición?

G.HDEZ: Cristóbal Colón, el genovés. Los Reyes han firmado unas capitulaciones en Santa Fe por las que le hacen Almirante de la Mar Oceana, Virrey y Gobernador de las tierras a descubrir y ,además, le conceden el 10% de las riquezas que halle.

J.COSA: No se han quedado cortos los Reyes concediendo prebendas.

G.HDEZ: Buen negocio habrá olido el rey Fernando.

PINZÓN: Es un hombre grande ese Colón. Yo soy amigo suyo y he consultado sus cartas de navegar. Tiene marcada una ruta para las Indias partiendo hacia Occidente. Hacerla debe ser una experiencia muy interesante.

J.COSA: ¡ Las Indias…! ¡Las Islas de las Especias!. ¡Catay! ¡Cipango! ¿Por qué no vamos con él. Seguramente podremos traer un buen cargamento de ellas y nos haremos ricos para siempre. ¿Dónde le podemos encontrar?

G.HDEZ: En el monasterio de La Rábida, donde vive con los monjes. ¡Vamos allá!.

TODOS: ¡ Vamos!

                                         TELÓN

                                  CUADRO VI

                (Al levantarse el telón aparece un decorado de muelle o plaza de pueblo marinero. Al fondo, dibujadas, las tres caravelas. Llega el alguacil con una sonora trompeta que tocará tres veces, y en tres direcciones antes de dar el bando. Mientras lo anuncia, van entrando por el foro Colón, Martín Alonso Pinzón y Juan de La Cosa, que se quedarán en el escenario mirando a la gente que se anima a embarcar. La gente que se acerca, se quedará abajo)

NARRADOR: Martín Alonso Pinzón y Juan de La Cosa se reunieron con Cristóbal Colón e hicieron los preparativos para el viaje. Pero hacían falta marineros.

– El alguacil dio el siguiente pregón:

ALGUACIL: De orden del señor alcalde se hace saber : que todos los hombres de mar que lo deseen pueden embarcarse en las tres naves que están amarradas en el puerto. Que son : La Pinta, de Martín Alonso Pinzón, La Niña, de Pedro Alonso Niño y la Santa María, de Juan de La Cosa. Para hacer un viaje que comenzará el 3 de Agosto, hacia las Indias y las Islas de Las Especias.Todos los que embarquen serán recompensados con una bolsa de maravedíes.

(Todos los personajes que intervienen en la escena siguiente han estado sentados, camuflados, entre el público. Comienzan sus diálogos, a grandes voces, poniéndose de pie, entre las butacas. Pueden seguir el orden del guión o se pueden mezclar sus intervenciones)

MARIDO 1: ¡ Yo me voy contigo!

MUJER 1: ¿ Que te vas ?. ¡Tú no te vas!… Sinvergüenza. Que tienes que trabajar para mí y para tus hijos.

MARIDO1: Que sí que voy.

MUJER 1: Que no te vas. Que ya estás viejo para meterte en esos negocios.

MARIDO 1: Que me voy. Pesada. Que ya estoy harto de ti y de los muchachos.

                ( La conversación se puede prolongar todo lo que se les ocurra a los actores, lo mismo que las sucesivas.)

– Que no

– Que sí.

HIJO: ¿A mí me puedes llevar?  ¡Oye!…Te digo a ti, Pinzón. Yo me quiero embarcar para las Indias.

MADRE: ¿Que te quieres embarcar?… Pero ¿que te has creído?… Aún eres muy tierno para abandonar a tu madre.

HIJO: Que no, madre. No sea usted pelma. Que ya soy un hombre.

MADRE: ¿Un hombre tú?… Si eres lampiño todavía.

HIJO: ¿Lampiño?,¿lampiño?… Pero no ve usted el bigote que me está saliendo ya…

MADRE: Que no te vas. Que tú no sirves para eso. (Al público) ¿Han visto ustedes? ¡ Que se me quiere ir a las Indias!

                  (El muchacho avanza hacia el escenario y la madre le sigue refunfuñando)

MUJER 2: (Voceando). – Mi marido se quiere embarcar para la Indias.

MARIDO 2: Cállate, mujer, que te van a oir.

MUJER 2: Que me oigan. (Más alto) Aquí hay un marinero experto que entiende de vientos y mareas.

MARIDO 2: ¿Te quieres callar?… Yo hago lo que quiero. No voy.

MUJER 2: ¡Que te crees tú!. Holgazán… Que quieres vivir sin trabajar.  ¡Tú te vas a las Indias!

MARIDO 2: Que no.

(La mujer 2 coge al marido por la camisa y le lleva ,casi arrastrando hasta el escenario.)

NOVIO: Aquí hay un valiente que quiere embarcar.

NOVIA: ¿Embarcarte tú?. ¿Y qué hago yo?

NOVIO: Esperarme.

NOVIA: ¿Y tengo que esperar hasta que vuelvas?

NOVIO: Claro.

NOVIA: ¿Y si no vuelves?

NOVIO: Te casas con otro.

NOVIA: No quiero casarme con otro. Yo quiero casarme contigo.

NOVIO: Espérame. Volveré rico y luego viviremos mejor.

NOVIA: ¿ Y si no vuelves de las Indias?

NOVIO: Que sí vuelvo, tonta. Espérame. (Mientras hablan se van acercando al escenario)

JOSÉ: ¿Nos vamos?

FRANCISCO: Menuda juerga que nos vamos a correr.

ANTONIO: Seguro que en las Indias hay mozas buenísimas.

JOSÉ: Venga. (Alto y dirigiéndose al alguacil, que continúa en el borde del escenario). Apúntanos a nosotros.

ANTONIO: Que queremos correr aventuras.

FRANCISCO;      (A Pinzón : ¿cuánto pagáis?

JOSE: ¿Pagáis en oro o en plata?

ANTONIO: …Y, si nos pinta bien, nos podemos quedar en las Indias.

FRANCISCO:      (A otro) – ¡Hombre!. Tú por aquí…¿También te vienes a las Indias?

                (Inicia otra conversación, mientras se colocan a los pies del escenario sin subir a él)

JUAN: (Hablando con Pedro de extremo a extremo del patio de butacas – Pedrooooo !

PEDRO: ¡ Juaaaaan !…¿Nos embarcamos con ese loco de Colón?

JUAN: ¿Y por qué no?. ¿No hemos hecho locuras mayores?

PEDRO: De no contar…Pero esta supera a todas. ¿Vamos?

PEDRO y JUAN: (Cantando) – Vamos a la mar…a la mar bravía…

Venga. Apuntadnos. Que nos vamos con vosotros.

(Mientras hablaban se han ido acercando al escenario)

COLÓN: Calma. Calma. Todas las preguntas serán contestadas a tiempo. Se trata de un viaje que no se ha hecho nunca. No quiero engañaros. Nos adentraremos en el Mar Tenebroso y tardaremos, por lo menos, dos meses en llegar.

(Estas palabras hacen que se produzca un gran alboroto entre los entusiastas, que dan marcha atrás, cada uno dentro de su conversación, más o menos simultáneamente)

MUJER 1: ¿Qué quieres?… ¿irte por esos mundos de Dios y no volver más?( al marido). ¡Tú te quedas.!

NOVIA: Pues mi novio no se embarca. Faltaría más. Para que se ahogue en la mar. Ni hablar.

NOVIO: Por supuesto. Yo lo que quiero es casarme contigo. ¿Qué se ha creído ese Colón?

MADRE: Eso no es para ti, hijo mío, ¿Ves como un chiquillo no debe meterse en esas empresas? (En alta voz). Mi hijo se queda con su madre hasta que sea mayor. ¿No te digo?

PEDRO: ¿Tú crees, Juan, que merecerá la pena irse con ese loco?

JUAN: …Mejor nos quedamos…

MUJER 2: ¿Sabes qué te digo? . Que, aunque seas un holgazán, prefiero tenerte conmigo a haberte perdido en la mar… ¡No te vayas!

MARIDO 2: Ahora es cuando me quiero marchar…¡Yo sí que voy!

MUJER 2: Que no, hombre. Que te quiero mucho. … ¡Que no quiero que te vayas!

FRANCISCO: Conmigo no contéis.

ANTONIO

JOSE: Ni con nosotros.

FRANCISCO: Encima de lejos.., sin seguridad de volver.

(Ante esta desbandada, toma la palabra Pinzón y, dando grandes voces, consigue hacerse escuchar por la concurrencia.

PINZÓN: Vamos a ver amigos. ¿Me queréis escuchar?

(Es muy probable que tenga que tardar un rato en hacerse oír porque la gente anda reguñendo y quejándose más o menos en voz alta) – Escuchad…Calma…A ver… ¿Ya podéis escuchar?… Yo soy de aquí. Me conocéis todos. Llevo muchos años navegando y conozco todos los mares y todas las costas… Y soy uno de los que arriesgo mi carabela y mi vida en este viaje. ¿Me creéis capaz de engañaros?

MARIDO 2: De ti nos fiamos más que del genovés.

GENTE:(A coro) ¡Contigo sí vamos, Martín!

PINZÓN: Pero Colón será el jefe de la expedición.

FRANCISCO: Yo voy si llevas a tu hermano Vicente.

VICENTE: Aquí estoy yo. Que también me voy con mi hermano Martín. Yo soy el capitán de La Niña.

MADRE DE PINZÓN: ¡Ay , Vicentito mío!. No te embarques tú también ,que dejas sola a tu madre

VICENTE: No se preocupe, madre. Que voy con Martín y voy seguro. Yo también soy buen marino. (Sube al estrado y saluda a los demás)

AMIGA: (Dando grandes voces)– ¡Ay, Vicente, hijo!. ¿Pero no te acuerdas de las veces que has ido a mi huerto a coger higos?… ¿Ya no te acuerdas de mí?. ¡Ay!, que te vas al Mar Tenebroso y a lo mejor no vuelves… (al público) Son mucho marinero estos Pinzones. A los dos ,a Martín y a Vicente, los conozco bien. Viven junto a mi casa y los he visto desde que eran así… Luego, se hicieron mayores y se metieron en la mar… Su madre me cuenta su pena cada vez que embarcan... (Abrazando a la madre de los Pinzones)  ¡Ay, vecina, que se nos van los muchachos!

