CAÑA Y AZÚCAR 2017

 

COPELIA

12 ENERO, JUEVES

Mira, Siboney, “mi amol”. Estos cubanos de ahora tienen mucho que aprender en cuestión de turismo.

Para empezar, la estación de autobuses para extranjeros- que esa es otra: los nativos viajan en unos vehículos y los turistas en otros mejores- está en el culo del mundo, en un barrio que se llama Nuevo Vedado y está formado por chalecitos, que, en su día, pertenecerían a una clase media acomodada y que ahora están habitados por funcionarios y militares, principalmente. En frente hay un zoológico.

Habíamos madrugado mucho y cogimos un taxi con Mía (10 cuc) que se quería ir a Trinidad. Aun no se había abierto la oficina de billetes, por lo que decidimos desayunar en un tugurio anejo a la estación, con la música a tope, y unas mesas altas imposibles de utilizar más que un momento.

Pues no había café. ¡En Cuba!

Desayunamos unos crepes ofrecidos por una camarera desangelada que nos dijo que llevaba 24 horas trabajando y no se tenía de pie. Gana 8 cuc al mes trabajando días alternos. Pese a que había media docena de empleados varones en la cocina- las chicas estaban para atender al público- tardaron muchísimo tiempo en servirnos.

Me parecieron unos “güevones”, como diría el difunto Chávez venezolano. Qué quieres que te diga.

Aprovechamos la espera para cambiar unos pesos convertibles (cuc), que son los que utilizamos los turistas por pesos nacionales, para uso del pueblo villano (cup). Con un cuc te dan 25 cup, por lo que los jubilados, cuando cobran sus 8 cuc de pensión, como suponen 200 cup, piensan que reciben algo.

Como no pertenezco al mundo de las finanzas, ignoro el juego que se trae el gobierno con esta duplicidad de monedas. Creo que los cubanos, también lo ignoran.

La empresa de autobuses regular nacional es Viazul y no tenía billetes nocturnos hasta Santiago, y poder hacer la ruta que nos había propuesto Rosa de viajar de noche hasta Oriente y volver replegándonos hasta La Habana, para pasar aquí los últimos días de vacaciones. Tuvimos que sacar un billete hasta Cienfuegos y, ya de paso, otro hasta Trinidad.

Era la hora de entrar en los trabajos, por lo que cogimos una guagua atestada de gente, que nos costó una miseria- menos mal que llevábamos pesos nacionales- y nos dejó junto al Cementerio de Colón, del que recorrimos tres de sus cuatro lados hasta dar con la puerta y donde casi se lleva por delante un camión a Juan, al que le pasó rozando. Menudo susto nos llevamos los tres.

Ya hubiera sido chiste morir en La Habana por atropello, dónde apenas hay tráfico ni semáforos y la velocidad de los vehículos es lentísima, con lo que la gente atraviesa las calles por donde quiere con toda tranquilidad.

Al llegar a la entrada del cementerio, echamos una ojeada y en vista de que no teníamos ningún difunto al que visitar,- Porque tú estás vivo, ¿verdad?- seguimos de largo hasta la plaza de la Revolución, con la intención de saludar a los allí representados.

En las paredes que unos edificios que asoman a un descampado enorme están las siluetas de El Che y Cienfuegos. Más arriba, en un alto, la Plaza de la Revolución, propiamente, presidida por el monumento a José Martí, Padre de la Patria, con una torre monumental que se ve desde todas partes. Supongo que allí se encontrará un grandísimo espacio preparado para manifestaciones patrióticas multitudinarias. Seguro que será dónde echaba Fidel sus arengas de cinco horas.

Como cobraban por entrar, y nosotros no somos de la cofradía, decidimos ver el paisaje desde lejos, que también tiene su encanto. Así que paseamos hasta la puerta de la Biblioteca Nacional donde se encuentra el parque móvil más curioso del mundo, con los Cadillac y los Dodge descapotables de los años 50, perfectamente pulidos, abrillantados, y mimados.

Los turistas se vuelven locos por darse un paseo en ellos.

Este camino está flanqueado por hermosísimos árboles, de troncos con raíces aéreas, que se merecen más atención que los monumentos y los coches.