MADRE DE PINZÓN : Parece que fueran tus hijos y no los míos.   Sé valiente,que yo lo soy y estoy muy orgullosa de ellos.

                (Se acercan al grupo)

GENTE: (A coro) ¡Vamos adonde vayan los Pinzones!

NOVIA: ¡Ay! …si las mujeres pudiéramos embarcar…

HIJO: Madre…¡Que me voy en esas carabelas..!

MUJER 2: Anda. ¡Vete a ver si sacas algo de dinero…!

JUAN: Adiós a todos

PEDRO: ¡Esto sí que es bueno!

JOSE: Vamos,amigo

GENTE: Vamos todos…Con los Pinzoneses y con Colón…¡Al abordaje!

                (Van subiendo al escenario y despidiéndose del público.

                                         TELÓN

                                  CUADRO VII

    (Al levantarse el telón aparece el camarote de Colón. Se puede utilizar el mismo decorado de la taberna ,quitando las cubas y sustituyendo los cuadros por ventanucos de ojo de buey, como son los de los barcos. El el fondo hay un camastro. En una mesa, en la que se pueden encontrar instrumentos de navegación, escribe al dictado Rodrigo de Triana. Colón dicta de pie.)

NARRADOR: Colón salió con sus amigos Martín y Vicente Yáñez Pinzón y Juan de La Cosa el día 3 de Agosto de 1492, del Puerto de Palos. Martín y Vicente capitaneaban La Pinta y La Niña y el Almirante dirigía la Santa María, que no era carabela, sino nao y la mayor de las tres, y por eso era también, la más lenta.

– Ya llevaban dos meses y pico navegando y la tripulación  se empezaba a cansar…

COLÓN: Escribe,Rodrigo: Con el día y la noche hemos navegado cincuenta y cinco leguas… Pero… apunta mejor, cuarenta. No quiero que se asusten los marineros pensando en lo lejos que estamos y que no hayamos encontrado tierra aún.

RODRIGO: Almirante: siempre hacemos trampa en el diario de a bordo. El otro día, los hombres de La Pinta discutían conmigo porque yo decía que habíamos navegado 400 leguas desde Canarias, y ellos, que 440.

COLÓN: Esto tiene que durar ya poco tiempo. Ayer vieron desde La Niña, una ballena. Y eso es señal de que la tierra está cerca.

RODRIGO: También en La Niña vieron un pájaro rabiforzado que no se aparta más de 20 leguas de la orilla.

COLÓN: Escribe. No te distraigas.

RODRIGO: Así lo haré, Almirante.

MARINERO:   (Entrando)– Almirante: la lancha de La Pinta está abordando.

COLÓN: ¿Quién viene?

MARINERO: Su capitán, Martín Alonso

PINZÓN: (Entrando) – ¡Albricias, Almirante!. Nos estamos acercando a tierra. Acabamos de encontrar una tablilla que está labrada por manos humanas.

COLÓN: Vosotros, los de La Pinta, que vais en cabeza, sois los que habéis de vigilar el horizonte.

PINZÓN: La gente se está cansando. Nadie ha hecho,jamás, un viaje tan largo.

COLÓN: Se nos están empezando a acabar los alimentos.

RODRIGO: ¿Os digo una cosa que oí ayer?, Almirante.

COLÓN: Qué cosa.

RODRIGO: Estaba yo junto al timonel y se acercaron dos marineros muy enfadados y decían que, como no llegáramos a tierra en unos días, os echarían a vos a la mar y nos volveríamos todos a España.

COLÓN: Eso decían …¿Eh?

PINZÓN: También los de La Pinta andan revueltos. Pero se calman cada vez que ven hierba flotando o algún pajarillo revolotear. Una cosa quiero deciros : creo que sería bueno navegar a la cuarta del Oeste a la parte del Sudeste. Llegaríamos enseguida a Cipango.

COLÓN: No es a Cipango o a otras islas adonde me dirijo, sino a la tierra firme de la India. Por eso seguiremos barloventeando. De todas formas, no os preocupéis, Martín, la mar parece plácida como la ría de Sevilla…. Estamos llegando.

RODRIGO: Ya estamos todos deseando desembarcar.

COLÓN: (A Pinzón) – ¿Habéis traído el sextante que os prestamos?

PINZÓN: Lo he olvidado,Almirante. ..¿Me dejáis esta noche a Rodrigo?. Que se venga a La Pinta, a charlar con sus amigos de allí. Mañana por la mañana os lo devuelvo con el sextante.

RODRIGO: ¡Hurra!. En cuanto ordene esto, me voy con vos.

COLÓN: De acuerdo. Pero mañana, que venga pronto. Que necesitamos el sextante para precisar la posición. Ya sabéis que el que tenemos aquí, no me gusta mucho.

PINZÓN: Vamos, muchacho. Adiós y suerte, Almirante.

COLÓN: Suerte también. No os adelantéis demasiado. Yo quisiera que las tres naves fuéramos juntas, para ver ,juntas, la tierra.

PINZÓN: Los hombres de mi carabela se pasan el día escudriñando el horizonte.

COLÓN: Diles que, al primero que divise tierra, le daré un jubón de seda y diez mil maravedíes.

PINZÓN: Hecho

(Se apaga la luz de la escena, mientras sale el narrador)

NARRADOR: ..Y, dicen las crónicas, que el primero que divisó tierra, aquel memorable 12 de Octubre, no fue ninguno de los capitanes, ni siquiera algún viejo lobo de mar, sino un mozalbete llamado Rodrigo de Triana, que pasará a la Historia junto a su admirado Cristóbal Colón.

                (Al encenderse de nuevo la luz no hay nadie en escena.Llega Rodrigo muy exaltado)

RODRIGO: ¡Almirante!.¡Almirante!…He sido yo…He sido yo

COLÓN: (Entrando) ¿Qué ha pasado?. ¿Por qué gritas de ese modo?

RODRIGO: ¡He sido yo, Almirante!. ..¡El primero que he visto tierra!

COLÓN: (Abrazándole) ¿Tú, hijo mío?

RODRIGO: Sí, Almirante. ¿veis como hicisteis bien en traerme? ¿No os sentís orgulloso de mí?

COLÓN: Como si fueras mi propio hijo.

RODRIGO: ¿Me daréis el jubón de seda?

COLÓN: Y los diez mil maravedíes. Pero, dime: ¿Cómo fue ese momento maravilloso?

RODRIGO: Escuchad, Almirante: Yo ya había notado que la tierra estaba cerca…

COLÓN: Y los demás también

RODRIGO: Anoche revoloteaban mariposas junto al fuego de la guardia y todos nos pusimos a mirar al horizonte… Parecía que había unos puntos de luz, pero no estaban claros… Entonces… pian pianito… me subí a la cofa del mástil a ver que ocurría desde allí… Pero era tan cerrada la noche, que me dormí acurrucado… Antes del amanecer ya estaba yo escudriñándolo todo… Y, en cuanto salió el primer rayo de sol … ¿Sabéis lo que vi?, Almirante… ¿Sabéis lo que vi?… Una cosa suave y recta, con árboles verdes en la raya del horizonte.. .¡Tierra!, Almirante. ¡Tierra!… ¡La tierra de Las Indias!   (Llora)

COLÓN: (Abrazando a Rodrigo y llorando también.   – Rodrigo: al fin hemos llegado . Demos gracias a Dios por habernos concedido la dicha de comprobar que no estábamos equivocados. Anda: cuéntales tu hazaña a la tripulación y díles que se reunan en cubierta para cantarle a la Reina de los Mares nuestra más hermosa canción.

RODRIGO: ¡Tierra,marineros! ¡Tierra! ¡Venid todos a cubierta! ¡Hoy es un día grande!….

(Van llegando los marineros que se felicitan muy contentos ,y cubren el escenario ,cuando están todos, Colón entona la salve marinera,que cantarán todos a coro y los espectadores si la conocen.

COLÓN: Cantemos a la Virgen para celebrar el fin del viaje. (Cantando) Salve, Reina de los Mares…

                                          FIN

COLAPSO EN EL CAMINO DE SANTIAGO (La argolla de fierro)

(

                                                                          INTRODUCCIÓN

             EL Camino de Santiago fue uno de los hitos, en los que detenía mis clases de Ciencias Sociales durante los muchos años que tuve la suerte de impartirlas. Desde la reina Lupa hasta que me jubilé había pasado el tiempo suficiente para que en cada curso se trabajara algún acontecimiento que tuviera vinculaciones con él.

         A todos mis alumnos les comunicaba mi admiración por esta ruta místico- turística, que fue capaz de introducir en España lo que se cocía en Europa, cuando aquende los Pirineos andábamos a sablazos, moros y cristianos, y que llevó allende, en el polvo de las sandalias de los peregrinos, la cultura cristiano-musulmana, que aquí se generaba.

             El haberme criado en el meollo de Tierra de Campos,  en Villada, cerca de Sahagún, Grajal, Terradillos de los Templarios, Carrión de los Condes… creo que también ha tenido mucho que ver. Los niños de esas tierras, cuando nos sentábamos en las noches cálidas de verano, en “la piedra” que había junto a la puerta de cada casa, nos distraíamos mirando El Camino en el espejo de las estrellas. Allí encontrábamos perenne, luminosa, recta… mágica… la Vía Láctea que, como brújula celestial, indicaba la dirección a Compostela.

                  En cuarenta años de vida profesional tuve que evolucionar mucho  en la interpretación del tema. Sería incomprensible para los adolescentes de ahora, intentar enfocarlo con la religiosidad de los años sesenta. Ni se puede, ni se debe. No es mi pretensión. Del nacional- catolicismo de entonces se pasó a la escuela pública laica. Y padres un poco puntillosos, pueden argumentar que se utilizan asignaturas “asépticas” para impartir una ideología religiosa. Nada más lejos de la realidad, ya que, al márgen de sus creencias, si el profesor quiere repasar cualquier acontecimiento europeo, histórico o literario, no puede olvidar el peso específico del cristianismo durante los últimos dos mil años. El omitir las referencias religiosas, que suelen impregnarlos, daría como resultado una visión mucho más mediatizada que analizándolas. Otra cosa es que cada profesor, inevitablemente, va a tratar la Religión y por consiguiente, la Historia y la Literatura, desde su prisma ideológico particular.

                  El tema del Camino se puede abarcar no solamente desde el punto de vista histórico y geográfico. Puede también ser un motivo inagotable en la clase de Expresión Plástica y en la de Lenguaje, áreas todas ellas que impartí casi siempre simultáneamente, motivo por el cual pude lograr jugosos cócteles motivadores para mantener el entusiasmo de la chiquillada y hacer que consideraran el trabajo como una fiesta.

                  Como todas mis dramatizaciones ésta surgió con los alumnos de Octavo de E.G.B. Fue durante el  1993, Año Jacobeo. Habíamos estudiado la Ruta y cada uno escribió a algún colegio de los pueblos del Camino pidiendo información. Tristemente en algunos lugares ya no quedaban escuelas.  Ahora ya no quedan lugares. De muchos centros nos contestaron y se generó una correspondencia personal, que algunos jóvenes aún mantienen. Los compañeros de un colegio de Astorga nos enviaron un dossier muy completo, en el que se hablaba del “Passo Honroso”. El tema deslumbró a los chicos que se pusieron a investigar. (Unos días antes de reescribir estas anotaciones para incorporarlas a mi blogg, me he encontrado con una antigua alumna, de 45 años, que aún mantiene correspondencia y una sólida amistad con aquella adolescente que colaboró con nosotros desde un pueblo remoto).

                  Resultó que Don Suero no era una leyenda. Don Suero existió. Se conservan sus poemas ( Nosotros reproducimos uno de ellos). Su hazaña consta en documentos firmados por Pero Rodríguez de Lena, cronista de Juan II. Las fechas en las que se desarrollaron los acontecimientos fueron, exactamente, las comprendidas entre los quince días anteriores y posteriores al de Santiago de 1434.

                  A mí me picó el gusanillo teatral y escribí medio texto en un fin de semana: el primero y último actos. Afortunadamente, no contaba, en aquellos momentos, con demasiada bibliografía, por lo que me pude permitir dejar juguetear a mi imaginación, creando unos personajes que no pretenden ser históricos, aunque he procurado que parezcan verosímiles.

         … Y me olvidé del asunto hasta el año 1998.

                  Cuando retomé los folios, me di cuenta de que la obra estaba coja al faltarle un acto donde se relacionara el “Passo honroso” con el jubileo compostelano: el ir y venir de los peregrinos, sus penitencias, devociones, supersticiones, cansancios, esperanzas y desesperanzas, grandezas y miserias.

                  Lo comenté en familia y mi hijo Alejandro Pérez Blanco – de 17 años, entonces- se brindó a continuarla. Su intervención me pareció muy digna. A él se deben el inefable personaje Versículo y el quijotesco Don Alonso; la afición desmedida del Juglar por enriquecerse y todo el diálogo caballeril del segndo acto. Esta es la razón por la que aparece su nombre como coautor del libro.

COPLAPSO EN EN CAMINO DE SANTIAGO fue editado por la editorial CCS con el título “La argolla de fierro”

                                                                             PERSONAJES

                  Los personajes de esta obra, aunque basados en la historia de Don Suero, son todos imaginarios. Tal vez, el más próximo a la realidad sea el propio Quiñones. De hecho, la misma Doña Leonor pertenece a la leyenda ya que, si bien Don Suero casó con una Doña Leonor de Tovar, la historia no asegura que fuera ella la dama que mereció las famosas justas.

                  Como mi pretensión didáctica  es que los alumnos se relacionen con la época- primera mitad del siglo XV-, he hecho intervenir a algunos personajes que pueden configurar la situación histórica del momento. Se pretende que sirvan como pretexto de investigación y, sobre todo, de relación entre acontecimientos. Por supuesto, es una sugerencia para el profesor , que realizará estos trabajos según su criterio. También puede ser muy interesante que, llevados los jovencitos a un altísimo grado de identidad con el paso de la Edad Media al Renacimiento, sean ellos los que busquen otros personajes y sus problemas.

                  En el Torneo, aparecen multitud de peregrinos anónimos. Si nosotros les hemos puesto nombre, ha sido para aclarar los diálogos. Se puede invitar a los actores y actrices a que, si no encuentran ningún famoso histórico al que dar vida, sean ellos y ellas mismas los que realicen el jubileo… Sería una muy hermosa manera de sentir la magia del Camino… Así, cuando, si algún día, llevan a cabo su auténtica peregrinación , podrán vivir tamaña experiencia con otra dimensión.

                  Dicho esto, vamos a intentar dar nuestra visión de los personajes:

DON SUERO DE QUIÑONES– Caballero leonés, de rancio abolengo, pariente de Don Alvaro de Luna, segundo hijo de Don Diego Fernández de Quiñones y de su esposa Doña María de Toledo. Educado en las normas de la Ley de Caballería, héroe de la guerra de Granada… Si bien no sabemos con exactitud su fecha de nacimiento, sí conocemos la de su muerte ( 1458) que, ¡cómo no!, estuvo relacionada con su famoso “Passo Honroso”, ya que fue por la lanzada del caballero Gutierre de Quijada, que le juró rencor eterno tras su derrota en Órbigo.

         Como Don Suero ya forma parte de la leyenda, tiene a sus espaldas múltiples interpretaciones de su hazaña, que van desde la mas gloriosa gesta hasta una fanfarronada de señorito feudal… Dejémosles a los intérpretes- estudiosos del tema con la puerta abierta a la investigación y a la polémica.

DOÑA LEONOR DE TOVAR– Esposa que fue de Don Suero. No se sabe mucho de ella, y mucho menos que fuera la dama que le pidió las trescientas lanzas. Suponemos que  nos sería tan caprichosa ni tan soberbia . Seguramente sería una buena mujer, bastante más equilibrada y sensata que la que hemos retratado. Que nos perdone desde el cielo.

PADRE- Personaje histórico. Don Juan de Tovar, señor de Cevico de la Torre, fue documentalmente comprobado, el padre de Doña Leonor.

MADRE- Totalmente ficticia. Nos hemos imaginado una madre enormemente consciente de encontrase  a caballo entre dos culturas: la medieval, que se acaba y la renacentista, que llega a León, por  el Camino Francés, a través de los mensajes de tantos peregrinos que se acercan desde Europa. Situación prácticamente imposible.

LISA Y GUIOMAR– Hermanas imaginarias de Doña Leonor. Se meten mucho con ella que, en verdad, es la única que tiene un galán rendido de amores, y la envidian un poquito.

DUEÑA– Charlatana, entrometida, celestina, servil… Todas estas cualidades y muchas más tienen las dueñas que acompañan a las jovencitas de la época y les abren los ojos a la vida. La dueña es querida y temida, porque sabe los secretos de todos y a todos puede manejar a su antojo: ningún habitante del castillo o palacio escapa a su control.

VERSÍCULO– Entre escudero y bufón. Ese personaje que no falta en cualquier momento importante y que siempre está de más. En este caso, con el agravante de su desmedida y desafortunada afición a la poesía. Papel idóneo para ser representado por ese alumno simpático y holgazán de cuya recuperación se preocupan todos los profesores sin conseguirla. Esta actuación puede ser el toque de gracia que cambie su vida.

JUGLAR– Sin duda el protagonista de la obra. Su presencia tiene que llenar el escenario. Su actuación debe ser enormemente teatral, como si se hubiera escapado de La Comedia del Arte: con gestos exagerados, con modulaciones de voz, de acuerdo con el momento.., con silencios oportunos… El juglar se tiene que meter al público en el bolsillo. (Posiblemente haya que ensayar muchos ratos a solas con él para conseguir todos los matices que requiere)

         La elección de este actor hay que hacerla con mucho tacto y sin prisa. No es necesario que tenga una figura apuesta, que puede tenerla, pero sí magnetismo personal. Posiblemente se peleen por el papel todos los alumnos más decididos, y la elección puede resultar difícil. Nuestro criterio sería el de escoger a muchachos anodinos, en lugar de los sobresalientes, y descubrir en ellos cualidades humanas y dramáticas inéditas hasta el momento. Aconsejamos no decantarse por ningún actor definitivo hasta que casi se vaya a representar la obra: cada vez se puede ensayar con un Juglar diferente… y los mismos compañeros darán el mejor veredicto final.

DON ALONSO– ¿Verdad que parece un antepasado de Don Quijote? Eso hemos pretendido al crearlo y así lo debe representar el actor.(Para identificase con él se puede ver la magnífica interpretación televisiva de Fernando Rey, que no puede faltar en la videoteca de ningún centro de enseñanza… ya que hoy no encontraremos a ningún alumno que sea capaz de leer a Cervantes si no es bajo amenaza de suspenso)

GINÉS– El mismísimo ancestro de Sancho Panza. (Observar y aprender de Alfredo Landa).

PEREGRINOS ANÓNIMOS: MARTÍN, EL ABATE JOAN, JORGE, MÓNICA, MARÍA, TEOBALDO, TERESA, MARCOS, ENEKO, FABIO Y EUGENIA... Pueden ser estos mismos, muchos más o menos, según el número de alumnos del curso. Cada uno tiene una personalidad diferente, que tiene que asumir el actor o la actriz. Así, Joan se ha de comportar como un clérigo, Fabio y Eugenia como señores…, y al resto, se le puede buscar una manera de comportarse de acuerdo con lo que dice en la escena.

ARNALDO– Caballero aventurero histórico, que figura en las crónicas.