Descansamos un rato y tomamos otra guagua, que nos dejó en el parque de Copelia, donde está la heladería más famosa de La Habana, que sale en la película “Fresa y Chocolate”.

Luego nos hemos ido dando cuenta de que Copelia es una empresa nacional- como todo- y existe en cualquier punto remoto del país.

También es de obligado cumplimiento pasarse por “La casa del chocolate” en cualquier pueblo de la isla. En el chocolate ya hay más variedad: desde helado, hasta caliente y con churros. Siempre riquísimo, como los helados de Copelia.

Decidimos que no procedía marcharnos sin probar uno. ¡Qué cola, había, madre!

Tardamos más de media hora esperando y observaba, mientras tanto, a los tipos guapetones, como habías de ser tú, Siboney de mis sueños, pero no te reconocí en ninguno. Mucho menos en el que controlaba una casetilla donde ponía “CORREOS” y únicamente se vendía el Gramma y algún que otro panfleto político.

No he visto absolutamente más prensa que la oficial. Ni en los hoteles de lujo. La censura intelectual es absoluta. Ni te cuento en las librerías: solo hay libros de escritores afines al régimen; ningún extranjero. Sin embargo, estos libros, editados por el estado, tienen un precio irrisorio. Yo compré tres por 3,50 cuc. ¡Todos!

¿Cómo va a tener la gente perspectiva y sentido crítico, por muy universitarios que sean?

Me acuerdo de cuando íbamos a París, en tiempos de Franco y traíamos, escondido, el Libro Rojo, de Mao, que era lo más subversivo que podíamos encontrar. Yo no lo leí. Pero lo traje camuflado, que es dónde estaba el morbo.

Es de esperar que, en Cuba, se lea bajo cuerda, como en tiempos de la Inquisición. Por eso hay disidentes.

En todos los restaurantes había músicos desgañitándose, que no producían tranquilidad para comer a gusto, así que comimos en un sitio de medio pelo, que no tenía “suministro” ni de café ni de pescado ni de postre… ¡ni músicos! Menos mal que tuvieron la delicadeza de bajar el volumen de la tele, que equivalía a la orquesta. Triste comida, que nos puso al corriente de la falta de materias primas elementales.

Supimos entonces que el 80% de lo que se consume en el país es de importación. La leche, por ejemplo, siempre en polvo, viene de Nueva Zelanda. Parece que los campos sin cultivar no deben de utilizarse ni para criar vacas.

Ya repuestos, y de camino hacia casa, paseamos por el Callejón de Hamel, que es un sitio muy loco, repleto de obras de arte supermodernas y de artistas innovadores, lleno de colorido y provocación. Está a un paso de la calle Oquendo, donde vive Rosa.

Susana se quedó en la cama después de la siesta y Juan y yo parlamentamos con Rosa, que está recibiendo quimio y le he regalado mogollón de medicinas que pensaba darle al sacerdote, hermano de una amiga, al que tenemos que visitar en Morón.

Rosa nos ha buscado las mesoneras de Cienfuegos y Trinidad y nos ha traído unos panecillos que le han dejado unos inquilinos que se le han ido, ya que mañana va a ser difícil encontrar comida antes de salir.

Llegamos a la habitación de Mía, que como tenía contrato de habitación compartida, estaba en otra zona de la casa y se vino a despedir muy amable. Nos volveremos a ver en Trinidad.

En lugar de Mía había unas argentinas que querían cenar y salí con ellas porque yo también tenía hambre. Ya estaba todo cerrado y menos mal que encontramos una pizzería en Carlos III. Una de ellas es abogada y la otra se dedica al teatro infantil. Se llama Lucía, con lo que comenzamos a tener gran afinidad y charlamos durante la cena. Ellas, que son jóvenes, querían explorar la Habana Vieja y yo me fui a casa donde ya estaban hechas las maletas.

Le hemos dejado a Rosa una bolsa con los pantalones de invierno, que nos guardará hasta que volvamos en el último sprint.

EL MALECÓN DE LA HABANA

12 ENERO 2017

Ay, Siboney, qué hermoso es ver amanecer en el Malecón de La Habana!.