GUTTENBERG– … El pobre venía desde Maguncia a pedirle a Santiago iluminación para acabar de inventar un artilugio con el que escribir libros a gran velocidad… Nos han asegurado que lo consiguió en 1456.

FLUGGER– El último personaje que aparece en la obra. Totalmente imaginario.

LIS– La autora tiene debilidad por Juana de Arco. Le parece uno de los seres más fascinantes que pueblan los libros de Historia… No puede creerse que todo lo que se testificó sobre ella sea real… Pero, sin duda, es hermoso…

         No había posibilidades de transportarla al Passo Honroso, ya que había ardido en la hoguera, en medio de la plaza de Rouen en 1431, es decir, tres años antes de que ocurriera esta aventura. Gracia a Lis, su corazón carbonizado le da fuerza a Don Suero de Quiñones.

                                                                                 ACTO I

         Salón de un palacio renacentista de León . En escena una madre y una dueña con varias jóvenes, que cosen y bordan. Con ellas, Versículo, un jovenzuelo escudero del señor de Tovar, que tiene la poética costumbre de hablar siempre en ripios, por cierto, malísimos. Versículo, que tiene un laúd en la mano y toca acompañando a las damas, se cansa de la música y mira por la ventana. Al levantarse el telón, las jóvenes están cantando un romance que puede ser el del Conde Olinos.

MUJERES: (Cantando) No le mande matar, madre

                                   no le mande usted matar

                                   que si mata al Conde Olinos,

                                   a mí la muerte me da.

GUIOMAR: ¡Qué bonito tiene que ser morir de amor…!

LISA: …Como Don Suero, Leonor, que dice estar preso de amor por ti.

GUIOMAR: …Y tan preso!… Fíjate que todos los jueves aparece por aquí, con una argolla de fierro al cuello, en señal de cautiverio por nuestra hermana.

LISA: (A Leonor) Y que dice que no se piensa quitar hasta que le concedas tu amor…

DUEÑA: ¡Hermosa juventud!

LEONOR: Pues, por mucha argolla que se ponga y mucho que diga que está loco por mí… ¡no me gusta!

MADRE: ¡ Niña: no sé qué quieres!… Don Suero de Quiñones es galán, buen mozo, joven y rico… Pariente de Don Alvaro de Luna, Condestable de su Majestad Don Juan II. Honra de caballeros leoneses, dispuesto a llevarte al altar… y tú… no le haces caso.

LEONOR: ¡Pues antes de casarme con él, me meto monja!

DUEÑA: ¡Señor… Señor! (Santiguándose)

VERSÍCULO (Mirando por la ventana) :

                          Oigo en la calle un murmullo

                          y se produce un barullo.

                          (Nadie le hace caso)

PADRE: (Apareciendo en escena) ¡Ni se te ocurra!. El padre de Don Suero y yo hemos apalabrado vuestro matrimonio desde que erais niños y vamos a cumplir ese pacto. (El padre se acerca hacia un gran sillón majestuoso que hasta ahora estaba vacío y, pausadamente, se sienta en él)

         Versículo, ¿Has terminado la caperuza?

VERSÍCULO: De cuero blando y labrado

                          el azor de mi señor,

                          tiene ya su caperuza

                          con un mechón colorado.

         (Busca la caperuza y se la enseña a Don Juan)

PADRE: Hermosa es. Cuando salgamos esta tarde a probar el azor nuevo, no te olvides de llevarla.

VERSÍCULO: Ni el halconero real

                          lleva halcones tan galanes

                          como Don Juan de Tovar.

PADRE: Lárgate, perillán… No me des coba… (A Leonor)

         Y, a ti, ¿qué te pasa, hija?

LEONOR: (Sentándose, mimosa, a los pies de su padre)… Es que… a mí no me gustan los galanes poetas, que hacen cosas extrañas por amor, como ponerse argollas en el cuello.

VERSÍCULO: La poesía es muy hermosa

                          Nadie inventó mejor cosa.

PADRE: ¿Qué te gusta, pues?

LEONOR: (Soñadora) A mí me gustan… los guerreros valientes, que montan a caballo con brillante armadura.., y llegan al palenque de las justas con su lanza en ristre, derribando a todos sus rivales…

PADRE: Don Suero ha demostrado, en la guerra de Granada, ser una de las mejores lanzas de la cristiandad.

LEONOR: En la guerra ha luchado por el rey… yo quiero que luche por mí en justas y torneos.

VERSÍCULO: Esos guerreros valientes

                              en las justas pierden dientes.

MADRE: (Santiguándose) ¡Hija, qué cosas dices!… Eso ya casi está en desuso.

DUEÑA: ¡Señor… Señor!

GUIOMAR: …Y luego, le devuelven a su dama el pañuelo atado a la lanza del enemigo… (Con mucha guasa)

VERSÍCULO: En la lanza ata el pañuelo

                          que servirá de señuelo.

DUEÑA: ¿Te quieres callar de una vez, pesado?

VERSÍCULO: Está bien, dueña gordita,

                                   me callaré la boquita.

LISA: Para que todo el mundo pueda comentar cuán bella era…

GUIOMAR: …Y qué lindo vestido traía…

LEONOR: ( Ella sigue con lo suyo) ¡Naturalmente!. Si Don Suero venciera en torneos, yo sería la doncella más admirada de todo León.

DUEÑA: …¡Presumida!

MADRE: En cambio, Don Suero te escribe poemas, que es más moderno. Como el que te envió hace unos días… y que conservo en mi libro de oraciones.

GUIOMAR: ¿Éste? (Saca un papel del libro que puede estar sobre alguna mesa ) ¿Me dejas que lo lea?

LEONOR: Por mí… como si te lo aprendes de memoria…

LISA: Pues yo ya me lo he aprendido. Escuchad:

                          “Decidle nuevas de mí

                          e mirad si habrá pesar

                          por el placer que perdí.

                          Contadle la mi fortuna

                          e la pena en que yo vivo

                          e decid que soy esquivo

                          que non curo de ninguna.

                          Que tan fermosa la vi

                          que m’oviera de tornar

                          loco el día que partí”

MADRE: (A su marido) A mí no me decíais esas cosas, Don Juan.

PADRE: (A su mujer) Andad, andad… aquellos eran otros tiempos y no se llevaban estos requiebros

MADRE: Es verdad. Nosotros éramos todavía unos góticos, y no usábamos estas modernidades.

PADRE: ¿Os imagináis, Doña Clara, lo que hubieran dicho los caballeros de Castilla si alguno de ellos hubiera manifestado ternura por su dama?… Nos la teníamos que callar… y aparentar rudeza y poderío… Al menos en público…. Pero, en privado… vos sabíais que os amaba…

MADRE: Es cierto… y como no sabíais escribir poemas , me leíais romances caballerescos… ¡Qué suerte habéis tenido, hijas, de que haya venido a Castilla la poesía amorosa de los provenzales y gallegos, que abre las puertas del castellano al amor y a la esperanza.

PADRE: … Por eso, no entiendo a nuestra hija. No es capaz de enamorarse. (A su hija) Eres una frívola, Leonor. Don Suero no se merece eso: él te quiere de verdad.

LEONOR: ¡ Es que yo soy muy gótica!

LISA: Aunque ella dice que no le gusta la moda, y que lo que desea son torneos, ya cada vez más   en desuso… Realmente su comportamiento, al ponerse tan interesante, es completamente moderno… ¿Sabes que te digo, Guiomar?… (Con malicia, a su hermana) Que nuestra hermana no es tan gótica como quiere aparentar…

MADRE: ¿Gótica tu hermana? ¡ Eso yo, que ni me atrevo a bañarme por no ver mi cuerpo desnudo y que me casé con quien quiso mi padre… Y sin rechistar!… Las mujeres góticas no necesitábamos tantas contemplaciones…

GUIOMAR: ¡Qué va a ser gótica…! Si lo fuera no cuidaría tanto su belleza ni se pondría ricas joyas ni se perfumaría … ni siquiera sabría tocar la cítara o escribir poesías.

DUEÑA: … Se pasaría el día rezando por la salvación de su alma …

LISA: … Y no leería esos libros florentinos, tan pecaminosos… como ese Decamerón, que no tiene más que verduscadas.

DUEÑA: … ¡Anda, calla,… que bien os gusta a las tres !

GUIOMAR: Y a ti también, dueña. Y como tú no sabes, nos pides que te lo leamos.

LISA: Yo creo que nuestra hermana es un poco rara.

LEONOR: ¡Basta ya! ¿Me queréis dejar en paz?

MADRE: Calma, hija. No te irrites. Hoy es jueves y pronto vendrá Don Suero a visitarte y pedirte tu amor. No seas esquiva con él.

LEONOR: (Resignada) Lo que vos mandéis, madre. (Se asoma a la ventana con aire de enfado. Mientras mira se comienza a oir música de juglar. Puede cantar cualquier romance)

LISA: ¿Qué pasa afuera?

VERSÍCULO: Versículo había avisado

                          que el juglar era llegado.

LEONOR: Guiomar, Lisa: venid, escuchad. ( Dejan de bordar. Se asoman las tres a la ventana)

GUIOMAR: ¡Los juglares!

VERSÍCULO: Los amores de Leonor

                          desviaron la atención.

LISA: Dueña: ¿Tú crees que madre nos dejará salir a la calle?

DUEÑA: Desde luego que no. La calle no es para doncellas nobles, sino para mozas villanas.

GUIOMAR: Pero, así nos quedaremos sin conocer los romances de moda, y no podremos cantarlos…

LISA: Ya estamos hartas de tanto Conde Olinos

GUIOMAR: Y de ese de… Fontefrida, Fontefrida,

                                   Fontefrida y con amor,

                                   de todas las avecicas

                                   van tomar consolación

                                   si no es la tortolica,

                                   que está viuda y sin amor… (Lo recita en tono de burla)

VERSÍCULO: “Que está viuda y con dolor”. Que no te lo sabes todavía. La repites noche y día y no la aprendes ni por favor.

GUIOMAR: Madre: ¿Por qué no le decís a la dueña que haga subir al juglar?. Así nos cantaría todo el repertorio a nosotras solas…

MADRE: Está bien. Dueña: idos y dadle esta moneda al músico. (Saca una moneda de su faltriquera y se la da a la dueña). Decidle que suba al palacio en cuanto acabe su canción.

LISA: Madre: ¿nos dejáis acompañar a la dueña… ?

GUIOMAR: … Que no nos separamos de ella… de verdad…

DUEÑA: Dejadlas, Doña Clara. Respondo de que no se van a separar de mí.

MADRE: … Bueno… pero no me zascandileéis por ahí.

(Rectificando) Podéis salir Lisa y Guiomar. Leonor: tú te debes quedar conmigo, que Don Suero está al caer.

VERSÍCULO: Con Versículo, las bellas,

                          volverán siendo doncellas.

(Se levanta para acompañarlas muy galantemente)

GUIOMAR: ¡Qué gentil… ! ¡Ay, si fueras un hidalgo…!

(La dueña sale con las jóvenes y Versículo Al salir, y entre bastidores,parece que tropieza con Don Suero. Entra corriendo a dar la noticia )

DUEÑA: ¡Ay, Virgen Santa!… ¡Mi señor Don Suero! (Vuelve a salir)

DON SUERO: (Entre bastidores) Dueña: ¿Puedo ver a mi amada Doña Leonor?

DUEÑA: Por supuesto… Pasad, caballero… Os está esperando. (Alto. Para que se prepare Leonor) ¡Doña Leonor: Don Suero os reclama!

LEONOR: ¿Qué hago yo?. ¿Qué le digo? …¿otra vez que no le quiero? (A sus padres) ¡No os marchéis, por favor! ¡No me dejéis sola con él!

(Leonor se sitúa, muy digna en medio del escenario).

(Entra Don Suero de Quiñones. Es un joven de veinticinco años. Tiene todas las características de caballero renacentista: es esbelto, cortés y refinado. Por si esto fuera poco, está perdidamente enamorado de Leonor y hace gala de ello)

DON SUERO: ¡Doña Leonor!… Amada mía.

LEONOR: (Alarga la mano, que Don Suero besa. Está fría y distante) Don Suero…

DON SUERO: (Reverencias a los padres de Leonor) Don Juan… Doña Clara…

PADRE: Celebro que vengáis. Vuestra presencia y vuestra galanura pronto prenderán el amor de mi hija Leonor, para que consienta en ser vuestra esposa.

LEONOR: Yo solamente seré la esposa del más glorioso paladín del reino de Castilla.

DON SUERO: ¿Qué he de hacer yo, amada mía, para que me admitáis como tal? ¿No os vale mi prisión de amor, que me obliga a llevar esta argolla para demostrar que soy vuestro esclavo?

LEONOR: ¡No!

DON SUERO: ¿Cuál es el precio que ponéis a mi rescate?

LEONOR: (Pensando)… Pues… Habréis de traerme…

DON SUERO: Decid, decid.

LEONOR:… trescientas lanzas obtenidas en combate… con otros tantos trescientos caballeros… ¡que han de venir a rendirse ante mí! ¡Eso!

PADRE: ¡Leonor!

MADRE: ¡Hija!. ¿Qué estás diciendo?

PADRE: ¡Trescientas lanzas!… ¿Tú sabes lo que dices? Eso es imposible. No hay caballero en Europa capaz de batirse trescientas veces sin morir en la liza.

LEONOR: ¡Si no recibo las trescientas lanzas, no seré su esposa!

DON SUERO: Difícil es el empeño. Pero mi amor lo superará todo, Leonor: trescientos caballeros derrotados doblarán ante vos su rodilla y os entregarán su lanza.

PADRE: Don Suero, no estáis obligado a cumplir esa orden. Mi hija Leonor será vuestra esposa porque así está establecido. Ella me obedecerá.

DON SUERO: No, Don Juan. El pacto entre mi padre y vos es muy respetable, pero a mí no me basta. Si Doña Leonor no me ama, de nada me sirve que sea mi esposa.

PADRE: ¿Vos creéis que, después de rendir a los trescientos caballeros, se rendirá ella? ¡Mirad que es muy suya!

DON SUERO: Cada lanza que yo rompa, cada caballero que se postre a sus pies, le traerá un mensaje de amor. Trescientas veces recibirá mi mensaje. No será tan duro su corazón como para no amarme después.

DUEÑA: (Entrando con el juglar y Versículo. Detrás, muy gozosas, Giomar y Lisa) Entrad, muchacho. Aquí. Estamos deseando oíros.

LISA: ( A su hermana) Parece que a la gente no le ha gustado mucho que les arrebatáramos al juglar.

GUIOMAR: Ya volverá a ser suyo cuando nos cante las novedades.

VERSÍCULO: Viene como peregrino.

                            Trae romances del Camino.

JUGLAR: Buenas.

PADRE: Buenas, rapaz. ¿Sois, acaso, el juglar que hace un rato cantaba en la cañada?

JUGLAR: El mismo.

MADRE: ¿Cómo os llamáis?

JUGLAR: Juan del Mundo.

DUEÑA: Extraño nombre.

LISA: ¿De dónde sois?

LEONOR: ( A la vez) ¿Cuál es tu patria?

GUIOMAR:(A la vez) ¿Quién eres?

PADRE: (A la vez) ¿A dónde vais?

JUGLAR: Los juglares somos de ninguna parte y de todas partes. No tenemos patria, y en todas las patrias somos bien recibidos. No tenemos historia, y cantamos bellas historias… Solamente vamos y venimos.

DON SUERO: ¿De dónde venís?

JUGLAR: Vengo de París. Voy a Compostela.

LEONOR: ¿Tenéis una promesa?

JUGLAR: Los juglares, como no somos caballeros sino rufianes, no cumplimos las promesas. Solo las cantamos.

MADRE: Y, si no tenéis promesa ni voto que cumplir, ¿Qué os lleva a Compostela?

JUGLAR: Está a punto de comenzar el año de Dios de 1434, que es año Jacobeo, y media Europa se viste de romera para cumplimentar al Señor Santiago. Los peregrinos van en grupos numerosos: hay caballeros, monjes, damas encopetadas, menestrales, estudiantes… Y toda suerte de aves rapaces, como mendigos, ladrones, pícaros, bailarinas… y muchos más… Como los juglares.

DON SUERO: (Pensativo) ¿ Todos han de pasar por la misma calzada?

JUGLAR: Todos. Todos viajan bajo la Vía Láctea, que está señalada en el cielo con polvo de estrellas.

PADRE: La Vía Láctea atraviesa las tierras de León de Este a Oeste, y por eso, los peregrinos han de pasar por aquí.

MADRE: Para descanso y cuidado de peregrinos se han edificado hostales y albergues por todo el reino.

JUGLAR: Pero el Camino comienza muchas leguas arriba, en el centro de Europa, por varias rutas que, atravesando los Pirineos por Jaca y Roncesvalles, se unifican en Puente la Reina, desde donde solo queda una Calzada.

LISA: Que es la que pasa por aquí.

JUGLAR: Efectivamente.

DON SUERO: ¿ Y, decís que viajan muchos caballeros para cumplir el voto?

JUGLAR: Muchos. Algunos van con sus escuderos y todo. Son muy devotos y se juntan para rezar. El otro día dejé a un grupo muy numeroso en la ermita de la Virgen del Camino haciendo sus oraciones.

DON SUERO: Y… ¿van armados?

JUGLAR: Normalmente, no. Llevan el traje de peregrino con el bordón y la calabaza.

DON SUERO: (Pensando) … Y, ¿si se les invitara a un torneo, vos creéis que acudirían?

JUGLAR: ¿Por qué no? Sería glorioso añadir una aventura caballeresca a todas las que, habitualmente, se encuentran en el Camino.

DON SUERO: (Entusiasmado) ¿Sabéis escribir?

JUGLAR: Los juglares sabemos de todo.

DON SUERO: Dueña: traed recado para escribir. (Al padre) Don Juan: ya tengo resuelto el problema de las trescientas lanzas.

DUEÑA: Versículo, trae papel, tinta y pluma.

VERSÍCULO: Esta dueña se ha pensado

                              que yo estoy para recados. ( Mutis)

DON SUERO: Me batiré con todos los caballeros que peregrinen a Compostela.

MADRE: ¿Solo?

DON SUERO: No, por Dios. Cuento con amigos tan buenos luchadores como yo, y no me será difícil encontrar otros nueve para formar un buen equipo.

PADRE: Los peregrinos no portan armas. Caminan orando y haciendo penitencia. No querrán luchar.

DON SUERO: Si son caballeros tendrán que hacerlo. Buscaré un lugar estratégico y nadie que vaya o venga podrá librarse de mi embestida. (Pasea por la sala meditabundo pensando dónde puede retar a los peregrinos)

DUEÑA: ¡Señor… Señor!

(Llega Versículo con tinta y plumas de ave y un papel que coloca al juglar sobre una mesa. El Juglar se sienta y se prepara para escribir)

DON SUERO: (Al juglar) ¿Estáis preparado?

JUGLAR: Naturalmente.

DON SUERO: Escribid:(Dicta paseándose por el escenario. Los demás le escuchan perplejos)

         “El caballero Don Suero de Quiñones, paladín de la dama Doña Leonor de Tovar, reta a los caballeros de todos los reinos de Europa que peregrinen a Compostela a un torneo sin igual, en el puente…

JUGLAR: … No corráis tanto…

DON SUERO:… de San Marcos de Órbigo, a seis leguas de León y a tres de Astorga, donde se levantará un palenque…

JUGLAR: Esta pluma se atasca.

DON SUERO:… para presenciar las justas, que se llevarán a cabo por el mismo Don Suero, y nueve compañeros más. (A Doña Leonor)   ¿En qué fecha os apetece, mi dama?

LEONOR: (Déspota y displicente) Cualquier fecha es buena para recibir homenajes.

MADRE: El verano es la mejor época. La romería hacia Compostela no desfallece.