Como nosotros llevamos puesto el reloj español y nos acostamos tras el viaje, a las 3 de allá- 9 de acá- pues a las 5 de la mañana, de acá, ya estábamos pimpantes y sin sueño. Nos levantamos aun de noche y con GARÚA , que viene a ser el sirimiri de Cuba, según nos aseguró Juan, que es un sabio.

Nos recorrimos las calles aun silenciosas y limpias.

Calles con la dignidad de señoronas venidas a menos, pero que se sacan los anillos que se asoman entre los guantes con zurcidos de los edificios en ruinas. No había nadie.

Al llegar al Malecón vimos un monumento glorioso a Maceo, gran héroe de la Independencia, a juzgar por el tamaño de la pieza, de espaldas al mar que chocaba fuertemente contra el muro sobre el que había pescadores con caña, impávidos ante las olas.

En Cuba es donde más monumentos de héroes te encuentras por metro cuadrado. Maceo fue el primero que vimos de la colección.

Me pareció delicioso éste primer paseo por La Habana, con el chubasquero en la cabeza y mojándome las gafas.

El Malecón, que es larguísimo, está flanqueado por palacetes entre los que se alternan los maravillosos y vivos y los corroídos por el salitre: deshabitados unos y tristemente habitados y recompuestos con cartones en las ventanas, otros. Da la sensación de una hermosa dentadura con piorrea y mellada, a la que ya le quedan pocos dientes sanos y algunos de oro.

Volvimos hacia el Capitolio con la intención de desayunar como Dios manda y entramos en el hotel de Inglaterra, que, pese a su nombre, está adornado con azulejos andaluces lo mismo que el Alcázar de Sevilla. Había buffet libre y me puse ahíta de frutas y zumos tropicales.

Mientras tanto, como una cateta, y creyendo que estaba en zona wifi, me puse a enviar fotos por wasap, y al momento, Movistar me mandó un mensaje diciendo que me había pasado un pueblo y que tenía que abonar no sé cuánto + el 12% de Iva. He pagado la novatada… ¡Y mira que me habían avisado! Pues caí… Así que no voy a mandar ni un solo correo en todo el viaje, hasta que vuelva.

Salió el sol y con él pude disfrutar de la belleza de esta ciudad ¡llena de soportales!

Los soportales son lo más bonito de las ciudades cubanas. Para mí, al menos, criada en Castilla, donde las casas se protegen del frío con soportales chaparros y pardos, de columnas gruesas y ventanas chiquitas, los soportales cubanos me han parecido un desfile de muchachas alegres y esbeltas, vestidas de fiesta toscana, modernista o ecléctica, cintura se avispa, y sombrero corintio, de vivos colores. Son soportales para tamizar la luz deslumbrante y para que no entre el sol por las ventanas, que suelen estar siempre abiertas.

Seguimos paseando por los alrededores del Capitolio, en la Habana Vieja, por calles llenas de souvenires y tiendas de arte y artesanía. Pero me di cuenta de que mi cuerpo serrano no podía seguir a ese ritmo. Juan entró en un museo de filatelia, y aproveché para decirle a Susana que me volvía a casa.

A la vuelta- calle Obispo- me encontré con una negra de las de hacerle un reportaje: toda enjoyada, vestida de blanco- deduzco que era santa- con hermoso y florido sombrero, que empujaba un carrito de bebé en el que paseaba a su perro igualmente engalanado. No hablé demasiado con ella porque, realmente me encontraba cansada, pero es todo un personaje. Me dijo que se llamaba Guillermina.

Me fui buscando la avenida Simón Bolívar, perpendicular a Oquendo, donde está la casa de Rosa, nuestra anfitriona. La avenida Simón Bolívar, antes “Reina”, desemboca en Carlos III, que a su vez lo hace en Manuel Allende. Es muy ilustrativo que, junto a los nombre políticos actuales, se conservan los originales de la época colonial.

Observaba, en mi paseo, los hermosos edificios que, recién pintados, parecen nuevos, mientras leía los nombre de las calles perpendiculares a la principal, que se llamaban Libertad, Rayo, Campanario, Ángeles.., lo mismo que en cualquier pueblo de cualquier provincia española.

En Cuba no me he sentido forastera, en ningún momento.