PADRE: Don Suero, hijo, si realmente queréis obedecer a esta insensata, debéis hacer las cosas con seriedad… Primero hay que pedir permiso al rey. Y llevar esta convocatoria a todos los reinos de Europa requiere un tiempo… No seáis tan fogoso. Esperad.

VERSÍCULO: Don Suero con tanta priesa

                                ha perdido la cabeça.

DON SUERO: No puedo esperar. Vamos a comenzar un nuevo jubileo y hay que aprovechar la avalancha de peregrinos. (Al juglar) Continúa… (Sigue dictando) “ entre el 10 de julio y el 9 de agosto del año Jacobeo de 1434… Dicho caballero espera que el paso de este puente sea, para el mundo, el passo más honroso del Camino de Santiago”.

PADRE: ¿Y pensáis organizar todo eso por la loca de mi hija?

DON SUERO: Su hija ha puesto mi honor y el de mi linaje en tela de juicio… y le juro que su hija tendrá las trescientas lanzas rendidas… ¡Por… Quiñones, que las tendrá!

DUEÑA: ¡Así se habla, Don Suero!

JUGLAR: ¿Quién pregonará este mensaje?

DON SUERO: Vos mismo.

JUGLAR: ¿Yo, Don Suero? Imposible. Los juglares damos las noticias cantando.

DON SUERO: ¿Hay algo que llegue más lejos que la música?. Búscate un ejercito de juglares que recorran Europa anunciando mi reto. ¡La familia de los Quiñones es la que paga!

VERSÍCULO: Don Juan, señor excelencia,

                               Versículo ha de ayudar

                                a pregonar al Juglar.

                               ¿Me permitís una ausencia?

PADRE:   Desde luego.

JUGLAR: A ver que se me ocurre: (Coge el laúd o cualquier instrumento que pueda parecer propio de la época y canta)

         En el puente de San Marcos

         que hay sobre el río Orbigo

         Don Suero, el de los Quiñones,

         está cautivo de amor.

         A trescientos caballeros

         ofrece la invitación

         de luchar en un torneo

         en las tierras de León,

         para entregar a su dama,

         llamada Doña Leonor,

         trescientas lanzas rendidas

         en justa competición.

VERSÍCULO: (Le coge el laúd al Juglar y continúa él)

         Caballeros peregrinos

         caballeros romeros

         tened prestas vuestras lanzas

         sobre el puente de Orbigo,

         Allí os esperan diez hombres,

         los mejores de León

         para entregar a una dama

         lanzas rotas en su honor.

(Mientras el juglar canta, se han ido acercando a él todos los personajes que había en el escenario y aplauden mientras cae el

                                                             TELÓN

                                                     ACTO II

                  Este acto se desarrolla en el puente de Órbigo. El puente no se ve. La acción está situada detrás del palenque donde se celebran los torneos. (Puede ambientarse el escenario con unos biombos que representen la empalizada trasera.)

                  Están a punto de comenzar los combates. Ya hay muchos caballeros que han acudido voluntariamente a luchar. Ahora falta cubrir los huecos con todos aquellos que, desconociendo la convocatoria, acuden, ingenuos, a Santiago.

                  Nuestro amigo el Juglar, después de pregonar la noticia a los cuatro vientos, ha decidido tomar parte activa en los acontecimientos usando el arma que mejor sabe utilizar: la astucia. Para ello se ha montado un tenderete en que alquila corazas, cascos, petos, espalderas, viseras, lanzas…, y hasta caballos a todos aquellos caballeros- peregrinos que, cogidos “in fraganti” son obligados a batirse con Don Suero o con alguno de sus nueve amigos. Por supuesto, le acompaña otro personaje muy peculiar: el bueno de Versículo que continúa dándole a la poesía con la misma mala fortuna que cuando vivía en el palacio de Don Juan. A la derecha se encuentra el Juglar detrás de una mesa, dando a entender que tiene un puesto montado que continúa más allá del escenario. El escudero Ginés entra por la izquierda, y el Comendador de la Orden de Santiago, Don Alonso, le sigue con elegancia y dignidad. Al verle el Juglar comienza.

JUGLAR: ¡Caballeros de Europa, que lleváis el honor hasta Santiago de Compostela! ¿No querríais demostralo en unas justas con los hidalgos más selectos de todos los lugares conocidos?

DON ALONSO: (Se pasea curioso por el escenario mientras habla el juglar) Por favor, joven… ¿Qué estás pregonando? ¿Algún torneo?

GINÉS: Mi señor… Llevamos horas de camino… Tenemos que llegar a Astorga… ¿No se pensará meter en otra desventura que nos lleve aún más a la ruina?

DON ALONSO: Calla, necio. Deja al joven al menos informar, que aunque no vayamos a inscribirnos pueda llevar orgulloso a casa el jornal merecido por un buen trabajo.

JUGLAR: En realidad yo no me llevo jornal, y tampoco tengo casa fija a donde llevarlo. Soy juglar. Veréis vos: Un intrépido señor llamado Don Suero de Quiñones quiere vencer en passo honroso sin igual a trescientos caballeros de todos los lugares, que vengan a Santiago, para conseguir el amor de su amada.

GINÉS: Buena idea ha tenido ese Don Suero.

JUGLAR: En realidad, la idea ha sido de la amada.

DON ALONSO: Suena interesante eso de vencer a un gran número de hidalgos.

JUGLAR: ¿Estáis interesado en formar parte de las justas?

DON ALONSO: Soy caballero de la Orden de Santiago y debo controlar los avatares que se produzcan en el Camino. ¿Tiene permiso, ese Don Suero, para tamaña aventura?

JUGLAR: Permiso del Rey Don Juan II, firmado por su ministro Don Alvaro de Luna.

DON ALONSO: ¿Dónde y cuándo ha conseguido ese permiso?

JUGLAR: Aquí lo tenéis, señor. Clavado en el tronco de ese árbol. Leed.

DON ALONSO: (Toma el papel y lee) Bien. Está firmado por el Rey el 2 de enero de 1434, en Medina del Campo.

JUGLAR: ¿Os interesa, ahora, formar parte de las justas?

GINÉS: Decidme que no, señor, no vayáis a caer en otra vez en la misma piedra.

DON ALONSO: No debo. Las reglas de mi Orden ponen en entredicho lances de honor por dama alguna. Nuestra misión no es alardear en justas sino ayudar a los peregrinos que cumplen voto, y luchar contra el infiel.

JUGLAR: (Insistente) Yo me encargo de repartir las armaduras y los caballos. Bajo un módico precio, claro está.

DON ALONSO: Noble trabajo el tuyo, ofrecer los materiales y los caballos para el contrincante de Don Suero. Pero… decidme… ¿No será esto una argucia de ese hombre para dar a sus enemigos peor calidad en los productos?

JUGLAR: ¿Usted debe ser muy inteligente, eh? Pero Don Suero es un hombre honrado ante todo. Se lo aseguro. La verdad es que, aunque podría yo haberme juntado con él para maquinar sucios planes, su honor no ha sido manchado. Señor caballero, permítame recordar unas palabras que solía decir mi abuelo, el popular Micer Cabal de la Decencia, “Unas justas han de ser justas, como su propio nombre indica”.

DON ALONSO: Tiene razón, por encima de todo.

         (Entra Don Pedro con Versículo)

DON PEDRO: (Muy enfadado) ¿Cómo, demonios te atreves a insultarme así? ¿Me has tomado por tonto?

VERSÍCULO: Caballero, le ruego disculpe mi error…

DON PEDRO: ¡No hay posible disculpa para esta estafa!

VERSÍCULO: Calma, calma, señor… No hay problema que no tenga solución.

JUGLAR: (Bajo, a Versículo) ¿Te ha salido mal?

VERSÍCULO: (También bajito) Aún no sé mentir.

JUGLAR: Ya aprenderás con la experiencia.(Volviendo al tono normal) ¿Pueden explicar lo que ocurre?

VERSÍCULO: Este valeroso caballero me ha consultado los precios de alquiler de material, pero no necesitaba caballo por tener ya varios. Decidió aceptar el trato, cuando se dio cuenta, gracias a su visible astucia, de que yo había olvidado sustraer el valor del equino animal en el precio definitivo.

JUGLAR: (Haciéndose el ofendido) ¡No habrás osado cobrárselo!

VERSÍCULO: ¡No, por Dios!

DON ALONSO: Me ofrezco a dar un veredicto, debido a estar en un punto neutral: Opino que la cosa se ha resuelto por sí sola. Este caballero no ha perdido dinero alguno, ya que le ha sido devuelto… Y el joven mercader se ganará una buena reprimenda por su error.

DON PEDRO: Estoy de acuerdo con la sentencia. Pero este joven, que se llama…

VERSÍCULO: Versículo… que rima con…

DON PEDRO: (Atajándole). ¡No lo digáis!. Yo no le voy a pedir rimas. Solamente pretendo que, para mayor penitencia, habéis de cuidar mis caballos los días que permanezca retenido en este lugar.

VERSÍCULO: No es que se me den muy bien los caballos, que pueden ser bayos. ¿Son aquellos que pastan de soslayo?

DON PEDRO: Los mismos.

VERSÍCULO: Adiós, amigos. Adiós, desconocidos. Adiós a los poderes caballeriles que nos defienden del enemigo. (Mutis por el foro)

         (En este momento aparecen por detrás del patio de butacas unos peregrinos, en fila, cantando una letanía religiosa. Puede ser la letanía de los santos o la de la Virgen. Por supuesto, en latín. Todos van muy serios y ceremoniosos. Comienza el desfile un fraile, Joan, con un bastón muy largo, en forma de cruz. Esta cuadrilla ha de dar acogida teatral a cuantos chicos y chicas del curso no tengan un papel específico en la obra. Tanto el Juglar como Don Pedro, Don Alonso y Ginés se percatan de su presencia).

GINÉS:     Mi señor: ¿No oís rezos de penitentes? ¿Es que hay almas en pena en este Camino?