Me sorprendió encontrar una iglesia de Jesuitas frente a una logia masónica, de gran envergadura, como desafiándose. Ambos son poderosos lobys que ponen a Dios por testigo.

Al pasar por el Parque de la Fraternidad me enamoré de una ceiba que está en medio, rodeada por una verja circular con versos de José Martí, que hablan de la hermandad de los pueblos, y la compara con la plata que se encuentra en el subsuelo de los Andes. Hermoso árbol y hermosa poesía.

¿Te das cuenta, Siboney de mis sueños, que en todos los pueblos hay una árbol sagrado?

El árbol sagrado es de raíces profundas que atraviesan siglos de gloria y penalidades, pero también en sus ramas, que buscan el cielo, anidan pájaros de otras regiones que traen trinos diferentes cada estación.

En Cuba el árbol sagrado es la palma real, que se encuentra con Dios en las alturas.

Tanto la palma como esta ceiba habanera necesitan pájaros nuevos que saquen polladas viajeras y escuchen trinos diferentes a los que durante cincuenta años les ha cantado san Fidel.

Que lo de san Fidel no va de guasa, que me lo ha asegurado el orisha del avión. Por eso le soltaron trescientas palomas en su funeral.

Cuando llegué a casa de Rosa me encontré que en la habitación de al lado había una chica finlandesa de unos 20 años, que se llama Mía y ha venido sola a conocer Cuba. He hablado con ella mientras me duchaba y creo que no le va a importar unirse al grupo. Así seremos 4 y si cogemos un taxi nos sale más barato. Veré qué opinan los Villar.

Salimos a comer las dos, Mía y yo, a un centro comercial de la avenida Carlos III y nos sentamos con una pareja de jóvenes que nos pusieron al día de sus inquietudes.

La chica nos dijo que las cubanas se casan casi adolescentes y enseguida tienen hijos; luego, los hombres las dejan por otra más joven. Por eso ella no tiene prisa por casarse y quiere estudiar. El mozo parece que no estaba por la labor.

Cuando llegaron los Villar y descansamos un poco, los cuatro cogimos un taxi colectivo por 5 cuc que nos llevó a la plaza de la Catedral con la intención de ver el museo del Colonialismo, que está abierto mientras la catedral estaba cerrada.

A la salida se nos había perdido Juan, que siempre va a su aire, como yo. Tras buscarle inútilmente, y tomarnos un mojito en la Bodeguita del Medio, Susana, Mía y yo, nos fuimos a cenar al Floridita, como Hemingway.

Estábamos tropezando con todos los tópicos turísticos: la Bodeguita del Medio es prácticamente inaccesible, ya que la calle, comienza a taponarse con gente bebiendo, bien de pie o sentada en las aceras, en cuanto te acercas a ella. Y cuesta un riñón acercarse a la barra para conseguir que te sirvan un mojito que, para más inri, está hecho con limón de frasco y ron de garrafón. Una y nada más.

Cuando llegamos a casa, encontramos a Juan hablando con Rosa, que nos dio instrucciones para el futuro.

Como el viaje lo había organizado Susana, que tiene mucho rodaje en estas cuestiones, yo me había imaginado una Rosa, gorda, culona y hasta con su turbante en la cabeza. Me quedé sorprendida al conocerla: es una negra esbelta, cuarentona, dulce, con el pelo corto, blanco y rizado, elegantísima y atenta, que nos pidió los pasaportes mientras nos introducía a los tres en una única habitación con baño, en un apartamento anejo al suyo, también lleno de turistas. No me esperaba semejante falta de intimidad. Pero, después de haber dormido en el salón de actos del Ayuntamiento de Silos con toda la mesnada de Mío Cid y escuchar los ronquidos de los serranos, aquello me pareció una suite en el Palace.

Parece que éste es el sistema de alojamiento en casas particulares porque en todos los sitios donde hemos pasado, nos colocaban en una misma habitación con cama matrimonial para los “papás” y una pequeña para “la niña”.

La niña era yo, mi Siboney.

Es que he venido a ver tu tierra con ojos infantiles, ávidos de fijarme en todos los detalles.

 

 

 

MI INICIACIÓN EN LA SANTERÍA CUBANA

La Habana, 11 enero 2017

Siboney de mis sueños:

He venido desde Madrid, sentada junto a un cubano cincuentón y barrigudo.