JUGLAR: Presiento que está comenzando a llegar el público que llevará a los cuatro vientos el resultado de estas competiciones.

GINÉS: ¿Tú crees?

JUGLAR: (A voces) ¡Eh, romeros! ¡Alto! No se puede pasar.

MARTÍN: ¿Qué ocurre?

JOAN: Somos peregrinos y ésta es la calzada que conduce a Compostela.

EUGENIA: ¿Por qué no se puede pasar?

JORGE: ¿No estamos llegando al puente de San Martín de Órbigo?

JUGLAR: Por eso. Porque estamos en el puente de Órbigo y porque estamos en el mes de Julio del año de Dios de 1434.

JOAN: ¿Y qué tiene que ver eso con nuestra peregrinación?

         (Tanto esta conversación como las posteriores y, en definitiva, toda esta escena puede y debe ser alterada y modificada por los actores. Es el momento óptimo para que los alumnos aporten intervenciones personales. Cada uno de ellos puede haber tomado la identidad de un personaje de la época y actuará de acuerdo con su estado y condición).

JUGLAR: Precisamente tiene mucho que ver. Porque todos los caballeros que quieran atravesar el puente tienen que luchar en buena lid.

PEREGRINOS: Nosotros no queremos luchar.

  • Tenemos que cumplir una promesa.
  • Yo quiero llegar a Santiago
  • Dejadnos pasar.
  • ¿Nos estás tomando el pelo?
  • etc.

JUGLAR: Calma… calma… Todos vais a cruzar el puente, y echar una piedra en la Cruz de Fierro, y asomaros al Monte del Gozo. ¡Faltaría más!… Pero antes tenéis que ser espectadores de un singular encuentro entre caballeros. Dejad todos vuestros hatillos y alforjas para descansar un rato. (Dejan todos sus equipajes en un rincón)

         (En alta voz) Versículo: trae una cántara de agua para estos sedientos peregrinos.

VERSÍCULO: (Entrando, con un cántaro, botijo u otro recipiente de barro)

         Aunque no tenemos vino,

         porque es jueves penitente,

         para la sed del Camino,

         vale el agua de la fuente.

         (Beben todos, con la mayor teatralidad posible. Pueden incorporarse diálogos improvisados pos los actores)

FABIO: ¿Dónde? ¿Dónde dice vuestra merced, que se va a celebrar un espectáculo?

VERSÍCULO: (Hablando solo) El agua se ha terminado

                                                             y he de volver a la fuente

                                                             para reparar la sed

                                                             de un grupo con tanta gente. (Sale)

JUGLAR: Aquí atrás. Antes del puente se ha preparado la liza para el combate. ¿Alguno de vosotros es caballero?

ARNALDO: Yo soy Micer Arnaldo de la Floresta Bermeja, del marquesado de Brandemburgo.

FABIO: Yo soy Fabio Ferroponte, capitán de la guardia personal del Patriarca de Venecia.

EUGENIA: Yo, Eugenia, su esposa. Vamos a Santiago a darle gracias por haber sanado a nuestro hijo de una fiebres tercianas.

ENEKO: Yo también valgo. Me llamo Eneko de Txurdínaga. Todos los vascos tenemos carta de hidalguía.

JUGLAR: ¿Alguno más?

PEREGRINOS: No

  • Yo no.
  • Yo soy clérigo.

MÓNICA: Las mujeres no luchamos.

LIS: (A Mónica) … Eso de que las mujeres no podemos… está de por ver…

JUGLAR: Las mujeres no lucháis, pero podéis participar en las justas colocando vuestro guante en el “Paño Francés” que preside los actos, y pidiendo a vuestro caballero que lo rescate.

EUGENIA: Fabio, esposo mío, ¿serías capaz de luchar por tu dama?

FABIO: (Al juglar) ¿Adónde tengo que ir? (A Eugenia) Lucharé con tu pañuelo atado a mi lanza…. Te devolveré el guante lleno de gloria.

EUGENIA: (Muy romántica ella) ¡No sé si podré resistir tanta emoción!

JUGLAR: Ahora os indico lo que debéis hacer y os proveo de caballo y de las armas necesarias. (Dirigiéndose a Guttenberg) ¿Tú, con tan buena planta, no eres caballero?

GUTTENBERG: No. Soy un platero de la ciudad de Maguncia. Me llamo Juan Guttenberg.

JUGLAR: Los caballeros peregrinos venid conmigo. ( A Don Alonso) También vos, comendador y vos, Don Pedro. (Mutis por el foro)

JOAN: Mientras los caballeros se preparan para competir, nosotros vamos a merendarnos un riquísimo queso de Villalón, que llevo guardado.

MÓNICA: Yo pongo el pan. (Van los dos hacia los equipajes)

JOAN:( Al acercarse a su alforja tropieza y rueda un objeto)¿Qué es esto? ¿A quién se le ha caído?

JORGE: Es una cajita brillante.

TERESA: (Muy asustada) Mío no es. Yo no gasto esos lujos.

TODOS: A ver, a ver. (Hacen corro alrededor de Joan, mientras Lis se retira a un rincón, para pasar desapercibida)

MÓNICA: Parece de plata.

EUGENIA: ¿De plata?… De peltre… y gracias.

GUTTENBERG: Efectivamente, señora. Vuestra alcurnia os hace reconocer y valorar los metales preciosos. Pero hay que aceptar que está muy bien trabajada.

EUGENIA: Trabajo toledano, como podéis comprobar vos, que sois del oficio.

JOAN: Debe ser una urna de reliquias.

JORGE: … De algún santo, seguramente.

JOAN: ¿Miramos lo que contiene?

LIS: ¡No, por favor! ¡No la abráis!

GUTTENBERG: ¿Qué guarda?

LIS: Un corazón negro y destrozado por el fuego.

MARCOS: ¿A quién pertenecía?

LIS: A una mujer ajusticiada.

TERESA: Seguro que ajusticiada en la hoguera. Así es como liquidan a las mujeres que estorban… Cuenta.

LIS: Tú lo has dicho: fue ajusticiada en la hoguera porque hizo tales cosas en Francia que ningún varón fue capaz de hacer. Condujo los ejércitos franceses en su lucha contra Inglaterra y le dio días de gloria a su país… Le pagaron acusándola de bruja y quemándola viva en la plaza de Rouen.

MARÍA: ¡Juana de Arco!

LIS: La misma. ¿Hasta aquí han llegado los romances que cuentan sus hazañas?

TEOBALDO: No olvides, muchacha, que éste también se llama el Camino Francés… Aquí se comentan todos los acontecimientos de Europa… ¿Qué piensas que hacen los peregrinos, cuando no rezan?

EUGENIA: Por todo el camino se cantan en romances las visiones de la Doncella de Orleans. Pero, ¿por qué traes su corazón?

LIS: Yo era su escudero cuando estábamos en la guerra. Y le limpiaba la armadura, y la ayudaba a ponérsela. No quería que lo hiciese ningún hombre… Ella siempre se encomendaba al Señor Santiago y le había prometido peregrinar cuando hubiera devuelto la paz a su país… Cuando la llevaban a la hoguera, me pidió que recorriera yo este camino y dejara su corazón en Compostela, para pedir la paz de su alma. Por eso estoy aquí.

GUTTENBERG: Interesante historia es ésta. Cuando consiga terminar la imprenta, que tengo medio inventada, estas vidas y las de otras personas célebres, servirán de ejemplo a la Humanidad.

         (Mientras Lis contaba su historia ha ido entrando el Juglar, que escucha muy atentamente)

JUGLAR: Pero… ¡Vamos a ver!… Juana de Arco… era santa… o era bruja.

HOMBRES: ¡Bruja!

MUJERES: (A la vez) ¡Santa!

         _ ¿Santa? … Ja, ja… ¿Es que hay alguna mujer santa?

  • ¿Y viviendo entre soldados?
  • ¡Sería bruja como todas las mujeres!

MÓNICA– Por qué tenemos que ser brujas todas las mujeres… a ver… ¿por qué?

MARÍA– En cuanto os percatáis de que somos más inteligentes que los hombres… enseguida nos llamáis brujas.

  • …Y lo sois.

TERESA– … Y lo seremos por mucho tiempo, hasta que os deis cuenta de que lo que llamáis brujería no es más que un truco para sobrevivir entre tanto asno, como sois los hombres…

Esta conversación puede ser interminable si se lo proponen los actores. Es un tema que puede dar mucho juego y hay que explotar la espontanéidad de los mismos.

JUGLAR: Yo no tengo tiempo de averiguaciones. (A Joan) Déjame la reliquia. A mí me da lo mismo que nos ayude Dios o que nos ayude el diablo… pero Don Suero de Quiñones tiene que rendir trescientas lanzas… y el corazón de una heroína le servirá de talismán.

LIS: ¿Qué vas a hacer con él?

JUGLAR: Se lo voy a colocar en su tienda, debajo de la almohada… Sin que él lo sepa… ¡Trescientas lanzas!… ¡Y comenzamos mañana!

LIS: Pero yo lo tengo que llevar a Compostela…

JUGLAR: De aquí no marcha nadie hasta que no terminen las justas. Además, Don Suero invita a sus espectadores a cama y mantel.

MARCOS: ¿No necesitamos ir al hospital a comer y a dormir?

JUGLAR: ¡Huy! el hospital de Órbigo está a tope con los caballeros y damas que han venido de la corte con motivo de este acontecimiento. Habréis de dormir en tiendas, aquí junto al río.

         Id pasando. Se os espera. Están colocadas las mesas para yantar.

PEREGRINOS: ¡Qué bien!

  • ¡Tendremos festejos!
  • ¡Encima, nos van a dar de comer…!

JUGLAR: ¿Qué pasa, que necesitáis que os lo digan con música…?

Pues allá va: (Se coloca en el centro de la escena con su laúd y comienza el romance)

  • Su mesa Don Suero ofrece,

         para mejor halagar,

         a todos los peregrinos

         que lo quieran presenciar,

         el famoso Passo Honroso

         que luego va a comenzar,

         con diez jinetes leoneses

         deseosos de ganar

         a trescientos caballeros

         que de Europa llegan ya.