Le miré de arriba abajo y no lo identifiqué contigo, mi Siboney de Lecuona, que has de ser un cachas, a pesar de tus años.

El cubano me ha puesto en antecedentes de algunas cosas del país. Dijo llamarse Daniel y que era santo. Tú no lo eras. Más bien, te imagino pecador.

¡Qué más quería yo que conocer la santería de primera mano!

Pensaba que el Daniel iba a comenzar por la política, que es lo que procede. Pero no: el tipo comenzó con la religión.

Decidí sonsacarle todo lo que pudiera; lo que pasa es que, como muchas cosas me sonaban a nuevas, no se me quedaron entonces y las he tenido que reubicar, a medida que he ido imponiéndome en el tema, que me ha durado todo el viaje. Ha sido como un máster en santería

A mí siempre me ha ido sobremanera la religión, mi Siboney.

Creo que eso se debe a que he tenido la suerte de nacer dentro de la religión verdadera. Eso da mucha seguridad. Sobre todo cuando piensas en las pobres gentes que han caído en una cultura de infieles.

Luego, cuando te vas haciendo mayor, y conoces a personas estupendas que son impías, agnósticas o ateas piensas que también son verdaderas las religiones que no lo son; e, incluso, que la única verdadera, o sea, la mía, puede dejar de ser verdadera cuando se pone tozuda, que suele ocurrir con demasiada frecuencia.

Pues el Daniel, que es peluquero en Valencia, y está casado con una española, iba, tan contento, a La Habana a celebrar su primer aniversario del ingreso en la comunidad santera de los orishas. Allí le esperaba su madrina que le había acompañado el día que se hizo santo. Me dio su teléfono para que acudiera a la fiesta. No fui. Y lo lamento.

¿Y si hubieras estado tú allí, viendo cómo mataban al gallo? ¿Te hubiera reconocido?

Entonces me di cuenta de que en la santería no hacen falta canonizaciones papales sino que, con unos ritos y ceremonias, entras en la corte celestial, sin morir siquiera, lo que tiene su aquél. Ya es un avance.

También me dijo que no te admiten en la santería si no eres cristiano, ya que el cristianismo y la santería vienen a ser como lo trascendente y lo folclórico de la misma mística.

Esto de lo folclórico no significa superficial sino profundo: en todas las culturas el folclore es la expresión externa de las esencias del alma tribal que todos llevamos en nuestro adeene y que, en cada sitio se manifiestan de una forma determinada.

Dios me libre de frivolizar con el folclore.

Tú mismo, Siboney de mis sueños, eres la reencarnación del alma de los habitantes de Cuba mucho antes de la llegada de los taínos y de los españoles.

Eres Cuba. Y estás vivo.

Pero no eres el Daniel del avión. Seguro

Pues parece que en Cuba, con una base religiosa católica, como Dios manda, con la llegada de tantísimos esclavos – que tampoco procede explicar ahora cómo los trajeron los cristianos, ingleses y portugueses principalmente- ellos se sentían desplazados espiritualmente y añoraban sus religiones animistas de África.

En América los bautizaban ipso facto. Aunque no sé para qué se daban tanta prisa, ya que, por aquel entonces, los negros no debían de tener alma. Pero el caso es que los bautizaban. Y los mi pobres se hacían un lío entre sus divinidades paganas y las cristianas. Así que, iban a misa con los amos y luego, en los barracones dónde vivían, seguían con sus ritos ancestrales.

En cuanto pasaron unas cuantas generaciones, la cosa empezó a mezclarse sin aclarar muy bien dónde empezaba lo cristiano y dónde lo africano, y surgió la SANTERÍA, que es como una hipertofia pagana que le ha salido a la religión católica en el Caribe.

Científicamente se llama sincretismo religioso.

(Esto no me lo contó el Daniel, que tiene un cociente intelectual por debajo de la media, lo que le permite ser feliz en su santidad, sino que ya lo sabía yo).

Creo que, cuando el golpe militar de Fidel, la santería fue abolida como las demás religiones y el único Dios fue la Revolución.

Una Revolución puede tener incluso más devotos que una religión, sobre todo si te asegura la comida.