  • ¡Ah!… Comeréis igual que Don Suero y sus caballeros.

         Van marchando todos muy contentos, mientras suena la música y se queda solo el Juglar, en medio del escenario

  • Siempre que Don Suero come,

         come todo el personal;

         siempre que Don Suero ayuna,

         todos deben ayunar.

         (Mirando con lástima a los peregrinos que van desapareciendo)

  • ¡Los infelices no saben que hoy es jueves… y Don Suero ayuna comiendo solamente una rebanada de pan y un vaso de agua…!

         ¡Ja, Ja, Ja…!

                                                                      TELÓN

                                                                        ACTO III

                  La escena se sitúa en el mismo salón del primer acto. El salón aparece ahora abarrotado de lanzas apoyadas en la pared. (Si no se tienen tantísimas, se pueden pintar las del fondo y hacer reales las externas) La dueña y las dos hermanas continúan su eterno bordado de bastidor. También pueden hacer otra labor como encaje de bolillos, que luce mucho. Ha pasado algún tiempo. Ya estamos a 10 de agosto y, por tanto, las justas del puente de Órbigo debieron terminar ayer. Todo el mundo anda nervioso esperando el desenlace del torneo. ¿Habrá liberado el jurado a Don Suero de su cautiverio de amor? ¿Vendrá el mismísimo caballero enamorado a entregar su propia lanza, vencedora en el reto,a los pies de la altiva doncella? Veamos. Se abre el telón.

LISA (Asomada a la ventana): Leonor… Ya llega el último caballero.(Aplaudiendo)…¡Y llega con el juglar!… Con éste son los trescientos y te puedes sentir satisfecha… Parece francés. Es rubio y con bigote… un poco gordo. No habrá costado mucho vencerle.

GUIOMAR :(Se acerca también a la ventana) …Y con Versículo! …¿Qué harán aquí esos farsantes? Oye: el caballero no suelta la lanza… ¡Anda, dueña, vete a abrirle! Yo llamaré a mi hermana. (Saliendo) ¡Leonor!

LISA:(Sola) ¡Qué envidia! … ¡Quién pudiera recibir a tantos caballeros!… Y la presumida de mi hermana ni se molesta en preguntar si Don Suero ha sufrido una herida o se ha caído del caballo… encima de que todo lo hace por ella…

LEONOR: (Orgullosa): ¿Qué pasa, Lisa?, ¿otro caballero más?

LISA: Otro caballero más, no, Leonor. El último caballero.

LEONOR: Y traerá otra lanza. Menos mal que será la postrera.

DUEÑA: ¡Ganas tenía yo de que llegara esta última lanza! Ya no tenemos donde colocarlas. Todo el palacio está lleno de ellas. Las hay de rico acero toledano, fraguadas en Baviera, con la punta a la vizcaína… de todo. No hay colección de lanzas como la tuya.

LISA: ( A la dueña) Y, a pesar de todo, no se ablanda su corazón. (A su hermana) Con cada lanza, Don Suero te manda un mensaje de amor que tú ni te molestas en leer. Tienes el alma dura como una roca. No te mereces ser amada por nadie.

LEONOR: Sin embargo, Guiomar y tú, tan cariñosas, no tenéis a vuestros enamorados tan pendientes de vosotras como yo al mío. ¡A los hombres hay que despreciarles para que te amen!

MADRE: (Entrando) Hasta que se hartan, hija. No se puede abusar de los sentimientos de los demás… y mucho me temo que tu enamorado se está cansando ya.

LEONOR: Don Suero cumplirá su palabra hasta el final.

MADRE: De eso no me cabe la menor duda.

DUEÑA: Entrad, caballeros. Doña Leonor os espera.

VERSÍCULO: Gracias, hermosa dueña… por lo de “caballeros”

DUEÑA: (Muy coqueta y haciendo un mohín) De nada, Versículo. Para mí lo eres.

(Mientras tanto, Leonor se sienta en el sillón del padre, con gran ceremonia.)

FLUGGER: ¿Permiso?

LEONOR: Podéis pasar.

         (El caballero hace una ligera y fina reverencia a la madre y a las dos hermanas y se dirige hacia Leonor, ante la que inclina una rodilla)

FLUGGER: Soy el Barón Richard Van der Flugger, de Amberes. Peregrinaba a Compostela y fui retado por Don Suero de Quiñones que defendía el Passo Honroso del Puente de Órbigo. Luchamos y me derrotó en buena lid. Mi vencedor me pidió solamente que me presentara ante su dama y le entregara mi lanza a la par que un obsequio de su parte.

LEONOR: Sed bienvenido, Barón. Colocad vuestra lanza junto a todas las demás. Con ella mi caballero termina su promesa y, en poco tiempo, se presentará él mismo, en persona, a ofrecerme la suya. ( Flugger coloca su lanza junto a las otras) Sentaos junto a mí.

FLUGGER: Es un honor…

LEONOR: ¿Cómo fueron las justas?

FLUGGER: Nunca hubiera imaginado al salir de Flandes para cumplir mi voto a Santiago que, en un estrecho puente, me iba a enfrentar en tan singular combate. Tan importante que, hasta cuentan con juglares para enardecer a los combatientes. Aquí traigo a estos dos, poetas de la calzada, que os cantarán como fueron.

JUGLAR Y VERSÍCULO: (Cantando)

         Don Suero y sus caballeros

         con trompetas y timbales

LEONOR: ¡Basta, basta!

FLUGGER: Solamente se echaba de menos la presencia de la dama a la que se ofrecía el torneo. Sin embargo, todo el mundo hablaba allí de su gran belleza y elegancia. Ahora tengo ocasión de comprobar que no estaban equivocados.

LEONOR: Gracias, Barón.

FLUGGER: Don Suero me pidió encarecidamente que os entregara este obsequio, cuyo contenido ignoro, y que lo abrierais en mi presencia.(Se acerca el juglar y le entrega un cofre)

LEONOR: Traedlo pues.

         (Flugger le estrega el cofre que Leonor abre, encontrando allí la argolla de fierro que Don Suero llevaba como prueba de amor)

         ¡La argolla de Don Suero! ¿Qué significa esto?

FLUGGER: Tal vez la lectura de este mensaje os lo aclare. (Saca un pergamino, que desenrolla pausadamente)

LEONOR: ¿Un mensaje? Leed.

FLUGGER: (Leyendo) Doña Leonor: Del 10 de julio al 9 de agosto, junto con mis nueve compañeros, todos nobles, he defendido el Passo Honroso del puente de San Marcos de Órbigo. Todos los días oíamos misa y los jueves, ayunábamos en honor de la Virgen y de vos. Así nos encontrábamos fortalecidos para abatir a los caballeros cuyas lanzas os he ido enviando una tras otra, pidiéndoles a todos noticias vuestras.  Doscientas noventa y nueve veces he sentido la humillación de oír de sus labios que erais tan hermosa como cruel y que no me amabais. Con el Barón Van der Flugger os envío mi última lanza. Con ella cumplo la palabra que os di como caballero noble y leonés. También os envío la argolla que llevaba al cuello como señal de cautiverio amoroso al que me encontraba sometido. Ya sois libre, Doña Leonor… Pero yo también lo soy. Ya no tendréis al esposo que no deseáis. Tenéis, en cambio, las trescientas lanzas tan anheladass. A partir de ahora me vestiré la esclavina de peregrino y le ofreceré al Señor Santiago la única lanza que no poseeréis: la mía.

         Firmado: Don Suero de Quiñones

LEONOR: (Desmayándose) ¡Don Suero! ¡Mi amor!

         (Se organiza el revuelo consiguiente. Todo el mundo acude a ayudar a doña Leonor, con frases de aportación personal)

MADRE: ¡Se ha desmayado!

DUEÑA: Yo creo que, a pesar de su despecho, ella le ama.

GUIOMAR: Hermana…¿Qué te pasa?

LISA: …Tanto tiempo poniéndose orgullosa… y en cuanto tiene un contratiempo… mira lo que le pasa.

JUGLAR: ¿Qué ocurre? ¿Qué pasa?

DUEÑA: Que Doña Leonor se ha desmayado al oír que ya no la ama Don Suero.

LISA: Cosa que se merecía… Ya se lo decía yo.

LEONOR: (Despertando) ... Don Suero… Don Suero… ¿Cómo me habéis hecho esto? (Reaccionando, con todo su orgullo)

         Barón: devolvedle a Don Suero su collar. Se lo puede regalar a Santiago, si le place, lo mismo que su lanza. Yo ya no lo necesito. (Muy digna, le entrega a Flugger la argolla y hace mutis, atravesando todo el escenario sin mirar a nadie. El resto de los presentes, la mira atónito, sin saber qué hacer.)

MADRE: ¡Hija, piensa lo que haces…!

LISA: No le devuelvas la argolla… Seguro que vendrá a buscarte…

GUIOMAR: ¡Tú tienes la culpa de todo! ¡El ha sido un caballero!

DUEÑA: ¡Señor, Señor!… ¡Encima, se nos pone chula la niña…!

VERSÍCULO: (En medio de la escena y, por primera vez, hablando con seriedad) Doña Leonor, con el hielo de su orgullo, acaba de apagar el fuego del amor…

JUGLAR: Esa noticia la tiene que saber todo el mundo. Aquí está la oficina de información. Vamos, Versículo, acompàñame:

         Trescientas lanzas rendidas

         recibió doña Leonor

         que Don Suero de Quiñones

         le mandó desde Orbigo.

         Al recibir la postrera

         Don Suero le confesó

         que por tanta altanería

         había perdido su amor.

         (Cantan a coro todos)

         Desde ahora, en Santiago,

         en el cuello del Patrón,

         luce la argolla de fierro

         de aquel cautivo de amor.

Van llegando todos los habitantes del palacio, mientras cae el

                                                             TELÓN

Edición CCS. 1999.

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