Con el tiempo, a la santa Revolución de Castro se le fue pasando la euforia, principalmente porque, aunque la comida estaba asegurada, era más bien escasa, y la gente comenzó a echar mano de la religión cuando andaba angustiada. Comenzaron a salir religiones como las setas, y el gobierno no dijo nada, porque mientras rezaban no hacían manifestaciones.

Lo que sí me contó Daniel es que Fidel Castro, ya en su vejez, y cuando la religión revolucionaria se le iba de las manos, se incorporó a la santería en un viaje que hizo por África y llegó todo vestido de blanco. De blanco le debieron de enterrar, dicen.

El blanco es el color de los babalawos, que son los sacerdotes de la santería, tanto hombres como mujeres, y son los que hacen la iniciación al neófito y se convierten en su director espiritual y también material, porque le orientan en su régimen de comidas y método de meditaciones y vida.

Luego, en el recorrido por la isla, tuve ocasión de parlamentar con un santero de verdad. Ya te contaré.

Para saber de qué pie cojea el iniciado, el santero le coloca unos caracoles entre los dedos y de ahí deduce su futuro: es como leer las rayas de la mano, en versión orisha.

El orisha- ¿o la orisha?, que no he comentado con las feministas- es una fuerza pura, inmaterial, que solo puede ser percibida por los humanos por una gracia especial. Como la gracia de Dios, pero en cubano.

 

No tiene nada de particular el método, ya que la diosa Madre, que está representada en la Virgen de las Mercedes, y equivale a la Mari euskaldún o la Pachamama andina, es Yamayá- o Yemayá- la diosa madre del mar, dueña de corales y caracolas y donante de orishas positivos. Es blanca y solo se la puede ver en sueños.

En su vertiente de Yemayá Olokún, es la Virgen de la Regla, patrona de La Habana, y negra.

La Virgen de la Caridad del Cobre, patrona de Cuba, es mulata y encargada de las aguas fluviales . Es Ochún. Debe de tener mucho trabajo porque el agua en la isla es poco potable.

Es muy hermoso el panteón santero, lleno de mitos que no difieren de los griegos o cristianos más que en detalles geográficos e históricos.

Cuando se profundiza en una religión, te das cuenta de que la humanidad reacciona igualmente en todas partes y épocas porque todos los seres humanos tenemos los mismos miedos y las mismas esperanzas.

He hablado con algunos sacerdotes católicos de Cuba y los más intransigentes la denostan; mientras la mayoría se sonríe ante la santería, pensando que no es preocupante ni tiene nivel teológico para considerarla un enemigo.

A mí me subyuga, en cierto modo, el juego de la santería.

Me atrae todo aquello que ha nacido en la oscuridad del miedo. En España se han vivido muchos siglos de represión religiosa y se ha padecido una inquisición feroz por parte de la religión dominante. Cuba ha sido España hasta anteayer.

Yo creo, Siboney de mis sueños, que tú fuiste mi babalawo y me echaste los caracoles de Yamayá por entre los dedos mirándome a los ojos, me encontraste el alma y me enviaste un orisha de ilusión.

¿Será por eso por lo que te busco?

 

 

 

La Habana, 10 enero 2017

Siboney de mis sueños:

Espero que oigas la queja de mi voz, que comenzó a llamarte desde in illo tempore

Porque, ¿sabes? ahora ya no te canto bajo el almendro del colegio, con catorce años, a escondida de las monjas haciendo coro como el Trío de los Panchos, y diciéndote que me muero por tu amor.

Ahora es cuando de verdad te espero- ya sin ansia- en mi caney, segura de que no me moriré por ti si no llegas.

Y el caney ya no es un cobertizo de palma, sino la casa de Rosa, en pleno corazón de La Habana.

¿Cuántos años hace que las mocitas de mi época soñábamos con los besos de tu boca dónde la miel puso su dulzor, antes de que supiéramos cómo sabían los besos?

Siboney: tu canción era lo más subversivo que podíamos cantar en los años cincuenta del siglo pasado, mientras pensábamos en el susurro de tu voz, que había de ser recia y suave, lo mismo que tus brazos- aunque eso no viniera en la letra- que nos ceñirían la cintura y nosotras nos desmayábamos en ellos, sin pudor.

Siboney: tú eras el pecado de pensamiento del que nos confesábamos con don Avelino los sábados, uno tras otro, sin ninguna contrición.

Ahora, y  aquí, sé que no vendrás. Es más: casi deseo que no lo hagas, porque seguro que serás un vejete cansino y barbudo, como el comandante Fidel- que el gloria esté-, que era de tu quinta.

Pero ¿a que es bonito venir a Cuba a buscarte?

Acabo de llegar con un matrimonio amigo, algo más jóvenes que yo: Susana y Juan.

Ella es norteamericana y no sabe de ti; él es gallego y no le preocupas: si acaso, con quién tendrá alguna deuda de ensoñación será con la Bella Lola, que mira tú que también aparezca luciendo su lindo talle y moviendo el pañuelo, allá en la playa.

Pasaremos un tiempo en la Perla del Caribe y os estaremos buscando entre la gente maravillosa que vive en estas tierras.

Porque, ¿sabes, Siboney?: Vivir es un puro  buscar.

¡Mira que si nos encontramos…!

 

 FIN DEL VIAJE
Ya estoy de vuelta y recuperada de mi visita a Cuba.
 ¿Qué por qué tenía necesidad de visitar Cuba, yo que me niego a hacer viajes largos?
 Pues, buscando en mi inconsciente o subconsciente- que yo no tengo muy clara la diferencia-, más que ir, lo que necesitaba era VOLVER.
 A lo mejor es que he sido cubana en anteriores encarnaciones. Vete a saber.
 Parece cómo si dentro de mí algo me impelía con urgencia  acudir a ese maravilloso país y constatar cómo me lo habían dejado estos años “fidelignos”, que tanta esperanza pusieron en nosotros allá el 26 de julio del 1959, cuando andaba yo por Oviedo haciendo el Servicio Social y aparecía el Comandante con barba, tan guapo, en todos los periódicos, derrotando al régimen de Batista, con la magnífica promesa de dar de comer a todos los cubanos.
No quiero hacer política: después de medio siglo Cuba es un país sin esperanza: el campo, tan fértil, está abandonado; no hay industria y la corrupción comienza en el gobierno y llega hasta el último pensionista que cobra ocho euros mensuales y trapichea con lo que puede.
Saben leer, pero no tienen libros que les abra la mente.
Todo el país le pertenece al Gobierno y se lo presta al pueblo poquito a poco. Menos mal que ahora, han abierto un poco la mano y les deja poner habitaciones para los turistas, cobrándose el 75%. Faltan la mayoría de materias primas, y las pocas que hay son de importación… y así no se mantiene el turismo… Y, para más inri, ha aparecido el fantasma de Trump.
 Pero cantan mucho. Yo, cada vez que les escuchaba tocar pensaba: “cuando el español canta, o rabia o no tiene blanca”. En Cuba se dan los dos supuestos, porque los cubanos, pese a que la Historia, según el régimen, comienza con Fidel y lo anterior es Prehistoria, tienen, al menos, los apellidos y mucho ADN españoles.
Una señora me dijo: “llévese de Cuba solo lo  bueno”… y hay mucho bueno. Lo mejor que tiene son sus mujeres, enormemente más preparadas que los hombres, que sin hacer alarde de feminismo, tiran de la casa y del trabajo, siempre con una sonrisa, gran sentido del humor y una educación exquisita.
 Lástima que no funcione el Internet- está restringido, no sea que se enteren de lo que es la libertad- y yo no pueda relacionarme con tantas con las que he conectado, todas magníficas.
El viaje lo he hecho con un matrimonio amigo, con el que he tenido mucho feeling y ha sido un placer su compañía. Las mejores fotos mías estarán en la Tablet de Susana y éstas que mando son las que yo tenía en mi móvil.
Hemos recorrido toda la isla durante un mes; hemos hablado con toda suerte de personas, de todos los colores y tendencias, dormido en su casa, bebido su agua filtrada y hervida, comido en su mesa y escuchado sus problemas.
El cubano ha aprendido a sobrevivir, lo que es relativamente fácil.
Ahora necesita aprender a vivir- si le dejan-, mucho más arriesgado.
 Esperemos.

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